CAPÍTULO 3. Actitudes Acerca de
los Testimonios
UNA DECLARACIÓN TEMPRANA
VI EL estado de algunos que se adherían a la verdad presente pero que no hacían caso de las visiones la forma que el Señor había escogido para enseñar, en algunos casos, a los que erraban en la verdad bíblica. Vi que los que atacaban las visiones no atacaban al gusano al débil instrumento- mediante el cual hablaba Dios sino al Espíritu Santo. Vi que era una cosa pequeña hablar contra el instrumento, pero que era peligroso menospreciar las palabras de Dios. Vi que si ellos estaban en error y Dios quería mostrarles sus errores por medio de visiones, y ellos desdeñaban las enseñanzas de Dios por medio de visiones, quedarían abandonados para que siguieran sus propios caminos y corrieran en la senda del error y pensaran que estaban en lo correcto hasta que se dieran cuenta demasiado tarde. Entonces, en el tiempo de angustia, los oí clamar a Dios en agonía: "¿Por qué no nos mostraste nuestro error para que pudiéramos haber hecho lo correcto y hubiéramos estado listos para este tiempo?" Entonces un ángel los señaló y dijo: "Mi Padre enseñó, pero no quisisteis ser enseñados. Habló mediante visiones, pero desdeñasteis su voz y él os abandonó a vuestros propios caminos para que estuvierais satisfechos con vuestras propias obras" (Volante, To Those Who Are Receiving the Seal of the Living God, [A los que están recibiendo el sello del Dios vivo], folleto del 31 de enero de 1849).
INSTRUCCION SEGURA PARA LOS DIAS FINALES
Una riqueza de influencia moral nos ha sido
presentada en el último medio siglo. Mediante su Espíritu Santo, la voz de Dios
nos ha venido continuamente en forma de amonestación e instrucción, para
confirmar la fe de los creyentes en el espíritu de profecía. El mensaje ha
venido repetidas veces: Escribe las cosas que te he dado para confirmar la fe
de mi pueblo en la posición que ha tomado. El tiempo y las pruebas no han
anulado la instrucción dada, sino que han establecido la verdad del testimonio
dado mediante los años de sufrimiento y abnegación. La instrucción que fue dada
en los primeros días del mensaje ha de ser retenida como instrucción segura de
seguir en estos días finales. Los que son indiferentes a esta luz e instrucción
no deben esperar escapar a las trampas que, según se nos ha dicho claramente,
harán que los que rechacen la luz tropiecen, y caigan, y sean entrampados, y
retenidos allí. Si estudiamos cuidadosamente el segundo capítulo de Hebreos,
aprenderemos cuán importante es que retengamos firmemente cada principio de la
verdad que ha sido dada (The Review and Herald, 18 de julio de 1907).
SE ENUMERAN ACTITUDES VARIABLES
Pronto se hará todo esfuerzo posible para desestimar
y pervertir la verdad de los testimonios del Espíritu de Dios. Debemos estar
siempre atentos a los claros y directos mensajes, que desde 1846, han estado
viniendo al pueblo de Dios.
Habrá quienes una vez estuvieron unidos con nosotros
en la fe, que buscarán nuevas y extrañas doctrinas, algo extraordinario y
sensacional que presentar a la gente. Introducirán todos los sofismos
imaginables y los presentarán como
provenientes de la Sra. de White para que engañen a las almas...
Los que han tratado como una cosa común la luz que el
Señor ha dado, no será beneficiados con la instrucción presentada.
Habrá quienes interpreten mal los mensajes que Dios
ha dado, de acuerdo con su ceguera espiritual.
Algunos dejarán su fe y negarán la verdad de los
mensajes, mostrándolos como falsedades.
Algunos los exhibirán para ridiculizarlos, trabajando
contra la luz que Dios ha estado dando durante años, y algunos débiles en la fe
serán así descarriados.
Pero otros serán grandemente ayudados por los
mensajes. Aunque no les sean dirigidos personalmente, serán corregidos y
eludirán los males especificados... El Espíritu del Señor estará en la
instrucción y se eliminarán las dudas que existen en muchas mentes. Los testimonios
mismos serán la clave que explicará los mensajes dados, que reprochan el mal, a
fin de saber lo que deben hacer para ser salvos... Amanecerá luz sobre el
entendimiento y el Espíritu hará impresión sobre las mentes, a medida que la
verdad bíblica sea clara y sencillamente presentada en los mensajes que desde
1846 Dios ha estado enviando a su pueblo. Estos mensajes han de recibirse en
los corazones y se efectuarán transformaciones (Carta 73, 1903).
