CAPÍTULO 2. Elena G. de White y
Sus Escritos
UNA CARTA AL DR. PAULSON
Santa Elena, California, 14 de junio de 1906 ESTIMADO
HERMANO:
Su carta me llegó mientras estaba en el sur de
California. Durante semanas, mi tiempo
y energía se han enfocado en la consideración de asuntos relacionados con el
desarrollo de la obra de nuestro sanatorio de allí [de California] y en la
redacción de las visiones que me fueron dadas acerca del terremoto y sus
lecciones.
Pero ahora debo contestar las cartas recibidas de Ud.
y de otros. En su carta, Ud. habla de que fue instruido desde niño en tener fe
implícita en los testimonios y dice: "Fui inducido a concluir y creer con
toda firmeza que cada palabra que Ud. habló en público o en privado, que cada
carta que Ud. escribió en cualquier circunstancia y en todas ellas, fueron tan
inspiradas como los Diez Mandamientos".
Mi hermano, Ud. ha estudiado mis escritos
diligentemente, y nunca ha encontrado que yo haya pretendido algo semejante, ni
tampoco encontrará que los pioneros de nuestra causa jamás pretendieran eso.
En mi introducción al libro El conflicto de los
siglos, sin duda Ud. ha leído mi declaración en cuanto a los Diez Mandamientos
y a la Biblia, lo que debería haberle ayudado a una correcta comprensión del
asunto que consideramos. Aquí está la
declaración:
"La Biblia nos muestra a Dios como autor de
ella; y sin embargo fue escrita por manos humanas, y la diversidad de estilo de
sus diferentes libros muestra la individualidad de cada uno de sus
escritores. Las verdades reveladas son
todas inspiradas por Dios (2 Tim. 3: 16); y con todo están expresadas en
palabras humanas. Y es que el Ser
supremo e infinito iluminó con su Espíritu la inteligencia y el corazón de sus
siervos. Les daba sueños y visiones y
les mostraba símbolos y figuras; y aquellos a quienes la verdad fuera así
revelada, revestían el pensamiento divino con palabras humanas.
"Los Diez Mandamientos fueron enunciados por el
mismo Dios y escritos con su propia mano.
Su redacción es divina y no humana.
Pero la Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el
idioma de los hombres, es una unión de lo divino y lo humano. Esta unión existía en la naturaleza de
Cristo, quien era Hijo de Dios e Hijo del hombre. Se puede decir de la Biblia, lo que fue dicho de Cristo: 'Aquel
Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros' (Juan 1: 14).
"Escritos en diferentes épocas y por hombres que
diferían notablemente en posición social y económica, y en facultades
intelectuales y espirituales, los libros de la Biblia presentan contrastes en
su estilo, como también diversidad en la naturaleza de los asuntos que
desarrollan. Sus diversos escritores se
valen de expresiones diferentes; a menudo la misma verdad está presentada por
uno de ellos de modo más patente que por otro. Ahora bien, como varios de sus
autores nos presentan el mismo asunto desde puntos de vista y aspectos
diferentes, puede parecer al lector superficial, descuidado y prevenido, que
hay divergencias o contradicciones, allí donde el lector atento y respetuoso
discierne, con mayor penetración, la armonía fundamental. "Presentada por diversas personalidades,
la verdad aparece en sus variados aspectos.
Un escritor percibe con más fuerza cierta parte del asunto; comprende
los puntos que armonizan con su experiencia o con sus facultades de percepción
y apreciación; otro nota más bien otros aspectos del mismo asunto; y cada cual,
bajo la dirección del Espíritu Santo, presenta lo que ha quedado inculcado con
más fuerza en su propia mente. De aquí que encontremos en cada cual un aspecto
diferente de la verdad, pero perfecta armonía entre todos ellos. Y las verdades así reveladas se unen en
perfecto conjunto, adecuado para satisfacer las necesidades de los hombres en
todas las circunstancias de la vida.
