SABADO DEL

 ESPIRITU DE PROFECÍA

23 de Octubre de 1999

 

LOS  PROFETAS

 

JESÚS, LOS PROFETAS

Y  NOSOTROS

 

Por Alberto R. Timm

Ellen G. White Estate – USA

Traducido por el Servicio Elena de White de la DSA.

 


CONTENIDO

 

 

 

 

 

1.     Himno de apertura:

 

Peregrinos en desierto (HA # 386) 

Historia acerca del Himno ........................................................................ 3

 

2.     Lectura antifonal:

 

Los requerimientos de Dios (HA pág. 517)

 

3.     Historia para los niños:

 

Un puente de hielo. ............................................................................. 4-5

 

4.     Sermón:

 

Jesús, los profetas y nosotros ............................................................... 6 - 9

Resumen del sermón  ........................................................................ 10 -11

 

5.     Himno de clausura:

 

En la mansión de mi Señor (HA # 314)

Historia del himno ................................................................................ 12

 


PEREGRINOS EN DESIERTO

Himno de apertura.  HA # 386

 

 

Historia:

 

         Este himno en Inglés tiene como título “GUIDE ME, O THOU GREAT JEHOVAH” y fue escrito por William Williams quién nació un 11 de febrero de 1717 en Cefn-y-Coed, al nordeste de Llandovery en Gales (Gran Bretaña).  Fue hijo de un hacendado adinerado, intentó estudiar medicina en la Academia de Llwynnllwyd en Camarthen, pero cambió de idea debido a la influencia de Howell Harris, uno de los predicadores de George Whitefield, durante unas conferencias públicas.  William se dedicó al ministerio y fue ordenado como diácono en the Establishied Church en 1740.  Sirvió como asistente de sacerdote en las pequeñas villas de Llanwrtyd y Abergwesyn, cerca de Llandovery, pero su visión evangelística le impidió avanzar más en la iglesia.  Se unió a los Metodistas Calvinistas y llegó a ser un predicador ambulante.  Realizaba viajes extensos en Gales, su tierra natal, llegando a recorrer cerca de 3,000 millas al año.  Harris lo animó a escribir himnos y formó su primer Himnario “Aleluya” en 1745, tuvo tanto éxito que continuó escribiendo hasta alcanzar más de 800 himnos en idioma galés y más de 100 en Inglés.  También escribió dos grandes poemas, algunos versos que se cantan antes del Evangelio en las misas y muchas elegías.  Predicó por 45 años y murió en Pantycelyn el 11 de enero de 1791.

 

         La preocupación de William por la falta de buenos himnos en galés, constituyó un desafío incesante de continuar produciendo mas con el mismo entusiasmo que lo hacía.  De hecho, tuvo tanto efecto que llegó a ser conocido como el “Vatio Galés” y el “Dulce cantor de Gales”  Este himno fue escrito en galés y apareció en su himnario Aleluya con el título “Stength to Pass Through the Wilderness”. Fue traducido al Inglés por su amigo Peter Williams e impreso en su libro Hymns on various subjects en 1771, usando las estrofas 1, 3 y 5 del himno original.  Como William Williams era bilingüe, hizo su propia traducción, la misma que apareció primero en forma de volante y luego en 1772 en la Colección de Himnos cantados en el Condado de Huntingdon’s Chapels.

 

         El contenido del himno se relaciona con la vida cristiana y la marcha de los israelitas por el desierto hacia la tierra prometida bajo la dirección del Dios Todopoderoso, resumido más tarde en la experiencia hábil de Nehemías,  “Tú, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto.  La columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni de noche la columna de fuego, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir.  Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed” (Nehemías 9:19,20).

 

         “Guide me, O thou great Jehovah” apareció primeramente en el himnario The Seventh-day Adventist Hymn y Tune Book for use in Divine Worship (Himnario Adventista del Séptimo Día y libro de melodías para uso del Culto Divino) publicado en 1886.  El himno fue impreso dos veces en esta colección usando dos melodías diferentes, ninguna de las cuales ha sido usada después por el Himnario Adventista.


