Capítulo
39
Comprendiendo cómo fueron escritos los libros
“Mis
palabras parecen inadecuadas. Pierdo toda esperanza de describir adecuadamente
la verdad que Dios me ha dado a conocer acerca de su gran redención, la cual ha
exigido la total atención divina consagrada al Hijo unigénito del Infinito. Las
verdades que han de permanecer durante el tiempo y la eternidad, el gran plan
de redención, que cuesta mucho y es para la salvación de la raza humana, que
presenta delante de los hombres una vida que se mide con la vida de Dios: estas
verdades son demasiado grandiosas, profundas y santas para que las palabras
humanas o la pluma humana pueda expresarlas adecuadamente”.[1]
La producción literaria de Elena de White alcanza un total
aproximado de 25 millones de palabras ó 100.000 páginas impresas, incluyendo
cartas, diarios, artículos para revistas y libros.[2]
Sus hábitos como escritora, comenzando en su adolescencia,
fueron examinados en las páginas 108 a 120. Ella se valía de ayudantes
editoriales, una práctica empleada por escritores bíblicos,[3] y, al
igual que éstos, escribía
dentro del
contexto histórico, social y religioso de su tiempo. Escribió con un estilo
típico del siglo XIX, no de los tiempos modernos.[4]
Sus extensos hábitos de lectura le ayudaron a desarrollar
los amplios principios conceptuales que ella creía que Dios quería comunicar.[5] A la hora
de su muerte en 1915, su biblioteca personal y de sus empleados de
oficina
consistía de aproximadamente unos 1.400 ejemplares, los que incluían más de 500
títulos que le fueron vendidos en 1913 por uno de sus empleados.[6]
Especialmente después de 1881, Elena de White mantuvo una
producción constante de cartas, sermones, artículos para revistas y libros.
Estos materiales a menudo se volvían a usar en nuevos formatos. Los sermones se
convertían
en artículos de revistas, y estos artículos, una vez reorganizados y
suplementados con material nuevo, proveían el material que servía para preparar
libros.
Al examinar la preparación de El camino a Cristo, El
Deseado de todas las gentes y El conflicto de los siglos,
observaremos un patrón en cuanto a cómo eran usualmente preparados los libros
de Elena de White.
La
preparación de El camino a Cristo
Usualmente impreso en una edición de 128 páginas, este libro
nacido en 1892 fue publicado primeramente por un editor no denominacional [7] con la
esperanza de que pudiera venderse extensamente en las librerías de los Estados
Unidos. Fue un éxito instantáneo. Al cabo de seis semanas de su impresión inicial,
se había publicado una tercera reimpresión, y en el transcurso del
primer año, el libro había tenido siete reimpresiones. [8] Poco
después de la tirada inicial, el editor imprimió la siguiente propaganda: “No
es frecuente que un editor tenga la oportunidad de anunciar una tercera edición
de una obra nueva dentro de las seis semanas de la primera tirada. Sin
embargo, este es el hecho animador en relación con la obra práctica y
eminentemente útil de la Sra. E. G. de White, El camino a Cristo. Si
usted llega a leer este libro, con toda seguridad esto hará que se interese
profundamente en extender su circulación. El camino a Cristo es una obra
para guiar a la persona de mente inquisitiva, para inspirar al cristiano novato
y para ayudar y alentar al creyente maduro. El libro es único por su utilidad”.[9]
Actualmente este clásico religioso ha sido publicado en más
de 135 idiomas y ha alcanzado una circulación mundial de decenas de millones de
ejemplares.
En el verano de 1890 se publicó Patriarcas y profetas,
el primer tomo de lo que finalmente se llamaría la serie del Gran
Conflicto. Dos años antes se había
publicado la edición revisada y ampliada de El conflicto de los siglos (eventualmente
el quinto y último tomo de la serie del Conflicto). Se había comenzado a
trabajar con “La Vida de Cristo”, que llegó a ser El Deseado de todas las
gentes (el tercero en la serie del Conflicto). Además de eso, semana tras
semana Elena de White y sus ayudantes preparaban artículos para la Review
and Herald, Signs of the Times y Youth’s Instructor.
Para ese
entonces llegó un pedido de libros más pequeños que pudieran venderse en
librerías o que los evangelistas pudieran distribuir en sus reuniones públicas.
Especialmente se necesitaba literatura sobre el tema de la conversión.[10] Elena de
White sabía que este era el momento de presentar en forma de libro uno de sus
temas favoritos. Ella había hablado y escrito a menudo, en términos sencillos y
claros, acerca de los pasos que deben dar los pecadores a fin de encontrar su
camino a Cristo. Se le asignó a Marian Davis (“mi compaginadora de libros”[11] ) la tarea
de seleccionar de los diarios, manuscritos (publicados y no publicados),
artículos de revistas y libros previos de la Sra. White aquellos materiales que
conformarían los capítulos propuestos. Con el material ante sí, la Sra. White
percibía a menudo que se necesitaba más texto para completar el pensamiento de
cada capítulo. Para suplir esta necesidad y proveer las transiciones
necesarias, ella componía texto adicional.
