1 ¿Qué es la Iglesia?
La influencia de Cristo debe sentirse en nuestro
mundo por medio de sus hijos creyentes. El que está convertido tiene que
ejercer la misma clase de influencia que, en virtud de los instrumentos
divinos, resultó efectiva en su conversión. Toda nuestra obra en este mundo ha
de ser hecha en armonía y con amor y unidad. Debemos mantener delante de
nosotros siempre el ejemplo de Cristo, andando en sus pisadas.
La unión es fuerza, y el Señor desea que esta verdad
siempre sea revelada en todos los miembros del cuerpo de Cristo. Todos deben
estar unidos en amor, en humildad, en mansedumbre de mente; organizarse como
una sociedad de creyentes con el propósito de combinar y difundir su
influencia; deben trabajar como Cristo trabajó. Siempre han de manifestar
cortesía y respeto mutuos. Todo talento tiene su lugar y debe mantenerse bajo
el control del Espíritu Santo.
La iglesia es la sociedad cristiana formada por los
miembros que la componen, para que cada uno goce de la ayuda de todas las
gracias y talentos de los demás miembros, y también de la operación de Dios en
su favor, de acuerdo con los diversos dones y habilidades que Dios les
concedió. La iglesia está unida en los sagrados vínculos del compañerismo a fin
de que cada miembro se beneficie de la influencia de los demás. Todos deben
unirse al pacto de amor y armonía que existe. Los principios y las gracias
cristianas de toda la sociedad de creyentes han de comunicar fortaleza y poder
en una acción armoniosa. Cada creyente debe beneficiarse y progresar por la
influencia refinadora y transformadora de las variadas capacidades de otros
miembros, para que las cosas que falten en uno puedan ser más abundantemente
desplegadas en otro. Todos los miembros deben acercarse el uno al otro, para
que la iglesia llegue a ser un espectáculo ante el mundo, ante los ángeles y
ante los hombres.
El compromiso que caracteriza el pacto de los miembros
de la iglesia es que cada uno camine en los pasos de Cristo, que cada uno tome
sobre sí el yugo de Cristo y aprenda de Aquél que es manso y humilde de
corazón. Haciendo esto, "hallaréis dice el amado Salvador descanso para
vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mat. 11:
29-30).
Los que llevan el yugo de Cristo marcharán unidos;
cultivarán la simpatía y la tolerancia, y con santa imitación lucharán por
mostrar a los demás la tierna simpatía y el amor que ellos mismos necesitan
grandemente. El que es débil y carece de experiencia, aunque sea débil puede
ser fortalecido por el que tiene más esperanza y por los que poseen una
experiencia madura. Aunque sea el menor de todos es una piedra que debe brillar
en el edificio. Es un miembro vital del cuerpo organizado, unido a Cristo, la
cabeza viviente, y por medio de Cristo está identificado a tal punto con todas
las excelencias del carácter del Señor, que éste no se avergüenza de llamarlo
hermano.
¿Por qué los creyentes se constituyen como iglesia?
Porque por este medio Cristo quiere aumentar su utilidad en el mundo y
fortalecer su influencia personal para el bien. En la iglesia ha de mantenerse
una disciplina que proteja los derechos de todos y aumente el sentido de mutua
dependencia. Dios nunca se propuso que la mente y el juicio de un hombre fueran
el poder dominante. Nunca dispuso que un hombre gobernara, planificara y
dispusiera sin la consideración cuidadosa y acompañada de oración del cuerpo
entero, a fin de que todos actuaran de una manera firme y armoniosa.
Los creyentes deben brillar como luces en el mundo.
Una ciudad asentada sobre una colina no se puede esconder. Una iglesia separada
y distinta del mundo es, en la estima del cielo, el objeto de más valor en toda
la tierra. Los miembros deben comprometerse a estar separados del mundo,
consagrándose al servicio de un solo maestro, Cristo Jesús. Deben revelar que
han escogido a Cristo como su director... La iglesia debe ser lo que Dios
ordenó que fuera: un representante de la familia de Dios en otro mundo (Carta
26, 1900).
Cuidaos de aquellos que surgen con una gran
preocupación de denunciar a la iglesia. Los que están firmes enfrentando
resueltamente la tormenta de la oposición del mundo y poniendo en alto los
pisoteados mandamientos de Dios para exaltarlos como santos y honorables, son
ciertamente la luz del mundo...
