El testimonio de todo creyente en la verdad ha de ser
uno. Todas vuestras pequeñas diferencias, que hacen surgir el espíritu
combativo entre los hermanos, son artimañas de Satanás para distraer las mentes
del asunto grande y terrible que tenemos delante. La verdadera paz se producirá
en el pueblo de Dios cuando por medio de un celo unido y la oración ferviente
se perturbe en alto grado la falsa paz que existe. Ahora hay un ferviente
trabajo que hacer. Ahora es el tiempo en que podéis manifestar vuestras cualidades
de soldados; que el pueblo del Señor presente un frente unido a los enemigos de
Dios, de la verdad y la justicia...
Cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre la
iglesia temprana, "la multitud de los que habían creído era de un corazón
y un alma" (Hech. 4:32). El Espíritu de Cristo los hizo uno. Este es el
fruto de permanecer en Cristo...
Necesitamos la iluminación divina. Todo individuo
está luchando para llegar a ser un centro de influencia, y hasta que Dios no
trabaje por su pueblo no verán que la subordinación a él es la única seguridad
para toda alma. Su gracia transformadora en los corazones humanos conducirá a
la unidad, una unidad que todavía no ha sido lograda, pues todos los que son
asimilados por Cristo estarán en armonía los unos con los otros. El Espíritu
Santo creará unidad (Carta 25b, 1892).
La oración de Cristo a su Padre, contenida en el
capítulo 17 de Juan, ha de ser el credo de nuestra iglesia. Nos muestra que
nuestras diferencias y desuniones deshonran a Dios. Leed todo el capítulo,
versículo por versículo (Manuscrito 12, 1899).
En la Palabra de Dios no se da ningún consejo ni
autorización a quienes creen que el mensaje del tercer ángel debe guiarlos para
que puedan apartarse. Podéis tener este problema resuelto para siempre en
vuestra mente. Es el plan de mentes no santificadas lo que estimula un estado
de desunión. Los sofismas de los hombres pueden parecer rectos a sus propios
ojos, pero no son verdad y justicia. "Porque él es nuestra paz, que de
ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, ... y
mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo" (Efe.
2:14-16).
Cristo es el vínculo de unión en la cadena de oro que
une a los creyentes y los mantiene en unidad con Dios. No debe haber separación
en este gran tiempo de prueba. El pueblo de Dios está constituido por
"conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados
sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del
ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va
creciendo para ser un templo santo en el Señor" (vers. 19-21). Los hijos
de Dios constituyen una sola unidad en Cristo, quien presenta su cruz como el
centro de atracción. Todos los que creen son uno en él.
Sentimientos humanos inducirán a algunos hombres a
tomar la obra en sus propias manos, y la edificación se vuelve entonces
desproporcionada. El Señor por lo tanto emplea una variedad de dones para hacer
que el edificio sea simétrico. Ni un solo rasgo de la verdad ha de ser
escondido o disminuido. Dios no puede ser glorificado a menos que el edificio,
"bien coordinado, vaya creciendo para ser un templo santo en el
Señor". Esto comprende un tema grandioso, y los que entienden la verdad
para este tiempo deben prestar atención a cómo escuchan, y cómo edifican, y
como educan a otros a practicarla (Manuscrito 109, 1899).
"De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo" (Mat. 18:18). Cuando toda especificación que Cristo ha dado haya sido puesta por obra con el verdadero espíritu cristiano, entonces, y solamente entonces, el cielo ratifica la decisión de la iglesia, porque sus miembros tienen la mente de Cristo y hacen lo que él haría si estuviera en la tierra (Carta 1c, 1890).