Capítulo 33
Hermenéutica/2 Reglas básicas de interpretación - Internas
“La tarea
de explicar la Biblia por sí misma es la obra que deberían realizar todos…
[nuestros ministros que están] completamente conscientes de los tiempos en que
vivimos”.[1]
En su introducción a El conflicto de los siglos,
escrita por ella personalmente, Elena de White registró de qué manera le habían
sido reveladas “las escenas de la lucha secular entre el bien y el mal”: “En
una y otra ocasión se me permitió contemplar las peripecias de la gran lucha
secular entre Cristo… y Satanás”.[2]
¿Cómo “contempló” ella esas poderosas escenas? Ella
continuó: “Al revelarme el Espíritu de Dios las grandes verdades de su Palabra,
y las escenas del pasado y de lo por venir, se me mandó que diese a conocer a
otros lo que se me había mostrado”.[3]
¿Cuántos detalles vio ella? Las evidencias indican que ella
vio las grandes “escenas”, pero que no siempre “vio” los detalles que
involucraban fechas y tal vez incluso sitios geográficos. Lo mismo fue cierto
para Isaías cuando luchaba en busca de palabras para describir el trono de Dios
(Isa. 6) y para Daniel cuando trataba de describir las pavorosas visiones de
bestias y cuernos, etc. Elena de White vio la perspectiva en su totalidad, los
conceptos básicos, el alcance total de las fuerzas del bien y el mal
desplegándose en la historia humana. Su tarea era “llenar” esta perspectiva
total mediante la investigación en la historia bíblica y en las fuentes comunes
de la información histórica.
Así como Dios no le dio a Daniel las palabras para describir
las bestias de Daniel 7, de la misma manera no le dio a Elena de White las
fechas y eventos históricos para completar la historia del gran conflicto. De
la misma
manera
como Lucas investigó en las mejores fuentes para completar su Vida de Cristo
(Luc. 1:1-4), también la Sra. White hizo lo que todos los profetas han hecho
cuando tienen un mensaje que debe ser comunicado en palabras
humanas y
entendido por hombres y mujeres orientados históricamente. Por lo tanto,
nosotros acudimos a Lucas, no necesariamente por la exactitud histórica de
todas sus declaraciones, sino por su contribución a la perspectiva total, el
mensaje acerca del ministerio de Jesús.[4]
¿Habrá casos de posibles errores? Probablemente. Henry
Alford, el autor altamente respetado del New Testament for English Readers (El
Nuevo Testamento para los lectores de habla inglesa), escribió: “Dos hombres
pueden ser
igualmente guiados por el Espíritu Santo para registrar los eventos de la vida
de nuestro Señor para nuestra edificación, aunque uno pueda creer y registrar
que la visita a los gadarenos ocurrió antes del llamado a Mateo, mientras que
el otro la coloca después de ese evento; aunque uno al narrarla hable de dos
endemoniados, y el otro, sólo de uno…
“Y estas observaciones deben entenderse no sólo respecto a
la disposición de la historia evangélica. Hay ciertos puntos menores de
exactitud o inexactitud, sobre los cuales la investigación humana es adecuada
para informar a los hombres, y sobre los cuales, por falta de esa
investigación, a menudo se sigue la práctica de hablar en forma vaga e
inexacta. Tales son, a veces, las distancias de un lugar a otro recibidas
convencionalmente; tales son los relatos comunes de fenómenos ocurridos en la
historia natural, etc. Ahora bien, en asuntos de esta clase los evangelistas y
los apóstoles no fueron informados de manera sobrenatural, sino que se los
dejó, al igual que a otros, a la dirección de sus facultades naturales… El
tesoro es nuestro, en toda su riqueza; pero es nuestro como sólo puede ser
nuestro: en las imperfecciones del lenguaje humano, en las limitaciones del
pensamiento humano, en la
variedad
de incidentes primero para el carácter individual y luego para la transcripción
múltiple y el transcurso de las edades”.[5]
En otras palabras, la fase humana del sistema de
comunicación divino-humana estará acosada por discrepancias ocasionales,
simplemente a causa de la finitud humana. El elocuente sermón de Esteban (Hech.
