Capítulo
43
Predicciones, observaciones científicas
y declaraciones inusuales
“Los
ángeles de Dios, en sus mensajes para los hombres, representan el tiempo como
muy corto. Así me ha sido siempre presentado. Es cierto que el tiempo se ha extendido
más de lo que esperábamos en los primeros días de este mensaje. Nuestro
Salvador no apareció tan pronto como lo esperábamos. Pero, ¿ha fallado la
palabra del Señor? ¡Nunca! Debiera recordarse que las promesas y amenazas de
Dios son igualmente condicionales”.[1]
He aquí una de las pruebas bíblicas de un profeta: “Si el
profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni
aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el
tal profeta; no tengas temor de él” (Deut. 18:22). Por otra parte, la capacidad
de hacer predicciones no es necesariamente una prueba de las credenciales de un
profeta.[2] Por
ejemplo, Moisés en el Antiguo Testamento y Juan el Bautista en el Nuevo no son
conocidos por sus predicciones.
La palabra “profeta” les sugiere a las mentes modernas la
capacidad de hacer predicciones. Elena de White nunca sostuvo ser una profetisa
porque su obra “incluye mucho más de lo que significa ese nombre”.[3] La prueba
de un profeta/mensajero yace en otra dirección que en la de concentrarse en el
número de sus predicciones. Además, debe tenerse en cuenta el principio de la
profecía condicional. Esto se aplica a ciertos comentarios de Elena de White al
igual que a los profetas bíblicos.[4]
Algunos han hecho la acusación que Elena de White hizo
declaraciones sin fundamento o falsas durante la Guerra Civil en los Estados
Unidos (1861-1865).[5] Pero
cuando se comparan con las de historiadores cuidadosos de ese período, sus comentarios
permanecen hoy en día no sólo como relevantes sino como exactos. Desde los
primeros días del conflicto, ella vio claramente las agendas ocultas que había
detrás de las causas u objetivos manifiestos del Norte.
Poco después que
Carolina del Sur se separó de la Unión el 20 de diciembre de 1860, aun antes de
que se lanzaran los primeros disparos, Elena de White tuvo una visión en
Parkville, Michigan, el 12 de enero de 1861.
Durante
los pocos años siguientes ella trazó con su pluma un análisis continuo de los
motivos e intrigas que caracterizaban tanto a los dirigentes del Sur como a los
del Norte. En esa fecha temprana se le mostró la ingenuidad
del Norte,
la rápida coalición de los estados sureños, y la “terrible guerra” que
resultaría, y el hecho solemne de que familias presentes en esa reunión de
Parkville “perderían a hijos en esa guerra”.[6]
El 3 de agosto de 1861, la Sra. White tuvo otra visión que
reveló aspectos adicionales de las facciones en pro de la esclavitud que
estaban en el Norte, aun en los niveles más altos del gobierno. En realidad, si
se supiera todo,
algunos
dirigentes serían considerados como traidores. Se le dieron a ella las razones
de la misteriosa retirada del ejército del Norte en la primera batalla de
Manassas (Bull Run).[7]
Su visión del 4 de enero de 1862, en Battle Creek, Michigan,
le dio a la naciente iglesia adventista un marco de fondo y una percepción
adicional del terrible conflicto y del inminente costo en vidas y recursos, un
cuadro que nadie tenía a esa altura temprana de la guerra.[8]
Debido a este discernimiento especial, recibido divinamente,
se la ha acusado a Elena de White de haber sido contraria a Lincoln porque, en
los primeros años de la lucha, él estaba más preocupado por la preservación de la
Unión que por la abolición de la esclavitud. A causa de los ayunos nacionales
que se proclamaron para invocar a Dios a fin de que actuase en favor del Norte
cuando estaban más preocupados por la rebelión contra la Unión que por el
inicuo tráfico de esclavos, Elena de White calificó esos ruegos al cielo como
“repugnantes”.[9]
Otras acusaciones están sacadas de su contexto y se las hace
aparecer contrarias a los hechos. Por ejemplo, nótese la referencia a una
supuesta profecía no cumplida respecto a Inglaterra: “Cuando Inglaterra declare
la
guerra,
todas las naciones tendrán un interés propio que satisfacer, y habrá guerra
general, confusión general”.[10] Cuando esa
oración se lee en su contexto, dentro de ese mismo párrafo con todas las otras
declaraciones condicionales referentes a Inglaterra, el sentido cambia de una
predicción a una posibilidad. “Si Inglaterra declara la guerra…”
En la página previa, Elena de White usó la misma
construcción gramatical: “Cuando nuestra nación observe el ayuno que Dios ha escogido,
entonces aceptará sus oraciones…” La Sra. White no estaba haciendo una
predicción sino una declaración condicional. Este uso de “cuando” por “si” es
una práctica común en el idioma inglés.
Se hace la acusación de que Elena de White pensaba que la Guerra
Civil era una señal de que Jesús estaba por regresar del cielo: “Las señales de
la venida de Cristo son demasiado claras para que se las ponga en duda… Todo el
cielo está conmovido. Las escenas de la historia terrenal están llegando
rápidamente al fin. Vivimos en medio de los peligros de los postreros días”.[11] En primer
lugar, esos pensamientos no se concentran específicamente en la
Guerra
Civil sino en el mundo en general. Al comentar más adelante sobre la guerra,
ella escribió: “Todo se está preparando para el gran día de Dios. El tiempo
durará un poco más, hasta que los habitantes de la tierra hayan llenado la copa
de su iniquidad, y entonces despertará la ira de Dios, que por tanto tiempo ha
estado inactiva, y esta tierra de luz beberá la copa de su ira sin mezcla”.[12]
Elena de White tenía la misma urgencia que impulsó a los
escritores del Nuevo Testamento a decir: Conociendo el tiempo, que es ya hora
de levantarnos del sueño… La noche está avanzada, y se acerca el día” (Rom. 13:11-12).
“Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará (Heb. 10:37,
citando Hab. 2:3-4). Y Jesús mismo le dice a Juan: “Ciertamente vengo en breve”
(Apoc. 22:20).
