CÓMO SE ESCRIBIERON LOS LIBROS DE ELENA DE WHITE
SERMONES DIRIGIDOS A LOS PROFESORES Y
ESTUDIANTES EN
Por W. C. White
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Preguntas y Respuestas]
Cómo se escribió El Deseado de todas las
gentes
La tarea de los asistentes literarios de
la Sra. White
Los copistas y secretarios de Elena G. de
White
Trabajo editorial en El Deseado de todas
las gentes
Se completa la historia del conflicto
Tengo en mi mano izquierda un pequeño libro de 219 páginas. En este pequeño
volumen se encuentra un breve resumen de “La gran controversia entre Cristo y
sus ángeles y Satanás y sus ángeles”. Éste fue el primer intento de Elena G. de
White por describir este conflicto como ocurrió en las vidas de los patriarcas,
la vida de Cristo y sus apóstoles, y los héroes de la iglesia cristiana, así
como también su desarrollo en los momentos finales de dicho conflicto. Este
libro salió en 1858, unos setenta y siete años atrás.
En mi mano derecha, tengo cuatro grandes volúmenes, que cubren el mismo
tema, y con la mayor parte de la historia mucho más ampliada. El título de tapa
de esta serie es “Spirit of Prophecy” [Espíritu de Profecía]. El título
interior es “La gran controversia entre Cristo y sus ángeles y Satanás y sus
ángeles”. El primer volumen se imprimió en 1870, el segundo en 1877, el tercero
en 1878 y el cuarto en 1884. Había 1750 páginas en estos cuatro volúmenes.
En el púlpito, ante mí, está la tercera serie y la última que contiene la
última y más completa descripción de las revelaciones que se le dieron a Elena
G. de White respecto a este extraordinario conflicto. Los cinco volúmenes de
“La serie del Conflicto de los Siglos”, con El
camino a Cristo, Palabras de vida del
gran Maestro, y El discurso maestro
de Jesucristo abarcan casi 4500 páginas.
Muchos que han leído estos libros y han encontrado en ellos instrucción
oportuna y ayuda en su experiencia cristiana, desean conocer lo que podamos
decirles acerca de la forma en que se escribieron. Primero debemos describir
las características mecánicas del trabajo, y después hablar de su carácter
espiritual.
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El segundo volumen de Spiritual Gifts
[Dones espirituales] fue publicado en 1860. Era una reseña biográfica de su Christian Experience, Views and Labors in
Connection With the Rise and Progress of the Third Angel’s Message [Experiencia
cristiana, visiones y trabajos en relación con el surgimiento y el progreso del
mensaje del tercer ángel].
Después de la publicación del segundo volumen, escribió veintiún capítulos
sobre la historia del Antiguo Testamento desde la creación al Éxodo y la
entrega de
En relación con la historia de la escritura y publicación de los primeros
libros de Elena G. de White, es nuestra intención relacionar los incidentes
conectados con su producción en forma bastante completa en nuestra serie de
artículos que aparecerán en
La mayor parte de la escritura de estos cuatro libros [Spiritual Gifts, vols. I-IV] se realizó en Battle Creek en una
pequeña casa en la calle Wood, frente al final oeste de la calle Champion. La
familia White ocupó esta casa desde 1857 hasta 1863. Al comienzo mi madre
escribía en el cuarto para las visitas que estaba en la esquina noroeste de la
planta baja, un cuarto de unos 3 por
El cuarto más grande con sus dos ventanas, que daba paso a la luz del sol
matinal, era una delicia para ella, de beneficio para su salud y una bendición
para su trabajo. Allí
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podía estar sola, y fuera del alcance de los ruidos del comedor y la
cocina. Raramente usaba una mesa o escritorio común, más bien escribía sentada
en una silla mecedora baja y pesada, con una tabla que tenía una bisagra para
levantarla y usarla para apoyar el brazo derecho, y que servía como tabla de
escritura.
Al regresar al hogar desde las oficinas de
A veces, decía, “Jaime, aquí hay un artículo que debe ser impreso. Es un
testimonio sobre la experiencia cristiana, y deseo que lo oigas y me ayudes a
prepararlo para la imprenta”. Ella era una buena lectora, hablaba lento y
claramente. Si su esposo hallaba debilidades en la composición, como tiempos de
verbos mal usados, o falta de concordancia entre sujeto, sustantivo y verbo,
sugería correcciones gramaticales. Ella incorporaba estas correcciones en su
manuscrito y luego continuaba leyendo.
Recuerdo uno o dos años después, cuando estaba escribiendo sobre los
primeros patriarcas, que el pastor J. N. Andrews estaba visitando nuestro
hogar. Al terminar la cena, mi madre propuso leerles a él y a mi padre lo que
había estado escribiendo. El pastor White y el pastor Andrews eran oyentes
atentos y, un día después de que se les leyeran dos o tres capítulos, el pastor
Andrews dijo, “hermana White, ¿ha leído usted alguna vez Paradise Lost [El paraíso perdido] de Milton?
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“No”, respondió.
“¿Ha leído usted alguno de sus escritos?”
Nuevamente respondió, “no”.
Pocas semanas después, él trajo una copia de Paradise Lost [El paraíso perdido], y les leyó a mi padre y mi
madre algunas descripciones que Milton hacía de las experiencias de Lucifer en
su gran rebelión. Posteriormente, trajo una copia nueva que había comprado y se
la dio a mi madre.
Ella se lo agradeció, y lo miró por unos pocos minutos sin abrirlo, lo puso
sobre un estante alto del armario construido detrás de la cocina y bajo el
soporte de la chimenea. Allí quedó el libro muchos días y varios años.
En vista de que uno de nuestros más amados profesores hizo una declaración
descuidada en cuanto a que Paradise Lost
[El paraíso perdido] de Milton era un libro favorito de la hermana White, y que
lo leía a menudo, pienso que es importante dejar bien en claro, y agregar a lo
dicho anteriormente, que nunca vi el poema de Milton en sus manos, y nunca la
vi leyéndolo. Nunca oí que hiciera referencia al libro, excepto en una o dos
ocasiones, cuando les declaraba a los visitantes lo que les he relatado, y
decía que sentía que no debía estudiar lo que alguien había escrito en relación
con la rebelión en el cielo hasta que hubiera terminado de escribir por
completo lo que se le había revelado.
Prefería estar a solas cuando escribía, pero durante el invierno y la
primavera de 1862 y 1863, mientras estaba escribiendo el tercer volumen de Spiritual Gifts [Dones espirituales] y
cuidándome al mismo tiempo, se me permitió jugar silenciosamente en su cuarto.
Recuerdo muy bien su escaso mobiliario. Su gran silla para escribir era la
pieza más importante del mobiliario del cuarto. Había una cómoda vieja y
pequeña, en la cual tenía sus escritos, algunas sillas comunes de respaldo
recto, y una serie de estantes para libros en los cuales estaban su Biblia,
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Mi madre preparaba la mayoría de sus escritos por la mañana. A veces
escribía antes del desayuno, y generalmente dedicaba la mayoría de la tarde a
coser, tejer o trabajar en el jardín. A veces iba de compras.
