CAPÍTULO 3. La Doctrina de la
"Carne Santificada" *
SE REPETIRAN LAS PRIMERAS * MANIFESTACIONES DE
FANATISMO
He recibido
instrucciones concernientes a las últimas experiencias 36 de los hermanos de
Indiana y a las enseñanzas que han dado a las iglesias. El enemigo ha estado
obrando a través de estas prácticas y enseñanzas para descarriar a las almas.
Es errónea la enseñanza dada concerniente a lo que se
llama la "carne santificada". Todos pueden obtener ahora corazones
santificados, pero es incorrecto pretender que en esta vida se puede tener
carne santificada. El apóstol Pablo declara: "Yo sé que en mí, esto es, en
mi carne, no mora el bien"(Rom. 7: 18). A los que se han esforzado tanto
por alcanzar por la fe la así llamada carne santificada, quiero decirles: No
podéis obtenerla. Ninguno de vosotros posee ahora carne santificada. Ningún ser
humano en la tierra tiene carne santificada. Es una imposibilidad.
Si los que hablan con tanta facilidad acerca de la
perfección en la carne, pudiesen ver las cosas en su verdadera luz, rechazarían
horrorizados sus ideas presuntuosas. Al exponer la falsedad de sus suposiciones
concernientes a la carne santificada, el Señor procura impedir que los hombres
y las mujeres atribuyan a sus palabras una significación que conduce a la
contaminación del cuerpo, el alma y el espíritu. Permitid que esta doctrina
avance un poco más, y llevará a la pretensión de que sus defensores no pueden
pecar; puesto que tienen carne santificada, todas sus acciones son santas. ¡Qué
puerta se abriría de este modo a la tentación!
Las Escrituras nos enseñan que debemos procurar
santificar para Dios el cuerpo, el alma y el espíritu. En esta tarea debemos
trabajar conjuntamente con Dios. Es posible hacer mucho para restaurar la
imagen moral de Dios en el hombre, y para mejorar las capacidades físicas,
mentales y morales. Pueden realizarse cambios notables en el organismo físico
obedeciendo las leyes de Dios y no introduciendo en el cuerpo nada que lo
contamine. Y si bien es cierto que no podemos reclamar la perfección de la
carne, podemos tener la perfección cristiana del alma. Mediante el sacrificio
que se hizo por nosotros, los pecados pueden ser perfectamente perdonados. No
dependemos de lo que el hombre puede hacer, sino de lo que Dios puede hacer por
el hombre mediante Cristo. Cuando nos entregamos enteramente a Dios, y creemos
con plenitud, la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado. La conciencia
puede ser liberada de condenación. Mediante la fe en su sangre, todos pueden
encontrar la perfección en Cristo Jesús. Gracias a Dios porque no estamos
tratando con imposibilidades. Podemos pedir la santificación. Podemos disfrutar
del favor de Dios. No debemos inquietarnos por lo que Cristo y Dios piensan de
nosotros, sino que debe interesarnos lo que Dios piensa de Cristo, nuestro
Sustituto. Somos aceptos en el Amado. Dios muestra a la persona arrepentida y
creyente, que Cristo acepta la entrega del alma para moldearla según su propia
semejanza.
En su vida terrena, Cristo pudo haber realizado revelaciones
que eclipsasen y relegasen al olvido todos los descubrimientos humanos. Pudo
haber abierto una puerta tras otra hacia las cosas misteriosas, y su resultado
hubiese sido muchas revelaciones de las realidades eternas. Pudo haber
pronunciado palabras que fuesen como llaves para revelar misterios que habrían
cautivado las mentes de generaciones hasta el fin del tiempo. Pero Cristo no
abrió las numerosas puertas frente a las cuales la curiosidad humana ha estado
llamando para obtener entrada. No extiende delante de los hombres un banquete
que sería perjudicial para sus intereses más elevados. Vino para plantar para
el hombre, no el árbol del conocimiento, sino el árbol de la vida...
Se me ha encomendado que diga a las personas de
Indiana que abogan por doctrinas extrañas, que están colocando un molde
equivocado a la preciosa e importante obra de Dios. Manteneos dentro de los
límites de la Biblia. Tomad las lecciones de Cristo y repetidlas una vez tras
otra. Recordad que "la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura,
después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos,
sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para
aquellos que hacen la paz" (Sant. 3: 17, 18).
Cuando los seres humanos reciban la carne
santificada, no permanecerán en la tierra, sino que serán llevados al cielo. Si
bien es cierto que el pecado es perdonado en esta vida, sus resultados no son
ahora suprimidos por completo.