Marian Davis reunió el material y lo organizó (una tarea no
pequeña) pero no escribió el texto. Elena de White escribía sus libros y
supervisaba su organización. El trabajo avanzó lentamente debido a todos sus
otros compromisos como escritora y
oradora. En 1891 el manuscrito de este libro fue presentado en una convención
de pastores y maestros en Harbor Heights, Michigan, donde se lo leyó con gran
entusiasmo. En esa reunión se decidió que el libro se llamaría Steps to
Christ (El camino a Cristo). Además, se sugirió enfáticamente que fuese
publicado por una casa publicadora no denominacional para alcanzar una
circulación más amplia en las librerías populares, una propuesta que Fleming H.
Revell aceptó gustosamente.
En 1896 la Review and Herald Publishing Association compró
de Revell los derechos de autor. Después que los derechos de autor fueron
transferidos a Elena de White en 1908, ella inmediatamente le asignó a la
Asociación
General
todos los derechos en todos los idiomas fuera del inglés. Con excepción de la
Biblia, El camino a Cristo ha sido traducido e impreso en más idiomas y
en mayor número que cualquier otro libro en la historia.
Las primeras ediciones no contenían el actual primer
capítulo, “Amor Supremo”. Pero después de escribir el Manuscrito 41, en 1892,
Elena de White consintió rápidamente en que el mismo proveyese un comienzo
apropiado para el libro que ya era un éxito de librería.
Un examen rápido del libro revela que contiene porciones de
materiales publicados anteriormente, extraídos de Patriarcas y profetas,
de varios tomos de los Testimonies, de la Review and Herald y de Signs
of the Times.[12] En sus
extensas lecturas, Elena de White había descubierto percepciones y fraseologías
de otros autores que le ayudaban a explicar mejor los pensamientos profundos
que deseaba transmitir. Obviamente ella sintió que su libro se fortalecería al
incluir ciertas expresiones de estos escritores.[13]
A lo largo de los años algunos críticos han hecho circular
el reclamo de que Fannie Bolton (uno de los ayudantes literarios de Elena de
White durante unos pocos años[14] ) había
escrito El camino a Cristo “en su totalidad”. [15] Esta
aseveración se ha mantenido viva a través de varios medios.[16] Por
supuesto que era imposible que los materiales escritos por Elena de White antes
de 1890, pudiesen haber sido escritos por la Srta. Bolton,
pero a
través de los años los críticos han pasado por alto este hecho básico.
La visión de dos horas que la Sra. White tuvo en Lovett’s
Grove, Ohio, a mediados de marzo de 1858, llegó a ser conocida como la “visión
del Gran Conflicto”.[17] En 1860
ella declaró que esta visión repetía y ampliaba lo
que se le
había mostrado diez años antes y que se la había instruido que escribiese la
visión en pleno.[18]
El bosquejo amplio de esta visión se convirtió en el primer
tomo de Spirituals Gifts (Dones espirituales) (1858).[19] Aunque
otros han escrito sobre el tema general de la “controversia” entre el bien y el
mal, ningún otro
escritor
ha revelado las dimensiones cósmicas y las consecuencias eternas del conflicto
entre Cristo y Satanás como lo ha hecho Elena de White.[20] El tema
del Gran Conflicto presenta una filosofía única de la historia como también un
marco teológico distintivo de la doctrina cristiana.[21]
Además del panorama de la visión, se le advirtió a Elena de
White que “Satanás haría fuertes esfuerzos para estorbarme, pero que los
ángeles de Dios no me abandonarían en el conflicto”.[22] Pronto
descubrió qué quería decir esa advertencia. Antes que los White llegasen a su
casa en Battle Creek ella sufrió de parálisis de su brazo y pierna izquierdos y
no podía hablar. Durante semanas no podía sentir ninguna sensación en su mano,
y ni siquiera el agua fría que se derramase en su cabeza. Cuando trataba de
caminar, a menudo se caía. En esta condición comenzó a escribir la visión que
por último llegó a ser el libro conocido como El conflicto de los siglos.[23]
Tres meses más tarde supo por una visión qué había estado
detrás de este violento ataque físico: “Satanás había planeado quitarme la vida
para obstruir el trabajo que yo estaba por escribir; pero ángeles de Dios
fueron
enviados
en mi rescate… Vi, entre otras cosas, que sería bendecida con una salud mejor
que la tenía antes del ataque en Jackson”. [24]
Durante una reunión general de miembros de iglesia del 21 al
24 de mayo de 1858, Elena de White relató algunos de los eventos que había
visto en esa visión y que ahora estaba poniendo por escrito. Un día el grupo de
400
personas
estaba subyugado con los “hechos sorprendentes y las vívidas descripciones”.
