Capítulo
18
Crisis teológicas
“El Señor me ha dado mucha luz… para corregir errores
sutiles y para especificar lo que es la verdad”.[1]
A lo largo de la historia desde Caín y Abel, como Elena de
White lo ha indicado sabiamente,
Satanás ha prosperado en su intento de “engañar y perjudicar al pueblo dándole
una falsificación en lugar de la obra verdadera”.[2] Cada
movimiento de reforma ha experimentado este fenómeno. El apóstol Pablo tuvo que
contender en sus días con
falsificaciones arteras.[3] Durante la
Reforma protestante, teologías y movimientos religiosos falsos importunaron a
Martín Lutero, como lo hicieron dos siglos más tarde a John Wesley. La misma
naturaleza de las falsificaciones requiere una respuesta inmediata; si no se
las confronta, la verdad corre riesgo de naufragar hasta que se levante una voz
clara para revelar el error.
Tal ha sido el papel de Elena de White en la Iglesia
Adventista del Séptimo Día desde el comienzo de su ministerio hasta el día de
hoy a través de sus obras publicadas. Al repasar las manifestaciones de
fanatismo y las falsificaciones de las décadas de 1840 y 1850, se nos recuerda
que enfrentaremos repetidamente esos mismos errores hasta el fin del tiempo.[4]
Falsificaciones
en las décadas de 1840 y 1850
En 1845, antes de su casamiento con Jaime White, Elena
Harmon y otros confrontaron a un grupo en New Hampshire que parecía estar firme
en el Señor. Ella pronto descubrió que “pretendían poseer una
santificación perfecta y declaraban que
estaban por encima de la posibilidad de pecar”. Los dirigentes le dijeron:
“Todo lo que tenemos que hacer es creer y se nos dará cualquier cosa que le
pidamos a Dios”. Esta clase de pensamiento conduce a la creencia “de que los
afectos y los deseos de los santificados eran siempre correctos, y nunca había
peligro de que los indujeran al pecado”.[5] En muchos
casos este pensamiento condujo al amor libre con todas sus peores
consecuencias.
El grupo que seguía la doctrina del “ocio”, por extraño que
pueda parecernos hoy, atrajo seguidores, especialmente aquellos que atendían
las necesidades de su dirigente. Primero en Paris, Maine, y luego en Randolph,
Massa-chusetts, Elena Harmon tuvo que reprenderlos, recordando a todos los
afectados que “la razón y el juicio” no debían ceder su lugar a las
impresiones. “Dios dispuso que los seres creados por él debían trabajar. De
esto depende su dicha”.[6]
La humildad falsa, acompañada de una agitación ruidosa de
algunas personas en Maine, acarreó desprestigio a los primeros adventistas
antes de 1846. La joven Elena informó: “Algunos se figuraban que la religión
consiste en mucha excitación y ruido. Solían hablar de manera que irritaba a
los incrédulos… Entonces se regocijaban de verse
perseguidos…
Había algunos que profesaban profunda humildad, y abogaban por la práctica de
arrastrarse por el suelo como los chiquillos en prueba de su humildad… Les dije
claramente… que la humildad que Dios esperaba de su pueblo había de
manifestarse en una vida semejante a la de Cristo, y no arrastrándose por el suelo”.[7]
La práctica de fijar frecuentemente fecha [para el regreso
de Jesús] se transformó en un desastre espiritual para quienes se entregaban a
ella y rechazaban la admonición de Elena de White. Ella escribió: “Se fijaron
diferentes
fechas
para que viniera el Señor y se las presentó con insistencia a los hermanos.
Pero el Señor me mostró que esas fechas pasarían porque el tiempo de angustia
debe ocurrir antes del regreso de Cristo, y que cada vez que se fijaba una
fecha y pasaba sin cumplir, eso debilitaría la fe del pueblo de Dios. Por esto
se me acusaba de ser el siervo malo que decía: ‘Mi Señor se tarda en venir’ ”.[8]
En la contratapa de la Review del 21 de julio de
1851, Elena de White informó sobre una visión que recibió el 21 de junio: “El
Señor me ha mostrado que el mensaje del tercer ángel debe avanzar y proclamarse
a los hijos
del Señor
diseminados en diferentes lugares, y que no debiera depender de una fecha,
porque una fecha determinada nunca volverá a ser una prueba. Vi que algunos
estaban experimentando un entusiasmo falso al predicar una fecha [para el
regreso de Jesús], y que el mensaje del tercer ángel era más fuerte que lo que
puede ser una fecha”.
Casi ocho años después de la notable sesión de la Asociación
General de 1888, en Minneapolis, Minnesota, Elena de White resumió los temas
teológicos cruciales involucrados en los mensajes que ella, E. J. Waggoner y A.
T. Jones presentaron en esa ocasión. En un testimonio franco dirigido a la
membresía de la iglesia de Battle Creek, ella escribió que muchos todavía
“despreciaban” la esencia del mensaje del tercer ángel porque “odiaban la luz”.
En este testimonio y en muchos otros, la Sra. White realzó
las presentaciones hechas por Waggoner y Jones como “un preciosísimo mensaje”
que “en su gran misericordia el Señor envió” a su pueblo. Resumió sucintamente
este “preciosísimo mensaje”: “Presentaba la justificación por la fe en el
Garante; invitaba a la gente a recibir la justificación de Cristo, que se
manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios. Muchos habían
perdido de vista a Jesús. Necesitaban dirigir sus ojos a su divina persona, a
sus méritos, a su amor inalterable por la familia humana. Todo el poder es
colocado en sus manos, y él puede dispensar ricos dones a los hombres,
impartiendo el inapreciable don de su propia justicia al desvalido agente
humano. Este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado al mundo. Es el
mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por
el abundante derramamiento de su Espíritu…
“El mensaje del Evangelio de su gracia tenía que ser dado a
la iglesia con contornos claros y distintos, para que el mundo no siguiera
afirmando que los adventistas del séptimo día hablan mucho de la ley, pero no
predican a Cristo, ni creen en él…
“Este es el
testimonio que debe circular por toda la longitud y la anchura del mundo.
