SÁBADO DEL ESPIRITU DE PROFECÍA

20 de octubre de 2001

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PARA QUE NO NOS OLVIDEMOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ellen G. White Estate

Traducido por el Servicio Elena de White de la DSA

CONTENIDO

 

 

 

 

 

1. Himno de apertura:

Estando a orillas del Jordán, HA # 181

 

 

2. Lectura antifonal:

Las Sagradas Escrituras, HA pág. 516

 

 

3. Historia para los niños

Un mensaje oportuno por Ella White Robinson

 

 

4. Sermón:

Para que no nos olvidemos, escrito por G. Ralph Thompson

Resumen del sermón

 

 

5. Himno de clausura:

¡Vendrá el Señor!, HA # 173

 


ESTANDO A ORILLAS DEL JORDÁN

H.A. # 181

 

 

            La primera impresión de este himno fue en el himnario “Selección de Himnos” de John Rippon, en London en 1787, bajo el título “El cielo se anticipó”.  El original tenía 8 estrofas de cuatro líneas cada una. El coro se agregó después.

 

            La ilustración de cruzar el enorme y tormentoso río Jordán antes de morir para entrar en la Canaán celestial y gozar de la vida eterna, no es estrictamente bíblico.  Este es un paralelo cuando los israelitas en el tiempo de Josué llegaron para cruzar el río Jordán y encontraron las orillas desbordadas (ver Josué, capítulo 3).  El Señor mandó que las aguas pararan de fluir a fin de que los israelitas pudieran pasar a la tierra de Canaán.  Otro incidente asociado con el Jordán y con la muerte y la vida eterna ocurre en la traslación del profeta Elías. Él estaba cruzando el Jordán en la otra dirección, desde el este de Jericó.  Allí fue hecho un milagro. Al golpear Elías las aguas con su manto, estas se apartaron a uno y otro lado y él y Eliseo cruzaron en seco (2 Reyes 2:8). En ningún caso hubo que luchar contra las olas del Jordán. Nosotros debemos esta ilustración a la tradición de John Bunyan en el libro Pilgrim’s Progress (Progreso del peregrino), cuando todas las trompetas sonaron para los cristianos del otro lado, fue cuando él cruzó triunfante las barreras acuosas que había entre él y el país deleitable.

 

            John Rippon (1751-1836) nació en Tiverton, Devon, Inglaterra y se preparó para el ministerio en el Colegio Bautista de Bristol.  Fue pastor de la Iglesia Bautista de Carter, Lane en London por 63 años.  Su contribución más significativa al himnario fue una colección de himnos que  juntó en 1787, “Selección de Himnos de los mejores autores” proyectado como un apéndice para Salmos e Himnos del Dr. Watts.

 

            Samuel Stennett, nació en Exeter, Inglaterra en 1727, también fue un pastor bautista.  Sucedió a su padre como pastor de la Iglesia Bautista del Séptimo Día en Little Wild Street, London, en 1758 y sirvió allí hasta su muerte.  Manteniendo una posición prominente entre los pastores “disidentes” de London, fue respetado por los hombres de estado de su tiempo por su posición sobre la libertad religiosa, un principio sostenido fuertemente por los bautistas, quienes fueron considerados herejes por la Iglesia de Inglaterra.  El pastor Samuel fue un amigo personal del Rey Jorge III y no sólo predicaba regularmente los sábados para los bautistas del séptimo día, sino también para los otros bautistas del domingo.  Sus trabajos publicados incluyen, sermones, panfletos y 38 himnos en el libro de Rippon.  En 1763 fue honrado con el grado de doctor en teología por la Universidad de Aberdeen, Scotland.  Murió el 25 de agosto de 1795 en London.

 

            Indudablemente, la música deleitable de la TIERRA PROMETIDA, es lo que ha hecho a este himno tan popular desde que apareció en Southern Harmony (Armonía del Sur) de William Walker en 1835, donde se concedió un crédito a la Srta. M. Durham; de ella no se sabe nada.  William Walker “El cantante Billy” (1809-1875) fue un laico bautista y profesor de canto en una Escuela de Carolina del Sur (USA)  Escribió 25 melodías para su libro afortunado del cual se vendieron 600,000 copias en 30 años.  El día “cante” que comenzó en USA en1884 usó este libro y aún lo usan en Benton, Kentucky, el cuarto domingo de mayo.

 

 

Adaptado por Wayne Hooper y Edward E. White. Asociados al Himnario Adventista del Séptimo Día, Review and Herald Publishing Association, 1988, pág. 570,571. Usado con permiso.


LECTURA ANTIFONAL

 

LAS SAGRADAS ESCRITURAS

H.A. pág. 516

 

 

Deuteronomio 29:29; 2 Pedro 1:19-21; 2 Timoteo 3:15-17; Juan 5:39; Hebreos 4:12,13; Jeremías 15:16.

 

Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.

 

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;

 

Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,

 

Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

 

Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.

 

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,

 

A fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

 

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.

 

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón,

 

Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.

 

Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, Oh Jehová Dios de los ejércitos.


UN MENSAJE OPORTUNO

 

            Por muchos años Jesús envió mensajes a sus hijos a través de su mensajera, la Sra. Elena G. White.  Algunas veces también envió mensajes a los niños.  Una vez, envió un mensaje especial para la nieta de la Sra. White, llamada Ella Mae, quien tenía solamente 14 años.