Pero desde 1844, la urgencia ha tenido un marco temporal
nuevo. Desde 1844, Cristo podría haber regresado dentro de la generación que
vio las señales en los cielos y que entendió el impacto del ministerio de
Cristo en el Lugar Santísimo como la fase final de su obra mediadora.[13]
A partir de 1845, Elena de White había aconsejado
fuertemente contra la práctica de fijar fecha [para la venida de Cristo], una
práctica que algunos adventistas milleritas continuaron después de 1844,
incluyendo a José Bates hasta 1851. Sin embargo, a ella siempre se le había
presentado el tiempo como que está “casi agotado”.[14]
Una acusación ha sido que en 1850 ella insistió en que Jesús
volvería “en unos pocos meses”. El énfasis del párrafo está en la preparación
del carácter para la crisis de los últimos días: “Algunos de nosotros hemos
tenido
tiempo
para llegar a la verdad, para avanzar paso a paso, y cada paso que hemos dado
nos ha fortalecido para tomar el siguiente. Pero ahora el tiempo está casi
agotado, y lo que hemos tardado años en aprender, ellos tendrán que aprenderlo
en pocos meses. Tendrán también que desaprender muchas cosas y volver a
aprender otras”.[15]
En 1854 se dio un consejo similar a una iglesia acosada con
un problema de adulterio y de descuido de niños: “Es demasiado tarde en el día
como para alimentar con leche… Aquellos que ahora abracen el mensaje del tercer
ángel deben aprender en unos pocos meses las verdades que nosotros hemos estado
aprendiendo por años. Tuvimos que
investigar y esperar la apertura de la verdad, recibiendo un rayo de luz aquí y
otro allá, trabajando
y suplicando
a Dios que nos revelase la verdad. Pero ahora la verdad es clara; sus rayos han
sido reunidos… Es una desgracia que aquellos que han estado en la verdad por
años hablen de alimentar con leche a las almas que han estado meses en la
verdad… Aquellos que abracen la verdad ahora tendrán que apresurarse”.[16]
Estas referencias a la admonición del apóstol en Hebreos
5:12-14 se han aplicado siempre a cristianos concienzudos, pero nunca más que a
aquellos que creen que están proclamando los mensajes de los tres ángeles de
Apocalipsis 14. Obviamente, algún día habrá una “última generación”. Elena de
White vincula la obra del sellamiento de Apocalipsis 7 y 14 con un pueblo que
ha permitido que el Espíritu los aliste para el sello de Dios.[17] Esta
preparación debiera ser la máxima prioridad del cristiano de los últimos días.
Esa urgencia impulsó a la Sra. White a instar a los creyentes en la “verdad
presente” a aprender y poner en práctica tanto de esta verdad como fuera
posible y lo más rápidamente posible. Los cristianos deben madurar en la verdad
y no permanecer como bebés que deben ser alimentados con cuchara y recibir
leche.
Algunos
que vivían en 1856 nunca habrían de morir
El 27 de mayo de 1856, en una conferencia en Battle Creek, se
le dio a Elena de White una visión de “los dos caminos” y qué significa viajar
en uno u otro: “Quienes por ellos iban eran opuestos en carácter, conducta,
vestimenta y conversación”. Luego hizo una observación que ha intrigado a los
miembros de iglesia por más de un siglo: “Se me mostró el grupo presente en la
conferencia. Dijo el ángel: ‘Algunos [serán] alimento para los gusanos, otros
[se verán] sometidos a las siete últimas plagas, otros estarán vivos y
permanecerán sobre la tierra para ser trasladados en la venida de Jesús’ ”.[18]
Para los que estaban presentes, esas palabras fueron
solemnes. Tres días después de esta visión, Clarissa M. Bonfoey, una amiga
íntima de los White, murió. En el momento de la visión aparentemente ella tenía
buena
salud.
¿Pero qué debiéramos pensar de esta visión en la actualidad? Todos los que
asistieron a esa conferencia han muerto hace tiempo. ¿Hizo Elena de White una
predicción defectuosa?
Para entender esta predicción de 1856 se requiere una
comprensión del principio bíblico de la profecía condicional.[19] Aquellos
que confían en los relatos bíblicos de profecías incumplidas no tendrán
dificultad de entender la declaración de Elena de White de 1856. Ella hizo
referencia frecuente al hecho de que Dios no está modificando su modo de pensar
en cuanto al tiempo del advenimiento; su pueblo no ha cumplido su parte de la
comisión evangélica.[20]
En 1901
ella resumió sus muchas referencias al advenimiento que se ha demorado: “Tal
vez tengamos que permanecer aquí en este mundo muchos años más debido a la
insubordinación, como les sucedió a los hijos de Israel; pero por amor de
Cristo, su pueblo no debe añadir pecado sobre pecado culpando a Dios de las
consecuencias de su propia conducta errónea”.[21]
Elena de White escribió en 1851 que “la vieja Jerusalén
nunca [sería]… edificada”.[22] Por sí
misma, la declaración parece insostenible. Pero cuando se reconstruye el marco
que la acompaña, encontramos que la Sra. White estaba aconsejando al grupo creciente
de adventistas que tanto el fijar fechas [23] como la
noción de la “era venidera”[24] no eran
compatibles con la verdad bíblica. Ella recalcó que las profecías del Antiguo
Testamento respecto al establecimiento de un reino judío en Palestina estaban
basadas sobre la condición de la obediencia y caducaba su vigencia debido a la
desobediencia. Las profecías incumplidas se cumplirían en el “Israel verdadero”
como se expone en el texto del Nuevo Testamento.
Por lo tanto, el movimiento popular de las décadas de 1840 y
1850 para promover un estado sionista en Palestina no era un cumplimiento de la
profecía bíblica ni un proyecto en el cual los adventistas deberían
involucrarse.
