“Parece ser
que se emplean fuentes más a menudo para proveer un trasfondo y un comentario
descriptivo que para el contenido devocional y evangélico… Es más factible que uno
encuentre opiniones independientes de Elena de White cuando comenta sobre
asuntos de moral o de teología”.[1]
Algunos se han preguntado si la expansión de la obra
original de Elena de White sobre la vida de Cristo desde aproximadamente
cincuenta páginas pequeñas en Spiritual Gifts (Dones espirituales), tomo
1, a las mil páginas
o más en El
Deseado de todas las gentes, Palabras de vida del gran Maestro y El
discurso maestro de Jesucristo se debió a un uso extenso de otras fuentes.
Después de seis años de estudio, Fred Veltman, el autor de la investigación
sobre las
fuentes literarias de El Deseado de todas las gentes, llegó a la
conclusión de que “no había ninguna evidencia” de que el comentario ampliado
sobre la vida de Cristo se debía “a un mayor uso de las fuentes”. Vio
inmediatamente que el trato más amplio de la vida de Cristo —que incluía más
incidentes narrativos, combinado con la mayor acumulación de material escrito
por Elena de White a lo largo de los años, en base a lo cual se compiló el
producto final— explicaba fácilmente el aumento en el número de páginas.[2]
Otra pregunta que algunos se han hecho tiene que ver con
quién o quiénes “usaban” las otras fuentes: Elena de White o sus ayudantes
editoriales, incluyendo a Marian Davis. La evidencia indica que Elena de White
misma
utilizaba
las fuentes que eran incorporadas a sus escritos publicados. No se ha
encontrado ninguna evidencia de que Marian Davis u otros ayudantes eran
responsables de los materiales que Elena de White adaptaba de otros escritores
religiosos.[3]
Elena de White mantenía diarios extensos. Ella no sólo
llevaba (generalmente) registros cotidianos sino que a menudo ampliaba sus
pensamientos, aparentemente sin ninguna razón particular fuera de la de
permitir que sus
ideas se
volcaran libremente en el papel. Estas entradas incluían tanto impresiones
personales como pensamientos procedentes de sus lecturas. En tales ocasiones,
sin ninguna intención de organizar sus ideas bajo subtítulos
específicos,
la Sra. White copiaba o para-fraseaba esos elementos procedentes de sus
extensas lecturas que deseaba recordar. Sus ayudantes literarios recogían
material de esos diarios para artículos para revistas. Con el
transcurso
del tiempo, muchos de esos primeros apuntes llegaron a ser parte de sus libros
publicados.[4]
Algunos de estos materiales copiados o parafraseados no sólo
fueron usados en su producción de libros sino en cartas, sermones y aun para
que ella se expresara mejor en sus diarios. En raras ocasiones ella usaba
lenguaje
prestado
para expresar pensamientos que le habían sido inculcados directamente en
visión. Para alguien que acepta la inspiración verbal, ese “préstamo” al
informar una visión podría ser un problema, pero no para quien reconoce que los
mensajeros de Dios relatan mensajes inspirados en palabras de su propia
elección.[5]
W. C. White recordaba que cuando su madre estaba ocupada
activamente en la preparación de su Vida de Cristo “tenía muy poco
tiempo para leer. Antes de escribir su obra sobre la vida de Cristo, y durante
el tiempo en que lo hizo, hasta cierto punto, leyó de las obras de Hanna,
Fleetwood, Farrar y Geikie. Nunca supe que leyera de Edersheim. De vez en
cuando se refirió a [Samuel] Andrews, en forma particular con referencia a la
cronología”.[6]
Fred Veltman llegó a la conclusión de que expresiones
calificadoras como “préstamo mínimo”, “préstamo total”, o referencias a
cálculos en porcentaje son “términos relativos e imprecisos”. El creía que
aquellos que usan tales términos o están tratando de descartar “el uso de fuentes
por parte de Elena de White o están acentuando la cantidad inusual de
préstamo”. Ambos énfasis son engañosos. [7]Es
más exacto “hablar de su uso creativo e independiente de sus propios escritos y
de los de otros que minimizar la cantidad de su préstamo [literario]”.[8]
Sin embargo, para aquellos que buscan porcentajes de
dependencia, Veltman encontró que el 31 por ciento de las oraciones en los
quince capítulos que él estudió al azar, indicaban por lo menos una palabra o
más de
dependencia
literaria.[9]
Al madurar
un profeta, se profundizan sus percepciones espirituales
La verdad no cambia, pero sí cambia el aprecio y la
comprensión que una persona tiene de ella. Aun los profetas, a medida que pasa
el tiempo, experimentan una comprensión más profunda de la verdad. En su
humanidad, “Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios
y los hombres” (Luc. 2:52). Cuando estudiamos la vida de Pedro, tenemos un
cuadro claro de un profeta que está en proceso de maduración después de
Pentecostés.
En 1906 Elena de
White testificó que “durante sesenta años he estado en comunicación con los
mensajeros celestiales y aprendiendo constantemente con referencia a las
cosas divinas, y con respecto a la manera en que Dios está trabajando continuamente
para sacar a las almas del error de sus caminos y traerlas a la luz de Dios”.[10] (La
cursiva se ha añadido).
