APRECIADO HNO. M: *
Recibí su carta al comienzo del sábado. . . Debo
aconsejarle que asista al colegio, y que no salga de este país hasta que haya
establecido cabalmente en su pensamiento qué es la verdad. Espero sinceramente
que asistirá a este período de clases y aprenderá todo lo que pueda con
respecto a este mensaje de verdad que ha de predicarse al mundo.
El Señor no le ha dado un mensaje para que diga que
los adventistas del séptimo día son Babilonia, y para que inste al pueblo de
Dios a salir de ella. Todas las razones que Ud. sea capaz de presentar no
pueden pesar en mi ánimo con relación a esto, porque el Señor me ha dado una
información definida que se opone a tal mensaje.
No dudo de su sinceridad y honradez. En distintas
ocasiones he escrito largas cartas dirigidas a los que acusaban a la Iglesia
Adventista del Séptimo Día de ser Babilonia, y en ellas les decía que no
estaban presentando la verdad. Ud. piensa que ciertas personas me han inducido
a tener prejuicios. Si así fuera, no estaría capacitada para que se me
encargase la obra de Dios. Pero este asunto me ha sido presentado en otros
casos cuando ciertas personas han pretendido tener mensajes de un carácter
similar para la Iglesia Adventista, y
se me ha dicho: "No les creas". "Yo no los he enviado, y sin
embargo ellos han corrido".
Repaso de algunos casos
El Hno. K,*
que estaba en su lecho de muerte, tenía la habitación llena de gente
interesada, mientras se hallaba en el hospital de Battle Creek. Muchos fueron
engañados. Ese hombre parecía estar inspirado. Pero la instrucción que recibí
fue: "Esta obra no es de Dios. No creáis a ese mensaje".
Pocos años después, un hombre llamado N, de la
localidad de Red Bluff, California, vino a verme para presentarme su mensaje.
Dijo que él constituía la proclamación en alta voz del mensaje del tercer ángel
que habría de iluminar el mundo con su gloria. Pensaba que Dios había pasado
por alto a todos los dirigentes y que le había dado a él ese mensaje. Intenté
demostrarle que estaba equivocado. Dijo que los adventistas del séptimo día
eran Babilonia, y cuando le expusimos nuestras razones y analizamos la
situación con él y le demostramos que estaba equivocado, realizó una gran demostración
de poder y por cierto que gritó en alta voz. . . Tuvimos muchas dificultades
con él; su mente se trastornó y debió ser internado en un hospital para
enfermos mentales.
Otra persona, llamada Garmire,* defendía y publicaba un mensaje concerniente
a la proclamación en alta voz del tercer ángel; acusaba a la iglesia en forma
similar a lo que Ud. está haciendo ahora. Dijo que los dirigentes de la iglesia
caerían debido a la exaltación de sí mismos, que otra clase de hombres más
humildes ocuparía su lugar, y que ellos realizarían cosas admirables. Este
hombre tenía hijas que pretendían tener visiones.
Me fue presentado este engaño. Se trata de un hombre
inteligente, que puede hablar bien en público, que posee abnegación y está
lleno de celo y fervor, y tiene un aspecto de consagración y devoción. Pero
recibí esta amonestación de Dios; "¡No les creáis; yo no los he
enviado!"
El pretendía creer en los testimonios. Pretendía
aceptar que eran verdaderos, y los utilizaba en la misma forma que Ud. los ha
empleado para proporcionar fuerza y apariencia de verdad a sus pretensiones.
Les dije que ese mensaje no procedía de Dios, sino que estaba engañando a los
incautos. No quisieron convencerse. Les dije que las visiones de su hija [Ana]
eran falsas, y que sin embargo su padre pretendía que esas visiones eran como
las visiones de la Hna. White, y que testificaban de las mismas cosas. Esta
hija estaba engañando a la familia y a varios otros que creían esos mensajes
falsos. Se me mostró que esa joven no era virtuosa sino que estaba
corrompida...
Si alguna vez hubo un hombre a quien yo consideraba
inspirado, ciertamente era éste; pero le dije claramente que su inspiración
procedía de Satanás y no de Dios. Su mensaje no llevaba las credenciales
divinas.
