Prefacio
En todas las épocas de la triste y contradictoria
carrera del mundo, Dios ha tenido sus testigos. En la naturaleza, la hierba y las flores, los matorrales y los
arbustos, los valles y las llanuras, las montañas y las colinas, los ríos y los
lagos, los mares y la tierra, han dado testimonio de su sabiduría, habilidad y
bondad.
Los cielos han dado testimonio de su poder, su
omnisciencia y su divinidad. Los
flamígeros orbes y resplandecientes estrellas han declarado con lenguas de luz
la gloria de Dios, y revelado a los hombres la hermosura de sus obras.
Durante siglos, su Palabra bienaventurada, viva y
escrita, ha relatado la historia de su amor creador y redentor, e invitado
fervorosamente a los hombres a acudir a él para hallar justicia, paz y
descanso.
Preeminentemente, se destaca a través de los siglos
el Testigo Fiel y Verdadero, nuestro Señor Jesucristo, la Palabra de Dios
encarnada, la plenitud de judíos y gentiles.
Siguiendo en orden al Hijo divino, y mayor aún en su
influencia directa, es la manifestación de la vida de nuestro Señor entre los
hombres. Dios se deleita en tomar al
ser humano imperfecto y transformarlo para "alabanza de la gloria de su
gracia." Lo hizo de una manera
supereminente después de la resurrección de nuestro Señor. El testimonio de
Dios en los apóstoles y evangelistas fue el testimonio de una humanidad regenerada, creada de nuevo y
engrandecida. Al pescador, al escriba,
al estudiante, al médico, al hacedor de tiendas, habían sido reveladas visiones
de Dios; y esas visiones, en el poder de Cristo, hicieron de los hombres que
temían a Dios, pero no temblaban ante el rostro de los hombres, seres que
moldearon los siglos siguientes.
A sus volúmenes maravillosamente instructivos de la
serie: Patriarcas y Profetas, El deseado de Todas las Gentes y El Conflicto de
los Siglos, la autora añadió Los Hechos de los Apóstoles, donde estudia los
anales de los que testificaron por Dios después de la vida de nuestro Señor.
Este libro inspirado arroja raudales de luz sobre la
iglesia apostólica y el portentoso significado que tiene para nosotros en este
tiempo. La iglesia militante exige una iglesia triunfante. En toda su guerra, sus pruebas, sus derrotas,
ha tenido la visión de su victoria. Sobre todos los ruidos discordantes de la
tierra, ha oído la voz alentadora de su Capitán. El que sufrió por sus hijos los está escogiendo para que reinen
con él. El que vino a morir en la
humillación, el Doliente, vuelve en gloria, como el que ha de reinar para
siempre.
Los editores se alegran por tener oportunidad de dar a las almas expectantes,
anhelantes, fervorosas, y al público en general, que busca la salvación en
Cristo Jesús, este libro valioso, esta historia de los testigos de Dios.