Algunas veces, después que mi madre leía a su esposo un testimonio personal
importante, surgía la pregunta, “¿Qué debemos hacer con esto? Ante todo, debe
ser enviado a la persona para quien se dio el testimonio, y luego, en razón de
que la instrucción que contiene serviría a muchos más, debe ser para ellos.
¿Cómo se los damos?” Mi madre decía, “Yo he hecho mi parte en escribir lo que
Dios me ha revelado. Tú y tus asociados, que llevan la carga de la obra para
todo nuestro pueblo, deben decidir qué uso debe dársele”.
En años posteriores, ella habló de este asesoramiento con sus hermanos,
como sigue:
En los primeros
días de esta causa, si algunos de los hermanos dirigentes se hallaban presentes
cuando se recibían mensajes del Señor, consultábamos con ellos en cuanto a la
mejor manera de presentar la instrucción delante de los hermanos. A veces se
decidía que era mejor no leer ciertas porciones delante de una congregación. A
veces, aquellos cuya conducta era reprochada pedían que los mensajes que hacían
resaltar sus errores y peligros fueran leídos delante de otros para que ellos
también se beneficiaran.- Mensajes
selectos, tomo 1, p. 58.
En el otoño de 1863, el pastor Jaime White vendió su hogar en la calle Wood
y compró una casa sin terminar en un terreno de más de una hectárea, en la
esquina noreste de las calles Washington y Champion. Ocupó esta casa por varios
años. Tenía cuartos grandes con buenos techos altos, y mi madre, que siempre
sentía la necesidad de mucho aire fresco y luz solar, estaba tremendamente
agradecida de que podía vivir y trabajar en un cuarto de 4,5 por
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A medida que los años pasaban, y se incrementaba el número de creyentes, se
necesitaban más libros. Los hermanos pidieron que se reimprimieran los libros
pequeños de Spiritual Gifts que
habían aprendido a apreciar. Pero la hermana White no consintió en esto.
Después de su publicación, había recibido más visiones en las cuales las escenas
se repetían con más detalles. Algunas de las revelaciones adicionales se habían
escrito y publicado en artículos en
La forma en que se escribieron los libros de Elena G. de White se entenderá
mejor si relatamos, con algunos detalles, la manera en que se llevó a cabo esta
tarea con El conflicto de los siglos
y El Deseado de todas las gentes.
Cuando en 1878 se publicó el tercer volumen de Spirit of Prophecy [Espíritu de Profecía], Jaime y Elena White tenían
la esperanza que publicarían el cuarto volumen al año siguiente. Pero el pedido
de asistencia a las reuniones y la salud débil del pastor White, frustraron
este plan.
No fue hasta el otoño de 1883, un año después de la muerte de mi padre, que
comenzó la tarea de acomodar los capítulos ya escritos y completar los huecos
con gran responsabilidad. Fue mi privilegio estar bastante con mi madre en su
hogar de Healthburg y ser testigo de su emprendimiento. Al comienzo, su plan
era resumir la historia de los hechos de los apóstoles desde donde había
quedado en el tercer volumen. Pero fue instruida en visiones nocturnas a que
adoptara el plan que ahora se ve en el libro El conflicto de los siglos.
Se le reveló de que debía presentar un bosquejo del conflicto entre Cristo
y Satanás como se había desarrollado en los primeros siglos de
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la era cristiana y en la gran Reforma del siglo dieciséis, en tal forma que
preparara la mente del lector para comprender claramente el conflicto como se
desarrolla en nuestros días.
Mientras mi madre estaba escribiendo el libro, muchas de las escenas se le
presentaban una y otra vez en visiones nocturnas. La visión de la liberación
del pueblo de Dios, como aparece en el capítulo 40, se repitió tres veces; y en
dos ocasiones, una en el hogar de Healdsburg, y una en el Sanatorio de Santa
Helena. Miembros de su familia, que dormían en los cuartos cercanos, fueron
despertados de su sueño por su grito claro y musical, “¡Helos aquí! ¡Helos aquí!”
(Ver El
conflicto de los siglos, p. 694).
Ahora podemos ver que la instrucción divina respecto al plan del libro, lo
ha hecho útil para el público en general. No obstante, mi madre lo consideró,
como a todos sus libros anteriores, un mensaje principalmente para la iglesia e
incluyó algunos asuntos que eran especialmente útiles para los Adventistas del
Séptimo Día.
Una explicación detallada de cómo se realizó el trabajo día a día, revive
en mi memoria los pasos que se tuvieron en cuenta:
1. La postergación de los artículos relacionados con los hechos de los
apóstoles que había intentado usar.
2. La reunión de los manuscritos que describían la destrucción de Jerusalén
y la apostasía de la iglesia cristiana.
3. Estos asuntos los leería de sus manuscritos diariamente por dos o tres
horas por vez, a mi o a la hermana Davis.
4. La lectura se interrumpía con comentarios en relación con la fuerza de
la descripción, la extensión del capítulo, la aparición de repeticiones y la
ausencia de algunas características de la historia.
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5. Se le encargó a la hermana Davis la tarea de seleccionar la mejor
presentación, en las partes donde había dos o tres manuscritos sobre el tema;
también tenía la tarea de eliminar toda repetición innecesaria, y el arreglo de
párrafos para que lograra que la presentación del tema estuviera conectado y
con energía.
Durante este tiempo, estuve varias semanas en Healdsburg viviendo en su
hogar mientras trabajaba mitad del tiempo para el Colegio de Healdsburg, y
mitad para mi madre. Por tanto, sé cómo se hizo el trabajo.
Después de dedicar las mañanas a escribir, mi madre se distendía por las
tardes. Con su pareja de pequeños ponies negros, se recreaba en una salida por
la campo.
Después de que la hermana Davis arreglaba un capítulo, se lo leía a la
hermana White, que a menudo discernía que tenía algo más que agregar. También,
cuando la hermana White había escrito una nueva sección, por lo general se la
leía a la hermana Davis, e incluso a otros miembros de la familia que tuvieran
tiempo para escuchar.
Dos veces al día la familia se reunía en la sala para adorar. Éstas eran
ocasiones preciosas. A veces, durante el primer año de esta tarea, cuando el
hermano y la hermana Lockwood fueron sus mayordomo y ama de llaves; junto con
las hermana J. L. Ings, su fiel copista; Marian Davis, su secretaria; Addie y
May Walling, sus sobrinas; y Edith Donaldson, una
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joven del internado, mi madre nos relataba alguna historia de sus primeras
experiencias, y a todos nos gustaba. Posteriormente, a medida que se ocupó más
en escribir, dejó de relatarnos historias.
La hermana White no era una escritora mecánica. Las profundas impresiones
que causaba sobre el lector con porciones de sus obras publicadas, se deben
mayormente a su propia intensidad de sentimientos mientras escribía.
