Durante medio siglo he sido la mensajera del Señor, y todo el tiempo que dure mi vida continuaré llevando el mensaje que Dios me dé para su pueblo. No me atribuyo ninguna gloria a mí misma. El Señor me hizo su mensajera desde mi juventud, para comunicar a su pueblo testimonios de ánimo, advertencia y reproche. Durante sesenta años he estado en comunicación con los mensajeros celestiales, y he aprendido constantemente en cuanto a las cosas divinas y a la forma en que Dios está obrando de continuo para traer las almas del error de sus caminos a la luz divina (Carta 86, 1906).
Tengo una obra que hacer por los que serán ayudados,
aun cuando la luz dada no armonice con sus ideas. Ellos reconocerán la luz de
Dios, porque tienen los frutos de la obra que al Señor le ha placido hacer por
medio de su humilde instrumento
En los últimos 45 años. Reconocen esta obra como de
Dios, y por lo tanto sienten deseos de ser corregidos en sus ideas y de cambiar
su conducta.
Pero los que mantengan y retengan sus propias ideas,
y por esto son corregidos, concluirán que la Hna. White es influida para que
adopte un determinado curso de acción que no está en armonía con sus ideas...
no podrán ser beneficiados. No considero que tales amigos sean de algún valor
en un momento difícil, especialmente en una crisis. Ahora tenéis mi posición.
No deseo hacer la obra de Dios de una manera descuidada. Deseo saber qué es el
deber y moverme en armonía con el Espíritu de Dios (Carta 3, 1899).
Ud. pregunta si el Señor me trasmitió esa carta para
que yo se la diera. Sí, respondo. El Santo Dios de Israel no aprobará sus
pecados. Este mensaje fue dado por Dios. Si Ud. hubiera tenido, desde que el
mensaje le fue dado, un nuevo sentido de lo que constituye el pecado; si se
hubiera convertido realmente en un hijo de Dios en lugar de ser un transgresor
de su ley, nadie se sentiría tan complacida como yo (Carta 95, 1893).
Le hablé al pueblo [en Bloomfield, California] por la
mañana en cuanto a la necesidad de quitar los defectos de carácter, a fin de
que pudieran estar irreprensibles delante del Hijo de Dios cuando él aparezca.
Se manifestó un profundo sentimiento en la reunión. Me dirigí a varios
personalmente, señalando los errores que me fueron mostrados en sus respectivos
casos. Todos respondieron, y muchos, con lágrimas, confesaron sus pecados y la
veracidad del testimonio (Carta 7, 1873).
Hay muchos que interpretan lo que yo escribo a la luz
de sus opiniones preconcebidas. Sabéis lo que esto significa. El resultado
seguro será una división en cuanto a la comprensión del mensaje y diversas
opiniones.
Cómo escribir de tal manera que sea entendido por
aquellos a quienes me dirijo en asuntos importantes, es un problema que no
puedo resolver. Pero trataré de escribir mucho menos. Debido a la influencia de
una mente sobre otra, los que entienden mal pueden inducir a los demás a
entender mal por la interpretación que les dan a los temas que escribo. Uno los
entiende de la manera que él cree que deben ser, de acuerdo con sus ideas; otro
da su propia interpretación sobre el asunto presentado, y el resultado seguro
es la confusión (Carta 96, 1899).
Durante muchos meses, con la excepción de unas pocas
noches, no he podido dormir después de la una de la mañana. Me hallo en
conversación con Ud. y con otros, rogándoles como una madre rogaría a su
hijo...
Sin duda está sorprendido, como yo esperaba que esté,
de que le escriba de una manera tan sencilla y decidida. Pero esto es lo que
debo hacer, porque he sido constituida como mayordomo de la gracia de Cristo y
debo hacer esta diligencia para el Señor. Ud. puede sentirse bien satisfecho
consigo mismo. Puede negar las presentaciones que me fueron dadas de su caso.
Algunos están haciendo esto hoy...
Esta es la razón por la cual algunos hombres y
mujeres no siempre ven sus errores y defectos, aun cuando les son señalados.
Dicen que creen en los testimonios que reciben, hasta que se les da el mensaje
de que deben cambiar sus planes y sus métodos, que la tarea de edificar su
carácter debe ser hecha en forma completamente diferente, o de otra manera las
tormentas y las tempestades los barrerán derribándolos de sus fundamentos.
