La reunión de Israel:

Un estudio histórico de

Primeros Escritos, pp. 74-76.

Por Julia Neuffer

 

Ex Editora Asistente para Libros en la Review and Herald Publishing Association

 

“También vi que la vieja Jerusalén nunca será edificada”, escribió Elena G. de White en 1851. ¿A qué clase de edificación hizo referencia? ¿Estaba equivocada?

Esta oración aparece en Primeros escritos, en un capítulo (pp. 74-76) titulado “El tiempo de reunión”, que es una combinación de dos visiones y algunas líneas adicionales. (Véase el texto en las pp. 12 y 13 que figuran en este trabajo.) Una de las visiones, la del 23 de septiembre de 1850, trata el tema (a) del “tiempo de reunión” de “Israel”; (b) las fechas de la tabla o gráfico millerita de 1843; (c) el “continuo” y el fijar fechas; y (e) el error de ir a la antigua Jerusalén. La sección (d), de la visión del 21 de junio de 1851, trata sobre el mensaje del tercer ángel y el fijar fechas. Esta última sección se insertó cuando la combinación se publicó por primera vez en Experience and Views [Experiencia y visiones] (agosto de 1851). También se agregó: (f) una referencia posterior de ir a Jerusalén; y (g) la declaración de que la antigua Jerusalén no sería reconstruida. Todo se reimprimió con revisiones verbales menores en Primeros escritos (1882).

¿Por qué se combinaron estos temas aparentemente sin relación?

 

MENSAJES OPORTUNOS

Su oración final da una pista:

También vi… que Satanás estaba haciendo cuanto podía para extraviar en estas cosas a los hijos del Señor ahora, en el tiempo de reunión, a fin de impedirles que dediquen todo su interés a la obra actual de Dios.[1]

Su uso reiterado de la palabra ahora indica que su mensaje se relacionó con el momento en el cual ella escribió. Si examinamos el registro de lo que estaba sucediendo en las filas adventistas en 1850 y 1851, y si observamos el trasfondo histórico de los sucesos importantes de ese período, encontramos que todas estas partes encuadran dentro de un modelo unificado. Tratan con varios errores que se centran mayormente en una interpretación profética equivocada conocida en ese momento como la doctrina de “la era por venir”.

En agosto de 1851, alrededor del tiempo cuando se publicaron juntos estos mensajes del “tiempo de reunión”, Jaime White escribió una editorial en la Review and Herald en la cual repitió ideas, incluso frases, de estas visiones de septiembre de 1850 y junio de 1851. Habló de la unidad antes del chasco y de “los puntos de vista que distraían” que surgieron con posterioridad. Llamó a los hermanos en ese momento, en el “tiempo de reunión”, a evitar errores que hicieran perder el interés en la “tarea actual” y a que se unan en la enseñanza de la esencia del mensaje del tercer ángel, que “no se engancha en el tiempo”, sino es “más fuerte que lo que puede ser el tiempo”.[2]

Incluso advirtió sobre dos desviaciones: “La historia de ‘Meshullam’ puede agradar al oído y ‘la era por venir’ puede ocupar y dividir la mente”.

Se hablará sobre Meshullam en una sección posterior (página 11). ¿Qué significaba la “era por venir”? La Sra. White dio una definición, pocos meses después en una carta, equiparándola con “mirando a la antigua Jerusalén”.[3] José Marsh, editor de The Advent Harbinger, equiparó la era por venir con el milenio.[4] Pero Josué V. Himes, el asesor y editor de Guillermo Miller en el Advent Herald, denominó a la doctrina de la era por venir de Marsh como “Judaísmo”, un defecto incompatible con el “Adventismo”.[5]

Si combinamos estas tres definiciones, obtenemos: “una doctrina judaica del milenio que incluye la antigua Jerusalén”. Y que, aunque pueda sonar auto contradictoria, es precisamente de lo que se trataba esta cuestión controvertida de la era por venir. Hizo furor en Advent Harbinger y Advent Herald en 1850 y posteriormente. Proveyó el trasfondo para los mensajes del “tiempo de reunión” de Elena G. de White, como lo mostrará un estudio de la situación histórica. Este “judaísmo”, dijo Himes, era algo que “hemos combatido en [p. 2] toda la iglesia”, y que “hemos repudiado desde el comienzo”.[6]

Debemos regresar, entonces, al comienzo del movimiento de Miller para aprender en qué consistió la incompatibilidad entre el “Adventismo” y el “Judaísmo”.

 

LOS ADVENTISTAS Y EL ADVENTISMO

El nombre de “Adventistas”, acuñado por las personas apodadas “Milleritas”, lo aplicaban ellos mismos a su propio movimiento.[7] También aparece en los libros mencionados en la frase “Cuerpos adventistas” para designar las denominaciones (incluyendo a los Adventistas del Séptimo Día) derivadas de los adventistas originales o Milleritas. Actualmente usamos más “Adventista” como una forma abreviada de “Adventista del Séptimo Día”. Pero a veces encontramos la frase “movimiento adventista” empleada en forma vaga para dar a entender un movimiento extenso e internacional que precedió e incluyó al movimiento Millerita –el “Despertar Adventista” que surgió a comienzos del siglo diecinueve (y que incluso tiene sus raíces en una época más temprana). Incluyó a muchos individuos y a unos pocos grupos en muchos países que consideraban cercana la segunda venida. Debido a que esperaban la venida de Cristo antes del milenio, su doctrina se denominó “premileniarismo”.

El adventismo propiamente dicho, era una doctrina de los adventistas, es decir, el tipo Millerita de premileniarismo. Los adventistas no eran los únicos en enseñar “el pronto advenimiento” o la fijación de fechas para las profecías de tiempo bíblicas o incluso para la segunda venida. Había otros premileniaristas, especialmente en Gran Bretaña, que hacían ambas cosas. (Estos se llamaban Literalistas, por razones que se explicarán luego).