La Sra. White
entendía este molde humano a través del cual debe pasar la Palabra de Dios en
el sistema de comunicación de Dios.[11] En su
Introducción a El conflicto de los siglos ella alertó a los lectores
respecto a la “diversidad” de los escritores bíblicos, no sólo en estilo sino
en la percepción única de un escritor que “comprende los puntos que armonizan
con su experiencia o con sus facultades de percepción y apreciación”.[12]
Cuando la Sra. White habló del “aprendizaje constante”, no
estaba pensando en términos evolutivos “que excluye[n] a Dios de toda
consideración, sino más bien en un proceso de crecimiento espiritual que está
directamente bajo la mano guiadora de Dios”.[13] Se destaca
el mismo principio de crecimiento en las parábolas de Cristo y en las epístolas
del Nuevo Testamento.[14] El
principio de crecimiento es el fundamento del asombro y la
emoción de
los redimidos: el proceso que comenzó en la tierra no tendrá fin: “Así como el
conocimiento es progresivo, así también el amor, la reverencia y la dicha irán
en aumento. Cuanto más sepan los hombres acerca
de Dios,
tanto más admirarán su carácter”.[15]
El principio del crecimiento afectó de dos maneras el
ministerio de Elena de White: (1) Los profetas pueden conducir al pueblo sólo
tan rápidamente como ellos puedan captar la instrucción.[16] Esto puede
significar que Dios
guiará al
profeta en su instrucción sólo tan rápidamente como el pueblo entienda el
mensaje del profeta. O (2) Dios hablará a los profetas sólo en términos que
pueden ser comprendidos por el profeta. A medida que los profetas crecen en
conocimiento, disciplina cristiana y experiencia, aumenta proporcionalmente su
capacidad para comprender más acerca de los planes de Dios.
Con referencia al tema central de Elena de White —la
historia del Gran Conflicto— encontramos un desarrollo más claro y amplio de
este tema desde 1858 a 1911, a través de varias publicaciones, como hemos
notado anteriormente.[17] En 1858 el
“cuadro del tema” fue delineado como un bosquejo a lápiz en unas 219 páginas
pequeñas. El cuadro fue completado con detalles adicionales en la serie más
extensa, de 1.600 páginas en cuatro tomos del Espíritu de Profecía. Con
la publicación de la serie del Gran Conflicto y sus 3.757 páginas, el bosquejo
de 1858 se había convertido ahora en una versión tridimensional a cuatro
colores de la historia original.
¿Encontramos alguna evidencia del principio de crecimiento
en la mente de la Sra. White a medida que ampliaba el tema del Gran Conflicto
de 219 páginas pequeñas a la forma actual de 3.757 páginas completas?
Muchas y
en todo sentido. Pero la percepción más profunda del tema no está en conflicto
con el bosquejo original de 1858; la diferencia está en que se completaron los
detalles. Los lectores pueden investigar por sí mismos el asunto al comparar
cómo describió la Sra. White a personajes y eventos claves en cada una de las
tres versiones: Spiritual
Gifts
(Dones espirituales), la serie The Spirit of Prophecy (El espíritu de
profecía) de cuatro tomos, y el juego del Gran Conflicto, de cinco tomos.
Por ejemplo, la expansión del pensamiento, la cantidad de
detalles que introduce en Patriarcas y profetas y en El Deseado de todas
las gentes, es dramática. Uno no capta contradicciones en la amplificación;
sin embargo,
la
expansión llama profundamente la atención.[18]
La expansión de ideas no es meramente un asunto de detalles descriptivos.
Las ideas teológicas más profundas y claras son evidentes. Por ejemplo, al recalcar el principio de
estar listos (ver pp. 34, 282, 304, 311, 422) Dios pareció esperar hasta que
los adventistas estuvieran listos para que su profetisa hablase más claramente
acerca de la deidad de Cristo. Tanto en Dones espirituales como en la
serie de El espíritu de profecía, poco se dijo acerca de la deidad de
Cristo. Pero en Patriarcas y profetas (1890) y en El Deseado de todas
las gentes (1898), Elena de White escribió en forma clara y profunda en
cuanto a la preexistencia eterna de Jesús.[19] Para los
pensadores de la denominación, este nuevo énfasis representó un momento crucial
en cuanto a la comprensión
de la
deidad de Cristo.[20]
En sus primeros escritos, Elena de White reflejaba un modo
de pensar predominantemente
protestante
que destacaba a Dios y a su ley en
términos arbitrarios, no personales: si los pecadores han de ser salvos de la
ira del Padre, entonces Cristo debe morir. La analogía del tribunal (Juez)
eclipsaba la analogía
de la
familia (Padre). Aunque este cuadro inicial es correcto en un esquema
preliminar, tanto Patriarcas y profetas como El Deseado de todas las
gentes completaron ampliamente el cuadro que añadía detalles significativos
a la interpretación
cristiana tradicional de la expiación que muy a menudo refleja el pensamiento
calvinista. El pasar de la representación de un Dios ofendido, que necesitaba
ser aplacado, a la de un Dios que estaba dispuesto a soportar malos entendidos
y engaños a fin de que su creación viese los resultados terribles de la
rebelión es un desarrollo magnífico en la comprensión del problema central en
el Gran Conflicto.[21]
El crecimiento de Elena de White en conocimiento respecto a
los deberes prácticos y a la paciencia de Dios para esperar que ella estuviese
lista para entender visiones que desplegarían verdades adicionales podría
demostrarse mediante los siguientes ejemplos. Durante años ella estuvo de
acuerdo con otros adventistas como José Bates que el sábado empieza y termina a
las 6:00 p.m. En noviembre de 1855 ella tuvo una visión que confirmaba el
estudio bíblico de Andrews sobre el sábado previo, que el sábado comienza y
termina a la puesta del sol.[22] En 1858 le
escribió a Stephen Haskell diciéndole que era inapropiado convertir la cuestión
del uso del cerdo
en un
motivo de discusión. Después de su visión en 1863 ella hizo claro que el cerdo
era ciertamente un artículo prohibido.[23]
Note que en ninguno de los dos casos Elena de White estaba
contradiciendo luz que le había sido dada en visión. A medida que pasaban los
años, ella crecía en conocimiento. De tanto en tanto, cuando Dios sabía que
ella
estaba
lista, las visiones confirmaban su estudio de la Biblia en forma tal que los
otros adventistas se sentían impresionados con su autoridad espiritual.