Cuando ella reseñó la humillación y el sufrimiento de Jesús, el auditorio
estaba visiblemente conmovido, incluso había quienes sollozaban
audiblemente.
La concurrencia luego respondió con una reunión espontánea de testimonios.[25]
En septiembre de 1858, esta primera narración de la visión
—que luego experimentó varias revisiones y expansiones— fue publicada bajo el
título, The Great Controversy Between Christ and His Angels, And Satan
and His
Angeles (El gran conflicto entre Cristo y sus ángeles, y Satanás y sus
ángeles).En 1864 apareció la primera expansión de este tema como
“Hechos importantes de fe en conexión con la historia de hombres santos de la
antigüedad” en Spiritual Gifts (Dones espirituales), tomo 3, y en la
primera mitad de Spiritual Gifts (Dones espirituales), tomo 4. Esta
impresión presentó el desarrollo de eventos desde la creación hasta la
ascensión de Cristo.
La edición
de El conflicto de los siglos de 1884
A medida que pasaban los años y las visiones impartían mayor
luz sobre estas grandes escenas, Elena de White creyó que era tiempo de
expandir sus presentaciones anteriores del gran conflicto. En las décadas de
1870 y 1880 ella delineó una serie de cuatro tomos bajo el título general de Spirit
of Prophecy (Espíritu de profecía), y como subtítulo, The Great
Controversy (El gran conflicto), con un subtítulo adicional para cada uno
de los cuatro libros.[26] El tomo 1
fue ampliado y llegó a ser Patriarcas y profetas (1890); el tomo 2, los
primeros 62 capítulos de El Deseado de todas las gentes; el tomo 3, la
última parte de El Deseado de todas las gentes (1898) y Los hechos de
los apóstoles (1911)); y el tomo 4, El gran conflicto entre Cristo y
Satanás (1888).
El cuarto tomo de Spirit of Prophecy (Espíritu de
profecía), publicado en 1884, introdujo una nueva fase en el ministerio
escrito de Elena de White. Comenzando con la destrucción de Jerusalén, ella
continuó con el período histórico a través del siglo XIX y en el futuro,
terminando con el establecimiento de la Tierra Nueva después de la destrucción
del mal. W. C. White notó que la contribución de su madre a la revisión de 1884
de El conflicto de los siglos no fue sólo en el trabajo de revisión. He
aquí sus recuerdos: “Varias veces pensamos que el manuscrito
del libro
estaba ya listo para que trabajara el impresor, y entonces una visión de algún detalle
importante del conflicto le era repetido, y mi madre solía escribir de nuevo
sobre el tema, presentando la descripción en forma más completa y clara. Así,
la publicación se demoró, y el libro aumentó en tamaño”.[27]
La Sra. White escribió sobre historia, pero no como una
historiadora. En su introducción a la edición de 1888 de El conflicto de los
siglos, ella dijo que había tratado de “escoger y reunir acontecimientos de
la historia de la iglesia en forma que quedara bosquejado el desarrollo de las
grandes verdades [probatorias] que en diversas épocas han sido dadas al mundo”.
Como una hábil autora, declaró el propósito del libro:
“Desarrollar las escenas de la gran lucha entre la verdad y el error; descubrir
las tretas de Satanás y los medios de resistirle con éxito; presentar una
solución satisfactoria del gran problema del mal, derramando luz sobre el
origen y el fin del pecado en forma tal que la justicia y benevolencia de Dios
en sus relaciones con sus criaturas queden plenamente manifiestas; y hacer
patente el carácter sagrado e inmutable de su ley: tal es el objeto de esta
obra”.[28]
Donald R. McAdams, historiador adventista y administrador de
colegio, después de examinar cuidadosamente ciertas secciones de las diversas
ediciones de El conflicto de los siglos, llegó a la conclusión de que
Elena de White “prestaba atención predominante a sus propios días y a los
eventos del futuro”, y que alrededor de un cuarenta por
ciento era
histórico.[29] Su
investigación reforzó el propósito de la Sra. White al escribir El conflicto
de los siglos (y en términos generales, la serie del Gran Conflicto), el
cual “no fue concebido o desarrollado primariamente como una historia… sino más
bien como un libro que identifica las fuerzas espirituales que actúan en la
historia… Debemos
tomar El
conflicto de los siglos por lo que es y por lo que tenía la intención de
ser, no un libro simplemente para informarnos en cuanto al pasado, no un libro
diseñado para ser una autoridad sobre los detalles objetivos concernientes a
las actividades de los reformadores, sino un libro escrito para colocar el Gran
Conflicto en su debida perspectiva”.[30]
Aunque los cuatro tomos fueron escritos primariamente para
adventistas, pronto los miembros de iglesia comenzaron a prestarlos a sus
vecinos; algunos comenzaron a venderlos al público en general. La respuesta
fue
notable. Publicados simultáneamente en octubre de 1884 por la Pacific Press y
la Review and Herald en ediciones de 5.000 copias en cada casa publicadora, la
primera tirada en la costa oeste se agotó antes de la
terminación
del año. En un lapso de tres años se habían distribuido 50.000 copias del tomo
4. [31] La edición
de 1884 se convirtió en el primer libro de colportaje de Elena de White en el
año 1885.