Presenta la ley y el Evangelio, vinculando ambas cosas en un conjunto perfecto…
Estos [los hijos de Dios] no tienen una mera fe nominal, una teoría de la
verdad, una religión legal sino que su fe tiene un propósito, el de apropiarse
de los ricos dones de Dios…”
Elena de White cerró
su vigoroso testimonio con estas palabras gráficas: “No tengo un mensaje suave
para presentar a aquellos que han sido por tanto tiempo como falsos postes
indicadores que señalan el camino equivocado. Si rechazáis a los mensajeros
designados por Cristo, rechazáis a Cristo”.[9]
En términos generales, ¿cuál era el problema en Battle
Creek? Con todos los sacrificios personales que habían hecho por la causa tan
cercana a su corazón, los fieles y esforzados dirigentes de la iglesia todavía
no
entendían
plenamente el Evangelio. Ella les dijo que había muy poca o ninguna esperanza
para ellos si continuaban despreciando “esta gloriosa oferta de justificación
por medio de la sangre de Cristo, y de santificación mediante el poder
purificador del Espíritu Santo”.[10]
Sin Elena de White los mensajes de Jones y Waggoner habrían
sido aplastados y la historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día habría
sido drásticamente diferente después del congreso de 1888 de lo que es ahora.
Ese congreso representó uno de los momentos más difíciles de su extenso y arduo
ministerio, “la lucha más difícil e incomprensible que jamás hayamos tenido en
nuestro pueblo”.[11]
Tras ser “desairada en la sede de la Asociación General”, la
Sra. White, junto con Waggoner y Jones, llevó la visión refrescante de una
comprensión plena de la justificación por la fe a las iglesias de toda
Norteamérica, primero en el circuito de los campestres y más tarde en los
centros institucionales. Las experiencias en Ottawa, Kansas y en
South
Lancaster, Massachusetts, fueron especialmente memorables, y sus mensajes en
esas ocasiones continúan siendo instructivos hasta el día de hoy”.[12]
¿Cuáles fueron los principales asuntos y los mayores
problemas que se debatieron? Los asuntos eran teológicos y los problemas eran
actitudes. En 1890, en ocasión del instituto ministerial realizado en Battle
Creek,
Elena de
White resumió las cuestiones teológicas en lo que actualmente conocemos como
Manuscrito 36, 1890. En este documento ella usó liberalmente la elipse de la
verdad al atravesar aguas teológicas profundas.[13]
Para destacar un principio básico del Evangelio, ella dijo:
“Que este punto esté plenamente claro en cada mente: Si aceptamos a Cristo como
Redentor, debemos aceptarlo como nuestro Soberano”. Sólo podemos reclamar
la certeza
cristiana cuando “lo reconocemos como nuestro Rey y somos obedientes a sus
mandamientos”.
Ella bosquejó claramente las debilidades que hay en el mundo
religioso respecto a los principios básicos del Evangelio: “Mientras una clase
pervierte la doctrina de la justificación por la fe y deja de cumplir con las
condiciones
formuladas
en la Palabra de Dios —Si me amáis, guardad mis mandamientos”—,
igualmente cometen un error semejante los que pretenden creer y obedecer los
mandamientos de Dios pero se colocan en oposición a los preciosos rayos de luz
—nuevos para ellos— que se reflejan desde la cruz del Calvario. La primera
clase no ve las cosas maravillosas que tiene la ley de Dios para todos los que
son hacedores de su Palabra. Los otros cavilan sobre trivialidades y descuidan
las cuestiones de más peso —la misericordia y el amor de Dios…
“Por un lado, los religiosos extremistas en general han
divorciado la ley del Evangelio, mientras nosotros, por el otro lado, casi
hemos hecho lo mismo desde otro punto de vista. No hemos levantado delante de
la gente la justicia de Cristo y el pleno significado de su gran plan de
redención. Hemos dejado a un lado a Cristo y su incomparable amor, introducido
teorías y razonamientos, y predicado discursos argumentativos”.[14]
La cuestión básica en 1888 era cómo comprender la plenitud
de la verdad del Evangelio según se refleja en las palabras de Juan de que el
pueblo de Dios al fin del tiempo guardaría “los mandamientos de Dios y la fe de
Jesús”
(Apoc. 14:12).[15]
Los adventistas ortodoxos entendían claramente las
exigencias de los mandamientos de Dios realzadas en forma especial en el
mandamiento del día de reposo. Pero, como ocurre a menudo en la historia
cristiana, puede
ser que el
pensamiento correcto no vaya siempre unido a un claro compromiso de fe en
Cristo, quien es el único que puede salvarlo a uno de la culpa y el poder del
pecado. Por lo general, los adventistas, en su fervor por proclamar la ley de
Dios que había sido descuidada, tendían a dejar a Cristo fuera de su ley.
Muchos predicaban sermones sin Cristo, por lo que representaban mal lo que
significaba tener “la fe de Jesús” (Apoc. 14:12).[16]
Parte del problema surgió porque los adventistas veían en el
mundo religioso en general el peligro del antinomianismo (la creencia de que la
fe, como asentimiento mental, es suficiente y que la obediencia a la ley es
legalismo).[17] Conceptos espurios de
justificación y santificación permeaban varias denominaciones. Muchos
adventistas pensaban que Jones y Waggoner representaban una hendidura en la
puerta que conduciría a esos errores generalizados.
Sin embargo, Elena de White superó los temores de ambos
lados del conflicto al hacer claro que el Evangelio es la unión de la ley
(incluyendo el sábado) y la gracia, de la absolución y el poder, del perdón y
la purificación.
Ella
traspuso el argumento teológico por encima del callejón sin salida convencional
de “la una o la otra” al nivel de “ambas/ y” (esto es, las dos, la ley y la
gracia). Colocó esta sólida comprensión bíblica dentro de los mensajes de los
tres ángeles de Apocalipsis 14. Al concentrarse en esta recuperación adventista
del “Evangelio eterno” (Apoc.14:6), ella clarificó el mensaje inequívoco de la
Iglesia Adventista. Esta profunda unificación de lo que había estado dividiendo
al mundo religioso durante siglos y específicamente a la Iglesia Adventista, fue
su contribución extraordinaria a la crisis de 1888 sobre la salvación por la
fe. Además de eso, sus mensajes demostraron claramente que este “preciosísimo
mensaje” no era una mera recuperación de un relieve teológico del siglo XVI, ni
un préstamo hecho a un énfasis metodista del siglo XIX, como lo representó la
obra de Hannah Whitall Smith, The Chris-tian’s
Secret of a Happy Life.
