La reunión de Israel:
Un estudio histórico de
Primeros Escritos, pp. 74-76.
Por Julia Neuffer
Ex Editora Asistente para Libros
en
“También vi que la vieja Jerusalén nunca será edificada”, escribió Elena G.
de White en 1851. ¿A qué clase de edificación hizo referencia? ¿Estaba
equivocada?
Esta oración aparece en Primeros
escritos, en un capítulo (pp. 74-76) titulado “El tiempo de reunión”, que
es una combinación de dos visiones y algunas líneas adicionales. (Véase el
texto en las pp. 12 y 13 que figuran en este trabajo.) Una de las visiones, la
del 23 de septiembre de 1850, trata el tema (a) del “tiempo de reunión” de
“Israel”; (b) las fechas de la tabla o gráfico millerita de 1843; (c) el
“continuo” y el fijar fechas; y (e) el error de ir a la antigua Jerusalén. La
sección (d), de la visión del 21 de junio de 1851, trata sobre el mensaje del
tercer ángel y el fijar fechas. Esta última sección se insertó cuando la
combinación se publicó por primera vez en Experience
and Views [Experiencia y visiones] (agosto de 1851). También se agregó: (f)
una referencia posterior de ir a Jerusalén; y (g) la declaración de que la
antigua Jerusalén no sería reconstruida. Todo se reimprimió con revisiones
verbales menores en Primeros escritos
(1882).
¿Por qué se combinaron estos temas aparentemente sin relación?
MENSAJES OPORTUNOS
Su oración final da una pista:
También vi… que
Satanás estaba haciendo cuanto podía para extraviar en estas cosas a los hijos
del Señor ahora, en el tiempo de reunión, a fin de impedirles que dediquen todo
su interés a la obra actual de Dios.[1]
Su uso reiterado de la palabra ahora
indica que su mensaje se relacionó con el momento
en el cual ella escribió. Si examinamos el registro de lo que estaba
sucediendo en las filas adventistas en 1850 y 1851, y si observamos el
trasfondo histórico de los sucesos importantes de ese período, encontramos que
todas estas partes encuadran dentro de un modelo unificado. Tratan con varios
errores que se centran mayormente en una interpretación profética equivocada
conocida en ese momento como la doctrina de “la era por venir”.
En agosto de 1851, alrededor del tiempo cuando se publicaron juntos estos
mensajes del “tiempo de reunión”, Jaime White escribió una editorial en
Incluso advirtió sobre dos desviaciones: “La historia de ‘Meshullam’ puede agradar al oído y ‘la
era por venir’ puede ocupar y dividir la mente”.
Se hablará sobre Meshullam en una sección posterior (página 11). ¿Qué significaba
la “era por venir”?
Si combinamos estas tres definiciones, obtenemos: “una doctrina judaica del
milenio que incluye la antigua Jerusalén”. Y que, aunque pueda sonar auto
contradictoria, es precisamente de lo que se trataba esta cuestión
controvertida de la era por venir. Hizo furor en Advent Harbinger y Advent
Herald en 1850 y posteriormente. Proveyó el trasfondo para los mensajes del
“tiempo de reunión” de Elena G. de White, como lo mostrará un estudio de la
situación histórica. Este “judaísmo”, dijo Himes, era algo que “hemos combatido
en [p. 2] toda la iglesia”, y que “hemos repudiado desde el comienzo”.[6]
Debemos regresar, entonces, al comienzo del movimiento de Miller para
aprender en qué consistió la incompatibilidad entre el “Adventismo” y el
“Judaísmo”.
LOS ADVENTISTAS Y EL ADVENTISMO
El nombre de “Adventistas”, acuñado por las personas apodadas “Milleritas”,
lo aplicaban ellos mismos a su propio movimiento.[7]
También aparece en los libros mencionados en la frase “Cuerpos adventistas”
para designar las denominaciones (incluyendo a los Adventistas del Séptimo Día)
derivadas de los adventistas originales o Milleritas. Actualmente usamos más
“Adventista” como una forma abreviada de “Adventista del Séptimo Día”. Pero a
veces encontramos la frase “movimiento adventista” empleada en forma vaga para
dar a entender un movimiento extenso e internacional que precedió e incluyó al
movimiento Millerita –el “Despertar Adventista” que surgió a comienzos del
siglo diecinueve (y que incluso tiene sus raíces en una época más temprana).
