CAPÍTULO 1. Advertencias Contra las Enseñanzas Sensacionales y la Religión Emocional
EL PELIGRO DE LAS ESPECULACIONES
UN TIEMPO de tribulación está por sobrecoger al
pueblo de Dios, pero no debemos recordárselo constantemente y obligarlo a pasar
en forma prematura por ese período de aflicción. Tiene que ocurrir un zarandeo
en el pueblo de Dios, pero no es ésta la verdad presente que ha de llevarse a
las iglesias. Ocurrirá como resultado del rechazo de la verdad presentada.
Los ministros no deberían pensar que poseen ciertas admirables ideas progresistas, y que a menos que todos las reciban serán dejados de lado, y en su lugar se levantará un pueblo que avanzará hacia la victoria. El objetivo de Satanás se cumple tan ciertamente cuando los hombres se adelantan a Cristo y realizan la obra que él nunca les confió, como cuando permanecen en la condición propia de los de Laodicea: siendo tibios, pero sintiéndose ricos y con abundancia de bienes, creyendo que no necesitan nada. Estas dos clases se convierten igualmente en piedras de tropiezo.
Algunos entusiastas que apuntan a la originalidad y
utilizan toda su energía para conseguirla, han cometido un grave error al
querer presentar al pueblo alguna cosa maravillosa y fascinadora que cause
sobresalto, alguna cosa que ellos creen que otros no comprenden; pero con
frecuencia ni ellos mismos saben de qué están hablando. Especulan con la
Palabra de Dios, promoviendo ideas que no tienen ni un ápice de utilidad para
ellos ni para las iglesias. Puede ser que exciten la imaginación
momentáneamente, pero se produce una reacción, y esas mismas ideas se
convierten en estorbos. Se confunde la fe con el capricho, y sus conceptos
pueden torcer los pensamientos, encaminándolos en una dirección errónea. Sean
las nítidas y sencillas declaraciones de la Palabra de Dios el alimento para la
mente, porque esta especulación acerca de ideas que no están claramente
presentadas en esa Palabra constituye una ocupación peligrosa (Manuscrito 111,
sin fecha).
Amenaza a nuestras iglesias el peligro de que se
introduzcan en su seno cosas nuevas y extrañas, cosas que confundan a la gente
y no le proporcionen fortaleza; y esto precisamente en el momento cuando más
necesitan poder en lo espiritual. Es necesario ejercer un claro discernimiento
para que esas cosas nuevas y extrañas no sean presentadas juntamente con la
verdad, y como parte del núcleo y el peso del mensaje que ha de predicarse en
esta época. Hay que destacar los mismos mensajes que hemos estado proclamando
ante el mundo (An Appeal for Canvassers [Un llamamiento a los colportores],
págs. 1, 2).
EL ENCANTO DE LAS NUEVAS TEORIAS
Toda clase de fanatismo y teorías erróneas, que
pretenden ser la verdad, serán introducidos en el pueblo remanente de Dios.
Llenarán las mentes con sentimientos erróneos que no tienen parte en la verdad
para este tiempo. Cualquier persona que, mediante el poder de sus propias
resoluciones, y por su propia fuerza intelectual unida con la ciencia o un
conocimiento supuesto, crea que podrá iniciar una obra que conquistará el
mundo, se encontrará entre las ruinas de sus propias especulaciones, y
comprenderá claramente por qué se encuentra allí...
Por la luz que el Señor me ha dado, puedo decir que
se levantarán hombres que hablarán cosas perversas. Sí, y ya han estado
trabajando y hablando cosas que Dios jamás ha revelado, y con ello han estado
rebajando la verdad sagrada al nivel de las cosas comunes. Se han publicado, y
se seguirán publicando, los sofismas presuntuosos de los hombres, y no se ha
tomado en cuenta la verdad. Las maquinaciones de las mentes humanas inventarán
pruebas que no son pruebas por ningún concepto, de manera que cuando la prueba
auténtica sea puesta de relieve, se la considere en idéntico nivel con las
pruebas de factura humana que no han tenido ningún valor. Podemos esperar que
se echará mano de cualquier cosa y que se lo mezclará con la doctrina
verdadera; pero mediante un lúcido discernimiento espiritual, con ayuda de la
unción celestial, debemos distinguir lo sagrado de lo profano que se está
introduciendo para confundir la fe y el sólido juicio, y para desacreditar la
grandiosa verdad probatoria para este tiempo...
