SAMBALAT Y SUS
confederados no se atrevían a guerrear abiertamente contra los judíos; pero con
creciente malicia continuaban en secreto sus esfuerzos para desalentarlos y
ocasionarles perplejidad y perjuicio. La
muralla que cercaba a Jerusalén estaba llegando rápidamente a su terminación. Una vez que se la hubiese acabado y se
hubiesen colocado las puertas, aquellos enemigos de Israel no podrían entrar ya
en la ciudad. Era por lo tanto cada vez
mayor su deseo de detener cuanto antes el trabajo. Idearon al fin un plan por medio del cual esperaban apartar a
Nehemías de su puesto y matarlo o encarcelarlo una vez que lo tuviesen en su
poder.
Fingiendo que
deseaban que ambos partidos opositores transigieran, procuraron celebrar una
conferencia con Nehemías, y le invitaron a reunirse con ellos en una aldea de
la llanura de Ono. Mas él, iluminado
por el Espíritu Santo acerca del verdadero fin que perseguían, rehusó. Escribe: "Enviéles mensajeros,
diciendo: Yo hago una grande obra, y no puedo ir: porque cesaría la obra,
dejándola yo para ir a vosotros." Pero los tentadores eran persistentes. Cuatro veces le mandaron mensajes similares,
y cada vez recibieron la misma respuesta.
Al ver que ese
plan no tenía éxito, recurrieron a una estratagema más audaz. Sambalat envió a Nehemías un mensajero que
llevaba una carta abierta en la cual se decía: "Hase oído entre las
gentes, y Gasmu lo dice, que tú y los Judíos pensáis rebelaros; y que por eso
edificas tú el muro, con la mira ... de
ser tú su rey; y que has puesto profetas que prediquen de ti en Jerusalem,
diciendo: ¡Rey en judá! Y ahora serán oídas del rey las tales palabras: ven por
tanto, y consultemos juntos."
Si los informes
mencionados hubiesen circulado realmente, habría habido motivo de aprensión,
pues no habrían tardado en llegar hasta el rey, a quien la menor sospecha podía
inducir a tomar las medidas más severas.
Pero Nehemías estaba convencido de que la carta era completamente falsa,
y que había sido escrita para despertar sus temores y atraerlo a una trampa. Esta conclusión quedaba fortalecida por el
hecho de que la carta se enviaba abierta, evidentemente para que el pueblo
leyese su contenido, y se alarmase e intimidase.
Contestó
prestamente: "No hay tal cosa como dices, sino que de tu corazón tú lo
inventas." Nehemías no ignoraba los designios de Satanás. Sabía que esas tentativas se hacían para
debilitar las manos de los constructores y así frustrar sus esfuerzos.
Satanás había
sido derrotado vez tras vez; y ahora con aun mayor malicia y astucia, tendió un
lazo más sutil y peligroso para el siervo de Dios. Sambalat y sus compañeros sobornaron a hombres que profesaban ser
amigos de Nehemías, para que le diesen malos consejos como palabra de Jehová. El principal que se empeñó en esta obra
inicua fue Semaías, al que Nehemías había tenido antes en buena estima. Ese hombre se encerró en una cámara cercana
al santuario, como si temiese que su vida peligrara. El templo estaba entonces protegido por muros y puertas, pero las
puertas de la ciudad no habían sido colocadas todavía. Aparentando gran preocupación por la
seguridad de Nehemías, Semaías le aconsejó que buscase refugio en el templo. Propuso: "Juntémonos en la casa de Dios
dentro del templo, y cerremos las puertas del templo, porque vienen para
matarte; sí, esta noche vendrán a matarte."
Si Nehemías
hubiese seguido este consejo traicionero, habría sacrificado su fe en Dios y en
ojos del pueblo habría parecido cobarde y despreciable. En vista de la obra importante que había
emprendido y de la confianza que había profesado tener en el poder de Dios,
habría sido completamente inconsecuente de su parte ocultarse como quien
tuviese miedo. La alarma se habría
difundido entre el pueblo; cada uno habría procurado su propia seguridad; y la
ciudad habría sido dejada sin protección, para caer presa de sus enemigos. Ese único paso imprudente de parte de
Nehemías habría sido una entrega virtual de todo lo que se había ganado.
