Capítulo
46
Todavía habla
“Ya sea que
mi vida sea preservada o no, mis escritos hablarán constantemente, y su obra
irá adelante mientras dure el tiempo. Mis escritos son guardados en los archivos
en la oficina y aunque yo no viviera, esas palabras que me han sido dadas por
el Señor todavía tendrán vida y hablarán a la gente”.[1]
El 9 de febrero de 1912, en su 85.º año de
vida, Elena de White estampó su firma en su testamento.[2]
En esencia, el testamento[3] creaba el
Centro White, Inc. (Ellen G. White Estate, Inc.), una junta de cinco miembros
vitalicios.[4] Su tarea
esbozada en cuatro puntos incluía disponer de las propiedades legítimas de
Elena
de White
(tales como bienes personales y terrenos), preservar los archivos de sus
manuscritos, imprimir compilaciones futuras extraídas de sus escritos, y
supervisar la traducción y publicación de sus libros en otros
idiomas.
En 1937-38, tras la muerte de W. C. White, las propiedades
literarias de ella fueron trasladadas de su hogar en Elmshaven, en St. Helena,
California, a las bóvedas y oficinas en la sede central de la Iglesia
Adventista del
Séptimo
Día en Washington, D.C. En las décadas siguientes, la junta directiva del
Centro White en cooperación con la Asociación General estableció once centros
de investigación en las diversas divisiones mundiales de la iglesia, más
sucursales en la Universidad Andrews, en Berrien Springs, Michigan, y en la
Universidad de Loma Linda, en California.[5] Estos
centros contienen copias de las cartas y manuscritos de la Sra. White, material
histórico relacionado con la iglesia, y libros y panfletos importantes que no
se pueden conseguir fácilmente en otra parte.
La junta directiva ha asumido seriamente sus responsabilidades.
La junta original de cinco miembros trabajó en forma conjunta durante 19 años,
“publicó diez compilaciones póstumas de los archivos de los manuscritos de la
Sra. White, preparó y publicó un Comprehensive Index (Indice completo)
de sus libros publicados, patrocinó la preparación de un índice detallado de
los manuscritos, y, en consejo con los oficiales de la Asociación General, hizo
arreglos para perpetuar la administración fiduciaria y la estrecha colaboración
con los líderes máximos de la iglesia”.[6]
La Junta
de Fideicomisarios del Centro White
Mientras la composición de la Junta de Fideicomisarios
(ahora tiene un total de 15 miembros) ha cambiado ocasionalmente,[7] su mandato
ha permanecido claro: poner los escritos de Elena de White a disposición de
todo el mundo en la manera más apropiada posible. Desde 1934, cuando la junta
efectuó su primer cambio de miembros, ha autorizado numerosas compilaciones,
incluyendo libros devocionales y una colección de sus escritos bajo la forma de
CD-ROM (The Published Ellen G. White Writings on Compact Disc [Los
escritos publicados de Elena G. de White en un disco compacto]) que “incluye
todo libro conocido, artículo y panfleto escrito por Elena de White durante su
ministerio de 70 años, como también muchos miles de páginas que han sido
impresas en base a manuscritos
no
publicados en el tiempo de su muerte en 1915”. En el disco también se incluye
la colección de seis tomos de Ellen G. White Biography (Biografía de
Elena G. de White), Ellen G. White in Europe (Elena G. de White en
Europa), y la versión King James de la Biblia. En Ellen G. White and
Her Writings (Elena G. de White y sus escritos), un pequeño
panfleto
que acompaña al disco, se encuentra un resumen del alcance del ministerio de
Elena de White y el desarrollo de sus principales publicaciones.[8] Todas las
obras de Elena de White que se han publicado están también
disponibles
en el Internet.
La Junta
Directiva del Centro White pone en circulación los reglamentos
Los diversos centros de investigación del Centro White de la
Iglesia Adventista han enunciado claramente los procedimientos para facilitar
el acceso a los materiales deseados.
Igualmente importante es su responsabilidad
de
proteger los materiales para que no se dañen o pierdan.
Debido a que el personal del centro de investigación es
limitado, se anima a los investigadores que desean tener acceso a documentos no
publicados a que consulten primero las 75.000 páginas, aproximadamente, de
materiales publicados valiéndose del Indice Completo (Comprehensive Index)
de cuatro tomos y del CD-ROM.
Para evitar que se guarde el material en lugar equivocado,
en el momento de su devolución, el personal del centro de investigación, no el investigador,
retira los documentos solicitados del archivo y los coloca luego en su lugar.
Siempre que se necesite una exploración de años específicos, puede solicitarse
un cajón completo o un archivo de documentos sin que se saquen documentos
individuales.