Jamás hubo otra época como ésta, cuando la verdad
haya sufrido más por haber sido desfigurada, rebajada y desacreditada mediante
las perversas discusiones de los hombres. Hay quienes se han introducido con su
masa heterogénea de herejías que presentan como oráculos delante del pueblo. Y
la gente queda encantada con alguna cosa nueva y extraña, y no obra con
sabiduría y experiencia para discernir el carácter de las ideas que se le
presentan como algo valioso. Pero el hecho de atribuirles gran importancia y de
relacionarlas con los oráculos de Dios, no las convierte en verdad. ¡Oh, cómo
constituye un reproche esta situación por la baja norma de piedad que impera en
las iglesias!
Hombres que desean presentar alguna cosa original
ensamblarán cosas nuevas y extrañas, y sin ninguna clase de miramientos
avanzarán con esas especulaciones inestables, que han sido entretejidas hasta
darles la forma de una teoría valiosa, para ofrecerlas como una cuestión de
vida o muerte (Carta 136a, 1898).
NECESIDAD DE UN DISCERNIMIENTO LUCIDO
A medida que nos aproximamos al tiempo cuando los principados,
las potestades y las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales
se confabularán para luchar contra la verdad, cuando el poder engañador de
Satanás será tan grande que engañará a los mismos escogidos, si tal cosa fuese
posible, debemos permitir que el esclarecimiento divino agudice nuestro
discernimiento, para que reconozcamos al Espíritu que es de Dios, y para que no
ignoremos los artificios de Satanás. El esfuerzo humano debe unirse con el
poder divino para que estemos en condiciones de cumplir la obra final para este
tiempo.
Cristo utiliza el viento como un símbolo del Espíritu
de Dios. Así como éste sopla desde donde quiere y no podemos decir de dónde
viene ni hacia dónde va, también ocurre lo propio con el Espíritu de Dios. No
sabemos mediante quién se manifestará.
Pero no hablo mis propias palabras cuando digo que el
Espíritu de Dios pasará por alto a los que han tenido su día de prueba y
oportunidad, pero que no han distinguido la voz de Dios ni apreciado los
estímulos del Espíritu Santo. Por otra parte, en la hora undécima habrá miles
que encontrarán y reconocerán la verdad.
"He aquí vienen días, dice Jehová, en que
alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente"
(Amós 9:13)
Estas conversiones a la verdad se realizarán con una
rapidez que sorprenderá a la iglesia, y únicamente el nombre de Dios será
glorificado (Carta 43, 1890).
HABRA FANATISMO EN NUESTRO MEDIO
El fanatismo se manifestará en nuestro propio seno.
Vendrán engaños, y de tal naturaleza que engañarán, si es posible, a los
escogidos. Si se dieran contradicciones notables y declaraciones falsas en
estas manifestaciones, no se necesitarían las palabras de los labios del gran
Maestro. Esta advertencia se da debido a los muchos y diversos peligros que
surgirán.
La razón por la que doy la señal de alarma es que
mediante el esclarecimiento del Espíritu de Dios puedo ver aquello que mis
hermanos no disciernen. Tal vez no sea indispensable que particularice todas
estas fases peculiares del engaño contra las que es necesario precaverse. Me
basta deciros: Estad en guardia; y como centinelas fieles, guardad el rebaño de
Dios para que éste no acepte sin analizar bien todo aquello que supuestamente
le es comunicado por el Señor. Si trabajamos para crear una excitación de los
sentimientos, tendremos toda la que deseamos, y posiblemente más de la que
podamos afrontar con éxito. "Predicad la palabra" con calma y
claridad. No debemos considerar que nuestra obra consiste en crear agitación de
los sentimientos.
Unicamente el Espíritu Santo de Dios puede crear un
entusiasmo sano. Dejad que Dios trabaje, y que el instrumento humano avance
suavemente ante él, observando, esperando, orando y contemplando a Jesús a cada
momento; y que sea conducido y dirigido por el precioso Espíritu, el cual es
luz y vida (Carta 68, 1894).
