Apartándose de la fe
Dios está enseñando, dirigiendo y guiando a su
pueblo, para que ellos enseñen, guíen y conduzcan a otros. En la iglesia
remanente de estos últimos días habrá, como las hubo en el tiempo del antiguo
Israel, personas que desean moverse en forma independiente, que no están
dispuestas a someterse a las enseñanzas del Espíritu de Dios, y que no
escucharán ninguna amonestación o consejo. Que los tales siempre recuerden que
Dios tiene una iglesia en la tierra, en la cual ha delegado el poder. Los
hombres querrán seguir su propio juicio independiente, despreciando el consejo
y el reproche; pero tan seguramente como ellos hacen esto se están apartando de
la fe, y la consecuencia será el desastre y la ruina de las almas. Los que
trabajan ahora para sostener y edificar la verdad de Dios están alistándose de
un lado, firmes y unidos en su corazón, en su mente y con su voz, en defensa de
la verdad (Carta 104, 1894).
La acción concertada produce fuerza
El Señor quiere que todos los que desempeñan una
parte en su obra den testimonio en su vida del carácter santo de la verdad. El
fin está cerca, y ahora es el tiempo cuando Satanás hará esfuerzos especiales
para distraer el interés y separarlos de los temas que sobresalen en importancia,
y que debieran inducir a todas las mentes a una acción concertada.
Un ejército no podría hacer nada en forma exitosa si
sus diferentes partes no trabajaran concertadamente. Si cada soldado actuara
sin tener en cuenta a los demás, el ejército pronto estaría desorganizado. En
lugar de fortalecerse mediante una acción concertada, la fuerza se gastaría en
esfuerzos inconexos y sin significado. Cristo oró para que sus discípulos
fueran uno con él, así como él era [y es] uno con el Padre...
Por buenas que sean las cualidades que un hombre
tenga, no puede ser un buen soldado si actúa en forma independiente. Podría
ocasionalmente hacer algún bien, pero a menudo el resultado es de poco valor, y
muchas veces al final se ve que se ha hecho más daño que bien. Los que actúan
independientemente aparentan estar haciendo algo, atraen la atención, brillan
en forma destacada, y entonces se apagan. Todos deben avanzar en una sola
dirección a fin de prestar eficiente servicio a la causa...
Dios requiere una acción concertada de parte de sus
soldados, y a fin de tenerla en la iglesia es esencial el dominio propio; debe
ejercerse dominio propio (Carta 11a, 1886).
Consultad con los demás; comparad planes
En todo esfuerzo, en todo lugar donde se introduce la
verdad, hay necesidad de unir diferentes mentes, diferentes dones, diferentes
planes y métodos de labor. Todos deben hacer que su práctica habitual sea
consultarse mutuamente y orar los unos con los otros. Cristo dice: "Si dos
de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que
pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos" (Mat.
18:19). Ningún obrero individual tiene toda la sabiduría que se necesita. Debe haber comparación de planes, intercambio
en consejos de uno con el otro. Ninguna persona en particular debe creerse
suficiente como para manejar el interés de algún lugar prescindiendo de sus
ayudantes.
Un hombre puede tener tacto en un sentido, pero puede
ser un fracaso decidido en algunos puntos esenciales. Esto hace que su obra sea
imperfecta. Necesita el tacto mental y el talento de otro hombre para
combinarlos con sus esfuerzos. Todos deben estar en perfecta armonía mutua en
la obra. Si pueden trabajar solamente con los que ven las cosas como ellos y
siguen sus planes, entonces fracasarán. La obra será defectuosa porque ninguno
de estos obreros ha aprendido las lecciones en la escuela de Cristo que los
haga aptos para presentar a todo hombre perfecto en Cristo Jesús. Todos deben
estar progresando constantemente. Deben echar mano de toda oportunidad para
aprovechar hasta el máximo todo privilegio, hasta que lleguen a ser mejor
dotados para su obra grande y solemne.
Pero Dios ha puesto en la iglesia diferentes
talentos. Todos estos son preciosos en su lugar, y cada uno ha de desempeñar
una parte en la perfección de los santos.
Esta es la orden de Dios, y los hombres deben
trabajar según sus reglas y sus disposiciones si anhelan tener éxito. Dios
aceptará solamente los esfuerzos que se hagan en forma voluntaria y con
corazones humildes, sin los rasgos de sentimientos personales de egoísmo (Carta
66, 1886).
La práctica en la época temprana
Cuando la causa era más joven, mi esposo acostumbraba
a tomar consejo con hombres que tenían sano juicio. La obra era mucho más
pequeña entonces de lo que es ahora, pero él no se creía capaz de manejarla
solo. Elegía consejeros de entre aquellos que llevaban responsabilidades en
todas las ramas de la obra. Y después de aconsejarse mutuamente, estos hombres
regresaban a su trabajo sintiendo una responsabilidad aún mayor de hacer progresar
la causa en los ramos correctos, para elevar, purificar y solidificar, de tal
suerte que la causa de Dios avanzara con fortaleza (Manuscrito 43, 1901).
La independencia es un engaño de Satanás
Es un engaño del enemigo que alguien sienta que puede
desvincularse de los agentes que Dios ha señalado y trabajar en una línea
independiente por sí mismo, con su propia supuesta sabiduría, y sin embargo
tener éxito. Aunque se halague a sí mismo con la idea de que está haciendo la
obra de Dios, al fin no prosperará. Somos un cuerpo, y todo miembro ha de estar
unido al cuerpo, cada persona trabajando en su respectiva capacidad (Carta 104,
1894).
No es una buena señal cuando los hombres no se unen
con sus hermanos, sino que prefieren actuar solos, cuando no aceptan a sus
hermanos porque éstos no ejecutan sus planes. Si los hombres llevan el yugo de
Cristo, no pueden separarse. Llevarán el yugo de Cristo. Trabajarán junto con
él (Manuscrito 56, 1898).
A medida que nos acercamos a la crisis final, en
lugar del sentimiento de que hay menos necesidad de orden y armonía de acción,
debemos ser más sistemáticos de lo que hemos sido hasta ahora. Toda nuestra
obra debe ser conducida de acuerdo con planes bien definidos.
Estoy recibiendo luz del Señor de que debe haber una
conducción sabia en este tiempo más que en cualquier período anterior de
nuestra historia (Carta 27a, 1892).
La organización completa es esencial
¡Oh, cómo se regocijaría Satanás si pudiera tener
éxito en sus esfuerzos para entrar en medio de este pueblo, y desorganizar la
obra en un tiempo cuando una organización completa es esencial; y ésta será el
mayor poder para mantener fuera los levantamientos espurios y refutar las
pretensiones no respaldadas por la Palabra de Dios! Necesitamos mantener firmes
las líneas para que no haya ninguna ruptura del sistema de organización y orden
que ha sido estructurado por una labor sabia y cuidadosa. No debe darse
licencia para trabajar a elementos desordenados que desean controlar la obra en
este tiempo.
Algunos han presentado el pensamiento de que cuando nos acerquemos al tiempo del fin, cada hijo de Dios actuará en forma independiente de toda organización religiosa. Pero he sido instruida por el Señor de que en esta obra no existe tal cosa como independencia de acción para cada hombre. Las estrellas del cielo todas actúan según una ley; cada una influye sobre las otras para hacer la voluntad de Dios, prestando común obediencia a la ley que controla su acción. Y a fin de que la obra de Dios pueda progresar en forma sana y sólida, su pueblo debe actuar unidamente (Testimonies, t. 9, pp. 257-258, mayo 30, 1909).