LOS PELIGROS DE CRITICAR LOS MENSAJES INSPIRADOS
Algunos juzgan las Escrituras declarando que este
pasaje o aquél no es inspirado porque no les impresiona favorablemente. No
pueden hacerlo concordar con sus ideas de filosofía y ciencia, "falsamente
llamada ciencia" (1 Tim. 6: 20). Otros, por diferentes razones, ponen en
duda porciones de la Palabra de Dios. Así muchos caminan ciegamente donde el
enemigo prepara el camino. Ahora bien, no es de la incumbencia de ningún hombre
pronunciar sentencia sobre las Escrituras, juzgar o condenar ninguna porción de
la Palabra de Dios. Cuando alguien se atreva a hacer esto, Satanás le hará
respirar una atmósfera que empequeñecerá el crecimiento espiritual. Cuando un
hombre se siente tan sabio como para criticar la Palabra de Dios, su sabiduría
es considerada por Dios como necedad. Cuando sepa más, sentirá que tiene todo
por aprender. Y su primera lección será la de llegar a ser dócil.
"Aprended de mí dice el gran Maestro , que soy manso y humilde de
corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mat. 11: 29).
Los que os habéis estado educando a vosotros mismos
dentro de un espíritu de crítica y acusación, recordad que estáis imitando el
ejemplo de Satanás. Cuando os conviene, tratáis los testimonios como si
creyerais en ellos, citando de ellos para robustecer alguna declaración que
queréis que prevalezca. Pero, ¿qué sucede cuando la luz es dada para corregir
vuestros errores? ¿Aceptáis entonces la luz? Cuando los testimonios hablan en
contra de vuestras ideas, los tratáis muy livianamente.
No conviene que nadie deje caer una palabra de duda
aquí y allí, que obre como veneno en otras mentes, sacudiendo su confianza en
los mensajes que Dios ha dado, que han ayudado a colocar el fundamento de esta
obra, y la han acompañado hasta hoy para reprochar, amonestar, corregir y animar.
A todos los que se han interpuesto en el camino de los testimonios, diré: Dios
ha dado un mensaje a su pueblo, y su voz será oída ya sea que la oigáis o la
omitáis. Vuestra oposición no me ha dañado a mí, pero debéis dar cuenta al Dios
del cielo que ha enviado esas amonestaciones e instrucciones para mantener a su
pueblo en el camino recto. Tendréis que responder ante él por vuestra ceguera,
por ser una piedra de tropiezo en el camino de los pecadores.
"¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme
a esto, es porque no les ha amanecido" (Isa. 8: 20). Aun la obra del
Espíritu Santo sobre el corazón ha de ser probada por la Palabra de Dios. El
Espíritu que inspiró las Escrituras siempre conduce a las Escrituras (General
Conference Daily Bulletin [Boletín diario de la Asociación General], 13 de
abril de 1891).
MENSAJES INSPIRADOS ERRÓNEAMENTE APLICADOS
Un hombre, de nombre B, vino desde Míchigan con un
mensaje especial para la Hna. White. Dijo que la Hna. White había sido
designada por Dios para ocupar el puesto que ocupó Moisés, y que él, B, había
de ocupar el puesto de Josué. Así había de impulsarse la obra. La obra de la
Hna. White había de unirse con la de él y habíamos de proclamar la verdad con
poder.
Como muchos otros lo han hecho, ese hombre se tomó la
libertad de mezclar mucho de las Escrituras con su mensaje, citando pasajes que
aplicaba a los adventistas. Durante mi relación con la obra, han surgido muchos
hombres tales. Han elegido y arreglado textos que podían aplicar al pueblo de
Dios. El Sr. B leyó con voz alta y vigorosa los pasajes que había elegido,
declarando que nos eran aplicables como pueblo. Dijo que yo debía ver que él
estaba en lo correcto, pues ¿no era acaso la Biblia lo que él leía?
"Sí le dije , Ud. ha elegido y reunido esos
pasajes, pero como muchos que han surgido como Ud., está torciendo las
Escrituras, interpretándolas para que signifiquen así y así, cuando sé que no
se aplican como Ud. las aplicó.
"Ud., o cualquier otra persona engañada, podría
acomodar y tener acomodados ciertos pasajes de gran fuerza y aplicarlos a sus
propias ideas. Cualquiera puede interpretar mal y aplicar mal la Palabra de
Dios, amenazando a personas y cosas, y luego tomar la posición de que los que
rehusan recibir su mensaje, han rechazado el mensaje de Dios y han decidido su
destino para siempre". . .