¿Las presentaciones de Waggoner y Jones fueron luz nueva
para Elena de White? Por lo general, no, como uno puede descubrirlo al leer sus
mensajes anteriores a 1888.[18] Ella
declaró en varias ocasiones que estas grandes
verdades
habían sido “impresas indeleblemente en mi mente por el Espíritu de Dios” y que
habían sido “presentadas en los testimonios vez tras vez”.[19]
Pero ella vio ciertos aspectos del “preciosísimo mensaje”
como algo nuevo, oportuno y que formaba parte de la luz creciente que ella
llamaba “la verdad presente”: “No se ha comprendido la importancia que tiene la
obra peculiar
del tercer
ángel. Dios quería que sus hijos adelantasen mucho más de lo que han adelantado
hasta hoy… No concuerda con la orden de Dios que nuestro pueblo haya sido
privado de la luz, la verdad presente que necesita
para este
tiempo. No todos nuestros ministros que están dando el mensaje del tercer ángel
comprenden realmente lo que constituye este mensaje”.[20]
Podría haberse argumentado durante este período difícil que
si la Sra. White hubiese sido más específica respecto, por ejemplo, al
significado preciso de Gálatas 3, el conflicto se habría resuelto rápidamente.
En realidad,
durante
más de un año ella buscó en vano materiales que había escrito sobre el tema.
Hasta suscitó la pregunta en un sermón en la sesión del congreso de la
Asociación General de 1888: “¿Por qué sucedió que perdí el manuscrito y por dos
años no lo pude encontrar? Dios tiene un propósito en esto. Quiere que acudamos
a la Biblia y obtengamos la evidencia de la Escritura”.[21]
Los delegados de 1888 vieron aquí prevalecer nuevamente el
principio, como había ocurrido desde el comienzo del ministerio de Elena de
White: primero, estudio de la Biblia y luego confirmación mediante la
revelación
divina. En
Minneapolis ella instó a que se hiciese un estudio cuidadoso de la Biblia con
un espíritu cortés, convocando a “ambos lados de la cuestión, a todos los que
querían que la verdad, la verdad bíblica, fuese expuesta a la gente”.[22]
Dijo
además: “No puedo definir mi posición en ninguno de los dos lados hasta que
haya estudiado la cuestión [la ley en Gálatas]”.[23]
En una profunda declaración a Uriah Smith en 1896, Elena de
White puso el dedo en la llaga abierta que continuaría afectando los planes y
las crisis de la denominación hasta que la llaga se sanase. Después de
reafirmar
que el
“ayo” de Gálatas 3 era la ley moral, ella escribió: “La falta de voluntad para
renunciar a opiniones preconcebidas y
aceptar esta verdad fue la principal base de la oposición manifestada en
Minneapolis [1888] con-tra
el mensaje
del Señor expuesto por los hermanos [E. J.] Waggoner y [A. T.] Jones.
Suscitando esa oposición, Satanás tuvo éxito en impedir que fluyera hacia
nuestros hermanos, en gran medida, el poder especial del Espíritu
Santo que
Dios anhelaba impartirles. El enemigo les impidió que obtuvieran esa eficiencia
que pudiera haber sido suya para llevar la verdad al mundo, tal como los
apóstoles la proclamaron después del día de Pentecostés. Fue resistida la luz
que ha de alumbrar a toda la tierra con su gloria, y en gran medida ha sido
mantenida lejos del mundo por nuestros propios hermanos”.[24]
Para la Sra. White, el énfasis en la salvación por la fe
durante el período de 1888-1895 encarnó el “mensaje del tercer ángel”,
especialmente al estar este mensaje relacionado con la obra de Cristo en el
lugar santísimo
del
santuario celestial. Era más que una mera recuperación de la “justificación por
la fe” según fue proclamada por los reformadores.
La luz adicional que se obtuvo por el estudio de la Biblia y
que se presentó a la Asociación General de Minneapolis de 1888 confirmó el vínculo
entre los mandamientos de Dios y la fe de Jesús en una unión inseparable, una
unión tan eficiente e interdependiente como los dos polos de una batería,
obrando en la transformación dinámica de las vidas humanas.
En el énfasis de 1888, se hizo un vínculo adicional entre
los resultados de una aplicación personal de la salvación por la fe y la obra
final de Cristo en el lugar santísimo. Para Elena de White, la iglesia
languidecerá hasta que sus miembros comprendan y experimenten la verdad de que
ver a Cristo en la ley capacita a los seres humanos para ser obedientes a esa
ley. Cuando las personas vean cómo Cristo verdaderamente quita la culpa que la
ley condena, verán de qué manera las capacita realmente para llegar a ser lo
que la ley describe. Al hacer eso, dichas personas llegan a ser lo que Juan
predijo que existiría en la generación que proclame el mensaje del tercer ángel
(Apoc. 14:12). De ese modo, “Cristo nuestra Justicia” se convierte en “el tema
que abarcará” a todos los demás.[25]
Algunas de las contribuciones cruciales de Elena de White al
congreso de la Asociación General de Minneapolis de 1888, y por ende a nosotros
hoy, incluyen:
• Los puntos de vista opuestos debieran discutirse con una
actitud apropiada; las actitudes impropias pueden ser una señal de que la
opinión es deficiente.
• Los estudiantes juiciosos de la Biblia no destacan puntos
menores que distraen de los problemas básicos, tales como detalles sobre la
interpretación profética.
• La esencia del Evangelio abarca la ley y una respuesta de
fe genuina, de modo que por la gracia de Cristo, imputada e impartida, se
cumplirá la intención de la ley y del Evangelio.
• Los dirigentes de la iglesia debieran ser ejemplos de
franqueza de manera que no se impida que la “nueva luz” llegue a la iglesia.
• La “revelación de la justicia de Cristo” de 1888 fue sólo
“el comienzo de la luz del ángel cuya gloria llenará toda la tierra” (ver Apoc.
18:1).
• La aclaración y reformulación de los principios del
“preciosísimo mensaje” que fue el comienzo del “fuerte clamor” (Apoc. 18:4)
llegará a ser “el tema único que abarcará” a todos los demás.
Esta dote valiosa entregada a la Iglesia Adventista está
registrada hoy día en los muchos documentos de aquel período. Puede argüirse
vigorosamente que, sin el liderazgo profético de Elena de White en aquel
entonces, la Iglesia Adventista del Séptimo Día habría sido herida mortalmente.