Cada tanto hacía referencia al profundo sentimiento emocional mientras
escribía los mensajes solemnes del cielo a un mundo que perece. Al pastor Smith
le escribió lo siguiente en una carta del 19 de febrero de 1884:
Escribo de
quince a veinte páginas por día. Son ahora las once, y ya he escrito catorce
páginas a mano para el tomo 4...
Al escribir
sobre mi libro, me siento intensamente conmovida. Quiero publicarlo cuanto
antes, pues nuestro pueblo lo necesita mucho. Lo completaré el próximo mes si
el Señor me da salud, como él lo ha hecho hasta ahora. Me ha sido imposible
dormir por la noche, pensando en las cosas importantes que deberán ocurrir.
Tres horas de sueño, y a veces cinco, es lo más que puedo tener. Mi mente está
tan profundamente emocionada que no puedo descansar. Escribo, escribo, escribo,
y siento que debo hacerlo y que no debo demorarme.
Grandes cosas
están delante de nosotros, y queremos
despertar al pueblo de su indiferencia para que se prepare para ese día.
Cosas que son eternas se agolpan delante de mis ojos día y noche. Las cosas que
son temporales se esfuman de mi vista.- Sin fecha, carta 7, 1884 (véase Mensajes selectos, tomo 3, pp. 123-124).
A menudo escribía sobre el tema que estaba trabajando. Y, a veces, había
diferencia de opinión entre ella y los publicadores en relación con la cantidad
del material que debería usarse. La hermana White se sentía más complacida
cuando un tema se presentaba en la forma más completa, y los publicadores a
menudo presionaban para que el asunto se abreviara o condensara, y así los
libros no fueran tan extensos. Por esta razón, había ocasiones cuando, después
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de que se preparaban capítulos importantes y se los enviaba a la imprenta, ella
recibía una nueva presentación del tema y tenía que escribir material adicional
e insistir para que se lo incorporara. Esta experiencia se aplicó especialmente
a El gran conflicto, volumen IV.
En el otoño de 1884, el libro estaba listo para su distribución. El precio
se uniformó para toda la serie en un dólar por libro. En poco tiempo, se vio
que el libro podía venderse a todo público, así que los publicadores tomaron
las planchas originales e imprimieron una edición en mejor papel. Se
incorporaron ilustraciones y se experimentó venderlo como un libro con una
suscripción de un dólar con cincuenta centavos. Durante los primeros cuatro
años, después de su publicación, se imprimieron y vendieron diez ediciones.
En
El contacto de mi madre con los europeos le hizo recordar varias cosas que
se le habían presentado en visión durante los años anteriores, algunas de ellas
dos o tres veces, y otras escenas muchas veces. Cuando visitó los lugares
históricos y estuvo en contacto con la gente, su memoria se avivó y fue capaz
de escribir más gráficamente en relación con muchas cosas, y por eso fue que
decidió agregar más material al libro. Hizo esto, y los manuscritos se
prepararon para traducir.
La mayoría de la investigación para las declaraciones históricas que se usaron
en las nuevas ediciones europeas y americanas de El gran conflicto, se hicieron en Basel, donde pudimos tener acceso
a la gran biblioteca del pastor Andrews, y donde los traductores tuvieron
acceso a las bibliotecas universitarias.
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Veinticinco años después, en 1911, cuando volvimos sobre el tema con el
propósito de insertar referencias a las citas históricas, había algunas
referencias que no pudimos localizar. En algunos casos encontramos que otros
historiadores hacían referencias al mismo punto. Éstas estaban en libros que
eran accesibles en muchas bibliotecas públicas. Cuando le comentamos esto a mi
madre, dijo, “Usen aquellas de las que puedan hacer referencia, para que el
lector del libro, si desea ir a la fuente y encontrarla, pueda hacerlo”.
Su interés por lo que vio en Europa, y la relación de esto con sus
escritos, especialmente en relación con
Recién hemos
regresado de visitar Zurich. Es una ciudad más hermosa que Basel. La parte
antigua de la ciudad contiene muchos lugares históricos de interés. Visitamos
la catedral… Este edificio fue levantado por Carlomagno. Reunimos muchos
asuntos de interés que usaremos. Zwinglio predicó en esta iglesia en 1518…
Visitamos un
edificio antiguo que había sido una iglesia donde predicó Zwinglio. Allí había
una gran estatua de Zwinglio con la vestimenta de cuando él era capellán del
ejército y fue muerto. Tenía su Biblia en una mano, y la otra descansaba sobre
la espada. Tenía puesto un vestido o capa que le llegaba hasta los pies, que
era usada por los clérigos de esos días. Este monumento está sobre su tumba.
Ingresamos al edificio y encontramos que se usaba como biblioteca para libros
antiguos en latín, griego y lenguas muertas. Vimos la verdadera Biblia que
Zwinglio usó y cartas escritas por su propia mano.
Recién hemos
estado escribiendo sobre los reformadores –Wicleff, Jerónimo, Juan Huss,
Zwinglio y otros reformadores, así que estaba muy interesada en todo lo que
vi.- Manuscrito 29, 1887.
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En su ministerio público, mi madre siempre mostró una habilidad para
seleccionar del almacén de la verdad, asuntos que se adaptaban bien a las
necesidades de la congregación que tenía ante ella; y siempre pensaba que, en
la selección del asunto para publicar en sus libros, se debía mostrar un
criterio sano en la selección, que concordara mejor con las necesidades de
aquellos que leerían el libro.
Por tanto, cuando salió la nueva edición de El gran conflicto en 1888, como era la intensión que circulara
alrededor del mundo, se dejaron afuera unas veinte páginas de una cuestión
–cuatro o cinco páginas en un lugar- que era de mucha instrucción para los
adventistas en Estados Unidos, pero que no era apropiado para los lectores de
otras partes del mundo. Un ejemplo de esto se puede encontrar en el capítulo
titulado “Las asechanzas del enemigo”, páginas 572-585, en la edición de 1911.
En sus escritos que tienen relación con los eventos de la historia antigua
y moderna, y especialmente la historia de la gran reforma del siglo dieciséis,
citó a varios historiadores. Éstas aparecían generalmente entre comillas, pero
sin dar crédito en forma específica a los historiadores de donde habían sido
obtenidas. Cuando los historiadores expresaban lo que ella deseaba presentar,
pero en un lenguaje más extenso de lo que ella deseaba, parafraseaba la
declaración, usando algunas palabras del libro y algunas propias. De esta forma
fue capaz de presentar declaraciones fuertes y comprensibles en forma breve. En
relación con este uso del material que ella copiaba de autores confiables,
dijo:
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Los grandes
acontecimientos que marcaron los pasos de reforma que se dieron en siglos
pasados, son hechos históricos harto conocidos y universalmente aceptados por
el mundo protestante, que nadie puede negar.
