LA LLEGADA de Silas y Timoteo desde Macedonia,
durante la permanencia de Pablo en Corinto, había alegrado grandemente al
apóstol. Ellos le trajeron buenas
nuevas de la "fe y caridad" de aquellos que habían aceptado la verdad
durante la primera visita de los mensajeros evangélicos a Tesalónica. El corazón de Pablo simpatizaba tiernamente
con esos creyentes, que, en medio de la prueba y la adversidad, habían permanecido
fieles a Dios. Anhelaba visitarlos en
persona, pero como no podía hacerlo entonces, les escribió.
En esta carta a la iglesia de Tesalónica, el apóstol
expresa su gratitud a Dios por las alegres nuevas de su aumento de fe.
"Hermanos escribió, recibimos consolación de vosotros en toda nuestra
necesidad y aflicción por causa de vuestra fe: porque ahora vivimos, si
vosotros estáis firmes en el Señor. Por lo cual, ¿qué hacimiento de gracias
podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa
de vosotros delante de nuestro Dios, orando de noche y de día con grande
instancia, que veamos vuestro rostro, y que cumplamos lo que falta a vuestra fe
?"
"Damos siempre gracias a Dios por todos
vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones; sin cesar
acordándonos delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, y del
trabajo de amor, y de la tolerancia de la esperanza del Señor nuestro
Jesucristo."
Muchos de los creyentes de Tesalónica se habían
vuelto "de los ídolos . . . al Dios vivo y verdadero." Habían recibido "la palabra con mucha
tribulación;" y sus corazones estaban llenos del "gozo del Espíritu
Santo." El apóstol declaró que por su fidelidad en seguir al Señor, eran
"ejemplo a todos los que" habían "creído en Macedonia y en
Acaya." Estas palabras de alabanza no eran inmerecidas; "porque de
vosotros escribió ha sido divulgada la palabra del Señor no sólo en Macedonia
y en Acaya, mas aun en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido."
Los creyentes tesalonicenses eran verdaderos
misioneros. Sus corazones ardían de
celo por el Salvador que los había librado del temor y "de la ira que ha
de venir." Por la gracia de Cristo,
se había producido una maravillosa transformación en sus vidas; y la palabra
del Señor, hablada por ellos, era acompañada de poder. Los corazones eran ganados por las verdades
presentadas, y almas eran añadidas al número de los creyentes.
En esta primera epístola, Pablo se refirió a su
manera de trabajar entre los tesalonicenses.
Declaró que no había tratado de ganar conversos por medio del engaño o
dolo. "Según fuimos aprobados de Dios para que se nos encargase el
evangelio, así hablamos; no como los que agradan a los hombres, sino a Dios, el
cual prueba nuestros corazones. Porque
nunca fuimos lisonjeros en la palabra, como sabéis, ni tocados de avaricia;
Dios es testigo; ni buscamos de los hombres gloria, ni de vosotros, ni de
otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo. Antes fuimos blandos entre vosotros como la
que cría, que regala a sus hijos: tan amadores de vosotros, que quisiéramos
entregaros no sólo el evangelio de Dios, mas aun nuestras propias almas; porque
nos erais carísimos."
"Vosotros sois testigos, y Dios continúa el
apóstol, de cuán santa y justa e irreprensiblemente nos condujimos con
vosotros que creísteis: así como sabéis de qué modo exhortábamos y consolábamos
a cada uno de vosotros, como el padre a sus hijos. Y os protestábamos que
anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.
"Por lo cual, también nosotros damos gracias a
Dios sin cesar, de que habiendo recibido la palabra de Dios que oísteis de
nosotros, recibisteis no palabra de
hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, el cual obra en vosotros
los que creísteis." "Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o
corona de que me gloríe? ¿No sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo
en su venida ? Que vosotros sois nuestra gloria y gozo."
En su primera epístola a los creyentes
tesalonicenses, Pablo se esforzó por instruirlos respecto al verdadero estado
de los muertos. Dijo que los muertos dormían en la inconsciencia:
"Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que
no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y
resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús....
Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de
Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero: luego
nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos
arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre
con el Señor."
Los tesalonicenses se habían aferrado ansiosamente a
la idea de que Cristo estaba por venir para transformar a los fieles que
vivían, y llevarlos consigo. Habían
protegido cuidadosamente la vida de sus amigos, para que no murieran y
perdieran la bendición que ellos esperaban recibir al venir su Señor. Pero sus amados, uno tras otro, les habían
sido arrebatados; y con angustia los tesalonicenses habían mirado por última
vez los rostros de sus muertos, atreviéndose apenas a esperar encontrarlos en
la vida futura.
Cuando abrieron y leyeron la epístola de Pablo, las
palabras referentes al verdadero estado de los muertos proporcionaron gran gozo
y consuelo a la iglesia. Pablo mostró
que aquellos que vivieran cuando Cristo viniese no irían antes al encuentro de
su Señor que aquellos que hubieran dormido en Jesús. La voz del arcángel y la trompeta de Dios alcanzarían a los que
durmieran, y los muertos en Cristo resucitarían primero, antes que el toque de
la inmortalidad se concediera a los vivos. "Luego nosotros, los que
vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las
nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, consolaos los unos a los otros en
estas palabras."
Difícilmente podemos apreciar la esperanza y el gozo
que esta seguridad proporcionó a la joven iglesia de Tesalónica. Ellos creyeron y atesoraron la carta que les
envió su padre en el Evangelio, y sus corazones se llenaron de amor a él. El les había dicho estas cosas antes; pero
en aquel entonces sus mentes estaban tratando de asimilar doctrinas que les
parecían nuevas y extrañas; y no es sorprendente que la fuerza de algunos
puntos no se había impresionado vívidamente en su espíritu. Pero tenían hambre de la verdad, y la
epístola de Pablo les dio nueva esperanza y fuerza, y una fe más firme en Aquel
cuya muerte había sacado a luz la vida y la inmortalidad, y les dio un afecto
más profundo por él.
Ahora se regocijaban en el conocimiento de que sus
amados amigos se levantarían de la tumba, para vivir para siempre en el reino
de Dios. Las tinieblas que habían
envuelto el lugar de descanso de los muertos se disiparon. Un nuevo esplendor coronó la fe cristiana, y
vieron una nueva gloria en la vida, la muerte y la resurrección de Cristo.
"También traerá Dios con él a los que durmieron
en Jesús," escribió Pablo. Muchos interpretan este pasaje como si
significara que los que duermen serán traídos con Cristo desde el cielo, pero
según Pablo, como Cristo se levantó de los muertos, así Dios traerá de sus
tumbas a los santos que durmieron, y los llevará con él al cielo. ¡Qué precioso
consuelo! ¡Qué gloriosa esperanza ! no sólo para la iglesia de Tesalónica, sino
para todos los cristianos dondequiera que estén.
Mientras Pablo trabajaba en Tesalónica, había
explicado tan plenamente el asunto de las señales de los tiempos, mostrando qué
acontecimientos iban a suceder antes de la manifestación del Hijo del hombre en
las nubes del cielo, que no consideró necesario escribirles largamente en
cuanto a este asunto. Se refirió, sin
embargo, enfáticamente a sus enseñanzas anteriores. "Acerca de los tiempos y los momentos dijo, no tenéis,
hermanos, necesidad de que yo os escriba: porque vosotros sabéis bien, que el
día del Señor vendrá así como ladrón de noche, que cuando dirán, Paz y
seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción de repente."
Son muchos hoy en el mundo los que cierran los ojos a
las evidencias que Cristo dio para advertir a los hombres de su
advenimiento. Tratan de aquietar toda
aprensión, mientras las señales del fin se cumplen rápidamente, y el mundo se
precipita hacia el tiempo cuando el Hijo del hombre se manifestará en las nubes
del cielo. Pablo enseña que es pecaminoso ser indiferente para con las señales
que han de preceder a la segunda venida de Cristo. A los culpables de este descuido, los llama hijos de la noche y
de las tinieblas. Anima a los
vigilantes y despiertos con estas palabras: "Mas vosotros, hermanos, no
estáis en tinieblas, para que aquel día os sobrecoja como ladrón; porque todos
vosotros sois hijos de luz, e hijos del día; no somos de la noche, ni de las
tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás; antes velemos y seamos
sobrios."