 

            Una noche, Ella llegó a su casa del colegio, estaba muy cansada y desanimada, su mamá generalmente pasaba muy ocupada cuidando a sus nuevos hermanitos mellizos y muchas de las tareas de la casa habían llegado a ser de su responsabilidad; como consecuencia, Ella siempre parecía cansada y no tenía suficiente tiempo para estudiar.

 

            Llorando, un día Ella oró, “Querido Jesús, por favor ayúdame, sácame todos estos sentimientos de amargura y dame paz”.  Pero ella no se sentía nada mejor, parecía que Jesús no estaba cerca y no escuchaba sus oraciones.  Finalmente Ella se quedó dormida con sus sentimientos de tristeza y soledad.

 

            Dos días después el carruaje de la abuelita Elena paró al frente de su casa. “Llegó la abuelita”, dijo el papá, con la intención de llamar a toda la familia, porque posiblemente traía un mensaje especial para ellos.  La Sra. White pidió a la mamá de Ella que dejara por un momento el cuidado de los mellizos a cargo de la empleada y que Ella y su hermana Mabel prestaran mucha atención a cada palabra y no se distrajeran con los bebés.  La Sra. White sacó de su bolsa el mensaje que había escrito esa misma mañana y comenzó a leer.

 

            Jesús había hablado en visión a la Sra. White durante la noche.  Él le había dicho que ese hogar tenía mucho ruido y confusión.  También se le mostró que ellos se estaban olvidado de pensar en Dios y de pedir sus bendiciones al estudiar y trabajar.  Debían tomar más tiempo para estudiar la Biblia y orar y que al hacer sus trabajos debían recordar que era lo mismo que si lo estuvieran haciendo para Jesús.

 

            La abuelita Elena dijo a Ella y Mabel que su mamá necesitaba la ayuda de ellas y que debían ser fieles en hacer sus tareas, debían respetar y obedecer a su mamá cuando les pidiera hacer alguna cosa.  Los niños y las niñas deben aprender a respetar y obedecer a sus padres, porque esto les ayuda a estar listos para ir al cielo.

 

            A Ella le dijo que necesitaba ser un buen ejemplo, como el de Jesús, para su hermana menor y que debía estar dispuesta a hacer las tareas del hogar, si veía que había cosas por hacer, debía hacerlas sin preguntar, debía conservar su cuarto limpio y arreglado, así como también la cocina.

 

            Esas eran las cosas que a Ella no le gustaba hacer y le incomodaba oír de esto justo al frente de toda la familia. Interrumpiendo, Ella preguntó, “¿el ángel te dijo todas esas cosas, o tú las pensaste cuando estabas escribiendo?”

 

            Pacientemente la abuelita respondió, “el ángel me habló en la noche; entonces me levanté de la cama, me vestí y escribí el mensaje que me fue dado para ti”.

 

            También le dijo, que dejara sus libros por un momento pues era tiempo de hacer las tareas de la casa y que una vez terminadas las tareas, podía volver a sus libros.  También le recordó que por obedecer a su mamá y hacer sus tareas rápidamente y con nitidez, ella estaba siendo una misionera y muy semejante a Jesús, pues para Él los trabajos pequeños y las tareas de la cocina son importantes.  La Biblia nos dice que cuando somos fieles en lo muy poco, también en lo más somos fieles, y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.

 

            “No debemos desanimarnos”, la abuelita continuó, “los ángeles están observando, pues quieren ver cómo ellos pueden ayudarnos para llegar a ser como Jesús”.

 

            A Ella no le gustó el mensaje que Jesús le había mandado a través de su abuelita.  Subió corriendo las escaleras y fue para su cuarto, enterró su rostro en su almohada y lloró amargamente“. ¿Por qué tengo que barrer y lavar los platos? Ella sollozaba.  “Yo necesito tiempo para estudiar”.

 

            De pronto, recordó su oración que Jesús podía ayudarle a sacar todos sus malos sentimientos.  ¿Fue esta su respuesta? ¿Había Jesús oído el llanto de la niña y le había enviado un ángel con la respuesta a su oración? Sí.  Jesús la había oído, Él la amaba, había enviado su ángel a darle un mensaje a su abuelita justo para decirle como ella podía ser mejor porque la amaba.

 

            Ella comenzó a llorar otra vez, pero esta vez porque estaba arrepentida, enjugó sus lágrimas y bajó corriendo hacia la cocina, porque un día antes había estado enojada e intransigente y había escondido una olla sucia detrás de la cocina.  Cuando estuvo segura que nadie la miraba, sacó la olla y la lavó, nunca antes esa olla había estado tan brillante.  Luego dio una mirada a toda la cocina y arregló las cosas de un lado y otro, incluso usó su nueva energía para refregar las manchas de la mesa de madera.  Ahora se sentía ¡mucho mejor!

 

            Ella repitió las palabras, “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel”.  Desde ese momento, Ella hacía todas sus tareas tan fiel y cuidadosamente como si viese a Jesús parado a su lado, observándola amorosamente cuando hacía su trabajo.

 

 

- Adaptado de Over my shoulder (Sobre mi hombro), por Ella White Robinson.

 


PARA QUE NO NOS OLVIDEMOS

Por:  G. Ralph Thompson

 

            Por tanto, guárdate y guarda tu alma con diligencia, que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida.  Y enseñarlas has a tus hijos y a los hijos de tus hijos.”  (Deuteronomio 4:9)

 

            “Guárdate, que no te olvides de Jehová tu Dios, para no observar sus mandamientos, y sus derechos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy.” (Deuteronomio 8:11)

 

El primer período de cuarenta años.