Las
advertencias e instrucciones de la Sra. White tenían el propósito de desviar el
interés en Palestina y dirigirlo hacia la obra que Dios había abierto ante
ellos. En una visión de septiembre de 1850 ella vio que era un “gran error”
creer “que tienen el deber de ir a la vieja Jerusalén, y [pensar]… que tienen
una obra que hacer allí antes que venga el Señor;… porque los que piensan que
todavía tienen que ir a Jerusalén fijarán sus pensamientos en esto, y privarán
de sus recursos a la causa de la verdad presente para transportarse a sí mismos
y llevar a otros allí”.[25]
Menos de un año más tarde, en agosto de 1851, ella escribió
con mayor énfasis “que la vieja Jerusalén nunca será edificada; y que Satanás
estaba haciendo cuanto podía para extraviar en estas cosas a los hijos del
Señor
ahora, en
el tiempo de reunión, a fin de impedirles que dediquen todo su interés a la
obra actual de Dios e inducirlos a descuidar la preparación necesaria para el
día del Señor”.[26]
¿Cómo entendieron esta declaración los lectores de Elena de
White? Que no hay luz en la enseñanza popular de la “era venidera”, que no
tiene significado bíblico el hecho de que los judíos regresen a Palestina, que
Jerusalén
nunca será
reconstruida en un período milenial futuro. Ella no estaba hablando de una
posible reconstrucción política de Jerusalén sino de una reconstrucción proféticamente
significativa de la vieja Jerusalén. Seguir pensando de esa manera, destacó
ella, era hundirse más en los engaños de Satanás y alejarse de los deberes
presentes.[27]
Los escritos proféticos contienen ocasionalmente
declaraciones que pueden no ser fácilmente entendidas. Pedro dijo cierta vez
que Pablo había escrito “algunas [cosas] difíciles de entender, las cuales los
indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su
propia perdición” (2 Ped. 3:16).
Un esclavo ignorante no ha de resucitar. En 1858
Elena de White escribió que “el que es dueño de un esclavo tendrá que responder
por el alma de ese esclavo a quien mantuvo en la ignorancia… Dios no puede
llevar al cielo al esclavo que fue mantenido en la ignorancia y la degradación,
sin saber nada de Dios ni de la Biblia, temiendo tan sólo el látigo de su amo,
y ocupando un puesto inferior al de los brutos. Pero hace con él lo mejor que
puede hacer un Dios compasivo. Le permite ser como si nunca hubiera sido”.[28]
Sin embargo, unas pocas páginas más adelante ella informó
que vio “que los piadosos esclavos se alzaban [en la resurrección] triunfantes
y victoriosos”.[29] En muchos
lugares se refirió a las condiciones terribles que se les
imponían a
los esclavos en el Sur, quienes eran tratados “como si fueran bestias”.[30] No
obstante, ella fue igualmente enfática al decir que “muchos de los esclavos
tenían mentes nobles”.[31]
En estas declaraciones Elena de White estaba distinguiendo
entre el esclavo “piadoso” y el “ignorante” que no sabe “nada de Dios”. Con
discernimiento profético ella declaró que el acto más compasivo de un Dios
justo sería permitir que los esclavos permaneciesen en sus tumbas, y no ser
resucitados para enfrentar el juicio.
Algunos objetan esta
declaración porque la Biblia dice que “todos los que están en los sepulcros…
saldrán” (Juan 5:28-29). Unos pocos capítulos más adelante, Juan citó a Jesús:
“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (Juan
12:32). Aquí tenemos dos ejemplos, entre muchos, en los que los escritores
bíblicos usaron un lenguaje que abarca a todos, pero con restricciones muy definidas.
Nadie sino los universalistas arguyen que todos, tarde o temprano, serán
redimidos, independientemente del carácter y el deseo. ¡No todos serán atraídos
a Jesús porque no todos están dispuestos a ser atraídos!
Otro ejemplo de una declaración general, que abarca a todos,
es la descripción de Juan el Revelador del segundo advenimiento: “…todo siervo
y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y
decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro
de aquel que está sentado sobre el trono” (Apoc. 6:15-16). Obviamente, no todos
los esclavos ni todos los hombres libres van a perderse.
Los profetas, al igual que todos los demás, usan a veces un
lenguaje que abarca a todos, y la mayoría de las personas entienden las
restricciones implicadas. La siguiente pregunta es, ¿Cómo trata Dios a aquellos
que no están ni entre “los que hicieron lo bueno” ni entre “los que hicieron lo
malo” (Juan 5:29)? Lo mejor que podemos hacer es unirnos a Abrahán, el padre de
los fieles, y creer confiadamente: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer
lo que es justo?” (Gén. 18:25).
La mano de Dios cubre el error de un diagrama. En 1850
Elena de White escribió que había visto “que el diagrama de 1843 fue dirigido
por la mano del Señor, y que no debe ser alterado; que las cifras eran como él
las quería; que su mano cubrió y ocultó una equivocación en algunas de las
cifras, para que nadie pudiese verla,
hasta que
la mano de Dios se apartase”.[32]
A primera vista, uno podría preguntarse por qué Dios querría
ocultar un error. Esta referencia de Elena de White es ridiculizada por
aquellos que comienzan con la presuposición de que Jesús no inició en 1844 la
fase
final de
su obra mediadora.
Pero aquellos que han encontrado significado en estos
eventos, ya sea en la tierra o en el cielo, también comprenden que los caminos
de Dios son a menudo inexplicables. Además, sus caminos son expresados a menudo
en lenguaje humano en el que las circunstancias que Dios permite son descritas como
eventos que Dios causa. Cuando el autor del Exodo escribió en cuanto a la
conversación de Dios con Moisés, representó a Dios como el Agente que
“endureció” el corazón de Faraón (Exo. 10:1). Sin embargo, el mismo autor
también escribió sobre la responsabilidad de Faraón por endurecer su propio
corazón (Exo. 8:15, 32; 9:34).
Pensamos en situaciones bíblicas en las que les fue
“retenido” el conocimiento a hombres y mujeres consagrados. En el camino a
Emaús, Jesús se unió a dos discípulos abrumados por la tristeza pero que no lo
reconocieron porque “los ojos de ellos estaban velados” (Luc. 24:16). Pocas
horas más tarde, mientras comían con su Compañero de viaje, “les fueron abiertos los ojos” (Luc. 24:31). Si sus ojos
hubiesen sido “abiertos” prematuramente mientras caminaban hacia Emaús, se
habrían perdido una gran experiencia que Dios deseaba que ellos compartiesen.