Entonces el enemigo los tienta a justificarse a sí mismos. Después de leer este
mensaje Ud. se sentirá tentado a decir: "Esto no es así. Yo no soy como se
me presenta aquí. Alguien ha llenado la mente de la Hna. White de una cantidad
de basura acerca de mí". Pero le digo en el nombre del Señor que las
palabras de este escrito son de Dios. Si decide poner a un lado el asunto de
esta manera, muestra la medida de su fe en la obra que el Señor le ha 89 dado a su sierva para Ud. (Carta 13,
1902).
Hay algunos falsos creyentes que aceptan ciertas
porciones de los testimonios como mensajes de Dios, en tanto que rechazan las porciones
que condenan sus complacencias favoritas. Tales personas están trabajando
contra su propio bienestar y el de la iglesia. Es esencial que andemos en la
luz mientras tenemos luz (Manuscrito 71, 1908).
Frecuentemente no me anticipo a decir las cosas que
digo cuando estoy hablando delante de la gente. Dios me puede dar palabras de
reprobación, de advertencia, de ánimo, como él lo juzga conveniente para el
beneficio de las almas. Hablaré esas palabras, y ellas pueden afectar
profundamente la vida de mis hermanos, a quienes amo sinceramente y respeto en
la verdad.
Supongo que estas palabras sean distorsionadas y mal
entendidas por los no creyentes, y esto no me sorprende. Pero que mis propios
hermanos, quienes están al tanto de mi misión y mi trabajo, tomen livianamente
el mensaje que Dios me da para presentar, ofende su Espíritu.
Es desconcertante para mí que ellos tomen ciertas
porciones de los testimonios que les agradan y que consideran que justifican su
propia conducta, y den la impresión de que esa porción la aceptan como la voz
de Dios, y, en cambio, cuando otros testimonios vienen para reprochar su
conducta, cuando se hablan palabras que no coinciden con sus opiniones y con su
juicio, deshonran la obra de Dios diciendo: "Oh, esto no lo aceptamos; es
solamente la opinión de la Hna. White, y no es mejor que mi propia opinión o la
de cualquier otro" (Carta 3, 1889).
Esperan encontrar palabras en las cuales basar la interpretación humana .-
Estoy consciente del hecho de que yo soy un ser
mortal y que debo vigilar mis facultades físicas, mentales y morales. El cambio
constante de un lugar a otro que los viajes hacen necesario, y la realización
de trabajos públicos en los lugares donde voy, han sido demasiados para mí,
además de los escritos que he estado preparando día y noche a medida que el
Señor ha usado mi mente por medio de su Espíritu Santo.
Y cuando me encuentro con evidencias de que esas
comunicaciones serán tratadas por algunos de acuerdo con el juicio humano de
quienes las reciben; cuando me doy cuenta de que algunos están tratando
agudamente de encontrar algunas palabras trazadas por mi pluma, y en las cuales
puedan basar sus interpretaciones humanas a fin de sostener su posición y
justificar una conducta equivocada, y pienso en estas cosas, no me resulta muy
animador continuar escribiendo.
Algunas de las personas que son reprobadas luchan por
hacer que toda palabra defienda sus propias declaraciones. ¡La tarea de
tergiversar, disimular, interpretar mal y aplicar erróneamente la Palabra, es
maravillosa! Algunas personas se asocian para hacer esta obra. Aquello en lo
cual uno no piensa, otra mente lo suple (Carta 172, 1906).
Las lecciones de Cristo eran a menudo mal entendidas,
no porque él no las hiciera claras, sino porque las mentes de los judíos así
como las de muchos que pretenden creer en este tiempo estaban llenas de
prejuicios. Como Cristo no tomó partido con los escribas y los fariseos, ellos
lo odiaban; se oponían a él, y trataban de contrarrestar sus esfuerzos y de
anular sus palabras.
¿Por qué los hombres no veían y vivían la verdad?
Muchos estudian las Escrituras con el propósito de demostrar que sus propias
ideas son correctas. Cambian el significado de la Palabra de Dios para
acomodarlo a sus propias opiniones. Y así hacen lo mismo con los testimonios
que él envía. Citan media frase, dejando afuera la otra mitad que, si se
citara, mostraría que su razonamiento es falso. Dios tiene una polémica con los
que tergiversan las Escrituras, haciéndolas conformar con sus ideas
preconcebidas (Manuscrito 22, 1890).