Por las varias cartas que me han llegado, veo que
cuando hombres como B, pretendiendo ser enviados por Dios, van a aquellos de
nuestros hermanos que están más o menos aislados de los nuestros, esas almas
están listas para aferrarse a cualquier cosa que dé a entender que es de origen
celestial. Me llegan cartas que se me suplica que conteste. Sé que muchos
hombres toman los testimonios que el Señor ha dado y los aplican como suponen
que debieran ser aplicados, extrayendo una cláusula aquí y otra allí, sacándola
de su contexto adecuado y aplicándola de acuerdo con sus ideas. Así quedan
perplejas las pobres almas, cuando podrían leer a fin de que en todo lo que ha
sido dado pudieran ver la verdadera aplicación y no se confundieran. Mucho que
se da a entender como un mensaje de la Hna. White, tiene el propósito de
representar mal a la Hna. White, haciendo que testifique a favor de cosas que
no están de acuerdo con su mente o juicio. Esto hace que su obra sea muy
penosa. Los informes vuelan de uno a otro acerca de lo que la Hna. White ha
dicho. Cada vez que se repite el informe, se agranda. Si la Hna. White tiene
algo que decir, dígalo ella. No se pide a nadie que sea portavoz de la Hna.
White. . . Por favor, dejad que la Hna.
White dé su propio mensaje. Vendrá mejor de ella que de alguien que informe de
su parte (Manuscrito 21, 1901).
PONIENDO EN DUDA LOS TESTIMONIOS*
Cuando encontréis a hombres que ponen en duda los
testimonios, que les encuentran faltas, y tratan de apartar a la gente de su
influencia, estad seguros de que Dios no está trabajando mediante ellos. Es
otro espíritu. La duda e incredulidad son fomentadas por los que no caminan
rectamente. Están penosamente conscientes de que su vida no soportará la prueba
del Espíritu de Dios, ya sea hablando mediante su Palabra, o mediante los
testimonios de su Espíritu que los llevarían a su Palabra. En vez de comenzar
con su propio corazón y ponerse en armonía con los puros principios del
Evangelio, encuentran faltas y condenan precisamente los medios que Dios ha
elegido para preparar a un pueblo que esté en pie en el día del Señor.
Si viene algún escéptico que no está dispuesto a
encuadrar su vida por las normas de la Biblia, y que trata de ganar el favor de
todos, cuán pronto hace salir a los que no están en armonía con la obra de
Dios. Los que están convertidos y arraigados en la verdad no encontrarán nada
atrayente ni provechoso en la influencia o enseñanza del tal. Pero los que tienen
un carácter defectuoso, cuyas manos no son puras, cuyos corazones no son
santos, cuyos hábitos de vida son laxos, que son ásperos en su hogar o indignos
de confianza en sus manejos, todos éstos, ciertamente, disfrutarán de las
nuevas opiniones presentadas. Si así lo desean, todos pueden ver la verdadera
medida del hombre, la naturaleza de su enseñanza en el carácter de sus
seguidores.
Los que tienen más que decir contra los testimonios
son generalmente los que no los han leído, así como los que se jactan de su
incredulidad en la Biblia son aquellos que tienen poco conocimiento de sus
enseñanzas. Saben que ella los condena, y el rechazarla les da un sentimiento
de seguridad en su proceder pecaminoso.
El poder fascinante del error
En el error y en la incredulidad hay algo que aturde
y fascina a la mente. Poner en duda, dudar y abrigar la incredulidad, a fin de
excusarnos por habernos apartado del sendero recto, es mucho más fácil que
purificar el alma creyendo en la verdad y obedeciéndola. Pero cuando las
mejores influencias crean en alguien el deseo de volver, el tal se encuentra
entrampado en una red de Satanás, como una mosca en una telaraña, de tal modo
que le parece una tarea sin esperanza y rara vez se libera a sí mismo de la
trampa que le armó el astuto enemigo.
Una vez que los hombres han admitido la duda y la
incredulidad en los testimonios del Espíritu de Dios, están decididamente
tentados a aferrarse a las opiniones que han sostenido delante de otros. Sus
teorías y opiniones se fijan como una sombría nube sobre la mente, repeliendo
así todo rayo de evidencia en favor de la verdad. Las dudas acariciadas por la
ignorancia, el orgullo o el amor a las prácticas pecaminosas, remachan sobre el
alma grillos que rara vez se quebrantan. Cristo, y sólo él, puede dar el poder
necesario para quebrantarlos.
Los testimonios del Espíritu de Dios son dados para
dirigir a los hombres a su Palabra, que ha sido descuidada. Ahora bien, si sus
mensajes no son atendidos, el Espíritu Santo queda excluido del alma. ¿Qué otros
medios tiene Dios en reserva para enseñar a los que yerran y mostrarles su
verdadera condición?