Es en ocasión de su venida cuando Cristo
"transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante
al cuerpo de la gloria suya" (Fil. 3: 21). . .
Han surgido movimientos fanáticos una vez tras otra a
lo largo del progreso de nuestra obra, y cuando se me ha presentado este
asunto, he tenido que dar un mensaje similar al que estoy dando ahora a mis
hermanos de Indiana. El Señor me ha indicado que este movimiento de Indiana es
del mismo carácter que han tenido los movimientos en los años pasados. En
vuestras reuniones religiosas ha habido contorsiones físicas similares a las
que he presenciado en relación con aquellos movimientos del pasado.
En el período del chasco, después del cumplimiento
del tiempo en 1844, surgieron diversas formas de fanatismo. Algunos sostenían
que ya había ocurrido la resurrección de los muertos Se me envió a dar un
mensaje a aquellos que creían en esto, tal como ahora estoy dando un mensaje a
vosotros. Declaraban que habían sido perfeccionados, y que su cuerpo, alma y
espíritu eran santos. Realizaban demostraciones similares a las que hacéis
vosotros, y confundían sus propias mentes y las mentes de otros con sus
suposiciones maravillosas. Sin embargo esas personas eran nuestros hermanos
amados, y anhelábamos ayudarlos. Fui a sus reuniones. Había mucha excitación,
con ruidos y confusión. No era posible captar claramente lo que estaba
ocurriendo. Algunos parecían estar en visión y caían al suelo. Otros saltaban,
danzaban y gritaban. Declaraban que como tenían la carne purificada, estaban
listos para la traslación. Repetían esto una vez tras otra. Di mi testimonio en
el nombre del Señor, y presenté su reproche contra estas manifestaciones.
Algunos participantes de estos movimientos tomaron
conciencia de lo que ocurría, y comprendieron su engaño. Algunos habían sido
personas excelentes y honradas, pero pensaban que la carne santificada no podía
pecar y así habían caído en la trampa de Satanás. Habían ido tan lejos con sus
ideas extremistas, que se habían convertido en un baldón para la preciosa causa
de Dios. Se arrepintieron profundamente, y algunos de ellos llegaron a figurar
más tarde entre nuestros hombres y mujeres más dignos de confianza. Pero hubo
otros que de ahí en adelante anduvieron en aflicción. No nos fue posible
hacerles sentir que eran dignos de trabajar para el Maestro, cuya causa
preciosa habían deshonrado tanto.
Como resultado de movimientos fanáticos tales como
los que he descrito, personas que no tenían ninguna responsabilidad en ellos,
han perdido la razón, en algunos casos. No pudieron armonizar las escenas de
excitación y tumulto con su preciosa experiencia pasada; fueron presionados
desmesuradamente para que aceptaran el mensaje de error; se les hizo creer que
a menos que lo hicieran, se perderían; y como resultado de todo esto, su mente
se desequilibró, y algunos llegaron a ser dementes. Estas cosas arrojan un
baldón sobre la causa de la verdad y estorban la proclamación del mensaje final
de misericordia para el mundo.
La algarabía no es evidencia de santificación
La forma como se han celebrado las reuniones en Indiana,
con ruido y confusión, no las recomienda a las mentes concienzudas e
inteligentes. Estas demostraciones no contienen nada capaz de convencer al
mundo de que poseemos la verdad. El ruido y el alboroto en sí mismos no
constituyen ninguna evidencia en favor de la santificación, o del descenso del
Espíritu Santo. Vuestras demostraciones extravagantes crean únicamente disgusto
en las mentes de los no creyentes. Cuanto menos haya de esta clase de
demostraciones, tanto mejor será para los participantes y para el pueblo en
general.
El fanatismo, una vez que ha comenzado y se ha dejado
sin control, es tan difícil de apagar como un fuego que se ha posesionado de un
edificio. Los que han tenido una conducta extremista y han sustentado este
fanatismo, habrían hecho muchísimo mejor en dedicarse a trabajos seculares,
porque mediante su conducta inconsecuente están deshonrando al Señor y poniendo
en peligro a su pueblo. Surgirán muchos movimientos semejantes en este tiempo
cuando la obra del Señor debería estar en una condición elevada y pura, y no
adulterada con supersticiones y fábulas. Debemos estar en guardia a fin de
mantener una estrecha comunión con Cristo y para no ser engañados por las
artimañas de Satanás.