¿Qué
diremos del plagio?[24]
El abogado Vincent L. Ramik, de la firma legal de Diller,
Ramik y Wight, Washington, D.C., examinó el aspecto legal de la acusación que
Elena de White cayó en plagio. En su informe del 14 de agosto de 1981, después
de dedicar más de 300 horas a la investigación de 1.000 casos relevantes en la
historia legal de los Estados Unidos, llegó a la conclusión de que “Elena G. de
White no era una plagiaria y sus obras no constituyeron una violación [de las
leyes] de copyright/o de privacía”.[25]
Ramik observó: “En ninguna parte hemos encontrado que los
libros de Elena de White tengan virtualmente el ‘mismo plan y carácter’ que los
de sus predecesores. Ni hemos encontrado, ni sus críticos han hecho referencia
a ninguna
intención de Elena de White de sustituir… [a otros autores] en el mercado con
la misma clase de lectores y compradores”.
Al continuar con sus declaraciones, Ramik señaló que la Sra.
White “modificó, exaltó y mejoró” los escritos de otros en una manera ética
como también legal.[26]
Ramik llegó a sus conclusiones después de muchas horas de
leer los libros de Elena de White, así como también aquellos que fueron usados
en sus escritos. Además, leyó el material escrito por críticos, desde D. M.
Canright
hasta el presente. Comenzó su estudio con una mente llena de prejuicios, debido
a ciertos artículos de diarios de fines de la década de 1970 y comienzos de la
de 1980. Pero experimentó un cambio de 180 grados
después de
leer los libros de ella, los de los críticos y lo que dice la jurisprudencia:
“Fue la lectura de los mensajes que hay en sus escritos lo que cambió mi
opinión… Creo que los críticos se equivocaron grandemente al concentrarse en
los escritos de la Sra. White, en vez de concentrarse en los mensajes
que hay en los escritos de la Sra. White… ¡La Sra. White me conmovió! Soy
un católico romano; pero, sea católico, protestante o lo que sea, ella me
conmovió. Y creo que sus escritos debieran conmover a cualquiera, a menos que
esté permanentemente prejuiciado y no se deje persuadir”.[27]
Cuando se le preguntó qué quería decir por “mensaje”, Ramik
replicó: “El mensaje es lo que es crucial. El crítico lee una oración y no le encuentra
ningún significado; hasta puede sacarla de su contexto, y lo hace a menudo.
Pero lea
todo el mensaje. ¿Cuál es la intención del autor? ¿Qué dice realmente el autor?
De dónde vienen las palabras no es realmente tan importante. ¿Cuál es el
mensaje en esto? Si se hace caso omiso del mensaje, ni aun la
Biblia es
digna de ser leída, en ese sentido de la palabra”.[28]
En respuesta a una pregunta concerniente a la ética de la
Sra. White al usar materiales de otros sin declarar públicamente de dónde los obtuvo,
Ramik declaró, después de notar algunos procedimientos legales: “Elena de
White usó
los escritos de otros; pero en la manera en que los usó, los convirtió
singularmente en suyos, éticamente, como también legalmente. Y lo interesante
es que invariablemente mejoró aquello que ‘seleccionó’… Ella permaneció bien
dentro de los límites legales del ‘uso correcto’, y en todo momento creó algo
que era sustancialmente mucho
mejor (y
aun más hermoso) que la mera suma de las partes constitutivas. Y pienso que la
tragedia final es que los críticos no llegaron a ver esto”.[29]
Ramik encontró interesante y “absurdo” que, a veces, los
críticos acusaban a Elena de White de copiar de libros “que ella públicamente
instaba a sus lectores a conseguir… y leer… por ellos mismos”.[30]
Y sin embargo las preguntas persisten. ¿Ha quedado la
iglesia en silencio hasta recientemente respecto al uso de fuentes por parte de
Elena de White? ¿Ha tratado alguien de ocultar deliberadamente los hechos?
¿Habría sido mejor haber conocido esta información a lo largo de los años? ¿El
hecho de haber probado que Elena de White no violó las leyes del plagio deja
aclaradas todas las preguntas respecto a su integridad y autoridad como una
mensajera
usada divinamente?
Respecto al silencio o al ocultamiento de los hechos, los
registros muestran que a través de los años la iglesia ha tratado de comunicar
los hechos a su feligresía.[31] Sin embargo, por diversas razones, la
información no
se publicó
en forma efectiva o fue recibida con indiferencia. Como en muchas otras áreas,
siempre es más fácil mirar hacia atrás y acusar a otros que ayudar a resolver
las inquietudes presentes.
Sin embargo, el registro no guarda silencio. En el congreso
de la Asociación General de 1899 realizado en South Lancaster, Massachusetts,
A. T. Jones resumió así sus observaciones respecto al método de escribir
de Elena
de White: “Hay declaraciones que son verdaderas y que Dios ha inducido al
hombre a que las escribiese. El espíritu de profecía [según se ha manifestado
en Elena de White] selecciona esas gemas de verdad perfecta de entre el
contorno en el que no todo es cierto, y las coloca en el marco en donde todo es
verdad, de modo que pueden
resplandecer
en su verdadero brillo propio”.[32]
En el congreso de la Asociación General de 1913, W. C. White
habló claramente sobre muchos aspectos del ministerio de su madre como
escritora, incluyendo cómo fue escrito El Deseado de todas las gentes.[33]
W. C. White y Dores Robinson, que representaban al Centro
White, trataron de explicar lo que todos vemos más claramente hoy en día. En un
documento de 1933, “Brief Statements Regarding the Writings of Ellen G. White”
(Breves declaraciones respecto a los escritos de Elena G. de White), ellos
escribieron en cuanto a cómo el Señor le había aconsejado a la Sra. White que
buscase libros que proveyesen “gemas de verdad expresadas concisamente”.
Además, ella tenía “la seguridad divina que se la guiaría para distinguir lo
verdadero de lo falso”.