Son especialmente importantes para la iglesia de
nuestro tiempo las enseñanzas del apóstol sobre este punto. Para los que viven tan cerca de la gran
consumación, deberían tener notable fuerza las palabras del apóstol: "Mas
nosotros, que somos del día, estemos sobrios, vestidos de cota de fe y de
caridad, y la esperanza de salud por yelmo.
Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salud por
nuestro Señor Jesucristo; el cual murió por nosotros, para que o que velemos, o
que durmamos, vivamos juntamente con él."
El cristiano vigilante es el cristiano que trabaja,
que procura celosamente hacer todo lo que puede para el adelantamiento del
Evangelio. Como crece el amor por su
Redentor, así también crece su amor por su prójimo. Tiene severas pruebas, como su Señor; pero no permite que las
aflicciones agríen su temperamento y destruyan
su paz mental. Sabe que la prueba, si
se la soporta bien, le refinará y purificará, y le unirá más con Cristo. Los que son participantes de los
sufrimientos de Cristo, serán también participantes de su consolación, y al fin
compartirán también su gloria.
"Os rogamos, hermanos continuó Pablo en su
carta a los tesalonicenses, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros,
y os presiden en el Señor, y os amonestan: y que los tengáis en mucha estima
por amor de su obra. Tened paz los unos
con los otros."
Los creyentes tesalonicenses se veían muy molestados
por hombres que se levantaban entre ellos con ideas y doctrinas fanáticas.
Algunos andaban "fuera de orden, no trabajando en nada, sino ocupados en
curiosear." La iglesia había sido
debidamente organizada, y se habían nombrado dirigentes para que actuaran como
ministros y diáconos. Pero había
algunos voluntariosos e impetuosos que rehusaban someterse a aquellos que
ocupaban puestos de autoridad en la iglesia.
Los tales aseveraban tener no solamente derecho a juzgar por su cuenta,
sino también a presentar insistentemente sus conceptos a la iglesia. En vista de esto, Pablo llamó la atención de
los tesalonicenses al respeto y la deferencia debidos a aquellos que habían
sido escogidos para ocupar puestos de autoridad en la iglesia.
En su ansia de que los creyentes de Tesalónica
anduvieran en el temor de Dios, el apóstol les suplicó que manifestaran piedad
práctica en la vida diaria. "Resta pues, hermanos escribió, que os
roguemos y exhortemos en el Señor Jesús, que de la manera que fuisteis
enseñados de nosotros de cómo os conviene andar, y agradar a Dios, así vayáis
creciendo. Porque ya sabéis qué
mandamientos os dimos por el Señor Jesús.
Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de
fornicación." "Porque no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a
santificación."
El apóstol Pablo sentía que era responsable en gran
medida del bienestar espiritual de aquellos que se convertían por sus labores.
Deseaba que crecieran en el conocimiento del único Dios verdadero y de
Jesucristo, a quien había enviado. A
menudo en su ministerio se encontraba con pequeños grupos de hombres y mujeres
que amaban a Jesús, y se postraba en oración con ellos para pedir a Dios que
les enseñara cómo mantener una relación vital con él. A menudo se reunía en consejo con ellos para estudiar los mejores
métodos de dar a otros la luz de la verdad evangélica. Y a menudo, cuando
estaba separado de aquellos con quienes había trabajado así, suplicaba a Dios
que los guardara del mal, y les ayudara a ser misioneros fervientes y activos.
Una de las mayores evidencias de la verdadera
conversión es el amor a Dios y al hombre.
Los que aceptan a Jesús como su Redentor tienen un profundo y sincero
amor por otros de la misma preciosa fe.
