CAPÍTULO 5. Una Explicación de las
Primeras Declaraciones
UNA RESPUESTA A UNA OBJECIÓN
[Poco después de la reimpresión, en 1882, de los tres
primeros libros de la Sra. E. G. de White, A Sketch of the Christian Experience
and Views of Ellen G. White (Un bosquejo de la experiencia cristiana y visiones
de Elena G. de White), A Supplement to Experience and Views (Un suplemento a
Experiencia y visiones) y Spiritual Gifts (Dones espirituales), tomo 1, los
cuales constituyen hoy Early Writings (Primeros escritos), se levantaron
diversas preguntas acerca de si estaban completos algunos de los artículos y
acerca del significado de ciertas declaraciones que aparecían allí o en artículos
todavía anteriores. La Sra. de White contestó esas preguntas en 1883 en la
declaración que consignamos luego. Se hace referencia a las enseñanzas acerca
de "la puerta cerrada". Más referencias en cuanto al significado de
"la puerta cerrada" pueden hallarse en El conflicto de los siglos,
págs. 481-485, edición de PPPA, que corresponden con las últimas páginas del
cap. 25. -Los compiladores.]
RECIENTEMENTE se me llamó la atención a un folleto de
16 páginas publicado por C. de Marion, Iowa, titulado Comparison of the Early
Writings of Mrs. White With Later Publicactions (Comparación de los primeros
escritos de la Sra. de White con publicaciones posteriores). El autor dice que
algunas partes de mis primeras visiones, tal como fueron publicadas, se han suprimido
en la obra recientemente editada bajo el título Early Writings of Mrs. E. G.
White (Primeros escritos de la Sra. E. G. de White), y conjetura, como razón
para esa supresión, que esos pasajes enseñan doctrinas que ahora repudiamos en
conjunto.
También nos acusa de engañar deliberadamente al
presentar Early Writings como una reedición completa de mis primeras visiones,
con sólo cambios de algunas palabras de la obra original.
Antes de que señale por separado los pasajes que se
dice que han sido omitidos, es justo que se presenten algunos hechos. Cuando
mis primeras visiones fueron publicadas por primera vez en forma de folleto*,
la edición fue pequeña y pronto se vendió. A esto siguió, pocos años después,
un libro mayor: The Christian Experience and Views of Mrs. E. G. White, impreso
en 1851, y que contiene mucho material adicional.
En nuestras continuas mudanzas en los albores de la
obra de publicaciones, y luego en los casi incesantes viajes, mientras
trabajaba desde Maine a Texas, desde Míchigan a California - y he cruzado las
llanuras no menos de 17 veces - , perdí toda huella de las obras publicadas
primero. Cuando se decidió publicar Early Wlitings en Oakland, el otoño pasado,
nos vimos obligados a pedir prestado un ejemplar de Experience and Views de
Míchigan. Y al hacer esto, supusimos haber obtenido un ejemplar exacto de las
primeras visiones como fueron publicadas al principio. Reimprimimos eso, tal
como se dice en el prefacio de Early Writings, con sólo algunos cambios de
palabras de la obra original.
Y aquí debo detenerme para decir que cualquier
hermano nuestro que tenga un ejemplar de cualquiera de mis primeras visiones o
de todas ellas tal como se publicaron antes de 1851, me haría un gran favor si
me los enviara sin demora. Le prometo devolvérselos tan pronto como se pueda
hacer una copia.
Lejos de desear retener cualquier cosa que yo haya
publicado, sentiré gran satisfacción en dar al público cada línea de mis
escritos que se hayan editado.
Los testimonios pervertidos por Elí Curtis
Hay otro hecho que se debiera presentar aquí. No soy
responsable por todo lo que se ha impreso pretendiendo que procedía de mí. Por
el tiempo cuando se publicaron por primera vez mis primeras visiones,
aparecieron varios artículos que se pretendía que habían sido escritos por mí
para relatar lo que el Señor me había mostrado, pero que sancionaban doctrinas
que yo no creía. Los tales fueron publicados en una revista editada por un Sr.
Curtis. No estoy segura del nombre de la revista. En los años de preocupaciones
y trabajos que han pasado desde entonces he olvidado algunos de estos detalles
de menor importancia, pero todavía resaltan en mi mente los puntos principales.
Ese hombre tomó artículos que yo había escrito y
completamente los transformo y distorsionó, entresacando una frase aquí y otra
allí, sin su contexto, y luego, después de haber insertado sus propias ideas,
les añadió mi nombre como si vinieran directamente de mí.
Al ver esos artículos, le escribimos expresando
nuestra sorpresa y desaprobación y le prohibimos que así tergiversara mis
testimonios. Contestó que publicaría lo que le placiera, que él sabía que las
visiones debían decir lo que el había publicado, y que si yo las hubiera
escrito como el Señor me las había dado, ellas habrían dicho esas cosas.