"Dios se ha dignado comunicar la verdad al mundo
por medio de instrumentos humanos, y él
mismo, por su Santo Espíritu, habilitó a hombres y los hizo capaces de
realizar esta obra. Guió la inteligencia de ellos en la elección de lo que
debían decir y escribir. El tesoro fue confiado a vasos de barro, pero no por
eso deja de ser del cielo. Aunque llevado a todo viento en el vehículo
imperfecto del idioma humano, no por eso deja de ser el testimonio de Dios; y
el hijo de Dios, obediente y creyente, contempla en ello la gloria de un poder
divino, lleno de gracia y de verdad " .
La integridad de los testimonios
En perfecta armonía con esto están mis declaraciones
que se encuentran en el artículo "The Testimonies Slighted" [Los
testimonios desatendidos], escrito el 20 de junio de 1882, y publicado en
Testimonies for the Church, tomo 5, págs. 62- 84. De esto cito varios párrafos
para su consideración:
"Muchos contemplan con complacencia propia los
largos años durante los cuales han defendido la verdad. Ahora creen que tienen
derecho a una recompensa por las pruebas y obediencia pasadas. Pero esa genuina
experiencia del pasado en las cosas de Dios los hace más culpables delante de
él por no preservar su integridad y avanzar a la perfección. La fidelidad del
año pasado nunca expiará el descuido del año actual. La veracidad de ayer de un
hombre no expiará su falsedad de hoy.
"Muchos excusan su desobediencia de los
testimonios diciendo: 'La Hna. White está influida por su esposo; los
testimonios están modelados por el espíritu y juicio de él'. Otros estuvieron
procurando conseguir algo de mí que luego pudieran interpretar para justificar
su conducta o para darles influencia. Entonces fue cuando decidí que nada más
saldría de mi pluma hasta que se viera en la iglesia el poder de Dios que
convierte. Pero el Señor colocó la responsabilidad sobre mi alma. Trabajé por
vosotros fervientemente. La eternidad dirá cuánto nos costó esto tanto a mi
esposo como a mí. ¿No tengo yo un conocimiento del estado de la iglesia, cuando
el Señor ha presentado su caso ante mí vez tras vez durante los años? Se han
dado repetidas amonestaciones, pero no ha habido un cambio decidido. . .
"Sin embargo, ahora cuando os envío un
testimonio de amonestación y reproche, muchos declaráis que es meramente la
opinión de la Hna. White. Así habéis insultado al Espíritu de Dios. Sabéis cómo
el Señor se ha manifestado mediante el espíritu de profecía. Pasado, presente y
futuro, han pasado delante de mí. Se me han mostrado rostros que nunca había
visto, y años después los reconocí cuando los vi. He sido despertada de mi
sueño con una vívida sensación de temas previamente presentados a mi mente, y a
media noche he escrito cartas que han cruzado el continente y, llegando en
medio de una crisis, han salvado a la causa de Dios de un gran desastre. Esta
ha sido mi obra por muchos años. Un poder me ha impelido a reprobar y reprochar
errores en que no había pensado. Esta obra de los últimos 36 años, ¿procede de
lo alto o de abajo?. . .
"Cuando fui a Colorado, estaba tan agobiada a
causa de vosotros que, en mi debilidad, escribí muchas páginas para que se
leyeran en vuestro congreso. Débil y temblorosa, me levanté a las tres de la
mañana para escribiros. Dios hablaba mediante la arcilla. Podríais decir que
esta comunicación era sólo una carta. Sí, era una carta, pero inspirada por el
Espíritu de Dios para presentaros cosas que me habían sido mostradas. En estas
cartas que escribo, en el testimonio dado, os presento lo que el Señor me ha
presentado. No escribo un solo artículo en la revista que exprese meramente mis
propias ideas. Son lo que Dios ha desplegado ante mí en visión: los preciosos
rayos de luz que brillan del trono. . .
"¿Qué voz reconoceréis como la voz de Dios? ¿Qué poder tiene el Señor en reserva para
corregir vuestros errores y mostraros vuestra conducta tal como es? ¿Qué poder
para obrar en la iglesia? Si rehusáis creer hasta que cada sombra de
incertidumbre y cada posibilidad de duda sean quitadas, nunca creeréis. La duda
que demanda perfecto conocimiento nunca dará fruto de fe. La fe descansa sobre
evidencia, no demostración. El Señor requiere de nosotros que obedezcamos la
voz del deber, cuando hay otras voces en torno de nosotros que nos instan a
seguir un proceder opuesto. Se requiere nuestra atención ferviente para
distinguir la voz que habla de parte de Dios. Debemos resistir y vencer la
inclinación y obedecer la voz de la conciencia sin parlamentar o entrar en
componendas, no sea que deje de instarnos y predominen la voluntad propia y el
impulso.