Me parece imposible que yo pueda ser entendida por
los que tienen la luz pero no han andado en ella. Lo que yo diga en una
conversación privada suele ser repetido de tal manera que signifique
exactamente lo opuesto a aquello que los oyentes hubieran entendido si tuvieran
una mente y un espíritu santificados. Tengo miedo de hablar aun a mis amigos,
porque luego oigo decir: "La Hna. White dijo esto" o "La Hna.
White dijo aquello".
Mis palabras se tuercen tanto y se entienden tan mal,
que estoy llegando a la conclusión de que el Señor quiere que yo me mantenga al
margen de las grandes asambleas y rechace entrevistas privadas. Lo que digo es
repetido en una forma tan pervertida que resulta nuevo y extraño para mí. Se
mezcla con palabras habladas por hombres que sostienen sus propias teorías
(Carta 139, 1900).
Le pido que tome su posición del lado del Señor y
haga su parte como un súbdito leal del reino. Reconozca el don que fue colocado
en la iglesia para la dirección del pueblo de Dios en los días finales de la
historia terrenal. Desde el principio la iglesia de Dios ha tenido el don de
profecía en su medio como una voz viva para aconsejar, amonestar e instruir.
Hemos llegado ahora a los últimos días de la obra del
mensaje del tercer ángel, cuando Satanás actuará con creciente poder, porque él
sabe que su tiempo es corto. Al mismo tiempo recibiremos por medio de los dones
del Espíritu Santo diversidad de operaciones en el derramamiento del Espíritu.
Este es el tiempo de la lluvia tardía (Carta 230, 1908).
El enemigo ha hecho esfuerzos magistrales para perturbar la fe de nuestro pueblo en
los testimonios, y cuando estos errores lleguen tratarán de probar todas las
posiciones por medio de la Biblia, pero ellos interpretan mal las Escrituras.
Hacen aseveraciones atrevidas como las hizo el pastor Canright, y aplican mal
las profecías y las Escrituras para probar falsedades. Y, después que los
hombres han hecho su obra para debilitar la confianza de nuestra iglesia en los
testimonios, destruyen la barrera para que la incredulidad con respecto a la verdad
se extienda ampliamente; y ninguna voz se eleva para detener la fuerza del
error.
Esto es precisamente lo que Satanás se propuso que
ocurriera, y los que han estado preparando el camino para que la gente no
prestara atención a las advertencias y los reproches de los testimonios del
Espíritu de Dios, verán que una ola de errores de toda clase aparecerán.
Pretenderán que usan las Escrituras como evidencia, pero los engaños de Satanás
prevalecerán en toda forma (Carta 109, 1890).
Los hombres pueden valerse de un medio tras otro, y
el enemigo tratará de seducir a las almas para apartarlas de la verdad, pero
todos los que crean que el Señor ha hablado por medio de la Hna. White y le ha
dado un mensaje, estarán seguros frente a los muchos engaños que vendrán en
estos últimos días (Carta 50, 1906).
He tratado de cumplir con mi deber con Ud. y con el
Señor Jesús, a quien sirvo y cuya causa amo. Los testimonios que le he
presentado en verdad me han sido dados por el Señor. Lamento que Ud. haya
rechazado la luz dada...
¿Está Ud. traicionando a su Señor porque él en su
gran misericordia me ha mostrado precisamente dónde está Ud. parado
espiritualmente? Él conoce cada propósito del corazón. Nada está escondido de
él. No es a mí a quien Ud. está traicionando. No es contra mí contra quien Ud.
está tan enojado: es contra el Señor, quien me ha dado un mensaje para
amonestarlo a Ud. (Carta 66, 1897).
Una cosa es cierta: los adventistas del séptimo día
que adoptan su posición bajo la bandera de Satanás, primero abandonarán su fe
en las advertencias y reproches contenidos en los testimonios del Espíritu de
Dios.
Se hace un llamado a una gran consagración y a un
servicio más santo, y esto continuará haciéndose (Carta 156, 1903).
Dos ejemplos típicos
1. Testimonio personal recibido con gratitud.-
Regresamos el 12 de diciembre [de 1892]. Al día
siguiente por la tarde, el Hno. Faulkhead vino a visitarme.* La preocupación de
su caso ocupaba mi mente. Le dije que tenía un mensaje para él y para su
esposa, que había preparado varias veces para enviarles; pero que me había
sentido impedida de hacerlo por el Espíritu del Señor. Le pedí que me señalara
un momento en que yo podía visitarlos.