Pero los adventistas se distinguían por enseñar: (1) que la segunda venida –que se esperaba al final de los 2.300 días de Daniel- terminaría con el mundo presente e introduciría el reino eterno; (2) que la venida de Cristo destruiría a todos los no salvados y resucitaría y transformaría a todos los redimidos, y como consecuencia concluiría el tiempo de prueba para toda la humanidad y dejaría solamente a los santos inmortales para vivir en el reino; y (3) que después del milenio (al que consideraban como los primeros mil años de estado eternal en la tierra nueva), el resto de los muertos (es decir, todos los que no se salvaron) resucitarían en la segunda resurrección, entonces se sublevarían y recibirían su castigo final.[8]

(La rama “del Séptimo Día” del Adventismo sostiene también lo mismo, excepto que ubica el reino del milenio en el cielo y el tiempo de la renovación de la tierra al final de ese período.)

Ambos tipos de premileniaristas (Adventistas y Literalistas) se oponían al entonces prevaleciente postmileniarismo, que ubicaba la segunda venida después del milenio. Los posmileniaristas describían el reino del milenio como un reino “espiritual” de Cristo, no literal –mediante el triunfo de la iglesia. Avizoraban la conversión del mundo en general y el gobierno justo de los piadosos, con el hombre en un estado todavía mortal pero enormemente mejorado. Esperaban el regreso de Cristo en persona, al final, después de los mil años (o quizás, en base al principio día-año, 360.000 años), en el futuro distante.[9]

 

JUDAÍSMO

Fue a esta doctrina de una utopía terrenal del postmileniarismo, que al comienzo los milleritas la nombraron como “judaizante” y “judaísmo”. Estos términos, usados en la primera conferencia general adventista, realizada en Boston en 1840, fue tomada de dos credos protestantes del siglo dieciséis.[10] Recién después los aplicaron a los premileniaristas literalistas. A continuación aparece la razón de porqué lo hicieron.

Los literalistas insistían en que las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento habrían de cumplirse literalmente y en detalle en el reino del milenio, especialmente en el Israel literal y Judá según la carne. De acuerdo con este punto de vista, el reino, aunque bajo el gobierno de Cristo y los santos resucitados e inmortales, incluiría a los judíos mortales en Palestina; su capital sería la Jerusalén literal, con un templo literal, al cual vendrían aquellos “dispersos de las naciones”, todavía en la carne; y el tiempo de prueba y la mortalidad continuaría durante el milenio.[11]

No obstante los adventistas, en el momento de su primera conferencia general en 1840, todavía consideraban a estos amigos premileniaristas (incluyendo a hombres como Wolf, Irving y otros) como hermanos en el anuncio del “pronto advenimiento”.[12] Recomendaban los escritos de los literalistas contra los postmileniaristas, incluso sabiendo que contenían algunos errores mezclados con la verdad central del segundo advenimiento.

De igual forma, actualmente consideramos todavía a los milleritas como nuestros predecesores aunque ellos, al corregir algunos de los errores de los literalistas, retuvieron algunos de los propios. También reconocemos a los premileniaristas británicos y europeos como parte del “gran despertar religioso” que se predice en “la profecía del primer mensaje angélico, en el capítulo 14 del Apocalipsis”, quienes por el “estudio de las Escrituras” vieron y proclamaron “que la venida del Salvador está cerca” (El conflicto de los siglos, pp. 404-407) y no en el futuro distante postmilenial. Consideramos que fueron usados por Dios para despertar multitudes a la verdad central del segundo advenimiento, en un momento cuando se debía dar el mensaje del primer ángel, incluso aunque no tuvieran las verdades presentadas por los milleritas y, más aún, por los Adventistas del Séptimo Día.

Los milleritas enfatizaron lo que sostenían en común con los literalistas –la presencia personal de Cristo y el reino durante el milenio- y minimizaron lo último de los “literalistas” como una aberración curable.[13]

Como lo dijo Litch posteriormente:

En 1840, se hizo un intento para abrir un intercambio entre los Literalistas de Inglaterra y los Adventistas de Estados Unidos. Pero pronto se descubrió que no eran tan amistosos por nuestras nociones anti-judaizantes, así como por su judaísmo; y el intercambio se quebrantó.[14]

Lo que repudiaban los Milleritas como “judaísmo” no tenía nada que ver con las enseñanzas religiosas de los judíos o con el sábado. Se trataba de una doctrina específica del milenio, es decir, la enseñanza de que las profecías del Antiguo Testamento sobre la restauración de Israel y el liderazgo mundial estaban por cumplirse mediante una reunión futura de los judíos literales en el reino milenial de Cristo –un reino sobre esta tierra con su capital en la Jerusalén literal, a la cual las naciones subirían hacia un templo restaurado y sus servicios.

Por el contrario, los Milleritas veían en la reunión de Israel, la reunión de los santos inmortales que se encontrarían con Cristo en el aire. Todos los verdaderos hijos de Abrahán mediante la fe –judíos y gentiles- serían arrebatados al sonido de la trompeta, luego volverían con Cristo para poseer la tierra renovada.[15]

Todos los intentos por ganar a los Literalistas a estos puntos de vista estaban condenados al fracaso. Había unos pocos Literalistas entre los Milleritas al comienzo, pero para 1842, la mayoría de los que se oponían, salieron y establecieron su propio periódico. Para ese momento fue claro para los Adventistas que “judaísmo” pertenecía menos a los postmilleniaristas que a los premileniaristas literalistas; que era incluso elemental para su sistema (como lo es hoy para los Literalistas modernos, los premileniaristas futuristas-dispensacionalistas).[16]

 

POLÍTICA DE ASUNTOS EXTRANJEROS DE LOS LITERALISTAS

Los Literalistas Británicos –fuertes entre los Evangélicos Anglicanos y en varias iglesias No Conformistas- no estaban por abandonar sus esperanzas de convertir a los judíos y enviarlos a Palestina para reunirse con su Mesías, no especialmente alrededor de 1840, cuando las políticas británicas del momento que ofrecían protección a los judíos que vivían en Palestina, produjeron grandes expectativas entre los premileniaristas. De hecho, la influencia literalista estaba ayudando extraoficialmente a modelar tal política. Un literalista ferviente, Lord Ashley (posteriormente el Conde de Shaftesbury), era hijastro y confidente de Lord Palmerston, el secretario de asuntos extranjeros de Inglaterra. Ashley tenía esperanzas personales de ocasionar, mediante la acción británica, la restauración de Israel en Palestina en preparación para la segunda venida. En 1840, empujó a Palmerston, aduciendo razones políticas, en la búsqueda internacional de respaldo por la migración judía a Palestina, mientras que confesaba en su diario sus propias motivaciones personales, las cuales eran claramente religiosas:

Cena con Palmerston. Después de la cena quedé a solas con él. Le propuse mis planes, los que parecieron encender su apetencia… Palmerston ha sido ya elegido por Dios como instrumento del bien para su antiguo pueblo; para homenajear, como corresponde, a su herencia y reconocer sus derechos sin pensar en su destino… Me veo forzado a discutir política, financiera y comercialmente; estas consideraciones le hacen pensar en el hogar; llora, no como su Maestro sobre Jerusalén, ni reza porque ahora, finalmente, pueda vestirse con sus ropas bellas.[17]

La influencia de Ashley estaba también tras el establecimiento de un consulado en Jerusalén en 1838, y la creación de un obispado anglicano allí en 1841, además del llamado para oficiar en éste de un obispo judío cristiano. El 16 de octubre de 1841, escribió en su diario: “¿Dónde habría estado el permiso del Sultán [para construir la iglesia del obispo] sin el vigor de Palmerston como resultado de mis repetitivas y fervientes representaciones?[18]

Pero el sueño de Ashley del apoyo británico y el trato protector de la migración judía a Palestina no se materializó. El tratado del cuarto poder de 1840 ignoró la cuestión. Incluso los mismos judíos mostraron poco interés; pasó más de medio siglo antes de que se levantara el Sionismo.

[p.4] No obstante, la política británica del siglo veinte en el Medio Oriente se debía en algo a la interpretación profética de los literalistas de las décadas de 1830 y 1840.

Como lo expresa un reciente escritor:

La aventura de Lord Shaftesbury marca el punto cuando los eventos comenzaron a liderar lógicamente hacia el Mandato [Palestina]…

Palmerston [sus políticas del Medio Oriente] marca el comienzo de la intervención británica oficial a favor de la “nación judía” y su reasentamiento en Palentina…

Ashley no trabajó en vano… Todos estos eventos que se centran en la Tierra Santa [incluyendo “los planes visionarios exaltados por los Evangélicos enloquecidos por convertir a los judíos y el obispado de Jerusalén”] se combinaron para crear casi un sentimiento de propiedad sobre Palestina. La idea de un anexo británico allí, por medio de una restauración de Israel apoyada por Inglaterra, comenzó a apelar a otras mentes además de la de Ashley.[19]

 

DIFERENCIAS ENTRE LOS ADVENTISTAS

A medida que el movimiento Millerita se desarrollaba separándose decididamente de los Literalistas, había casi un acuerdo completo entre los Adventistas en cuanto a que el fin de este mundo y el comienzo de la eternidad sería en el momento de la segunda venida, y sólo sobrevivirían los santos inmortalizados en el reino del milenio. No obstante, unos pocos milleritas veían una dificultad: ¿Cómo podía ser purificada la tierra con fuego en la segunda venida y todavía resucitar los cuerpos de los impíos en la tierra renovada mil años después?

En abril de 1843, George Storrs (el millerita más activo en la enseñanza de la inmortalidad condicional) concluyó que la destrucción del segundo advenimiento no sería completa. Sostenía que habría algunos “dejados de las naciones” en la carne, en continuo tiempo de prueba, como súbditos del reino milenial de Cristo y los santos, y que la destrucción y los nuevos fuegos vendrían al final del período.[20]

Para octubre de 1844, L. C. Gunn de Filadelfia escribió que algunos en una congregación del lugar habían adoptado un punto de vista similar y que Charles Fitch estaba, por esa misma fecha (no mucho antes de su muerte), enseñando que había un tiempo de prueba para los paganos antes del advenimiento. Otros, agrega Gunn, al igual que él creían que en el momento del advenimiento o justo antes “muchos de los judíos se convertirían milagrosamente y recibirían el advenimiento exclamando ‘bendito el que viene en el nombre del Señor’”. Todos ellos, dijo, “habían cambiado completamente sus creencias anteriores y diferían enteramente del Sr. Miller y del gran cuerpo de creyentes adventistas en este país –pero estaban de acuerdo con los Literalistas”.[21]

En 1845, Storrs fue más lejos. Desilusionado por el chasco millerita, aceptó plenamente toda la doctrina Literalista. “Finalmente se ha metido en el judaísmo”, argumentó Enoc Jacobs, editor de The Day Star (Cincinnati).[22] Por lo tanto, se consideró que Storrs había asumido una postura fuera de las filas de los adventistas.

No obstante, otros adventistas como E. R. Pinney (1844) y Jaime White (1845) sostenían igualmente que el reino no se establecería sobre la tierra hasta después del milenio,[23] pero no adoptó nada del Literalismo. Antes del chasco estas diferencias individuales, como las diferencias sobre la inmortalidad innata o condicional, no causaron divisiones en el movimiento Millerita.

 

TRES DIVISIONES POSTERIORES A 1844

No obstante, la historia fue diferente después de octubre de 1844. Los adventistas que no se habían apartado del movimiento pronto se dispersaron en la búsqueda de la causa de su chasco. ¿Se habían equivocado en su cálculo de los 2.300 días y en dar el “clamor de medianoche” (“Mirad, allí viene el novio”) de la parábola profética de las diez vírgenes? ¿O en aplicar el segundo advenimiento a ese cumplimiento? ¿O se habían equivocado en la naturaleza del advenimiento?

Durante los primeros meses, se desparramó la creencia de que sólo estaban pasando un breve “momento de demora” y que Cristo vendría en unas pocas semanas o meses como máximo. Pero para el momento en que el “año judío de 1844” terminó en la primavera de 1845, había en surgimiento tres grupos principales. Ninguno de estos tres grupos aceptó los puntos de vista Literalistas (esto fue un tema recién en 1850); por tanto, estaría bien hacer una pausa aquí para trazar estas tres divisiones dado que ayudan a explicar la referencia de la Sra. White al “tiempo de dispersión”.

