Relación de los escritos de E. G. de White con la
Biblia, reconociéndola como el Libro supremo.-
Recomiendo al amable lector la Palabra de Dios como
regla de fe y práctica. Por esa Palabra hemos de ser juzgados. En ella Dios ha
prometido dar visiones en los "postreros días", no para tener una
nueva norma de fe, sino para consolar a su pueblo y para corregir a los que se
apartan de la verdad bíblica. Así obró Dios con Pedro cuando estaba por
enviarlo a predicar a los gentiles (A Sketch of the Christian Experience and
Views of Ellen G. White, p. 64, [PE,
78]).*
No ha de tomar el lugar de la Palabra.-
El Señor desea que estudiéis vuestras Biblias. El no
ha dado ninguna luz adicional para tomar el lugar de la Palabra. Esta luz se da
con el propósito de concentrar en su Palabra las mentes confundidas, y si se
asimila y digiere es la sangre y la vida del alma. Entonces se verán buenas
obras cuando la luz brilla en las tinieblas (Carta 130, 1901).
Adquirir las pruebas de la Biblia.-
En el trabajo público no hagáis prominente ni citéis
lo que la Hna. White ha escrito, como autoridad para sostener vuestra posición.
El hacer esto no aumentará la fe en los Testimonios. Presentad vuestras
evidencias en forma clara y sencilla, extrayéndolas de la Palabra de Dios. Un
"así dice el Señor" es el testimonio más poderoso que podéis
presentar a la gente. Que nadie sea educado a mirar a la Hna. White, sino a
Dios poderoso que da las instrucciones a la Hna. White (Carta 11, 1894).
En primer lugar los principios bíblicos, y luego los
Testimonios.-
Es mi primer deber presentar los principios bíblicos.
Entonces, a menos que haya una reforma decidida y concienzuda que se note en
aquellos cuyos casos me han sido presentados, debo exhortarlos personalmente
(Carta 69, 1896).
La obra de E. G. de White no es distinta que la de
los profetas bíblicos.-
En los tiempos antiguos habló a los hombres por boca
de los profetas y apóstoles. En estos días él les habla por los testimonios de
su Espíritu. Nunca hubo un tiempo en que Dios instruyera a su pueblo más
fervientemente de lo que lo instruye ahora acerca de su voluntad y de la
conducta que quiere que sigan (Testimonies, t. 5, p. 661 [2JT 276]).
La Escritura y el espíritu de profecía tienen el
mismo autor.-
El Espíritu Santo es el autor de las Escrituras y
también del espíritu de profecía. Estos escritos no han de ser desvirtuados
para hacer que signifiquen lo que el hombre quiera hacerlos significar, para
expresar ideas y sentimientos humanos y para llevar adelante planes humanos a
toda costa (Carta 92, 1900).
Relación de los escritos de E. G. de White la
"luz menor" con la Biblia.-
Poco caso se hace de la Biblia, y el Señor ha dado
una luz menor para guiar a los hombres y mujeres a la luz mayor (Review and
Herald, 20 de enero de 1903 [CE 174]).
Probados por la Biblia.-
El Espíritu no fue dado ni puede jamás ser otorgado
para invalidar la Biblia, pues las Escrituras declaran explícitamente que la
Palabra de Dios es la regla por la cual toda enseñanza y toda manifestación
religiosa debe ser probada... Isaías declara: "¡A la ley y al testimonio!
Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isa. 8:20;
El conflicto de los siglos, Introducción, pp. 9-10).
No con el propósito de dar nueva luz.-
El Hno. J*** quiere confundir los ánimos tratando de
hacer aparecer que la luz que Dios me ha dado por medio de los Testimonios es una
adición a la Palabra de Dios; pero da así una falsa idea sobre el asunto. Dios
ha visto propio atraer de este modo la atención de este pueblo a su Palabra,
para darle una comprensión más clara de ella. La Palabra de Dios basta para
iluminar la mente más obscurecida, y puede ser entendida por los que tienen
deseos de comprenderla. Pero no obstante todo eso, algunos que profesan
estudiar la Palabra de Dios se encuentran en oposición directa a sus más claras
enseñanzas. Entonces, para dejar a hombres y mujeres sin excusa, Dios da
testimonios claros y señalados, a fin de hacerlos volver a la Palabra que no
han seguido. La Palabra de Dios abunda en principios generales para la
formación de hábitos correctos de vida, y los testimonios, generales y
personales, han sido calculados para atraer su atención más especialmente a
esos principios (Testimonies, t. 5, pp. 663-664 [2JT 278-279]).