"La palabra del Señor nos viene a todos los que
no hemos resistido a su Espíritu determinando no oír ni obedecer. Esa voz se
oye en amonestaciones, en consejos, en reproches. Es el mensaje de luz del
Señor para su pueblo. Si esperamos que
haya llamadas más fuertes o mejores oportunidades, la luz puede ser retirada y
nosotros dejados en tinieblas. . .
"Me apena decir, mis hermanos, que vuestro
pecaminoso descuido de caminar en la luz os ha envuelto en tinieblas. Podéis
ser ahora sinceros en no reconocer ni obedecer la luz; las dudas que habéis
albergado, vuestro descuido en atender los requerimientos de Dios, han cegado
vuestra percepción de modo que la oscuridad es ahora luz para vosotros y la luz
tinieblas. Dios os ha ordenado que avancéis a la perfección. El cristianismo es
una religión de progreso. La luz de Dios es plena y amplia, y espera que la demandemos.
Cualesquiera bendiciones que el Señor pueda dar, tienen una infinita reserva
más allá, un depósito inextinguible del cual podemos sacar. El escepticismo
puede considerar las demandas sagradas del Evangelio con bromas, burlas y
negaciones. El espíritu de mundanalidad puede contaminar a muchos y dominar a
pocos; la causa de Dios podrá mantenerse firme sólo por grandes esfuerzos y
continuo sacrificio. Sin embargo, triunfará finalmente.
"La palabra es: Avanzad, cumplid vuestro deber
individual y dejad todos los resultados en las manos de Dios. Si avanzamos
donde Jesús nos guía, veremos el triunfo de él y compartiremos su gozo. Debemos
participar en los conflictos si queremos llevar la corona de victoria. Como
Jesús, debemos ser hechos perfectos mediante el sufrimiento. Si la vida de
Cristo hubiese sido cómoda, entonces podríamos fácilmente rendirnos a la
pereza. Puesto que su vida fue señalada por la abnegación, el sufrimiento y el
sacrificio propio continuos, no nos quejaremos si somos participantes con él.
Podemos caminar seguros en la senda más oscura si la Luz del mundo es nuestro
guía. . .
"La última vez que el Señor me presentó vuestro
caso, y me hizo saber que no habíais tomado en cuenta la luz que os había dado,
se me ordenó que os hablara claramente en el nombre del Señor, pues su ira se
había encendido contra vosotros. Estas palabras me fueron dichas: 'Tu obra
proviene de Dios. Muchos no te oirán, pues rehusan oír al gran Maestro; muchos
no serán corregidos, pues sus caminos son rectos ante sus propios ojos. Sin
embargo, preséntales los reproches y amonestaciones que te daré, ya sea que los
escuchen o rehuyan'".
En relación con estas citas, estudiad otra vez el
capítulo "Naturaleza e Influencia de los Testimonios". [En castellano
está en Joyas de los testimonios, tomo 2, págs. 270 - 293 y también en el
capítulo siguiente, págs. 294 - 302.]
La declaración que Ud. cita del Testimonio N 31 [tomo
5, en inglés, pág. 67 -no está en castellano] es correcta: "En estas
cartas que escribo, en el testimonio dado, os presento lo que el Señor me ha
presentado. No escribo un solo artículo en la revista que exprese meramente mis
propias ideas. Son lo que Dios ha desplegado ante mí en visión: los preciosos
rayos de luz que brillan del trono". Esto es verdad en cuanto a los
artículos en nuestras revistas y en los muchos tomos de mis libros. He sido
instruida de acuerdo con la Palabra y en los preceptos de la ley de Dios. He
sido instruida al elegir entre las lecciones de Cristo. ¿ No está de acuerdo
con las enseñanzas de Jesucristo la posición que tomo en mis escritos?
