Durante medio siglo he sido la mensajera del Señor, y mientras siga viviendo seguiré llevando los mensajes que Dios me dé para su pueblo. No me atribuyo ninguna gloria a mí misma. En mi juventud el Señor me hizo su mensajera, para comunicar a su pueblo testimonios de ánimo, de advertencia, de reproche. Durante sesenta años he estado en comunicación con los mensajeros celestiales y aprendiendo constantemente con referencia a las cosas divinas, y con respecto a la manera en que Dios está trabajando continuamente para sacar a las almas del error de sus caminos y traerlas a la luz de Dios.
Muchas almas han sido ayudadas porque han creído que
los mensajes que me fueron dados eran enviados como una muestra de misericordia
hacia los errantes. Cuando he visto a los que necesitaban una fase diferente de
la experiencia cristiana, se los he dicho para su bien presente y eterno. Y
mientras siga viviendo haré mi obra fielmente, ya sea que los hombres y mujeres
presten atención y reciban y obedezcan, o hagan lo contrario. Mi obra me fue
asignada claramente, y recibiré gracia para ser obediente.
Amo a Dios. Amo a Cristo Jesús, el Hijo de Dios, y
siento un intenso interés en toda alma que pretende ser un hijo de Dios. Estoy
determinada a ser un mayordomo fiel mientras el Señor me dé vida. No fallaré ni
me desanimaré.
Pero durante meses mi alma ha estado pasando por una
intensa agonía debido a los que han recibido los sofismas de Satanás y están
comunicándolos a otros,* haciendo toda
interpretación concebible y en variadas formas, para destruir la confianza en
el mensaje del Evangelio para esta última generación y en la obra especial que
Dios me ha dado para hacer. Yo sé que el Señor me ha dado esta obra, y no
necesito presentar ninguna excusa por lo que he hecho.
En mi experiencia estoy recibiendo constantemente
evidencia del poder sostenedor y obrador de milagros de Dios sobre mi cuerpo y
mi alma, los cuales he dedicado al Señor. No me pertenezco a mí misma; he sido
comprada por precio y tengo tal seguridad de que el Señor está obrando en mi
favor, que debo reconocer su abundante gracia...
¿Por qué tengo que quejarme? El Señor me ha levantado
tantas veces de la enfermedad, me ha sostenido tan maravillosamente, que nunca
podré dudar. Tengo tantas evidencias inconfundibles de sus bendiciones
especiales, que no abrigo ninguna posibilidad de dudar. Él me da libertad para
presentar su verdad ante gran número de personas. No sólo me es concedida una
ayuda especial mientras estoy delante de las grandes congregaciones, sino que
cuando estoy usando la pluma me son dadas presentaciones maravillosas del
pasado, del presente y del futuro (Carta 86, 1906).
De toda las preciosas seguridades que Dios me ha dado
con respecto a mi obra, ninguna ha sido más preciosa para mí que ésta: que él
me daría lengua y expresión donde quiera que yo fuera. En lugares donde había
la mayor oposición, toda lengua fue silenciada. He presentado el mensaje
sencillo en forma oral a nuestro propio pueblo y a la multitud, y mis palabras
han sido aceptadas como procedentes del Señor (Carta 84, 1909).
El mensaje de Elena G. de White ha sido consecuente a través de los años.-
Muchos ciudadanos de Battle Creek asistieron a la
reunión del domingo por la tarde. Prestaron la mejor atención. En esa reunión
tuve la oportunidad de declarar decididamente que mis puntos de vista no han
cambiado. La bendición del Señor descansó sobre muchos de aquellos que oyeron
las palabras. Dije: "Estaréis ansiosos de saber lo que la Sra. White cree.
La habéis oído hablar muchas veces... Ella tiene que prestar al Maestro el
mismo servicio que cuando se dirigió al pueblo de Battle Creek hace años.
Recibe lecciones del mismo Instructor. Las directivas que le fueron dadas son
éstas: 'Recibe los mensajes que te doy, para que el pueblo pueda tenerlos'. Los
mensajes han sido escritos como Dios me los ha dado" (Carta 39, 1905).
¡Qué batalla estoy obligada a librar! Mis hermanos
parecen juzgar que tomo una posición que no es necesaria. Ellos no ven que Dios
en su propia sabiduría me ha hecho revelaciones que no pueden ser contradichas
o disputadas con éxito. Nada puede borrar lo que me fue presentado y grabado en
las tablas de mi alma. Toda la oposición y las negaciones para anular mi
testimonio solamente me obligan, por la urgencia del Espíritu de Dios, a
repetirlo en forma más decidida y a permanecer en la luz revelada con todo el
poder de la fortaleza que Dios me ha dado (Manuscrito 25, 1890).
Satanás continuará trayendo sus teorías erróneas y
afirmando que sus sentimientos son veraces. Seducir los espíritus es su obra.
Tengo que encarar el peligro positivamente, negando a cualquiera el derecho de
usar mis escritos para que sirvan al propósito del diablo de engañar al pueblo
de Dios.* Dios me ha conservado la vida para que presente los testimonios que
me fueron dados, para defender lo que Dios ha defendido y para denunciar todo
vestigio de sofismas satánicos. Una cosa seguirá a la otra en los sofismas
espirituales, para engañar si es posible, aun a los escogidos (Manuscrito 126,
1905).
Pueden lanzarse contra mí los mayores ataques, pero
esto no cambiará en lo más mínimo mi misión o mi obra. Hemos tenido que hacer
frente a esto una y otra vez. El Señor me ha dado el mensaje desde que tenía
solamente 17 años... El mensaje que Dios me ha entregado para llevar ha sido en
línea recta, de luz en luz, hacia arriba y hacia adelante, de una verdad a otra
verdad más avanzada (Manuscrito 29, 1897).
