CAPÍTULO
4. Advertencias Contra las Pretensiones Engañosas de Contar con la Dirección
del Espíritu *
LA OBRA DE DIOS SE CARACTERIZA POR LA SERENIDAD Y LA
DIGNIDAD
HACE dos semanas, mientras escribía, mi hijo W. C.
White entró en mi habitación y declaró que había dos personas que deseaban
hablar conmigo. Bajé las escaleras hasta la sala de recibo, y ahí encontré a un
hombre y a su esposa que afirmaban obedecer la Palabra de Dios y creer en los
testimonios. Habían tenido una experiencia inusitada durante los dos o tres
años pasados. Parecían ser gente sincera.
Escuché mientras referían algunas de sus
experiencias, y luego les dije algo acerca de la obra que tuvimos que hacer para
enfrentar y oponernos al fanatismo poco después de transcurrida la fecha cuando
esperábamos ver a nuestro Señor. Durante esos días difíciles algunos de
nuestros creyentes más preciados fueron conducidos al fanatismo. Luego les dije
que antes del fin veríamos extrañas manifestaciones protagonizadas por aquellos
que profesaban ser dirigidos por el Espíritu Santo. Algunos considerarán como
algo de mucha importancia estas manifestaciones peculiares, que no proceden de
Dios, pero que están calculadas para apartar las mentes de muchos de la
enseñanza de la Palabra.
En esta etapa de nuestra historia debemos tener mucho
cuidado de precavernos contra todo lo que sepa a fanatismo y desorden. Debemos
precavernos contra todas las manifestaciones peculiares que podrían excitar la
mente de los no creyentes, y conducirlos a pensar que como pueblo nos dejamos
guiar por el impulso y nos complacemos en el ruido y la confusión acompañados
de conductas extravagantes. En los últimos días, el enemigo de la verdad
presente producirá manifestaciones que no están en armonía con la dirección del
Espíritu, sino que tienen el propósito de descarriar a aquellos que están
listos a aceptar cualquier cosa nueva y extraña.
Dije a este hermano y a su esposa que la experiencia
que yo había tenido en mi juventud, poco después de transcurrida la fecha de
1844, me había conducido a ser sumamente precavida en la aceptación de
cualquier cosa parecida a lo que en aquel tiempo enfrentamos y reprochamos en
el nombre del Señor.
No podría infligirse un daño mayor a la obra de Dios
en esta época que el que le causaríamos si permitiésemos que se introdujera en
nuestras iglesias un espíritu de fanatismo acompañado por conductas extrañas,
que se considerarían equivocadamente como la obra del Espíritu de Dios.
A medida que este hermano y su esposa referían sus
experiencias, que ellos pretendían haber tenido como resultado de haber
recibido el Espíritu Santo con poder apostólico, tuve la impresión de que se
trataba de una copia de aquello a lo cual habíamos tenido que hacer frente y
corregir en nuestros primeros días de existencia.
Hacia el final de nuestra entrevista, el Hno. L
propuso que oráramos juntos, pensando que posiblemente durante la oración su
esposa experimentaría aquello que me habían descrito, y que entonces yo estaría
en condiciones de discernir si eso procedía del Señor o no. No pude consentir
en ello, porque se me ha indicado que cuando una persona ofrece exhibir tales
manifestaciones peculiares, eso constituye una clara evidencia de que no se
trata de la obra de Dios.
No debemos permitir que estos incidentes nos
desanimen. De tiempo en tiempo nos veremos frente a casos tales. No demos lugar
a ejercitaciones extrañas que ciertamente alejan la mente de la dirección
profunda del Espíritu Santo. La obra de Dios se ha caracterizado siempre por la
serenidad y la dignidad. No podemos permitirnos aprobar ninguna cosa que
produzca confusión y debilite nuestro fervor con respecto a la gran obra que
Dios nos ha encomendado realizar en el mundo, a fin de prepararlo para la
segunda venida de Cristo (Carta 338, 1908).