Nehemías no
necesitó mucho tiempo para comprender el verdadero carácter de su consejero y
el fin que perseguía. Dice:
"Entendí que Dios no lo había enviado, sino que hablaba aquella profecía
contra mí, porque Tobías y Sanballat le habían alquilado por salario. Porque sobornado fue para hacerme temer así,
y que pecase, y le sirviera de mal nombre con que fuera yo infamado."
El pérfido
consejo dado por Semaías fue secundado por más de un hombre de gran reputación
que, mientras profesaba ser amigo de Nehemías, se había aliado secretamente con
sus enemigos. Pero tendieron
inútilmente su lazo. La intrépida
respuesta de Nehemías fue: "¿Un hombre como yo ha de huir? ¿y quién, que como yo fuera, entraría al
templo para salvar la vida? No
entraré."
No obstante
las maquinaciones de sus enemigos, abiertos o secretos, la obra de construcción
seguía firmemente adelante, y en menos de dos meses después de la llegada de
Nehemías a Jerusalén, la ciudad estaba ceñida de sus defensas, y los
edificadores podían andar por la muralla y mirar hacia abajo a sus enemigos
derrotados y asombrados. "Como lo
oyeron todos nuestros enemigos -escribe Nehemías,- temieron todas las gentes
que estaban en nuestros alrededores, y abatiéronse mucho sus ojos, y conocieron
que por nuestro Dios había sido hecha esta obra."
Sin embargo,
esta evidencia de la mano directora del Señor no bastó para evitar el
descontento, la rebelión y la traición entre los israelitas. "Iban muchas cartas de los principales
de Judá a Tobías, y las de Tobías venían a ellos. Porque muchos en Judá se habían conjurado con él, porque era
yerno de Sechanías." En esto se ven los malos resultados del casamiento
con idólatras. Una familia de Judá se
había vinculado con los enemigos de Dios, y la relación establecida resultaba en
una trampa. Muchos habían hecho lo
mismo. Estos, como la turba mixta que
había subido de Egipto con Israel, eran una fuente de constantes dificultades. No servían a Dios con todo su corazón; y
cuando la obra de él exigía un sacrificio, estaban listos para violar su
solemne juramento de cooperación y apoyo.
Algunos de los
que más se habían destacado para maquinar daño contra los judíos manifestaron
entonces el deseo de vivir en amistad con ellos. Los nobles de Judá que se habían enredado casándose con idólatras,
y que habían sostenido correspondencia traicionera con Tobías y jurado
servirle, se pusieron a alabarle como hombre capaz y previsor, con quien sería
ventajoso que los judíos se aliasen. Al
mismo tiempo, seguían traicionando y le transmitían los planes y movimientos de
Nehemías. De esta manera la obra del
pueblo de Dios estaba expuesta a los ataques de sus enemigos, y se creaban
oportunidades para interpretar con falsedad las palabras y los actos de
Nehemías e impedir su obra.
Cuando los
pobres y oprimidos habían apelado a Nehemías para que corrigiese los daños que
sufrían, él se levantó osadamente en su defensa y logró que los malhechores
quitasen el oprobio que pesaba sobre ellos.
Pero no quería ejercer ahora en favor suyo la autoridad que había ejercido
en favor de sus compatriotas oprimidos.
Algunos habían respondido a sus esfuerzos con ingratitud y traición,
pero él no se valió de su poder para castigar a los traidores. Con serenidad y desinterés, siguió sirviendo
al pueblo, sin cejar en sus esfuerzos ni permitir que disminuyese su interés.
Satanás
dirigió siempre sus asaltos contra los que procuraban hacer progresar la obra y
causa de Dios. Aunque a menudo se ve
frustrado, con la misma frecuencia renueva sus ataques, dándoles más vigor y
usando medios que hasta entonces no probó.