UN PUENTE DE HIELO

 

 

         Jaime y Elena White habían ido a visitar a algunos creyentes en Illinois.  Ellos permanecieron con amigos que habían predicado el mensaje de Jesús, pero después se dedicaron completamente a sus haciendas y no tuvieron más tiempo para el trabajo del Señor.  Dios quería que Elena les ayudara a volver a este trabajo.

 

         Una noche, Elena tuvo una visión donde vio que algunos creyentes en Waukon, Iowa, necesitaban de ayuda.  Entonces dijo a su esposo que tenían que ir para allá.

 

         En el momento estaba aconteciendo una tremenda tempestad de nieve, entonces sus dos amigos decidieron prestarles su trineo y los caballos a los White para que fueran a Waukon.

 

         La noche anterior a la salida, comenzó a llover y la nieve comenzó a derretirse.  Entonces alguien preguntó a la Sra. White, “¿Y que del viaje a Waukon?”  “allá iremos” contestó la Sra. White.  Los otros pensaron que tendría que haber un milagro para que ellos pudieran hacer el viaje.

 

         Durante la noche, Elena miró por la ventana varias veces.  Aún continuaba lloviendo y ella oraba para que pudieran ir a Waukon para ayudar a esa gente.

 

         A la mañana siguiente, notaron que el tiempo se había puesto más frío y estaba comenzando a nevar.  Ahora ellos podían usar el trineo.  Nevó durante todo el camino a Greene Vale, un pueblo pequeño, donde pararon para tener unas reuniones con las personas de allí.  Y la nieve continuó cayendo toda la semana.

 

         Una vez hecho el trabajo de Dios en Greene Vale continuaron su viaje a Waukon y otra vez comenzó a llover.  Cuando llegaron al Río Mississippi la nieve estaba comenzando a derretirse y ya habían unos 28 centímetros de agua sobre el borde del río congelado.  Por supuesto que no había puente allí todavía. Algunas personas creían que no debían intentar cruzar porque el peso de los caballos podía quebrar el hielo que estaba suave debido a la lluvia.

 

         El que dirigía condujo a los caballos y el trineo hacia la orilla del río y sosteniendo el látigo en su mano dijo,  “¿o avanzamos hacia Iowa o regresamos a Illinois, ahora estamos en el Mar Rojo, lo cruzamos?”  Elena dijo “¡sigamos adelante confiando en el Dios de Israel!”  El conductor dirigió cuidadosamente el trineo por el hielo con agua que llegaba a mojar la parte baja del carruaje.  Los caballos lentamente avanzaban salpicando el agua a través del río.  Todos en el carruaje estaban orando y no se detuvieron en ningún momento a través del hielo.

 

         El mismo Dios que apartó las aguas del Mar Rojo ahora hizo que el hielo del río permaneciera fuerte lo suficiente para que Elena y las personas que lo acompañaban cruzaran el río seguros.  Así, ellos continuaron su viaje a Waukon.  El viernes por la tarde ellos pararon en un hotel en Dubuque donde permanecieron hasta el Sábado.  En el salón del hotel se reunieron y cantaron himnos.  El dueño y otros huéspedes gustaron del grupo y les pidieron que pasaran de nuevo por allí a su regreso.

 

         El domingo de mañana el grupo reinició su viaje de nuevo, aunque estaba muy frío y con mucho viento para viajar en el trineo abierto.  Ellos se envolvieron en frazadas y batas de pieles y se miraban unos a otros para asegurarse que nadie llegue a congelarse.

 

         Finalmente, después de cuatro días, llegaron a Waukon.  Nadie se sintió feliz de verlos, pero los viajeros no se desanimaron porque sabían que habían sido enviados por Dios.

 

         El jueves de tarde tuvieron una reunión y cantaron los antiguos himnos adventistas.  Esto parece que hizo que las personas se sintieran familiarizadas.  Luego Jaime White y otros hablaron y contaron sus experiencias en el trabajo del Señor.  A la gente realmente les gustó oír  esas cosas.  Cuando se arrodillaron para orar, el Señor mandó una visión a Elena White, donde se le mostraba por qué la gente en Waukon no estaba siguiéndolo.  Después de la visión, ella dijo “si ahora ustedes abrieran las puertas de sus corazones, Jesús vendría y caminaría en nuestro medio con poder”.