Esta
recepción que el público en general le dio a los libros constituyó un nuevo día
para las publicaciones adventistas. También impulsó a Elena de White y a sus
colegas a acariciar nuevas ideas en cuanto a sus libros, especialmente aquellos
que formaban la serie de Spirit of Prophecy (Espíritu de profecía). En
1887 C. H. Jones, gerente de la Pacific Press, les informó a la Sra. White y a
su hijo William, mientras se encontraban en Europa, que después de muchas
impresiones se necesitaban nuevas planchas.[32]
Ahora era el momento de examinar el libro a la luz de su
atractivo para el público en general. Elena de White comprendió que la edición de
1884 de El conflicto de los siglos incluía términos y parte de su
contenido que solamente los adventistas de Norteamérica en-tenderían completamente.
También, mientras se hallaba en Europa de 1885 a 1887, su mente se había
ampliado con ideas nuevas sobre la historia de la Reforma mientras visitaba
diversos lugares en Italia, Suiza, Alemania, Francia, Inglaterra y los países
escandinavos.[33]
Otro aspecto que ayudaría en la revisión sería usar términos
que pudiesen traducirse fácilmente a otros idiomas. Mientras estuvieron en
Basilea, Suiza, los White trabajaron estrechamente con quienes traducían El
conflicto de los siglos al francés y al alemán. Descubrieron que muchas
frases de uso común en inglés eran difíciles de traducir. En una carta a C. H.
Jones, W. C. White escribió: “Mi madre ha prestado atención a todos esos puntos
y ha pensado que el libro debiera corregirse y ampliarse, para que sea del mayor
bien posible al gran número de… lectores a quienes se lo está ofreciendo ahora.
Y ella ha asumido la tarea con una energía notable a fin de completar algunas
partes que son más bien demasiado breves”.[34]
Respondiendo a esos pedidos, especialmente al que solicitaba
más páginas dedicadas a Juan Huss y a Jerónimo, la Sra. White preparó
apresuradamente un manuscrito de 89 páginas dedicadas a estos dos nobles
reformadores,
utilizando mucho material de History of Protestantism (Historia del protestantismo)
de Wylie para los detalles históricos. Antes de partir para su última
visita a los países escandinavos, dejó el manuscrito con Marian Davis para que
lo editase.
Al hablar más tarde de la preparación que hizo su madre de
esos capítulos sobre los eventos de la Reforma, W. C. White escribió: “Cuando
llegamos a los capítulos que se relacionan con la Reforma en Alemania y en Francia,
los traductores comentaban sobre la forma apropiada de elegir los
acontecimientos históricos que la Hna. White había seleccionado, y en dos casos
[que] yo recuerdo, ocurría que había otros sucesos de una importancia similar
que ella no había mencionado.
“Cuando esto se
presentaba a su atención, ella solicitaba que el asunto le fuera presentado para
que pudiera considerar la importancia de los sucesos que habían sido mencionados. La lectura de historia refrescaba en su
mente lo que ella había visto, después de lo cual redactaba una descripción del
acontecimiento”.[35]
Se concedió especial atención a asuntos que Elena de White
pensó que debían eliminarse de la edición revisada de El conflicto de los
siglos o que debían reimprimirse en otra parte. En 1911, al dar un informe
al concilio
de la
Asociación General, W. C. White explicó que su madre siempre había tenido mucho
cuidado al seleccionar y adaptar el material para que se adecuase a sus
diversos tipos de público. Cuando llegó la hora de publicar libros para el
público en general, creía que “debía ejercerse mucha prudencia al seleccionar lo
más adecuado para las necesidades de aquellos que leerán el libro”.
Por lo tanto, cuando se estaba puliendo El conflicto de
los siglos de 1884 para llegar a las diversas clases de personas en los
Estados Unidos y en otros países, se eliminaron unas veinte páginas de material
que eran “muy instructivas para los adventistas de los Estados Unidos, pero…
que no eran apropiadas para lectores de otras partes del mundo”.[36]
Uno de esos materiales era la primera parte del capítulo
“Las Asechanzas del Enemigo”, donde Elena de White describía la escena en que
veía a Satanás realizando un concilio con sus ángeles sobre cómo engañar al
pueblo de
Dios. Este material fue colocado más tarde en Testimonios para los
ministros.[37]
Por qué
fueron eliminados algunos materiales
Se excluyeron algunas referencias a otras iglesias porque
Elena de White sentía que “era probable que los pastores de iglesias populares que
leyeran tales declaraciones se enfadaran y lucharan en contra de la circulación
del libro”.[38]
Se omitieron las frecuentes referencias a “Yo vi”, “Me fue
mostrado”, etc., principalmente porque el público en general, desconocedor del
llamamiento divino de la autora, se distraería del mensaje del libro.
