CAPÍTULO 14. Pasos Iniciales en la Tarea de Escribir y Publicar la historia del Gran Conflicto*
En la visión que recibí en Lovett's Grove,* [Estado de
Ohio], la mayor parte de lo que había visto diez años antes concerniente al
gran conflicto de los siglos entre Cristo y Satanás fue repetido, y se me
instruyó a que lo escribiera. Se me mostró que aunque debía luchar contra los
poderes de las tinieblas, pues Satanás haría grandes esfuerzos para impedir
esta tarea, debía poner mi confianza en Dios, y que los ángeles no me
abandonarían en el conflicto (Spiritual Gifts, t. 2, p. 270 [véase NB
178-179]).
El lunes comenzamos nuestro viaje a casa... Mientras viajábamos en nuestros carruajes hacia Jackson, Míchigan, arreglamos nuestros planes para escribir y publicar inmediatamente después de nuestro regreso al hogar, el libro titulado El conflicto de los siglos. Yo me encontraba entonces tan bien como de costumbre. A la llegada del tren a Jackson, fuimos a la casa del Hno. Palmer. Habíamos estado en la casa solamente un corto tiempo cuando, mientras conversaba con la Hna. Palmer, mi lengua se rehusó a articular lo que yo quería decir, y la sentía grande y paralizada. Sentí en mi corazón una extraña sensación de frialdad que pasó por mi cabeza y se extendió por mi costado derecho. Por un tiempo estuve insensible e inconsciente, pero fui despertada por la voz de la oración ferviente. Traté de usar mi pierna y brazo izquierdos, pero estaba completamente paralizada. Por un corto tiempo yo no esperaba vivir (Id. p. 271 [NB 178-179]).
Durante semanas no pude sentir la presión de una mano
ni el agua más fría que se me arrojara en la cabeza. Al levantarme para
caminar, a menudo tambaleaba, y a veces caía al suelo. En mi afligida condición
empecé a redactar lo referente al gran conflicto. Al principio podía escribir
una sola página por día, para entonces descansar tres días; pero a medida que
progresaba, mi fuerza aumentaba. El entumecimiento de mi cabeza no parecía
oscurecer mi mente, y antes de haber terminado el tomo 1 del libro Spiritual
Gifts,* el efecto del ataque había desaparecido por completo (NB 179).
Durante la conferencia de Battle Creek, en junio de
1858, se me mostró en visión que en el repentino ataque que sufrí en Jackson,
Satanás intentó quitarme la vida, a fin de impedir que escribiera la obra que
estaba por empezar; pero los ángeles de Dios fueron mandados en mi rescate.
También vi, entre otras cosas, que sería bendecida con mejor salud que antes
del ataque (NB 180).
La tarea de escribir la historia [comentario] del Antiguo Testamento de 1863 a 1864.-
Después de que regresamos 113 del este [diciembre 21 de 1863], empecé a
escribir el tomo 3 [Spiritual Gifts], esperando tener un libro de tamaño tal
como para encuadernar con los Testimonios que ayudaban a formar el tomo IV
[Spiritual Gifts]. Mientras escribía, el asunto se desplegó delante de mí, y vi
que era imposible incluir todo lo que tenía para escribir [sobre la historia
del Antiguo Testamento] en unas pocas páginas como me lo había propuesto al principio.
Entonces comencé con el tomo IV, pero antes de
terminar mi tarea, mientras preparaba el material sobre asuntos de salud para
los impresores, se me pidió que fuera a Monterey [California]. Fuimos, pero no
pude terminar la obra allí tan pronto como habíamos esperado. Me vi obligada a
regresar para terminar el material para los impresores...
He escrito casi constantemente durante más de un año.
Generalmente empiezo a escribir a las 7:00 a. m., y continúo hasta las 7:00 p.
m., y entonces dejo de escribir para leer las pruebas* (Manuscrito 7, 1867).
Al presentar éste, mi tercer pequeño volumen para el
público, me consuela la convicción de que el Señor me ha hecho su humilde
instrumento para hacer brillar algunos rayos de preciosa luz sobre el pasado.
La historia sagrada, relacionada con los santos hombres de la antigüedad, es
breve...
Desde entonces, los grandes hechos de la fe, relacionados con la historia de los santos hombres del pasado, han sido presentados delante de mí en una visión; también el hecho importante de que Dios no ha considerado livianamente en ningún lugar el pecado de la apostasía me ha convencido, más que nunca, de que la ignorancia relativa a esos hechos y la astuta ventaja que han sacado de esa ignorancia algunas personas que saben más, son los grandes baluartes de la incredulidad. Si lo que he escrito sobre estos puntos ayudara a alguna mente, que Dios sea alabado. Cuando comencé a escribir esperé poner en este volumen todas las cosas, pero estoy obligada a terminar la historia de los hebreos, tomar los casos de Saúl, David, Salomón y otros, y tratar el asunto de la salud en otro volumen* (Spiritual Gifts t. 3, pp. 5-6 [E. G. W. Prefacio] ).