De hecho, dijeron cómo la Sra. White “no hizo ningún esfuerzo
para encubrir el hecho que había copiado declaraciones de otros escritores que
armonizaban exactamente con su propósito. Y en sus manuscritos escritos a mano,
la mayoría de los pasajes que habían sido copiados palabra por palabra, estaban
marcados entre comillas”. Luego reseñaron el proceso de impresión e hicieron la
siguiente observación: “Surgió la pregunta: ¿Cómo serán manejados estos
pasajes? Se requeriría mucho tiempo para estudiar cada pasaje y marcarlo en
forma consecuente. Los impresores esperaban el texto, y el público esperaba el
libro. Entonces se decidió excluir totalmente los signos de comillas. Y de esa manera se imprimió el libro”.[34] En la
actualidad nosotros le hubiéramos prestado más atención al uso de las comillas.[35]
Probablemente la falta de discusión entre los adventistas en
cuanto a la deuda de Elena de White respecto a ciertas fuentes literarias se
debió, en parte, a una falta de comprensión de cómo funcionaba la inspiración, tanto
en los escritores
bíblicos como en el ministerio de Elena de White. El concepto predominante
entre los cristianos conservadores del siglo XIX (como lo es entre muchos
cristianos conservadores modernos) era que los profetas eran inspirados
literalmente (inspiración verbal) y no en su pensamiento (inspiración del
pensamiento).[36] A la
mayoría de los ministros y miembros de iglesia probablemente nunca se les
ocurrió pensar de otra manera. Pero sólo un medio paso inconsciente separa la
inspiración verbal del error mayor de que la “inspiración” significa que no hay
una aportación humana, que el profeta habla sólo palabras “divinas”. Otra razón
fue que los primeros adventistas
vivían con
la profetisa. La oían hablar a menudo, seguían sus instrucciones en intervalos
claves en el establecimiento de la mayoría de las empresas denominacionales, y
recibían una gran bendición con sus “mensajes” contenidos
en sus
periódicos.
Impacto
del mensaje
Constantemente se profundizaba la confianza en el ministerio
de la Sra. White en aquellos que escuchaban con mentes y corazones abiertos. A
la mayoría jamás se le ocurrió que a veces había fuentes contemporáneas que
añadían fuerza literaria a sus escritos; el impacto de sus mensajes les era
demasiado irresistible como para pensar en la mecánica de cómo se redactaban a
veces los mensajes.
¿Pero qué ocurría con aquellos que, junto a W. C. White,
sabían cómo trabajaba el espíritu de profecía con la profetisa para encontrar
los vehículos verbales apropiados? Estos dirigentes, reconocemos que eran
pocos, sabían que la inspiración verbal sin la inclusión de la investigación
humana es una camisa de fuerza mental y espiritual.
Las cuestiones que surgieron en la Conferencia de Maestros
de Biblia de 1919 eran fundamentales, sin embargo, profundamente divisivas.[37] Los mismos
asuntos habían dividido a la iglesia cristiana durante siglos. La pregunta no
era si Elena de White tenía autoridad.
El problema surgió cuando los miembros de iglesia se dividieron en
cuanto a cómo entender sus mensajes cuando ella no estaba disponible para
explicar sus declaraciones, o cuando, a veces, eran “descubiertas” sus
fuentes literarias.
Los dirigentes de la iglesia en 1919 sabían que la mayoría
de los miembros de la iglesia, incluyendo a los ministros y a los maestros,
habían aprendido por experiencia a confiar en los mensajes de Elena de White,
aunque a veces esa confianza estaba fundada en una variación un tanto
inconsciente de la inspiración verbal. Sabiendo cuán divisivo era discutir este
tema aun entre los maestros de Biblia y los ministros, la mayoría de los
dirigentes vacilaban en presentarlo a toda la iglesia para su discusión. La
mayoría de ellos eligió el camino “práctico” de volcar sus energías en el
evangelismo y en el desarrollo institucional. Los frutos de la actividad
positiva eclipsaron la pregunta básica, aun más “práctica”, de cómo los
profetas componían su parte humana en el sistema de comunicación de Dios.
No se tenía la intención de engañar: la cuestión inmediata
era la unidad denominacional. La preocupación pastoral por la confianza
implícita que tenían los miembros de iglesia en los escritos de Elena de White
eclipsaba la bomba académica de tiempo que silenciosamente marcaba el tiempo
detrás de la vigorosa actividad evangelística.
¿Pero acaso la opción de ser pastorales y prácticos no
encaminó las circunstancias para que los dirigentes de la iglesia tuvieran que
hacer frente a la acusación potencial de “encubrimiento”? Al evitar una
discusión clara y saludable acerca de la manera como funciona la
revelación/inspiración, ¿no plantaron ellos la bomba de tiempo que estallaría
dentro de la Iglesia Adventista en una generación futura? Cuando por
generaciones no se hace claro que los profetas cambian con el crecimiento
personal, que los profetas usan otras fuentes para darles precisión y fuerza a
sus mensajes, las mentes rígidas experimentan un despertar aterrorizador cuando
se expone la verdad. La certeza edificada sobre palabras y no sobre el mensaje
central, comienza a desmoronarse.
La acusación de “encubrimiento” ha afectado a los miembros
de iglesia de dos maneras: (1) Algunos que eran ávidos defensores de su
profetisa se han sentido escandalizados al enterarse que Elena de White usaba
otras fuentes en sus mensajes. Fueron zarandeados porque no entendían el
proceso de la revelación/ inspiración. (2) Las personas que no estaban
comprometidas con los mensajes básicos de Elena de White han usado sus
“préstamos” como una “razón” más para desechar su autoridad. Esta actitud es
también el resultado de una comprensión errónea del proceso de la
evelación/inspiración. Siempre que alguien piense en términos de esto/o lo
otro, se comprenderán mal muchos otros temas además del proceso de inspiración,
y el eventual despertar será terrible.[38]
¿Qué sabemos, entonces, acerca del uso que hizo Elena de
White de fuentes literarias?
