Las
predicciones de la visión de 1856
En una conferencia del año 1856, Elena G. de White declaró: “Se me mostró la
compañía presente en la conferencia. El ángel dijo, ‘Algunos serán comidos por
los gusanos, otros sufrirán las siete últimas plagas, otros estarán vivos y
permanecerán sobre la tierra para ser trasladados en la venida de Jesús’.”
Todos los que estaban vivos entonces, están muertos ahora. Por esta predicción
no cumplida, ¿quiere decir que Elena G. de White era una falsa profeta?
Ofrecemos una respuesta más completa a esta cuestión porque ilustra un concepto
fundamental equivocado con respecto al don de profecía.
En Deuteronomio 18:22 se lee: “Si el profeta habla en nombre de Jehová, y no se cumple
ni acontece lo que dijo, esa palabra no es de Jehová. Por presunción habló el
tal profeta; no tengas temor de él” (RV95). Este texto, tomado en forma
aislada, acusaría a más de un profeta bíblico. Deum 18:22 debe entenderse, como
cualquier otro texto que se tome en forma aislada, en el contexto de toda
En un instante hablaré contra
naciones y contra reinos, para arrancar, derribar y destruir. Pero si esas
naciones se convierten de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del
mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de esas naciones y de
esos reinos, para edificar y para plantar. Pero si hacen lo malo delante de mis
ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerles.
(Jer 18:7-10)
La amenaza de juicio revocada
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“Jonás se levantó y fue a Nínive, conforme a la palabra de Jehová. Nínive
era una ciudad tan grande, tanto que eran necesarios tres días para
recorrerla. Comenzó Jonás a adentrarse en la ciudad, y caminó todo un día
predicando y diciendo: ‘¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!’”.
(Jonás 3:3, 4) |
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“Los hombres de Nínive creyeron a Dios, proclamaron ayuno y, desde el
mayor hasta el más pequeño, se vistieron con ropas ásperas… Vio Dios lo que
hicieron, que se convirtieron de su mal camino, y se arrepintió del mal que
había anunciado hacerles, y no lo hizo”. (Jonás 3:5, 10) |
Una promesa
revocada
A continuación
hay un ejemplo de una promesa de bendición y su revocación:
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“Habló Dios a Moisés y le dijo: -- Yo soy Jehová… Por tanto, dirás a los
hijos de Israel: ‘Yo soy Jehová. Yo os sacaré de debajo de las pesadas tareas
de Egipto, ... Así sabréis que yo soy Jehová, vuestro Dios, que os sacó de
debajo de las pesadas tareas de Egipto. Os meteré en la tierra por la cual
alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob. Yo os la daré
por heredad. Yo soy Jehová’”. (Exo 6:2, 6-8) |
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“Jehová habló a Moisés y a Aarón, y les dijo: -- ¿Hasta cuándo soportaré
a esta depravada multitud que murmura contra mí? … Diles: … En este desierto caerán vuestros
cuerpos, todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, … ninguno
de vosotros entrará en la tierra por la cual alcé mi mano y juré que os haría
habitar en ella... Así conoceréis mi castigo”. (Núm 14:26-34) |
¡Cuánto iluminan las palabras de Jeremías, estos pasajes paralelos sobre la
promesa hecha a Israel! El Señor de Israel dijo, “Así conoceréis mi castigo”.
O, como se lee en una lectura alternativa marginal del texto: “Conocerán sobre
mi cambio de propósito”.
El caso de Elí
Nuevamente, tome las palabras de “un hombre de Dios” que vino a Elí para
declarar un juicio contra él a causa de la conducta vil de sus hijos. Este “hombre de Dios” preguntó a Elí si
recordaba la promesa que el Señor le había hecho a su familia “cuando estaban
en Egipto en la casa del faraón”, de que servirían como sacerdotes de Dios.
Luego continúa con esta revocación de la promesa:
Por eso Jehová, el Dios de
Israel, dice: "Yo había prometido que tu casa y la casa de tu padre
andarían siempre delante de mí"; pero ahora ha dicho Jehová: "Nunca
haga yo tal cosa, porque yo honro a los que me honran, y los que me desprecian
serán tenidos en poco. Vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la
casa de tu padre, de modo que no haya ancianos en tu casa. (1 Sam 2:30-31)
El estudioso sincero de
La cláusula que implica condición
1.
“¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!” – Si
los ninivitas no se arrepienten.
2.
“Os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando
que la daría” – Si guardan mi pacto (ver Exo 19:5, 6, donde el Señor, hablando
a Moisés en camino a Canaán, inserta la expresión “si”).
3.
"Yo había prometido que tu casa y la casa de tu
padre andarían siempre delante de mí" – Si caminas en los caminos de
justicia.
Si es apropiado, y lo es, agregar a estas predicciones una cláusula condicional,
¿por qué no es apropiado hacerlo con la predicción de 1856 de Elena G. de
White?
Comentarios teológicos sobre predicciones
El carácter condicional de las predicciones bíblicas puede explicarse sobre
la base razonable de que Dios, aunque soberano, no es arbitrario. No trata con
las personas como si fueran objetos sin vida sobre un tablero de ajedrez para moverlas
exclusivamente a su voluntad. Misteriosamente somete de vez en cuando a prueba,
porque sí, sus propios planes, porque no va a anular el libre albedrío de
nadie. Eso es lo que da a las predicciones divinas su calidad condicional, y lo
que hace que Dios hable de “así conoceréis mi castigo”, o “conocerán sobre mi
cambio de propósito”.