 

         Muchas personas expresaron que lamentaban el haber pecado y deseaban que el amor de Jesús viniera a sus corazones.

 

         Cuando Jaime y Elena White salieron de Waukon, John Loughborough fue con ellos y se convirtió en un obrero de Dios por todo el resto de su vida.  Juan Andrews, también rededicó su vida a Jesús en esa ocasión.  Eventualmente, él llegó a ser nuestro primer misionero oficial de la iglesia que salió de América hacia Europa.

 

         Las personas que asistieron a la reunión de Waukon y decidieron seguir a Jesús, llegaron a ser buenos obreros del Señor y ayudaron a otros a conocerlo.  Si tú abres la puerta de tu corazón hoy, Jesús vendrá y caminará contigo el resto de tu vida también.

 

         Así, el puente de hielo que Dios puso bajo el trineo en aquel día de invierno hace mucho tiempo, llevó el fuego del cielo a Waukon y encendió una llama que arderá hasta que Jesús regrese por segunda vez.

 

 

-- Adaptado de the Spirit of Prophecy Emphasis Stories, vol. 1, pp. 51-55


JESUS, LOS PROFETAS Y NOSOTROS

Por:   Alberto R. Timm

 

 

Introducción

 

“Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación.  Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio” (2 Crónicas 36:15,16)

 

Algunas personas creen que un profeta es alguien cuyo mensaje lleva las credenciales divinas, puede ser tergiversado o aún rechazado por los no creyentes, pero nunca por el propio pueblo de Dios.  Todavía, la realidad es que aún los cristianos sinceros pueden inconscientemente usar argumentos no realistas, no solo hacia los profetas, sino también hacia los mensajes proféticos.

 

Durante el ministerio terrenal de Cristo, Él enfrentó por lo menos cinco grandes argumentos desequilibrados respecto a los dones proféticos.  Hoy nosotros consideraremos brevemente cada uno de ellos, así como también la manera como Cristo intentó corregirlos.  Lo que descubramos nos ayudará a evitar repetir los errores de las generaciones pasadas.

 

1.     Cristo reprobó la tendencia humana de elogiar a los profetas antiguos mientras se rechazan a los contemporáneos.

 

Cuando estudiamos la Biblia, encontramos numerosos ejemplos en que el pueblo de Dios resistió aceptar un profeta contemporáneo.  En tanto que elogiaban a un antiguo profeta por haber reprendido los pecados de una generación pasada, el pueblo de Dios fue renuente a aceptar los reproches proféticos que se relacionaban específicamente con su propia conducta inadecuada.

 

Cristo se refirió a este problema cuando manifestó en Mateo 23:29,30,34  “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.  Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. ... Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas: y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad”.

 

Hoy hay personas que hacen eco de este mismo pensamiento.  Ellos socavan la manifestación moderna de los dones proféticos en la vida y obra de Elena de White, afirmando que por ser así están siendo “más fieles” a lo establecido por el canon bíblico.  Sin embargo, la fidelidad a la Biblia no requiere el rechazo de profetas extra canónicos, solo de aquellos que se comprueba que son falsos.  “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”. (1 Juan 4:1)

 

En Lucas 10:16 Cristo declaró:  “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió”.  Con esto en mente, es claro que si Elena de White fue una verdadera profetisa, como creemos que ella fue, cualquier consciente que intente destruir insidiosamente la confianza en sus mensajes proféticos es un reproche directo a Dios quien la envió para ser una voz profética en nuestro medio.

 


2.     Cristo reprobó la tendencia humana de elevar al mensajero humano que está a cargo del mensaje divino.

 

Aquellos que profesan aceptar a los profetas contemporáneos corren el riesgo de remplazar su fidelidad al mensaje divino por su admiración personal al mensajero humano.  En muchos casos, esa admiración puede terminar protegiendo intencional o involuntariamente, el compromiso personal al mensaje profético.