La Sra. White leía mucho, y enriquecía sus escritos con
pensamientos escogidos que procedían de sus lecturas más extensamente que lo
que muchos se imaginaban.
Para aquellos que piensan en términos de inspiración verbal,
el “plagio” se dirige al fundamento de su confianza en los escritos inspirados.
Para los partidarios de la inspiración del pensamiento, el “plagio” se
considera desde otros puntos de vista, tales como la intención, el uso
correcto, la calidad de la selectividad, y la originalidad final de la
contribución del autor.
El hecho de que Elena de White usó fuentes literarias es
evidente en casi todos sus libros.
Sus fuentes literarias enriquecieron todas las fases de su
trabajo como escritora, incluyendo detalles históricos y geográficos, conceptos
teológicos, y aun percepciones en asuntos extrabíblicos como las actividades de
Dios, de Satanás y de los ángeles.
Al promover los libros de D’Aubigné, y de Conybeare y
Howson, es obvio que Elena de White no intentó encubrir su uso de fuentes
literarias.
Elena de White usó fuentes literarias para ampliar sus temas
extraordinarios o para expresarlos más vigorosamente; ella era la dueña, no la
esclava, de sus fuentes.
En su uso de fuentes literarias, Elena de White reveló su
capacidad sobresaliente para seleccionar aquellos pensamientos que armonizaban
con sus principios teológicos al mismo tiempo que evitaba conceptos erróneos.
No copió en masa o sin discriminación. Lo que seleccionó o no seleccionó, y la
manera como alteró lo que seleccionó, revelan el propósito dominante que tenía
en sus extensas lecturas.
El propósito principal de la Sra. White en todos sus
escritos era presentar un cuadro correcto de Dios según se ve mediante
Jesu-cristo de modo que el camino de la salvación no sólo sea claro sino
atractivo. Todos sus
escritos
deben verse a la luz de su propósito primario.[39]
Los escritos posteriores de Elena de White, especialmente
cuando desarrolló la serie del Gran Conflicto, fueron más completos que sus
primeros escritos. Existen aparentes discrepancias, como las hay en la Biblia,
que revelan el toque humano, pero el propósito más amplio es siempre claro.
Incontables testigos declaran que en ningún caso alguien se
ha extraviado por seguir el consejo de Elena de White, cuando se lo entiende
debidamente. A veces algunos pueden cuestionar la fuerza del razonamiento que
respalda su consejo, pero el consejo siempre ha sido acertado.
Ni Marian Davis ni ningún otro ayudante literario fue
responsable de incluir material adaptado de las lecturas de Elena de White en
sus escritos.[40]
La
acusación de que la mayoría de los escritos de Elena de White, especialmente la
serie del Gran Conflicto, ha sido copiada de otros textos es falsa y sin
mérito.
Una persona no debiera perder su confianza en los escritores
bíblicos o en Elena de White porque no recibieron todas sus palabras
directamente de visiones. Esto puede resultar difícil para aquellos que
previamente habían pensado desde el punto de vista de la inspiración verbal o
que han tenido una comprensión más estrecha de la manera como Dios se comunica
con sus profetas.
Un profeta puede citar de una fuente no inspirada debido a
cierta idea que tiene un valor particular para enriquecer su mensaje. Sin
embargo, el propósito inspirado del pro-feta no lo protege contra un posible
error, como al citar equivocadamente una fecha histórica.
¿Cómo explicar
las negaciones de Elena de White?
En este libro hemos visto muchos ejemplos del elemento
humano en el sistema de comunicación de Dios, tanto en la Biblia como en los
escritos de Elena de White. También hemos visto unos pocos casos que no se
explican
fácilmente.
Algunos han señalado ciertas negativas de Elena de White en
cuanto a su uso de fuentes contemporáneas como ejemplos de duplicidad. Otros
examinan estos ejemplos dentro de su contexto y encuentran a la Sra. White
libre de todo engaño.[41]
Robert W. Olson, director del Centro White durante doce
años, resumió la esencia de estas negaciones al unirse a la conclusión de Fred
Veltman:[42] “Me parece
claro que Elena de White estaba preocupada por el peligro de quitarles su poder
a los mensajes debido a su dependencia de las habilidades de otros para
escribir… En mi opinión esta misma preocupación de Elena de White sobre la
recepción de sus escritos como mensajes del Señor fue básicamente lo que la
indujo a no revelar plenamente su dependencia de fuentes literarias”.[43]
Olson enumeró diez supuestas negativas, o no admisiones,
hechas ya sea por Jaime o por Elena de White, la mayoría de las cuales no
presentaban ningún problema cuando se las veía en su contexto.[44] Concluyó
su artículo
en estos
términos: “En mi opinión, ella no quería que sus lectores se distrajesen de su mensaje
por concentrarse en su método. Una atención indebida a cómo escribió
po-1. dría suscitar dudas innecesarias en algunas mentes en cuanto
a la autoridad de qué escribió. Si ésta es la explicación
correcta…, no permitamos que preguntas acerca de la
metodología
y de la inspiración nos aparten de las comunicaciones inspiradas que Dios nos
ha enviado”.[45]
Referencias
[1] Fred Veltman, “The Desire
of Ages Project”, p. 900. El Dr. Fred Veltman, un especialista en lenguas y
análisis de fuentes,
era
director del Departamento de Religión del Pacific Union College, Angwin,
California, cuando la Asociación General le pidió que investigase el uso de
Elena de White de fuentes literarias al escribir El Deseado de todas las
gentes. Este proyecto, que se extendió por un período de casi ocho años,
representó el equivalente de cinco años de trabajo de tiempo completo. Los
colegios y universidades adventistas de todo el mundo, como también los centros
de investigación del Centro White, han recibido copias del informe completo de
este estudio a fondo.