El Señor quiere que sus servicios se caractericen por
el orden y la disciplina, y no por la agitación y la confusión. No estamos
ahora en condiciones de describir con exactitud las escenas que ocurrirán en
nuestro mundo en el futuro, pero sí sabemos que éste es un tiempo cuando
debemos velar y orar, porque el gran día del Señor está cercano. Satanás está
reuniendo sus fuerzas. Necesitamos ser precavidos y permanecer serenos, y
contemplar las verdades de la revelación. La agitación no favorece el
crecimiento en la gracia que conduce a la verdadera pureza y santificación del
espíritu. Dios quiere que nos
relacionemos con la verdad sagrada. Solamente esto convencerá a los
contradictores. Hay que realizar un trabajo sereno y sensato para convencer a
las almas de la condición en que se encuentran, para mostrarles cuál es la
formación del carácter que deben efectuar si quieren erigir una hermosa
estructura para el Señor. Las mentes que son despertadas al conocimiento de la
verdad deben ser instruidas con paciencia para que comprendan correctamente y
aprecien en forma debida las verdades de la Palabra.
Dios exhorta a su pueblo a que ande con sobriedad y
con santa compatibilidad con los principios. Deberían tener mucho cuidado de no
desfigurar ni deshonrar las santas doctrinas de la verdad mediante actuaciones
extrañas, confusión y alboroto. Cuando ocurren estas manifestaciones, los no
creyentes son llevados a pensar que los adventistas del séptimo día constituyen
un conjunto de fanáticos. Así se crea una situación de prejuicio que impide que
las almas reciban el mensaje para este tiempo. Cuando los creyentes proclaman
la verdad como está ejemplificada en Jesús, manifiestan una calma santa y
serena, y no una tormenta de confusión (General Conference Bulletin [Boletín de
la Asociación General], abril 23 de 1901).
CULTO CON RUIDO DESCONCERTANTE
Es imposible estimar en demasía la obra que el Señor
quiere llevar a cabo mediante los que se consideran vasos o instrumentos suyos,
para poner en acción sus pensamientos y propósitos. Esas mismas cosas que
habéis explicado que ocurrían en Indiana, el Señor me ha mostrado que volverían
a ocurrir justamente antes de la terminación del tiempo de gracia. Se
manifestará toda clase de cosas extrañas. Habrá vocerío acompañado de tambores,
música y danza. El juicio de algunos seres racionales quedará confundido de tal
manera que no podrán confiar en él para realizar decisiones correctas. Y a esto
consideran como la actuación del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo nunca se manifiesta en esa forma,
mediante ese ruido desconcertante. Esto constituye una invención de Satanás
para ocultar sus ingeniosos métodos destinados a tornar ineficaz la pura,
sincera, elevadora, ennoblecedora y santificadora verdad para este tiempo. Es
mejor no mezclar nunca el culto a Dios con música, que utilizar instrumentos
musicales para realizar la obra que en enero pasado se me mostró que tendría
lugar en nuestras reuniones de reavivamiento. La verdad para este tiempo no
necesita nada de eso para convertir a las almas. El ruido desconcertante aturde
los sentidos y desnaturaliza aquello que, si se condujera en la forma debida,
constituiría una bendición. El influjo de los instrumentos satánicos se une con
el estrépito y el vocerío, con lo cual resulta un carnaval, y a esto se lo
denomina la obra del Espíritu Santo.
Cuando termina la serie de reuniones de
reavivamiento, el bien que debería haberse hecho y que podría haberse efectuado
mediante la presentación de la verdad sagrada, no llega a verificarse. Los que
participan en el supuesto reavivamiento reciben impresiones que los dejan a la
deriva. Son incapaces de decir qué creían anteriormente concerniente a los
principios bíblicos.
No
debería estimularse esta clase de culto. Este mismo género de influencia advino
después de cumplida la fecha de 1844. Ocurrieron las mismas representaciones.
Los hombres se agitaron y fueron estimulados por un poder que pensaban era el
poder de Dios...
Se
repetirá la historia del pasado
No resumiré toda la historia, porque es demasiado
penosa. Pero en enero pasado el Señor me mostró que en nuestras reuniones de
reavivamiento se introducirían teorías y métodos erróneos, y que se repetiría
la historia pasada. Me sentí muy angustiada. Se me instruyó para que dijera que
en esas demostraciones estaban presentes demonios en forma humana que trabajaban
con todo el ingenio que Satanás puede emplear para hacer que la verdad resulte
odiosa para las personas sensibles; debía decir, además, que el enemigo estaba
tratando de disponer las cosas de tal modo que las reuniones de reavivamiento,
que han sido el medio de presentar la verdad del tercer ángel ante las
multitudes, lleguen a perder su fuerza y su influencia.
El mensaje del tercer ángel debe darse en forma
directa. Debe mantenerse libre hasta de la menor parte de las invenciones vulgares
y miserables representadas por las teorías de los hombres, preparadas por el
padre de toda mentira, y disfrazadas como estaba la serpiente de brillantes
colores utilizada por Satanás como medio de engañar a nuestros primeros padres.