Durante el discurso [pronunciado en Battle Creek, el
2 de octubre de 1904] dije que no
pretendía ser profetisa. Algunos se sorprendieron ante esta declaración, y como
se está diciendo mucho acerca de esto, daré una explicación. Otros me han
llamado profetisa, pero nunca pretendí ese título. No he sentido que era mi
deber llamarme así. Los que osadamente pretenden que son profetas en éste
nuestro día, son con frecuencia un baldón para la causa de Cristo. Mi obra incluye mucho más de lo que
significa ese nombre. Me considero a mí misma como una mensajera, a quien el
Señor le ha confiado mensajes para su pueblo (Carta 55, 1905 [1MS 40]).
Ahora he sido instruida de que no debo ser estorbada
en mi obra por aquellos que se ocupan
en hacer suposiciones acerca de la naturaleza de ella, cuyas mentes están
luchando con tantos problemas intrincados referentes a la supuesta obra de un
profeta. Mi misión abarca la obra de un profeta, pero no termina allí. Abarca
mucho más de lo que puedan comprender las mentes de los que han estado
sembrando las semillas de incredulidad (Carta 244, 1906, dirigida a los
ancianos de la Iglesia de Battle Creek [1MS 40-41]).
Mi corazón se siente muy triste de que los Hnos. J y
K hayan tomado la posición que tienen ahora... Podréis preguntar: "¿Qué
efecto tiene esto sobre Ud.?" Solamente dolor, dolor en el alma; pero al
mismo tiempo paz, y perfecto descanso y confianza en Jesús. Para defenderme a
mí misma, para defender mi posición y mi misión, no quiero ni pronunciar diez
palabras. No quiero tratar de dar evidencia de mi obra. "Por sus frutos
los conoceréis" (Carta 14, 1897).
A veces siento una gran preocupación durante las
noches. Me levanto de mi cama, y camino por la pieza orando al Señor para que
me ayude a llevar la carga y a no decir nada que haga creer a la gente que el
mensaje que él me ha dado no es la verdad. Cuando puedo depositar esta carga
sobre el Señor me siento verdaderamente libre. Gozo de una paz que no puedo
expresar. Me siento elevada como si fuera sostenida por los brazos eternos, y
la paz y el gozo llenan mi alma.
Una y otra vez se me recuerda que no debo tratar de
aclarar la confusión y contradicción en la fe y los sentimientos de
incredulidad que se expresan. No debo sentirme deprimida, sino que debo hablar
las palabras del Señor con autoridad, y entonces dejar con él las
consecuencias.
El gran Médico me instruye a que presente la palabra
que el Señor me da, sea que los hombres le presten atención o no. Se me ha
dicho que yo no tengo nada que ver con los resultados, pues Dios, el Señor
Jehová mismo, me guardará en perfecta paz si descanso en su amor y hago la obra
que él me ha dado para hacer (Carta 146, 1902).
Sus hermanos, o muchos de ellos, no saben lo que Ud. mismo
y el Señor saben... He determinado que no expondré los pecados de aquellos que
profesan creer la verdad, si no que dejaré estas cosas para que ellos mismos
las confiesen (Carta 113, 1893).
Anhelo hablar a grandes congregaciones, pues sé que
el mensaje no proviene de mí sino que es lo que el Señor impresiona en mi mente
para decir. El nunca me deja sola cuando estoy delante del pueblo con un
mensaje. Cuando estoy delante de la gente parece que se me presentaran las
cosas más preciosas del Evangelio, y participo del mensaje evangélico y me
alimento de la Palabra tanto como cualquiera de los oyentes. Los sermones
[míos] me hacen bien, porque recibo nuevas representaciones cada vez que abro
mis labios para hablarle a la gente.
Nunca podré dudar de mi misión, porque participo de
los privilegios y resulto alimentada y vivificada sabiendo que soy llamada a la
gracia de Cristo. Cada vez que presento la verdad al pueblo, y llamo la
atención de los hermanos a la vida eterna que Cristo ha hecho posible que
obtengamos, resulto tan beneficiada como ellos por los más bondadosos
descubrimientos de la gracia y el amor y el poder de Dios en favor de su pueblo
en la justificación y la reconciliación con Dios (Manuscrito 174, 1903).
Estoy muy agradecida de que el Señor me ha dado el
privilegio de ser su mensajera para comunicar preciosas verdades a los demás
(Carta 80, 1911).
Después de la muerte de Elena de White
He de consignar este testimonio por escrito, de
manera que si yo durmiera en Jesús el testimonio de la verdad pueda continuar
dándose (Carta 116, 1905).
Hablar hasta el fin.-
En estos últimos días se ha dado luz abundante a
nuestro pueblo. Ya sea que mi vida sea preservada o no, mis escritos hablarán
constantemente y su obra irá adelante mientras dure el tiempo. Mis escritos son
guardados en los archivos de la oficina, y aunque yo no viviera, esas palabras
que me han sido dadas por el Señor todavía tendrán vida y hablarán a la gente
(Carta 371, 1907 [1MS 63]).
Los mensajes han de tener mayor fuerza después de la muerte del profeta.-
Físicamente he sido siempre como un vaso quebrado, y sin embargo, pese a mi edad avanzada, el Señor continúa obrando sobre mí con su Espíritu Santo para que consigne por escrito los más importantes libros que hayan sido presentados jamás a las iglesias y al mundo. El Señor está poniendo en evidencia lo que puede hacer mediante vasos débiles. La vida que él me sigue impartiendo la usaré para su gloria. Y cuando él vea conveniente dejarme descansar, sus mensajes tendrán aún mayor fuerza vital que cuando vivía el frágil instrumento mediante el cual fueron traídos (Manuscrito 122, 1903).