Con el fin de proclamar este mensaje a todo el mundo,
indujo a un joven honrado y concienzudo a creer que era su deber robar la lista
de suscriptores de la revista Review and Herald. Esto constituye un crimen
penado por las leyes del estado, y ese joven escapó de Battle Creek. No se
atrevió a regresar a Battle Creek por algún tiempo. [Este maestro fanático]
estableció una fecha cuando debía terminar el tiempo de gracia, y como esta
predicción fracasó, el joven vio que había sido engañado y confesó su pecado, y
ahora es un miembro honorable de la iglesia de Battle Creek.
Solamente dos años después de eso, otro hombre a
quien llamaremos O, de Connecticut, vino con un mensaje que él denominaba nueva
luz, concerniente al mensaje del tercer ángel. Esta familia inteligente, a
causa de su engaño, se había separado de la Iglesia Adventista. Debido a que yo
había dado un testimonio definido contra esa así llamada nueva luz, en
--------, Connecticut, donde él vivía, se opuso a mi obra y a mis testimonios.
El Hno. O, asistió al congreso y al cursillo bíblico
para ministros realizados en Battle Creek; pero se mantuvo apartado y no
armonizó con el espíritu de la reunión. Regresó a su hogar, y comenzó a
corromper a la pequeña iglesia de -----. Si yo no hubiera trabajado en ese
lugar, habría destruido toda la iglesia con su rechazo de la verdad, de la
posición de los adventistas y de la Sra. White en particular. Por ese mismo
tiempo, una Sra. T, vino de la ciudad de Wáshington, pretendiendo estar
completamente santificada y poseer la facultad de sanar. Este espíritu dejó
perplejas a muchas personas. Manifestaban el mismo espíritu acusador: esto es,
que la iglesia estaba enteramente equivocada, y que Dios estaba llamando fuera
de ella a un pueblo que realizaría milagros. Un grupo numeroso de nuestros
hermanos de Battle Creek estaban siendo separados. El Espíritu de Dios influyó
sobre mí durante la noche para que escribiera a nuestros hermanos de Battle
Creek.
El mensaje a los laodicenses
Dios está guiando a un pueblo. Ha elegido un pueblo,
una iglesia en el mundo, a quien ha hecho depositario de su ley. Les ha
confiado un legado sagrado y una verdad eterna que deben presentarse al mundo.
El los reprenderá y los corregirá. El mensaje a los laodicenses se aplica a los
adventistas que han tenido gran luz y no han andado en ella. Los que han hecho
gran profesión de fe, pero que no se han mantenido al mismo paso de su Guía,
son los que serán vomitados de su boca, a menos que se arrepientan. El mensaje
que afirma que la Iglesia Adventista del Séptimo Día es Babilonia, y que llama
a la gente a salir de ella, no procede de ningún mensajero celestial, ni de
ningún instrumento humano inspirado por el Espíritu de Dios.
El Testigo Fiel dice: "Yo te aconsejo que de mí
compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para
vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con
colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues,
celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi
voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que
venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y
me he sentado con mi Padre en su trono" (Apoc. 3: 18 - 21).
"Yo reprendo y castigo"
Jesús desea entrar para proporcionar las bendiciones
más ricas a cada uno de los miembros de la iglesia, si ellos quieren abrirle la
puerta. No los llama ni una sola vez Babilonia, ni les pide que salgan de ella.
Pero dice: "Yo reprendo y castigo a todos los que amo" (con mensajes
de reproche y amonestación) (Apoc. 3: 19). No ignoro estos reproches. He
presentado amonestaciones porque el Espíritu del Señor me ha constreñido a
hacerlo así, y he pronunciado reproches porque el Señor me ha dado palabras de
reproche. No he rehusado presentar todo el consejo de Dios que me ha sido dado
para la iglesia.
Quiero decir en el temor y el amor de Dios, que sé
que el Señor tiene pensamientos de amor y de misericordia para restaurar y
curar a aquellos que se han apartado. El tiene una obra que debe ser hecha por
su iglesia. No debe decirse que sus miembros son Babilonia, sino que son la sal
de la tierra y la luz del mundo. Deben ser mensajeros vivientes que han de
proclamar un mensaje vital en estos últimos días.