7) contiene una referencia incidental al número (75) de integrantes de la
familia de Jacob que fueron a Egipto a vivir con José. Sin embargo, la
referencia de Génesis (46:27) declara que 70 miembros de la familia de Jacob fueron
a Egipto.
¿Qué
conclusión sacaremos de esta diferencia? Si creemos que Génesis es la única
fuente histórica que tenían los judíos en el siglo primero para esta
información, entonces simplemente entendemos que el Espíritu Santo (el espíritu
de profecía) guió a Esteban al presentar el cuadro general, pero que no
intervino en los detalles. Los profetas no llegan a ser necesariamente
“autoridades” en datos históricos. El valor de su inspiración yace en sus
mensajes, no en algunos de los detalles que son incidentales para la
perspectiva total.
Al dirigirse al Concilio de la Asociación General de 1911,
W. C. White hizo una “declaración con respecto a la última edición en inglés de
El conflicto de los siglos”.[6] Si esta declaración
de 1911 hubiese sido estudiada más plenamente y publicada en forma más extensa,
podría haber impedido muchos malos entendidos a lo largo de los años
respecto a cómo trabajan los profetas
con materiales históricos.
Esta declaración no sólo explica los cambios en la edición
de 1911 de El conflicto de los siglos, sino que también revela la manera
de pensar de Elena de White en cuanto a cómo ella y otros profetas hicieron su
trabajo.
W. C. White dijo: “Mi madre nunca pretendió ser una
autoridad en historia. Las cosas que ella ha escrito son descripciones
instantáneas y otras presentaciones que le fueron dadas con respecto a los
hechos de estos hombres y a la influencia de estas acciones sobre la obra de
Dios para la salvación de los hombres, con referencia al pasado, al presente y
a la historia futura en su relación con esta obra. En la redacción de estas
visiones ella ha hecho uso de buenas y claras declaraciones históricas para
hacer comprensible al lector las cosas que estaba tratando de presentar. Cuando
yo era apenas un muchacho, la oí que le leía a mi padre la Historia de la
reforma de D’Aubigné… Leyó también otras historias de la Reforma. Esto la
ayudó a localizar y describir muchos de los acontecimientos
y
movimientos que le fueron presentados en la visión. En cierta forma esto es
parecido a la manera en que el estudio de la Biblia le ayuda a localizar y
describir las muchas presentaciones figuradas que le son dadas del desarrollo
del gran conflicto entre la verdad y el error en nuestros días.
“Mi madre nunca ha
pretendido inspiración verbal, y no encuentro que mi padre, o los pastores
Bates, Andrews, Smith, o Waggoner, hayan hecho esa declaración. Si hubo
inspiración verbal al escribir sus manuscritos, ¿por qué debía ella añadir o
adaptar? Es un hecho que mi madre a menudo toma uno de sus manuscritos, y lo
revisa cuidadosamente, haciendo adiciones y desarrollando aun más algún
pensamiento… “
El contacto que tuvo mi madre con el pueblo de Europa trajo
a su mente veintenas de cosas que había visto y le habían sido presentadas en
visión durante los años anteriores, algunas de las cuales le fueron mostradas
dos o tres veces, y otras escenas, mayor cantidad de veces. El que ella pudiera
ver lugares históricos y su contacto con las personas refrescó su memoria con
respecto a estas cosas, y por lo tanto deseó añadir mucho material al libro [El
conflicto de los siglos]”.[7]
Unos pocos meses más tarde, W. C. White escribió a S. N.