[2] Id., pp. 873-874, 940-941.
[3] Id.,
pp. 896, 912; Veltman, Ministry, octubre, 1990, p. 6; diciembre, 1990,
p. 14.
[4] Id., pp. 904,
944.
[5] Para un
ejemplo de una ocasión cuando ella usó el lenguaje de otros para expresar mejor
sus pensamientos al relatar sus
visiones,
compare las siguientes dos oraciones: Testimonies, t. 3, p. 141 (1872):
“Se me mostró que una causa importante del actual estado deplorable de las
cosas es que los padres no se sienten obligados a criar a sus hijos para que se
amolden a la ley física”. “Los padres están también bajo la obligación de
enseñar y obligar a sus hijos a amoldarse a las leyes físicas por su propio
bien”.—Larkin B. Coles, Philosopy of Health (Boston: Ticknor and Fields,
1855), p. 144. Ron Graybill, en su artículo, “The ‘I saw’ Parallels in Ellen
White’s Writings”, escribió: “Considere, primero de todo, lo que la Sra. White
quiso decir mediante la expresión
‘Yo vi’ y
‘Me fue mostrado’… Los términos significan que Elena de White, en visión, o
presenció visualmente lo que ella describió o se le explicó oralmente la
información. ‘Yo vi’ también puede significar que ella fue guiada por el
Espíritu Santo para entender que ciertos conceptos eran ciertos aun aparte de
una visión. En cualquier caso que sea, la expresión siempre significa que lo
que ella escribió fue escrito bajo la inspiración del Espíritu de Dios”.—Adventist
Review, 29 de julio, 1982.
[6] Mensajes
selectos, t. 3, p. 524. En una carta a sus hijos en 1885, Elena de White
escribió: “Díganle a Mary que me busque algunas historias de la Biblia que me
den el orden de los acontecimientos. Yo no tengo nada ni puedo encontrar nada
en la biblioteca aquí [Basilea, Suiza]”.—Id., p. 138
[7] Veltman, “Project”, p. 913.
[8] Id., p. 948.
[9] Id., p. 941. “Negar la deuda de ella… o subestimar la influencia de
ellos… no sería una evaluación justa de la evidencia…
Pero destacar
el préstamo literario hasta tal grado que las contribuciones especiales de
Elena de White como una autora y como una mensajera, por el contenido que ella
deseaba comunicar, sean severamente minimizadas o negadas, es también en mi
opinión una evaluación inexacta de la evidencia”.—Id., p. 933. Desde
1983, el Centro White ha mantenido un proyecto permanente para documentar
pasajes en los escritos de Elena de White conocidos por ser dependientes
verbalmente de una fuente previa que no es de Elena de White ni de la Biblia.
En el momento de escribirse este libro, he aquí los títulos con los porcentajes
más altos de préstamos conocidos. (En el estudio no se incluyó El Deseado de
todas las gentes porque este libro fue incluido en la investigación de
Veltman.)
Líneas
paralelas y porcentajes
El conflicto de los siglos (en citas),
3.241—15,11%
El conflicto de los siglos (no se da
crédito), 1.084—5,05%
Sketches From the Life of
Paul, 1.185—12,23%
El camino a Cristo, 196—6,23%
Los hechos de los apóstoles, 426—3,05%
Fe y obras, 73—2,97%
Testimonies, t. 5, 638—2,82%
Mensajes para los jóvenes, 282—2,67%
Patriarcas y profetas, 543—2,28%
Mensajes selectos, t. 1, 235—2,03%
Testimonies, t. 4, 395—1,88%
Profetas y reyes, 242—1,51%
Puede conseguirse un informe completo en el Centro White,
Silver Spring, MD, U.S.A.
[10] Mensajes
selectos, t. 3, p. 79.
[11] Ver pp. 16,
120, 173, 375-376, 421.
[12] El conflicto de los siglos, p. 8.
[13] Alden Thompson, “Ellen White’s
Pilgrimage to Golgotha”, Adventist Review, 24 de diciembre, 1981.
[14] Mar. 4:28;
Heb. 5:12-6:1.
[15] El conflicto de los siglos, pp. 736-737.
[16] Ver pp. 34, 282, 304, 311, 422.
[17] Ver pp. 445-450.
[18] Para el
punto de vista de un profeta en proceso de crecimiento, ver Alden Thompson,
“From Sinai to Golgotha, I-V”, Adventist Review, 3 de diciembre, 1981-31
de diciembre, 1981; para la reacción a esta serie y para leer la respuesta de
Thompson, ver Adventist Review, 1. o de julio, 1982. 19. Cristo
“siempre estuvo a la diestra del Padre”.—Patriarcas y profetas, p. 18.
“En Cristo hay vida original, que no pro-viene ni deriva de otra”.—El
Deseado de todas las gentes, p. 489.
[19] Cristo
“siempre estuvo a la diestra del Padre”.—Patriarcas y profetas, p. 18.
“En Cristo hay vida original, que no proviene
ni deriva
de otra”.—El Deseado de todas las gentes, p. 489.
[20] Compare las
declaraciones de la creencia adventista en 1872 y en 1980. En 1872: “Que hay un
Señor Jesucristo, el Hijo
del Padre
eterno”. En 1980: “El Hijo. Dios el Hijo eterno se encarnó en
Jesucristo”. “Fue mayormente a través de los escritos de Elena de White que
finalmente prevaleció el punto de vista trinitario”.—SDAE, t. 11,
“Christology”, pp. 352-354.
[21] El pasar de
la comprensión protestante limitada, convencional, del plan de salvación como
está representada en Spiritual
Gifts, t. 1,
pp. 22-28, a la visión más amplia descrita en Patriarcas y profetas, pp.