DECLARACIONES HECHAS POR LA SRA. DE WHITE EN LA
ENTREVISTA
Os estoy refiriendo estas experiencias a fin de que
tengáis conocimiento de aquello por lo que hemos pasado. . . Algunos [
fanáticos, después de 1844] danzaban de un lado para otro y cantaban:
"Gloria, gloria, gloria, gloria, gloria, gloria". A veces yo
permanecía sentada hasta que ellos hubiesen terminado, y luego me levantaba y
decía: "No es ésta la forma en que el Señor trabaja. No causa impresiones
en el ánimo de este modo. Debemos dirigir la mente de la gente hacia la Palabra
como el fundamento de nuestra fe".
En aquel tiempo yo era tan sólo una niña, y sin
embargo tuve que presentar repetidas expresiones de censura contra esas
manifestaciones extrañas. Y desde entonces he procurado ser sumamente cuidadosa
para evitar que alguna experiencia de esta suerte vuelva a acontecer a nuestro
pueblo. Cualquier manifestación de fanatismo aparta la mente de la evidencia de
la verdad: la Palabra misma. Vosotros
podéis tener una conducta consecuente, pero podría ser que aquellas personas
que fuesen influidas por vosotros tuvieran una conducta muy inconsecuente, y,
como resultado, muy pronto tendríamos nuestras manos llenas con algo que haría
casi imposible dar a los no creyentes la impresión correcta de nuestro mensaje
y de nuestra obra. Debemos ir al encuentro de la gente con la sólida Palabra de
Dios, y cuando la reciban, entonces el Espíritu Santo podrá venir; pero siempre
viene, según he dicho antes, en una forma que resulta aceptable para el juicio
de la gente. En lo que decimos, en lo que cantamos, y en todos nuestros
ejercicios espirituales, debemos revelar esa serenidad, esa dignidad y ese
temor santificado que son característicos de cada verdadero hijo de Dios.
Existe el peligro constante de ir en pos de algo que
llega a nuestro medio y que nosotros consideramos como la actuación del
Espíritu Santo, pero que en realidad es el fruto del espíritu de fanatismo.
Mientras permitamos que el enemigo de la verdad nos conduzca por el camino
equivocado, no podremos esperar alcanzar con el mensaje del tercer ángel a los
que son sinceros de corazón. Debemos ser santificados mediante la obediencia a
la verdad. Temo todo lo que tienda a apartar la mente de la sólida evidencia de
la verdad como está revelada en la
Palabra de Dios. Temo eso; repito que lo temo. Debemos colocar nuestras mentes
dentro de los límites de la razón, para que el enemigo no se introduzca y
trastorne el orden de las cosas. Hay personas de temperamento excitable que
fácilmente son conducidas al fanatismo; y si permitiésemos que en nuestras
iglesias se introdujera alguna cosa que indujese a error a tales personas,
pronto veríamos esos errores desarrollarse en toda su extensión, y entonces,
debido a la conducta de esos elementos desordenados, toda la organización
adventista quedaría manchada por un baldón.
Volverá a surgir el fanatismo
He estado estudiando la manera de publicar otra vez
algunas de estas experiencias, de modo que un mayor número de nuestros hermanos
pueda recibir la información necesaria, porque sé desde hace mucho tiempo que
el fanatismo volverá a manifestarse en diferentes formas. Debemos fortalecer
nuestra posición estudiando intensamente la Palabra, y evitando todas las
rarezas y los ejercicios extraños que con mucha rapidez algunas personas
aceptarán y practicarán. Si permitiésemos que la confusión se introdujera en
nuestras filas, no podríamos afirmar nuestra obra en la forma debida...