Existen provisiones para el investigador a quien le pueda
resultar imposible visitar uno de los centros. Aunque los centros no mantienen
un programa de “investigación por correo”, el Reglamento de Préstamos
Permanente
hace
posible la ayuda necesaria para ocasiones especiales. El centro suplirá por
correo cartas o manuscritos específicos (identificados por la referencia
publicada) cuando se los pida. Si el documento solicitado no ha
sido
todavía publicado en su totalidad, puede prestarse una fotocopia, acompañada de
una copia del Reglamento de Préstamo Permanente. Por muchas razones, los
pedidos continuos de documentos no publicados debieran hacerse
en persona
en un centro.
Se permite la investigación en cartas y manuscritos no
publicados de Elena de White con el entendimiento de que el Centro White ha
sido comisionado por el testamento de Elena de White para mantener los derechos
de publicaciones de tales documentos. Consecuentemente, el uso de escritos no
publicados, así como también de materiales impresos registrados como propiedad
literaria, debiera amoldarse a las provisiones del Código de Propiedad
Intelectual.
Con el transcurso del tiempo y del aumento de las
necesidades de investigación, el Centro White cambió el reglamento para la
liberación de materiales. En vez de preguntar, “¿Por qué debiera publicarse?”,
ahora se pregunta, “¿Por qué no publicarlo?” Esto condujo eventualmente a la
decisión de hacer disponibles en CD-ROM todas las cartas y manuscritos de Elena
de White.
En su testamento, Elena de White autorizó “la impresión de compilaciones en base a mis
manuscritos”.
A lo largo de su ministerio de 70 años, su agenda diaria y
su prodigioso programa como escritora eran fenomenales en comparación con otras
personas, ya sea entonces o ahora (como estudiamos en el capítulo 11).
Raramente tenía tiempo libre como para dedicar semanas consecutivas en forma
exclusiva a escribir un libro desde el comienzo al fin.[9] Por muchos años dedicó veranos
enteros a asistir a numerosos campestres, hablando una
o dos
veces diarias en una sucesión casi continua. [10] Muchos
años pasó fuera de su casa durante meses. Viajó por Europa tres veces en dos
años, hablando casi cada día, teniendo entrevistas constantemente y escribiendo
testimonios personales.[11]
Durante este ministerio, ella tuvo poco tiempo para
organizar los diversos temas esparcidos a través de esos mensajes, la mayoría
de los cuales se agotaban pronto por su circulación limitada, o nunca se
publicaron. Por los tanto, parece natural que al fin de su vida ella quiso que
sus mensajes estuvieran disponibles en una manera organizada. El procedimiento
más eficiente sería clasificar estos materiales por temas para que estén
disponibles
en
publicaciones sistemáticas y equilibradas.
Uno de los principales beneficios de una compilación bien
organizada (como El evangelismo o Consejos sobre el régimen
alimenticio) es que los lectores pueden obtener un cuadro amplio y
balanceado de lo que dijo Elena de White sobre un tema determinado. Todos se
benefician cuando materiales no publicados hasta la fecha, tales como diarios,
manuscritos y sermones, se vuelven accesibles y se los integra apropiadamente
en una compilación tal.
No obstante, siempre surgen preguntas cuando alguien trata de
“organizar y sistematizar” el pasado. ¿Por qué? Porque no existe el periodista,
el historiador o el teólogo absolutamente objetivo. En la medida en que los
“expertos” persigan lo que les dictan sus prejuicios, no importa cuán
intelectual parezca su trabajo, en ese grado sus datos pueden ser objeto de
sospecha por parte de alguien. Esta debilidad potencial en cualquier esfuerzo
académico se incrementa grandemente cuando los compiladores reúnen citas
escogidas para favorecer sus puntos de vista personales.
A través de los años compiladores individuales han hecho y
publicado muchas compilaciones privadas de materiales de Elena de White.
Desafortunadamente, a veces estas compilaciones se convertían en granadas
verbales
que eran arrojadas en ambas direcciones entre compiladores que discrepaban en
cuando a qué “dijo Elena de White”.
La Junta Directiva del Centro White ha tomado seriamente su
responsabilidad de publicar compilaciones que sean exactas y útiles. Antes de
que comience la tarea de una compilación, se reúne y examina el conjunto de los
escritos de Elena de White sobre un tema determinado. Se hace todo intento
posible para permitir que los materiales determinen el énfasis que Elena de
White le daría a diversos aspectos del tema. Ninguna persona trabajando sola
realiza una compilación autorizada. El compilador presenta su trabajo a un
pequeño comité que lo revisa en busca
de
integridad inherente y fidelidad a la intención de Elena de White. Luego el
compilador incorpora las sugerencias del comité, y da el manuscrito a miembros
de la junta directiva para que lo lean cuidadosamente. Se hace todo esfuerzo
posible para asegurar una presentación completa y objetiva de la enseñanza
madura de la Sra. White sobre el tema
bajo consideración.