 

            La vida de Moisés estuvo dividida en tres períodos de cuarenta años cada uno.  Él fue el milagroso bebé de Amrán y Jocabed que nació en el tiempo de un decreto de Faraón de matar a todos los niños varones nacidos en Egipto de esclavos israelitas.  Ya nos es familiar la historia de cómo sus padres desafiaron el mandato de Faraón al conservar al recién nacido en secreto.  Cuando ya era de tres meses, Jocabed no podía esconderlo más, entonces hizo una arquilla de juncos bien ajustado y lo untó con betún para impermeabilizarlo y puso al bebé allí.  Encomendándolo al cuidado de Dios, escondió la pequeña arquilla entre el carrizal de la orilla del río.  La hermana del bebé, María, permaneció cerca para observar lo que podía pasar.

 

            Pronto la hija de Faraón, bajó al río y escuchó el llanto de un bebé, rápidamente lo buscó y la arquilla le llamó la atención, sabía que se trataba de un bebé hebreo.  Por compasión a la madre, decidió adoptar al hermoso bebé y llevarlo con ella.  María, que estaba observando todo, le ofreció conseguir una ama para el niño entre las hebreas.  Su misma madre llegó a ser su ama y por doce años preciosos, ella tuvo la oportunidad de infundir en Moisés el conocimiento del verdadero Dios.  Su madre le mostró la insensatez y el pecado de la idolatría, como postrarse y orar al Dios viviente quién hizo el cielo y la tierra – el único Dios que podía oírle y ayudarle en toda emergencia.

 

            “¡Cuán extensa en sus resultados fue la influencia de aquella sola mujer hebrea, a pesar de ser una esclava desterrada!  Toda la vida de Moisés y la gran misión que cumplió como caudillo de Israel da fe de la importancia de la obra de una madre piadosa.  Ninguna otra tarea se puede igualar a ésta.  En un grado sumo, la madre modela con sus manos el destino de sus hijos.  Influye en las mentes y los caracteres, y obra no sólo para el presente sino también para la eternidad.  Siembra la semilla que germinará y dará fruto, ya sea para bien o para mal.  La madre no tiene que pintar una forma bella sobre un lienzo, ni cincelarla en un mármol, sino que tiene que grabar la imagen divina en el alma humana” (Patriarcas y Profetas, pág. 249-250)

 

            Entonces, hasta los 40 años, Moisés fue hijo adoptado de la hija de Faraón, heredero del trono de Egipto.  Estaba especializado en el conocimiento de los egipcios – en ciencias, matemáticas, medicina, astronomía, estrategia militar, filosofía, historia, teología, leyes, economía y arquitectura.

 

“"Por fe Moisés, ya adulto, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón; escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado.  Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios; porque miraba la remuneración." (Heb. 11: 24-26.)  Moisés estaba capacitado para destacarse entre los grandes de la tierra, para brillar en las cortes del reino más glorioso, y para empuñar el cetro de su poder.  Su grandeza intelectual lo distingue entre los grandes de todas las edades, y no tiene par como historiador, poeta, filósofo, general y legislador.  Con el mundo a su alcance, tuvo fuerza moral para rehusar las halagüeñas perspectivas de riqueza, grandeza y fama, "escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado." (Patriarcas y Profetas, pág. 251-252)

 

            Moisés nunca olvidó sus raíces, las enseñanzas de su madre le recordaban continuamente del verdadero Dios.  Él era un israelita, no un egipcio y nunca se dejó lavar el cerebro por el sistema educacional egipcio, de tal forma que olvidara su verdadero origen y al Dios verdadero.

 

El segundo período de cuarenta años

 

            El segundo período de 40 años de su vida comenzó cuando un día vio a un Egipcio golpeando a un israelita.  Inmediatamente su lealtad a los hebreos vino a primer plano.  El egipcio estaba golpeando a uno de sus congéneres y sin detenerse para pensar en las consecuencias, se arrojó sobre él y le dio muerte, luego lo enterró en la arena.  Él pensó que este hecho se establecería para siempre en las mentes de sus compañeros israelitas que  estaba ciertamente de su lado y los consideraba su pueblo.

 

            Pero ¡cuán equivocado estaba! "Moisés pensaba que sus hermanos entenderían que Dios los libertaría por su mano. Pero ellos no lo entendieron así”. (Hechos 7:25)  Él no pensó cuán celosos ellos estaban de la vida de príncipe que llevaba en el palacio del rey, mientras ellos tenían que trabajar como esclavos bajo el sol fuerte de Egipto.

 

            Unos días después, vio a dos hebreos peleando y fue para pacificarlos.  El ofensor le dijo,  ¿quién te ha puesto a ti por príncipe y juez entre nosotros? ¿piensas matarme como mataste al egipcio?”

 

            Moisés quedó aturdido al saber que su secreto era ampliamente conocido.  No pasó mucho tiempo para que la noticia llegue al palacio, que el heredero del trono de Egipto había matado a un egipcio por salvar a un esclavo hebreo.  Si lo capturasen, podría ser sentenciado a morir como un traidor, pues Faraón podría considerar este hecho como una traición.

 

            Moisés decidió fugarse para salvar su vida y aquí comenzó el segundo período de sus 40 años de vida.  Finalmente llegó a Madián y comenzó allí una nueva vida.  Esto le llevaría otros 40 largos años para olvidar todos los principios de liderazgo que había aprendido en la Universidad de Egipto.  En la difícil universidad de Madián él comenzaría un curso de postgrado en el verdadero liderazgo.