Haskell, un valiente pionero que en aquel entonces se inclinaba peligrosamente
hacia el punto de vista de la inspiración verbal: “Respecto a los escritos de
mi
madre,
ella nunca ha querido que nuestros hermanos los consideren como autoridad sobre
fechas o detalles de historia. Cuando se escribió ‘El Gran Conflicto’,
ella a menudo daba una descripción parcial de alguna escena que le era
presentada, y cuando la Hna. Davis hacía una pregunta respecto al tiempo y
lugar, mi madre se refería a lo que ya estaba escrito en los libros de [Uriah]
Smith y en historias seculares. Cuando ‘El Conflicto’ fue escrito, mi
madre nunca pensó que los lectores lo considerarían como una autoridad sobre
fechas históricas y lo usarían para definir
controversias,
y ella no siente ahora que debe usárselo en esa forma…
La cronología “Me parece que hay peligro de colocar
demasiado énfasis en la cronología. Si hubiera sido esencial para la salvación
de los hombres que... [los seres humanos] tuviesen una comprensión clara y
armoniosa de la cronología del mundo, el Señor no habría permitido los
desacuerdos y discrepancias que encontramos en los escritos de los
historiadores bíblicos, y me parece que en estos últimos días no debe haber
tanta controversia respecto a fechas… Creo, Hno. Haskell, que hay peligro que
perjudiquemos la obra de mi madre al sostener para la misma más que lo que ella
sostiene, más que lo que mi padre jamás ha sostenido, más que lo que jamás
sostuvieron el pastor [J. N.] Andrews,
[J. H.] Waggoner, o [Uriah] Smith”.[8]
Ese mismo día, W. C. White escribió una carta virtualmente
idéntica a W. W. Eastman, director de publicaciones en la Southern Publishing
Association. Pero al concluir la carta, él agregó: “Con respecto a los escritos
de mi
madre, tengo una evidencia abrumadora y una gran convicción de que son
descripciones y una delineación de lo que Dios le ha revelado en visión; y
donde ella ha seguido la descripción de los historiadores o la exposición de
escritores adventistas, creo que Dios le ha dado discernimiento para usar lo
que es correcto y lo que está en armonía con la verdad referente a todos los
asuntos esenciales para la salvación. Si se encontrara mediante un estudio
fiel, que ella siguió algunas exposiciones de la profecía que en algunos
detalles de fechas no podemos armonizar con
nuestra comprensión
de la historia secular, esto no disminuiría mi confianza en sus escritos como
un todo, más de lo que mi confianza en la Biblia resultaría disminuida por el
hecho de que no pueda armonizar muchas de las declaraciones referentes a
cronología”.[9]
En resumen, para los que creen en la inspiración verbal los
escritos de Elena de White, desafortunadamente, han llegado a ser una autoridad
sobre fechas y lugares históricos. Para los inspiracionistas del pensamiento,
eso sería un uso injustificado de la obra de un profeta. Los inspiracionistas
del pensamiento se concentran en la perspectiva más amplia, el mensaje; las
posibles discrepancias en los detalles históricos se consideran como algo
incidental
al mensaje, y de menor importancia.
Todos desean ser entendidos. A menudo surgen malos
entendidos cuando una declaración ha sido sacada de su contexto. Por lo tanto,
todo aquel que ha sido mal interpretado apela a un procedimiento justo y pide
que se considere el contexto. El contexto incluye tanto indicios internos como
externos que establecerán la verdad acerca de cualquier declaración bajo
consideración.
Internamente, por lo general obtenemos un cuadro claro de
“qué” quiso decir un autor al leer las palabras, oraciones, párrafos, hasta
capítulos, que rodean una declaración incomprensible. Externamente, formulamos
preguntas adicionales que pueden ayudarnos a entender, tales como “¿cuándo?”,
“¿dónde?”, “¿por qué?”, y quizás “¿cómo?” El “tiempo”, el “lugar” y las
“circunstancias” se aplican al contexto externo, como pronto veremos.
Evidencia
interna:
• Regla Uno: Reconocer que la Biblia y los
escritos de Elena de White fueron el producto de la inspiración del pensamiento,
no de la inspiración verbal, como se describió en el capítulo previo.