Al usar compilaciones, los lectores siempre deben seguir las
reglas simples de interpretación como lo harían con cualquier documento
escrito.[12] Pero con
las compilaciones debiera ejercerse un cuidado adicional no sólo para
considerar el posible prejuicio del compilador sino también otros hechos: (1)
el significado de las palabras evoluciona a través de los años; (2) el tiempo,
el lugar y las circunstancias afectan directamente el significado de las
palabras y las aplicaciones de los principios;[13] y (3) dos
o más personas que observan el mismo evento ofrecen a menudo un informe
diferente.
En 1901 Elena de White tuvo que enfrentar el problema de las
compilaciones. Un hombre estaba usando erróneamente la Biblia al reunir una
serie de textos para “probar” su pretensión de que Dios había escogido a la
Sra. White para ocupar el lugar de Moisés en el moderno Israel espiritual, y
que él tenía que ser su Josué. Ella escribió: “ ‘Sí —le dije—, usted ha elegido
y reunido esos pasajes, pero como muchos que han surgido como usted, está
torciendo las Escrituras, interpretándolas para que signifiquen así y así,
cuando sé que no se aplican como usted las aplicó.
“‘Usted o cualquier otra persona engañada, podría acomodar y
tener acomodados ciertos pasajes de gran fuerza y aplicarlos a sus propias
ideas. Cualquiera puede interpretar mal y aplicar mal la Palabra de Dios,
amenazando a personas y cosas, y luego tomar la posición de que los que rehúsan
recibir su mensaje, han rechazado el mensaje de Dios y han decidido su destino
para siempre’...
“Me llegan cartas que se me suplica que conteste. Sé que
muchos hombres toman los testimonios que el Señor ha dado y los aplican como
suponen que debieran ser aplicados,
extrayendo una cláusula aquí y otra allí, sacándola de su contexto
adecuado y aplicándola de acuerdo con sus ideas. Así quedan perplejas las
pobres almas, cuando podrían leer a fin de que en todo lo que ha sido dado
pudieran ver la verdadera aplicación y no se confundieran. Mucho que se da a
entender como un mensaje de la Hna. White, tiene el propósito de representar
mal a la Hna. White, haciendo que testifique a favor de cosas que no están de
acuerdo con su mente o juicio. Esto hace que su obra sea muy penosa”.[14]
En 1906 la
Sra. White reconoció la constante posibilidad de que sus escritos pudieran ser
usados en forma incorrecta: “Aquellos que no están caminando en la luz del
mensaje, pueden reunir declaraciones de mis escritos que les resultan
agradables y que concuerdan con su juicio humano, y, al separarlas de su
contexto y colocarlas junto a razonamientos humanos, hacen que mis escritos
parezcan respaldar lo que en realidad condenan”.[15]
¿Son valiosas las compilaciones? Sin ninguna duda. ¿Hay
peligros inherentes en las compilaciones? Sí. Y la advertencia siempre se
aplica. Si una cita parece describir un punto de vista aislado que no está
representado
en las
obras publicadas de Elena de White, esté atento a la necesidad de conseguir más
del contexto de esa cita.[16]
Por ejemplo, los principios teológicos se basan en más que
párrafos incidentales de una carta personal. Debe aplicarse el principio de la
lógica. La masa de evidencia mayor debiera interpretar la declaración aislada,
infrecuente,
no a la
inversa. Todavía es indispensable el consejo de Elena de White: Si hay una
pregunta sobre cualquier tema, lea los libros de ella que se han publicado o
permita que el peso de la evidencia clara, no la declaración aislada, indique
su significado y enseñanza. Los lectores deben usar el sentido común, iluminado
por el Espíritu, para descubrir el contexto y el principio involucrado, y
sentirse agradecidos por la influencia abarcante que provee una buena
compilación.
Las nuevas verdades no convierten a las antiguas en obsoletas.
Las “percepciones” de la verdad, sin embargo, cambian tan pronto como se
descubre nueva información o cuando se reconozca que las presuposiciones pueden
haber sido defectuosas. Pero dos más dos siempre será igual a cuatro, y el
hecho de que Cristo fue crucificado y resucitado no puede alterarse mediante
“una discusión abierta y libre”.