El fin está cercano. Los hijos de la luz deben
trabajar con celo fervoroso y perseverante para hacer que otros se preparen
para el gran acontecimiento que se cierne sobre nosotros, a fin de que puedan
resistir al enemigo por haber permitido que el Espíritu Santo trabajara en sus
corazones. Continuamente surgirán cosas nuevas y extrañas para inducir al
pueblo de Dios a una agitación espuria, a reavivamientos religiosos falsos y
acontecimientos extraños. Que sigan avanzando, con sus ojos fijos solamente en
la Luz y la Vida del mundo. Sabed que todo lo que es llamado luz y verdad en la
Palabra de Dios es luz y verdad que emanan de la sabiduría divina, y no es una
imitación de las artes sutiles de Satanás. La luz de la sabiduría de Dios será
una lámpara para los pies de toda alma fiel, firme y contrita (Carta 45, 1899).
LOS SENTIMIENTOS NO DEBEN DOMINAR EL JUICIO
El error se encuentra mezclado con mucho que es
verdad, y se lo acepta en su significado extremo; y hay personas excitables que
obran de conformidad con él. Así es como el fanatismo puede tomar el lugar de
los esfuerzos bien regulados, bien disciplinados y realizados de acuerdo con
las instrucciones celestiales dadas para hacer avanzar la obra hasta su
terminación...
Existe el peligro de que no sólo las mentes
desequilibradas sean inducidas al fanatismo, sino que también personas astutas
aprovechen esa agitación para promover sus propios designios egoístas...
Tengo que dar una advertencia a nuestros hermanos, y
es que deben seguir a su Guía, y no deben correr adelantándose a Cristo. No se
realice una obra casual en estos tiempos. Cuidado con formular declaraciones
enérgicas que inducirán a las mentes desequilibradas a pensar que poseen una
luz maravillosa procedente de Dios. El que lleva un mensaje de Dios para el
pueblo debe ejercer un perfecto control. Siempre debería recordar que el camino
de la presunción está situado junto a la senda de la fe...
Cuando se permite que el impulso y la emoción controlen
el juicio sereno, se corre el riesgo de avanzar con demasiada velocidad, aun
cuando se viaje por un camino correcto. El que viaja excesivamente rápido,
encontrará que esto es peligroso en más de un sentido. Puede ser que no
transcurra mucho tiempo hasta que se salga del camino correcto para
introducirse en una senda equivocada.
Ni una sola vez debería permitirse que los
sentimientos dominen sobre el juicio. Existe el peligro de excederse en lo que
es lícito, y lo que es ilícito ciertamente conducirá hacía sendas falsas. Si no
se efectúa una obra cuidadosa, ferviente y sensata, sólida como una roca, en lo
que atañe a la promoción de cada idea y principio, y en cada nueva
presentación, habrá almas que serán arruinadas (Carta 6a,1894).*
OBEDIENCIA VERSUS EMOCION O ARROBAMIENTO
Existe el peligro de que los que se encuentran en
nuestras filas cometan un error concerniente a la recepción del Espíritu Santo.
Muchos suponen que una emoción o un rapto de los sentimientos constituyen una
evidencia de la presencia del Espíritu Santo. Hay peligro de que no se
comprendan los sentimientos correctos, y de que las palabras de Cristo:
"Enseñándoles que guarden todas
las cosas que os he mandado" (Mateo 28: 20), pierdan su significación. Se
corre el peligro de que invenciones extravagantes y fantasías supersticiosas
tomen el lugar de las Escrituras. Decid a nuestro pueblo: "No estéis
impacientes por introducir algo que no haya sido revelado en la Palabra.
Manteneos cerca de Cristo". . .
Recordemos que la Palabra que Cristo nos ha ordenado
predicar a todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos es confirmada por el
Espíritu Santo. Este es el plan de trabajo de Dios. Cristo es el poder eficaz
que confirma la Palabra llevando a los hombres y las mujeres, mediante la
conversión a la verdad, a una fe inteligente, y poniéndolos en disposición de
hacer cualquier cosa que él haya ordenado. El instrumento humano, el
instrumento visible, ha de predicar la Palabra, y el Señor Jesús, el
instrumento invisible, mediante su Espíritu Santo, ha de hacer que la palabra
sea eficaz y poderosa (Carta 105, 1900).