• Regla Dos: Reconocer que algunas definiciones
de palabras pueden cambiar a medida que pasa el tiempo. Por
ejemplo, centenares de palabras de la versión King James (Rey Jacobo) (1611) de
la Biblia han cambiado de significado o han adquirido significados nuevos que
ya no transmiten el significado que los traductores de la King James querían
transmitir. [Algo semejante podría decirse de las antiguas versiones españolas
de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera.] Los lectores despreocupados
seguramente entenderían mal ciertos textos bíblicos si no estuvieran
conscientes de estos serios cambios en el significado de las palabras.
Definiciones de cambios de palabras ya han ocurrido en los
escritos de Elena de White. ¿Cuán a menudo se han confundido los lectores con
esta expresión: “Tratar con las mentes juveniles es la obra más hermosa [en
el original en inglés, nicest] emprendida alguna vez por hombres y
mujeres”?[10] Cuando la Sra.
White usó esta palabra más adelante en otro marco, vio el problema y explicó
más detalladamente: “Esta obra es la más hermosa ydifícil [en el
original en inglés, the nicest, the most difficult] que haya sido
confiada a los seres humanos”.[11] ¿Qué estaba
pasando? En el siglo XIX, la palabra nice (bueno(a) y amable) se usaba a
menudo, como lo indica el diccionario,
para
significar “ser exigente en requerimientos o normas, o que demanda gran o
excesiva precisión y discreción”.[12]
Otra palabra que ha asumido una definición que no era la
principal en el siglo XIX es la palabra inglesa “intercourse”. Durante
centenares de años “intercourse” significó “relación entre las
personas”, o “intercambio de pensamientos y sentimientos”… En la actualidad se
la usa más frecuentemente con referencia al contacto sexual, un uso que nunca
tuvo en las centenares de ocasiones en las que Elena de White empleó esta
palabra.[13]
• Regla Tres: Comprender el uso de la hipérbole.
La hipérbole es el uso de la exageración obvia para establecer una
proposición. Juan usó la hipérbole cuando dijo que si se escribieran todas las
cosas que hizo Jesús, “ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de
escribir” (Juan 21:25). La hipérbole es un recurso literario que se usa a lo largo
de toda la Biblia.[14]
Elena de White usó por lo menos cinco veces la relación de 1
en 20, y al menos veintiún veces la relación 1 en 100. Ella no dijo 1 en 13 ó 1
en 99, etc. Ella podría haber usado la hipérbole cuando escribió: “Es una
solemne
declaración
la que hago a la iglesia, de que ni uno de cada veinte de aquellos cuyos
nombres están registrados en los libros de la iglesia se halla preparado para
terminar su historia terrenal, y que estaría tan ciertamente sin Dios y sin
esperanza en el mundo como el pecador común”.[15]
• Regla Cuatro: Comprender el significado de la
frase en la cual se usa una determinada palabra. En 1862
Elena de White escribió que Satanás obra por medio de la frenología, la
psicología y el mesmerismo.[16] ¿Pero
significa esto que toda la psicología es mala? Obviamente no, porque en
1897 ella señaló que “los verdaderos principios de la psicología se encuentran
en las Santas Escrituras”.[17] En manera
similar, podríamos indicar que la televisión puede ser un medio a través del
cual trabaja Satanás, pero el uso que Satanás hace de la televisión no la
convierte en maligna. La psicología, el estudio de la mente humana y cómo ésta
madura, es un estudio apropiado para los cristianos, si las presuposiciones son
bíblicas y no humanísticas.
• Regla Cinco: Reconocer la posibilidad de
expresiones imprecisas. En 1861 Elena de White escribió un pensamiento que
parece incongruente con declaraciones posteriores sobre el mismo tema: “Se le
da mucha importancia a la frenología y el mesmerismo. Son buenos en su lugar
[correcto], pero Satanás se apropia de ellos como sus agentes más poderosos
para engañar y destruir a las almas”.[18] En un
artículo de 1884 en la revista
Signs, ella
escribió: “Las ciencias que tratan de la mente humana están en un sitial muy exaltado.