Esa historia la he presentado brevemente, de acuerdo con el fin y objeto
de este libro y con la concisión que necesariamente debe observarse,
condensando los hechos en forma compatible con una comprensión apropiada de su
aplicación. En algunos casos cuando encontré
que un historiador había reunido los hechos y los había presentado en forma
breve, dando un punto de vista comprensible del tema, o agrupado los detalles
en forma conveniente, se citaron sus palabras; pero excepto en unos pocas
casos, no se ha dado un crédito en forma específica, pues no se tiene la
intensión de citar a esos escritores como autoridades, sino porque sus palabras
resumían adecuadamente el asunto. Y al narrar
las experiencias y puntos de vistas de quienes llevaron adelante la obra de la
reforma en nuestro propio tiempo, se ha hecho un uso similar en forma ocasional
de las obras que han publicado.- Introducción al El conflicto de los siglos, p. 14 (impreso en 1888).
Reconoció que había diferencias de opinión entre los historiadores respecto
a algunos eventos históricos, y no se sorprendió o perturbó cuando se le dijo
que en algunas descripciones usó declaraciones de la pluma de algunos
escritores que eran discutidas por otros historiadores.
Podría hacerse la pregunta, “¿Puede la descripción de las escenas y eventos
copiados de otros escritores, encontrar un lugar apropiado en los escritos
inspirados de un mensajero de Dios?”
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Encontramos que los escritores de
Cuando en los primeros tiempos, llegaban inquietudes a
Ella rechazó estas preguntas con pocas palabras, declarando que, lo que
ella había presentado en sus libros, era una descripción de aquello que se le
había presentado a ella en visión, y que la copia ocasional que ella hacía de
los historiadores era un asunto de conveniencia más que de necesidad.
En años posteriores, cuando
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A lo largo de todos los años, fue el deseo de la hermana White tratar en
forma completa en sus escritos la misión de Cristo, su ministerio, sus enseñanzas
y su sacrificio por nosotros. Escribió mucho sobre esta fase del conflicto en
la década de 1870, y fue publicado en los volúmenes 2 y 3 de Spirit of Prophecy [Espíritu de
Profecía]. Pero esto no la satisfizo. Así que cuando la tarea con Patriarcas y profetas terminó y se llevó
a la imprenta, retomó sus intenciones de preparar un tratado más extenso sobre
la vida de Cristo. Por esta obra llevó una gran carga, y encontramos muchas
referencias en sus cartas de sus anhelos de tener pronto listo el libro.
Cuando fue a Australia, fue su anhelo dedicar la mayor parte del tiempo a
esta tarea. Durante los años 1892 y 1898 tuvo que dedicar un tiempo
considerable a la preparación de capítulos para este libro.
Para preparar este libro sobre la vida de Cristo, así como para preparar
otras publicaciones posteriores, ella no se sentó y escribió directamente el
libro, capítulo tras capítulo, en el orden que se encuentran actualmente. Tenía
a quienes había empleado como sus ayudantes, para que reunieran lo que ella
había escrito sobre el tema durante los años anteriores. El material se encontraba en sus obras
publicadas, en artículos que habían aparecido en periódicos, y en sus cartas y
manuscritos.
Con este material en la mano, escribió muchos artículos adicionales, a medida
que las experiencias de Cristo se abrían nuevamente ante ella. Entonces, cuando
los pasajes, que contenían lo que ella había escrito en los años anteriores, se
colocaban en su orden natural, ella trabaja con tesón para escribir las partes
de la historia que hacían la conexión.
El total de sus escritos sobre la vida y las enseñanzas de nuestro Salvador
era tan voluminoso, que no podía entrar en un solo
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libro. Y así El discurso maestro de
Jesucristo, Palabras de vida del gran
Maestro, y una porción del Ministerio
de curación, se elaboraron con el material sobrante, que no pudo incluirse
en el extenso libro sobre la vida de Cristo.
Podemos apreciar la intensidad con la cual la hermana White escribió
mientras preparaba este libro maravilloso, en una carta escrita en 1892 y que
fue dirigida al pastor Olsen, presidente de
Ando con temblor
delante de Dios. No sé cómo hablar ni cómo describir con la pluma el gran tema
del sacrificio expiatorio. No sé cómo presentar los temas con el poder vivo con
el cual los recibo. Tiemblo por temor a empequeñecer el gran plan de salvación
al usar palabras ordinarias. Mi alma se inclina con pavor y reverencia delante
de Dios y digo: "¿Para estas cosas, quién es suficiente?" (Carta 40,
1892).
Muchas cartas que fueron escritas por la hermana White durante estos años,
expresan su desaliento por la presión de otras tareas, que hacían que el
progreso con el libro fuera más lento. En 1894 escribió:
Ahora, después
de estar en este país casi tres años, hay todavía mucho por hacer antes que el
libro esté listo para publicar. Muchas ramas de trabajo han requerido mi
atención. Estoy presionada más allá de toda medida con el trabajo de escribir
testimonios, cuidar por los pobres y viajar con mi propio transporte, 12, 15 y
Presionada con estas cargas y cuidados, preparaba la mayoría de sus
escritos cuando otros dormían. “Mi tiempo para escribir comienza, por lo
general, a las tres de la mañana”, dice, “cuando todos en la casa están
durmiendo. A menudo estoy despierta a las doce y media, la una o las dos”
(Carta 114, 1896).
Durante una de esas mañanas, antes de retomar la escritura del libro,
escribió lo siguiente en su diario:
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Estaba despierta
a las dos, y ofrecí mi oración a Dios en el nombre de Jesús. Mi fuerza física
está debilitada; mi cabeza no está libre de dolor; me preocupa mi ojo
izquierdo. Al escribir sobre la vida de Jesús, estoy profundamente ocupada. Me
olvido de respirar como debiera. No puedo resistir la intensidad de
sentimientos que me inundan cuando pienso en lo que Cristo sufrió en nuestro
mundo. Fue un varón de dolores, familiarizado con el sufrimiento; fue
traspasado por nuestras transgresiones; magullado por nuestras iniquidades; sobre
él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos
sanados, si lo recibimos por fe como nuestro Salvador personal (Manuscrito 70,
1897).
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La declaración de que en la preparación de sus escritos para publicar,
Las cuestiones reveladas a
Cuando llegaba el momento de escribir estas revelaciones,
Aunque dependo
tanto del Espíritu del Señor para escribir mis visiones como para recibirlas,
sin embargo las palabras que empleo para describir lo que he visto son mías, a
menos que sean las que me habló un ángel, las
que siempre incluyo entre comillas (The
Review and Herald, 8 de octubre de 1867).
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Ella siempre lamentó que su educación escolar hubiera sido tan breve, y que,
por tanto, fuera limitado su conocimiento de las reglas técnicas para escribir.
