l 20 de noviembre de 1885, mientras me hallaba en
oración, el Espíritu del Señor bajó repentina y poderosamente sobre mí, y fui arrebatada
en visión. Vi que el Espíritu del Señor ha estado apartándose de la iglesia
(Testimonies, t. 1, p. 113 [1JT 30]).
He enviado a los hermanos radicados en diferentes
Estados, y con porte pagado, unos 150 ejemplares del Testimonio para la
iglesia. Este puede obtenerse dirigiéndose a mí, a Battle Creek, Míchigan. Me
alegraré de tener noticias de los que lo reciban. Los que quieren fomentar la
circulación de tal escrito pueden hacerlo ayudando para su publicación (Review and
Herald, 18 de diciembre de 1855).
Condensación de los folletos que contenían los primeros diez Testimonios, reeditados en 1864.-
Durante los últimos nueve años, desde 1855 hasta
1864, he escrito diez pequeños folletos titulados Testimonios para la iglesia,
que han sido publicados y han circulado entre los adventistas del séptimo día.
La primera edición de la mayor parte de estos folletos se agotó, y como había
demanda de más ejemplares se pensó que lo mejor era reimprimirlos como se los
presenta en las siguientes páginas, sin incluir los asuntos locales y
personales, y presentando las porciones que son de interés e importancia
prácticos y generales. La mayor parte del Testimonio N.° 4 puede hallarse en el
segundo volumen de Spiritual Gifts, y por lo tanto se omite en este volumen*
(Spiritual Gifts, t. 4a, p. 2).
Puesto que la instrucción y amonestación dadas en los
testimonios para los casos individuales se aplicaban con igual fuerza a muchos
otros que no habían sido señalados especialmente de esta manera, me pareció que
era mi deber publicar los testimonios personales para beneficio de la iglesia.
En el Testimonio N.° 15, hablando de la necesidad de hacer esto, dije: "No
conozco una mejor manera de presentar mis visiones de los peligros y errores
generales, así como el deber de todos los que aman a Dios y guardan sus
mandamientos, que dando estos testimonios. Tal vez no hay manera más directa y
vigorosa de presentar lo que el Señor me ha mostrado".
En una visión que me fue dada el 12 de junio de 1868,
me fue mostrado algo que justificaba plenamente mi conducta al publicar los
testimonios personales. Cuando el Señor elige casos individuales y especifica
sus errores, otros, que no han sido mostrados en visión, suponen frecuentemente
que están en lo recto o casi en lo recto. Si uno es reprendido por un mal
especial, los hermanos y las hermanas deben examinarse cuidadosamente a sí
mismos para ver en qué han faltado y en qué han sido culpables del mismo
pecado" (Testimonies, t. 5, pp. 658-659 [2JT 274-275]).
Querido Hno. Smith: Hoy le despaché una carta, pero
he recibido información de Battle Creek en el sentido de que la obra de los
Testimonios no es aceptada.*
Deseo hacer algunas declaraciones, y Ud. puede hacer
con ellas lo que desee. Estas son las declaraciones que Ud. oyó cuando las
presenté: se me mostró hace años que no debemos demorar en publicar la
importante luz que me fue dada aunque yo no pudiera preparar el material en
forma perfecta. Mi esposo estaba muy enfermo, y no podía darme la ayuda que
podría haber tenido y que pudiera haberme dado de haber estado con salud. Por
esta razón he demorado el poner ante el pueblo lo que me fue dado en visión.
Pero se me mostró que debo presentar a los hermanos
de la mejor manera posible la luz recibida; y entonces, a medida que recibiera
una luz mayor y usara las capacidades que Dios me ha dado, recibiría una mayor
habilidad para emplearla en mis escritos y discursos. Tenía que mejorar tanto
como fuera posible hasta llegar a la perfección, para que [mis escritos] fueran
aceptados por las mentes inteligentes.
Todo defecto, hasta donde sea posible, debe ser
quitado de las publicaciones. A medida que la verdad se desarrolle y llegue a
ser ampliamente distribuida, debe ejercerse el mayor cuidado posible para
perfeccionar las obras publicadas.
Vi en cuanto a La historia del sábado del Hno.
Andrews, que él demoró la obra por mucho tiempo. Otros libros equivocados
estaban ocupando el campo y bloqueando el camino, de manera que las mentes
fueron llenadas de prejuicios por los elementos opositores. Vi que de esta
manera se perdería mucho. Después de que la primera edición se agotó, él debió
mejorarlo; pero estaba tratando, con todo esfuerzo, de llegar a la perfección.
Dios no quería esta demora.
Ahora Hno., Smith, he estado haciendo un examen
cuidadoso y crítico de la obra que se ha hecho con los Testimonios, y veo unas
pocas cosas que creo que deben ser corregidas en el asunto presentado delante
de Ud. y de los demás en la Asociación General [noviembre de 1883]. Pero al
examinar el asunto más cuidadosamente veo cada vez menos cosas que sean
objetables. Donde el lenguaje usado no es el ideal, deseo mejorarlo de acuerdo
con la gramática, como creo que debe hacerse en todos los casos donde pueda ser
factible, sin cambiar el sentido. Se demora la obra, lo cual no me
agrada... Mi mente ha estado preocupada
sobre la cuestión de los Testimonios que han sido revisados. Los hemos
considerado en forma más crítica. No puedo ver el asunto como mis hermanos lo
ven. Creo que los cambios mejorarán el libro. Si nuestros enemigos quieren
hacer mal uso de ello, que lo hagan...
Creo que cualquier cosa que se publique será
criticada, forzada, desviada y tergiversada; pero tenemos que avanzar con una
clara conciencia, haciendo lo que podamos y dejando los resultados con Dios. No
debemos demorarnos para no retrasar la obra.
Ahora, hermanos míos, ¿qué se proponen hacer? No
quiero que esta tarea se arrastre por más tiempo. Quiero que se haga algo, y
ahora mismo (Carta 11, 1884, escrita en Healdsburg, California, el 19 de
febrero de 1884).
La obra de E. G. de White para seleccionar material para los Testimonios.-
Debo seleccionar los asuntos más importantes para el
Testimonio (t. 6) y entonces examinar todo lo preparado para este propósito, y
criticarme a mí misma; porque no estoy dispuesta a que algunas cosas, aunque
son totalmente ciertas, se publiquen, porque temo que algunos se valgan de
ellas para perjudicar a otros.
Después de que se prepare el material para el [este]
Testimonio, todo artículo debe ser leído por mí. Debo leerlos yo misma, pues el
sonido de la voz en la lectura o la entonación [del ayudante] es casi
insoportable para mí.
Trato de presentar principios generales, y si veo que
alguna frase puede dar una excusa para que alguno perjudique a otra persona, me
siento en perfecta libertad de omitir la declaración, aun cuando sea
perfectamente cierta (Carta 32, 1901).
Estoy tratando, con la ayuda de Dios, de escribir cartas que sean de ayuda no solamente para aquellos a quienes van dirigidas, sino para tantos como las necesiten (Carta 79, 1905).