Son buenas en su lugar, pero Satanás se apropia de ellas como sus agentes
poderosos para engañar y destruir a las almas”.[19]
Obviamente, en esta declaración de 1884 tenemos una
corrección editorial en el pensamiento que Elena de White deseaba comunicar
respecto a “las ciencias que tratan de la mente humana”. Posiblemente la
declaración
de 1861
referente a la frenología y el mesmerismo fue un error de un impresor. Más
probablemente, fue una declaración general, corregida más tarde, que reflejaba
los términos usados comúnmente en la psicología a
mediados
del siglo XIX. Muchos libros que trataban acerca de la salud física y mental
incluían capítulos dedicados a la frenología, la psicología y el mesmerismo, o
anunciaban otras obras que se concentraban en esas modalidades.
• Regla Seis. Examinar cuidadosamente el
contexto inmediato (esto es, el mismo párrafo o página) para aclarar una
expresión que, a primera vista, parece problemática. Por ejemplo, algunas
personas se sienten confundidas con una exhortación de Elena de White de que
“nunca debe enseñarse a los que aceptan al Salvador… a decir o sentir que están
salvados”.[20]
Esta
prevención tenía el propósito de advertir contra la doctrina errónea de “una
vez salvo, siempre salvo”, que era, y es, usual entre la mayoría de los
cristianos evangélicos.
Pero esta advertencia fue dada dentro del contexto más
amplio de la explicación de la actitud autosuficiente de Pedro que lo condujo a
negar trágicamente a su Señor en aquel jueves de noche. Ella escribió: “Nunca
podemos con seguridad poner la confianza en el yo, ni tampoco, estando, como
nos hallamos, fuera del cielo, hemos de sentir que nos encontramos seguros
contra la tentación. [Entonces viene la declaración ya citada que con
frecuencia se entiende mal.] Eso es engañoso. Debe enseñarse a todos a
acariciar la esperanza y la fe; pero aun cuando nos entregamos a Cristo y
sabemos que él nos acepta, no estamos fuera del alcance de la tentación…
Nuestra única seguridad está en desconfiar constantemente de nosotros mismos y
confiar en Cristo”.[21]
Otro ejemplo de la importancia del contexto se encuentra en
la aseveración de Elena de White de que “los siervos de Dios en la actualidad
no podrían obrar mediante milagros, porque se realizarán obras espurias de
sanamiento,
con la pretensión de ser divinas”.[22] Esta
declaración parece discrepar con la posición adventista de que “todos” los
dones espirituales dados a la iglesia cristiana (1 Cor. 12 y Efe. 4)
continuarán hasta el fin del tiempo. Además, esta declaración parece
contradecir los propios comentarios de Elena de White de que en los últimos
días “se realizarán milagros, los enfermos sanarán y signos y prodigios
seguirán a los creyentes”.[23]¿Cómo
entendemos todo esto?
Esta aparente contradicción se presenta cuando uno no lee
cuidadosamente toda la página.[24] Elena de
White destacó dos ideas: Primero, habló específicamente respecto a las
condiciones presentes en aquel entonces. Al referirse a “actos milagrosos de
curación”, ella dijo que “no podemos ahora trabajar en esa manera” (la
cursiva es nuestra). Además, “los siervos de Dios en la actualidad no
podrían obrar mediante milagros” (la cursiva es nuestra).
En segundo lugar, ella estaba exponiendo la instrucción del
Señor para el tiempo presente: La “obra de la curación física, combinada
con la enseñanza de la palabra”, se haría mejor al establecer “sanatorios”
donde “los obreros… efectuasen obra médico-misionera genuina… Esta es la
provisión que ha hecho el Señor por medio de la cual ha de hacerse obra médico
misionera evangélica para muchas almas”.[25] En otras
palabras, en el tiempo presente, caracterizado por muchos casos de
milagros falsos de curación, la obra de Dios de curación puede hacerse mejor
dentro de los sanatorios por medio de programas de enseñanza inteligente
respecto a la causa y la curación de la enfermedad.
Otra declaración “citada erróneamente” asegura que es un
“pecado reírse”. Para esto se usa la cita, “Cristo a menudo lloraba, pero nunca
se supo que riera… Imitad al Modelo divino, infalible”. Por lo que conocemos en
cuanto a Jesús en la Biblia, esa declaración resulta extraña. Después de todo,
¿a qué puede deberse que los niños lo rodearan con tanto entusiasmo? Entonces
notamos la elipsis. Falta algo.