48-57, demostró las percepciones espirituales crecientes y más profundas que
Elena de White era capaz de expresar. Pueden encontrarse ideas más profundas en
los capítulos “Getsemaní” y “El Calvario” de El Deseado de todas las gentes.
Además, conceptos aun más útiles publicados en revistas completan el
continuo perfeccionamiento de ese antiguo bosquejo de la salvación aparecido en
1858; por ejemplo: “What Was Secured by the Death of Christ”, Signs of the
Times, 30 de diciembre, 1889; “God Made Manifest in Christ”, Signs of
the Times, 20 de enero, 1890; “Inexpressible Joy”, Signs of the Times,
22 de diciembre, 1914.
[22] Ver p. 156.
[23] Ver pp. 156-157.
[24] “El plagio
es un robo literario, o artístico o musical. Es arrogarse falsamente la
paternidad [de una obra determinada]; el acto erróneo de tomar el producto de
la mente de otro y presentarlo como propio… Plagio y usurpación no son la misma
cosa, aunque se superponen. El plagio cubre un campo más amplio; la usurpación
implica consecuencias más serias… No puede haber plagio sin que el ladrón se
las dé de originador; la usurpación puede ocurrir aun cuando se dé el debido
crédito de paternidad… “Sin embargo, cuando usted selecciona materiales existentes
de fuentes abiertas a todos, y los arregla y combina en una forma nueva,
ejercitando estudio y discriminación en el proceso, y produciendo algo nuevo,
usted tendrá derecho de proteger lo que ha creado con las leyes del copyright… “Primero,
no hay tal cosa como originalidad absoluta, depuradísima. Segundo, el plagio y la originalidad no son polos
opuestos, sino el anverso y reverso de la misma medalla. Tercero, la
originalidad —como se la entiende común-mente— no es necesariamente el sello
del talento o la insignia del genio”.—Alexander Lindey, Plagiarism and Originality
(New York: Harper & Brothers, publicadores, 1952), pp. 2, 5, 14.
[25] Adventist
Review, 17 de septiembre, 1981.
[26] Ibíd.
[27] “There Simply Is No Case”, Adventist Review, 17
de septiembre, 1981
[28] Ibíd.
[29] Ibíd.
[30] Ibíd. Dos años
antes de que fuese publicada la edición de El conflicto de los siglos de
1884, Elena de White escribió en
la revista
de la iglesia acerca de un libro que encontró útil al escribir: “Consiga algo
para leer durante estas largas noches de invierno. Para aquellos que lo pueden
obtener, History of the Reformation de D’Aubigné será tanto interesante
como provechoso. De este libro podemos obtener algún conocimiento de lo que ha
sido logrado en la gran obra de la Reforma”.— Review and Herald, 26 de
diciembre, 1882. Ella recomendó muy favorablemente otro libro que había leído
con provecho: “Considero The Life of St. Paul, de Conybeare y Howson,
como un libro de gran mérito, de utilidad singular para el estudioso ferviente
de la historia del Nuevo Testamento”.— Signs of the Times, 22 de
febrero, 1883.
[31] Ver pp.
118-119 por dos congresos de la Asociación General que reflejaron claramente, y
también imprimieron, la posición
oficial
respecto a aspectos de la inspiración de pensamiento de los escritos de Elena
de White.
[32] General
Conference Bulletin, 1899, p. 112.
[33] Ver pp.
450-451; General Conference Daily Bulletin, 1º de junio,
1913.
[34] W. C. White y D. E. Robinson,
“Brief Statements Regarding the Writings of Ellen G. White”, agosto, 1933, pp.
5, 10-11.
Puede obtenerse
una copia de este panfleto, incluido como un material extra en la Adventist
Review, 4 de junio, 1981, dirigiéndose al Centro White, Silver Spring, MD,
U.S.A.
[35] Pueden
citarse muchos ejemplos de escritores del siglo XIX que tomaron liberalmente material
“prestado” de otros sin darles crédito con signos de comillas. Parecía ser una
práctica común que indujo a W. W. Prescott a escribir en su introducción: “A
todas las citas en las notas tomadas del espíritu de profecía se les dio el
crédito debido [con indicación] de libro y página. Las otras citas han sido
seleccionadas de muchas fuentes, pero como no se las cita como una autoridad
sino que se las usa meramente para la expresión del pensamiento, no se les ha
dado crédito”.—The Doctrine of Christ (Washington, D.C.: Review and
Herald Publishing Association, 1920), p. 3. Aun uno de los críticos más severos
de Elena de White, D. M. Canright, copió frases y el título de su libro de 300
páginas, de 1878, The Bible From Heaven, del libro de 182 páginas, de
Moses Hull, de 1863, también llamado The Bible From Heaven. “Los
originales no son originales. Hay imitación, modelo y sugerencia, hasta los
mismos arcángeles, si conociéramos su historia. El primer libro tiraniza el
segundo. Lea a Tasso y pensará en Virgilio; lea a Virgilio y pensará en
Homero; y
Milton lo obliga a reflexionar en cuán estrechos son los límites de la
invención humana. El paraíso perdido nunca habría existido si no hubiera
sido por sus precursores; y si en la India o en Arabia encontramos un libro
fuera de nuestro horizonte de pensamiento y de tradiciones, pronto —mediante
nuevas investigaciones en su país natal— aprendemos a descubrir sus antecedentes
y su conexión latente pero real con nuestras Biblias”.—Ralph Waldo Emerson, Quotation
and Originality, Complete
Works (Londres:
George Rutledge & Sons, Ltd., 1883), t. 8, pp. 170-172, citado en Lindey, Plagiarism
and Originality, pp. 14-15.
[36] Ver el
Indice, entrada, “Inspiración verbal vs. de pensamiento”.
[37] Ver pp.