 

Durante el ministerio terrenal de Cristo había personas que afirmaban ser hijos e hijas de Abraham pero no estaban dispuestas a seguir su ejemplo (ver Juan 8:39) y personas que pretendían ser seguidoras de Moisés pero no vivían en armonía con las enseñanzas del líder (Juan 5:45-47).  Cristo censuró tal ostentación y ese falso carácter con las siguientes palabras:  “No todo el que me dice: Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).

 

Los estudios biográficos contemporáneos de Elena de White pueden ser de gran valor al ayudarnos a apreciar mejor sus escritos, pero siempre está el peligro de volverse “devoto de Elena de White” al enfatizar su persona por encima de los mensajes divinos de Dios comunicados por ella.  Más importante, que simplemente conocer si ella era alta o baja, gorda o delgada, es el conocimiento  experimental del mensaje de salvación revelado a través de sus escritos.

 

3.  Cristo reprobó la tendencia humana de enfatizar solo lo que nos gusta de un mensaje profético, mientras que ignoramos o rechazamos lo que nos disgusta.

 

Aunque aceptemos la existencia, tanto del antiguo como del moderno mensaje profético, siempre permanece realmente el peligro de perder el equilibro temático global, al enfatizar solamente los puntos que son más atractivos y apelantes, mientras que descuidamos aquellos que no nos disgustan.

 

En los días de Cristo, el ejemplo más difundido de este método distorsionado de interpretación era uno que estaba de acuerdo con las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento.  Sin prestar suficiente atención a aquellas profecías que hablaban del sufrimiento del Mesías (Salmos 22; Isaías 52:13; 53:12; Daniel 9:26; etc.), los contemporáneos de Cristo pusieron su esperanza exclusivamente en las profecías que lo retrataban como un Rey victorioso (Salmos 24; Isaías 9:1-7; etc.).  Desafortunadamente, algunos de los discípulos más cercanos de Cristo creyeron en un solo lado de la expectativa mesiánica (Mateo 16:21-23; Marcos 9:31,32; Lucas 18:31-34; etc.).

 

Hoy,  este mismo desequilibrio de interpretación puede ser visto en dos principales tendencias.  Primero, está la tentación de enfatizar artificialmente una sola doctrina, mientras que se excluyen las otras de igual importancia.  Algunos arguyen solamente la justificación por la fe; otros la reforma pro salud; y otros, los eventos finales.  Cada una de estas tres doctrinas son importantes, ninguna puede ser considerada separadamente como el mensaje.  Mejor dicho, todas ellas son partes de todo el mensaje.  Esto sugiere que debemos tomar los escritos inspirados como un todo (ver Mateo 4:4), permitiéndoles (no nosotros) definir cuáles son los temas fundamentales, en contraste a los periféricos.

 

Segundo, cuando se estudian los escritos inspirados, también podemos reconocer el desequilibrio que hay entre los que dejan que sus propios sentimientos decidan lo que es relevante hoy, versus lo que es cultural.  Generalmente, lo que nos gusta lo aceptamos como pertinente y útil, pero lo que nos disgusta lo consideramos como algo cultural y no aplicable.  Sin ninguna pregunta, podemos ver en los escritos inspirados una tensión constante entre los principios universales y la relación de esos principios con un ambiente cultural específico.  Pero no podemos jugar con los escritos como cuando los niños juegan al sube y baja.  No debemos olvidar que los principios universales siempre son aplicables aún en situaciones donde los escritos inspirados están hablando a un ambiente cultural específico.

 

Si aplicamos seriamente el consejo de Cristo a nuestra vida “de toda palabra que sale de la boca de Dios” entonces no podemos permitir que nuestras propias inclinaciones y sentimientos personales sean los jueces finales de las Escrituras.

 

4.  Cristo reprobó la tendencia humana de estar satisfecho con una lectura superficial de los Escritos inspirados. 

 

Otra gran distorsión de nuestro entendimiento para con los escritos inspirados es la posibilidad de no profundizarnos lo suficiente en el proceso de la búsqueda de la verdad.  Quedamos satisfechos con solo un conocimiento superficial, muchas personas están inclinadas a pensar que ya conocen todo lo que puede ser conocido o que no hay realmente necesidad de investigar más profundamente.