Os digo, hermanos míos, el Señor tiene un cuerpo
organizado por medio del cual él trabaja. Puede haber más de una veintena de
Judas entre ellos; puede haber un Pedro áspero, que en circunstancias difíciles
niegue a su Señor. Puede haber personas representadas por Juan a quien Jesús
amaba, pero que pueden tener un celo que destruiría las vidas de los hombres
pidiendo fuego del cielo sobre ellos para vengar un insulto inferido a Cristo y
a la verdad. Pero el gran Maestro trata de dar lecciones 18 de instrucción para
corregir estos males existentes. El está haciendo hoy lo mismo con su iglesia.
Está señalando sus peligros. Está presentando delante de ellos el mensaje a
Laodicea.
El les muestra que todo egoísmo, todo orgullo, toda
exaltación propia, toda incredulidad y prejuicio, que conducen a resistir la
verdad y a rechazar la verdadera luz, son peligrosos, y a menos que se
arrepientan [de estos pecados], los que albergan estas cosas serán dejados en
las tinieblas como la nación judía. Que cada alma trate ahora de contestar la
oración de Cristo. Que cada alma se haga eco de esa oración en su mente, en
peticiones, en exhortaciones, para que todos sean uno, así como Cristo es uno
con el Padre, y trabajen con ese fin.
En lugar de usar las armas de guerra dentro de
nuestras propias filas, sean éstas utilizadas contra los enemigos de Dios y de
la verdad. Haceos eco de la oración de Cristo con todo vuestro corazón:
"Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean
uno, así como nosotros" (Juan 17:11)...
La oración de Cristo no es sólo en favor de los que
ahora son sus discípulos, sino de todos los que crean en Jesús por medio de la
palabra de sus discípulos, hasta el fin del mundo. Jesús estaba por entregar su
vida para sacar a la luz la vida y la inmortalidad. Cristo, en medio de sus sufrimientos
y del rechazo de que es objeto todos los días por parte de los hombres, observa
a través de dos mil años a su iglesia que existirá en los días finales, antes
de fin de la historia de la tierra.
El Señor ha tenido una iglesia desde ese día, a
través de todos los cambios de escena producidos por el tiempo hasta el período
presente, 1893. La Biblia presenta delante de nosotros una iglesia modelo. Sus
miembros deben estar unidos los unos con los otros, y en unidad con Dios.
Cuando los creyentes están unidos con Cristo, la vid viviente, el resultado es
que son uno en Cristo, y están llenos de simpatía, ternura y amor.
Cuando alguien se está apartando del cuerpo
organizado del pueblo que guarda los mandamientos de Dios, cuando comienza a
pesar la iglesia en sus balanzas humanas y a pronunciar juicios contra ella,
podéis saber que Dios no lo está dirigiendo. Está en el camino equivocado.
Constantemente se levantan hombres y mujeres que
están inquietos, y que desean poner en marcha algún nuevo dispositivo para
realizar alguna cosa maravillosa. Satanás vigila su oportunidad para darles
algo que hacer en su obra. Dios ha dado a cada hombre su tarea.
Existen oportunidades y privilegios en la iglesia
para ayudar a los que están a punto de morir, y para inspirar a la iglesia con
celo, pero no para reducirla a pedazos. Existen amplias oportunidades en la
iglesia para caminar en las órdenes de Cristo. Si el corazón está lleno de celo
por avanzar hacia una santificación y una santidad más profundas, trabajad en
esa línea con toda humildad y devoción. La iglesia necesita la frescura y la
inspiración de hombres que respiran la propia atmósfera del cielo, para
vitalizar a la iglesia, a pesar de la cizaña que haya entre el trigo...
Quiero
amonestar a todos los creyentes a que aprendan a mantener un celo santo
con respecto a ellos mismos, no sea que Satanás aparte su corazón de Dios y se
deslicen inconscientemente en las filas de Satanás, sin percibir que han
cambiado de dirigente y sean hallados bajo el poder traicionero de un tirano.
Como iglesia tenemos que estar bien despiertos, y trabajar como obreros juntamente con Dios por los errantes que hay entre nosotros. Se nos han dado armas espirituales, poderosas para derribar las fortalezas del enemigo. No debemos lanzar rayos contra la iglesia militante de Cristo, porque Satanás está haciendo todo lo posible en esa línea, y vosotros los que pretendéis ser el pueblo remanente de Dios, mejor sería que no os encontrarais ayudando al enemigo, denunciando, acusando y condenando. Tratad de restaurar, no de derribar, desanimar y destruir (Manuscrito 21, 1893, [publicado en la Review and Herald, noviembre 8, 1956]).