 

            “En la escuela de la abnegación y las durezas había de aprender a ser paciente y a temperar sus pasiones.  Antes de poder gobernar sabiamente, debía ser educado en la obediencia.  Antes de poder enseñar el conocimiento de la divina voluntad a Israel, su propio corazón debía estar en plena armonía con Dios.  Mediante su propia experiencia debía prepararse para ejercer un cuidado paternal sobre todos los que necesitasen su ayuda.

 

“El ser humano se habría evitado ese largo periodo de trabajo y oscuridad, por considerarlo como una gran pérdida de tiempo.  Pero la Sabiduría infinita determinó que el que había de ser el caudillo de su pueblo pasara cuarenta años haciendo el humilde trabajo de pastor.  Así desarrolló hábitos de atento cuidado, olvido de sí mismo y tierna solicitud por su rebaño, que lo prepararon para ser el compasivo y paciente pastor de Israel.  Ninguna ventaja que la educación o la cultura humanas pudiesen otorgar, podría haber substituido a esta experiencia.” (Patriarcas y Profetas, pág. 254)

 

En Madián, Dios dirigió a Moisés para encontrar un hogar con Jetro, el sacerdote y príncipe de Madián, quién era un adorador del verdadero Dios.  Jetro tenía varias hijas y después de un tiempo, Moisés se casó con una de ellas, su nombre era Séfora.

 

Es así como este segundo período de 40 años Moisés lo pasó al servicio de su suegro como pastor de ovejas.  Y fue allí en Madián que Dios lo preparó para la tarea más grande de su vida, - una que involucraría el tercer período de 40 años de su vida.

 

En Madián, recluido entre las montañas, solo con Dios y la naturaleza, Moisés entraría en contacto íntimo con el Dios del cielo.  Allí fue donde el orgullo y la autosuficiencia de Moisés fueron arrastrados.  Llegó a ser paciente, reverente y humilde.  Fue en Madián bajo la inspiración del Espíritu Santo que escribió el libro de Génesis y también se cree que el libro de Job.  De hecho, los primeros cinco libros de la Biblia son atribuidos a Moisés, como también el maravilloso y emocionante Salmo 90.

 

El tercer período de 40 años.

 

            Al final del segundo período de cuarenta años, Moisés recibió su llamado directamente de Dios en la zarza ardiente.  Tenía que regresar a Egipto y guiar al pueblo de Dios para salir de la esclavitud.  El tiempo de Dios para actuar había llegado.  La historia iba a ser cambiada por la voz de la profecía.

 

            Moisés estaba indeciso con respecto al llamado de Dios, sentía que no estaba calificado, ni listo para tal cometido.  Esto era una evidencia de que ciertamente había aprendido bien sus lecciones en Madián.  No había autosuficiencia en él y una total dependencia de Dios era necesaria para el resultado exitoso del plan.

 

            Confiando completamente en Dios, Moisés regresó a Egipto y se presentó ante Faraón para solicitar que los israelitas sean liberados de la esclavitud.  Cuando Faraón se burló por tal pedido escandaloso, Moisés levantó su vara, la misma que se convirtió en una serpiente, un símbolo del poder de Dios sobre todo el poderío y el tan llamado poder de los falsos dioses de Egipto.

 

            Faraón podía dar su palabra y dejar al pueblo ir, o dar marcha atrás sobre sus promesas y hacer la vida más dura para los hebreos.  Una y otra plaga fue enviada por Dios, pero cada vez el corazón de Faraón se endurecía y rehusaba dejar ir al pueblo .

 

            Finalmente, la muerte acechó la tierra de Egipto.  La última plaga desvastadora – la muerte de los primogénitos; desde el palacio hasta la choza más humilde, desde los más ricos hasta los más pobres gemían y lloraban a sus muertos.  En cada casa donde los egipcios moraban había llanto por la muerte.  Por último Faraón concordó en dejar ir a los israelitas esclavos.  Fueron más de un millón de israelitas, quienes dejaron la tierra de Egipto con gozo y acción de gracias por su liberación por el poderoso Dios del cielo.

 

            Cuando los israelitas iban en dirección al Mar Rojo, Faraón cambió su decisión y junto con el ejército egipcio salió en total persecución.  Debido al mandato de Dios, los israelitas habían cambiado su ruta hacia el sur, hacia las orillas del Mar Rojo.  Faraón pensando que ellos se habían equivocado de ruta y que estaban perdidos, apresuró la persecución, seguro de poder alcanzarlos.

 

            Los israelitas en su huida quedaron rodeados por las montañas hacia el sur y con el mar Rojo al frente de ellos, ahora estaban en un lugar estrecho, difícil de huir.  Cuando vieron la hueste perseguidora de los egipcios, sintieron miedo.  Se volvieron a Moisés y comenzaron a recriminarle, diciendo, “¿por qué nos trajiste aquí para morir?” ¡Cuán corta es la mente humana!  Ya se habían olvidado de su esclavitud, su vida dura y sus clamores a Dios por misericordia y liberación.  Moisés ahora entendía por qué había tenido que pasar por la experiencia de Madián.  Entendía que la culpa tenía que ser echada a sus pies y que en el liderazgo hay tribulación.  Moisés no tenía a nadie dirigiéndose a Dios, pero Dios respondió.