1. La mayoría. Para la primavera de 1845, la mayoría de los adventistas habían abandonado la creencia de que 1844 había marcado un cumplimiento de la profecía –así de los 2.300 de Daniel como del “clamor de medianoche” de la parábola. Concluyeron que estos cumplimientos y los tres mensajes de Apocalipsis 14 pertenecían a un futuro incierto. (No obstante, permanecieron abiertos a posteriores fijaciones de fechas.) Esta mayoría  [p. 5] retuvo su anterior negación del tiempo de prueba del milenio de los Literalistas “judaizantes”.[24]

En abril, los principales líderes milleritas, incluyendo Miller y Himes, tuvieron una conferencia en Albania, Nueva York. Allí adoptaron un declaración de principios y formaron una organización separada de congregaciones adventistas de las cuales, posteriormente, surgieron dos denominaciones –los Adventistas Evangélicos (ahora extintos) y los Adventistas Cristianos. Hubo otros que no aprobaron la declaración de fe adoptada por la conferencia de Albania o la organización, aunque rudimentaria; no obstante ellos también formaron parte de la mayoría que consideró al movimiento de 1844 como un error.

2. Las dos minorías. Un número menor, por el contrario, sostuvo que el movimiento de 1844 había marcado ciertamente el cumplimiento de la profecía. Consideraban que el grupo mayoritario había negado el liderazgo de Dios en ese movimiento, y por tanto, habían abandonado el mensaje del advenimiento. Denominaban a la mayoría “Adventistas nominales” o “Adventistas profesos”.

Esta minoría, que adherían a “su experiencia pasada” en 1844, decían que los 2.300 días habían concluido y que la parábola del Novio se había cumplido; y, por lo tanto, la “puerta se cerró” después de que el Novio ingresó a la boda. (La “puerta cerrada” llegó a ser más o menos equivalente a creer en la validez del movimiento de 1844.)

Pero esta minoría abarcaba a dos grupos incompatibles, divididos por dos interpretaciones mutuas excluyentes de la venida del Novio a la boda. Obviamente Cristo no había aparecido; si había ocurrido su segunda venida, no fue una venida visible y personal. O, si la segunda venida debía ser visible, en persona y gloriosa, entonces ese evento todavía no había ocurrido.

El grupo minoritario A. Este grupo sostenía que habían estado en lo correcto en cuanto al tiempo y el evento que esperaban. Insistían que la segunda venida no era un regreso literal y personal, sino una venida espiritual e invisible, “en sus santos”. Por lo tanto se los denominó “espiritualizadores” o “espiritualistas”.[25] Estos, al sostener que Cristo por cierto había venido y que estaban ya en el reino del milenio, practicaban el “no trabajar” u otros tipos de fanatismos. Muchos de ellos se unieron al “reino” de los Shakers [sacudidores] en 1846, mientras que otros pronto lo abandonaron o regresaron a los otros grupos adventistas.[26]

El grupo minoritario B. Sostenía que el tiempo había sido correcto, pero que su error estaba en el evento esperado; que el cumplimiento no tenía nada que ver con la segunda venida; y que había que esperar todavía una venida personal y visible. Pero rehusaron negar la validez de su movimiento de octubre de 1844 como el cumplimiento de los 2.300 días y del “clamor de medianoche” de la parábola. Decían que el Novio había venido a la boda y que cerró la puerta (por eso se los conocía como los de “la puerta cerrada”), pero, según algunos decían, la segunda venida sería el regreso del Novio de la boda.[27]

Este era el grupo intermedio de los tres, que evitaba por un lado la insistencia de los espiritualizadores de que el tiempo y el evento habían sido correctos, y por el otro lado, el abandono de la mayoría de ambas cosas.[28] A medida que el tiempo transcurrió, muchos de este grupo se unieron a la mayoría.

 

LOS ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA EN LA POSICIÓN INTERMEDIA

Los fundadores de los Adventistas del Séptimo Día, un mero puñado al comienzo (los White, Bates y otros), provenían de este grupo intermedio. Adoptaron la nueva explicación del santuario celestial a la que había llegado Hiram Edson el día después del chasco;[29] proclamaron la doctrina del sábado como el tercer mensaje de los tres ángeles, y formaron la iglesia Adventista del Séptimo Día.

Desde el comienzo los fundadores de los Adventistas del Séptimo Día se opusieron a los espiritualizadores y enfatizaron la futura venida personal de Cristo. De hecho, encontraron en las filas de ex espiritualizadores una muy pobre fuente de conversos. Tales conversos, observó Jaime White, estaban tan llenos de nociones de su propia superioridad espiritual que no podían encajar con sus hermanos; probaron ser miembros inestables, listos para caer nuevamente.[30]

Así, parecía que los primeros Adventistas del Séptimo Día provenían mayormente del grupo intermedio, por lo que no podían ser oídos por la mayoría. El último grupo los confundía con los espiritualizadores porque ambos, los Adventista del Séptimo Día y los espiritualizadores, sostenían la validez del movimiento de 1844.[31]

No es de extrañarse, entonces, que durante estos [p. 6] primeros años de división –el tiempo de reunión, como lo llamó la Sra. White en septiembre de 1850- “los esfuerzos hechos por difundir la verdad tuvieron poco efecto; lograron poco resultado o ninguno”. Ahora, en 1850, estaba llamando a la unidad y la acción en este “tiempo de reunión”, cuando “los esfuerzos hechos por difundir la verdad tendrán el efecto asignado”.[32]

Pero al mismo tiempo, dijo que Satanás estaba tratando de desviarlos de la verdad presente y de la tarea presente por medio de otras distracciones, principalmente la fijación de fechas y la doctrina de la era por venir.

Dado que los Adventistas del Séptimo Día sostenían la fecha de 1844 para el fin de los 2.300 días, no estaban buscando una fecha sustituta. Esto les dio cierta inmunidad a la fiebre de fijar fechas transmitida por varios individuos entre los otros adventistas. (Hubo unas pocas excepciones alrededor de 1850.)

Debido a su punto de vista sobre la era futura, los Adventistas del Séptimo Día retuvieron la creencia original millerita de que el regreso de Cristo terminaría con el tiempo de prueba e iniciaría el reino de los santos inmortalizados, judíos y gentiles por igual. También desarrollaron para 1850 una nueva doctrina del milenio –no sostenida, en tanto yo sepa, por nadie más-, un punto de vista que colocaba el reino del milenio en los cielos, dejando a la tierra sin ningún ser humano vivo durante ese período. Este punto de vista proveyó una inoculación efectiva contra el mileniarismo Literalista que se enseñaba como novedoso bajo el nombre de “la era por venir”.[33]

El grupo de la “era por venir”, que podría decirse que era otro grupo minoritario, surgió con posterioridad del grupo mayoritario de Adventistas. Debido a que pertenece a la década de 1850, será tratado en una sección posterior, después de un repaso del período de 1848-1850 y su fijación de fechas.