Pero su manera de obrar en secreto mediante aquellos que se dicen amigos
de la obra de Dios, es la más temible. La
oposición abierta puede ser feroz y cruel, pero encierra mucho menos peligro
para la causa de Dios que la enemistad secreta de aquellos que, mientras
profesan servir a Dios, son de corazón siervos de Satanás. Están en situación de poner toda ventaja en
las manos de aquellos que usarán su conocimiento para estorbar la obra de Dios
y perjudicar a sus siervos.
Toda
estratagema que pueda sugerir el príncipe de las tinieblas será empleada para
inducir a los siervos de Dios a confederarse con los agentes de Satanás. Les llegarán repetidamente solicitudes para
apartarlos de su deber; pero, como Nehemías, deben contestar firmemente:
"Yo hago una grande obra, y no puedo ir." En plena seguridad, los que
trabajan para Dios pueden seguir adelante con su obra y dejar que sus esfuerzos
refuten las mentiras que la malicia invente para perjudicarles. Como los que construían los muros de
Jerusalén, deben negarse a permitir que las amenazas, las burlas o las mentiras
los distraigan de su obra. Ni por un
momento deben relajar su vigilancia; porque hay enemigos que de continuo les
siguen los pasos. Siempre deben elevar
su oración a Dios y poner "guarda contra ellos de día y de noche."
(Neh. 4: 9 )
A medida que
se acerca el tiempo del fin, se harán sentir con más poder las tentaciones a
las cuales Satanás somete a los que trabajen para Dios. Empleará agentes humanos para escarnecer a
los que edifiquen la muralla. Pero si
los constructores se rebajasen a hacer frente a los ataques de sus enemigos,
ello no podría sino retardar la obra. Deben
esforzarse por derrotar los propósitos de sus adversarios; pero no deben
permitir que cosa alguna los aparte de su trabajo. La verdad es más fuerte que el error, y el bien prevalecerá sobre
el mal.
Tampoco deben
permitir que sus enemigos conquisten su amistad y simpatía de modo que los
seduzcan para hacerles abandonar su puesto del deber. El que por un acto desprevenido expone al oprobio la causa de
Dios, o debilita las manos de sus colaboradores, echa sobre su propio carácter
una mancha que no se quitará con facilidad, y pone un obstáculo grave en el
camino de su utilidad futura.
"Los que
dejan la ley, alaban a los impíos." (Prov. 28: 4.) Cuando los que se
unen con el mundo, aunque haciendo alarde de gran pureza, abogan por la unión
con los que siempre se han opuesto a la causa de la verdad, debemos temerlos y
rehuírlos con la misma decisión que revelaba Nehemías. El enemigo de todo bien es el que inspira
tales consejos. Se trata de palabras
provenientes de personas mercenarias, y se les debe resistir tan resueltamente
hoy como antaño. Cualquier influencia
tendiente a hacer vacilar la fe del pueblo de Dios en su poder guiador debe ser
resistida con firmeza.
En la resuelta
devoción de Nehemías a la obra de Dios, y en su igualmente firme confianza en
Dios, residía la razón del fracaso que sufrieron sus enemigos al tratar de
atraerlo adonde lo tuviesen en su poder.
El alma indolente cae fácilmente presa de la tentación; pero en la vida
que tenga nobles fines y un propósito absorbente, el mal encuentra poco lugar
donde asentar el pie. La fe del que
progresa constantemente no se debilita; porque encima, debajo y más allá de lo
que se ve reconoce al amor infinito que obra todas las cosas para cumplir su
buen propósito. Los verdaderos siervos
de Dios obran con determinación inagotable, porque dependen constantemente del
trono de la gracia.
El Señor ha provisto auxilio divino para todas las emergencias a las cuales no pueden hacer frente nuestros recursos humanos. Nos da el Espíritu Santo para ayudarnos en toda estrechez, para fortalecer nuestra esperanza y seguridad, para iluminar nuestros espíritus y purificar nuestros corazones. Provee oportunidades y medios para trabajar. Si sus hijos están al acecho de las indicaciones de su providencia, y están listos para cooperar con él, verán grandes resultados.