Sin su insistencia en que se comprendiera plenamente lo que ella y otros
estaban destacando en 1888 y en los años subsiguientes, la iglesia hoy día no
sabría qué significa cumplir su papel de proclamar el “Evangelio eterno”.
Hoy persiste la urgencia de los mensajes del período de
1888-1896. Para estar verdaderamente informada, una persona debe releer los
mensajes reales, no a través de los ojos de otro sino directamente como si el
lector actual fuera un testigo presencial que está oyendo a Jones, Waggoner y
Elena de White por primera vez.[26]
Una huella interesante va desde las discusiones constantes
sobre la justificación por la fe que siguieron al congreso de la Asociación
General de 1888 en Minneapolis hasta el “mensaje de purificación” proclamado en
la
Asociación
de Indiana al comienzo del siglo. Ya para 1900 todo el comité ejecutivo de la
Asociación de Indiana y casi todos sus ministros estaban proclamando
entusiastamente que, a fin de ser trasladados, los miembros de iglesia debían
pasar por la “experiencia del huerto”, recibir la “carne santificada” que Jesús
tenía y de ese modo estar preparados para la traslación. Después de esta
experiencia, los miembros de iglesia ya no podrían ser tentados “desde adentro”
y no verían la muerte; ¡serían trasladados! ¿Cómo iba a suceder esto? Creían
que el Espíritu Santo, cuando viniera en su plenitud, limpiaría a los miembros
de iglesia de todo pecado (en la “experiencia del huerto”).
Una
iglesia limpia estaría entonces preparada para advertir al mundo en cuanto al
regreso de Cristo, con el “fuerte clamor” de Apocalipsis 18:4.
En el campestre de Indiana de 1900, Stephen Haskell hizo lo
mejor que pudo para dar una contramarcha a esta herejía que abarcaba toda la
asociación. En su informe a Elena de White que todavía estaba en Australia, él
escribió:
“Cuando declaramos que creíamos que Cristo había nacido en una humanidad caída,
ellos decían que creíamos que Cristo pecó, pese al hecho de que afirmábamos
nuestra posición tan claramente que parecía que
nadie
podría entendernos mal.
“Su argumento teológico en este respecto parece ser el
siguiente: Creen que Cristo tomó la naturaleza de Adán antes de que cayera; de
modo que tomó la humanidad como era en el jardín del Edén, y de este modo la
humanidad era santa, y esta es la humanidad que Cristo tuvo; y ahora, dicen, ha
llegado el tiempo especial en que nosotros hemos de llegar a ser santos en ese
sentido, y luego tendremos la ‘fe para la translación’ y nunca moriremos”.[27]
Haskell y otros pusieron al descubierto otras doctrinas
falsas: (1) el impartimiento del Espíritu Santo era principalmente para
manifestaciones físicas y milagros antes que para una preparación del carácter
para el servicio;
(2) el
perfeccionismo (entendido como “carne santificada”) en el sentido de que la
persona no es capaz de pecar porque ahora no viene ninguna tentación de su
interior; (3) Jesús nació con “carne exenta de pecado”; (4) el Espíritu Santo,
en el momento de la concepción de Jesús, lo aisló de la ley de la herencia; (5)
las personas selladas no morirán; y (6) la gente sellada está sana físicamente
como también espiritualmente.
En la reunión de la feligresía de la Asociación de Indiana,
en Indianápolis, el 5 de mayo de 1901, Elena de White declaró en cuanto a estas
doctrinas: “No hay una hebra de verdad en toda la tela”.[28]
En la sesión del congreso de la Asociación General de 1901,
en Battle Creek, ella enfrentó abiertamente la herejía de la carne santificada
y a los dirigentes de la asociación. En un manuscrito que había preparado dijo,
en parte:
“Es errónea la enseñanza dada concerniente a lo que se llama la ‘carne
santificada’. Todos pueden obtener ahora corazones santificados, pero es
incorrecto pretender que en esta vida se puede tener carne santificada…
Ninguno de
vosotros posee ahora carne santificada… Es una imposibilidad. Si los que hablan
con tanta facilidad acerca de la perfección en la carne, pudiesen ver las cosas
en su verdadera luz, rechazarían horrorizados sus ideas presuntuosas… Permitid
que esta doctrina avance un poco más, y llevará a la pretensión de que sus
defensores no pueden pecar; puesto que tienen carne santificada, todas sus
acciones son santas. ¡Qué puerta se abriría de este modo a la tentación!…
“La forma como se han celebrado las reuniones en Indiana, con
ruido y confusión, no las recomienda a las mentes concienzudas e inteligentes.
Estas demostraciones no contienen nada capaz de convencer al mundo de que
poseemos la verdad. El ruido y el alboroto en sí mismos no constituyen ninguna
evidencia en favor de la santificación, o del descenso del Espíritu Santo… El
fanatismo, una vez que ha comenzado y se ha dejado sin control, es tan difícil
de apagar como un fuego que se ha posesionado de un edificio”. “Necesitamos
contemplar a Cristo y llegar a asemejarnos a su imagen mediante el poder
transformador del Espíritu Santo. Esta es nuestra única salvaguardia para no
ser enredados en las trampas escurridizas de Satanás”.[29]
Después de leer durante una hora su declaración preparada
con anterioridad, Elena de White habló improvisadamente y recordó lecciones
aprendidas de manifestaciones similares de fanatismo con las que ella y los
pioneros
asociados con ella habían contendido en las décadas de 1840 y 1850.
¿Cuál fue el resultado? Al día siguiente el presidente de la
Asociación de Indiana hizo una confesión franca, en la que en parte dijo:
“Cuando encontré a este pueblo, estaba más que feliz de saber que había una
profetisa entre
ellos, y
desde el principio he sido un firme creyente en los Testimonios y el
espíritu de profecía, y un caluroso abogado de ellos. A veces se me ha sugerido
en el pasado que la prueba en este punto de fe llega cuando el testimonio nos
viene directamente a nosotros. Como casi todos ustedes saben, la prueba me
llegó a mí en el testimonio de ayer de mañana. Pero, hermanos, puedo agradecer
a Dios esta mañana que mi fe en el espíritu de profecía permanece inamovible.