Recuerdo claramente cuando, en los primeros años de su obra en Battle Creek,
Jaime White, al regresar a su hogar desde la oficina de
En relación con estas experiencias, hizo la siguiente declaración en 1906:
Mientras vivió mi esposo, actuó como ayudante y consejero en el envío de los mensajes que me eran dados. Viajábamos mucho. A veces se me daba luz durante la noche, a veces durante el día delante de grandes congregaciones. La instrucción que recibía en visión era fielmente redactada por mí cuando tenía tiempo y vigor para esa obra. Después examinábamos juntos el asunto. Mi esposo corregía los errores gramaticales y eliminaba repeticiones inútiles. Eso era cuidadosamente copiado para las personas a quienes iba dirigido, o para el impresor.- The Writing and Sending Out of the Testimonies to the Church, p. 4 (véase Mensajes selectos, tomo 1, p. 57).
A medida que el tiempo pasaba y la copia de testimonios individuales era
numerosa, fue necesario emplear un copista. Como el pastor White no podía
dedicar tiempo a la corrección de todos sus escritos, la tarea de realizar las
correcciones gramaticales recaía a menudo sobre el copista. En los años
siguientes, se emplearon muchos individuos como asistentes literarios que
copiaron los testimonios, y prepararon artículos para los periódicos y
capítulos para sus libros. Se elegían solamente cristianos concienzudos como
asistentes literarios, y en su tarea se adherían estrictamente a la instrucción
que se les daba en relación con la tarea que les tocaba.
Los secretarios sabían muy bien que sólo debían usarse los pensamientos de
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autorizado para introducir pensamientos que no se encontraran en los
manuscritos de
En relación con los borradores escritos por mano de Elena G. de White, sus
secretarios literarios decían que había una diferencia marcada en cuanto a la
perfección literaria. Generalmente, los manuscritos originales, escritos cuando
ella estaba sin el cansancio de viajes o predicación, o llena de ansiedad en
relación con las condiciones de la iglesia, eran hermosos, impactantes y
elegantes en la expresión y con muy pocas imperfecciones gramaticales. Pero en
algunos manuscritos que escribió cuando estaba perpleja por cuidados y cargas, y
especialmente cuando trabajaba en forma muy apresurada, bajo la percepción de
que debía completar rápidamente el manuscrito, había mucha repetición y
construcciones gramaticales incorrectas. En esos momentos prestaba poca
atención a las reglas de puntuación, mayúsculas y deletreo. Esperaba que estas
cuestiones las corrigiera el copista.
Hubo un tiempo cuando algunos de los primeros manuscritos fueron a imprenta
sin recibir primero la revisión cuidadosa que se mencionó en el párrafo
anterior. Esto hizo que se necesitara realizar algunos cambios en las
expresiones cuando se volvieron a publicar en 1863.
Desde el mismo comienzo en que escribió testimonios a individuos, hizo dos
copias, una se guardaba como registro de lo que ella había escrito, y otro se
enviaba a la persona por causa de quien había llegado el mensaje. Como este
trabajo era muy pesado, a veces enviaba el testimonio a quien correspondía
pidiendo
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que al recibirlo hiciera una copia para sí mismo y le enviara de vuelta el
original. Sin disposición porque se supiera lo que se le había mostrado a la
hermana White, algunos rehusaban hacer una copia o devolverle lo que había
escrito. Así se perdieron algunos testimonios. Y cuando, como a veces sucede,
se hacían falsas acusaciones en relación con lo que había en el testimonio,
ella no tenía una prueba escrita de lo que decía en realidad el testimonio.
En 1860, recibió algo de ayuda para copiar de su ama de llaves, Lucinda
Abbey. En 1861, empleó a Adelia Patten para que fuera su copista y para que
enseñara en el hogar a sus tres hijos.
En 1863, Adelina Howe, su cocinera, se hacía tiempo para hacer copias. En
1867 y 1868, Julia Burgués hizo muchas copias. En 1869 y 1870, después de
regresar de Battle Creek desde Greenville, se emplearon como copistas a las
señoritas Emma Sturges y Annie Hale para preparar la copia del volumen 1 de Spirit of Prophecy [Espíritu de
Profecía].
En el otoño de
Su educación escolar, su experiencia como reportera de periódico, la
confianza que se ganó, y los halagos que recibió por su trabajo, la
descalificaron para la obra delicada y sagrada de ser copista-editora de los
artículos de
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Lo que vio significó mucho para la hermana White, pero para María parecía
no tener significado alguno. El ángel dijo, “Las cosas espirituales se
disciernen espiritualmente”. Entonces ordenó a la hermana White que no empleara
más a su sobrina como editora de sus libros. Instrucciones similares se le
dieron en relación con Fannie Bolton en años posteriores.
Después de la muerte del pastor Jaime White, en 1881, la hermana White
empleó a la hermana Marian Davis. Había sido por algunos años correctora de
pruebas en las oficinas de
Más tarde, se empleó a la hermana Eliza Burnham, y por un tiempo, cuando
hubo mucho trabajo para hacer, se emplearon a la señora B. L. Whitney y la señorita
Fannie Bolton en Battle Creek. La
hermana Davis estaba con la hermana White en Europa entre 1886 y 1887, y fue
también su ayudante principal en Australia, e incluso en “Elmshaven”, Santa
Elena, desde
La señorita Sara Peck fue una ayudante eficiente en Australia y en Santa
Elena. Tuvo a su cargo la tarea de hacerse cargo de los asuntos para el volumen
6 de Testimonies for the Church
[Testimonios para la iglesia].
Clarence C. Crisler fue un ayudante valioso, como reportero taquígrafo de
los sermones y entrevistas, y como copista de muchas cartas. También ayudó en
la preparación de artículos de periódicos, y en el arreglo de los materiales
para Los hechos de los apóstoles y Profetas y reyes.
Página 23
Varias veces, se le dio instrucción en visión a la hermana White en cuanto
a aquellos que debían ser sus ayudantes en el mantenimiento de su hogar y en la
preparación de sus escritos para su publicación. Especialmente fueron señaladas
en forma específica como las ayudantes que necesitaba, las hermanas Lucinda
Abbey Hall y Marian Davis, y personas en quienes ella podía confiar en forma
implícita.
Esta reseña de los empleados no pretende ser completa. Nunca consideré yo,
o cualquiera de los ayudantes de mi madre, que su personal fuera de vital
interés para los lectores de sus libros.
No se nos deja con incertidumbre en relación con la forma en que se preparó
el libro El Deseado de todas las gentes,
porque en la memoria de quienes estaban familiarizados con la tarea, y en las
cartas escritas por
Marian está
trabajando con gran desventaja. Encuentro sólo poco tiempo para dedicarlo a
escribir sobre la vida de Cristo. Continuamente estoy recibiendo cartas que
requieren respuesta, y no me atrevo a descuidar los importantes asuntos que se
me presentan. Además, hay iglesias que visitar, testimonios privados que
escribir y muchas otras cosas que deben ser atendidas, que me apremian y
consumen mi tiempo. Marian lee atentamente todas las cartas que escribo a otros
para encontrar frases que ella pueda usar acerca de la vida de Cristo. Ella ha
estado reuniendo de todas las fuentes posibles, todo lo que tiene relación con
las lecciones que Cristo dio a los discípulos… Casi he decidido... dedicar todo
mi tiempo a escribir para preparar los libros que deben ser publicados sin más
demora. Me gustaría escribir sobre la vida de Cristo, sobre la temperancia cristiana
[El ministerio de curación], y preparar el Testimonio N.° 34 [tomo 6] porque se
lo necesita en gran manera…
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Ud. sabe que
todos mi temas, tanto en el púlpito como en privado, en forma oral o escrita,
versan acerca de la vida de Cristo.- Carta 41, 1895 (Mensajes selectos, tomo 3, 132-133).