 

            Moisés dijo al pueblo, "No temáis. Manteneos tranquilos, y veréis la salvación que el Eterno os dará.”  Y el Señor dijo a Moisés, "¿Por qué clamas a mí? Di a los israelitas que marchen.” Y qué milagros fantásticos se realizaron en el momento, ante sus ojos, en un gran despliegue del poder de Dios (Éxodo 14: 13-15).

 

Milagros fantásticos

 

            Una vez más Dios instruyó a Moisés a usar su vara de pastor y extenderla sobre las aguas del Mar Rojo.  Cuando hizo esto, las aguas se partieron, manteniéndose como murallas sosteniendo detrás el mar tormentoso y un camino ancho apareció a través de las aguas del mar ante sus ojos.  La hueste de Israel cruzó en tierra seca mientras las aguas estaban estacionadas como un dique en ambos lados del camino.

 

            Faraón y su hueste zarparon detrás de ellos, aún confiados que podrían capturar a los hebreos y retornar con ellos a Egipto.  En cuanto los últimos seres humanos y animales de Israel pusieron sus pies al otro lado en tierra seca, la hueste egipcia ya había avanzado hacia la mitad del mar.  Una vez más, bajo el mandato de Dios, Moisés extendió su vara sobre el mar y las aguas amontonadas silbando y bramando como la de mil huracanes de aguas se precipitaron de regreso para unirse otra vez.  El ejército egipcio, incluyendo Faraón, junto con todos sus caballos y carrozas, fueron atrapados en la mitad del mar enfurecido que los destruyó.  El pueblo de Israel prorrumpió con un cantar poderoso – cantos de victoria y liberación.

 

            Parecía que después de ver esta demostración maravillosa del poder de Dios y la gracia salvadora sobre ellos, no tendrían más murmuraciones o dudas por parte de los israelitas, pero no fue así.  Una y otra vez de nuevo la paciencia de Moisés – y la de Dios – fue probada hasta el límite.  Moisés pacientemente cumplió su rol de padre para el pueblo hasta que un día, en total agotamiento e irritación, fue empujado tan lejos, que se vio tentado a desobedecer el mandato de Dios.

 

            Una vez más, el abastecimiento de agua se agotó y los reclamos del pueblo parecían especialmente penosos.  La primera vez el pueblo había reclamado por sed, Dios había dicho a Moisés que golpee la roca y agua pura y fresca brotaría.

 

Moisés golpea la roca

 

            Cuando una crisis similar surgió una segunda vez, Dios dijo a Moisés “habla a la roca”, pero Moisés tenía tantos lamentos y reclamos de ese pueblo, tan desagradecido y murmurando contra Dios, que enojado con ellos, perdió la paciencia y desobedeció el mandato de Dios.  Golpeó la roca en vez de hablarle, de esa manera deterioró el símbolo y desobedeció a Dios.

 

            A pesar de todo, Dios honró a Moisés al hacer fluir una cascada de agua de la piedra, pero le dijo que debido a la desobediencia de su mandato, él no entraría a la tierra de Canaán.  Dios sabía cuán desesperado estaba Moisés por entrar a la Tierra Prometida, pero Él no podía dejar pasar su desobediencia inadvertida.  Dios es excepcional.  “Todos los que profesan la vida piadosa tienen la más sagrada obligación de guardar su espíritu y de dominarse ante las mayores provocaciones.  Las cargas impuestas a Moisés eran muy grandes; pocos hombres fueron jamás probados tan severamente como lo fue él; sin embargo, ello no excusó su pecado.  Dios provee ayuda ampliamente en favor de sus hijos; y si ellos confían en su poder, nunca serán juguete de las circunstancias.  Ni aun las mayores tentaciones pueden excusar el pecado.  Por intensa que sea la presión ejercida sobre el alma, la trasgresión es siempre un acto nuestro.  No puede la tierra ni el infierno obligar a nadie a hacer el mal.  Satanás nos ataca en nuestros puntos débiles, pero no es preciso que nos venza.  Por severo o inesperado que sea el asalto, Dios ha provisto ayuda para nosotros, y mediante su poder podemos ser vencedores. (Patriarcas y Profetas, pág. 446)

 

            Moisés continuó guiando al pueblo de Israel durante su tercer período de cuarenta años de su vida – llegando hasta las fronteras de la tierra de Canaán – sabiendo que él nunca tendría el privilegio de entrar a esa tierra con ellos.

 

Las últimas advertencias y amonestaciones de Moisés

 

            Después de servir a Dios y a su pueblo fielmente, Moisés ahora de 120 años estaba cerca del fin de su vida.  Él imploró a Dios para que lo dejase entrar a la Tierra Prometida, pero Dios le dijo, “Bástate, no me hables más de este negocio. Porque no pasarás este Jordán”. (Deuteronomio 3:26)  Dios había perdonado a Moisés de su pecado, pero su juicio era que a Moisés no se le permitiría entrar a la Tierra Prometida.

 

            Entonces Moisés reunió a todos los hijos de Israel y revisaron el liderazgo de Dios.  Él repasó la historia de la liberación de Israel, desde Egipto hasta ese momento.  Recordó a los israelitas que ellos no fueron escogidos debido a que eran numerosos o porque eran mejores que otros pueblos.  Él cerró sus amonestaciones con estas palabras: "Al cielo y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, de que os he puesto la vida y la muerte, la bendición y la maldición.  Elige la vida, para que vivas, tú y tus descendientes.  Ama al Eterno tu Dios, atiende su voz, y únete a él.  Porque él es tu vida y la prolongación de tus días; a fin de que habites en la tierra que él juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob" (Deuteronomio 30:19,20).