Durante los años del ministerio de Cristo en la
tierra, mujeres piadosas ayudaron en la obra que el Salvador y sus discípulos
llevaban a cabo. Si los que se oponían a esta obra hubieran podido encontrar
alguna cosa anormal en la conducta de esas mujeres, eso habría hecho terminar
la obra de inmediato. Pero mientras las mujeres trabajaban con Cristo y los
apóstoles, toda la obra se llevaba a cabo en un plano tan elevado, que se
situaba por encima de toda sospecha. No fue posible encontrar ninguna ocasión
para acusarlos. Las mentes de todos eran dirigidas hacia las Escrituras y no a
los individuos. Se proclamaba la verdad inteligentemente y en forma tan
sencilla que todos podían comprenderla.
Siento mucho temor de que se introduzca entre nuestro
pueblo cualquier cosa de naturaleza fanática. Hay muchísimos que deben ser
santificados, pero deben serlo mediante la obediencia al mensaje de verdad...
No podemos permitir que elementos excitables que se
encuentran entre nosotros se manifiesten en una forma que destruiría nuestra
influencia sobre aquellos a quienes deseamos alcanzar con la verdad. Nos llevó
años superar la impresión desfavorable que los no creyentes obtuvieron de los
adventistas cuando se enteraron de las actuaciones extrañas e impías de
elementos fanáticos que había entre nosotros durante los primeros años de
nuestra existencia como pueblo separado (Manuscrito 115, 1908).
CONSEJO A ESTE HERMANO Y A SU ESPOSA
ESTIMADOS HNO. Y HNA. L:
Recientemente, en visiones de la noche, se me
revelaron algunas cosas que debo comunicaros. Se me mostró que estáis
cometiendo algunos errores lamentables. En vuestro estudio de las Escrituras y
de los testimonios habéis llegado a conclusiones falsas. La obra del Señor
puede ser muy mal entendida si continuáis actuando como lo habéis hecho hasta
ahora. Interpretáis equivocadamente la Palabra de Dios y los testimonios
impresos; y luego tratáis de llevar a cabo una obra extraña de acuerdo con
vuestra concepción de su significado. Hasta habéis supuesto que se os ha
concedido poder para echar fuera demonios. Mediante vuestra influencia sobre
las mentes, los hombres y las mujeres son conducidos a creer que están poseídos
por los demonios y que el Señor os ha designado como instrumentos suyos para
echar fuera esos malos espíritus.
Su esposa, mediante sus discursos, su canto y sus
extrañas exhibiciones que no están de acuerdo con la obra genuina del Espíritu
Santo, está ayudando a introducir una clase de fanatismo que podría causar gran
perjuicio a la causa de Dios, si se le diera lugar en nuestras iglesias.
Hermano mío y hermana mía, tengo un mensaje para
vosotros: estáis partiendo en vuestra obra de una suposición falsa. Hay mucho
de vuestro propio yo entretejido en vuestras exhibiciones. Satanás se
introducirá con poder encantador a través de estas exhibiciones. Ya es tiempo
de que os detengáis. Si Dios os hubiese dado un mensaje especial para su
pueblo, andaríais y trabajaríais con toda humildad, no como si estuvieseis en
el escenario de un teatro, sino con la mansedumbre de un seguidor del humilde
Jesús de Nazaret. Así ejerceríais una influencia muy diferente de la que habéis
estado ejerciendo...
El deseo sincero de hacer el bien a los demás
conducirá al obrero cristiano a deponer todo pensamiento que tienda a colocar
dentro del mensaje de la verdad presente cualquier enseñanza extraña que
conduzca a los seres humanos hacia el fanatismo. En este período de la historia
del mundo debemos ejercer el mayor cuidado posible en este sentido.
Algunos aspectos de la experiencia por la que estáis
pasando ponen en peligro no sólo vuestras propias almas sino también las almas
de muchas otras personas, porque recurrís a las preciosas palabras de Cristo
según están registradas en las Escrituras, y a los testimonios, para que
respondan de la autenticidad de vuestro mensaje. Os habéis engañado al suponer
que la preciosa Palabra, que es verdad absoluta. y los testimonios que el Señor
ha dado a su pueblo, constituyen vuestra autoridad. Estáis motivados por
impulsos equivocados, y os estáis animando a vosotros mismos con declaraciones
que descarrían. Intentáis hacer que la verdad de Dios respalde sentimientos
falsos y acciones incorrectas, que son inconsecuentes y fanáticos. Esto hace
diez veces, sí, y hasta veinte veces más difícil la obra de la iglesia, que
consiste en familiarizar a las gentes con las verdades del mensaje del tercer
ángel (Carta 358a, 1908).