El peligro de afirmaciones engañosas
No he de contestar sí o no a algunas de las preguntas
que Ud. me ha hecho. No debo hacer declaraciones que puedan ser mal
interpretadas. He sido instruida para ver y sentir el peligro de los que están
poniendo en peligro su alma, a veces, por escuchar afirmaciones engañosas
acerca de los mensajes que Dios me ha dado. Mediante muchas distorsiones y
rodeos y falsos razonamientos acerca de lo que he escrito, tratan de vindicar
su incredulidad personal. Estoy triste por mis hermanos que han estado
caminando en la neblina de los recelos, el escepticismo y los falsos
razonamientos. Sé que algunos de ellos serían bendecidos por mensajes de
consuelo si las nubes que oscurecen su visión espiritual pudieran ser
despejadas y así pudieran ver correctamente. Pero no ven con claridad. Por lo
tanto, no me atrevo a comunicarme con ellos. Cuando el Espíritu de Dios disipe
el misticismo, se hallarán fe y consuelo tan completos y esperanza en los
mensajes que se me ha ordenado dar, como se hallaron en ellos en los años
pasados.
La verdad ciertamente ganará la victoria. No duerme,
sino vela Aquel que dio su vida para rescatar al hombre de los engaños de
Satanás. Cuando sus ovejas se aparten de seguir la voz de un extraño, al cual
no pertenecen, se regocijarán otra vez en la voz que habían seguido con amor.
Podemos aprender preciosas lecciones de la vida de
Cristo. Los envidiosos fariseos torcieron los hechos y palabras de Cristo, que,
si se hubieran aceptado debidamente habrían beneficiado su entendimiento
espiritual. En vez de admirar la bondad de Cristo lo acusaron de impiedad en
presencia de sus discípulos. "¿Por qué come vuestro Maestro con los
publicanos y pecadores?" (Mat. 9: 11). En vez de dirigirse a nuestro
bendito Salvador, cuya respuesta los hubiera convencido inmediatamente de su
maldad, hablaron con los discípulos e hicieron sus acusaciones, como levadura
maligna, donde podían hacer gran daño. Si Cristo hubiese sido un hombre impío,
habría perdido su ascendiente sobre el corazón de sus seguidores. Pero debido a
su confianza en Cristo, los discípulos no prestaron oídos a las insinuaciones
de sus perversos acusadores.
Deseando que los discípulos fueran censurados, esos
perversos acusadores fueron a Cristo, vez tras vez, con la pregunta: ¿Por qué
hacen tus discípulos lo que no es correcto? Y cuando juzgaron que nuestro Señor
había faltado, no le hablaron a él sino a sus discípulos, para plantar las
semillas de incredulidad en el corazón de sus seguidores.
Así procedieron para provocar la duda y la disensión.
Utilizaron todo método posible para introducir la duda en el corazón de la
pequeña grey, a fin de que estuviera atenta a algo que pudiera reprimir el bien
y la obra benéfica del Evangelio de Jesucristo.
Una obra de este mismo carácter se efectuará para
influir sobre los verdaderos creyentes de hoy día. El Señor Jesús lee el
corazón. Discierne los intereses y propósitos de los pensamientos de todos los
hombres acerca de él mismo y sus creyentes discípulos. El contesta sus
pensamientos acerca de los criticones: "Los sanos no tienen necesidad de
médico, sino los enfermos" (Mat. 9: 12). Los insolentes fariseos habían
exaltado la idea de su propia piedad y santidad, al paso que estaban listos
para censurar la vida de otros (Carta 206, 1906).
LA MENSAJERA DEL SEÑOR
Anoche, en visión, estuve delante de una congregación
de nuestros hermanos dando un decidido testimonio en cuanto a la verdad
presente y el deber presente. Después del discurso, muchos se me acercaron
haciéndome preguntas. Deseaban tantas explicaciones acerca de este punto y
aquel otro, que dije: "Por favor, uno por uno, no sea que me
confundan".