Declaró que si las visiones habían sido dadas para el beneficio de la iglesia,
tenía derecho a usarlas como le placiera.
Quizá existan todavía algunas de esas hojas, y
podrían ser presentadas como provenientes de mí, pero no soy responsable por
ellas. Los artículos presentados en Early Writings ciertamente pasaron bajo mis
ojos; y puesto que la edición de Experience and Views, publicada en 1851, fue
la primera que poseímos, y como no teníamos conocimiento de ninguna cosa
adicional en revistas o folletos anteriores, no soy responsable por las
omisiones que se dice que existen.
La primera omisión
La primera cita mencionada por C es de un folleto de
24 páginas publicado en 1847, titulado A Word to the Little Flock (Un mensaje
para la pequeña grey). Aquí están las líneas omitidas en Experience and Views:
"Era tan imposible que ellos [los que
abandonaron su fe en el movimiento de 1844] recobraran el camino y fueran a la
ciudad, como todo el mundo impío que Dios había rechazado. Cayeron a todo lo
largo del sendero, uno tras otro".
Daré todo el contexto, para que se pueda ver
claramente la plena fuerza de las expresiones:
"Mientras orábamos en el altar familiar,
descendió sobre mí el Espíritu Santo y me pareció ser levantada cada vez más
arriba, muy por encima del oscuro mundo. Me volví para buscar al pueblo
adventista en el mundo, pero no lo hallé en parte alguna, y entonces una voz me
dijo: 'Vuelve a mirar un poco más arriba'. Alcé los ojos, y vi un sendero recto
y angosto trazado muy por encima del mundo. El pueblo adventista andaba por ese
sendero en dirección a la ciudad que se veía en su último extremo. En el
comienzo del sendero, detrás de los que ya andaban, había una brillante luz,
que, según me dijo un ángel, era el 'clamor de media noche'. Esta luz brillaba
a todo lo largo del sendero, para que no tropezaran. Delante de ellos iba Jesús
guiándolos hacia la ciudad, y si no apartaban los ojos de él, iban seguros.
Pero no tardaron algunos en cansarse, diciendo que la ciudad estaba todavía muy
lejos, y que contaban con haber llegado más pronto a ella. Entonces Jesús los
alentaba levantando su glorioso brazo derecho, del cual provenía una luz que
ondeaba sobre la hueste adventista, y exclamaban: '¡Aleluya!'. Otros negaron
temerariamente la luz que brillaba tras ellos, diciendo que no era Dios quien
los había guiado hasta allí. Pero entonces se extinguió para ellos la luz que
estaba detrás y dejó sus pies en tinieblas, de modo que tropezaron y, perdiendo
de vista el blanco y a Jesús, cayeron fuera del sendero abajo, en el mundo
sombrío y perverso".
Ahora sigue el pasaje que se dice que estaba en la
obra original, pero que no se encuentra en Experience and Views ni en Early
Writings:
"Era tan imposible que ellos [los que
abandonaron su fe en el movimiento de 1844] recobraran el camino y fueran a la
ciudad, como todo el mundo impío que Dios había rechazado. Cayeron a todo lo
largo del sendero, uno tras otro".
Definición de "la puerta cerrada"
Se pretende que esas expresiones demuestran la
doctrina de la puerta cerrada, y que ésa es la razón para su omisión en
ediciones posteriores. Pero en realidad sólo enseñan lo que ha sido sostenido
por nosotros como pueblo, y todavía lo es, como lo demostraré.
Por un tiempo después del chasco de 1844, sostuve
junto con el conjunto de adventistas que la puerta de la gracia quedó entonces
cerrada para siempre para el mundo. Tomé esa posición antes de que se me diera
mi primera visión. Fue la luz que me dio Dios la que corrigió nuestro error y
nos capacitó para ver la verdadera situación.
Todavía creo en la teoría de la puerta cerrada, pero
no en el sentido en que se empleó el término al principio o en el que es
empleado por mis oponentes.
Hubo una puerta cerrada en los días de Noé. Entonces
fue retirado el Espíritu de Dios de la raza pecaminosa que pereció en las aguas
del diluvio. Dios mismo dio a Noé el mensaje de la puerta cerrada:
"No contenderá mi espíritu con el hombre para
siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte
años" (Gén. 6: 3).
Hubo una puerta cerrada en los días de Abrahán.
La misericordia dejó de interceder por los habitantes
de Sodoma, y todos, con excepción de Lot, su esposa y dos hijas, fueron
consumidos por el fuego que descendió del cielo.
Hubo una puerta cerrada en los días de Cristo. El
Hijo de Dios declaró a los judíos incrédulos de esa generación: "Vuestra
casa os es dejada desierta" (Mat. 23: 38).