Dios ha hablado. El dice que yo estaba equivocado, y yo contesto: Dios tiene
razón y yo estoy equivocado”.[30]
Otros oficiales de la Asociación de Indiana hicieron también
una confesión abierta y plena de sus errores, y todos indicaron a la mensajera
de Dios como la razón de que ahora tenían luz sobre el asunto. Pocas semanas
más
tarde, la
feligresía de la Asociación de Indiana votó un nuevo comité para la asociación
y un cambio de pastores claves. Con estas confesiones, el movimiento de la
carne santificada quedó deshecho.[31]
La palabra “panteísmo” se deriva de dos vocablos griegos: pan,
“todo”, y theos, “Dios”. En el panteísmo, todo manifiesta la presencia
de Dios; la naturaleza y Dios son idénticos. Al entender erróneamente el papel
del Espíritu Santo, la iglesia cristiana durante dos mil años ha caído en
varias herejías que lindan con el panteísmo; algunas han sido incursiones
directas en el territorio panteísta. Ese mismo malentendido creó una crisis en
la Iglesia Adventista del Séptimo Día a comienzos de la década de 1900.
En las décadas de 1840 y 1850 ex milleritas
“espiritualizadores” no sólo destacaban que Jesús había realmente “venido” a
los “creyentes” en 1844 sino que también eran “altamente introvertidos” en sus
prácticas exaltadas de adoración. Además de eso, muchos grupos se aliaban a la
influencia creciente del espiritismo
moderno,
primero con los cuáqueros “tembladores” y luego con el movimiento de las
hermanas Fox en Hydesville, Nueva York. Pero debajo del movimiento
“espiritualizador” estaba la reducción de Jesús a un “espíritu” antes que a una
Persona material.[32]
Cuando las ideas panteístas se desarrollaron entre los
adventistas medio siglo más tarde, Elena de White reconoció las similitudes con
los “espiritualizadores” a quienes había enfrentado firmemente en la década de
1840
y a
comienzos de la de 1850.[33]
Antes de la muerte de Jaime White en 1881, J. H. Kellogg
compartió con los White algunas teorías de la “nueva luz” respecto a la
comprensión de Dios. Elena de White respondió directamente que las había
“encontrado
antes” y
que él “nunca debería enseñar tales teorías en nuestras instituciones”.[34]
Pero en 1897 Kellogg estaba presentando sus conceptos
panteístas en un instituto ministerial que precedió a la sesión del congreso de
la Asociación General. Sus presentaciones se registraron en el General
Conference
Bulletin (Boletín
de la Asociación Ge-neral) de 1897. Aquellos que no eran capaces de ver adónde
conducirían dichos pensamientos, recibieron entusiastamente expresiones como
las siguientes: “¡Qué pensamiento maravilloso, que este Dios poderoso que
mantiene en orden todo el universo está en nosotros!… ¡Qué cosa asombrosa que
este Dios omnipotente, todopoderoso y omnisciente se convirtiese en un siervo
del hombre al darle libre albedrío, poder para dirigir la energía dentro de su
cuerpo!”[35]
A fines de la década de 1890 E. J. Waggoner desarrolló
también conceptos similares. A causa de
su reputación como un estudioso de la Biblia y al apoyo previo de Elena de
White por sus enseñanzas de la salvación por la fe en 1888-1892, la conexión de
Waggoner con el Dr. Kellogg les dio credibilidad a las enseñanzas de ambos. En
el congreso de la Asociación General de 1899 Kellogg enseñó que los hombres y
las mujeres debieran ser capaces de vencer sus enfermedades y vivir para
siempre, que cada aliento que se toma es “una respiración
directa de
Dios” en la nariz, y que Dios está en el agua pura y en la buena comida porque
“Dios está en todas las cosas”.[36]
De estas sesiones de la Asociación General y de los Boletines,
estos pensamientos “nuevos” e
intrigantes, panteístas hasta la médula, pasaron pronto a abarcar el mundo
adventista. Actualmente parece asombroso que este antiguo error con ropaje
moderno, que a menudo usaba erróneamente declaraciones de Elena de White en
sermones y artículos, no se haya confrontado rápidamente y de frente.[37]
Pero Elena de White en Australia se preocupó. Muchas semanas
antes del congreso de la Asociación General de 1899 había escrito cartas a fin
de que llegasen a tiempo para ser leídas a los delegados. El 1. o de marzo
la primera carta estaba titulada: “La verdadera relación entre Dios y la
naturaleza”. En parte, ella escribió: “La naturaleza no es Dios y nunca fue
Dios… Como la obra creada de Dios, lleva un testimonio de su poder… Necesitamos
considerar
esto cuidadosamente, porque en su sabiduría humana los sabios del mundo, no
conociendo a Dios, deifican insensatamente la naturaleza y las leyes de la
naturaleza”.[38]
Esta comunicación debiera haber bastado para eliminar nuevas
enseñanzas panteístas por parte de voceros denominacionales. Pero estas claras
afirmaciones fueron ignoradas. Las teorías panteístas parecían obtener
partidarios adicionales entre los médicos del Sanatorio de Battle Creek como
también entre los ministros en el campo.
Cuando A. G. Daniells regresó de Australia para asumir el
liderazgo de la Asociación General, se quedó consternado al oír expresiones
como “un fabricante de un árbol en el árbol”, y “Dios en las flores, los
árboles y en toda la humanidad”. W. A. Spicer, que acababa de ser nombrado
secretario de la Junta de las Misiones Extranjeras, había pasado varios años
como misionero en la India donde el panteísmo saturaba al hinduismo.
Rápidamente reconoció los conceptos que se habían popularizado en Norteamérica
por lo que realmente eran.
El 1º de febrero de 1902, el Sanatorio de Battle Creek, de
renombre mundial, se quemó hasta los cimientos. Pocas horas después el Dr.
Kellogg estaba trazando planes para la reconstrucción. Días más tarde le estaba
pidiendo ayuda financiera a la Asociación General. (En ese entonces la
denominación estaba seriamente endeudada y mucho de la deuda se debía a la
expansión de las instalaciones médicas.) Daniells, al recordar que se estaban
levantando fondos para reducir las deudas en las instituciones educativas
mediante la venta del libro Palabras de vida del gran Maestro, de Elena
de White, sugirió que el Dr. Kellogg escribiese un libro de divulgación sobre
fisiología y atención de la salud según se la promovía en el Sanatorio de
Battle Creek. Pensó que los adventistas podrían vender
500.000
ejemplares a sus amigos y que todas las ganancias irían para ayudar a
reconstruir el sanatorio.[39]
Pero en la discusión sobre el libro en consideración,
Daniells le hizo claro a Kellogg que ninguna de sus “nuevas teorías” debían
estar en el libro porque, si pasara eso, muchos miembros de iglesia no
cooperarían con el proyecto. El doctor consintió rápidamente y de in-mediato
comenzó a dictar el manuscrito para The Living Temple (El templo
viviente).