Algunos se han maravillado de la extraordinaria belleza del lenguaje de El Deseado de todas las gentes. La
última oración de la carta anterior, al sugerir que éste era uno de los temas
favoritos, presenta una explicación para la hermosa disposición de las frases
del libro. La abundancia de material, y la profundidad de sentimientos con que
escribió sobre este tema, hace posible la selección y agrupamiento de la
mayoría de los pasajes hermosos que se encuentran destacados en sus cartas y
manuscritos.
Es bien sabido que algunas de las obras maestras del mundo de la
literatura, de la poesía y de los himnos evangélicos han sido forjados en el
yunque del dolor. Fue así con la mayoría de sus escritos sobre la vida y el
ministerio de Jesús. Poco después de que
He estado
soportando una gran prueba a causa del dolor, el sufrimiento y la impotencia;
pero con esto he obtenido una preciosa experiencia más valiosa que el oro para
mí.- Carta 7, 1892 (Mensajes selectos,
tomo 2, 275).
Después de hablar de sus sentimientos de gran desilusión porque no era
capaz de hacer visitas a las iglesias, dijo con posterioridad:
Esta falta de
resignación a mi suerte se dio al comienzo de mis sufrimientos e impotencias,
pero no pasó mucho tiempo hasta que sentí que mi aflicción formaba parte del
plan de Dios. Descubrí que al estar
medio acostada y medio sentada podía colocarme en una posición en la que podía
utilizar mis manos estropeadas, y aunque sufría mucho dolor pude escribir
bastante. Desde que llegué a este país,
he escrito 1.600 páginas…
En los nueve
meses pasados, durante muchas noches no pude dormir sino dos horas, y algunas
veces me veía rodeada de tinieblas; pero en esas ocasiones oraba, y obtenía un
dulce confortamiento, al acercarme a Dios… La luz del Señor me iluminó por
completo.
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Jesús estuvo
confortadoramente cerca, y encontré que era suficiente la gracia que me había
sido dada- Ibíd. (Mensajes selectos,
tomo 2, 276, 277).
Unos pocos meses después dijo:
Lo he probado y
sé de lo que hablo. Por once meses no pude dormir por las noches. Oré por
alivio. El alivio no llegó pero tuve la luz en el Señor por la noche, y durante
el día. Sé dónde está mi fortaleza. Pensé mucho en Cristo durante este tiempo.-
Manuscrito 17, 1893.
Así, mediante la aflicción,
En 1900, al hablar sobre las tareas de sus ayudantes,
Los libros no
son producciones de Marian, sino mi propia producción, recopilados de todos mis
escritos. Marian tiene un gran campo del cual seleccionar, y su capacidad para
ordenar los asuntos es de gran valor para mí. Me ahorra revisar una gran
cantidad de material, lo cual no tengo tiempo de hacer.- Carta 61a, 1900 (Mensajes selectos, tomo 3, 102).
Otras de sus secretarias, en un tiempo posterior, escribió lo que sigue:
Los editores no
realizan ningún cambio a la expresión de la hermana White, si ésta es
gramaticalmente correcta y es una expresión evidente de su pensamiento. La
hermana White, como instrumento humano, tiene un pronunciado estilo propio, que
se preserva plenamente en todos
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sus libros y
artículos, pues los sella con su individualidad. Muchas veces sus manuscritos
no necesitan ninguna edición, a veces un poco de edición, y esto lleva un gran
trabajo editorial; pero cuando un artículo o un capítulo es editado o se
realiza cualquier otra cosa en él, el editor lo vuelve a poner en sus
manos”.—Fannie Bolton en una “Confession Concerning the Testimony of Jesus
Christ” [Una confesión en relación con el testimonio de Jesucristo], dirigida a
“Queridos hermanos en la verdad”, escrito en el momento de las sesiones de
En algunas mentes persiste la pregunta de si los escritos que pasaron por
las manos de los asistentes literarios pudieron haber sido alterados en alguna
forma en su pensamiento, o pudieron haber sufrido adiciones a los pensamientos
de la autora. Esta cuestión es respondida claramente por las declaraciones
escritas de varios de los ayudantes de
D. E. Robinson, quien fuera por varios años asistente literario, dijo en
1933:
Con toda buena
conciencia, puedo testificar que nunca fui tan presuntuoso como para
aventurarme a agregar alguna idea propia o hacer otra cosa que seguir con
cuidado meticuloso los pensamientos de la autora.
En 1900, W. C. White testificó que:
Ninguno de los
empleados de mi madre está autorizado a agregar a los manuscritos pensamientos
propios.
El mismo año, la señorita Marian Davis escribió:
Por mi propio
conocimiento del trabajo, al igual que por las declaraciones de la misma
hermana White, tengo el asidero más firme como para no creer que se haya hecho
tal cosa [la adición de pensamientos por parte de un copista].
En 1894, la señorita Fannie Bolton testificó:
Quiero decir que
salvo cuando sean inconsistentes con la gramática y la retórica, sus
expresiones quedan intactas.
Estas aseveraciones claras están en armonía con las declaraciones escritas
por
A medida que
creció la obra, otros me ayudaron en la preparación del material para su
publicación. Después de la muerte de mi esposo, se me unieron fieles
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ayudantes, los
que trabajaron infatigablemente en la obra de copiar los testimonios y preparar
artículos para su publicación.
Pero no son
verdaderos los informes que han circulado, que se permitía a cualquiera de mis
ayudantes añadir material o cambiar el sentido de los mensajes que escribo.- The Writing and Sending Out of the
Testimonies to the Church [La forma en que se escribieron y enviaron los
testimonios a la iglesia], p. 4 (véase Mensajes
selectos, tomo 1, p. 57).
Ante la pregunta, “¿cómo se prepararon los últimos libros?”, respondemos
brevemente:
El libro, El ministerio de curación,
aunque no apareció hasta el año
Pocos meses después de que le fuera dada la memorable visión de la reforma
pro salud, el 6 de junio de 1863, apareció un artículo titulado “Salud”, en Spiritual Gifts [Dones espirituales],
volumen IV (publicado en 1864), que constituyó el primer informe de la
instrucción dada en ese momento sobre el tema de la enfermedad y sus causas, y
también su tratamiento y cura mediante métodos racionales.