440-441 para ver la manera en que la Conferencia de Maestros de Biblia de 1919
consideró los problemas involucrados tanto en la inspiración verbal como en la
de pensamiento. El profundo abismo que había en ese tiempo entre hombres y
mujeres igualmente consagrados a Dios respecto a esas cuestiones fundamentales
ayuda a explicar por qué no se hizo más esfuerzo para educar a los adventistas en
forma general con respecto a la manera como el Espíritu ayudaba a los profetas
a construir sus mensajes.
[38] En
respuesta a aquellos que se sienten perturbados cuando se dan cuenta que Elena
de White usó material de otras fuentes,
Alden
Thompson escribió: “Es evidente que una suposición adicional está profundamente
enraizada en la mente de los creyentes conservadores: los profetas verdaderos
no cambian. Si entonces, en un momento de debilidad, uno descubre tanto las fuentes
como el cambio, casi inevitablemente siguen la desilusión y el
argumento del ‘encubrimiento’. “El argumento del ‘encubrimiento’ es claramente
lo que les resulta más difícil de manejar a los creyentes conservadores. Pero
yo estoy convencido que [la experiencia de tales creyentes] provee algunas de
las mejores evidencias en cuanto a por qué ha habido un ‘encubrimiento’
necesario y bien
intencionado
o, expresándolo de otra manera, por qué Elena de White y sus ayudantes
revelaron gradualmente —incluso a regañadientes— los métodos humanos por los
cuales operaba el profeta. Una revelación plena habría conducido a algunos a
llegar a la conclusión de que Dios “no existía en su programa’. “El
precedente bíblico de un ‘encubrimiento’ fue establecido por Cristo mismo: ‘Aún
tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar’ (Juan
16:12). Cada padre y maestro puede testificar sobre la verdad de esa declaración.
El conocimiento y el crecimiento sólo pueden venir gradualmente. Para aquellos
que se inclinan a pensar en términos rígidos de esto/o lo otro, cualquier
huella de humanidad es suficiente para despojar a la Palabra de sus credenciales
divinas. En una comunidad que tenía precisamente esas inclinaciones, Elena de
White destacó que su mensaje venía de Dios, no del hombre. Haber procedido de otro
modo habría sido una traición a su llamamiento. “Pero con el transcurso del
tiempo, tanto ella como la comunidad llegaron a un punto en el que era posible
comprender más del elemento humano sin negar el divino”.— “The Imperfect Speech of Inspiration”, Spectrum,
junio,1982.
[39] “La Hna.
White no es la originadora de estos libros. Ellos contienen la instrucción que
durante el período de su vida
Dios le ha
estado dando. Contienen la luz precisa y consoladora que Dios ha concedido
generosamente a su sierva para ser dada al mundo. De sus páginas, esta luz ha
de brillar iluminando los corazones de los hombres y mujeres, y conduciéndolos al
Salvador”.—El ministerio de publicaciones (Miami, FL: Asociación
Publicadora Interamericana, 1997), p. 393.
[40] Ver pp. 116-117.
[41] “Elena de
White no trató de engañar a nadie. Los pensamientos, los hechos y las verdades
escritas por una persona pueden ser usados por otra sin caer en plagio. Ella
hizo aplicaciones originales de material más antiguo, a la vez que se proveía
de pensamientos y palabras de otros libros. Difícilmente pueda ser reprochada como
una plagiaria, no más que el arquitecto o el escultor puede ser censurado como
un plagiario de Christopher Wren o de Miguel Angel porque extrae su mármol de
la misma cantera, escuadra sus piedras mediante el mismo arte, y las une en
columnas del mismo orden. La libertad de adoptar y adaptar constituye la propiedad
común de los eruditos de todo el mundo. Usar los argumentos y seguir las
verdades de otros escritores de ninguna manera es incompatible con la
originalidad. En realidad, la originalidad absoluta es casi imposible. “No se
puede lanzar una objeción válida contra Elena de White cuando ella amplía y
aclara sus propias ideas a la luz de las obras de otros hombres. Para
establecer la acusación de plagio, uno debe probar un intento deliberado de
usar la obra de otra persona para exaltarse uno mismo en vez de buscar la
gloria de Dios. Todo el propósito de ella fue la comunicación de la verdad,
creyendo que cualquiera que fuera la fuente, la verdad debe ser exaltada y
Dios, glorificado”.— Edward Heppenstall,
“The Inspired Witness of Ellen White”, Adventist Review, 7 de mayo,
1987. “Las declaraciones de Elena de White acerca de sus fuentes tomadas como
un todo afirman claramente una fuente divina y a veces dan la impresión de que
no concederían ningún préstamo literario… Esta situación, creo, surge del
hecho que
el concepto de inspiración sostenido por la Sra. White y sus contemporáneos le
presentaba una elección rígida
y demasiado
simplificada… La elección era esta: o sus escritos eran todos de Dios o eran
todos de Satanás, y, dadas estas dos opciones, la Sra. White decidió afirmar,
honesta y justificablemente, que sus escritos eran todos de Dios. Sin embargo,
si bien es cierto que sus escritos tomados en forma global son todos de Dios,
se encuentran en ellos elementos que le llegaron a través de fuentes humanas
bajo la dirección del Espíritu de Dios, una situación muy similar a la observada
en la Escritura. Por lo tanto, las declaraciones de la Sra. White acerca de sus
escritos no eran deshonestas o engañosas, sino que eran incompletas en ese
respecto. Ella simplemente no elaboró acerca de los mecanismos de la inspiración”.—
Ron Graybill, un manuscrito inédito, “Literary
Work”, noviembre, 1981, pp. 22-23.
[42] Ver pp. 456-457 por
comentarios sobre el Full Report of the Life of Christ Research Project, 1988,
de Fred Veltman.
[43] Robert W. Olson, “Ellen White’s Denials”, Ministry,
febrero,1991.
[44] Ibíd.
[45] Ibíd.