 

Cumplimiento profético

 

            A pesar de todas las advertencias y amonestaciones que Moisés dejó con ellos, aún la obediencia de Israel fue caprichosa y vacilante.  Aún así, Dios continuó trabajando maravillosamente por ellos bajo el liderazgo continuado de Josué, los jueces y los reyes que siguieron.  Muchas eran amonestaciones repetidas para que sirvieran a Dios, para que cambiaran sus espíritus rebeldes y no olvidaran los mandamientos y los estatutos y las enseñanzas que ellos habían recibido en el pasado.  Cuantas veces ellos se arrepentían, Dios los bendecía.  Cuando ellos se desviaban, Él permitía que llegaran a ser víctimas de los opresores.  Los profetas de Dios les trajeron mensajes de confirmación, reprensión y ánimo.  Algunas veces ellos escuchaban, pero muchas veces no.

            Esteban, el primer mártir cristiano, resumió la situación con estas palabras: "¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros siempre resistís al Espíritu santo. Como vuestros padres, así también vosotros.  ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Mataron a los que de antemano anunciaron la venida del Justo, aquel a quien vosotros ahora habéis traicionado y matado. Vosotros recibisteis la Ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis" (Hechos: 7:51-53)  Es áspera y contundente evaluar la situación por la cual Esteban dio su vida y como la reacción de la muchedumbre llegó a ser violenta a sus palabras.

 

            Israel rechazó al Mesías cuando vino a ellos (Mateo 27:25)  Esperaban que Él viniera como un poderoso príncipe para terminar con el poder de los romanos, como un gran conquistador, como el león de la tribu de Judá. Esperaban que reinara como un rey mundial y poderoso e hiciera de Judea un paraíso terrenal.  El Mesías que vino no se ajustaba a sus ideas preconcebidas.

 

            Pero mientras el pueblo judío como una nación rechazaba al Mesías, todavía hay un remanente que será salvo fuera de la nación judía (Juan 1:12;  Romanos 11:5,6)  Hoy la salvación es abierta tanto para judíos como para gentiles (Hechos 18:5,6; 13:46,47) así que todos puedan llegar a ser hijos de Dios, el Israel de Dios (Gálatas 3:26-29)

 

Advertencias de Moisés

 

            Las advertencias de Moisés se aplican hoy al pueblo de Dios.  Así como Dios eligió a Moisés para que sea su líder profético del movimiento del éxodo de Egipto a Canaán, así nosotros creemos que el movimiento adventista ha sido llamado por Dios para guiar al pueblo del Egipto espiritual a la Canaán celestial.

 

            Nuestra creencia fundamental # 17, sobre el don de profecía, establece: “Uno de los dones del Espíritu Santo es la profecía.  Este don es una marca que identifica a la iglesia remanente y fue manifestado en el ministerio de Elena G. White.  Como mensajera del Señor, sus escritos son una fuente continua y autoritaria de la verdad, lo cual provee a la iglesia, consuelo, dirección, instrucción y corrección.  Ellos también aclaran que la Biblia es el estandarte por el cual todas las enseñanzas y experiencias deben ser examinadas.” (Joel 2:28-29; Hechos 2:14-21; Hebreos 1:1-3; Apocalipsis 12:17; 19:10)

 

El don de profecía

 

            El don de profecía existía en la iglesia del Nuevo Testamento, pues nuestro Señor lo había prometido (Mateo 23:34; Lucas 11:49)  Dios había prometido derramar su Santo Espíritu sobre toda carne.  Los apóstoles aceptaron esto (Hechos 2:17,18) y Pedro lo declaró en su sermón el día de Pentecostés.

 

            Había profetas en la iglesia antigua.  Hechos  11:27 dice, “En esos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía.” También, Hechos 13:1 dice, “Había entonces en la iglesia de Antioquía, profetas y maestros” y enumera algunos de ellos.  Y otra vez en Hechos 15:32 se nos dice que “Judas y Silas, que también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabra”.

 

            Por lo tanto, la presencia de profetas en la iglesia del Nuevo Testamento fue un hecho establecido.  Este don debía permanecer en la iglesia hasta la venida de Cristo.  Pablo dice en 1 Corintios 1:6-8 “así como el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera que no os falte ningún don, mientras esperáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. El os guardará vigorosos hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.”  De esta manera el espíritu de profecía es una marca de identidad en la iglesia remanente y es un don asociado con el pueblo que guarda los mandamientos de Dios.  (Apocalipsis 12:17; 19:10)

 

            En el libro 101 Preguntas, Robert W. Olson destaca los siguientes puntos:  “En Apocalipsis 19:10 el ángel es citado para decir a Juan, ‘Yo soy siervo contigo y con tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús’.  Esta frase es paralela a, ‘Yo soy siervo contigo y con tus hermanos los profetas’ en Apocalipsis 22:9.  En otras palabras, uno que ha tenido el testimonio de Jesús ha tenido el don profético, incluyendo el ángel, Juan y los hermanos de Juan.

 

            “Los adventistas creen que Elena White tuvo el ‘espíritu de profecía’ y normalmente se usa el término como un título, aplicándolo a sus escritos.  Sin embargo, en el sentido bíblico estricto, la frase ‘espíritu de profecía’ se aplica al ministerio y a las enseñanzas de todos los profetas, ambos antiguos y modernos.