Incluyó a muchos individuos y a unos pocos grupos en muchos países que
consideraban cercana la segunda venida. Debido a que esperaban la venida de
Cristo antes del milenio, su doctrina
se denominó “premileniarismo”.
El adventismo propiamente dicho, era una doctrina de los adventistas, es
decir, el tipo Millerita de
premileniarismo. Los adventistas no eran los únicos en enseñar “el pronto
advenimiento” o la fijación de fechas para las profecías de tiempo bíblicas o
incluso para la segunda venida. Había otros premileniaristas, especialmente en
Gran Bretaña, que hacían ambas cosas. (Estos se llamaban Literalistas, por
razones que se explicarán luego).
Pero los adventistas se distinguían por enseñar: (1) que la segunda venida
–que se esperaba al final de los 2.300 días de Daniel- terminaría con el mundo
presente e introduciría el reino eterno; (2) que la venida de Cristo destruiría
a todos los no salvados y resucitaría y transformaría a todos los redimidos, y
como consecuencia concluiría el tiempo de prueba para toda la humanidad y
dejaría solamente a los santos inmortales para vivir en el reino; y (3) que
después del milenio (al que consideraban como los primeros mil años de estado
eternal en la tierra nueva), el resto de los muertos (es decir, todos los que
no se salvaron) resucitarían en la segunda resurrección, entonces se
sublevarían y recibirían su castigo final.[8]
(La rama “del Séptimo Día” del Adventismo sostiene también lo mismo,
excepto que ubica el reino del milenio en el cielo y el tiempo de la renovación
de la tierra al final de ese período.)
Ambos tipos de premileniaristas (Adventistas y Literalistas) se oponían al
entonces prevaleciente postmileniarismo, que ubicaba la segunda venida después del milenio. Los
posmileniaristas describían el reino del milenio como un reino “espiritual” de
Cristo, no literal –mediante el triunfo de la iglesia. Avizoraban la conversión
del mundo en general y el gobierno justo de los piadosos, con el hombre en un
estado todavía mortal pero enormemente mejorado. Esperaban el regreso de Cristo
en persona, al final, después de los mil años (o quizás, en base al principio
día-año, 360.000 años), en el futuro distante.[9]
JUDAÍSMO
Fue a esta doctrina de una utopía terrenal del postmileniarismo, que al
comienzo los milleritas la nombraron como “judaizante” y “judaísmo”. Estos
términos, usados en la primera conferencia general adventista, realizada en
Boston en 1840, fue tomada de dos credos protestantes del siglo dieciséis.[10]
Recién después los aplicaron a los premileniaristas literalistas. A
continuación aparece la razón de porqué lo hicieron.
Los literalistas insistían en que las profecías mesiánicas del Antiguo
Testamento habrían de cumplirse literalmente y en detalle en el reino del
milenio, especialmente en el Israel literal y Judá según la carne. De acuerdo
con este punto de vista, el reino, aunque bajo el gobierno de Cristo y los
santos resucitados e inmortales, incluiría a los judíos mortales en Palestina;
su capital sería
No obstante los adventistas, en el momento de su primera conferencia
general en 1840, todavía consideraban a estos amigos premileniaristas
(incluyendo a hombres como Wolf, Irving y otros) como hermanos en el anuncio
del “pronto advenimiento”.[12]
Recomendaban los escritos de los literalistas contra los postmileniaristas,
incluso sabiendo que contenían algunos errores mezclados con la verdad central
del segundo advenimiento.
De igual forma, actualmente consideramos todavía a los milleritas como
nuestros predecesores aunque ellos, al corregir algunos de los errores de los
literalistas, retuvieron algunos de los propios. También reconocemos a los
premileniaristas británicos y europeos como parte del “gran despertar
religioso” que se predice en “la profecía del primer mensaje angélico, en el
capítulo 14 del Apocalipsis”, quienes por el “estudio de las Escrituras” vieron
y proclamaron “que la venida del Salvador está cerca” (El conflicto de los siglos,
pp. 404-407) y no en el futuro distante postmilenial. Consideramos que fueron
usados por Dios para despertar multitudes a la verdad central del segundo
advenimiento, en un momento cuando se debía dar el mensaje del primer ángel,
incluso aunque no tuvieran las verdades presentadas por los milleritas y, más
aún, por los Adventistas del Séptimo Día.