 

Cristo confrontó la lectura superficial del Antiguo Testamento de los fariseos y la de los maestros de la ley cuando advirtió en su Sermón del Monte:  “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20).  El Señor siguió el proceso de exponer el significado profundo de las Escrituras al declarar una y otra vez, “Oísteis que fue dicho a los antiguos... Pero yo os digo...” (ver versículos 21-48).

 

La superficialidad en entender el contenido de los escritos inspirados es uno de los más grandes pecados de nuestra generación.  Elena de White observó, “Vivimos en un siglo cuando casi todo es superficial.  No hay sino poca estabilidad y firmeza de carácter debido a que la instrucción y educación de los niños es superficial desde la cuna.  Su carácter se construye sobre arena escurridiza.  La abnegación y el dominio propio no han modelado sus caracteres” (Conducción del Niño, pág. 170).  Ocupados con numerosas opciones, que consumen tiempo, proveídas por la tecnología y la comunicación moderna, los cristianos contemporáneos están tentados, más que nunca antes, a apoyarse en una forma de religión filosófica y antidoctrinal.

 

Elena de White nos advirtió a no confiar en una mera “religión intelectual” (Camino a Cristo, pág. 22;  Evangelismo, pág. 494).  Pero por otro lado, también declaró que “La ignorancia no aumentará la humildad o espiritualidad de ningún profeso seguidor de Cristo” (Testimonies, vol. 3, p. 160).  Este es el por qué estamos estimulados “a alcanzar la altura de la grandeza intelectual”, para llegar a ser “gigantes en la comprensión de las doctrinas bíblicas y las lecciones prácticas de Cristo” (Obreros Evangélicos, págs. 296, 298).

 

5.  Cristo reprobó la tendencia humana de aceptar la teoría de la verdad como revelada en los Escritos inspirados, pero no vivir en armonía con ella.

 

Quizás la situación más peligrosa que las personas se colocan por si mismas, es profesar creer en los escritos inspirados sin permitir que ellos santifiquen sus vidas.  Esto genera una división filosófica seria entre las bases teóricas de la religión y su obra práctica en la vida diaria.  Aquellos que están en esta situación, generalmente llegan a criticar más la conducta de otras personas que de la de ellos mismos y como consecuencia, no sienten realmente ninguna necesidad para cambiar sus propias vidas.

 

En los días de Cristo, muchos de los maestros de la ley, así como los fariseos, estaban en lo que humanamente hablando, era una situación desesperada (ver Mateo 23) porque eran descritos varias veces como ”hipócritas”.  Jesús también los comparó como vasos limpios por fuera, pero por dentro sucios y llenos de injusticia (versículos 25,26) y  como sepulcros blanqueados por fuera, pero “llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” por dentro (versículo 27).

 

El mensaje de Dios para la iglesia de Laodicea del final del tiempo revela un problema similar.  Los Laodicenses eran retratados en el libro de Apocalipsis como un pueblo engañado inconscientemente por su propia situación.  Apocalipsis 3:17 declara:  “Porque tú dices:  Yo soy rico y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”.

 

La única esperanza para aquellos que mantienen un argumento confuso a los mensajes proféticos es que con humildad de corazón, fundamenten su vida espiritual en las palabras infalibles de Cristo (ver Mateo 7:24-27; Juan 5:39).  Tales individuos deben permitir que las palabras de Cristo santifiquen sus propias vidas (ver Juan 17:17).  De acuerdo al apóstol Pablo, esto significa “confesar” y “creer” en el Poderoso Salvador revelado en las Escrituras (Romanos 10:8-13).