 

LAS CONMOCIONES DE 1848

En 1848, se produjeron en Europa una erupción de revoluciones; levantamientos populares derrocaron tronos y destruyeron estructuras de poder en muchos países, incluso provocaron la huida del Papa e hicieron de Roma una república. En 1849, había temor de una invasión Rusa desde el norte.

Algunos adventistas vieron estos eventos como “el zarandeo de las potencias de los cielos”.[34] Para muchos la conmoción de los “poderes gentiles” de Europa presagiaban el fin del “tiempo de los gentiles” y la restauración de Israel, especialmente debido a que en muchos países las revoluciones trajeron nueva libertad a los judíos. Por lo general, se suponía que el “tiempo de los gentiles” se extendería hasta la segunda venida.[35]

A mediados de 1848, Josías Litch, uno de los escritores líderes de los milleritas, fue conmovido por las revoluciones en proceso. Debido a que en algunos países las revoluciones produjeron nueva libertad para los judíos, buscó una emancipación inminente de la dominación que ejercían los gentiles a los judíos y a la Tierra Santa al final de los 2.300 años. Concluyó (aunque posteriormente dudó de esto)[36] que “estamos cerca, si no en medio de los eventos conectados con la purificación del santuario”. En su The Restitution dijo que “todo Israel” –los salvos de entre los judíos de todos los tiempos- serían reunidos para heredar para siempre el reino en la nueva tierra en la primera resurrección, aunque añadió que los santos gentiles lo compartirían con ellos; y rechazó el tiempo de prueba antes del advenimiento.[37]

En noviembre de 1848, Mardoqueo M. Noah, un escritor judío de un periódico de la ciudad de Nueva York, pronunció un discurso –ampliamente registrado en la prensa- sobre la llegada de un “mensajero” de Jerusalén solicitando ayuda para los judíos de aquel lugar. El discurso de Noah transformó un pedido de fondos (para construir una sinagoga en Jerusalén) en un sonido de trompeta que llamaba a la emancipación de los judíos y anticipaba su restauración.

Los truenos comenzaron a retumbar por toda Europa;… el Sol de la Libertad comenzó a levantarse; las cadenas de los judíos están sueltas, y se están elevando al rango de los hombres… El Sultán de Turquía, prosiguiendo con la marcha de las naciones civilizadas, dice a los judíos en sus dominios –“Son libres; tienen mi permiso para levantar una sinagoga en Jerusalén [”]; y los mensajeros fueron enviados, como en los días de Salomón, para pedir ayudar de sus hermanos en todo el mundo…

Cuando la trompeta suene desde el Monte Sión, todo oído estará abierto, todo corazón latiendo. Sé muy bien, que hay muchos judíos alrededor del mundo, que buscan la restauración de sus hermanos en la Tierra Santa como un evento posible en los grandes cambios que ocurrirán de ahora en más…

Este permiso de colocar una piedra fundamental una vez más en Jerusalén, de erigir un templo magnífico… es… un preanuncio de grandes promesas de ahora en más.[38]

La verbosidad de Noah, copiada de un periódico a otro, se convirtió en nuevo ítem: “La reconstrucción del templo judío”.[39]

Había otros informes de interpretaciones proféticas en circulación. La historia de un periódico anunciaba que los ricos financistas judíos de la familia Rothschild estaban negociando comprar [p. 7] la tierra de Canaán para los judíos.[40] A medida que se acercaba el año 1850, la prensa citó varios pronósticos de acontecimientos del momento –uno de una “profecía” del siglo XVII que decía que habría conmociones entre las naciones para mediados del siglo XIX, que un “príncipe del norte” invadiría Europa, y que “un nuevo pastor, el último” vendría y traería la paz.[41] Las historias de este tipo en los periódicos, las recolectaban unos pocos escritores adventistas –algunos para refutarlas, otros para exhibirlas como señales de los tiempos.[42]

Los individuos que fijaban fechas en relación con el año 1850, llegaron a ser más numerosos que nunca. Probablemente una de las razones para esto, además de los sucesos mundiales, era el hecho de que 1850 era la última fecha hasta donde se podían alargar los 2.300 días trasladando las 70 semanas, sin divorciar esto último de la fecha de la crucifixión (aunque cuando pasó 1850 algunos se las ingeniaron de todas formas para estirar los 2.300 hasta el año 1851).[43]

 

LOS ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA Y LA FIJACIÓN DE FECHAS

Mientras que Jaime y Elena White vivían en Oswego, Nueva York, en 1849-1850, se encontraron contendiendo con dos predicadores que fijaban fechas y que imprimieron un periódico en el lugar, The Watchman, para proclamar el advenimiento en 1850.[44] Los Adventistas del Séptimo Día eran doctrinalmente inmunes a cualquier desliz en los 2.300 o las 70 semanas, aunque estaban expuestos a todas estas nociones según se las fijaran o refutarán en otros periódicos adventistas. Aunque Jaime White mantuvo la fijación de fechas fuera de sus propios periódicos (Present Truth, Advent Review y Review and Herald), dos de sus hermanos hicieron sus propias impresiones: Hiram Edson para 1850 y José Bates para 1851.

El folleto de Edson que salió en 1849, predijo con gran seguridad la culminación del tiempo de prueba en ese año y el segundo advenimiento en 1850; el folleto de Bates, de 1850, no hacía predicciones positivas, pero presentaba claramente en sus conclusiones que el ministerio de Cristo en el Lugar Santísimo duraría siete años (desde 1844).[45] Ambos fechaban “la plenitud de los gentiles” y el fin del “tiempo de los gentiles” en 1844, y ambos veían esto como la producción de un cambio para “un remanente” de Israel,[46] aunque ninguno adoptó el punto de vista Literalista. ¿No se nota aquí la influencia de la obra ya mencionada de Litch en 1848?