Los milleritas enfatizaron lo que sostenían en común con los literalistas
–la presencia personal de Cristo y el reino durante el milenio- y minimizaron
lo último de los “literalistas” como una aberración curable.[13]
Como lo dijo Litch posteriormente:
En 1840, se hizo un
intento para abrir un intercambio entre los Literalistas de Inglaterra y los
Adventistas de Estados Unidos. Pero pronto se descubrió que no eran tan
amistosos por nuestras nociones anti-judaizantes, así como por su judaísmo; y
el intercambio se quebrantó.[14]
Lo que repudiaban los Milleritas como “judaísmo” no tenía nada que ver con
las enseñanzas religiosas de los judíos o con el sábado. Se trataba de una
doctrina específica del milenio, es decir, la enseñanza de que las profecías
del Antiguo Testamento sobre la restauración de Israel y el liderazgo mundial
estaban por cumplirse mediante una reunión futura de los judíos literales en el
reino milenial de Cristo –un reino sobre esta tierra con su capital en
Por el contrario, los Milleritas veían en la reunión de Israel, la reunión
de los santos inmortales que se encontrarían con Cristo en el aire. Todos los
verdaderos hijos de Abrahán mediante la fe –judíos y gentiles- serían
arrebatados al sonido de la trompeta, luego volverían con Cristo para poseer la
tierra renovada.[15]
Todos los intentos por ganar a los Literalistas a estos puntos de vista
estaban condenados al fracaso. Había unos pocos Literalistas entre los
Milleritas al comienzo, pero para 1842, la mayoría de los que se oponían,
salieron y establecieron su propio periódico. Para ese momento fue claro para
los Adventistas que “judaísmo” pertenecía menos a los postmilleniaristas que a
los premileniaristas literalistas; que era incluso elemental para su sistema (como
lo es hoy para los Literalistas modernos, los premileniaristas
futuristas-dispensacionalistas).[16]
POLÍTICA DE ASUNTOS EXTRANJEROS DE LOS LITERALISTAS
Los Literalistas Británicos –fuertes entre los Evangélicos Anglicanos y en
varias iglesias No Conformistas- no estaban por abandonar sus esperanzas de
convertir a los judíos y enviarlos a Palestina para reunirse con su Mesías, no
especialmente alrededor de 1840, cuando las políticas británicas del momento que
ofrecían protección a los judíos que vivían en Palestina, produjeron grandes
expectativas entre los premileniaristas. De hecho, la influencia literalista
estaba ayudando extraoficialmente a modelar tal política. Un literalista
ferviente, Lord Ashley (posteriormente el Conde de Shaftesbury), era hijastro y
confidente de Lord Palmerston, el secretario de asuntos extranjeros de
Inglaterra. Ashley tenía esperanzas personales de ocasionar, mediante la acción
británica, la restauración de Israel en Palestina en preparación para la
segunda venida. En 1840, empujó a Palmerston, aduciendo razones políticas, en la búsqueda internacional
de respaldo por la migración judía a Palestina, mientras que confesaba en su
diario sus propias motivaciones personales, las cuales eran claramente
religiosas:
Cena con Palmerston.
Después de la cena quedé a solas con él. Le propuse mis planes, los que
parecieron encender su apetencia… Palmerston ha sido ya elegido por Dios como
instrumento del bien para su antiguo pueblo; para homenajear, como corresponde,
a su herencia y reconocer sus derechos sin pensar en su destino… Me veo forzado
a discutir política, financiera y comercialmente; estas consideraciones le
hacen pensar en el hogar; llora, no como su Maestro sobre Jerusalén, ni reza
porque ahora, finalmente, pueda vestirse con sus ropas bellas.[17]
La influencia de Ashley estaba también tras el establecimiento de un
consulado en Jerusalén en 1838, y la creación de un obispado anglicano allí en
1841, además del llamado para oficiar en éste de un obispo judío cristiano. El
16 de octubre de 1841, escribió en su diario: “¿Dónde habría estado el permiso
del Sultán [para construir la iglesia del obispo] sin el vigor de Palmerston
como resultado de mis repetitivas y fervientes representaciones?[18]
Pero el sueño de Ashley del apoyo británico y el trato protector de la
migración judía a Palestina no se materializó. El tratado del cuarto poder de
1840 ignoró la cuestión. Incluso los mismos judíos mostraron poco interés; pasó
más de medio siglo antes de que se levantara el Sionismo.
[p.4] No obstante, la política británica del siglo veinte en el Medio
Oriente se debía en algo a la interpretación profética de los literalistas de
las décadas de 1830 y 1840.