La Babilonia de Apocalipsis 18
Después de esto vi otro ángel descender del cielo con
gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. Y clamó con voz potente,
diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de
demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las
naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la
tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido
de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo que decía: Salid de
ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis
parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se
ha acordado de sus maldades. Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble
según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el
doble. Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de
tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no
soy viuda, y no veré llanto; por lo cual en un solo día vendrán sus plagas;
muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el
Señor, que la juzga" (Apoc. 18: 1-8).
Todo este capítulo demuestra que la Babilonia que ha caído
está constituida por las iglesias que no reciban el mensaje de amonestación que
el Señor ha dado en los mensajes del primer, segundo y tercer ángeles.
Rehusaron la verdad y aceptaron una mentira. Rehusaron los mensajes de verdad.
Véase 2 Tesalonicenses 2: 1 -12. El mensaje del capítulo 18 de Apocalipsis es
claro y bien definido: "Porque todas las naciones han bebido del vino del
furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los
mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites"
(Apoc. 18: 3). Ninguno de los que leen este capítulo necesita ser engañado.
Cómo se regocijaría Satanás si pudiera conseguir que
se proclamase un mensaje según el cual el único pueblo a quien Dios ha hecho
depositario de su ley sería aquel a quien se aplica ese mensaje. El vino de
Babilonia consiste en la exaltación del falso día de reposo sobre el sábado que
el Señor Jehová ha bendecido y santificado para uso del hombre, y también es la
creencia en la inmortalidad del alma. Estas herejías emparentadas, y el rechazo
de la verdad, convierten la iglesia en Babilonia. Reyes, comerciantes,
dirigentes y maestros religiosos están todos en corrompida armonía.
La iglesia no ha de ser dispersada
Nuevamente digo: El Señor no ha hablado mediante
ningún mensajero que llame Babilonia a la iglesia que guarda los mandamientos
de Dios. Es verdad que hay cizaña junto con el trigo, pero Cristo dijo que
enviaría a sus ángeles a reunir primero la cizaña en atados para quemarla, y a
poner el trigo en el granero. Sé que el Señor ama a su iglesia, la cual no ha
de ser desorganizada ni dispersada en átomos independientes No existe la menor
lógica en esto ni hay la más mínima evidencia de que ocurrirá tal cosa. Quienes
obedezcan este mensaje falso y procuren influir en otros para que también lo
acepten, serán engañados y preparados para recibir engaños mayores, y los
frutos de sus esfuerzos se reducirán a la nada.
Algunos miembros de la iglesia tienen orgullo,
suficiencia propia e incredulidad arraigada, y manifiestan resistencia a
abandonar sus ideas, aunque se amontonen las evidencias que indican que el
mensaje a la iglesia de Laodicea se aplica a ellos. Pero eso no eliminará a la
iglesia. Dejad que la cizaña y el trigo crezcan juntos hasta la cosecha, cuando
los ángeles llevarán a cabo la obra de separación.
Amonesto a la Iglesia Adventista a ser cuidadosa en
la forma como recibe cada nuevo concepto, y también a los que pretenden poseer
gran luz. El carácter de su obra parece consistir en acusar y en destruir.
Hermano mío, quiero decirle: Sea cuidadoso. No dé ni
un paso más por el camino en el cual ha entrado. Ande en la luz, "entre
tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas" (Juan 12:
35).
Ud. se queja de que en Battle Creek lo trataron
fríamente. ¿Acudió Ud. con espíritu de humildad a aquellos que son
espirituales? ¿Les dijo: "¿Queréis examinar las Escrituras conmigo, y orar
acerca de este asunto? No tengo la luz, y quiero poseerla; porque el error
nunca santificará el alma"? ¿Puede Ud. sorprenderse de que ellos no le
proporcionasen toda la confianza que Ud. pensaba obtener de ellos, después de
la experiencia por la cual pasaron? ¿No debería darse importancia a las
palabras de Cristo? "Guardaos de
los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por
dentro son lobos rapaces" (Mat. 7: 15). Se dirá cada vez con más
frecuencia: "Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está". Que los
creyentes obedezcan la voz del ángel que ha dicho a la iglesia: "Uníos
estrechamente". En la unidad está vuestra fortaleza. Amaos como hermanos,
sed compasivos, sed corteses. Dios tiene una iglesia, y Cristo ha declarado:
"Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mat. 16: 18).
Los mensajeros que el Señor envía llevan las credenciales divinas. Siento
aprecio por Ud., pero venga a la luz; yo se lo ruego (Carta 16, 1893).