El contestó: "Estoy contento de que Ud. no me
mandó una comunicación escrita; prefiero tener el mensaje directamente de sus
labios; si hubiera llegado de otra manera no creo que me hubiera hecho ningún
bien". Entonces preguntó: "¿Por qué no me da Ud. el mensaje
ahora?" Le dije: "¿Puede Ud. quedarse para escucharlo?" Él
contestó que lo haría.
Yo estaba muy cansada porque había asistido a los
ejercicios de clausura de la escuela ese día; pero me levanté de la cama en la
cual estaba acostada y le leí durante tres horas. Su corazón fue ablandado, las
lágrimas corrieron por sus ojos, y cuando dejé de leer, él dijo: "Acepto
cada palabra; todo eso se refiere a mí".
Gran parte del material que había leído se
relacionaba con la publicación del Echo Office [de Australia] y la forma en que
fue dirigido desde el comienzo. El Señor también me reveló las relaciones que
el Hno. Faulkhead tenía con los masones libres, y yo le dije claramente que a
menos que él cortara todo lazo que lo unía con estas asociaciones, perdería su
alma.
El dijo: "Acepto la luz que el Señor me ha
enviado por medio de Ud. Pondré en práctica lo que se me dice. Soy miembro de
cinco logias, y otras tres logias están bajo mi control. Yo hago todos sus
negocios. Ahora no asistiré más a sus reuniones, y daré por terminadas mis
relaciones comerciales con ellos hasta donde me sea posible".
Le repetí las palabras habladas por mi guía con
referencia a estas asociaciones. Reproduje cierto movimiento que fue hecho por
mi guía, y le dije: "No puedo relatarle todo lo que se me dijo". El
Hno. Faulkhead le dijo al pastor Daniells y a otros que yo había hecho la señal
particular conocida solamente por los masones de la orden más elevada, en la
cual él acababa de entrar. Él dijo que yo no conocía la señal, y que no me daba
cuenta de que yo se la estaba dando. Esto fue una evidencia especial para él de
que el Señor estaba obrando por medio de mí para salvar su alma (Carta 46,
1892).
2. Un hermano y el visitante del campamento.-
Llamé aparte a algunos de nuestros hermanos que
estaban en nuestra carpa [en el congreso campestre de Milton, Washington] y les
leí el asunto que había escrito hacía tres años con respecto a su conducta.
Ellos se habían comprometido con la Asociación General y habían repetido su
compromiso otra vez. Les leí testimonios directos, claros y categóricos; pero
aquí estaba el problema: no sentían la obligación de creer en los testimonios.
El Hno. L había estado en el partido Marion* cuando había vivido en LaPort,
Estado de Iowa, y le resultaba un misterio lo que debía hacer con esta gente.
No había ningún ministro ni mensaje de ministro alguno que ellos respetaran más
que su propio juicio. El asunto era cómo presentar algo que los impresionara.
Lo único que podíamos hacer era hablar, y trabajar por ellos como si creyeran
cada palabra del testimonio; y sin embargo ser tan cautelosos, como si fueran
incrédulos...
El sábado [7 de junio de 1884] por la mañana temprano
fui a la reunión, y el Señor me dio un testimonio directo para ellos,
totalmente inesperado para mí. Les presenté el testimonio, mostrándoles que el
Señor había enviado a sus ministros con un mensaje, y que el mensaje que éstos
habían traído era precisamente el medio que Dios había ordenado para
alcanzarlos; pero ellos se sintieron en libertad de hacerlo añicos y anular el
efecto de la Palabra de Dios...
Tuvimos reuniones memorables. El sábado por la tarde
habló el Hno. [J. N.] Loughborough. Yo lo hice
por la tarde. El Señor me ayudó. Entonces les pedí que pasaran adelante.
Treinta y cinco personas respondieron. Eran mayormente jóvenes y señoritas, y
también personas de edad de ambos sexos. Tuvimos una reunión preciosa. Algunos
que habían abandonado la iglesia volvieron con arrepentimiento y confesión.
Muchos estaban empezando por primera vez. El Señor mismo estaba allí. Esto
pareció quebrar el prejuicio, y se presentaron testimonios muy sentidos.
Tuvimos un recreo, y entonces yo comencé de nuevo y la buena obra continuó...
El viernes por la tarde leí un asunto importante que había escrito hacía tres años. Esto fue reconocido como de procedencia divina. Los testimonios fueron aceptados de todo corazón, y se hicieron confesiones de gran valor para el que había obrado mal (Carta 19, 1884).