UN MENSAJE PARA LAS IGLESIAS DE CALIFORNIA
A NUESTROS HERMANOS DE CALIFORNIA:
Anoche se me dio instrucción para nuestro pueblo. Me
parecía estar en una reunión donde se representaba la obra extraña del Hno. L y
de su esposa. Se me dijo que era una obra similar a la que se había llevado a
cabo en ________, en el estado de Maine, y en varios otros lugares después del
cumplimiento de la fecha de 1844. Se me pidió que hablara decididamente contra
esa actividad fanática.
Se me mostró que no era el Espíritu del Señor el que
inspiraba al Hno. y a la Hna. L, sino el mismo espíritu de fanatismo que
siempre intenta penetrar en la iglesia remanente. Están errados en la forma
como aplican las Escrituras a sus prácticas peculiares. El hecho de declarar a
las personas poseídas por el demonio, y luego orar con ellas y pretender
exorcizar los malos espíritus, constituye un fanatismo que hará caer en el
descrédito a cualquier iglesia que apruebe tal obra.
Se me dijo que no debemos estimular tales
demostraciones, sino que deberíamos proteger al pueblo mediante resueltas
expresiones de censura contra aquello que podría manchar el nombre de
adventistas del séptimo día, y destruir la confianza del pueblo en el mensaje
de verdad que debe presentar al mundo. El Señor ha realizado una gran obra en
favor de su pueblo al colocarlo en un terreno ventajoso. La iglesia tiene el
deber de mantener viva su influencia. Las siguientes palabras tienen un
contenido valioso: "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece
que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de
mí" (Juan 5: 39). Las palabras de la inspiración, cuidadosamente
estudiadas y obedecidas con oración, servirán para poner a todos plenamente en
el camino de las buenas obras.
Como denominación necesitamos volvernos con más
persistencia hacia Dios en busca de su dirección. Vivimos en una época impía.
Los peligros de los últimos días se ciernen sobre nosotros. Debido a que la
iniquidad abunda, Satanás se propone introducir toda clase de teorías engañosas
entre aquellos que han procurado andar humildemente con Dios, y que desconfían
de sí mismos. ¿Deben ir, personas llenas de confianza propia y fanáticas, al
encuentro de estas almas humildes para asegurarles que están poseídas por los
malos espíritus, y después de orar con ellas, afirmar que el demonio ha sido
expulsado? Estas no son las manifestaciones del Espíritu de Dios, sino de otro
espíritu.
Exhorto a cada iglesia a tener cuidado de no dejarse
conducir a un punto donde piensen mal de aquellos que, debido a su desconfianza
de sí mismos, teman no tener el Espíritu Santo. Hay quienes han seguido su
propio modo de obrar en vez de hacer la voluntad de Dios. No han reconocido la
luz que Dios les ha dado benévolamente; y debido a esto han perdido la facultad
de distinguir entre las tinieblas y la luz. Numerosas personas han oído mucho
con respecto a la senda que debían seguir, pero ignoran lo que Dios requiere de
ellas. Su luz no brilla en términos de obras que revelan los principios de la
verdad y la santidad. Es esta clase de personas la que en el tiempo de prueba
aceptará falsedades y teorías erróneas como si fueran la verdad de Dios.
El pueblo de Dios ha recibido luz abundante. Que nuestra grey despierte y avance hacia la perfección. Estaréis expuestos a los errores de los instrumentos satánicos. Sobrevendrán tremendas olas de fanatismo. Pero Dios librará al pueblo que busque fervientemente al Señor. y se consagre a su servicio (Pacific Union Recorder [Informador de la Unión del Pacífico], 31 de diciembre de 1908).