Ciertamente la
verdad ha sido como una flor que se abre o como el crecimiento de un árbol. Su
principio organizador está incrustado en su semilla. Cada etapa de desarrollo
muestra una nueva estructura. Las ramas del árbol y los pétalos de la flor son
el desarrollo natural del propósito unificador de la semilla original. Los
pétalos de la flor no serán en parte de margarita y en parte de tulipán. El
tronco de un roble no tendrá las ramas de un pino. Los elementos de la verdad
son reconocidos por su coherencia; en otras palabras, la verdad, al
desarrollarse, no se contradice a sí misma.
Como hemos descubierto, Elena de White ha sido una guía para
sus hermanos adventistas y para los muchos miles que han encontrado a Cristo
mediante sus escritos. Su propia experiencia de 70 años reflejó la realidad del
constante desarrollo de la verdad. Tal vez ella expresó este principio más
claramente que sus contemporáneos: “Las verdades de la redención son
susceptibles de constante desarrollo y expansión... En cada época hay un nuevo
desarrollo de la verdad, un mensaje de Dios al pueblo de esa generación. Las
viejas verdades son todas esenciales; la nueva verdad no es independiente de la
vieja, sino un desarrollo de ella. Es únicamente comprendiendo las viejas
verdades como podemos entender las nuevas”.[17]
Así, al mirar hacia atrás, Elena de White vio de qué manera
las estacas de la verdad eran clavadas profundamente en la experiencia del
Movimiento Adventista.[18] Ella
miraba hacia adelante al alargamiento de las cuerdas que estaban unidas tan
firmemente con esas estacas. Era una dirigente orientada hacia el futuro, que
confiaba en la configuración de la verdad en proceso de desarrollo: “No tenemos
nada que temer del futuro, a menos que olvidemos la manera en que el Señor nos
ha conducido, y lo que nos ha enseñado en nuestra historia pasada”.[19]
Cuando se considera el mensaje y la misión de la Iglesia
Adventista, la relevancia de Elena de White para el presente y el futuro es tan
cierta y tan necesaria como lo es el tronco para la rama. Mientras la rama
necesite del
tronco,
los adventistas continuarán sintiendo igualmente la seguridad y la fuerza que
se encuentran en sus escritos.[20] En 1907
ella escribió: “Ya sea que mi vida sea preservada o no, mis escritos hablarán
constantemente, y
su obra
irá adelante mientras dure el tiempo. Mis escritos son guardados en los
archivos en la oficina y aunque yo no viviera, esas palabras que me han sido
dadas por el Señor todavía tendrán vida y hablarán a la gente”.[21]
La palabra “relevancia” es un vocablo que resume la
necesidad humana de significado personal. Pero a menudo se reduce a mera
conveniencia. Además, la atracción por la relevancia a menudo reemplaza la
atracción
por la
autoridad. Si se busca la relevancia meramente en un consenso de personas que
comparten sentimientos comunes, la inquietud oculta que anhela la autoridad no
queda satisfecha.
Puesto que Jesús es el Dador del mensaje y utiliza para sus
propósitos al mejor mensajero humano disponible, el asunto importante es el
mensaje, al margen de cuándo envía el mensaje, ya sea en el siglo XV a.C., el
primer siglo d.C. o en el siglo XIX d.C. “El testimonio de Jesús” es siempre relevante.
Durante la primavera y el verano, por toda la zona sur de
los Estados Unidos, las sirenas suenan a menudo y las estaciones de radio y
televisión transmiten programas especiales de advertencia, alertando a la gente
en cuanto a la cercanía de un tornado. Las personas sensatas saben que deben
tomar precauciones especiales, incluso correr a los refugios subterráneos. Han aprendido a hacer caso rápidamente. No
importa si la advertencia se oye mediante una radio que anda a batería y que
costó $25, o por un televisor digital de $2.000, o desde una sirena estridente
al tope de la estación de bomberos. El mensaje es claro y sólo un necio se
quedaría sentado y juzgaría la fidelidad
del
mensaje evaluando la fidelidad del instrumento por el cual se lo transmite.[22]
La advertencia de un tornado siempre es relevante, así como
lo es el mensaje de un profeta, especialmente el mensaje de una persona que fue
enviada para ayudar a la gente a prepararse para una tormenta mucho mayor
que un
tornado de temporada.
Las revelaciones de Dios a través de sus profetas satisfacen
tanto el deseo de relevancia como de autoridad. Para aquellos que aceptan los
mensajes duraderos de Elena de White a través de sus escritos, esta fusión de
relevancia y autoridad ha llegado a ser una experiencia viviente.
[1] Mensajes
selectos, t. 1, p. 63.