Sin embargo, tan
pronto como W. W. Prescott y W. A. Spicer leyeron las pruebas de galeras,
empezó la controversia sobre su contenido.[40] Kellogg
vio que el comité de la Asociación General tenía la intención de retirar su
apoyo a la publicación del libro, de modo que lo retiró para que ya no fuese
considerado como un proyecto de la iglesia. No obstante, entregó un pedido
personal de 5.000 copias a la Review and Herald Publishing Association.[41] Alrededor
de un mes más tarde, el 30 de diciembre de 1902, un incendio destruyó la casa
publicadora con las planchas del libro listas para ir a la prensa.
En el congreso de la
Asociación General de 1903 otros asuntos dominaron la agenda, además de The
Living Temple. Decisiones administrativas respecto al Sanatorio de Battle
Creek y a la obra de salud de la denominación en general se convirtieron en una
lucha de liderazgo, Kellogg contra Daniells. El doctor estaba decidido a
reabrir el Colegio de Battle Creek (el personal y el cuerpo estudiantil ya se
habían trasladado a Berrien Springs, Michigan, bajo Sutherland y Magan).
Prescott, como director de la Review, usaba sus páginas para resistir la
empresa “desatinada” de Kellogg y para exponer los errores de su panteísmo.
Durante este período, Elena de White le escribió al Dr. Kellogg
lo siguiente: “Usted no está completamente claro con respecto a la personalidad
de Dios, lo cual es todo para nosotros como pueblo. Usted virtualmente ha
destruido al mismo Señor Dios”.
Unos pocos días más
tarde continuó: “Sus ideas son tan místicas que destruyen la sustancia
verdadera y las mentes de algunos se están confundiendo respecto al fundamento
de nuestra fe. Si usted permite que su mente se desvíe de esta manera, le dará
un molde equivocado a la obra que nos ha hecho lo que somos”.[42]
Pero la Sra. White no enfrentó abierta-mente al doctor en
las sesiones del congreso. Se le dijo en visión que “no debía decir nada que
provocase confusión y contienda en el congreso”. Toda la controversia debía
desarrollarse más ampliamente de modo que todas las personas afectadas viesen
con más claridad los problemas que estaban en juego.[43]
Ignorando su consejo, el Dr. Kellogg había publicado 5.000
ejemplares de The Living Temple mediante un impresor comercial. Ahora
más personas del público en general podían ver directamente por qué los
dirigentes
de la
iglesia habían estado preocupados. Se formaron bandos opuestos; los que estaban
a favor consideraban que esta “nueva luz” conducía a una experiencia religiosa
más profunda; los que se oponían consideraban que contribuía
al
desmantelamiento de la doctrina del santuario, creaba confusión respecto a la
función del Espíritu Santo y empañaba la verdad concerniente a las distintas
personalidades de la Deidad. Durante todo el verano Elena
de White
permaneció callada.
Cuando el 7 de octubre se inició el Concilio Otoñal de la
Asociación General en Washington, D.C., todos sabían que tendría que
enfrentarse la controversia con Kellogg y la cuestión de The Living Temple.
Entre los que apoyaban a Kellogg estaban E. J. Waggoner, A. T. Jones y David
Paulson, un médico joven. [44] Después de
una animada sesión de todo el día y de una reunión por la noche, Daniells
regresó a su casa para encontrarse con un grupo de personas que lo estaban
esperando. El primer saludo que le dieron fue: “¡Ha llegado liberación! Hay dos
mensajes de la Sra. White”.
Los mensajes eran claros, concisos e inequívocos: “Esos
conceptos [The Living Tem-ple] no tienen la aprobación de Dios. Son una
trampa que el enemigo ha preparado para estos últimos días… La huella de la
verdad yace cerca de la huella del error, y pueden parecerles una misma a
aquellos cuyas mentes no están dirigidas por el Espíritu Santo, y por lo tanto
no disciernen rápidamente la diferencia entre la verdad y el error”.[45]
Cuando estos mensajes se leyeron en el Concilio al día
siguiente, definieron el asunto para la mayoría de los que estaban vacilando.
Daniells le escribió inmediatamente a Elena de White, diciéndole en parte:
“Nunca hubo mensajes de Dios que se necesitaron más como en esta ocasión; y
nunca hubo mensajes enviados por él a su pueblo que fuesen más directos y
específicos que los que usted nos ha enviado. Fueron exactamente lo que
necesitábamos y llegaron justo en el momento apropiado… El conflicto era severo
y no sabíamos cómo resultarían las cosas.
Pero llegó su mensaje claro, definido, hermoso, y definió la
controversia. No digo que todos los bandos entraron en una relación de perfecta
armonía, pero el mensaje les dio fortaleza a aquellos que permanecieron
del lado
correcto para mantenerse firmes y no ceder”.
Nuevamente en la carta, Daniells destacó el hecho de que el
mensaje llegó notablemente en el momento oportuno: “El Dr. Kellogg había estado
dos o tres días con nosotros. Su actitud había suscitado cierta confusión en la
mente de
una cantidad de nuestros ministros, hombres que en realidad no saben en qué
posición se encuentran. Su mensaje llegó justamente en el día correcto; un día
antes habría sido demasiado temprano”.[46]
¡Enfréntalo!
Después de recibir esta carta del presidente de la
Asociación General, la Sra. White contestó, explicando las circunstancias que
motivaron sus mensajes oportunos. En esta resvisto un témpano y la orden del
capitán:
“¡Enfréntalo!”
Inmediatamente supo cuál era su deber. Comenzando a la 1:00 de la madrugada,
escribió tan rápidamente como pudo. Cuando llegaron sus ayudantes de oficina,
tenían páginas para corregir. Escribió durante
todo el
día y los secretarios trabajaron durante toda la noche siguiente de modo que el
material pudiese enviarse en el tren que salía temprano por la mañana.
Trabajaron hasta que oyeron el silbato del tren. D. E.
Robinson, uno de los secretarios, anduvo en su bicicleta tan rápido como pudo
por unos tres kilómetros (casi dos millas) para alcanzar el vagón del correo.