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Con la luz y el conocimiento otorgado de esa forma, los líderes en el
desarrollo de la obra del Movimiento del Sábado y el Advenimiento, se
enfrentaron con la tarea de llevar adelante un programa extenso en la educación
de la reforma pro salud. Para ayudar en este esfuerzo, se publicó en 1865 y
1866, “How to Live” [Cómo vivir], en seis partes de alrededor de 64 páginas
cada una. En cada una de estas seis partes,
En los años siguientes, mi madre describió más plenamente las visiones que
se le dieron en 1863 y en visiones posteriores. Algo de esto se publicó en Health Reformer [El reformador de la
salud].
Desde 1864 hasta 1914, un período de 50 años, llevó sobre su corazón la
carga de presentar al pueblo adventista, y mediante ellos al mundo, la gran luz
que Dios le había revelado en relación con la salud, la temperancia, la
abnegación y la santidad. Sumado a estos artículos sobre estos temas que
aparecieron en
Nunca estuvo satisfecha con esta colección breve de artículos, pero no fue
sino hasta quince años después, en 1905, que presentó al mundo
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la maravillosa obra de El ministerio
de curación. Con este breve trasfondo, hablemos ahora de la preparación del
material para este volumen.
Por años,
El Señor le había dado a la hermana Marian Davis una memoria maravillosa, y
esto fue de gran utilidad en la búsqueda y agrupación de las partes
seleccionadas que mi madre había escrito sobre Cristo y su ministerio como un
Sanador; también como un Ejemplo a los evangelistas médicos y misioneros
médicos; en relación con la enfermedad y su verdadera causa; y en relación con
la salud y cómo mantenerla.
El trabajo comenzó con excelente disposición y con gran determinación por
reunir lo que era más poderoso, iluminador y alentador de las cosas
maravillosas que la hermana White había escrito.
Mi madre asumió con fervor la tarea de planificar el libro. Como Cristo era
el tema central de todos sus escritos y sermones, su ministerio como el gran médico
misionero debía ser la base de esta publicación largamente esperada.
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Para que cada clase de enfermo encuentre esperanza en el ministerio diario
de Cristo, se planificó que los primeros capítulos mostraran a Cristo como la
fuente de Vida, Cristo como el gran Sanador, Cristo como el siempre presente Ministro
para los enfermos y sufrientes. Debía mostrar que no hay enfermedad fuera del
alcance de su amor y su poder.
Mientras el objetivo principal del libro era conducir al lector a la vida y
salud física y espiritual, también debía incluir consejo, especialmente para
los enfermeros y los médicos, indicándoles el privilegio de su amistad con el
Dador de la vida y alentándolos a seguir sus métodos en el ministerio que
desarrollaban. Debía incluirse también
consejos útiles para evangelistas médicos.
Una y otra vez, mientras se preparaba el libro, mi madre y los que estaban
relacionados con ella en la selección y arreglo del manuscrito, se reunían en
su cuarto y trataban los objetivos y mejores planes para el libro:
1.
A
quien serviría el libro.
2.
Cuánto
espacio se le daría a cada tema.
3.
Cuál
era la mejor relación de los grandes temas que trataría.
Cuando se reunía considerable material que se creía apropiado para ciertos
capítulos, los manuscritos se agrupaban y leían a mi madre, o se dejaban en sus
manos para que los leyera. Cada tanto, esto hacía revivir en su memoria las
maravillosas escenas que se le habían presentado, y retomaba con entusiasmo la
tarea de reescribir muchos pasajes, dándoles un toque fresco y gran vigor. Por
momentos encontraba necesario adaptar un artículo, escrito pensando en los
Adventistas del Séptimo Día, para que fuera apropiado para aquellos lectores
que no eran Adventistas del Séptimo Día.
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Mientras estaba preparándose a pleno El
ministerio de curación, mi madre fue solicitada en Washington y se le pidió
a la hermana Davis que continuara con la selección de material para que la
hermana White lo considerase posteriormente. La ausencia de mi madre retrasó
mucho la tarea.
El viaje hacia el este, en 1904, ocupó más tiempo del esperado. Pero
inmediatamente después de su regreso al hogar de Elmshaven, temprano en el
otoño, reasumió la tarea y pronto se completó el manuscrito. Al escribir a
A causa de mi
ausencia durante el verano, dedicamos mucho tiempo en la realización de las
tareas con nuestro libro, y por algún tiempo he estado muy ocupada preparando
los materiales y las pruebas de lectura de El
ministerio de curación.- Carta 113, 1905.
En otra carta que escribió el mismo día, declaró: “Recién he terminado de
leer las pruebas de El ministerio de
curación” (Carta 109, 1905).
Al comienzo de los planes para el libro, mi madre fue guiada a dedicarlo a
un campo muy definido de utilidad. Al hablar de esto en una carta al Sr. H. W.
Kellogg, el 20 de septiembre de 1903, dijo:
Mi siguiente
libro debe ser sobre la temperancia y la obra médico misionera. Es mi propósito
dar el manuscrito de este libro a nuestros sanatorios, para ayudarlos a
disminuir las deudas que tienen, así como di Palabras de vida del gran Maestro para disminuir las deudas en
nuestras escuelas. Pienso que es lo mejor que puedo hacer, y que éste será el
libro más apropiado para ese propósito. Estoy preparando otros libros lo más
rápido posible, que deseo presentar ante el pueblo.- Carta 209, 1903.
Encontré que el libro se planificó en forma admirable, lo que permitió adaptarlo
más fácilmente al uso comercial. Se lo usó enérgicamente en campañas institucionales
para disminuir las deudas. Este donativo
instituido por mi madre, complementado con las labores incansables de aquellos
que se unieron para hacer de las campañas de disminución de las deudas
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un éxito, trajo un gran beneficio financiero a nuestras instituciones
médicas que estaban muy endeudadas en Estados Unidos y Europa.
Al hablar de la autoría de El
ministerio de curación, dos años después de su aparición, mi madre dijo, en
una carta al pastor Burden, “El Señor me dio su Espíritu Santo para capacitarme
para escribir el manuscrito para este libro” (Carta 276, 1907). Al urgir a
nuestro pueblo para que se uniera de todo corazón en la venta de este volumen
como un medio para traer alivio a las instituciones, en un artículo que
apareció en
Este libro
contiene la sabiduría del gran Médico.
Ha sido un gozo para mí dar a la causa de Dios mis derechos de autor
sobre esos libros [El ministerio de
curación y Palabras de vida del gran
Maestro], el fruto de mi trabajo. (Véase Testimonios selectos, tomo 5, p. 184).
Aunque las características principales del gran conflicto se cubrieron en Patriarcas y profetas, El Deseado de todas
las gentes y El conflicto de los
siglos, todavía quedaban dos amplias brechas en el despliegue de la
historia desde la caída hasta la restauración final. Un período era el que iba
desde la muerte de David hasta el nacimiento de Cristo, y el otro el que cubría
el primer siglo de la iglesia cristiana. Cuando el trabajo lo permitió,
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cartas y manuscritos. Entonces,
El espacio limitado permite sólo una breve declaración de
Mi tarea en el
libro Los hechos de los apóstoles,
está completada. En unas pocas semanas tendrá una copia. He tenido una ayuda
excelente en la preparación de esta obra para la prensa. Hay otros escritos que
deseo preparar para nuestro pueblo, que hablarán cuando mi voz sea silenciada.