 

Como hijos e hijas de Dios, desarrollemos un argumento consistente a los escritos inspirados.  Este argumento debe estar basado en los principios expresados en dos pasajes de las Escrituras, Mateo 4:4  “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, y en Deuteronomio 4:2  “No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordene”.  Esto requiere que por la gracia de Dios superemos las tendencias humanas de (1) elogiar a los profetas antiguos, mientras rechazamos a los contemporáneos; (2) reemplazar el mensaje divino, por el mensajero humano; (3) enfatizar solo lo que nos gusta del mensaje profético, mientras ignoramos o rechazamos lo que nos disgusta; (4) quedar satisfecho con una lectura superficial de los escritos inspirados; y (5) aceptar la teoría de la verdad revelada en los escritos inspirados sin vivir en armonía con ellos.

 

La fidelidad incondicional a los escritos inspirados no puede ser el camino más fácil para vivir, pero si es el único camino donde podemos reclamar realmente la promesa de 2 Crónicas 20:20  “Creed en Jehová vuestro Dios y estaréis seguros; creed a sus profetas y seréis prosperados”.  Que el Señor nos fortalezca a vivir hoy y todos los días de nuestra vida en fidelidad a Él y a su Palabra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Alberto Timm es Director del Centro de Investigación Elena G. de White del Colegio Superior del Brasil – Campo central, São Paulo, Brasil.


Resumen del Sermón

 

Jesús, los profetas y nosotros

 

Introducción

 

2 Crónicas 36:15,16

 

Aún los cristianos sinceros pueden usar inconscientemente argumentos equivocados respecto a los profetas y a los mensajes proféticos.  Los planteamientos de Cristo a estas visiones  en desequilibrio nos ayudarán a no repetir los errores de las generaciones pasadas.

 

1.     Cristo reprobó la tendencia humana de elogiar a los profetas antiguos mientras se rechazan a los contemporáneos. 

Las Escrituras nos dan muchos ejemplos de cuando el pueblo de Dios rechazó aceptar a sus profetas.

 

Mateo 23:29, 30, 34.  La gente de hoy socava el don profético en la vida y obra de Elena de White.  Necesita probar qué profetas son verdaderos y cuales son falsos.  1 Juan 4:1

 

2.  Cristo reprobó la tendencia humana de elevar al mensajero humano que está a cargo del mensaje divino.

    

     Es peligroso admirar al mensajero humano al extremo de perder la fidelidad necesaria al mensaje divino.

 

     Cristo censuró a aquellos que fracasaban en vivir en armonía con sus enseñanzas, mientras afirmaban ser seguidores de su Padre. Juan 8:39; Juan 5:45-47; Mateo 7:21.

 

     Los estudios biográficos de Elena de White pueden ser de gran ayuda para comprender sus escritos.  Tenemos que tener cuidado para no dar énfasis a la persona por encima del mensaje divino de Dios dado a través de ella.

 

3.  Cristo censuró la tendencia humana de separar lo que nos gusta y nos disgusta del mensaje profético.

 

     Hay un gran peligro de perder totalmente el equilibrio de los mensajes proféticos al enfatizar solamente los tópicos que están de acuerdo con nuestra propia visión e ignorar aquellos con los cuales no concordamos.

 

     En los días de Cristo, había entendimientos de solo una parte de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento.  Aún algunos discípulos de Cristo creían que Él podría ser un Rey victorioso.  Salmos 22; Isaías 52:13; 53:12; Daniel 9:26; Salmos 24; Isaías 9:1-7; Mateo 16:21-23; Marcos 9:31,32; Lucas 18:3-34.

 

     Ninguna doctrina debe ser considerada como el mensaje.  Todas ellas son partes de un mensaje total inseparable.  Nosotros debemos tomar a los escritos inspirados como un todo, permitiéndoles nos definan los temas fundamentales.

 

     Hoy es peligroso permitir sentimientos que decidan lo que es relevante y lo que es cultural.  Los principios universales siempre se aplican aún en situaciones que tratan con un ambiente cultural específico.

 

     Los prejuicios personales no pueden ser los jueces finales de las Escrituras.  Mateo 4:4.

 

4.   Cristo censuró la tendencia humana de estar satisfecho con la lectura superficial de los escritos inspirados.

 

     Sea cuidadoso al buscar la verdad.  No deberíamos estar satisfechos con solo un conocimiento superficial.