Algunos días más tarde, estos mensajes oportunos llegaron a Washington, D.C., ¡ni
un día demasiado temprano, ni un día tarde![47]
Elena de White le escribió personalmente a E. J. Waggoner,
uno de los principales partidarios de The Living Temple, urgiéndole a
cambiar su rumbo: “He visto el resultado de esas ideas fantásticas con respecto
a Dios; son
la
apostasía, el espiritismo, el amor libre. El amor libre, al que tienden esas enseñanzas,
estaba tan bien disimulado que era difícil, al principio, darse cuenta de su
verdadero carácter. Hasta que el Señor me hubo presentado el asunto, no sabía
cómo llamarlo, pero he recibido la orden de llamarlo amor espiritual impío”.[48]
Con estos mensajes públicos expuestos a la denominación y al
estar The Living Temple a disposición de todos para ver los asuntos en
juego, la lucha, especialmente en Battle Creek, fue intensa. Por supuesto,
estaba involucrado más que la cuestión del panteísmo. Una cantidad de obreros
que se sentían identificados con la posición del Dr. Kellogg sobre el control
del sanatorio también se inclinaban a apoyar su “nueva luz”. El cuadro completo
no estaba claro para muchos.
La profunda división entre dos grupos definidos continuó en
la sesión de la Unión del Lago, en mayo de 1904. Cada grupo estaba compuesto de
dirigentes de la iglesia vigorosos y bien conocidos. Cada grupo veía en forma
diferente y a fondo diferentes asuntos denominacionales. De acuerdo con E. K.
VandeVere, por mucho tiempo jefe del departamento de historia en el Colegio
Misionero Emanuel (C.M.E.), la polarización en la sesión de 1904 incluía los
siguientes puntos:
Centralización vs. descentralización de autoridad
Ortodoxia vs. la nueva teología (panteísmo, etc.)
Organización vs. Independencia
Ministerio pagado vs. ministerio de sostén propio
Validez de los “testimonios” de Elena de White vs. cuestionarla
y/o ignorarla
La obra médica como “brazo” vs. la obra médica como
“cuerpo”
Exito del Colegio Misionero Emanuel vs. reapertura
del Colegio de Battle Creek
Battle Creek fue “castigado” por incendios vs. los
incendios de Battle Creek fueron accidentales
Traslado a Washington vs. el valor del buen nombre de
Battle Creek
Ortodoxia educativa vs. educación experimental
Control de la junta directiva del Colegio Misionero Emanuel
(C.M.E.) vs. Administradores del C.M.E. guiados por el Espíritu.
“Reformadores” Kellogg, Sutherland, Magan, E. J. Waggoner,
A. T. Jones vs. máximos administradores de la iglesia, Daniells, Spicer,
Prescott, Morrison.[49]
En medio de este fermento vino Elena de White con sermones
cada mañana a las 11:00, incluyendo “El Fundamento de Nuestra Fe”, “Lecciones
de Apocalipsis 3”, “Un Ruego por la Unidad”, “Ten Cuidado de Ti Mismo” y
“Se
Necesita un Cambio de Sentimiento”.[50]
En estos sermones la Sra. White destacó los principios que
cada lado estaba tratando de defender. Esperaba que ambos lados viesen el
cuadro completo. Pero también vio qué impedía que se entendiesen entre sí. Las
actitudes que tenían los miembros de ambos lados constituían el principal
obstáculo para resolver el aparente dilema: “Angeles del cielo, enviados para
ministrar sabiduría y gracia, estaban chasqueados al ver al yo que procuraba
abrirse
paso, para hacer que las cosas apareciesen en una luz equivocada. Los hombres
estaban hablando y discutiendo, y se hacían conjeturas que no tendrían que
haber tenido lugar en la reunión”.[51]
Cerca del fin de las reuniones, Elena de White tuvo una visión.
Escribió un informe de la misma y se lo dio a W. C. White para que lo leyese a
los delegados en el último día: “Anoche se me presentaron asuntos que mostraban
que el fin
del congreso estaría marcado por cosas extrañas… a menos que el Espíritu de Dios
cambiase el corazón y la mente de muchos de los obreros. Especialmente los
médicos misioneros deberían tratar que sus almas fuesen transformadas por la
gracia de Dios”.[52]
Las tensiones continuaron aumentando. A fin de ayudar tanto
como fuese posible a aquellos que todavía vacilaban, la Sra. White se apresuró
a imprimir el tomo 8 de los Testimonios, con una sección titulada,
“El Conocimiento Esencial”.[53] Además de
eso, estaba preparando rápidamente su próximo libro de salud, El ministerio
de curación, destinado especialmente al público en general. En este libro
incorporó los mismos principios respecto a la personalidad de Dios y a su
intervención en la curación de las enfermedades, especialmente en la sección
titulada también “El Conocimiento Esencial”.[54] [En la
edición en español de El ministerio de curación no aparece dicho título
de
sección, pero se incluye gran parte del material a partir del capítulo titulado
“El Verdadero Conocimiento de Dios”.]
La crisis de la doctrina del santuario en 1905 fue un
resultado más de la comprensión errónea del papel de Espíritu Santo en el
proceso de la salvación. Toda vez que uno no hace caso de la obra del Espíritu
Santo en la
relación
entre los mandamientos de Dios y la fe de Jesús (Apoc. 14:12), existe la
tendencia de caer en el legalismo frío o en los sentimientos ardientes y el
ferviente individualismo. O surge el error cuando se resta importancia
a la obra
del Espíritu Santo al concentrarse en la muerte sustitutiva de Cristo, o cuando
uno se concentra en el “Espíritu interior” y descuida a Cristo como el
Sacrificio y el Sumo Sacerdote.[55] El hecho
de comprender erróneamente el doble papel de Cristo [56] como el
Sacrificio y el Sumo Sacerdote que nos capacita, monta el escenario para el
movimiento de la carne santificada, la crisis del panteísmo y, más tarde, el
desafío del santuario.