Por razones que sólo Dios puede explicar mejor, los
estudiantes de la Biblia en 1843 necesitaban la experiencia de 1843-1844.
Obviamente Dios podría haber “intervenido” y garantizado cada fecha, cada línea
de razonamiento, cuando Fitch y Hale prepararon su diagrama. Pero a lo largo de
la historia esa clase de intervención divina ha sido rara. Parece que el plan
general de Dios ha sido permitir que los seres humanos se abran paso en medio
de sus problemas, aprendiendo lecciones especiales que de otro modo no habrían
experimentado.[33]
¿Qué habría ocurrido si Guillermo Miller hubiera predicado
el verdadero significado de 1844? ¿Qué clase de respuesta pública habría
recibido si hubiese proclamado la verdad acerca de un cambio en el ministerio
de Cristo en
el
santuario celestial, en vez de recalcar su regreso inminente? Nadie lo habría escuchado;
nadie se habría sentido estimulado a leer la Biblia. Después del Chasco del 22
de octubre, un grupo de sus seguidores volvieron a estudiar sus Biblias a fin
de descubrir el verdadero significado de 1844, un interés que nunca se habría
desarrollado si Miller no hubiera concentrado su atención en la Biblia y sus
profecías antes de 1844.
Preocupación
por declaraciones científicas de Elena de White
Se ha llamado la atención a declaraciones que parecen
mostrar que Elena de White cometió errores lamentables respecto a cuestiones
científicas. No se pide a los profetas que actualicen enciclopedias o
diccionarios. Ni los profetas (ni ninguna otra persona) han de ser hechos “un
ofensor por una palabra” (Isa. 29:21, NKJV). Si los profetas tienen que ajustarse
a las normas de exactitud científica más elevadas (cada pocos años esas
“normas” cambian, aun para los expertos), tendríamos motivo para rechazar a
Isaías por referirse a “los cuatro confines
de la
tierra” (Isa. 11:12) y a Juan por escribir que vio a “cuatro ángeles en pie
sobre los cuatro ángulos de la tierra” (Apoc. 7:1).
Algunos señalan la frase, “Así como la luna y las estrellas
[“planetas”, en la versión en español] del sistema solar brillan por la luz del
sol que reflejan”, para acusar que Elena de White no era digna de confianza en
cuestiones científicas.[34] Pero la
mayoría de los lectores reconocerán este uso de “estrellas” en vez de “planetas
del sistema solar” como una descripción no técnica fácilmente entendida por la
gente corriente.
Algunos han
declarado que Elena de White estaba equivocada cuando aseguró que había
visitado “un mundo que tenía siete lunas”,[35] y que los
planetas visitados eran Júpiter y Saturno. En realidad, ella nunca mencionó el
“mundo que
tenía siete lunas”. Pero hay algo más sobre esta historia.
Menos de tres meses después que ella y Jaime se hubieron
casado en 1846, Elena tuvo una visión en la casa de los Curtis en Topsham,
Maine, en presencia de José Bates. Aunque Bates había visto a Elena de White en
visión en varias ocasiones, todavía tenía dudas sobre su don profético; pero
gracias a la visión de Topsham se convenció que “la obra es de Dios”.[36] Jaime
White informó que, en esta visión, la Sra. White fue “guiada a los planetas
Júpiter y Saturno, y creo que a uno más. Después que salió de la visión, pudo
dar una descripción clara de sus lunas, etc. Es bien sabido que antes de que
tuviera esta visión, ella no sabía nada de astronomía y no podía contestar una
sola pregunta en relación con los planetas”.[37]
¿Qué fue lo que lo convenció a Bates, el veterano capitán de
mar y astrónomo aficionado, que Elena de White era “de Dios”? Después de la
visión, ella describió lo que había visto. Sabiendo que ella no tenía
antecedentes en astronomía, Bates dijo: “Esto es del Señor”. Obviamente, lo que
Bates oyó correspondía a su conocimiento de lo que los telescopios mostraban en
1846. Casi seguramente esta visión fue dada en presencia de Bates para aumentar
su confianza en el ministerio de Elena de White. Si ella hubiese mencionado el
número de lunas que revelan los telescopios modernos, parece claro que las
dudas de Bates se habrían confirmado.[38]
Los críticos han acusado que Elena de White escribió en 1864
(y se republicó en 1870) que seres humanos cohabitaron en un tiempo con
animales y que su descendencia produjo ciertas razas que existen en la
actualidad.
La
declaración reza así: “Pero si hubo un pecado por encima de otro que requería
la destrucción de la raza por el diluvio, fue el vil crimen del cruzamiento de
hombre y bestia que desfiguró la imagen de Dios y causó confusión en todas
partes. Dios se propuso destruir por un diluvio a esa raza poderosa y longeva
que había corrompido sus caminos delante de él”.[39]
Ningún diccionario ha usado jamás la palabra “cruzamiento”
para describir la cohabitación del hombre con la bestia. El uso primario de la
palabra usada por la Sra. White, “amalgamation” [amalgamación], describe
la fusión de metales, la unión de elementos diferentes tal como ocurre al hacer
empaste para los dientes. El uso del siglo XIX incluía la mezcla de diversas
razas.