Y entonces los exhorté diciendo: "Durante años
habéis tenido evidencias de que el Señor me ha dado una obra que hacer. Esas
evidencias difícilmente podrían haber sido mayores de lo que son. ¿Destruiréis
todas esas evidencias como una telaraña ante la sugestión de la incredulidad de
un hombre? Lo que me hace doler el corazón es el hecho de que muchos que ahora
están perplejos y tentados son los que han tenido abundancia de evidencias y
oportunidades para considerar, orar y comprender, y sin embargo, no disciernen
la naturaleza de las sofisterías que se les presentan para influirlos a rechazar
las amonestaciones que Dios ha dado para salvarlos de los engaños de estos
últimos días".
Algunos han tropezado en el hecho de que dije que no
pretendía ser profetisa* y han preguntado: ¿Por qué?
No he tenido otra pretensión sino la de que se me ha
indicado que soy la mensajera del Señor; que él me llamó en mi juventud para
ser su mensajera, para recibir su palabra y dar un mensaje claro y decidido en
el nombre del Señor Jesús.
En mi temprana juventud se me preguntó varias veces:
¿Es Ud. profetisa? Siempre he respondido: Soy la mensajera del Señor. Sé que
muchos me han llamado profetisa, pero no he pretendido ese título. Mi Salvador
me declaró que era su mensajera "Tu obra me indicó es llevar mi palabra.
Surgirán cosas extrañas, y en tu juventud te consagro para que lleves el
mensaje a los errantes, para que lleves la palabra ante los incrédulos y, por
la pluma y de viva voz, reproches al mundo las acciones que no son correctas.
Exhorta usando la Palabra. Haré que mi Palabra te sea manifiesta. No será como
un idioma extraño. En la verdadera elocuencia de la sencillez, con la voz y por
la pluma, los mensajes que te doy se oirán de parte de alguien que nunca ha
aprendido en las escuelas. Mi Espíritu y mi poder estarán contigo.
"No temas a los hombres porque mi escudo te
protegerá. No eres tú la que hablas: es el Señor quien te da los mensajes de
admonición y reprensión. Nunca te desvíes de la verdad bajo ninguna
circunstancia. Da la luz que te daré. Los mensajes para estos últimos días
serán escritos en libros y permanecerán inmortalizados para testificar contra
los que una vez se regocijaron en la luz, pero que han sido inducidos a
renunciar a ella debido a las seductoras influencias del mal".
¿Por qué no he pretendido ser profetisa? Porque en
estos días muchos que osadamente pretenden ser profetas son un baldón para la
causa de Cristo, y porque mi obra incluye mucho más de lo que significa la
palabra "profeta".
Cuando esta obra me fue dada por primera vez, le
rogué al Señor que la responsabilidad fuera puesta sobre algún otro. La obra
era tan grande, amplia y profunda que temí no poder hacerla. Pero por su
Espíritu Santo el Señor me ha capacitado para realizar la obra que me dio para
hacer.
Una obra de muchos aspectos
Dios me ha aclarado las diversas formas en las que me
usaría para hacer avanzar una obra especial. Se me han dado visiones con la
promesa: "Si presentas fielmente los mensajes y resistes hasta el fin,
comerás del fruto del árbol de la vida y beberás del agua del río de la
vida".
El Señor me dio gran luz acerca de la reforma pro
salud. Junto con mi esposo, había de efectuar obra médico misionera. Había de
dar ejemplo a la iglesia llevando a los enfermos a mi hogar y cuidando de
ellos. Esto he hecho, dando a mujeres y niños vigorosos tratamientos. También
debía hablar sobre el tema de la temperancia cristiana, como la mensajera
señalada por el Señor. Me ocupé vigorosamente de esa obra, y hablé a grandes
congregaciones sobre temperancia en su sentido más amplio y verdadero.
Se me instruyó que siempre impresionara a los que
profesan creer la verdad con la necesidad de practicar la verdad. Esto
significa santificación, y la santificación significa el cultivo y desarrollo
de cada talento para el servicio del Señor.
Se me encargó que no descuidará ni pasara por alto a
los que eran víctimas de injusticias. Se me encargó especialmente que
protestara contra un proceder despótico o arbitrario hacia los ministros del
Evangelio de parte de los que tienen autoridad oficial. Aunque es desagradable
ese deber, debo reprochar al opresor y pedir justicia. Debo presentar la
necesidad de preservar justicia y equidad en todas nuestras instituciones.