La Sra. White escribió la “Introducción” a la edición de
1888 en mayo de dicho año, después que hubo regresado de Europa en 1887. En
ella explicó el propósito distintivo del libro y por qué citaba declaraciones
de historiadores y de otros autores. Además informaba a sus lectores que
también incluía material perteneciente a aquellos que “siguen adelante con la
obra de reforma en nuestro tiempo”, con lo que sin duda se refería especialmente
a J. N. Andrews, Uriah Smith y a su esposo, Jaime White.[39]
Al preparar la edición revisada de 1888, ella usó materiales
adicionales de J. H. Merle D’Aubigné, J. A. Wylie y otros para cumplir su
propósito de rastrear “el descubrimiento de las grandes verdades probatorias”
durante la Reforma protestante. En atención a la precisión y la conveniencia,
algunos de dichos materiales fueron citados textualmente, otros fueron
parafraseados, y a otros ella los resumió en sus propias palabras para proveer
el marco de fondo. A veces se usó este trasfondo histórico sin dar un crédito
específico, aunque el material estaba marcado entre comillas.
W. C. White recordó cómo su madre coordinaba la inspiración
divina con las fuentes históricas: “Los grandes acontecimientos ocurridos en la
vida de nuestro Señor le fueron presentados [a la Sra. White] en escenas
panorámicas,
así como también las otras porciones de El gran conflicto. En unas pocas
de estas escenas se le presentó claramente la cronología y la geografía; pero
en la mayor parte de la revelación, las escenas instantáneas, que eran
excesivamente vívidas, y las conversaciones y controversias que ella escuchó y
que le fue posible narrar, no estaba dentro del punto de vista geográfico o cronológico,
y fue dejada para que estudiara la Biblia y la historia, y los escritos de hombres
que habían presentado la vida de nuestro Señor, para que obtuviera la conexión cronológica
y geográfica”.[40]
W. C. White declaró además que Elena de White no afirmó ser
una “norma” por la cual debía medirse a todos los demás historiadores. Su
propósito al citar a historiadores “no era hacer una nueva historia, ni
corregir errores
en la
historia, sino usar ilustraciones valiosas a fin de aclarar verdades espirituales
importantes”.[41]
La edición
de El conflicto de los siglos de 1911
Con la esperanza de atraer al público en general, la edición
de 1888 incluía 26 ilustraciones de página entera y 26 páginas dedicadas a
notas generales y biográficas.[42]
Después de veinte años de constantes reimpresiones, las
planchas del libro en ambas casas publicadoras estaban sumamente gastadas. La
experiencia en la venta de libros al público en general sugería que debía
reilustrarse
el libro. Se otorgó consideración adicional a las citas históricas y a un
apéndice con las referencias que se usaron.
Cuando Elena de White estudió las sugerencias, respondió
prontamente, como lo recordó después de recibir su ejemplar de la edición
revisada de 1911: “Cuando me enteré que debía componerse nuevamente El conflicto
de los siglos, decidí que debíamos examinar todo cuidadosamente, para ver
si las verdades que contenía estaban expresadas en la mejor manera posible, a
fin de convencer a aquellos que no son de nuestra fe que el Señor
me había
guiado y sostenido al escribir sus páginas”.[43]
Pero la idea de “revisar” la obra de un profeta suscitó
muchas preguntas entre los adventistas, tanto ministros como laicos. Gran parte
de la inquietud surgió debido a una comprensión poco clara de cómo Dios se comunica
mediante
sus profetas.[44] El hecho
de que Elena de White trabajó minuciosamente con las revisiones ayudó a aclarar
el problema.[45]
El 24 de julio de 1911, W. C. White escribió una carta a los
gerentes de las dos casas publicadoras y a los dirigentes de la obra de publicaciones
en la que reseñó las mejoras de la edición de El conflicto de los siglos de
1911
(algunas de las cuales fueron mencionadas antes).[46] Entre las
modificaciones están las siguientes: la mejora en cuanto a las referencias
históricas, especialmente al agregar más fuentes históricas modernas que tenían
mayor fuerza; la armonización de la ortografía, la puntuación, etc., con la de
los otros cuatro tomos de la serie del Conflicto; el ajustar levemente las
referencias temporales en vista del transcurso del tiempo; la modificación de
algunas frases (tales como el cambio de la palabra “Romish” por “Romano”
o “Católico romano”) para no ofender; la modificación
de algunas
frases en atención a la precisión (tales como “divinidad de Cristo” a “deidad
de Cristo”, “tolerancia religiosa” a “libertad religiosa”); el surgimiento y la
caída del papado en 538 d.C. y 1798 cambió a “supremacía” y “decadencia” (en
vez de su “establecimiento” y “abolición”), modificando levemente algunos
pasajes que los católicos
romanos habían
disputado fuertemente, aludiendo a referencias que son fácilmente accesibles a
todos.[47]
Elena de White quedó satisfecha con su ejemplar de la
edición revisada de El conflicto de los siglos de 1911. En una
carta a F. M. Wilcox, director de la revista de la iglesia, ella escribió:
“Mientras escribía el manuscrito
de El
conflicto de los siglos, estaba a menudo consciente de la presencia de los
ángeles de Dios. Y muchas veces las escenas sobre las que estaba escribiendo me
eran presentadas de nuevo en visiones de la noche, de modo que estaban frescas
y vívidas en mi mente… He examinado cuidadosamente estos cambios y los he
aprobado. Estoy agradecida de que se me ha conservado la vida, y que tengo
claridad de mente para éste y otros trabajos literarios”.[48]
Uno de los aspectos secundarios interesantes de estas
revisiones de El conflicto de los siglos tuvo que ver con su uso
inapropiado cuando se lo empleaba como la autoridad final en detalles
históricos. W. C. White escribió
en 1912
que al relacionarse con el público en general, los adventistas debieran usar “referencias
y citas de los historiadores que serán aceptados por los lectores como autoridad”.