Mirando hacia la corriente del tiempo en los últimos
días, el mismo poder infinito proclamó mediante Juan:
"Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene
la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre"
(Apoc. 3: 7).
Se me mostró en visión, y todavía lo creo, que hubo
una puerta cerrada en 1844. Todos los que vieron la luz de los mensajes del
primero y segundo ángeles y rechazaron esa luz, fueron dejados en tinieblas. Y
los que la aceptaron y recibieron el Espíritu Santo que acompañó a la
proclamación del mensaje celestial, y que después renunciaron a su fe y
declararon que su experiencia había sido un engaño, de ese modo rechazaron al
Espíritu de Dios, y éste no intercedió más por ellos.
Los que no vieron la luz, no fueron culpables de
rechazarla. Los únicos a los cuales el Espíritu de Dios no podía alcanzar eran
los que habían despreciado la luz celestial. Y en esa clase estaban incluidos,
como lo he dicho, tanto los que rehusaron aceptar el mensaje cuando les fue
presentado, como los que, habiéndolo recibido, después renunciaron a su fe.
Estos podrían tener una forma de piedad y profesar ser seguidores de Cristo.
Pero no teniendo una comunicación viviente con Dios, eran llevados cautivos por
los engaños de Satanás. Se presentan esas dos clases en la visión los que
declararon que era un engaño la luz que habían seguido, y los impíos del mundo
que, habiendo rechazado la luz, habían sido rechazados por Dios. No se hace
referencia a los que no habían visto la luz y, por lo tanto, no eran culpables
de su rechazo.
Para probar que yo creía y enseñaba la doctrina de la
puerta cerrada, el Sr. C presenta una cita de la Review del 11 de junio de
1861, firmada por nueve de nuestros miembros importantes. La cita dice así:
"Nuestros conceptos de la obra que nos
correspondía eran entonces mayormente vagos e indefinidos; algunos se aferraban
todavía a la idea aceptada por el conjunto de creyentes adventistas de 1844, a
cuya cabeza estaba Guillermo Miller, de que nuestra obra para 'el mundo' había
terminado y que el mensaje se restringía a aquellos de la fe adventista
original. Tan firmemente se creía esto que casi se le rehusó el mensaje a uno
de los nuestros, pues el que sostenía esto tenía dudas de la posibilidad de la
salvación de aquél porque no había estado en 'el movimiento de 1844'".
Sólo necesito añadir a esto que en la misma reunión
en que se insistió que el mensaje no podía ser dado a ese hermano, mediante una
visión se me dio un testimonio para animarlo a confiar en Dios y dar su corazón
plenamente a Jesús, lo que él hizo entonces y allí mismo.
Una conjetura irrazonable
En otro pasaje del libro A Word to the Little Flock
(Un mensaje a la pequeña grey), hablo de escenas de la "tierra nueva y
declaro que allí vi a santos de la antigüedad: Abrahán, Isaac, Jacob, Noé,
Daniel y muchos como ellos". Porque hablo de haber visto a esos hombres,
nuestros oponentes conjeturan que entonces yo creía en la inmortalidad del alma
y que habiendo cambiado después mis opiniones sobre este punto, vi necesario
suprimir ese pasaje. Están tan lejos de la verdad aquí como en otras
conjeturas.
En el año 1844, acepté la doctrina que ahora
sostenemos, en cuanto a que el alma no es inmortal, como se puede ver por
referencias de Life Sketches (Apuntes biográficos), págs. 170, 171 [edición de
1880. Véase también la edición de 1915, pág. 49; Testimonies, tomo 1, páginas
39, 401, y nunca he defendido otra doctrina, ni verbalmente ni por escrito. Si
hubiésemos suprimido ese pasaje debido a su enseñanza de la inmortalidad del
alma, hubiéramos encontrado necesario suprimir otros pasajes.
Al relatar mi primera visión, en la página 13 de
Early Writings [pág. 17 de la actual edición, que coincide con Primeros
escritos], hablo de haber visto a hermanos que poco antes habían dormido en
Jesús, y en la página 14 actual edición, págs. 18 y 19 declaro que se me mostró
a un gran grupo que había sufrido el martirio por la fe.
La inmortalidad del alma no se enseña más en el
pasaje "suprimido" que en los dos últimos citados.
El caso es que, en estas visiones, fui llevada
adelante al tiempo cuando los santos resucitados serán reunidos en el reino de
Dios. De la misma manera, el juicio, la segunda venida de Cristo, el
establecimiento de los santos sobre la tierra nueva han sido presentados
delante de mí. ¿Supone alguno que ya han acaecido esas escenas? Mis adversarios
muestran el espíritu que los mueve al acusarme así de engaño, basándose en una
mera "conjetura".