Aunque Bates se refería raramente a “la misericordia que se extendía a un remanente de Israel literal”, Edson escribió un folleto completo sobre “el regreso final de los judíos en 1850”.[47] Citó registros de periódicos de las conmociones europeas y del florido discurso de Noah. Concluyó que en 1844 había terminado el pisoteo del santuario, y que el año 1850 vería a 144.000 judíos reunidos en Jerusalén y sellados. Dado que su término “Judíos” incluía también a los gentiles injertados que reciben el sello (el sábado), su lenguaje casi parece invitar al lector a ir a la “antigua Jerusalén”, aunque no lo dice explícitamente.[48] Y definitivamente no era un Literalista.

Ninguna de las publicaciones privadas parecen haber tenido una influencia muy difundida entre los Adventistas del Séptimo Día, y ambos hombres abandonaron sus puntos de vista atípicos casi antes de que se seque la tinta.

En 1850, David Arnold, al escribir en Present Truth, citó igualmente el discurso de Noah como evidencia de que los judíos no serían más pisoteados, a causa del fin de los tiempos de los gentiles en 1844.[49] Probablemente Jaime White permitió que se escribiera ese artículo en sus columnas porque se oponía a la fijación de fecha de 1850, y no enseñaba el Literalismo.

Estas producciones muestran la necesidad de los mensajes de la Sra. White de 1850 y 1851 para advertir a sus hermanos en contra de estos vientos de doctrina contemporáneos.

 

LA CONTROVERSIA DE LA ERA POR VENIR

Por cierto, los vientos de doctrina produjeron fuerzas huracanadas entre los Adventistas en 1850 –especialmente el grupo mayoritario- sobre “la era por venir”. Esta expresión era un nombre nuevo para el antiguo Literalismo que los milleritas habían denunciado como “judaísmo”. El resultado fue el surgimiento de un grupo no organizado pero diferente, que incluía a aquellos que aceptaron los puntos de vista Literalistas del milenio.[50] Los líderes que exponían estas ideas las describían en formas que variaban levemente entre sí, pero todos lo veían como un período de prueba continuo, con judíos mortales en una Jerusalén literal. Eventualmente,  algunos simpatizantes de las enseñanzas de la era por venir, llegaron a organizarse en denominaciones que llevaban el nombre de Iglesia de Dios: una (que observaba el domingo) era la Iglesia de Dios de la Fe de Abrahán (Oregón, Illinois), y otro grupo (sabatistas) –de dos ramas de los Adventistas del Séptimo Día- llegaron a ser la Iglesia de Dios (Denver, Colorado) y otros cuerpos relacionados, incluyendo lo que más tarde se conoció como la Iglesia de Dios Universal.[51]

[p. 8] ¿De dónde provino la doctrina de la era por venir de la década de 1850? Posiblemente se entroncaba principalmente en las publicaciones Literalistas británicas que habían estado circulando entre los milleritas. No obstante, el nombre parece provenir del título de las editoriales de 1850 y el libro de 1851 de José Marsh. Por cierto, su periódico The Advent Harbinger (Rochester, Nueva York), llegó a ser la base para la doctrina, aunque otros individuos la habían enseñado antes que él.

La frase “era por venir” y lo que fuera posiblemente una leve anticipación del escenario del milenio de Marsh, se puede encontrar tan temprano como 1846 en una parte oscura del artículo de O. R. L. Crosier sobre el santuario en el Day-Star Extra. No obstante, cualquier influencia sobre Marsh, no es evidente; Crosier, aunque era parte del personal de Advent Harbinger desde 1847, no escribió nada sobre la era por venir hasta 1850, después de que Marsh escribiera sobre ella.

El artículo del Day-Star de Crosier contuvo la declaración original completa de la doctrina del santuario basada en la explicación del chasco que hiciera Hiram Edson el 23 de octubre. Fue reimpresa en parte por Jaime White en septiembre de 1850,[52] pero la sección encabezada “La era por venir” es poco conocida porque se omitió en la reimpresión. (la omisión era lógica, no sólo porque era irrelevante al tema principal, sino también porque, para ese tiempo, “era por venir” había llegado a ser el nombre para el milenio “judaico”.)

En esa sección, Crosier describe el milenio como un tiempo de restitución, una transición gradual que precedía a la tierra nueva. La denomina “una era de reparación, en la cual los santos inmortales se sumarán”, una era cuando “los cautivos de Sión” (indefinidos) serán limpiados de sus pecados y “poseerán su ‘propia tierra’ y los escombros serán reconstruidos”. Entonces Satanás reunirá a los “paganos” contra la amada ciudad.[53] Su fraseología es muy indefinida como para indicar su fuente o su posible efecto en los acontecimientos posteriores.

Otras fuentes posibles, que influenciaron sobre la doctrina de la era por venir de Marsh de 1850, pueden ser otras dos que fijaban puntos de vista Literalistas en 1846 y 1848; J. B. Cook, de Nueva Inglaterra (quien, al igual que Crosier, guardó el sábado por un tiempo, escribió a favor de él y luego lo abandonó), y Henry Grew, de Filadelfia (cuyo folleto había introducido a Storrs en la doctrina de la inmortalidad condicional).[54]

Posteriormente para noviembre de 1849, nuevamente Marsh había declarado esencialmente las bases de la posición millerita sobre el milenio, excepto por la omisión de la renovación de la tierra en el momento del advenimiento. Aunque declaró que nunca se había decidido en cuanto a la naturaleza del milenio. En diciembre, al introducir declaraciones de un autor Literalista, todavía profesaba desacuerdo con él sobre el regreso literal de los judíos a Palestina y sobre el tiempo de prueba después de la segunda venida.[55]

Luego aparecieron, al inicio de enero de 1850, sus editoriales sobre “Era por venir”, que introducía un punto de vista literalista detrás de otro. Sus “desacuerdos” se limitaban a pequeños detalles o estaba cambiando su postura. Al comienzo de 1850, aparecieron artículos en el Harbinger de Grew, Cook y otros, que habían sostenido puntos de vista literalistas antes que Marsh.