En otras palabras, no debiéramos usar publicaciones denominacionales como autoridad
cuando tratamos con personas fuera de la iglesia; ése sería “un procedimiento
muy pobre”.[49]
Es útil señalar que el capítulo 13 de la edición en español
de El conflicto de los siglos, titulado “El Despertar de España”, fue
compilado por C. C. Crisler y H. H. Hall, y se insertó en el libro con la
aprobación de la autora.
Con excepción de la Biblia, y tal vez El camino a Cristo,
este libro ha llegado a ser la fuente favorita de alimento espiritual para centenares
de miles, quizás millones de seres humanos. Incontables personas han descubierto
en El Deseado de todas las gentes un mensaje auténtico que los ha
impulsado a leer otros escritos de Elena de White. Muchos miles han testificado
que la lectura de este libro los guió a establecer una relación de salvación
con Jesucristo. Por estas razones, este libro ha sido usado extensamente para proclamar
las buenas nuevas de Jesús a los jóvenes y a la gente que no pertenece a la iglesia.
El interés de Elena de White en escribir sobre la vida de
Cristo comenzó formalmente después de su visión de Lovett’s Grove, Ohio, en
1858. [50] Esta
“Visión del Gran Conflicto” fue primeramente registrada por escrito en Spiritual
Gifts (Dones espirituales), tomo 1, con más de cincuenta páginas dedicadas a
la vida de Cristo.
En 1876-1877 se publicó una narración ampliada de esta
visión medular como parte de la serie en cuatro tomos, titulada Spirit of Prophecy
(Espíritu de profecía). En los tomos 2 y 3 se dedicaron más de 640 páginas
a la vida de Cristo.
Durante la década de 1890 este material fue expandido en
tres libros: El Deseado de todas las gentes, El discurso maestro de Jesucristo
y Palabras de vida del gran Maestro.
Necesidad de ayuda editorial. Como ya se
mencionó en la página 109, Elena de White utilizó ayuda editorial por varias
razones: (1) los asistentes le ayudaban a mantener un ministerio exigente como
oradora y escritora; (2) los ayudantes se desempeñaban como sus revisores de
manuscritos;[51] a unos
pocos bien seleccionados, tales como Marian Davis, se les confiaba la tarea de
formar u organizar un libro: en este caso, el desafío de reunir todo lo que
Elena de White había escrito anteriormente sobre todos los aspectos de la vida
de Cristo.[52]
Necesidad de enriquecer las percepciones de origen divino. Elena de
White era una “gran lectora”,[53] un hábito
que le ayudó a rellenar su amplio armazón conceptual del amor de Dios y su plan
para la salvación de los seres humanos. Este enriquecimiento le ha añadido fuerza
descriptiva a El Deseado de todas las gentes.
En su introducción a El conflicto de los siglos (publicado
diez años antes de El Deseado de todas las gentes), ella escribió que había
empleado los pensamientos de otros, y a veces las palabras, porque sus
declaraciones
“resumían
adecuadamente el asunto”. Declaró francamente que a menudo no se daba “un
crédito específico” a un autor porque ella no estaba citando “a esos escritores
como autoridades”. En otras palabras, su uso de los escritos de otros no era
para concentrarse en esos escritos como una autoridad, para probar un
argumento. Los usaba para transmitir mejor su principal objetivo al escribir:
“rastrear el desarrollo de las grandes verdades probatorias”, pasadas y presentes,
y proyectar luz sobre “el conflicto que nos espera”, todo dentro del contexto
del “gran conflicto” entre Cristo y Satanás.[54]
Este tipo de aprecio por los mejores pensamientos de otros
para comunicar el propósito claro de la mente del profeta también motivó a los
escritores bíblicos.[55] Por ejemplo,
Juan el Revelador tomó prestadas declaraciones
enérgicas
de autores no canónicos porque armonizaban mejor con su propósito global. Las
usó, no como autoridades, sino porque su frescura apoyaba mejor sus ideas que
lo que podrían haberlo hecho sus propias palabras. Cuando comprendemos el
propósito general que tiene Elena de White en sus escritos, podemos ver cómo el
uso que ella hizo de otros libros sirvió a su propósito.