Revisamos el pasaje y el contexto. Aquí Elena de White
aconseja a una miembro de iglesia que
“no ha visto la necesidad de educarse para ser cuidadosa en palabras y
acciones… Mi hermana, usted habla demasiado…su lengua ha hecho mucho daño… Su
lengua ha encendido un fuego y usted ha disfrutado con la conflagración… Usted
juguetea y bromea y participa en hilaridad y risas… Cristo es nuestro ejemplo…
Cristo a menudo lloraba,
pero nunca
se supo que riera. Yo no digo que sea un pecado reírse en alguna ocasión, pero
no podemos errar el camino si imitamos al Modelo divino, infalible… Mientras
contemplamos el mundo atrapado en la oscuridad
y trabado
por Satanás, ¿cómo podemos ocuparnos en veleidades, hilaridad, palabras
descuidadas, precipitadas, hablando a la ventura, riendo, chanceando y
bromeando?… La alegría cristiana no está condenada por las Escrituras, pero sí
se censura la conversación imprudente”.[26]
Notamos aquí que el contexto le da un nuevo matiz a la
declaración erróneamente citada. “Reírse” en este contexto significaba una conversación
y conducta inapropiada, imprudente; chanzas y bromas que habían
“mostrado
una falta de sabiduría al usar la verdad de una manera como para levantar
oposición, despertar una actitud combativa, y hacer la guerra en vez de poseer
un espíritu pacífico y una actitud verdaderamente humilde”.[27] Elena de
White no estaba condenando la risa apropiada, como lo indicó claramente, sino
que puso su consejo en una perspectiva equilibrada.
• Regla Siete: Reconocer que el significado de
una palabra puede cambiar cuando se la usa en un contexto nuevo. La
expresión “puerta cerrada” tenía varios significados para los adventistas ex
milleritas. Para Elena de
White
significaba algo diferente. Jaime White y José Bates redefinieron su uso del
término entre los años 1844 y 1852.[28]
Otras palabras que usaba Elena de White pueden parecer
obsoletas actualmente, como ser “oficina”, que más a menudo se refería a las
oficinas administrativas de la casa publicadora, pero a veces a la sede de la
Asociación General.[29]
• Regla Ocho: Reconocer que en toda comunicación
se encuentra el desafío de la se-mántica. Las palabras tienen
significados diferentes para personas diferentes, debido a diferencias
personales tales como la educación,
la edad,
las experiencias espirituales, la ubicación geográfica y el género o sexo.
Elena de White habló de este problema: “Hay muchos que interpretan lo que yo
escribo a la luz de sus opiniones preconcebidas… El resultado
seguro
será una división en cuanto a la comprensión del mensaje y diversas opiniones.
Cómo escribir de tal manera que sea entendido por aquellos a quienes me dirijo
en asuntos importantes, es un problema que no puedo resolver”.
[30] Para un
escritor, la tarea de evitar los malos entendidos es más difícil que la de
meramente tratar de ser comprendido, porque el escritor debe estar
conscientemente al tanto de los problemas semánticos.
[1] Exaltad a Jesús, p. 109.
[4] Para un
estudio de las diversas diferencias que existen entre la historia de Lucas del
ministerio de Cristo y las de Mateo y Marcos, ver George Rice, Luke,
a Plagiarist? (Mountain View, CA: Pacific
Press Publishing Association, 1983). 5. Henry Alford, The New Testament for
English Readers (Lon-dres:Rivingtons, 1863, t. 1), pp. 23-27.
[5] Henry Alford, The New Testament for English Readers
(Londres: Rivingtons, 1863, t. 1), pp. 23-27.
[6] Esta
extensa declaración se encuentra como el Apéndice A de Mensajes selectos,
t. 3, pp. 494-503. La declaración fue
aprobada
por Elena de White como que presentaba “el asunto correctamente y bien”.—Carta
a F. M. Wilcox, 25 de julio, 1911, citada en Wilcox, The Testimony of Jesus,
p. 115.