UN RETORNO A LOS SERMONES DE ANTIGUO CUÑO
En el ministerio se ha impuesto un nuevo orden de
cosas. Existe el deseo de copiar los procedimientos de otras iglesias, y la
sencillez y la humildad casi son desconocidas. Los ministros jóvenes tratan de
hablar en forma original y procuran introducir nuevas ideas y planes en el
trabajo. Algunos inician reuniones de reavivamiento, y en esta forma llevan
mucha gente a la iglesia. Pero cuando pasa la agitación, ¿dónde están los
convertidos? No se advierten el arrepentimiento y la confesión del pecado. Se
ruega al pecador que crea en Cristo y lo acepte, independientemente de su vida
pasada de pecado y rebelión. El corazón no es quebrantado. No hay contrición de
espíritu. Los supuestos conversos no han caído sobre la Roca, Cristo Jesús.
Las Escrituras del Antiguo y el Nuevo Testamento nos
muestran la única forma en que debería realizarse la obra. Arrepentíos,
arrepentíos, arrepentíos, fue el mensaje proclamado por Juan el Bautista en el
desierto. El mensaje que Cristo dio a la gente era: "Si no os arrepentís,
todos pereceréis igualmente" (Luc. 13: 5). Y a los apóstoles se les ordenó
predicar en todas partes que los hombres deben arrepentirse.
El Señor quiere que sus siervos de hoy prediquen la
antigua doctrina evangélica de la aflicción por el pecado, el arrepentimiento y
la confesión. Necesitamos sermones de antiguo cuño, costumbres fuera de moda, y
padres y madres en Israel al estilo antiguo. Hay que trabajar por el pecador,
perseveradamente, con fervor, con sabiduría, hasta que éste comprenda que es un
transgresor de la ley de Dios, se arrepienta delante de Dios y tenga fe en el
Señor Jesucristo (Manuscrito III. sin fecha).
EL FRIO FORMALISMO Y EL FANATISMO
El formalismo, la sabiduría mundana, la cautela
mundana y los planes de acción mundanos, parecerán a muchos como que
constituyen el poder mismo de Dios, pero cuando se los acepta se convierten en
obstáculos que impiden que llegue al mundo la luz de Dios, dada en forma de
amonestaciones, reproches y consejos.
[Satanás] está trabajando con todo su poder
engañador, para alejar a los hombres del mensaje del tercer ángel, que ha de
proclamarse con gran poder. Si Satanás ve que el Señor está bendiciendo a su
pueblo y preparándolo para que discierna sus engaños, trabajará con su poder
maestro para introducir fanatismo por un lado y frío formalismo por el otro, a
fin de asegurarse una cosecha de almas. Ahora es el momento cuando debemos
velar incansablemente. Velad y bloquead el camino al menor avance que Satanás
intente hacia vosotros.
A un lado y a otro existen peligros contra los cuales
hay que precaverse. Habrá personas sin experiencia, recién llegadas a la fe,
que necesitarán ser fortalecidas y recibir un ejemplo correcto. Algunos no
utilizarán debidamente la doctrina de la justificación por la fe, sino que la
presentarán en forma unilateral.
Otros tomarán las ideas que no se han presentado
correctamente, y llevarán las cosas a un extremo, sin considerar el papel que
desempeñan las obras.
La fe genuina siempre obra impulsada por el amor.
Cuando miráis el Calvario, no lo hacéis para tranquilizar vuestra alma en el
incumplimiento de vuestro deber, ni para disponeros a dormir, sino para generar
fe en Jesús, una fe que obrará purificando el alma del fango del egoísmo.
Cuando nos aferramos a Cristo por la fe, nuestra obra acaba de comenzar. Cada
hombre tiene hábitos corrompidos y pecaminosos que deben ser vencidos mediante
una lucha vigorosa. Cada alma tiene que pelear la batalla de la fe. El que es
seguidor de Cristo no puede actuar con falta de honradez en los negocios; no
puede ser insensible ni carecer de simpatía. No puede hablar con aspereza. No
puede estar lleno de ostentación y amor propio. No puede ser dominante ni
emplear palabras ásperas, y censurar y condenar.
La obra de amor surge de la acción de la fe. La
religión de la Biblia significa trabajo constante. "Así alumbre vuestra
luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen
a vuestro Padre que está en los cielos"(Mat. 5: 16). Obrad vuestra propia
salvación con temor y temblor, porque es Dios el que obra en vosotros tanto el
querer como el hacer su buena voluntad. Debemos buscar celosamente las buenas obras,
y debemos mantenerlas cuidadosamente. Y el Testigo fiel dice: "Yo conozco
tus obras"(Apoc. 2: 2).