[2] En el
tiempo de su muerte, su producción literaria consistía en bastante más de
100.000 páginas: 24 libros que estaban en circulación; los manuscritos de 2
libros listos para ser publicados; 4.600 artículos en las revistas de la
iglesia; 200 folletos y panfletos o más que estaban agotados; 6.000 manuscritos
escritos a máquina, lo que equivalía aproximadamente a 40.000 páginas; 2.000
cartas escritas a mano, documentos y diarios, etc.
[3] El
testamento de Elena G. de White se reproduce en el Apéndice N.
[4] Los
miembros originales de la Junta Directiva del Centro White fueron A. G.
Daniells, presidente de la Asociación General; F. M. Wilcox, director de la Review
and Herald; C. H. Jones, gerente de la Pacific Press Publishing
Association; W. C. White, uno de sus dos hijos que vivían entonces; y C. C.
Crisler, uno de sus secretarios.
[5] Sucursal de
la Universidad Andrews (a comienzos de la década de 1960); Sucursal de Loma
Linda (1976); Centros de Investigación de Elena G. de White-Iglesia Adventista
en las siguientes áreas: Colegio Newbold, Inglaterra (1974); Colegio de
Avondale, Australia (1976); Universidad de Montemorelos, México (1978);
Universidad Adventista del Plata, Argentina (1979); Seminario Teológico
Adventista, Filipinas (1981); Colegio Helderberg, Africa del Sur (1983); Colegio
Spicer, India (1985); Colegio de Brasil, Brasil (1987); Seminario Adventista de
Africa Occidental, Nigeria (1990); Universidad Coreana de Sahmyook, Corea
(1992);
Seminario
Teológico Zaokski, Rusia (1995).
[6] Schwarz, Light Bearers,
p. 421.
[7] Debido al
aumento constante de las demandas en función del crecimiento de la iglesia y de
los numerosos sectores de la feligresía que tienen que estar representados, en
1950 los fideicomisarios aumentaron el número de miembros de la junta directiva
de cinco a siete y en 1958 enmendaron los estatutos de la corporación para
proveer una junta de nueve: siete miembros vitalicios y dos a ser elegidos por
un período correspondiente al del personal elegido de la Asociación General
(originalmente cuatro años, pero ahora cinco). En 1970 la membresía de la junta
aumentó a 11; en 1980, a 13, y en 1985, a 15 miembros. El número de miembros
vitalicios ha seguido siendo siete. En las reuniones quinquenales la junta
directiva también elige al secretario (ahora llamado
director) y
a los secretarios asociados (directores asociados), como también a los
oficiales de la corporación, como está provisto por los estatutos.
[8] “A Guide for Users”, de The
Published Ellen G. White Writings on Compact Disc.
[9] Ver pp.
108-110.
[10] Por
ejemplo, ver Bio., t. 3, pp. 35-71.
[11] Id., pp. 287-384.
[12] Ver capítulos 33 y 34.
[13] Ver pp.
394-397. En 1875, ella declaró: “Lo que no puede decirse de los hombres bajo
ciertas circunstancias, no debe ser dicho bajo otras circunstancias”.—Testimonies,
t. 3, p. 470.
[14] Mensajes selectos, t. 1, pp. 49-50.
[15] Carta 208,
1906, citada en “The Integrity of the Sanctuary Truth”, un documento que está
disponible en el Centro White.
Ver
Review and Herald, 17 de marzo, 1868.
[16] “Si usted
desea saber lo que el Señor ha revelado a través de ella, lea sus obras
publicadas”.—Testimonies, t. 5, p. 696.
[17] Palabras de vida del gran Maestro, p. 98.
[18] “Que los
ancianos que fueron pioneros en nuestra obra hablen claramente, y que aquellos
que están muertos hablen también mediante la reimpresión de sus artículos en
nuestras revistas”.—Manuscrito 62, 1905, citado en “The Integrity of the
Sanctuary Message”. “Debemos repetir las palabras de los pioneros en nuestra
obra, que sabían cuál era el costo de investigar la verdad como un tesoro
escondido, y que trabajaron para colocar el fundamento de nuestra obra... La
palabra que se me ha dado es: Que se reproduzca lo que estos hombres han
escrito en el pasado”.—Review and Herald, 25 de mayo, 1905.
[19] Notas
biográficas de Elena G. de White, p. 216.
[20] Ver Jack Provonsha, A
Remnant in Crisis, pp. 49-60, 163-167.
[21] Carta 371, 1907, citada en Mensajes selectos, t. 1,
p. 63.
[22] Wood, “Toward an Understanding of the Prophetic
Office”, Journal of the Adventist Theological Society, primavera, 1991,
p. 28.