Eso pasaba con los creyentes de Tesalónica. "Mas acerca de la
caridad fraterna escribió el apóstol no habéis menester que os escriba:
porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis los unos a los
otros; y también lo hacéis así con todos los hermanos que están por toda
Macedonia. Empero os rogamos, hermanos,
que abundéis más; y que procuréis tener quietud, y hacer vuestros negocios, y
obréis de vuestras manos de la manera que os hemos mandado; a fin de que andéis
honestamente para con los extraños, y no necesitéis de nada."
"Y a vosotros multiplique el Señor, y haga
abundar el amor entre vosotros, y para con todos, como es también de nosotros
para con vosotros; para que sean confirmados vuestros corazones en santidad,
irreprensibles delante de Dios y nuestro Padre para la venida de nuestro Señor
Jesucristo con todos sus santos."
"También os rogamos, hermanos, que amonestéis a
los que andan desordenadamente, que consoléis a los de poco ánimo, que
soportéis a los flacos, que seáis sufridos para con todos. Mirad que ninguno dé a otro mal por mal; antes
seguid lo bueno siempre los unos para con los otros, y para con todos. Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo; porque esta es la
voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús."
El apóstol amonestó a los tesalonicenses a no despreciar
el don de profecía, y con las palabras:
"No apaguéis el Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno," les
ordenó que distinguieran cuidadosamente entre lo falso y lo verdadero. Les mandó que se abstuvieran de "toda
especie de mal;" y termina su carta con la oración de que Dios los
santifique en todo, para que su "espíritu y alma y cuerpo sea guardado
entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os ha llamado añadió; el
cual también lo hará."
La instrucción que el apóstol envió a los
tesalonicenses en su primera carta en cuanto a la segunda venida de Cristo,
estaba perfectamente de acuerdo con su enseñanza anterior. Sin embargo, sus palabras fueron mal interpretadas
por algunos hermanos tesalonicenses.
Entendieron que él expresó la esperanza de que él mismo viviría para
presenciar el advenimiento del Salvador.
Esto aumentó su entusiasmo y excitación. Aquellos que habían descuidado anteriormente sus
responsabilidades y deberes, se volvieron ahora más persistentes en imponer sus
conceptos erróneos.
En su segunda carta, Pablo procuró corregir su
errónea comprensión de la enseñanza que les había dado, y trató de presentarles
lo que en verdad creía. Expresó de
nuevo su confianza en la integridad de ellos, así como su gratitud porque la fe
de ellos era fuerte y porque abundaban en amor mutuo y para con la causa de su
Señor. Les dijo que los presentaba a
otras iglesias como ejemplo de la fe paciente y perseverante que soporta valerosamente
persecución y tribulación; y dirigió su atención hacia el tiempo de la segunda
venida de Cristo, cuando el pueblo de Dios descansará de todos sus cuidados y
perplejidades.
"Nosotros mismos escribió nos gloriarnos de vosotros
en las iglesias de Dios, de vuestra paciencia y fe en todas vuestras
persecuciones y tribulaciones que
sufrís: . . . Y a vosotros que sois atribulados, dar reposo con
nosotros, cuando se manifestará el Señor Jesús del cielo con los ángeles de su
potencia, en llama de fuego, para dar el pago a los que no conocieron a Dios,
ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales serán
castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de
su potencia.... Por lo cual, asimismo oramos siempre por vosotros, que nuestro
Dios os tenga por dignos de su vocación, e hincha de bondad todo buen intento,
y toda obra de fe con potencia, para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo
sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y
del Señor Jesucristo."
Pero antes de la venida de Cristo, iban a producirse
importantes acontecimientos en el mundo religioso, predichos en la
profecía. El apóstol declaró: "No
os mováis fácilmente de vuestro sentimiento, ni os conturbéis ni por espíritu,
ni por palabra, ni por carta como nuestra, como que el día del Señor esté
cerca. No os engañe nadie en ninguna
manera; porque no vendrá sin que venga antes la apostasía, y se manifieste el
hombre de pecado, el hijo de perdición, oponiéndose y levantándose contra todo
lo que se llama Dios, o que se adora; tanto que se asiente en el templo de Dios
como Dios, haciéndose parecer Dios."