EL FRUTO DE UNA OBRA CLANDESTINA
Es esencial que todos sepan qué atmósfera rodea sus
almas, para ver si están en sociedad con el enemigo de la justicia, y si están
realizando inconscientemente su obra, o si están unidos con Cristo para llevar
a cabo su obra y establecer a las almas más firmemente en la verdad.
Satanás se regocijaría si pudiera conseguir que todos
fuesen aliados suyos para debilitar de este modo la confianza del hermano en el
hermano, y para sembrar discordia entre los que profesan creer la verdad.
Satanás puede cumplir sus propósitos con más éxito utilizando a los profesos
amigos de Cristo que no andan ni trabajan de acuerdo con la voluntad de Cristo.
Quienes, en su mente y en su corazón, se están alejando de la obra especial del
Señor para este tiempo, y quienes no colaboran con él para establecer a las
almas en la fe induciéndolas a aceptar sus palabras de advertencia, están
haciendo la obra del enemigo de Cristo.
Es una cuestión muy seria ir de casa en casa, y bajo
la pretensión de llevar a cabo un trabajo misionero, sembrar la semilla de la
desconfianza y la sospecha. Cada una germina rápidamente, y así se crea
desconfianza en los siervos de Dios que tienen un mensaje para dar al pueblo.
Cuando Dios habla mediante sus siervos, la semilla [de desconfianza y sospecha]
sembrada, ya ha echado raíces de amargura. La palabra cae entonces en corazones
que no quieren oír y en corazones que no quieren responder. Debido a ello,
ningún poder terrenal ni ningún poder celestial puede abrirse paso hacia el
alma.
¿Quién es responsable por estas almas? ¿Quién
erradicará esa venenosa raíz de amargura que les ha impedido recibir la palabra
del Señor? Una buena hermana o un hermano sembraron la mala semilla, ¿pero cómo
puede ahora esa persona restaurar al alma que está en peligro? La lengua que
debió emplearse para la gloria de Dios al pronunciar palabras de esperanza, fe
y confianza en los obreros de Dios, ahora ha alejado a un alma de Jesucristo.
Quienes despreciaron las palabras de Cristo, y rehusaron oír su voz y ser
convertidos, han influido en otras mentes con la levadura de las suposiciones
sin fundamento y las murmuraciones.
Este es el día de la preparación del Señor. No
tenemos tiempo para hablar de incredulidad y para chismear; no tenemos tiempo
ahora para realizar la obra del diablo. Que todos tengan cuidado de no
desarraigar la fe de otros al sembrar semillas de envidia, celo y desunión;
porque Dios oye las palabras, y juzga, no mediante aserciones, que no valen
nada, sino por el fruto que produce la conducta de una persona. "Por sus
frutos los conoceréis" (Mat. 7: 20). La semilla sembrada determinará el
carácter de la cosecha (Manuscrito 32a, 1896) .
EL MENSAJE INSPIRADO POR DIOS VA ACOMPAÑADO POR UNA
EVIDENCIA CONVINCENTE
Cuando el Señor da un mensaje a una persona, le da al
mismo tiempo algo mediante lo cual su pueblo puede conocer que el mensaje
procede de él. Dios no pide que su pueblo crea a todos los que acuden a él con
un mensaje.
El Señor envía amonestaciones a su pueblo no para
destruirlo, sino para corregir sus errores...
Estamos viviendo en tiempos peligrosos. Por la luz
que he recibido, sé que Satanás está procurando introducir aquello que hará
pensar a ciertos individuos que tienen una obra maravillosa que hacer. Pero
cuando Dios da un mensaje a una persona, esa persona, mediante su humildad y su
mansedumbre, dará evidencia de que Dios está obrando por su intermedio. Dios
vive y reina, y desea que nosotros andemos humildemente delante de él. El no
quiere que este hombre N se imponga por la fuerza a la congregación...
No seremos interrumpidos reunión tras reunión por aquellos que pretenden tener un mensaje para presentar. El que se introduce por la fuerza en un lugar donde no es aceptado, no está haciendo la obra de Dios. Debemos trabajar como los soldados de un ejército. No debemos salir de las filas para comenzar a trabajar por nuestra propia cuenta (Manuscrito 30, 1901).