The Advent Herald surgió para defender la “fe adventista original”. En la conferencia que se llevó a cabo en Nueva York a comienzos de mayo, Himes tomó la iniciativa:

Hablamos de los defectos de los puntos de vista adventistas. Sí, los hay, -y algunos muy serios. Se enseña el judaísmo. Si los hermanos no tenían la intensión de enseñarlo, permitámosles que nos lo digan y que no enseñen esto bajo el manto del adventismo. Judaísmo y adventismo son dos cosas diferentes. Al primero lo hemos estado combatiendo desde el comienzo; y cada vez que nuestros hermanos lo han aceptado, los ha hechizado completamente.[56]

Marsh respondió diciendo que sus artículos se habían mal interpretado, pero la conferencia nombró una comisión para escribir un “discurso” que tratara sobre los “defectos” presentados. Este discurso, que reafirmaba la declaración de Albania de 1845 y que atacaba la doctrina de la era por venir, se presentó y se adoptó en una segunda conferencia organizada en Boston a fines de mayo.[57]

Marsh respondió en forma de una editorial que su doctrina había “sido tildada por el Herald y la conferencia de Boston con el odioso epíteto de ‘Judaísmo’”, aún así el Herald publicó los escritos de los Literalistas británicos que “sostenían el regreso literal de los judíos a Palestina y el tiempo de prueba después del advenimiento”.[58]

Su intento de negación de estos dos puntos se basaba en diferencias sutiles de significados de palabras.[59] Probablemente la continua oposición lo llevó a tomar una postura más dura en su libro de 1851, The Age to Come [La era por venir], que presentaba sus puntos de vista Literalistas en forma más completa.[60]

[p. 9] Marsh enseñó las principales doctrinas Literalistas del milenio: la continuación del tiempo de prueba para los mortales que quedaban sobre la tierra; los descendientes de los creyentes de Israel en una posición especial en un reino Davídico; el templo de Ezequiel y los sacrificios conmemorativos; la reconstrucción, limpieza y glorificación de la “antigua Jerusalén” como la capital del imperio del milenio (no la Nueva Jerusalén y la tierra nueva).[61] No obstante, ni él ni su asociado Crozier (como se deletreaba su nombre en esa época) sostuvieron un retorno antes de la venida de los judíos literales a Palestina, como lo hacían Grew y Cook.[62]

Marsh reimprimió en el Advent Harbinger selecciones de las obras Literalistas. Abrió sus columnas a Storrs, quien promovió así un libro sobre el Israelismo británico, que enseñaba la herencia de Palestina por unos supuestos descendientes británicos de las diez tribus junto con un Judá judío.[63] Pero esa doctrina no parece haber sido el mayor asunto en la controversia de la era por venir.

Las declaraciones que se destacan, entre las citadas como errores en el discurso de la conferencia de Boston de 1850, fueron las que se citan a continuación de las editoriales sobre la era por venir de Marsh, la mayoría sobre la restauración de Jerusalén y el perdón después del advenimiento:

Jerusalén será rescatada de los gentiles y arreglada para colocar el trono de su gloria.[64]

Numerosas profecías predicen en forma clara y positiva la reconstrucción de Jerusalén como lo hacen de su caída. Y como reconstruyen Jerusalén, la gloriosa ciudad del Señor durante su reino en el milenio, es evidente que la nueva Jerusalén, la cual no será reconstruida, no puede ser dicha ciudad…

[Isaías 54] no habla de la nueva Jerusalén que estará ubicada sobre la nueva tierra, sino de la Jerusalén literal en su estado redimido, purificado, embellecido y glorificado, en la Era por venir, bajo el reino milenial de Cristo…

Después que termine esta era evangélica, Cristo “regresaría” y reconstruiría otra vez el tabernáculo de David, que fue deshecho… Esto no puede ser la nueva Jerusalén o “el tabernáculo de Dios”, (Apo 21:3), porque nunca fue deshecho…

Nos vemos forzados a concluir que hay tres Jerusalén que se nombran en la Biblia.

1. Jerusalén, la que fue deshecha, y está ahora herida.

2. Jerusalén, redimida, reedificada,… la amada ciudad durante su reino milenial sobre la tierra, y

3. La nueva Jerusalén que descenderá de cielo de Dios, después de que terminen los mil años del reinado de Cristo.[65]

Esta profecía [Isaías 66:15-24] predice claramente primero la venida del Señor; luego nos informa que “los muertos de Jehová serán multiplicados” en ese día, pero nos lleva a comprender que “los escapados” de esa destrucción, los que, según creemos, no serán entonces cambiados a inmortalidad, sino que serán enviados a declarar la fama y la gloria del Señor a los gentiles, y a las islas que no han oído su fama ni visto su gloria…

El remanente de las naciones que escapará a la gran destrucción, en el momento o cerca del momento de la venida del Señor, serán favorecidos con los amables privilegios de someterse a su ley universal; pero en caso de no aceptar su oferta de misericordia, en lugar de disuadir y tratar con los ofensores, como en esta era de la prueba, los juicios se ejecutarán rápidamente.[66]

En varias editoriales y artículos en el Harbinger en los años 1850 y 1851, las frases “Jerusalén reconstruida” o “edificada” y “edificación del tabernáculo de David” aparecen repetidamente en relación con el reino milenial.[67]

 

LA RESPUESTA ADVENTISTA

¿Cómo respondieron Himes y el grupo mayoritario a la doctrina de la era por venir? Ellos argumentaban que no había una profecía que debía cumplirse todavía en la era futura antes del fin del tiempo de prueba, y que las promesas hechas a Israel estaban siendo mal interpretadas. Contra el nuevo “Judaísmo”, los escritores en el Advent Harbinger repitieron los mismos argumentos de las Escrituras que habían empleado en el período millerita y los mismos que usaron posteriormente los pioneros Adventistas del Séptimo Día. Algunos de estos argumentos, cuando se los usa actualmente, son considerados como nuevos por aquellos que no saben lo que los primeros adventistas –y los primeros Adventistas del Séptimo Día- dijeron sobre este tema.

Los puntos principales presentados por varios escritores se pueden enumerar de la siguiente forma:[68]

1. Las promesas del reino al antiguo Israel eran condicionales.

Muchas de ellas se hacen [a los judíos] en forma condicional, y si las condiciones no se cumplen, las promesas no son ahora buenas para ellos….