Si bien es verdad que nuestras múltiples actividades
no nos asegurarán la salvación por sí mismas, también es cierto que la fe que
nos une con Cristo estimulará el alma a la actividad.
Los que carecen de tiempo para prestar atención a sus
propias almas, para examinarse a sí mismos diariamente a fin de ver si están en
el amor de Dios, y para colocarse en los conductos por donde fluye la luz,
tendrán tiempo para ponerlo a disposición de las sugestiones de Satanás y
dedicarlo a la realización de sus planes.
Satanás se deslizará con ayuda de pequeñas cuñas que
agrandarán la brecha a medida que penetren. Los artificios engañosos de Satanás
serán introducidos en la obra especial de Dios para esta época (Manuscrito 16,
1890).
IDEAS FALSAS ACERCA DE LA BENDICIÓN DE DIOS
Muchos dudan y están confundidos. Esto se debe a que
no tienen fe en Dios. Para algunos los ejercicios religiosos significan muy
poco más que pasar unos momentos agradables. Cuando sus sentimientos se agitan,
piensan que han sido abundantemente bendecidos. Algunos suponen que no son
bendecidos, a menos que experimenten agitación y excitación. El objetivo que
buscan es la intoxicación producida por la excitación, y si no la consiguen,
creen que ellos están equivocados o que algún otro está errado.
La gente no debería ser enseñada a pensar que la
religión de orden emocional, que bordea con el fanatismo, es la única religión
pura. La influencia de tal religión induce a esperar que el ministro utilice
toda su energía nerviosa en la predicación del Evangelio. Debe hacer salir con
abundancia la poderosa corriente del agua viva. Debe producir chorros
estimulantes que sean aceptables para el apetito humano. Hay quienes piensan
que pueden ser descuidados y desatentos, a menos que se estimulen sus emociones
menguantes (Carta 89, 1902).
CUIDADO CON LAS IMITACIONES
El enemigo se está preparando para engañar a todo el
mundo con su poder capaz de realizar milagros. Simulará personificar a los
ángeles de luz y a Jesucristo. Todos los que enseñen la verdad para este tiempo
deben predicar la Palabra. Los que se aferren a la verdad no abrirán las
puertas a Satanás formulando declaraciones descuidadas con referencia a profecías
o a sueños y visiones. En mayor o menor grado se han estado introduciendo
falsas manifestaciones, aquí y allá, desde 1844, después del tiempo cuando
esperábamos la segunda venida de Cristo... Las tendremos cada vez en mayor
número; por lo tanto, como centinelas fieles, debemos estar en guardia. Muchas
personas me están enviando cartas concernientes a visiones que han tenido y que
creen necesario referir. Quiera el Señor ayudar a sus siervos a ser cuidadosos.
Cuando el Señor tiene un canal de luz genuino, siempre
se producen muchas falsificaciones. Con seguridad Satanás se introducirá por
cualquier puerta que se le abra. Dará mensajes de verdad mezclados con sus
propias ideas, calculadas para descarriar a las almas y para conducir la mente
hacia los seres humanos y sus dichos, impidiéndole de este modo afirmarse con
decisión en un "Así dice Jehová". En el trato de Dios con su pueblo,
todo se verifica con quietud; aquellos que confían en él actúan con calma y sin
pretensiones. Habrá creyentes en la Biblia sencillos, fieles y fervorosos, y
habrá quienes pondrán por obra la Palabra tanto como quienes se conformarán con
escucharla. Habrá quienes confiarán en Dios con firmeza, fervor y sensatez
(Carta 102, 1894).
EL EJEMPLO DE CRISTO
Que nadie tema incurrir en extremos mientras estudia
detenidamente la Palabra y humilla el alma a cada paso. Cristo debe morar en él
por la fe. El, su Ejemplo, era sereno. Andaba humildemente. Poseía una
verdadera dignidad. Tenía paciencia. Si nosotros, los que aceptamos la
justificación por la fe, poseemos esos rasgos de carácter, no habrá
extremistas...
El ejemplo de Cristo está delante de nosotros con el
fin de mantener siempre estrechamente relacionados la ley y el Evangelio. No
pueden ser separados. Cultívense la calma y la serenidad, y manténganse con
perseverancia, porque tal fue el carácter de Cristo. Oímos las expresiones
vehementes de los falsos hombres de religión que formulan atrevidas
pretensiones, que hablan mucho y en voz alta, diciendo: "Soy santo y no
tengo pecado", cuando en realidad no poseen el mínimo fundamento para su
fe. En el Autor de toda verdad no vemos bulliciosas afirmaciones de fe ni
tremendas contorsiones y ejercicios corporales.