Reconocidos comentadores bíblicos han escrito sobre esto:
Las promesas de Dios son tan
condicionales como sus amenazas. No sería ni justo ni misericordioso para
nosotros, por parte de Dios, seguir recibiendo sus favores plenamente después
de que nos hemos apartado de él. El que sean quitados es una completa
advertencia para nosotros. Brota naturalmente de la relación personal de Dios
con su pueblo, la cual depende de una simpatía recíproca. (The Pulpit Commentary, Notas [Homiléticas] sobre Jeremías 18:7-10.
La mayoría de las profecías
[del Antiguo Testamento] eran, no obstante, de tipo condicional. Tienen cierto
contenido velado de “a menos que” o “si guardan mis mandamientos”… Es esta
naturaleza provisoria, para la amenaza o promesa presentada por el profeta, que
explica un caso famoso como el del profeta Jonás. (Hard
Sayings of the Bible, Walter C. Kaiser, Jr., Meter H. Davids, F. F. Bruce,
Manifred T. Brauch [1996].)
Factores que afectan la promesa del advenimiento
Las Escrituras revelan que, una de las razones por las que nos parece que Dios
es lento en realizar su plan y promesa para crear una nueva tierra para los
justos, es porque Él desea dar a todos un poco más de tiempo para ejercer su
libre albedrío para salvarse de la ira por venir. Pedro responde de esa manera
a aquellos que dudarían de la certeza de la promesa de Dios de poner fin a este
mundo de mal simplemente porque el tiempo se tarda:
El Señor no retarda su
promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con
nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al
arrepentimiento (2 Ped 3:9).
Pedro también declara que los hijos de Dios pueden apresurar el
advenimiento ejercitando su libre albedrío. Hay algo que podemos hacer para
apresurar el advenimiento. Leemos, “esperando y apresurándoos para la venida
del día de Dios” (2 Ped 3:12). Los comentadores han observado en este texto lo
siguiente:
Dios nos ha señalado como
instrumentos para realizar aquellos eventos, que deben acontecer primero, antes
que venga el día de Dios. Al orar por su venida, extendiendo la predicación de
su evangelio como testimonio a todas las naciones y llevando a aquellos por
quienes Dios sufre anhelantemente por salvar, apresuramos la venida del día de Dios”. (Jamieson, Fausset, Brown, Commentary, Notas sobre 2 Pedro 3:12.)
Que la venida de Cristo esté relacionada con una acción de la libre
voluntad humana –la predicación del evangelio por los seguidores de Cristo- se
revela claramente en las profecías de nuestro Señor hasta el tiempo de su
venida: “Y será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para
testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mat 24:14).
Ninguna falla en
Por tanto, es evidente que, si el libre albedrío de hombres y mujeres
influye en la segunda venida de Cristo, como ambos se relacionan con no
creyentes y con profesos hijos de Dios, cualquier predicción concerniente a
ella tendría que ser adecuada y condicionada por ese hecho.
En las décadas siguientes a la visión de 1856, varias declaraciones hechas por Elena G. de White demuestran
que ella comprendía claramente que hay una cualidad condicional implícita en
las promesas y amenazas de Dios –como declara Jeremías- y que la descripción
condicional, en predicciones respecto al advenimiento de Cristo, involucra el
estado del corazón de los seguidores de Cristo. La siguiente declaración,
escrita en 1883, es especialmente relevante sobre este punto:
Los ángeles de Dios en sus
mensajes dados los hombres representan el tiempo como algo muy corto. Así es como siempre me ha sido
presentado. Es cierto que el tiempo ha
sido más largo de lo que habíamos esperado en los primeros días del
mensaje. Nuestro Salvador no apareció
tan pronto como lo esperábamos. ¿Pero ha fallado
No era la voluntad de Dios
que se demorara así la venida de Cristo.
Dios no tenía el propósito de que su pueblo, Israel, vagara cuarenta
años por el desierto. Prometió guiarlos
directamente a la tierra de Canaán, y establecerlos allí como un pueblo santo,
sano y feliz. Pero aquellos a quienes
primero se les predicó, no entraron "a causa de incredulidad" (Heb.
3: 19). Sus corazones estaban llenos de
murmuración, rebelión y odio, y Dios no pudo cumplir su pacto con ellos.
Durante cuarenta años, la
incredulidad, la murmuración y la rebelión impidieron la entrada del antiguo
Israel en la tierra de Canaán. Los
mismos pecados han demorado la entrada del moderno Israel en
Estas palabras de Elena G. de White armonizan con lo que ya hemos
descubierto de los caminos de Dios para la humanidad, que el libre albedrío
juega un papel destacado en la operación de los planes de Dios para esta
tierra. Podemos comprender mejor la predicción no cumplida de Elena G. de White
de 1856, cuando se la examina a la luz del carácter condicional de las promesas
proféticas que se encuentran en las Escrituras.
[Adaptado de F. D.
Nichol, “The Predictions of the 1856 Vision,” en Ellen G. White and Her Critics (Hagerstown, Md.: Review and Herald
Publishing Association, 1951), pp. 102-111. Disponible en Adventist Book
Centers (1-800-765-6955). ]