Si veo que los que están en posiciones de
responsabilidad descuidan a ministros ancianos, debo presentar el asunto a
aquellos cuyo deber es cuidarlos. Los ministros que han realizado fielmente su
obra no han de ser olvidados ni descuidados cuando se quebrante su salud.
Nuestras asociaciones no han de descuidar las necesidades de los que han
llevado las responsabilidades de la obra. Después de que Juan había envejecido
en el servicio del Señor fue desterrado a Patmos. Y en esa isla solitaria
recibió más comunicaciones del cielo que las que había recibido durante el
resto de su vida.
Después que me casé, se me instruyó que debía mostrar
un interés especial en huérfanos de padre y madre, tomando algunos bajo mi
cuidado durante un tiempo y luego buscando hogares para ellos. Así daría a
otros un ejemplo de lo que podrían hacer.
Aunque fui llamada a viajar frecuentemente y a escribir
mucho, he tomado a niños de tres y cinco años de edad, y he cuidado de ellos,
los he educado y preparado para puestos de responsabilidad. A veces he recibido
en mi hogar a muchachos de diez a dieciséis años, dándoles cuidado maternal y
preparación para servir. He sentido que era mi deber presentar delante de
nuestro pueblo esa obra por la cual deberían sentir una responsabilidad los
miembros de cada iglesia.
Mientras estaba en Australia, realicé esta misma
clase de obra recibiendo en mi hogar a huerfanitos que se encontraban en
peligro de quedar expuestos a las tentaciones que podrían ocasionar la pérdida
de su alma.
En Australia, nosotros* también trabajamos como
misioneros ocupados en obra médica cristiana. A veces convertía mi hogar, de
Cooranbong, en un asilo para los enfermos y afligidos. Mi secretaria, que se
había preparado en el Sanatorio de Battle Creek, estaba a mi lado y efectuaba
la obra de enfermera misionera. No cobraba nada por sus servicios, y ganábamos
la confianza de la gente por el interés que manifestábamos en los enfermos y
dolientes. Después de un tiempo, se construyó el Asilo de Salud de Cooranbong y
así quedamos aliviados de esa preocupación.
Nada de pretensiones jactanciosas
Nunca he pretendido ser profetisa. Si otros me llaman
así, no les discuto. Pero mi obra ha abarcado tantos aspectos, que no puedo
llamarme sino mensajera, enviada para dar un mensaje del Señor a su pueblo y
para ocuparme de cualquier actividad que él me señale.
La última vez que estuve en Battle Creek, dije
delante de una gran congregación que no pretendía ser profetisa. Dos veces me
referí a este asunto, con el propósito de hacer cada vez esta declaración:
"No pretendo ser profetisa". Si digo algo diferente a esto, entiendan
todos ahora que lo que quería decir era que no pretendo el título de profeta o
profetisa.
Entendí que algunos estaban ansiosos de saber si la
Sra. de White sostenía todavía los mismos puntos de vista de hace años cuando
la oyeron hablar en la arboleda del sanatorio, en el tabernáculo y en los
congresos celebrados en los suburbios de Battle Creek. Les aseguré que el
mensaje que ella presenta hoy es el mismo que ha estado dando durante los
sesenta años de su ministerio público. Tiene el mismo servicio que hacer para
el Maestro que el que le fue confiado en su adolescencia. Ella recibe lecciones
del mismo Instructor. Las direcciones que se le dan son: "Haz conocer a
otros lo que te he revelado. Redacta los mensajes que te doy, para que la gente
pueda tenerlos". Esto es lo que se ha esforzado por hacer ella.
He escrito muchos libros y se los ha hecho circular
ampliamente. De mí misma, yo no podría haber puesto la verdad en esos libros,
pero el Señor me ha dado la ayuda de su Espíritu Santo. Esos libros, que dan la
instrucción que el Señor me ha dado durante los últimos sesenta años, contienen
luz del cielo y soportarán la prueba de la investigación.
Sigo aún trabajando con esfuerzo a la edad de setenta
y ocho años. Estamos todos en las manos del Señor. Confío en él, porque sé que
nunca dejará o abandonará a los que ponen su confianza en él. Me he entregado a
su cuidado.
"Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo
Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio"
(1 Tim. 1: 12) (The Review and Herald, 26 de julio de 1906).
La obra de un profeta y más.
Durante el discurso dije que no pretendía ser
profetisa. Algunos se sorprendieron ante esta declaración, y como mucho se está
diciendo acerca de esto, daré una explicación. Otros me han llamado profetisa,
pero nunca pretendí ese título. No he sentido que era mi deber designarme así.
Los que osadamente pretenden que son profetas en éste nuestro día, son con
frecuencia un baldón para la causa de Cristo.
Mi obra incluye mucho más de lo que significa ese
nombre. Me considero a mí misma como una mensajera, a quien el Señor le ha
confiado mensajes para su pueblo (Carta 55, 1905).
Ahora he sido instruida que no debo ser estorbada en
mi obra por aquellos que se ocupan en hacer suposiciones acerca de la
naturaleza de ella, cuyas mentes están luchando con tantos problemas
intrincados referentes a la supuesta obra de un profeta. Mi misión abarca la
obra de un profeta pero no termina allí. Abarca mucho más de lo que puedan
comprender las mentes de los que han estado sembrando las semillas de
incredulidad (Carta 244, 1906. Dirigida a los ancianos de la Iglesia de Battle
Creek).
RECIBIENDO E IMPARTIENDO LA LUZ
Puesto que se han hecho frecuentemente preguntas en
cuanto al estado en que estoy durante la visión y después de que salgo de ella,
diré que cuando el Señor cree oportuno dar una visión, soy llevada a la
presencia de Jesús y de los ángeles y estoy completamente perdida en cuanto a
las cosas terrenales. No puedo ver más allá de lo que los ángeles me señalan.
Mi atención con frecuencia es dirigida a escenas que suceden en la tierra.
A veces soy llevada muy lejos en lo futuro, y se me
muestra lo que ha de suceder. Luego otra vez se me muestran cosas que han
ocurrido en lo pasado. Después de que salgo de la visión, no recuerdo
inmediatamente todo lo que he visto y el asunto no es tan claro delante de mí
hasta que escribo. Entonces la escena surge delante de mí como fue presentada
en visión y puedo escribir con libertad. A veces las cosas que he visto están
ocultas de mí después que salgo de la visión y no puedo recordarlas hasta que
soy llevada delante de una congregación donde se aplica la visión. Entonces
vienen con fuerza a mi mente las cosas que he visto. Dependo tanto del Espíritu
del Señor para relatar o escribir una visión como para tenerla. Es imposible
que yo recuerde cosas que me han sido mostradas a menos que el Señor las haga
surgir delante de mí en el momento que a él le place que yo las relate o
escriba (Spiritual Gifts [ Dones espirituales ], tomo 2, págs. 292, 293 año
1860).
Aunque dependo tanto del Espíritu del Señor para
escribir mis visiones como para recibirlas, sin embargo las palabras que empleo
para describir lo que he visto son mías, a menos que sean las que me habló un
ángel, las que siempre incluyo entre comillas (The Review and Herald, 8 de
octubre de 1867).
Se levanta la pregunta: ¿Cómo sabe la Hna. White en
cuanto a los asuntos de los cuales habla tan decididamente, como si tuviera
autoridad para decir esas cosas? Hablo así porque brillan en mi mente, cuando
estoy en perplejidad, como un relámpago que sale de una nube oscura en la furia
de una tormenta. Algunas escenas que fueron presentadas ante mí hace años, no
han sido retenidas en mi memoria, pero cuando es necesaria la instrucción
entonces dada, a veces, aun cuando estoy delante de la gente, el recuerdo viene
nítido y claro, como el destello de un relámpago, que me hace recordar
claramente esa instrucción particular. En tales ocasiones, no puedo menos que
decir las cosas que refulgen en mi mente, no porque haya tenido una nueva
visión, sino porque aquélla que me fue presentada quizá hace años ha sido
llevada a mi mente con fuerza ( The Writing and Sending Out of the Testimonies
[La redacción y distribución de los testimonios] pág. 24).