Una cita equivocada
En esta cita también se encuentran las palabras:
"Vi dos largas ramas áureas de las cuales colgaban hilos de plata, y en
los hilos había magníficas uvas". Mis oponentes ridiculizan "esa
expresión débil y pueril de magníficas uvas que crecen en hilos de plata y
estos hilos unidos a ramas áureas".
¿Qué motivo movió al autor mencionado a citar mal mis
palabras: Yo no declaré que las uvas crecían en hilos de plata. Lo que
contemplé está descrito tal como me pareció a mí. No se ha de suponer que las
uvas estaban unidas a hilos de plata o ramas áureas, sino que ésa era la
apariencia que presentaban. Expresiones tales son empleadas diariamente por
todos en la conversación común. Cuando hablamos de frutos áureos, no se
entiende que declaramos que el fruto está compuesto de ese precioso metal, sino
simplemente que tiene la apariencia de oro. La misma regla aplicada a mis
palabras elimina toda excusa para una falsa interpretación.
El sello de Dios
Otra "supresión" reza así: "Bien,
bendito sea el Señor, hermanos y hermanas, es una reunión extraordinaria para
los que tienen el sello del Dios viviente".
No hay nada en esto que todavía no sostengamos. El
análisis de nuestras obras publicadas mostrará nuestra creencia de que los
justos vivos recibirán el sello de Dios antes de la terminación del tiempo de
gracia. También que ellos disfrutarán honores especiales en el reino de Dios.
Abandono del sábado
Se dice que el siguiente pasaje ha sido omitido de la
visión relatada en las páginas 25
- 28 de Early Writings
[corresponde a las páginas 32 - 35 de Primeros escritos]:
"Si alguien creyó en el sábado y lo guardó, y
recibió la bendición que lo acompaña, y luego lo abandonó y quebrantó los
santos mandamientos, éste se cerrará a sí mismo las puertas de la santa ciudad
tan ciertamente como que hay un Dios que rige los cielos en lo alto".
Los que han visto claramente y aceptado plenamente la
verdad del cuarto mandamiento, y han recibido la bendición que acompaña a la
obediencia, pero que después renunciaron a su fe y se atrevieron a violar la
ley de Dios, si persisten en ese sendero de desobediencia, encontrarán las
puertas de la ciudad de Dios cerradas frente a ellos.
El tiempo "casi ha terminado"
Una declaración publicada en 1851, en Experience and
Views [Experiencia y visiones] y que se encuentra en la página 49 de Early
Writings [corresponde a la página 58 de Primeros escritos] se cita para probar
que mis testimonios son falsos "Vi que casi ha terminado el tiempo que
Jesús debe pasar en el lugar santísimo, y que el tiempo sólo puede durar un
poquito más" Tal como el asunto me fue presentado, el período de la
ministración de Cristo parecía casi cumplido ¿Se me acusa de falsedad porque el
tiempo ha continuado más de lo que mi testimonio parecía indicar? ¿Cómo es el
caso en los testimonios de Cristo y sus discípulos? ¿Estaban engañados? Pablo
escribió a los corintios:
"Pero esto os digo, hermanos que el tiempo es
corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y
los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se
alegrasen" (1 Cor. 7: 29, 30)
También en su Epístola a los Romanos dice:
"La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos,
pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz" (Rom.
13: 12).
Y desde Patmos Cristo nos habla mediante el amado
Juan :
"Bienaventurado el que lee, y los que oyen las
palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el
tiempo está cerca" ( Apoc. 1: 3). "El Señor, el Dios de los espíritus
de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que
deben suceder pronto. ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras
de la profecía de este libro" (Apoc. 22: 6, 7)
Los ángeles de Dios, en sus mensajes para los
hombres, representan el tiempo como muy corto Así me ha sido siempre presentado
Es cierto que el tiempo se ha extendido más de lo que esperábamos en los
primeros días de este mensaje Nuestro Salvador no apareció tan pronto como lo
esperábamos. Pero, ha fallado la palabra del Señor? ¡Nunca! Debiera recordarse
que las promesas y amenazas de Dios son igualmente condicionales.
Dios ha confiado a su pueblo una obra que debe
efectuarse en la tierra. Había de ser dado el mensaje del tercer ángel, las
mentes de los creyentes habían de ser dirigidas al santuario celestial, donde
Cristo ha entrado para hacer expiación por su pueblo. La reforma del día de
reposo había de ser llevada adelante. Debe ser reparada la brecha en la ley de
Dios. El mensaje debe ser proclamado con fuerte pregón para que todos los
habitantes de la tierra puedan recibir la amonestación. El pueblo de Dios debe
purificar su alma mediante la obediencia a la verdad y estar preparado para
encontrarse con él sin falta, en su venida.