Las iglesias que han fomentado influencias que
disminuyen la fe en los testimonios, son débiles y vacilantes. Algunos
ministros trabajan para atraer a la gente hacia ellos. Cuando se hace un
esfuerzo para corregir cualquier error en esos ministros, se mantienen en su
independencia y dicen: "Mi iglesia acepta mis labores".
Jesús dijo: "Todo aquel que hace lo malo,
aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean
reprendidas". Hay muchos hoy día que siguen una conducta similar. En los
testimonios se especifican precisamente los pecados de los cuales ellos son
culpables. Por lo tanto, no tienen deseo de leerlos. Hay quienes desde su
juventud han recibido amonestaciones y reproches por medio de los testimonios,
¿pero han caminado en la luz y se han reformado? De ninguna manera. Todavía
acarician los mismos pecados; tienen los mismos defectos de carácter. Esos
males dañan la obra de Dios y dejan su impresión sobre las iglesias. No se
efectúa la obra que el Señor haría para poner a las iglesias en orden, porque
los miembros individualmente y especialmente los dirigentes de la grey no se
dejan corregir.
Más de uno profesa aceptar los testimonios, al paso
que ellos no tienen influencia en su vida ni en su carácter. Sus faltas se
hacen más fuertes por la indulgencia hasta que, habiendo sido reprochado con
frecuencia y no habiendo obedecido al reproche, pierde el poder del dominio
propio y se endurece en su conducta de errores. Si está fatigado, si la
debilidad se posesiona de él, no tiene poder moral para levantarse por encima
de las debilidades de carácter que no venció. Estas se convierten en sus puntos
más fuertes y es abatido por ellas. Póngaselo entonces a prueba y pregúntesele:
" ¿No le reprochó Dios, hace años, esta fase de su carácter mediante los
testimonios?" Contestará: "Sí, recibí un testimonio escrito que decía
que estaba equivocado en esas cosas". "¿Por qué, entonces, no
corrigió esos hábitos equivocados?" "Pensé que quien me reprochaba
debía haber cometido un error. Lo que alcancé a comprender lo acepté; lo que no
me convenció, dije que era sólo la opinión de quien daba el mensaje. No acepté
el reproche".
En algunos casos, precisamente las faltas de carácter
que Dios quería que vieran y corrigieran sus siervos, pero que ellos rehusaban
ver, han costado la vida a esos hombres. Podrían haber vivido para ser canales
de luz. Dios quería que vivieran y les envió instrucciones justas para que pudieran
preservar sus facultades físicas y mentales a fin de hacer un servicio
aceptable para él. Si ellos hubieran recibido los consejos de Dios y se
hubieran convertido completamente de acuerdo con la voluntad divina, habrían
sido obreros capaces para el adelanto de la verdad, hombres eminentes en el
afecto y en la confianza de nuestro pueblo, pero duermen en la tumba porque no
comprendieron que Dios los conocía mejor de lo que ellos se conocían a sí
mismos. Los pensamientos de Dios no eran los pensamientos de ellos, ni los
caminos de Dios los caminos de ellos. Esos hombres unilaterales han influido en
la obra doquiera hayan trabajado. Se han debilitado grandemente las iglesias
donde trabajaron.
Dios reprocha a los hombres porque los ama. Quiere
que sean fuertes en la fortaleza divina, que tengan mentes bien equilibradas y
caracteres simétricos. Entonces serán ejemplos para el rebaño de Dios, al que
conducirán al cielo por precepto y ejemplo. Entonces edificarán un templo santo
para Dios (Manuscrito I, 1883).
Escudriñando los testimonios en procura de una excusa
Algunos que no quieren recibir la luz, sino que
prefieren ir por caminos de su propia elección, escudriñan los testimonios para
encontrar algo que fomente el espíritu de incredulidad y desobediencia. Así se
introduce un espíritu de desunión, pues el espíritu que los guía a criticar los
testimonios también los inducirá a observar a los hermanos para hallar en ellos
algo que condenar (Manuscrito 73, 1908)
El último engaño de Satanás
Satanás está... constantemente haciendo fuerza por
introducir lo espurio a fin de apartar de la verdad. Precisamente, el último
engaño de Satanás se hará para que no tenga efecto el testimonio del Espíritu
de Dios. "Sin profecía el pueblo será disipado" (Prov. 29: 18,
versión Valera antigua). Satanás trabajará hábilmente en diferentes formas y
mediante diferentes instrumentos para perturbar la confianza del pueblo
remanente de Dios en el testimonio verdadero (Carta 12, 1890).
Se encenderá un odio satánico contra los testimonios. La obra de Satanás será perturbar la fe de las iglesias en ellos por esta razón: Satanás no puede disponer de una senda tan clara para introducir sus engaños y atar a las almas con sus errores si se obedecen las amonestaciones y reproches del Espíritu de Dios (Carta 40, 1890).