 

     Mateo 5:20-48

 

Los cristianos contemporáneos están tentados a apoyarse en fórmulas filosóficas y antidoctrinales de la religión con un entendimiento superficial de los escritos inspirados.  Nosotros estamos advertidos contra una “religión intelectual” (Camino a Cristo, pág. 22;) Testimonies, vol. 3, p. 160; Obreros Evangélicos, págs. 296, 298.

 

5.   Cristo censuró la tendencia humana de aceptar la teoría de la verdad pero no vivir en armonía con ella.   

Es peligroso profesar creer en los escritos inspirados sin permitir que ellos cambien nuestra vida.  Aquellos en esta situación generalmente llegan a criticar la conducta de los otros en vez que la de ellos mismos.

    

     Cristo comparó a los maestros de la ley y a los fariseos como vasos limpios por fuera, pero sucios por dentro.  Ver Mateo 23.

 

     Los Laodicenses son retratados como un pueblo inconscientemente engañado por su propia situación.  Apocalipsis 3:17.

 

     La vida espiritual necesita estar fundamentada en las palabras infalibles de Cristo.  Ver Mateo 7:24-27; Juan 17:17; Romanos 18:8-13.

 

Conclusión

 

     Los hijos e hijas de Dios deben desarrollar un argumento consistente con los escritos inspirados.  Ver Mateo 4:4; Deuteronomio 4:2.  Esto requiere que superemos las tendencias humanas bosquejadas en el sermón.  Una fidelidad incondicional a los escritos inspirados es el único camino por el cual podemos reclamar la promesa de Dios descrita en 2 Crónicas 20:20.


EN LA MANSIÓN DE MI SEÑOR

Himno de Clausura.  HA # 314

 

 

Historia:

 

Las palabras de este himno fueron escritas por Johnson Oatman, Jr. (1856-1930) un ministro metodista de Lumberton, New Jersey y fueron basadas en el ideal del apóstol Pablo:  “Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:14).  Este himno fue uno de los 5,000 escritos por Oatman, los mismos que predicaban el mensaje evangélico en forma mucho más amplia y efectiva que sus sermones en el púlpito.  El himno imagina a un escalador que busca salir de abajo de la tierra de este mundo y escala las cumbres que penetran en las nubes y da una visión de la gloria brillante de la tierra.

 

La melodía, en algunos libros es llamada HIGHER GROUND (la tierra de lo alto), fue compuesta en 1892 por Charles Hutchinson Gabriel, quien hay veces usó el seudónimo de Charlotte G. Homer.  Gabriel nació el 18 de agosto de 1856 en Wilton, Iowa.  Él mismo se instruyó como tocar el armonio en su casa hacienda.  Al cumplir sus Sesenta años de cantos evangélicos, él dijo, “Yo dije a mi madre que algún día escribiría mi propio canto y nunca olvidaré su respuesta:  ‘mi hijo, preferiría que escribas un canto que pueda ayudar a alguien, antes que verte como presidente de los Estados Unidos’.  Aunque yo era apenas un muchacho, sus palabras llegaron a ser el blanco de mi ambición”.  Gabriel enseñó por primera vez un canto escolar a los 16 años y escribió su propio canto a los 17.  Por dos años fue director de música en la Grace Methodist Church en San Francisco. En 1895 se trasladó a Chicago y llegó a ser editor.  Mas tarde se asoció con la Rodeheaver Hall-Mack evangelistic campaigns, donde mucho de su trabajo lo hacía durante las noches, mientras los otros dormían.  Como un recopilador y editor, estuvo involucrado en la producción de 35 libros de cantos evangélicos, 5 libros de cánticos para la Escuela Sabática, 7 libros para voces masculinas, 6 libros para voces femeninas, 10 libros para niños, 19 libros de antífonas, 23 cantatas para coros, 41 cantatas de Santa Claus, 10 cantatas juveniles, 4 operetas, 2 libros de instrucciones de armonio y 4 libros de piano.  Por la melodía de este himno en particular, Gabriel recibió la suma de $ 5.00.

 

Este himno fue introducido en el himnario adventista en la edición de Christ in Song en 1900.