NO HAY PRETENSIÓN DE INFALIBILIDAD
Tenemos muchas lecciones que aprender y muchísimas
que desaprender. Sólo Dios y el cielo son infalibles. Quedarán chasqueados los
que piensan que nunca tendrán que abandonar un punto de vista favorito, que
nunca tendrán la ocasión de cambiar una opinión. Mientras nos aferremos a
nuestras propias ideas y opiniones con persistencia determinada, no podremos
tener la unidad por la cual oró Cristo ( The Review and Herald, 26 de julio de
1892).
Acerca de la infalibilidad, nunca pretendí tenerla.
Sólo Dios es infalible. Su palabra es verdad y en él no hay cambio ni sombra de
variación (Carta 10, 1895).
LO SAGRADO Y LO COMÚN
Sanatorio, California, 5 de marzo de 1909
Estoy preocupada en cuanto al Hno. A, que por un
tiempo ha sido obrero en el sur de California. Ha hecho algunas extrañas
declaraciones y me da pena verlo negando los testimonios en su conjunto por lo
que a él le parece una contradicción: una declaración hecha por mí en cuanto al
número de habitaciones del Sanatorio de Paradise Valley. El Hno. A dice que en
una carta escrita a uno de los hermanos del sur de California, hice la
declaración de que el sanatorio tiene cuarenta habitaciones, cuando en realidad
hay sólo treinta y ocho. El Hno. A me da esto como una razón para haber perdido
su confianza en los testimonios...
La información dada en cuanto al número de
habitaciones del Sanatorio de Paradise Valley no fue dada como una revelación
del Señor sino simplemente como una opinión humana. Nunca me ha sido revelado
el número exacto de habitaciones de ninguno de nuestros sanatorios, y el
conocimiento que tengo en cuanto a tales cosas lo he obtenido preguntando a los
que suponía que estaban informados. En mis palabras, cuando hablo acerca de
estos temas comunes, no hay nada para inducir a la mente a creer que recibo mi
conocimiento en una visión del Señor y que presento eso como tal. . .
Cuando el Espíritu Santo revela alguna cosa acerca de
las instituciones de la obra del Señor, o acerca de la obra de Dios en el
corazón y la mente de los hombres, como ha revelado esas cosas a través de mí
en lo pasado, el mensaje dado ha de ser considerado como luz dada por Dios para
aquellos que la necesitan. Pero es un gran error que uno mezcle lo sagrado con
lo común. En una tendencia a hacer esto podemos ver la obra del enemigo para
destruir las almas.
A cada alma que Dios ha creado le ha dado talentos
para servirle, pero Satanás procura hacer difícil esta obra de servicio
mediante su continua tentación para descarriar a las almas. Obra para procurar
oscurecer las percepciones espirituales para que los hombres no distingan entre
lo que es común y lo que es santo. Se me ha hecho conocer esta distinción
mediante una vida de servicio para mi Señor y Maestro. . .
Recibí el mensaje: Dedícate a la obra más excelsa jamás
confiada a los mortales. Te daré elevadas aspiraciones y facultades y un
verdadero sentido de la obra de Cristo. No eres tuya, pues fuiste comprada por
un precio, por la vida y muerte del Hijo de Dios. Dios demanda tu corazón de
niña y tu servicio bajo la santificación del Espíritu Santo.
Me entregué a mí misma a Dios, todo mi ser, para
obedecer a su vocación en todo, y desde entonces mi vida ha transcurrido dando
el mensaje con mi pluma y oralmente delante de grandes congregaciones. No soy
yo la que determino mis palabras y acciones en tales momentos.
Sin embargo, hay oportunidades cuando deben
declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben
escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero
a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración
especial del Espíritu de Dios. Se hacen preguntas a veces que no tienen nada
que ver con temas religiosos, y esas preguntas deben ser contestadas.
Conversamos acerca de casas y tierras, transacciones comerciales y ubicación
para nuestras instituciones, sus ventajas y desventajas.
Recibo cartas en las que se me pide consejo en cuanto a muchos temas extraños, y aconsejo de acuerdo con la luz que se me ha dado. Vez tras vez los hombres se han opuesto al consejo que se me instruyó que diera porque no querían recibir la luz dada, y tales casos me han inducido a buscar al Señor con todo fervor (Manuscrito 107, 1909).