Recordad que en él habita toda la plenitud de la
Divinidad corporalmente. Si Cristo mora por la fe en nuestros corazones,
mediante la contemplación de su vida procuraremos ser como Jesús, puros,
pacíficos y sin contaminación. Revelaremos a Cristo en nuestro carácter. No
sólo recibiremos y absorberemos luz sino también la difundiremos. Tendremos un
concepto más claro y preciso de lo que Jesús es para nosotros. En nuestras
vidas brillarán la simetría, el encanto y la benevolencia que se manifestaron
en la vida de Jesucristo (Manuscrito 24, 1890).
EL DESEO DE CAMBIAR LA EXPERIENCIA RELIGIOSA
En lugar de vivir esperando alguna manifestación
especial de agitación emocional, debemos aprovechar sabiamente la oportunidad
actual, y hacer lo que es necesario a fin de salvar a las almas. En lugar de
agotar nuestras facultades mentales en especulaciones concernientes a los
tiempos y las sazones que el Padre puso en su sola potestad, y ocultó a los
hombres, debemos someternos al control del Espíritu Santo, realizar los deberes
del momento e impartir el pan de vida, sin mezcla de opiniones humanas, a las
almas que perecen por falta de la verdad...
Corremos continuamente el peligro de sobrepasar la
sencillez del Evangelio. Muchos tienen un intenso deseo de asombrar al mundo
con algo original que eleve al pueblo a un estado de éxtasis espiritual, y de
cambiar su actual experiencia religiosa. Ciertamente existe una gran necesidad
de un cambio en la situación actual, porque no se comprende como debiera la
santidad de la verdad presente; pero el cambio que necesitamos es aquella
transformación del corazón que puede obtenerse únicamente buscando a Dios
individualmente para recibir sus bendiciones, rogando para obtener su poder, e
implorando fervientemente su gracia para que nuestro carácter sea transformado.
Tal es el cambio que necesitamos hoy; y para alcanzar esa experiencia
deberíamos ejercitar perseverantemente nuestra energía y manifestar un sincero
fervor (The Review and Herald, 22 de marzo de 1892).
QUE NO HAYA RAREZAS NI EXCENTRICIDADES
Que no haya rarezas ni excentricidades en la acción
de los que proclaman la Palabra de verdad, porque tales cosas debilitarán la
impresión que debería realizarse mediante la Palabra. Debemos precavernos,
porque Satanás está decidido, si fuera posible, a mezclar su mala influencia
con los servicios religiosos. Que no haya exhibiciones teatrales, porque esto
no ayudará a fortalecer la creencia en la Palabra de Dios. Más bien distraerá
la atención, haciendo que se fije en el instrumento humano (Carta 352, 1908).
NO SE CONTAMINE CON ERRORES LA PALABRA DE DIOS
Entre los gritos confusos de "¡Mirad, aquí está
el Cristo! ¡Mirad, allí está el Cristo!" resonará un testimonio celestial,
un mensaje especial de verdad apropiado para este tiempo, el cual ha de ser
recibido, creído y obedecido. La eficacia está en la verdad y no en ideas fantásticas.
La verdad eterna de la Palabra permanecerá libre de todos los errores
seductores y de las interpretaciones espiritualistas, libre de imágenes
fantásticas y seductoras. La atención del pueblo de Dios será asaltada por
falsedades, pero la verdad debe permanecer adornada con su bello ropaje de
pureza. La verdad, preciosa por su influencia santificadora y elevadora, no
debe ser rebajada al nivel de las cosas comunes y corrientes. Siempre debe
permanecer sin ser contaminada por los errores mediante los que Satanás procura
engañar, si es posible, a los mismos escogidos (The Review and Herald, 13 de
octubre de 1904).
Que el pueblo de Dios obre de tal manera que el mundo vea que los adventistas constituyen un pueblo inteligente y reflexivo, cuya fe se basa sobre un fundamento más firme que el que proporciona la locura de la confusión. La gente está hambrienta del pan de vida. No le ofrezcáis una piedra (Manuscrito 101, 1901).