Aquí [en Jer. 18:7-10] tenemos las condiciones invariables sobre las cuales se dan todas las promesas nacionales.[69]

2. Estas promesas se perdieron por el fracaso en aceptar los términos.

[p. 10] Cuando [Cristo] vino,… y su nación lo rechazó, su tiempo de prueba terminó… El tiempo de prueba nacional para gozar de la herencia y el reino [de Dios] había concluido.[70] [Se cita Mat. 21:43]

3. Estas profecías describen lo que podría haber sido si las condiciones se hubieran aceptado.

Si ellos [los judíos como nación] hubieran sido fieles a sus obligaciones pactuales hacia su Dios, pareciera que hubieran sido bendecidos finalmente en una forma similar a las bendiciones prometidas en la nueva tierra…

[Después de la cautividad babilónica] mediante el arrepentimiento, y la continuidad en la obediencia, hubieran asegurado otra vez para ellos la promesa de… el último estado prometido a sus padres y perdido por ellos.[71]

Si la nación hubiera… aceptado a Cristo, no habría caído, sino que, como nación, habría tenido ventajas sobre todas las otras naciones… Si con su caída y en menor número, los gentiles han sido enriquecidos, cuanto más se hubieran enriquecidos los gentiles si el número completo (plenitud…) de los judíos hubiera creído.[72]

4. Algunas de estas profecías se cumplieron entre los judíos en el pasado.

Las profecías que se suponen que conllevan una esperanza futura para los judíos y para Jerusalén [incluyen] las profecías que se refieren a la restauración de los judíos de la cautividad de Babilonia.[73]

5. Algunas se cumplirán en “el verdadero Israel”, en la recompensa final de los salvados.

Luego [en la resurrección de los justos] se verificará la antigua promesa, “Yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío;… y os traeré a la tierra de Israel…” Los patriarcas y su verdadera semilla heredarán el territorio prometido cuando vivan en el estado de resurrección.[74]

6. Las profecías del Antiguo Testamento deben comprenderse en armonía con la interpretación inspirada en el Nuevo Testamento.

[Algunas promesas] son explicadas por los comentadores inspirados del Nuevo Testamento, para que hagan bien a todos los que son de la fe de nuestro padre Abrahán, a todos los que son injertados en el buen olivo.[75]

Si no tenemos exposiciones inspiradas [del Nuevo Testamento] de las promesas que se relacionan con la herencia de “Abrahán y su simiente”, podría haber algunas excusas para aplicar las promesas de Abrahán y su simiente de acuerdo a la carne… Pero necesitaríamos una nueva revelación antes de que consideremos aplicar esas promesas a los judíos, pues las tales,… Pablo las ha aplicado de otra manera.[76]

Para todos estos argumentos en contra de la interpretación “judaizante”, los escritores citan varias Escrituras. Es verdad que no todos ellos permanecen dentro de los límites apropiados de la evidencia de la Escritura. Algunos de ellos –desafortunadamente como algunos de sus sucesores Adventistas del Séptimo Día en años posteriores- salieron a despedazar y a decir que dado que las profecías no prometían a los judíos literales una restauración futura como una teocracia, nunca habría una nación judía en Palestina. Pero algunos de ellos, hace más de un siglo, señalaron la distinción válida entre un regreso como una entidad nacional y política, y un regreso como la teocracia preanunciada en las profecías divinas.

 

NO COMO UN CUMPLIMIENTO DE LA PROFECÍA

Tomemos a Himes, por ejemplo. ¿Qué habría dicho si hubiera podido mirar en una bola de cristal y ver el establecimiento de Estado de Israel en el siglo XX? ¿Habría dicho que los puntos de vista proféticos de la gente de la era por venir eran correctos después de todo? Difícilmente –no más de lo que hubiera modificado su postura sobre la doctrina del Israel Británico si hubiera visto el ingreso de Allenby en Jerusalén y la Liga de las Naciones estableciendo su Mandato Británico en Palestina.

Probablemente habría dicho, lo que dijo ya para 1849 al argumentar sobre las grandes expectativas de M. M. Noah: que incluso si los judíos fueran restaurados como nación en Palestina bajo condiciones de prueba, su ocupación de la tierra no constituiría el cumplimiento de las profecías. La promesa, dice Himes, era de

“la tierra… por posesión perpetua”… Una mera residencia en la tierra de la promesa no puede ser un cumplimiento de eso… Como la promesa de posesión no fue la de una mera residencia en esa tierra, así sea como una nación o como individuos, así tampoco la prolongada continuidad de los judíos, u otra restauración de ellos en el lugar, bajo las mismas condiciones de prueba, no serían o pueden ser el cumplimiento de la promesa.[77]

Curiosamente, Crozier, en el campamento de la era-por-venir, con posterioridad dijo casi lo mismo. Dado que él enseñaba la restauración literal de Israel durante el milenio, argumentaba con aquellos que esperaban que comenzara antes de la segunda venida. Declaró que incluso si Rothschild comprara Palestina, reuniera a los judíos y reconstruyera el Templo, tampoco sería un cumplimiento de la profecía.[78]

Y eso no era nuevo. Ya en 1842, Henry Dana Ward había escrito:

Si ellos fueran restaurados en Palestina hoy, no tendrían más que Jefté [sic], Samuel, [p. 11] y David; pero como su posesión no fue la posesión prometida [porque todos ellos “no recibieron la promesa” (se cita Heb. 11:39, 40)]; tampoco sería la posesión por parte de los judíos modernos, la posesión prometida… Aquellos que heredan con [Abrahán y Cristo] no la esperarán en esta vida mortal, sino en la resurrección y la vida eterna.[79]

Los Adventistas del Séptimo Día, todavía un grupo minoritario, permanecieron fuera de la controversia de 1850; no obstante, difícilmente habrían sido aceptados como aliados en cualquiera de los lados. El grupo de Advent Herald de Himes y los adherentes de la era por venir de Marsh, se reconocían mutuamente como hermanos errantes, pero consideraron a los Adventistas del Séptimo Día fuera del gremio. Los últimos, en cambio, consideraban a los otros grupos como habiéndose separado del mensaje original adventista y habiendo rechazado la nueva luz sobre el sábado.[80]

Fue la doctrina Adventista del Séptimo Día del milenio la que impidió que aceptaran los puntos de vista de la era por venir: con todos los redimidos en el cielo y ningún ser humano que quedara vivo sobre la tierra, no hay simplemente espacio para ningún tiempo de prueba después de la segunda venida o un reino milenial “judaizante” en la tierra.