Si después del gran chasco de 1844 los adventistas se
hubiesen mantenido firmes en su fe, y unidos en la providencia de Dios que
abría el camino, hubieran proseguido recibiendo el mensaje del tercer ángel y
proclamándolo al mundo con el poder del Espíritu Santo, habrían visto la
salvación de Dios y el Señor hubiera obrado poderosamente acompañando sus
esfuerzos, se habría completado la obra y Cristo habría venido antes de esto
para recibir a su pueblo y darle su recompensa.
Pero muchos de los creyentes adventistas claudicaron
en su fe en el período de duda e incertidumbre que siguió al chasco. Se
introdujeron disensiones y divisiones. Por escrito y verbalmente, la mayoría se
opuso a los pocos que, guiados por la providencia de Dios, recibieron la
reforma del día de reposo y comenzaron a proclamar el mensaje del tercer ángel.
Muchos que debieran haber dedicado su tiempo y talentos al único propósito de
hacer resonar la amonestación por el mundo, quedaron absorbidos en su oposición
a la verdad del sábado y, a su vez, el trabajo de sus defensores necesariamente
se empleó en contestar a esos oponentes y defender la verdad. Así se estorbó la
obra y el mundo fue dejado en tinieblas. Si todo el núcleo de adventistas se
hubiera unido en los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, ¡cuán inmensamente
diferente habría sido nuestra historia !
No era la voluntad de Dios que se demorara así la
venida de Cristo. Dios no tuvo el propósito de que su pueblo, Israel, vagara
cuarenta años por el desierto. Prometió guiarlos directamente a la tierra de
Canaán, y establecerlos allí como un pueblo santo, lleno de salud y feliz. Pero
aquellos a quienes primero se les predicó, no entraron "a causa de incredulidad" (Heb. 3:
19). Sus corazones estuvieron llenos de murmuración, rebelión y odio, y Dios no
pudo cumplir su pacto con ellos.
Durante cuarenta años, la incredulidad, la
murmuración y la rebelión impidieron la entrada del antiguo Israel en la tierra
de Canaán. Los mismos pecados han demorado la entrada del moderno Israel en la
Canaán celestial. En ninguno de los dos casos faltaron las promesas de Dios. La
incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre
el profeso pueblo de Dios nos han mantenido en este mundo de pecado y tristeza
tantos años.
Hay otros dos pasajes que se dice que se encuentran
en mi primer libro pero que no aparecen en mis escritos posteriores. Sólo diré acerca
de ellos que cuando pueda obtener un libro donde estén, de modo que pueda estar
segura de la exactitud de las citas y pueda verlas por mí misma en su contexto,
estaré preparada para hablar con conocimiento acerca de ellos.
Burladores de los últimos días
Desde el comienzo de mi obra, he sido perseguida por
el odio, el reproche y la falsedad. Viles imputaciones y calumniosos informes
han sido ávidamente reunidos y hechos circular ampliamente por los rebeldes,
los formalistas y los fanáticos. Hay ministros de las así llamadas iglesias
ortodoxas que viajan de un lugar a otro para hacer guerra contra los
adventistas del séptimo día y tienen a la Sra. de White como a su caballo de
batalla. Los burladores de los últimos días son conducidos por estos ministros
que profesan ser los centinelas de Dios.
Se unen en su obra de atacar a la Sra. de White el
mundo incrédulo los ministros de las iglesias caídas y los adventistas del
primer día. Esta lucha ha seguido durante casi cuarenta años, pero no me he
sentido en libertad de dedicar atención a sus ruines palabras, reproches e
insinuaciones. Y no me apartaría ahora de esta costumbre, si no fuera porque
algunas almas honradas pueden ser descarriadas por los enemigos de la verdad
que tan jactanciosamente me declaran engañadora. Presento estas declaraciones
con la esperanza de ayudar a los sinceros.
No espero influir en los que, habiendo visto la luz
de la verdad rehusan prestarle atención, los que se han entregado al prejuicio
y han parapetado su alma en la incredulidad.
Jesús, la Majestad del cielo que era igual a Dios,
estuvo en el mundo 33 años, y sin embargo sólo hubo pocos que reconocieron su
carácter divino. Y yo, que soy una criatura humana tan débil, tan indigna y tan
frágil, ¿puedo esperar mayor éxito que el que recibió el Salvador del mundo?
Cuando por primera vez me entregué a esta obrar para
ir adonde el Señor me ordenara, para hablar los mensajes que me diera para la
gente, yo sabía que encontraría oposición, reproche, persecución. No me he
chasqueado. Si hubiese dependido del aplauso humano hace mucho que me hubiera
desanimado. Pero acudí a Jesús y vi que él, que fue intachable, fue atacado por
lenguas calumniosas. Los que pretendían ser muy piadosos, siguieron como espías
la conducta del Salvador, e hicieron todo lo que pudieron para obstruir su
sendero. Pero aunque él era todopoderoso, no castigó a sus adversarios como
merecían sus pecados. Podría haber lanzado contra ellos los proyectiles de su
venganza, pero no lo hizo. Les aplicó severísimos reproches por su hipocresía y
corrupción, y cuando sus mensajes fueron rechazados y su vida fue amenazada,
serenamente fue a otro lugar para hablar las palabras de vida. En mi debilidad,
he tratado de seguir el ejemplo de mi Salvador.