Los testimonios han de presentar lecciones claras de
la Palabra.-
En las Escrituras Dios ha establecido lecciones
prácticas para gobernar la vida y la conducta de todos; pero aunque él ha dado
detalles particulares y minuciosos con respecto a nuestro carácter, nuestra
conversación y nuestra conducta, sin embargo, sus lecciones son descuidadas e
ignoradas en gran medida. Además de la instrucción de su Palabra, el Señor ha
dado testimonios especiales a su pueblo, no como una nueva revelación, sino que
él desea presentar delante de nosotros las lecciones claras de su Palabra para
que puedan corregirse errores, para que pueda señalarse el camino correcto, para
que cada alma esté sin excusa (Carta 63, 1893 [véase 2JT 270-271]).
Elena de White capacitada para definir claramente la
verdad y el error.-
En aquel tiempo [después del chasco de 1844] se nos
presentaba un error tras otro; ministros y doctores [médicos] traían nuevas
doctrinas. Solíamos escudriñar las Escrituras con mucha oración, y el Espíritu
Santo revelaba la verdad a nuestra mente. A veces dedicábamos noches enteras a
escudriñar las Escrituras y a solicitar fervorosamente la dirección de Dios. Se
reunían con este propósito grupos de hombres y mujeres piadosos. El poder de
Dios bajaba sobre mí, y yo recibía capacidad para definir claramente lo que era
verdad y lo que era error.
Al ser así delineados los puntos de nuestra fe, nuestros
pies se asentaron sobre un fundamento sólido. Aceptamos la verdad punto por
punto, bajo la demostración del Espíritu Santo. Yo solía quedar arrobada en
visión, y me eran dadas explicaciones. Me fueron dadas ilustraciones de las
cosas celestiales y del santuario, de manera que fuimos colocados donde la luz
resplandecía sobre nosotros con rayos claros y distintos (Obreros evangélicos,
pp. 317-318).
Para corregir el error y especificar la verdad.-
He escrito mucho en el diario* que he llevado en
todos mis viajes, y que debe ser presentado ante el pueblo en lo que sea
esencial, aunque no haya escrito una sola línea más. Quiero que aparezca lo que
se considere de valor, porque el Señor me ha dado mucha luz que deseo que la
gente tenga; pues hay instrucciones que el Señor me ha dado para su pueblo. Es
luz que ellos deben poseer, línea sobre línea, precepto sobre precepto, aquí un
poquito y allí otro poquito. Esto ha de ser presentado ahora delante del
pueblo, porque ha sido dado para corregir errores sutiles y para especificar lo
que es la verdad. El Señor ha revelado muchas cosas que señalan la verdad,
diciendo lo siguiente: "Este es el camino, andad por él" (Carta 117,
1910).
Los testimonios nunca contradicen la Biblia.-
La Biblia debe ser vuestro consejero. Estudiadla y
estudiad los testimonios que Dios ha dado, porque ellos nunca contradicen esta
Palabra (Carta 106, 1907).
Si los Testimonios no hablan según la Palabra de
Dios, rechazadlos. No puede haber unión entre Cristo y Belial (2 JT 302).
Al citar a la Hna. White.-
¿Cómo puede el Señor bendecir a aquellos que manifiestan un espíritu que dice: "A mi no me importa", un espíritu que los conduce a andar contrariamente a la luz que el Señor les ha dado? Pero no os pido que toméis mis palabras. Poned a la Hna. White a un lado. No citéis mis palabras de nuevo en toda vuestra vida hasta que obedezcáis la Biblia.* Cuando hagáis de la Biblia vuestro alimento, vuestra comida y vuestra bebida, cuando hagáis de sus principios los elementos de vuestro carácter, sabréis mejor cómo recibir el consejo de Dios. Exalto la preciosa Palabra delante de vosotros hoy. No repitáis lo que yo he dicho: "La Hna. White ha dicho así", y "La Hna. White ha dicho asá". Descubrid lo que el Señor de Israel ha dicho, y entonces haced lo que él ordena (Manuscrito 43, 1901. [De un discurso a los dirigentes de la iglesia la noche anterior a la apertura del congreso de la Asociación General de 1901.])