El libro sobre la historia del Antiguo Testamento [Profetas y reyes], que esperamos sacar pronto, demandará un
esfuerzo dedicado. Estoy agradecida por la ayuda que el Señor me está dando mediante
los trabajos de empleados fieles y entrenados, y que estos empleados estén dispuestos
a llevar adelante esta tarea tan rápido como les sea posible.— Carta 88, 1911.
Pocos meses después de que se escribiera la declaración anterior, Los hechos de los apóstoles, salió de la
imprenta y se le dio una calurosa bienvenida. Pronto se inició con fervor la
tarea para Profetas y reyes, pero
debido a la presión de otras tareas importantes, se realizó en forma lenta.
Como
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principal del libro, el pastor C. C. Crisler y mi persona, que estaba en
esos momentos lejos del hogar. Las cartas del hermano Crisler no sólo brindan
información sobre cómo se realizó la labor en el libro, sino que también nos
permiten vislumbrar un poco las experiencias de
Hay pocas cosas
de importancia que contarle, además de que su madre está manteniéndose como de
costumbre. Parece estar igual día en día. Encuentro que es capaz de considerar
diariamente manuscritos… Le causa placer esta tarea, y realmente es de gran
ayuda cuando necesitamos su auxilio. Dedica también algo de tiempo en repasar
sus libros y en leer libros extensos que se encuentran cerca de su silla.
El 22 de enero de 1915, escribió:
El mediodía de
este viernes nos encontró como siempre en todas las áreas. Su madre mantiene su
fuerza –capaz de desplazarse con cierto grado de comodidad; tiene buen apetito
la mayoría del tiempo; disfruta de la vida de hogar; tiene la habilidad de
dedicar algunas horas a la lectura y de dar sus apreciaciones a tantos
manuscritos que están en preparación. Por estas misericordias, agradecemos al
Señor continuamente.
En el momento en que la obra estaba por completarse, la autora tuvo un
accidente. Entonces, como
Con la excepción
de los últimos dos capítulos, para los cuales tenemos abundantes materiales en
el archivo, el manuscrito sobre “La cautividad y la restauración de Israel”,
fue terminado completamente antes del accidente de la hermana White. Por tanto
es posible esperar que se termine el libro, a pesar de su incapacidad actual
para realizar tareas literarias. Los publicadores deben explicar esto en el
prefacio, que los últimos dos capítulos fueron preparados de sus escritos, pero
no fueron supervisados por ella en persona… En vista de la incapacidad de la
autora para considerar las revisiones, es probable que cualquier tarea
posterior en el
Página 35
manuscrito deba,
por necesidad, ser una condensación en vez de alteración.
Esta situación se resume brevemente en Notas
biográficas, de la cual citamos unas pocas frases:
En el tiempo de
su accidente, en febrero de 1915, se habían completado todos los capítulos,
menos los últimos dos… Estos capítulos
finales habían sido suficientemente esbozados para que pudieran terminarse, con
la inclusión de un material adicional de su archivo de manuscritos.- pp. 477,
478.
Durante sus últimos años, como dijera el hermano Crisler,
Se hace la
pregunta: ¿Cómo tiene noticias
Página 36
En 1980, escribió lo que sigue sobre el fundamento de su confianza, y en
relación a los ataques que se harían a su obra:
"Yo quiero
testificar de las cosas que yo he visto, de las cosas que yo he oído, de las
cosas que mis manos palparon tocante al Verbo de vida. Y éste testimonio yo sé que es del Padre y
del Hijo. Hemos visto y testificamos que
el poder del Espíritu Santo ha acompañado la presentación de la verdad, las
amonestaciones dadas con la pluma y de viva voz, y la presentación de los
mensajes en su orden. Negar esta obra
sería negar el Espíritu Santo, y nos colocaría entre el grupo que se ha
apartado de la fe, dando oído a espíritus seductores.
"El enemigo
utilizará todos los medios para desarraigar la confianza de nuestros creyentes
en los pilares de nuestra fe, en los mensajes del pasado, que nos han colocado
sobre la elevada plataforma de la verdad eterna y que han establecido y han
dado carácter a la obra. El Señor Dios
de Israel ha conducido a su pueblo, revelándole la verdad de origen
celestial. Se ha oído su voz, y todavía
sigue oyéndose: Avanzad de fuerza en fuerza, de gracia en gracia, de gloria en
gloria. La obra se fortalece y se
amplía, pues el Señor Dios de Israel es la defensa de su pueblo.- Notas biográficas, pp. 471-472.
En los primeros
tiempos de mis labores públicas el Señor me pidió: "Escribe, escribe las
cosas que te son reveladas". En el tiempo en que recibí ese mensaje no
podía sostener mi mano con firmeza. Mi condición física hacía imposible que
escribiera. Pero de nuevo vino la palabra: "Escribe las cosas que te son
reveladas". Obedecí y, como resultado, antes de que pasara mucho tiempo
podía escribir página tras página con relativa facilidad. ¿Quién me decía qué
debía escribir? ¿Quién fortalecía mi mano derecha y hacía posible que usara la
pluma? Era el Señor…
La luz que he
recibido la he escrito, y gran parte de ella está ahora brillando desde las
páginas impresas. Existe, a través de las páginas que he escrito, una armonía
con mi actual enseñanza.
Algunas de las
instrucciones que se hallan en estas páginas fueron dadas en circunstancias tan
notables que evidenciaban el poder maravilloso de Dios en favor de su verdad. A
veces, mientras he estado en visión, mis amigos se acercaban a mí, y
exclamaban: "¡Ella no respira!" Colocaban un espejo delante de mis
labios, y se daban cuenta de que no se humedecía el vidrio. Mientras no existía
ninguna señal de que hubiera alguna clase de respiración, continuaba hablando
de las cosas que me eran presentadas. Estos mensajes fueron dados en esta forma
para sostener la fe de todos, para que en estos últimos días tuviéramos
confianza en el espíritu de profecía.
Agradezco a Dios
porque él me ha preservado la voz, cuando en los años de mi temprana juventud
los médicos y otros amigos declararon que esa voz quedaría silenciosa después
de tres meses. El Dios del cielo vio que necesitaba pasar por una experiencia
de prueba que me preparara para la obra que él quería que yo hiciera.
Durante los
últimos cincuenta años mi fe en el triunfo final del mensaje del tercer ángel y
de todo lo que está relacionado con él, ha sido sustentada por las maravillosas
experiencias a través de las cuales he pasado. Por esto estoy anhelando que mis
libros sean publicados y circulen en muchos idiomas. Yo sé que la luz contenida
en estos libros es la luz del cielo.- Review
and Herald, 14 de junio, 1906 (Mensajes
selectos, tomo 3, pp. 42-43).
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