Enemistad contra los defensores de la verdad
¡Cuán ávidamente procuraban los fariseos demostrar
que Cristo era un engañador! ¡Cómo observaban cada palabra suya procurando
torcer y tergiversar todos sus dichos! El orgullo, el prejuicio y la pasión
cerraron todos los accesos de su alma contra el testimonio del Hijo de Dios.
Cuando claramente reprochó su iniquidad y declaró que sus obras probaban que
eran hijos de Satanás, con ira le arrojaron en respuesta la acusación que
decía: "¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes
demonio?'
Todos los argumentos con que se acosó a Cristo fueron
falsos. Así fue en el caso de Esteban y de Pablo. Pero las declaraciones más
débiles y más irrazonables presentadas del lado del error tuvieron su
influencia porque había muchos cuyo corazón no estaba santificado, que deseaban
que esas declaraciones fueran verdaderas. Los tales siempre están ansiosos de
aferrarse de cualquier supuesto error o equivocación de los que les presentan
la verdad desagradable.
No debiera sorprendernos cuando las malas conjeturas
son ávidamente empuñadas como hechos indudables por aquellos que sienten
inclinación hacia la falsedad. Los opositores de Cristo fueron vez tras vez
confundidos y silenciados por la sabiduría de las palabras de él. Sin embargo,
todavía escuchaban ansiosamente cada rumor y buscaban algún pretexto para
acosarlo con preguntas contenciosas. Estaban determinados a no abandonar su
propósito. Bien sabían que si Jesús continuaba con su obra, muchos creerían en
él y los escribas y fariseos perderían su poder sobre el pueblo. Por lo tanto,
estuvieron dispuestos a rebajarse hasta emplear cualquier medida vil o
despreciable para realizar sus malignas intenciones contra Jesús. Odiaban a los
herodianos, y sin embargo se unieron con esos enemigos inveterados a fin de
idear algún plan para deshacerse de Cristo.
Tal fue el espíritu con el que hicieron frente al
Hijo de Dios aquellos que él vino a salvar. Cualquiera de los que tratan de
obedecer a Dios y de llevar al mundo el mensaje de su verdad, ¿puede esperar
una recepción más favorable que la que le fue dada a Cristo?
No tengo mala voluntad hacia los que procuran
invalidar el mensaje que Dios ha dado para reprochar, advertir y animar a su
pueblo. Pero, como embajadora de Cristo, debo levantarme en defensa de la
verdad. ¿Quiénes son los que con tanto celo se alistan contra mí? ¿Son los
puros y santos hijos de la fe? ¿Han nacido de nuevo? ¿Son participantes de la
naturaleza divina? ¿Aman a Jesús y manifiestan su espíritu de mansedumbre y
humildad? "Por sus frutos los conoceréis" (Mat. 7: 20). ¿Se asemejan
a los primeros discípulos o a aquellos astutos escribas y fariseos que estaban
constantemente vigilando para entrampar a Cristo con sus palabras? Notad el
astuto proceder de esos antiguos opositores de la fe: cómo los doctores,
sacerdotes, escribas y magistrados se combinaban para encontrar algo contra
Aquel que era la luz del mundo.
Y ¿por qué estaban tan decididos a condenar a Cristo?
No amaban sus doctrinas y preceptos, y estaban molestos porque veían que la atención
de la gente se volvía hacia Jesús y se apartaba de sus anteriores dirigentes.
La naturaleza humana es todavía la naturaleza humana.
No se engañen a sí mismos con la creencia de que están prestando un servicio a
Dios los que tratan de estorbar mi camino y destruir la influencia de mis
palabras. Están sirviendo a otro amo, y serán recompensados de acuerdo con su
obra.
La rebelión existirá mientras exista Satanás. Los que
son movidos por su espíritu, no discernirán el Espíritu de Dios ni escucharán
su voz hasta que salga la orden: "El que es injusto, sea injusto todavía;
y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la
justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía" (Apoc. 22: 11).
Espero hacer frente a la malignidad de los que desprecian la luz que a Dios le
plugo darme.
Suficientes evidencias para los de corazón sincero
El plan de Dios es presentar suficiente evidencia del
carácter divino de su obra para convencer a todos los que honradamente desean
conocer la verdad. Pero él nunca suprime toda oportunidad de dudar. Todos los
que desean dudar y cavilar, encontrarán ocasión de hacerlo.