 

            “De acuerdo a Apocalipsis 12:17, la iglesia remanente tenía que tener ‘el testimonio de Jesucristo’.  Esta frase, tanto en inglés como en griego, quiere decir también testimonio acerca de Cristo o testimonio procedente de Cristo.  Siendo que todos los grupos cristianos hablan acerca de Cristo, el espíritu de profecía podría ser un factor que distingue a la iglesia verdadera de Dios en los últimos días.  Sin embargo, tener comunicaciones divinas de Cristo – una renovación del don profético – podría identificar muy fácilmente al verdadero remanente de otros grupos de iglesias.

 

            “Los Adventistas del Séptimo Día sostienen que la frase ‘el testimonio de Jesús’ en Apocalipsis 12:17 es una referencia al don de profecía, visto en el ministerio de Elena G. White.  Esta interpretación está en armonía con el significado de la frase de Apocalipsis 1:2 y 1:9” (101 Preguntas sobre el Santuario y sobre Elena de White, pág. 36,37)

 

            Por consiguiente, este don también actúa como una prueba de la verdad (Isaías 8:20)

 

Las bendiciones del Espíritu de Profecía

 

            a.  Da una visión espiritual, previniendo así, la ceguera espiritual (1 Samuel 3:1,2; 28:6; Proverbios 29:18)

 

            b.  Cuando prestamos atención, nos trae prosperidad (2 Crónicas 20:20)  Nos da consejos prácticos para la vida cristiana (Deuteronomio 1-33 y libros de Elena de White sobre temas bíblicos)

 

            ¿Cómo Elena de White vio su rol?  Ella dice:  “En mi temprana juventud se me preguntó varias veces: ¿Es Ud. profetisa? Siempre he respondido: Soy la mensajera del Señor. Sé que muchos me han llamado profetisa, pero no he pretendido ese título. Mi Salvador me declaró que era su mensajera "Tu obra ­ me indicó­ es llevar mi palabra. Surgirán cosas extrañas, y en tu juventud te consagro para que lleves el mensaje a los errantes, para que lleves la palabra ante los incrédulos y, por la pluma y de viva voz, reproches al mundo las acciones que no son correctas. Exhorta usando la Palabra. Haré que mi Palabra te sea manifiesta. No será como un idioma extraño. En la verdadera elocuencia de la sencillez, con la voz y por la pluma, los mensajes que te doy se oirán de parte de alguien que nunca ha aprendido en las escuelas. Mi Espíritu y mi poder estarán contigo.

"No temas a los hombres porque mi escudo te protegerá. No eres tú la que hablas: es el Señor quien te da los mensajes de admonición y reprensión. Nunca te desvíes de la verdad bajo ninguna circunstancia. Da la luz que te daré. Los mensajes para estos últimos días serán escritos en libros y permanecerán inmortalizados para testificar contra los que una vez se regocijaron en la luz, pero que han sido inducidos a renunciar a ella debido a las seductoras influencias del mal". 

 

¿Por qué no he pretendido ser profetisa? Porque en estos días muchos que osadamente pretenden ser profetas son un baldón para la causa de Cristo, y porque mi obra incluye mucho más de lo que significa la palabra "profeta". (Mensajes Selectos I, Pág.36).

 

Por setenta largos años Dios usó a Elena de White como su mensajera en el Movimientos Adventista y Él usó a Moisés como su mensajero en el Movimiento del Éxodo.  En el análisis final, los israelitas fracasaron en prestar atención a las advertencias.  No permitamos hacer lo mismo. 

 

PARA QUE NO NOS OLVIDEMOS

 

            “Por medio de profeta el Eterno sacó a Israel de Egipto, y por medio de profeta lo guardó.” (Oseas 12:13).  ¿Qué hubiera pasado a la Iglesia Adventista del Séptimo Día sin la dirección de Elena de White?  Con seguridad, podemos decir que sin la dirección como una mensajera del Señor a la Iglesia remanente, la iglesia Adventista no podría existir como la conocemos ahora.

 

            Herbert E. Douglass en su libro, Mensajera del Señor, cita al Dr. Jack Provonsha quién dice que “sin Elena de White no existiría actualmente la Iglesia Adventista del Séptimo”.   Al repasar el Movimiento Adventista desde su comienzo, Provonsha afirma, “Tenían su Biblia.  Pero tenían en gran medida ese otro ingrediente necesario para la vitalidad de un movimiento religioso –¡el sentido de que habían sido llamados por Dios y que él estaba en su movimiento! ¿No había concedido su presencia con el don de la dirección profética? Eso hizo toda la diferencia.  Sin ese sentido al comienzo de su trayectoria, ahora ni siquiera habría una Iglesia Adventista, por lo menos una que hiciera una gran diferencia en el mundo.  El corolario obvio de esto es que si alguna vez se pierde ese sentido, la iglesia, aunque continuase existiendo institucionalmente, puede ser que no sea más tenida en cuenta en el lugar y en la forma en que se supone que tiene que serlo”. (Mensajera del Señor, pág. 538).

 

            Entonces el Dr. Provonsha escribió:”He citado generosamente a Elena de White.  No pido disculpas por ello.  Ella es mi ‘madre espiritual’.  Ella también ha ocupado un lugar absolutamente central en la vida y el pensamiento del adventismo”. (Idem.)