Admitimos que la
declaración de la Sra. White podría aparecer ambigua: ¿Quiere decir ella
“cruzamiento de hombre con bestia” o “cruzamiento de hombre y de bestia”? A
menudo se omite la repetición de la preposición en construcciones similares.[40]
En otras dos ocasiones, la Sra. White usó la palabra “amalgamation”
[“amalgamación” y “cruzamiento”]. La empleó metafóricamente, al comparar a los
creyentes fieles con las personas del mundo.[41] Y la usó
para describir
el origen
de las plantas venenosas y otras irregularidades en el mundo biológico: “Cristo
nunca sembró la semilla de la muerte en el organismo. Satanás fue quien la
sembró cuando tentó a Adán a que comiese del árbol del conocimiento, lo cual
significaba desobediencia a Dios. Ninguna planta tóxica fue colocada en el gran
huerto del Señor, pero después que Adán y Eva pecaron, comenzaron a surgir
hierbas ponzoñosas… Toda la cizaña es
sembrada por
el maligno. Toda hierba perniciosa es de su siembra, y mediante sus ingeniosos
métodos de cruzamiento [amalgamation,
en el original inglés] ha corrompido la tierra con cizaña”.[42]
Al reconocer que Satanás ha sido un agente activo en la
corrupción del plan de Dios para el hombre, las bestias, las plantas, etc.,
podemos comprender mejor lo que Elena de White puede haber querido decir cuando
describió los resultados del cruzamiento. Aquello que “desfiguró la imagen de
Dios” en el hombre y que “confundió las especies [de animales]” ha sido el
trabajo de Satanás con la cooperación de los seres humanos. Ese “cruzamiento
[amalgamación]
de hombre y [de] bestia, como puede verse en las variedades casi infinitas de
las especies de animales, y en ciertas razas de hombres”, llega a ser
comprensible.
La Sra. White nunca insinuó la existencia de seres
subhumanos o de ninguna clase de relación animal humana híbrida. Ella habló de
“especies de animales” y de “razas de hombres”, pero no de ninguna clase de
cruzamiento de animales con seres humanos.[43]
Sin embargo, reconocemos que estudiosos concienzudos de los
escritos de Elena de White difieren en cuanto a lo que ella quiso decir por “amalgamation”
(cruzamiento).[44] “La
obligación de probar su posición descansa en aquellos que afirman que la Sra.
White le dio un significado nuevo y extraño al término”.[45]
Algunos sostienen que las declaraciones de la Sra. White
referentes a la causa de los volcanes reflejaban los mitos y el modo de pensar
extravagante de teorías antiquísimas. Sus escritos contienen ocho conceptos
relevantes
[46] que se han
debatido desde que aparecieron por primera vez en 1864.[47]
Esta lista incluye: (1) La formación de estratos de carbón
está vinculada al diluvio. (2) El carbón produce petróleo. (3) Los incendios
subterráneos son alimentados por la combustión de tanto el carbón como del
petróleo. (4)
El agua
añadida a los incendios subterráneos produce explosiones, y de esta manera
terremotos. (5) Los terremotos y la acción volcánica están relacionados
juntamente como productos de estos incendios subterráneos. (6) Tanto la piedra
caliza como el mineral de hierro están vinculados con la combustión de los
estratos de carbón y de los depósitos de petróleo. (7) El aire está involucrado
con el supercalor. (8) Se encuentran depósitos de carbón y de petróleo después
que se han extinguido los incendios subterráneos.[48]
Aunque existen similitudes entre los escritos de la Sra.
White y el famoso sermón de John Wesley, “La Causa y la Cura de los Terremotos”
(1750), hay diferencias notables. Contrariamente a lo que sucede con autores
anteriores, en los escritos de Elena de White uno no encuentra ninguna huella
de “arroyos que causen erosión y vientos violentos; ni cavidades abovedadas que
se desplomaron y de ese modo causaron el diluvio; ni cavernas huecas en las que
resonaban los ecos de truenos subterráneos; ni incendios alimentados por
depósitos subterráneos de sulfuro, nafta o nitrato. Visto como una unidad, el concepto de ella de los fuegos
subterráneos es único, y buscamos en vano para encontrar que lo haya tomado
prestado de alguna fuente humana”.[49]
Por supuesto, la siguiente pregunta es si uno puede
encontrar una confirmación científica de su punto de vista “único” sobre estos
fenómenos naturales violentos. Abundan muchas teorías en cuanto a las causas de
los volcanes y los terremotos, y a la formación del petróleo y del carbón. La
mayoría de los geólogos basan sus ideas en la teoría de las placas tectónicas.
No hay nada en los comentarios de Elena de White que descarte esta teoría.
Además, nada en sus escritos declara que todos los volcanes son el producto de
la combustión de yacimientos de carbón o que
todos los
terremotos están causados por incendios subterráneos. Cuando ella relaciona los
terremotos con los volcanes, uno piensa inmediatamente en el “anillo de fuego”
del océano Pacífico y en el alto potencial para desastres que procede de ambos.
Sin embargo, hombres de ciencia notables han confirmado las
observaciones de Elena de White. El libro Geology of Coal (Geología del
carbón), de Otto Stutzer, documentó que “los incendios subterráneos en estratos
carboníferos se prenden por combustión espontánea, lo que resulta en el
derretimiento de las rocas cercanas que se clasifican como depósitos pseudo
volcánicos”.[50] Stutzer
enumeró varios ejemplos de dicha actividad, incluyendo “una montaña en
combustión”, un afloramiento que “duró más de 150 años”, y “el calor ocasionado
por un estrato de carbón en combustión [que] fue usado para calentar
invernáculos en esa área desde 1837 a 1868”.[51] Existe una
confirmación moderna para el incendio del carbón y del petróleo con el sulfuro
como su elemento constitutivo, lo que “se ve alrededor de las erupciones de las
aguas termales, géisers y fumarolas volcánicas”.[52]
Las referencias a las rocas “que cubren el carbón y que han
sufrido una alteración considerable a causa de los incendios, que son
aglutinadas y parcialmente derretidas”, se correlacionan con la declaración de
Elena de White que “con frecuencia la hulla y el petróleo se encienden y arden
bajo la superficie de la tierra. Esto calienta las rocas,
quema la
piedra caliza, y derrite el hierro”.[53] Investigaciones posteriores en el
oeste de los Estados Unidos han producido conclusiones muy semejantes y en un
lenguaje muy parecido a los escritos de la Sra. White un siglo
antes: “La
roca derretida se parece al ladrillo refractario de un horno común o a la lava
volcánica”.[54]
Una última acusación ha sido que el mineral de hierro derretido
no se encuentra en conexión con depósitos de carbón y de petróleo en
combustión. Sin embargo, una monografía de la Encuesta Geológica de los Estados
Unidos registra el descubrimiento de hematita (un mineral de hierro) que “de
alguna manera [había sido] formado mediante la
intervención
del carbón en combustión”.[55]
La sugerencia de que Elena de White estaba en deuda con
fuentes existentes para su información científica no tiene mérito, porque algo
de esta verificación sólo llegó a conocerse muchos años después de su muerte.