Compadezco a los que marchan en el sendero de la duda
y la incredulidad. Si pudiera, los ayudaría gozosamente, pero la experiencia
pasada me da poca esperanza de que jamás vengan a la luz. Ningún acopio de
evidencia convencerá a los hombres de la verdad mientras no estén dispuestos a
rendir su orgullo, someter su naturaleza carnal y convertirse en alumnos de la
escuela de Cristo.
La terquedad y el orgullo de sus propias opiniones
inducen a muchos a rechazar la luz del cielo. Se aferran a ideas favoritas, a
interpretaciones fantásticas de las Escrituras y a peligrosas herejías. Y si se
presenta un testimonio para corregir esos errores, se apartarán descontentos
como muchos lo hicieron en los días de Cristo.
No importa cuán impecables sean el carácter y la vida
de los que presentan a la gente los mensajes de Dios. Esto no les da autoridad.
¿Y por qué? Porque dicen la verdad a la gente. Este es mi pecado, hermanos.
Pero si circula un informe falso, si por alguna inferencia o conjetura, una
acusación es lanzada contra el carácter de la embajadora de Cristo, ¡con qué
absurda credulidad es recibida! ¡Cuántos están listos para magnificar y propagar
la calumnia! Los tales están revelando su carácter verdadero. "El que es
de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois
de Dios" (Juan 8: 47).
La calumnia y el reproche serán la recompensa de los
que defiendan la verdad como está en Jesús. "Todos los que quieren vivir
piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución" (2 Tim. 3: 12). Los
que dan un franco testimonio contra el pecado, tan ciertamente serán
aborrecidos como lo fue el Maestro que les dio esa obra para hacerla en su
nombre. Al igual que Cristo, serán llamados enemigos de la iglesia y de la
religión, y mientras más fervientes y leales sean sus esfuerzos para honrar a
Dios, más amarga será la enemistad de los impíos e hipócritas. Pero no nos
debemos desanimar cuando seamos tratados así.
Proseguiré con mi obra
Quizá seamos llamados "faltos de juicio y
necios", fanáticos y aun locos. Quizá se diga de nosotros como se dijo de
Cristo: "Demonio tiene" (Juan 10: 20). Pero la obra que el Maestro
nos ha dado para realizar, es todavía nuestra obra. Debemos dirigir la mente a
Jesús sin buscar alabanza u honor de los hombres sino entregándonos a Aquel que
juzga rectamente. El sabe cómo ayudar a los que, mientras siguen en las pisadas
de Jesús, sufren en cierto grado el reproche que él soportó. Fue tentado en
todo como nosotros lo somos, para que supiera socorrer a los que son tentados.
No importa qué interpretación errónea sea dada a mi
testimonio por los que profesan justicia, y sin embargo no conocen a Dios,
seguiré adelante humildemente con mi obra. Hablaré las palabras que Dios me da
para animar, reprochar y advertir. No queda sino un pequeño resto de mi vida en
la tierra. Realizaré con fidelidad, por la gracia de Dios, la obra que mi Padre
me ha dado, sabiendo que todas mis acciones deben soportar el escudriñamiento
de Jehová (Manuscrito 4, 1883).
SE REFIERE LA EXPERIENCIA DE ELENA G. DE WHITE ACERCA
DE LA CUESTIÓN DE LA PUERTA CERRADA*
Battle Creek, Míchigan, 24 de agosto de 1874
ESTIMADO HNO.
LOUGHBOROUGH:
Por la presente testifico, en el temor de Dios, que
las acusaciones de Miles Grant, de la Sra. de Burdick y otros, publicadas en la
revista Crisis, no son verdaderas. Las declaraciones en cuanto a mi proceder en
1844 son falsas.
Junto con mis hermanos y hermanas, después del tiempo
pasado en 1844, yo creía firmemente que no se convertirían más pecadores. Pero
nunca tuve una visión de que no se convertirían más pecadores. Y con claridad y
libertad declaro que nadie jamás me oyó decir o ha leído declaraciones de mi
pluma que los justifique en las acusaciones que han hecho contra mí en este
punto.
Fue en mi primer viaje al este, al ir a relatar mis
visiones, cuando la preciosa luz acerca del santuario celestial fue expuesta
delante de mí, y se me mostró la puerta abierta y cerrada. Creíamos que el
Señor vendría pronto en las nubes del cielo. Se me mostró que había una gran
obra que hacer en el mundo para los que no habiendo tenido la luz, no la habían
rechazado. Nuestros hermanos no podían entender esto debido a nuestra fe en la
inmediata aparición de Cristo. Algunos me acusaron de decir que el Señor se
tardaba en venir, especialmente los fanáticos. Vi que en 1844 Dios había
abierto una puerta que ningún hombre podía cerrar, y cerrado una puerta que
ningún hombre podía abrir. Los que rechazaron la luz que fue dada al mundo por
el mensaje del segundo ángel quedaron en tinieblas, y cuán grandes eran esas
tinieblas.