 

            Douglas continúa:  “Es imposible contar la historia del nacimiento de Israel como una nación sin reexaminar la obra de Moisés, su profeta.  ¿Cómo explicaría uno el Éxodo sin Moisés? ¿O el Monte Sinaí? ¿Por qué Israel tuvo que vagar por el desierto durante cuarenta años?  De la misma manera es imposible contar la historia del Movimiento Adventista sin entrelazar el ministerio de Elena de White con la afirmación de la doctrina bíblica, con la construcción de la organización de una iglesia suficientemente fuerte como para sostener una iglesia mundial y con los mensajes de reprensión y valor semejantes a los de Moisés que ayudaron a modelar el carácter de la iglesia.  Sin ella es probable que la Iglesia Adventista sería una nota de pie de página en algún libro de historia de los diversos grupos religiosos del siglo XIX”. (Idem).

 

CONCLUSIÓN

 

            Así como Moisés suplicó a los hijos de Israel que prestaran atención a los consejos y advertencias del Señor, así imploro a nuestra gente – miembros de iglesia, líderes de Instituciones, líderes denominacionales en todos los niveles – presten atención a la Palabra de Dios y a los consejos que Dios ha dado a través de los escritos de su mensajera Elena G. White.  Agradecemos a Dios por este don que nos prepara para estar listos para la venida del Señor, al “No tenemos nada que temer por el futuro, excepto si olvidamos la manera en que Dios nos ha conducido”. (Testimonios para Ministros, pág. 27).

 

 

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El Pastor Ralph Thompson trabaja actualmente como representante de Ellen G. White Estate. Ha desempeñado muchos cargos en la iglesia, incluyendo 20 años como secretario de la Asociación General.


RESUMEN DEL SERMÓN

 

“PARA QUE NO NOS OLVIDEMOS”

 

Introducción

 

a.       Textos del sermón:  Deuteronomio 4:9, 23; 6:12; 8:11

b.      Estos textos enfatizan la enorme carga de Moisés por Israel – que conforme el tiempo pasase, no se olvidarían del Señor.

 

Los tres períodos de Cuarenta Años de la vida de Moisés

 

a.       En el primer período de 40 años, Moisés nació de padres hebreos, fue adoptado por la hija de Faraón como su propio hijo, fue criado hasta la edad de 12 años por su propia madre.  Viviendo en el palacio del rey, fue educado como heredero del trono de Egipto. 

b.       Después de matar a un Egipcio, Moisés fue forzado a huir de Egipto hacia Madián, donde Dios le enseñó como llevar su misión, tal como Él lo había planeado.  Le llevó 40 años olvidar todo lo aprendido en Egipto. 

c.      Moisés recibió su llamado para el servicio directamente de Dios en la zarza ardiente.  Durante los siguientes 40 años, él sacó al pueblo de Egipto y fue como un padre para ellos, mientras deambulaban en el desierto.

 

Últimas advertencias y amonestaciones de Moisés

 

a.       Moisés repasó la historia de la liberación de Israel de Egipto. Deuteronomio 4-6, Patriarcas y Profetas, Capítulo 42, pág. 494-501.     

b.       Ellos no fueron elegidos por ser numerosos, ni porque eran mejores que otros pueblos.  Deuteronomio 7:7-9.  

c.      Las consecuencias de la obediencia y la desobediencia.  Amonestados para elegir la vida (Deuteronomio 30:19,20) o su destino sería terrible.

 

Cumplimiento profético

 

a.       Israel no obedeció a Dios a pesar de las advertencias de Moisés.  Mateo 23:38; Hechos 7:51-53.

b.       Ellos rechazaron al Mesías.  Mateo 27:25.  Ellos estaban esperando que Él viniera,

1.       Como un príncipe poderoso.  Deseado de Todas las Gentes, pág. 26

2.       A quebrar el poder de los romanos. Deseado de Todas las Gentes, pág. 22

3.       Como un conquistador.  Profetas y Reyes, pág.  524

4.       Como León de la Tribu de Judá. El Discurso Maestro de Jesucristo, pág. 8

5.       Para reinar como un poderoso Rey terrenal.  Primeros Escritos, pág. 158

6.       Para hacer de Judea un paraíso terrenal. Deseado de Todas las Gentes, pág. 340

 

c.  El remanente será salvo fuera de la nación judía.  Hechos de los Apóstoles, pág. 305; Juan 1:12; Romanos 11:5,6.

 

d.       La salvación tanto para los judíos como para los gentiles.  Juan 3:16; Hechos 18:5,6; 13:46,47.

 

Las advertencias de Moisés se aplican hoy al pueblo de Dios

 

a.       Dios eligió a Moisés como su líder profético en el Movimiento del Éxodo. Éxodo 4:25.     

b.       En el Movimiento Adventista, Elena de White fue elegida por Dios para desarrollar su rol profético.  Creencias Fundamentales # 17; Mensajes Selectos I, pág. 36.

 

El don de profecía

 

a.      En la Iglesia del Nuevo Testamento

 

1.       Nuestro Señor lo prometió.  Mateo 23:24; Lucas 11:49

2.       Derramará su espíritu sobre toda carne.  Hechos 2:17,18

3.      Profetas en la iglesia primitiva.  Hechos 11:27; 13:1; 15:32

 

b.      En la Iglesia Remanente   

1.       La marca de identidad. 1 Corintios 1:6-8

2.       Asociado con el pueblo que guarda los mandamientos de Dios. Apocalipsis 12:17; 19:10

3.      Una prueba de verdad.  Isaías 8:16,20