Además, “es sumamente improbable que ella recurrió a las ideas publicadas de
creacionistas contemporáneos sobre el tema, puesto que los puntos de vista de
éstos eran residuos de especulaciones cosmológicas alocadas”.[56]
Pocos temas han sido más ridiculizados por los críticos que
las declaraciones de Elena de White respecto al “autoabuso”,[57] “el vicio
solitario”,[58] “la
autoindulgencia”,[59] “el vicio
secreto”,[60] “la
contaminación moral”,[61] etc. Elena
de White nunca usó el término “masturbación”.
Su primera referencia a este tema apareció en un panfleto de
64 páginas, An Appeal to Mothers (Un llamado a las madres), en abril de
1864, nueve meses después de su primera visión abarcante de salud. El panfleto
se dedicaba primariamente a la masturbación: las páginas 5 al 34 eran de su
propia pluma, el resto consistía en citas de autoridades médicas.[62]
Elena de White no dijo que todas, o ni siquiera la mayoría,
de las consecuencias potencialmente serias de la masturbación le sobrevendrían
a todo individuo. Ni dijo que el peor grado posible de una consecuencia seria
le ocurriría a la mayoría de los que se entregaban a este vicio.
Las investigaciones modernas indican que las declaraciones
fuertes de Elena de White pueden tener respaldo cuando se las entiende
debidamente. Sin embargo, el punto de vista general en la actualidad es que la
masturbación
es normal
y saludable, y que por lo tanto la persona que la practica debiera sentirse
libre de sentimientos de culpa.
Dos especialistas médicos han sugerido que en “un
adolescente con deficiencias de cinc, la excitación sexual y la masturbación
excesiva podrían precipitar la locura”,[63] e “incluso
es posible, dada la importancia del cinc para el cerebro, que los moralistas
del siglo XIX tenían razón cuando decían que la mas-turbación reiterada podía
enloquecer a una persona”.[64]
Dos profesionales en el área de la psicología clínica y la
terapia familiar han comparado las declaraciones de Elena de White sobre la
masturbación con el conocimiento médico actual.[65] El Dr.
Richard Nies defendio el consejo general de Elena de White sobre la
masturbación, al señalar cuatro puntos principales: (1) La masturbación conduce
al
“deterioro mental, moral y físico… No es la estimulación por sí misma lo que
está mal. Es lo que ocurre en [las personas] cuando se vuelven autocéntricas”.
(2) La masturbación “quiebra las sensibilidades más finas de nuestro sistema
nervioso… No es difícil ver desde el punto de vista de la intervención
eléctrica de nuestro sistema nervioso,
cómo la
enfermedad llega a ser un resultado natural en individuos que han colocado su
propia gratificación en el centro de su ser… La enfermedad es el resultado
natural de esto”.
(3) La masturbación es una predisposición que puede ser
“heredada y transmitida de una generación a otra, incluso conduciendo a la
degeneración de la raza”.
(4) Al tratar con otros, especialmente con niños, el consejo
de Elena de White sigue en el rumbo de tratar con las consecuencias, de
mostrarles que debiéramos educarnos para el amor y para la eternidad, no para
la autogratificación con sus terribles consecuencias. El Dr. Nies concluyó su
monografía: “La autogratificación es sinónimo de destrucción”.
Alberta Mazat observó que la preocupación de Elena de White
respecto a la masturbación era primariamente sobre las consecuencias mentales
antes que por el “acto puramente físico. Ella estaba más preocupada con los
procesos de pensamiento, las actitudes, las fantasías, etc.” Mazat citó las
referencias de Elena de White al hecho de que “los efectos no son los mismos en
todas las mentes”, que “los pensamientos impuros se apoderan de la imaginación
y la controlan”, y que la mente “se complace en contemplar las escenas que
despiertan las pasiones viles”.
Mazat indicó además
que algunos pueden sentirse avergonzados con las declaraciones fuertes de Elena
de White respecto a la masturbación. Sin embargo, muchas otras declaraciones de
la Sra. White también parecían “no realistas y exageradas antes de que la
ciencia las corroborase, por ejemplo, que el cáncer es causado por un virus,
los peligros del hábito de fumar, el comer con exceso, y el uso excesivo de
grasas, azúcar y sal, para mencionar unas pocas… Es importante recordar que en
ningún momento el conocimiento médico es perfecto”.[66]
Frenología
En una de las visitas [67] de los
White al centro de salud del Dr. Jackson en Dansville, Nueva York, como parte
del examen físico de rutina, el Dr. Jackson hizo una “lectura” frenológica de
las cabezas de los dos hijos de los White, Willie y Edson.[68] Elena de
White informó de este evento en una carta personal. ¿Qué estaba indicando la
Sra. White mediante este examen frenológico? ¿Estaba contradiciendo su propio
consejo?
En 1862 ella escribió que el poder delmaligno trabaja a
través de “las ciencias de la frenología, la psicología y el mesmerismo”.
Aunque “buenas en su lugar… Satanás se apodera de ellas… para engañar y
destruir a las almas”.[69]
En 1884 ella repitió su advertencia: “Se exalta mucho las
ciencias que tratan de la mente humana. Estas son buenas en su lugar; pero
Satanás se apodera de ellas para utilizarlas como instrumentos para engañar y
destruir
a las
almas… El mundo, que se supone que recibe tanto beneficio de la frenología y
del magnetismo animal [hipnotismo], nunca estuvo tan corrompido como ahora.