Cuando la Sra. White dio la aprobación final a El Deseado
de todas las gentes como su mejor esfuerzo para revelar el propósito y la
manera del ministerio terrenal de Cristo, la casa publicadora recibió un
documento que “no era una réplica del trabajo de otro sino más bien una
composición literaria elaborada con propósitos específicos, que refleja
la fe particular y la esperanza cristiana que ella [Elena de White] fue llamada
a compartir con otros adventistas y con la comunidad cristiana en general”.[56]
Una obra original. El Deseado de todas las gentes es el
producto de la creatividad y la selectividad, original y derivada. Muchos autores
escriben sus libros sobre páginas en blanco, comenzando con el capítulo uno y continuando
hasta el fin. Como notamos al examinar la manera en que fue escrito El camino
a Cristo,[57] Elena de
White y sus ayudantes literarios usaban un método raramente accesible a otros
autores: basándose en escritos
anteriores
(diarios, manuscritos, artículos) compilaban materiales que lograrían el propósito
del libro. En ese sentido, El Deseado de todas las gentes era
“derivado”, o producido en base a materiales que la Sra. White había escrito
previamente.
También era derivado cuando uno considera que Elena de
White, como una profetisa, recibía instrucción de Dios. Su amada Biblia, especialmente
los cuatro Evangelios, llegaron a ser la rica fuente para su manera de pensar.
Y a veces ella derivaba percepciones nuevas de otros autores favoritos que le
ayudaban a proveer colorido descriptivo en el cumplimiento de sus propósitos teológicos.[58]
Pero El Deseado de todas las gentes no es un “álbum
de recortes” de pensamientos devocionales escogidos; la Sra. White permaneció en
control del producto final. No sólo aprobó todas las correcciones editoriales,
sino
que
proveyó el esquema general y los temas específicos que desarrollaban ese
esquema. Ella mantuvo su independencia y de ese modo las “fuentes fueron sus
esclavos, nunca su amo”.[59]
Como alguien que está en control, Elena de White estampó la
marca de la originalidad en El Deseado de todas las gentes.[60] Una de sus
principales habilidades, una de sus “huellas digitales” literarias, era su
notable capacidad para ser selectiva.[61] Por
ejemplo, siempre que sus fuentes usaban hipérboles y extravagancias
literarias,
siempre que se desviaban hacia curiosidades o pensamientos secundarios, ella
evitaba que se la distrajera,
pero se
mantenía firme con su propósito por el cual usaba esa fuente.[62]
Además, el hecho de usar las palabras de otro no implica que
también se adoptaba el pensamiento de esa persona. Quizás se han escrito más
biografías acerca de Jesús que de ninguna otra persona. Tales autores usan generalmente
el mismo lenguaje bíblico. Pero un estudio comparativo de estas biografías revela
rápidamente que significados vastamente diferentes se expresan, esencialmente, con
las mismas palabras. Lo contrario también
es cierto:
pueden comunicarse los mismos significados a través de expresiones verbales diferentes.[63]
Aun más importante que la selectividad estilística era la
capacidad que tenía Elena de White para evitar los errores doctrinales que percibía
en sus fuentes. Independientemente de sus necesidades en el momento (ya sean
teológicas,
devocionales, narrativas, etc.), ella usaba sus materiales para realzar su
pensamiento teológico, no para reunir material a fin de formular su pensamiento
teológico.[64]
Otra “señal” que identifica el estilo de Elena de White se
“encuentra en la proporción de comentarios dedicados a exhortaciones o lecciones
devocionales, morales o cristianas que generalmente aparecen al fin de un
capí-tulo. [65] La razón
primaria por la que la Sra. White escribía era para guiar a sus lectores a Jesús,
especialmente haciendo más claro cómo es Dios. Mientras estaba trabajando con El
Deseado de todas las gentes, ella le escribió
a su hijo,
W. C. White, acerca de temas que “abruman mi mente”… temas “referentes a la
vida de Cristo, su carácter que representa al Padre, las parábolas, cuyas
lecciones son esenciales que todos nosotros entendamos y practiquemos”.[66]
[1] Mensajes selectos, t. 3, p. 134.