[7] Mensajes selectos, t. 3, pp. 498-500.
[8] Jerry Allen Moon, W. C. White and Ellen G. White,
The Relationship Between the Prophet and Her Son (Berrien Springs, MI:
Andrews University Press, 1993), pp. 431-432. Al fin de
esta carta Elena de White escribió con su propia letra, “Apruebo las
observaciones hechas en esta carta”.
[9] Mensajes
selectos, t. 3, pp. 513-514. En una carta de 1915 dirigida a F. M.
Wilcox, director de la revista de la iglesia, W. C. White aclaró el asunto
relativo a que su madre fuese una historiadora o una teóloga: “La Hna. White,
como una maestra de la verdad sagrada, no ha sido guiada a un tratamiento técnico
de cuestiones teológicas, pero se le han dado perspectivas del amor de Dios y
el plan de salvación, y del deber del hombre hacia Dios y hacia sus semejantes,
las que al ser presentadas a la gente despiertan la conciencia y graban en el
oyente las verdades salvadoras de la Palabra de Dios. Ella dice, ‘Los
testimonios escritos no son para dar nueva luz, sino para impresionar
vívidamente en el corazón las verdades inspiradas que ya han sido reveladas’. “En el
sentido técnico de la palabra, la Hna. White no es una historiadora. Ella no ha
sido una estudiante sistemática de historia y cronología, y nunca tuvo la
intención de que sus obras debieran usarse para definir controversias sobre fechas
históricas. Pero como alguien que se relaciona con la historia, alguien ‘en
cuya obra se exhibe en miniatura el carácter y el espíritu de una época’ [Ensayos
de Macauley], ella es una historiadora cuyas obras enseñan lecciones valiosas
del pasado para el presente y el futuro”.—Jerry Allen Moon, opus. cit.,
p. 434.
[12] Webster’s Ninth New Collegiate
Dictionary (Springfield, MA:
Merriam-Webster Inc., Publishers, 1983).
[13] “Los
discípulos oraron con intenso fervor pidiendo capacidad para encontrarse con los
hombres, y en su trato [original en inglés, intercourse] diario hablar
palabras que pudieran guiar a los pecadores a Cristo”.—Los hechos de los
apóstoles, p. 30. “Por el trato
[original en inglés, intercourse] social se formalizan relaciones y
amistades que acaban en una unidad de corazón y en una atmósfera de amor
agradables a la vista del cielo”.—Mensajes para los jóvenes, p. 403. En el
tiempo de la Sra. White la palabra “intercourse” significaba “trato social”,
“relación entre las personas”; en la actualidad su significado principal es
“relación o contacto
sexual”. En
español no existe este problema semántico con esta palabra.
[14] Compare
Exodo 9:6 con Isaías 19. El uso frecuente de la palabra “todo” es a menudo un
ejemplo de la hipérbole hebrea.
[15] Servicio
cristiano, p. 52 (1893).
[16] Review and Herald, 18 de febrero, 1862.
[17] My Life Today, p. 176.
[18] Testimonies, t. 1, p. 296.
[19] Signs of the Times, 6 de noviembre, 1884.
[20] Palabras de vida del gran Maestro, p. 119.
[22] Medical Ministry, p. 14.
[23] El
conflicto de los siglos, p. 670; ver también Primeros escritos, p.
278; Joyas de los testimonios, t. 3, p. 345.
[24] Medical Ministry, p. 14.
[25] Ibíd.
[26] Manuscrito
11, 1868, citado en MR, t. 18, pp. 368-370.
[27] Ibíd.
[28] Ver pp.
554-566 para un estudio de la cuestión de la “puerta cerrada”.
[29] Ver tomo 3 del Comprehensive
Index to the Writings of Ellen G. White, pp. 3185-3188, para “Glossary of
Obsolete and Little Used Words and Terms with Altered Meanings”.
[30] Mensajes selectos, t. 3, p. 87.