Nunca he declarado ni escrito que el mundo fue
sentenciado o condenado. En ninguna circunstancia, nunca he usado ese lenguaje
para nadie, no importa cuán pecador fuera. Siempre he tenido mensajes de
reproche para los que usaban esas expresiones ásperas (Carta 2, 1874).
DECLARACION ACERCA DEL DÍA Y HORA DE LA VENIDA DE
CRISTO
QUERIDA HERMANA:
Ud. declara que "algunos pretenden, entre otras
cosas, que es desleal suprimir sus escritos anteriores". Los que dicen
esas cosas, ¿tendrían la bondad de darme pruebas de sus declaraciones? Sé que
esto ha sido repetido con frecuencia, pero no probado. "Pretenden que en los
testimonios originales de Ud., tomo 1, que ellos han preservado, Ud. claramente
declara que se le mostró el día y la hora de la segunda venida de Cristo. Su
argumento es que esa declaración de Ud. no resiste la prueba de la Biblia, pues
Cristo mismo declara que nadie sabe ni el día ni la hora, ni aun los ángeles de
Dios"...
En mi primer libro, Ud. encontrará la única
declaración en cuanto al día y la hora de la venida de Cristo que he hecho
desde que pasó el tiempo en 1844. Se encuentra en Early Writings, páginas 11,
27 y 145, 146 [páginas 15, 34 y de la edición actual, que coincide con Primeros
escritos]. Todas se refieren al anuncio que será hecho muy poco antes de la
segunda venida de Cristo.
Viendo en la página 145 [página 285 de Primeros
escritos] y leyendo desde el comienzo del capítulo, Ud. verá que las
declaraciones hechas se refieren a la liberación de los santos del tiempo de
angustia mediante la voz de Dios. Por favor, consiga este libro, si ya no lo
tiene, y lea las declaraciones que hay allí. Son exactamente como fueron
impresas en el primer artículo publicado. "El firmamento se abría y
cerraba en violenta conmoción". "Las montañas 86 se agitaban como
cañas batidas por el viento, arrojando peñascos por todo el derredor. El mar
hervía como una caldera y lanzaba piedras a la tierra. Al declarar Dios el día
y la hora de la venida de Jesús y conferir el sempiterno pacto a su pueblo,
pronunciaba una frase y se detenía mientras las palabras de la frase retumbaban
por toda la tierra".
Esta es una porción del párrafo. Las declaraciones de
las páginas 11 y 27 [15 y 34 en Primeros escritos] se refieren al mismo tiempo.
Contienen todo lo que alguna vez se me haya mostrado en cuanto al tiempo
definido de la venida del Señor. No tengo el menor conocimiento en cuanto al
tiempo mencionado por la voz de Dios. Oí cuando proclamaba la hora, pero no
tuve el recuerdo de esa hora después que salí de la visión. Escenas tan
emocionantes y de un interés tan solemne pasaron ante mí, que ningún lenguaje
puede describir. Todo fue una realidad viviente para mí, pues directamente
relacionada con esta escena apareció la gran nube blanca sobre la cual estaba
sentado el Hijo del hombre (Carta 38, 1888).
Una de las primeras visiones acerca de chorros de luz
Estando en mi misma adolescencia, el Señor vio
adecuado abrir ante mí las glorias del cielo. Fui llevada en visión al cielo, y
el ángel me dijo: "¡Mira!" Miré al mundo como estaba en densas
tinieblas. Cuando vi esas tinieblas, fue indescriptible la agonía que me sobrevino.
Otra vez vino la orden: "Mira". Y otra vez
miré fijamente el mundo, y comencé a ver chorros de luz, como estrellas que
punteaban toda esa oscuridad. Y entonces vi que se añadían una luz tras otra, y
así a través de todas esas tinieblas morales aumentaban las luces semejantes a
estrellas. Y el ángel dijo: "Esos son los que creen en el Señor
Jesucristo, y están obedeciendo las palabras de Cristo. Son la luz del mundo, y
si no fuera por esas luces, los juicios de Dios caerían inmediatamente sobre
los transgresores de la ley de Dios". Vi entonces que aumentaba el brillo
de esos chorritos de luz, brillando del este y del oeste, del norte y del sur y
alumbrando todo el mundo.
Ocasionalmente comenzaba a opacarse una de esas luces y otras se extinguían, y cada vez que ocurría esto, había tristeza y llanto en el cielo. Y algunas de las luces se hacían más y más brillantes, y su brillo era muy abarcante y muchas luces más se les añadían. Entonces había regocijo en el cielo. Vi que los rayos de luz venían directamente de Jesús para formar esos preciosos chorros de luz en el mundo (Gospel Workers [Obreros evangélicos], págs. 378, 379 (edición de 1892). No están estos pasajes en las ediciones castellanas de obreros evangélicos).