Las palabras de Pablo no debían ser mal
entendidas. No estaban destinadas a
enseñar que él, por revelación especial, había anunciado a los tesalonicenses
la inmediata venida de Cristo. Esa idea
hubiera provocado confusión de fe; porque el desengaño conduce a menudo a la
incredulidad. El apóstol, por lo tanto,
previno a los hermanos que no recibiesen tal mensaje como si viniera de él; y
procedió a recalcar el hecho de que el poder papal, tan claramente descrito por
el profeta Daniel, estaba todavía por levantarse y que guerrearía contra el
pueblo de Dios. Hasta que ese poder no
realizara su obra mortal y blasfema,
sería inútil para la iglesia esperar la venida de su Señor. "¿No os
acordáis preguntó Pablo que cuando estaba todavía con vosotros, os decía
esto?"
Terribles habrían de ser las pruebas que
sobrevendrían a la verdadera iglesia.
Ya en el tiempo en que el apóstol Pablo escribía, el "misterio de
iniquidad" había comenzado a obrar.
Los sucesos que se iban a producir en lo futuro serían "según
operación de Satanás, con grande potencia, y señales, y milagros mentirosos, y
con todo engaño de iniquidad en los que perecen."
Especialmente solemne es la declaración del apóstol
respecto a aquellos que rehusaran recibir "el amor de la
verdad." "Por tanto, pues declaró
concerniente a todos los que deliberadamente rechazaran los mensajes de verdad,
les envía Dios operación de error, para que crean a la mentira; para que sean
condenados todos los que no creyeron a la verdad, antes consintieron a la
iniquidad." Los hombres no pueden rechazar con impunidad las
amonestaciones que Dios les envía en su misericordia. De aquellos que persisten
en apartarse de sus amonestaciones, Dios retira su Espíritu y los abandona a
los engaños que aman.
Así bosquejó Pablo la nefasta obra de aquel poder del
mal que subsistiría durante largos siglos de tinieblas y persecución antes de
la segunda venida de Cristo. Los
creyentes tesalonicenses habían esperado inmediata liberación; ahora se les
alentó a emprender valerosamente, en el temor de Dios, la obra que tenían por
delante. El apóstol les recomendó que no descuidaran sus deberes ni se
entregaran a la espera ociosa. Después
de sus brillantes expectativas de inmediata liberación, la rutina de la vida
diaria y la oposición que debían afrontar podían parecerles doblemente penosas.
Por lo tanto los exhortó a estar firmes en la fe:
"Estad firmes, y retened la doctrina que habéis
aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. Y el mismo Señor nuestro Jesucristo, y Dios y Padre nuestro, el
cual nos amó, y nos dio consolación eterna, y buena esperanza por gracia,
consuele vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y
obra." "Mas fiel es el Señor,
que os confirmará y guardará del mal. Y
tenemos confianza de vosotros en el Señor, que hacéis y haréis lo que os hemos
mandado. Y el Señor enderece vuestros corazones en el amor de Dios, y en la
paciencia de Cristo."
La obra de los creyentes les había sido dada por
Dios. Por su fiel adhesión a la verdad
habían de dar a otros la luz que habían recibido. El apóstol les recomendó que no se cansaran de hacer el bien, y
les señaló su propio ejemplo de diligencia en los asuntos temporales mientras
trabajaba con incansable celo en la causa de Cristo. Reprobó a aquellos que se habían entregado a la pereza y a la
excitación sin propósito, y les indicó que, "trabajando con reposo,"
comieran "su pan." También ordenó a la iglesia que excluyera de su
comunión a cualquiera que persistiera en descuidar la instrucción dada por los
ministros de Dios. "Mas no lo
tengáis como a enemigo añadió, sino amonestadle como a hermano."
También esta epístola la termina Pablo con una
oración, en la que pide que en medio de los afanes y pruebas de la vida, la paz
de Dios y la gracia del Señor Jesucristo los consolasen y sostuviesen.