Mediante estas ciencias se destruye la virtud y se colocan los fundamentos del
espiritismo”.[70]
¿Qué podría haber querido decir Elena de White con la
expresión, “estas son buenas en su lugar”? Aunque actualmente la frenología es
considerada charlatanismo (y con toda razón en ciertos aspectos), los
estudiantes hoy
día deben
detenerse el tiempo suficiente como para examinar la frenología según lo hacían
los hombres de ciencia y los médicos en el siglo XIX. John D. Davies en su
clásico trabajo sobre la frenología escribió: “En su propio tiempo la
frenología, como el freudismo, era una disciplina seria, inductiva, aceptada
como tal por muchos hombres de ciencia,
doctores y
educadores eminentes; sus aberraciones no eran tanto el resultado del
charlatanismo o la credulidad como de las limitaciones del método científico y
las técnicas médicas de comienzos del siglo XIX. No importa
cuán
equivocadas pueden haber estado algunas de sus deducciones anatómicas, era
científica en su determinación de estudiar la mente objetivamente, sin
preconceptos metafísicos. En las historias de la medicina y la psicología se
reconoce su antelación en este campo, y muchos de sus fundamentos son tan
comunes en la actualidad así como eran radicales un siglo atrás”.[71]
Si a un lector actual se le da sólo el lado absurdo de la
frenología, como era entendida hace un siglo, y no los principios fundamentales
que se aceptan hoy en día, entonces las declaraciones de Elena de White parecen
ingenuas y contradictorias. Algunos de estos principios enseñan que la
obediencia a las leyes de la salud (como eran interpretadas por la frenología)
hasta reduciría el efecto de las enfermedades hereditarias, que la mayoría de
los problemas físicos se originan en la mente y que por lo tanto la mente y el
cuerpo deben ser tratados como una unidad, que el control de la pasión daría
poder para incrementar las virtudes morales y la capacidad intelectual.[72]
Los críticos sugieren que Elena de White se había sumergido
profundamente en frenología porque usaba terminología que los frenólogos usaban
frecuentemente, vocablos como “avidez”, “cautela”, “rectitud” y “benevolencia”.
Otras palabras que los frenólogos usaban mucho al “localizar” ciertas
características en el cerebro eran “reserva”, “firmeza”, “causalidad”,
“autoestima”, “destructividad”, “amor paterno y materno”, “eventualidad”,
“astucia”, “esperanza” y “conyugalmente”.
¿Era posible para la Sra. White escribir sobre el desarrollo
del carácter o de la relación entre la salud y la moral sin emplear palabras
usadas corrientemente, incluso como nosotros las usamos en la actualidad? Al
referirse al impacto de la frenología en el siglo XIX, Davies escribió: “A
través de conferencias, sociedades, revistas, libros y artículos en periódicos,
los principios frenológicos eran inculcados en los oídos de los norteamericanos
hasta que la apropiación de su vocabulario peculiar de parte de la ficción y el
lenguaje popular los volvía familiares para todos”.[73]
¿Pero qué diremos del hecho que los hijos de Elena de White
recibieron un examen frenológico? La Sra. White escribió: “El Dr. Jackson dio
un informe preciso de la disposición y organización de nuestros hijos. El
declara que la cabeza de Willie es una de las mejores que alguna vez haya
llegado bajo su observación. Dio una buena descripción del carácter y las
peculiaridades de Edson. Le prescribió ejercicio al aire libre y no mucho
estudio. Creo que este examen será muy valioso para Edson”.[74]
Nadie sugeriría que Elena de White comprendía todo el
funcionamiento y la fisiología de cómo trabaja el cerebro, ni nadie lo sugiere
hoy día. Siendo una madre devota, ella estaba interesada en cualquier cosa que
le ayudaría a ser una mejor madre. Este examen de rutina en Dansville sería, a
lo sumo, interesante; de ninguna manera indicaba que Elena de White aceptaba la
filosofía de la frenología.[75]
En el número del Health Reformer (Re-formador de la salud)
de octubre de 1871,[76] Elena de
White escribió sobre las “complacencias nocivas” que militan contra los
intereses más elevados y la felicidad de las mujeres. Entre esas
“complacencias” ella incluía las pelucas que, “cubriendo la base del cerebro,
calientan y excitan los nervios espinales que se centran en el cerebro”. Como
un resultado de “seguir esta moda que deforma”, dijo ella, “muchas han perdido
su razón y han llegado a un estado de locura sin esperanza”.
En el contexto de las pelucas confortables de hoy día, los
críticos tienden a ridiculizar esta declaración. Pero la Sra. White se refería
a un producto enteramente diferente. Las pelucas que ella describió eran
“manojos monstruosos de cabello enrulado, algodón, alga acuática, lana, musgo
español, y otras abominaciones innumerables”.[77] Una mujer
dijo que su moño generaba “un grado no natural de calor en la parte posterior
de la cabeza” y producía “un dolor de cabeza perturbador tanto tiempo como lo
usaba”.
Otro artículo del Health Reformer (que citaba del Marshall
Statesman y el Springfield Republican) describía los peligros de
usar “trenzas postizas de yute”, pelucas hechas de corteza oscura, fibrosa.
Aparentemente esas trenzas se infestaban a menudo con “sabandijas de yute”,
insectos pequeños que se escondían debajo del cuero cabelludo. Una mujer
informó que la cabeza se le puso en carne viva y el cabello se le comenzó a
caer. Todo el cuero cabelludo “estaba perforado por los parásitos que se
escondían [en él]”. “La mujer… está casi enloquecida por el terrible
sufrimiento, y por la perspectiva de la muerte horrible que los médicos
aparentemente no pueden prevenir”.[78]
Con informes como éste en la prensa pública, es fácil
comprender por qué Elena de White advirtió a las mujeres contra los peligros
posibles de usar pelucas y tratar de “mantenerse al día con la moda cambiante,
meramente para crear una sensación”.[79]
Sólo Dios puede leer los motivos por los que una persona
rechaza la luz de la verdad, ya sea que la misma se refleje en el rostro y las
palabras de Jesús mismo, o que esté presentada a través de sus profetas. Cada
individuo
tiene su
propia experiencia personal compuesta de circunstancias que colectivamente son
únicas. Ninguna otra persona conoce la configuración de esas circunstancias y
por lo tanto no es capaz de juzgar equitativamente
la
decisión del otro. Sin embargo, a lo largo de los años se ha desarrollado un
patrón que es compartido por la mayoría de los críticos.