Así es como Satanás procura colocar su impronta sobre la obra que Dios desea
que permanezca con toda pureza.
El Espíritu Santo no tiene nada que ver con ese
desorden perturbador y esa barahúnda que me fueron mostrados en enero pasado.
Satanás trabaja en medio del estruendo y de la confusión producida por esa
clase de música, la cual, si fuera dirigida debidamente, serviría para alabar y
glorificar a Dios. El diablo hace que tenga el mismo efecto que la mordedura
ponzoñosa de la serpiente.
Las cosas que han ocurrido en el pasado también
acontecerán en el futuro. Satanás convertirá la música en una trampa debido a
la forma como es dirigida. Dios exhorta a su pueblo, que tiene la luz ante sí
en la Palabra y los testimonios, a que lea y considere, y luego que obedezca.
Se han dado instrucciones claras y definidas a fin de que todos comprendan.
Pero la comezón que experimentan ciertas personas por originar alguna cosa
nueva, determina el surgimiento de doctrinas extrañas, y destruye en gran
medida la influencia de aquellos que podrían ser un poder para realizar el
bien, si mantuvieran firme su confianza en la verdad que el Señor les ha dado.
"Por tanto, es necesario que con más diligencia
atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la
palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y
desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si
descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada
primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron"(Heb. 2:
1-3).
"Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de
vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes
exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que
ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos
participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra
confianza del principio"(Heb. 3: 12-14).
Hnos. Haskell, debemos colocarnos todas las piezas de
la armadura, y después de haber hecho nuestra parte, debemos permanecer firmes.
Se nos ha designado como defensores del Evangelio, y debemos formar parte del
gran ejército que Dios tiene para la lucha agresiva. Los fieles embajadores del
Señor deben presentar la verdad en forma bien definida. Gran parte de lo que
hoy es llamado verdades probatorias constituye nada más que disparates que
conducen a ofrecer resistencia al Espíritu Santo...
Una presentación defectuosa del Espíritu Santo
Se está hablando
mucho acerca del derramamiento del Espíritu Santo, y algunas personas han
interpretado esto en forma tal que ha resultado perjudicial para la iglesia. La
vida eterna consiste en recibir los principios vivientes de las Sagradas
Escrituras y en hacer la voluntad de Dios. Esto es comer la carne y beber la
sangre del Hijo de Dios. A los que hacen esto les son reveladas la vida y la
inmortalidad mediante el Evangelio, porque la Palabra es verdad, espíritu y
vida. Todos los que creen en Jesucristo como su Salvador personal tienen el
privilegio de alimentarse de la Palabra de Dios. La influencia del Espíritu
Santo convierte a esa Palabra, la Biblia, en una verdad inmortal, que
proporciona fibra y músculo espirituales a quien investiga con espíritu de
oración.
Cristo declaró: "Escudriñad las Escrituras;
porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las
que dan testimonio de mí"(Juan 5: 39). Los que cavan debajo de la
superficie encuentran las gemas de la verdad que están ocultas. El Espíritu
Santo acompaña al investigador fervoroso. Su inspiración fulgura sobre la
Palabra, estampa la verdad sobre la mente y le da una importancia renovada y
actual. El investigador se siente invadido por una sensación de paz y de gozo
que nunca había experimentado. Comprende como nunca antes el inmenso valor de
la verdad. Una nueva luz celestial brilla sobre la Palabra, y la ilumina como
si cada letra estuviera matizada con oro. Dios mismo ha hablado a la mente y el
corazón, y ha hecho que la Palabra sea espíritu y vida.
Cada verdadero investigador de la Palabra eleva a
Dios su corazón e implora la ayuda del Espíritu. Y pronto descubre aquello que
lo lleva por encima de todas las declaraciones ficticias de quien se considera
maestro, cuyas teorías débiles y vacilantes no están respaldadas por la Palabra
del Dios viviente. Esas teorías fueron inventadas por hombres que no habían
aprendido la gran lección: que el Espíritu de Dios y la vida están en su
Palabra. Si hubieran recibido de corazón los principios eternos contenidos en
la Palabra de Dios, verían cuán insustanciales e inexpresivos son todos los
esfuerzos realizados para obtener algo nuevo a fin de crear sensación.
Necesitan aprender los primeros rudimentos de la Palabra de Dios; después de
eso podrán poseer la palabra de vida para el pueblo, que pronto distinguirá la
paja del trigo, porque así lo prometió Jesús a sus discípulos (Carta 132,
1900).