Desafortunadamente para la Iglesia Adventista, parece que en
la década de 1890 era difícil para muchos, incluyendo a E. J. Waggoner, John
Harvey Kellogg, A. F. Ballenger y, por un tiempo, a W. W. Prescott, mantener en
equilibrio los mensajes de 1888 según los cuales Cristo estaba “tan dispuesto a
impartir la victoria sobre los pecados futuros como a perdonar los que estaban
en el pasado”.[57] Su
atención se concentraba en “impartir victoria” y la manifestación del Espíritu,
pasando por alto el papel principal del Espíritu en la transformación del
carácter que precede a las experiencias de la “lluvia tardía” prometida y el
“fuerte clamor”.[58] Después de
“aceptar” los mensajes de Minneapolis en 1888, estos dirigentes creían que Dios
rápidamente enviaría su Espíritu en una manera notable, lo que capacitaría a la
iglesia para “terminar la obra” y así apresurar el regreso de Jesús. Este
énfasis en la obra del Espíritu induciría a algunos a creer que cada persona
“llena del Espíritu” recibiría también el don del espíritu de profecía. Además,
esos miembros de iglesia no necesitarían una fuerte organización denominacional
porque serían guiados por el Espíritu.[59]
Desde que Elena de White regresara de Australia en 1900,
había estado enviando veintenas de cartas, privadas y públicas, en las que
advertía de los engaños y errores que se estaban manifestando entre voceros
destacados de la iglesia quienes pasaban por alto el punto de la santificación,
así como muchos dirigentes no habían percibido el punto de la observancia de
los mandamientos antes de 1888. En 1903 ella le escribió a Daniells: “A
menudo se
me ha advertido contra ideas extremistas sobre la santificación. Conducen a un
rasgo objetable de la experiencia que nos hará naufragar a menos que estemos
despiertos… Durante el congreso de la Asociación
General de
1901, el Señor me advirtió contra conceptos que estaban siendo reunidos y
sustentados por los hermanos Prescott y [E. J.] Waggoner. Se me instruyó que
estas ideas habían sido como levadura puesta en harina.
Muchas
mentes las han recibido. Las ideas de algunos respecto de una gran experiencia
que se llama y se supone que sea la santificación, han sido el comienzo de una
serie de decepciones que engañarán y arruinarán las almas de aquellos que las
reciban. Debido a algunas expresiones exageradas usadas frecuentemente por el
Hno. E. J. Waggoner en el congreso, fui inducida a hablar palabras que tenían el
propósito de contrarrestar su influencia…
Satanás
está ciertamente presentando algunas teorías falsas que usted no debe recibir.
Los pastores Waggoner y Prescott están fuera de lugar”.[60]
A. F. Ballenger creía erróneamente junto con muchos otros
que el movimiento de la carne santificada era la extensión lógica de los
mensajes de 1888. Lo que él sí vio claramente fue que, puesto que los mensajes
de
1888 sobre
la justificación por la fe habían circulado por toda la denominación, “estamos
en el tiempo de la lluvia tardía, pero se retiene el derramamiento del Espíritu
debido a nuestros pecados”.[61] Vio en
forma acertada
la
conexión entre el carácter del pueblo de Dios y la terminación de su tarea como
testigos de Dios de los últimos días. Por muchos años se le había dado un
fuerte énfasis a ese hecho en los mensajes de Elena de White.[62]
Pero él
estaba equivocado en cuanto a cómo el Espíritu Santo iba a preparar a la gente
para la testificación de los últimos días: él sostenía que los creyentes podían
reclamar y recibir la santificación como podían reclamar y
recibir la
justificación. Además de eso, para él los creyentes podían reclamar la promesa
del Espíritu mediante la fe de la misma manera como podían reclamar el don de
sanidad mediante la fe.[63]
La predicación de Ballenger, según algunos informes, era
acompañada de curaciones físicas, las cuales, para muchos, añadían una
credibilidad especial a su teología. ¿Cuál era el fundamento de la conexión de
Ballenger
entre la
recepción del Espíritu y la curación física? El creía que debido a que Jesús
“tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”, [64] la
Escritura “prueba que el Evangelio incluye la salvación de la enfermedad así
como la salvación del pecado”.[65]
¿Cuál fue la respuesta de la Sra. White a estas “nuevas
ideas”? Al escribir a J. H Kellogg en 1898, ella dijo que algunos leían la
Biblia sin estudiarla cabalmente y luego, “llenos de ardor y celo, presentan
teorías que, si son recibidas, contrarrestarán” lo que se ha recibido desde
1844 como “una cadena coherente de verdad… Estos sienten ansias de ideas nuevas
y suposiciones, lo que echa a perder el desarrollo simétrico del carácter…
Permítase que alguien fije toda su mente en alguna idea que no es correcta, y
se desarrollará algo deforme antes que simétrico”.[66]
En la sesión del congreso de la Asociación General de 1905
en Washington, Ballenger presentó tres estudios de una hora sobre su “nueva”
luz en cuanto a la doctrina del santuario. Su principal argumento era de que
Jesús, al ascender al cielo, entró en el segundo apartamento del santuario
celestial, el lugar santísimo. Antes de la cruz, había
estado
actuando en el primer apartamento, el lugar santo. Ballenger no convenció a los
miembros del comité, quienes respondieron con una exégesis bíblica que había
sido elaborada hacía décadas y confirmada mediante
revelaciones
dadas a Elena de White. La respuesta parecía haber conducido a un punto muerto.
Una década o más de interpretar erróneamente el papel del
Espíritu Santo en la salvación por la fe debilitó la comprensión de Ballenger
respecto al papel de Cristo en la expiación. Al concentrar su atención en el
carácter inmediato de la experiencia de purificación mediante el acto de
reclamar la obra del Espíritu Santo, apartó sus ojos teológicos de la función
de Cristo como Sumo Sacerdote, tanto en su primera fase de ministerio en el
lugar santo como luego en el lugar santísimo.
Al negarse a aceptar el ministerio correctivo de Elena de White, Ballenger
comenzó a atacar la credibilidad de ella en asuntos teológicos como también en
otras áreas.
En una de sus respuestas públicas durante este período, la
Sra. White dijo: “Engaños de toda clase se levantarán en el futuro, y queremos
un fundamento sólido para nuestros pies… No debe quitarse ni un alfiler de lo
que el Señor ha establecido. El enemigo traerá teorías falsas, como la doctrina
de que no hay santuario. Este es uno de los puntos sobre los que habrá un
abandono de la fe… Estoy orando para que el poder del Salvador se ejerza en
favor de aquellos que han entrado en las tentaciones del enemigo. Los tales no
permanecen bajo el amplio escudo del Omnipotente”.[67]
Más tarde escribió: “El [Ballenger] estuvo reuniendo un
conjunto de pasajes bíblicos que confundirían las mentes [de muchos] debido a
sus aseveraciones y a su aplicación errónea de esas escrituras, porque la
aplicación
era engañosa y no s