En 1868 Uriah Smith escribió un folleto titulado “Las
visiones de la Sra. E. G. de White: una manifestación de los dones espirituales
de acuerdo con las Escrituras”. Muy pocas personas trabajaron más de cerca con
Jaime y Elena White que Smith, o por un período de tiempo más prolongado. El examinó
las bases bíblicas de los dones espirituales y enumeró el fruto del ministerio
de la Sra. White: (1) “Tienden a la moralidad más pura”. (2) “Nos conducen a
Cristo”. (3) “Nos conducen a la Biblia”. (4) “Han traído aliento y consuelo a
muchos corazones”. (5) “Nunca se ha sabido que hayan aconsejado lo malo o que
tramen la iniquidad”.
Luego Smith preguntó por qué surgen objeciones contra Elena
de White: “Podemos preguntar enfáticamente la pregunta que Pilato planteó a los
judíos con referencia al Salvador: ‘Pues ¿qué mal ha hecho?’ ”
Procedió entonces a contestar su pregunta: “La primera clase
[de críticos] está compuesta por aquellos que creen, o que habían creído en los
puntos de vista sustentados por los adventistas en el momento en que comenzó su
oposición, pero a quienes, o a alguien con quien ellos simpatizaban, las
visiones señalaron o reprobaron [sus] errores… La otra clase consiste en
aquellos que son oponentes reconocidos y abiertos de todos los puntos de vista
distintivos que sustentan los adventistas. Su oposición surge de un motivo
diferente del de la primera clase… Odian ese sistema de verdad con el cual se
vinculan las visiones, y las atacan como la manera más segura y efectiva de
obstruir el progreso de esa verdad. En esto reconocen la eficiencia de las
visiones para el avance de esta obra”.
Smith resumió su descripción de los críticos: “Esto cubre el
terreno completo de la oposición; porque nunca hemos conocido ninguna objeción
que surja que no pueda rastrearse a una u otra de estas dos fuentes”.[80]
Presuposiciones. Los paradigmas conscientes o
inconscientes, o las presuposiciones, crean estructuras intelectuales que han
cegado a los seres humanos desde los primeros días de este lado del Jardín del Edén.
Caín tenía su paradigma, en el cual debía encajar su pensamiento, y Abel tenía
el suyo. Copérnico y Galileo tuvieron que contender con la atmósfera de las
presuposiciones hostiles entre los eruditos de sus días. Jesús y los creyentes
fieles enfrentaron el rechazo porque la verdad no armonizaba con las
expectativas (los paradigmas) de sus contemporáneos.[81]
Obviamente Elena de White tuvo que contender con aquellos
que se oponían a su ministerio. Pudo ver que las razones que la gente daba para
rechazar su trabajo a menudo no eran las “verdaderas” razones: “Se sigue en las
complacencias pecaminosas, se rechazan los Testimonios, y se dan a otros
muchas excusas falsas acerca de la razón que se tiene para negarse a
recibirlos. No se da la verdadera razón. Es una falta de valor moral y
de una voluntad fortalecida y regida por el Espíritu de Dios para renunciar a
los hábitos nocivos”.[82]
La Sra. White reconoció el problema de las presuposiciones:
“Algunos, oyendo a través de sus propios prejuicios o predisposiciones,
comprenden el asunto como desean que sea — como mejor armoniza con sus
propósitos— y así lo informan. Siguiendo los impulsos de un corazón no
santificado, interpretan como malo
aquello
que, correctamente entendido, podría ser un instrumento de gran bien”.[83]
Todos conocen el atractivo sutil de la duda. Todos han
tenido que contender con ese atractivo. La duda hace que uno sea prudente
frente a lo desconocido. La duda, sin embargo, puede convertirse en la Línea
Maginot para los
que no se han
comprometido [del lado de la verdad]; demasiado a menudo permitimos que la duda
llegue a ser sinónimo de una razón calma y que la veamos como una señal de
inteligencia. Si nos relacionamos con el Espíritu
de Dios
como lo haríamos con alguien que nos quiere vender algo por teléfono, estamos
usando mal la razón.
La mayoría de las personas han observado la solidez de la
advertencia de la Sra. White: “Satanás sabe sugerir dudas e idear objeciones
contra el testimonio directo que Dios envía, y muchos piensan que es una
virtud, un
indicio de
inteligencia, ser incrédulos, dudar y argüir. Los que desean dudar tendrán
abundante oportunidad de hacerlo. Dios no se propone suprimir todo motivo de
incredulidad. El da evidencias que deben ser investigadas cuidadosamente con
mente humilde y espíritu dispuesto a recibir enseñanza; y todos deben decidir
por el peso de las evidencias”.[84] “Dios da
suficiente evidencia para que pueda creer el espíritu sincero; pero el que se
aparta del peso
de la
evidencia porque hay unas pocas cosas que su entendimiento finito no puede
aclarar, será dejado en la atmósfera fría y helada de la incredulidad y de la
duda, y perderá su fe”.[85]
Creer en el ministerio de Elena de White no es un asunto de
credo. Ni se parece a creer que Jesús nació en Belén o que ella nació en Maine.
Pero sí es semejante a creer que Jesús es el Salvador personal de un creyente,
lo cual implica más que un compromiso mental. Los críticos han encontrado
muchas razones “intelectualmente
satisfactorias”
para disputar las afirmaciones bíblicas. En la mayoría de los casos observan al
recipiente, no al contenido. O
encuentran “razones” para rechazar el llamado de Cristo a la abnegación y a
seguirle en una obediencia gozosa para cumplir la voluntad de Dios.
¿Por qué? Porque buscan una religión como la que desea el
corazón: “La gente no soportará la sana enseñanza; más bien, según sus propios
caprichos, se buscarán un montón de maestros que sólo les enseñen lo que ellos
quieran oír. Darán la espalda a la verdad” (2 Tim. 4:3-4, V. Popular).
Cuando uno mira el mensaje del mensajero, y no primariamente
las limitaciones del mensajero, se coloca un fundamento distintivo y firme,
suficientemente seguro como para sostener el “peso de la evidencia” que existe.