[6] Algunos de los libros que
Elena de White encontró útiles fueron The Great Teacher, por John Harris
(ed. 1870); Life and Epistles of the Apostle Paul, por Conybeare y
Howson (1851-52); Old Testament Bible History, por Alfred Edersheim
(1876-87); The Life of Christ, por William Hanna (1863); Walks and
Homes of Jesus, por Daniel March (1866); The Life of Our Lord and
Saviour Jesus Christ, por John Fleetwood (1844); The Life and Times of
Jesus the Messiah, por Alfred Edersheim (1883); Night Scenes in the
Bible, por Daniel March (1872), y Elijah the Tishbite, por F. W. Krummacher
(1848). Los libros que estaban en su biblioteca
cuando ella
murió están enumerados en “A Bibliography of Ellen G. White’s Private and
Office Libraries”, compilada por Warren H. Johns, Tim Poirier y Ron Graybill,
Centro White Inc., tercera edición revisada, abril, 1993.
[7] Fleming H. Revell and Company, Chicago, IL. La edición
original contenía sólo 12 capítulos y 153 páginas. Ver. p. 445.
[12] El camino a
Cristo, pp. 9-10—RH, 27 de octubre, 1885; pp. 29-31—RH, 1.
o
de
abril, 1890; pp. 37-41—Testimonies, t. 5,
pp.
635-641; p. 49—RH, 2 de noviembre, 1886; p. 52—RH, 21 de
septiembre, 1886; p. 80—RH, 7 de junio, 1887; pp. 121-123—RH, 3
de febrero, 1885.
[13] Al comparar
los libros de la biblioteca de Elena de White con El camino a Cristo, la
evaluación actual ha llegado a la conclusión de que aproximadamente seis por
ciento de El camino a Cristo puede indicar una deuda literaria. Los escritores
que ella sintió que le fueron útiles incluían a los siguientes:
Arthur, Gold Foil; Bickersteth, A Treatise on Prayer; John
Harris, The Great Teacher; Daniel March, Night Scenes; Miller, Silent
Times y Week-day Religion; Melvill, Sermons; Hannah Whitall
Smith, Christian’s Secret; Underwood, God’s Will Known and Done. Ciertas
palabras o frases pueden haber venido de Cummings, Sabbath
Evening Readings, y Houston, Youthful Devotedness.
[14] Ver pp. 480-482.
[16] The
Gathering Call, septiembre, 1932, pp. 20-21. Para un análisis
de esta acusación, ver F. D. Nichol, Ellen G. White
and Her Critics, pp. 481-485.
[18] Spiritual Gifts, t. 2, p. 270. Ver Notas biográficas de Elena G.
de White, p. 178. El amplio bosquejo de esta importante
visión
incluía (1) La rebelión de Lucifer en el cielo; (2) La caída del hombre y el
plan de salvación; (3) El ministerio y el sacrificio de Cristo; (4) La iglesia
apostólica y la obra de los apóstoles; (5) La gran apostasía; (6) La reforma
del siglo XVI; (7) El Movimiento Adventista; (8) Los mensajes del primero,
segundo y tercer ángeles; (9) Una firme plataforma; (10) La conclusión de los
tres mensajes; (11) Escenas relacionadas con el segundo advenimiento; (12) El
milenio; (13) La erradicación final del pecado.
[19] Reimpresa en Primeros escritos, pp. 145-295.
[20] Ver p. 264, referencia 5, por una alusión a H. L.
Hastings, The Great Controversy Between God and Man: Its Origin, Progress,
and End (1858).
[26] 1. The Great Controversy
Between Christ and His Angels, and Satan and His Angels (1870); 2. Life,
Teachings, and Miracles of Our Lord Jesus Christ (1877); 3. The Death, Resurrection,
and Ascension of Our Lord Jesus Christ (1878); 4. From the Destruction
of Jerusalem to the End of the Controversy (1884).
[27] Mensajes selectos, t. 3, pp. 504-505.
[31] Bio., t. 3, p.
249. Uriah Smith leyó las pruebas de páginas del tomo 4 en un campestre con
Elena de White en septiembre
y se sintió
profundamente conmovido por el capítulo “El Tiempo de Angustia”, y consideró
que cada frase era necesaria. Sólo un año antes había discrepado de la Sra.
White por eventos ocurridos en el Colegio de Battle Creek, eventos que en
última instancia confirmaron el consejo de la Sra. White.—Id., p. 261. En
noviembre de 1884, la Asociación General tomó este acuerdo: Saludamos con gran
placer la publicación del tomo 4, El conflicto de los siglos; mientras
aguardamos ansiosamente su aparición, esperando que dará información importante
sobre las escenas finales de la historia de este mundo, podemos decir sin
reservas que [esta obra] satisface sobradamente nuestras expectativas más
optimistas; e instamos fervientemente a todo nuestro pueblo a leerla cuidadosamente
y con oración, y usar todos los medios apropiados para colocarla ante el
mundo”.—Review and Herald, 25 de noviembre, 1884, p. 744.
[32] En menos de
cuatro años —de fines de 1884 a comienzos de la primavera de 1887— la Pacific
Press y la Review and
Herald
habían hecho diez impresiones de cinco mil ejemplares cada una del tomo 4 (El
conflicto de los siglos).—Id., pp. 434-435.