Como lo expresa un reciente escritor:
La aventura de Lord
Shaftesbury marca el punto cuando los eventos comenzaron a liderar lógicamente
hacia el Mandato [Palestina]…
Palmerston [sus
políticas del Medio Oriente] marca el comienzo de la intervención británica
oficial a favor de la “nación judía” y su reasentamiento en Palentina…
Ashley no trabajó en
vano… Todos estos eventos que se centran en
DIFERENCIAS ENTRE LOS ADVENTISTAS
A medida que el movimiento Millerita se desarrollaba separándose
decididamente de los Literalistas, había casi un acuerdo completo entre los
Adventistas en cuanto a que el fin de este mundo y el comienzo de la eternidad
sería en el momento de la segunda venida, y sólo sobrevivirían los santos
inmortalizados en el reino del milenio. No obstante, unos pocos milleritas
veían una dificultad: ¿Cómo podía ser purificada la tierra con fuego en la segunda
venida y todavía resucitar los cuerpos de los impíos en la tierra renovada mil
años después?
En abril de 1843, George Storrs (el millerita más activo en la enseñanza de
la inmortalidad condicional) concluyó que la destrucción del segundo
advenimiento no sería completa. Sostenía que habría algunos “dejados de las
naciones” en la carne, en continuo tiempo de prueba, como súbditos del reino
milenial de Cristo y los santos, y que la destrucción y los nuevos fuegos
vendrían al final del período.[20]
Para octubre de
En 1845, Storrs fue más lejos. Desilusionado por el chasco millerita,
aceptó plenamente toda la doctrina Literalista. “Finalmente se ha metido en el
judaísmo”, argumentó Enoc Jacobs, editor de The
Day Star (Cincinnati).[22]
Por lo tanto, se consideró que Storrs había asumido una postura fuera de las
filas de los adventistas.
No obstante, otros adventistas como E. R. Pinney (1844) y Jaime White
(1845) sostenían igualmente que el reino no se establecería sobre la tierra
hasta después del milenio,[23]
pero no adoptó nada del Literalismo. Antes del chasco estas diferencias
individuales, como las diferencias sobre la inmortalidad innata o condicional,
no causaron divisiones en el movimiento Millerita.
TRES DIVISIONES POSTERIORES A 1844
No obstante, la historia fue diferente después de octubre de 1844. Los
adventistas que no se habían apartado del movimiento pronto se dispersaron en
la búsqueda de la causa de su chasco. ¿Se habían equivocado en su cálculo de
los 2.300 días y en dar el “clamor de medianoche” (“Mirad, allí viene el
novio”) de la parábola profética de las diez vírgenes? ¿O en aplicar el segundo
advenimiento a ese cumplimiento? ¿O se habían equivocado en la naturaleza del advenimiento?
Durante los primeros meses, se desparramó la creencia de que sólo estaban
pasando un breve “momento de demora” y que Cristo vendría en unas pocas semanas
o meses como máximo. Pero para el momento en que el “año judío de
1. La mayoría. Para la primavera
de 1845, la mayoría de los adventistas habían abandonado la creencia de que
1844 había marcado un cumplimiento de la profecía –así de los 2.300 de Daniel
como del “clamor de medianoche” de la parábola. Concluyeron que estos
cumplimientos y los tres mensajes de Apocalipsis 14 pertenecían a un futuro
incierto. (No obstante, permanecieron abiertos a posteriores fijaciones de
fechas.) Esta mayoría [p. 5] retuvo su
anterior negación del tiempo de prueba del milenio de los Literalistas
“judaizantes”.[24]
En abril, los principales líderes milleritas, incluyendo Miller y Himes,
tuvieron una conferencia en Albania, Nueva York. Allí adoptaron un declaración
de principios y formaron una organización separada de congregaciones
adventistas de las cuales, posteriormente, surgieron dos denominaciones –los
Adventistas Evangélicos (ahora extintos) y los Adventistas Cristianos. Hubo
otros que no aprobaron la declaración de fe adoptada por la conferencia de
Albania o la organización, aunque rudimentaria; no obstante ellos también formaron
parte de la mayoría que consideró al movimiento de 1844 como un error.
2. Las dos minorías. Un número
menor, por el contrario, sostuvo que el movimiento de 1844 había marcado
ciertamente el cumplimiento de la profecía. Consideraban que el grupo mayoritario
había negado el liderazgo de Dios en ese movimiento, y por tanto, habían
abandonado el mensaje del advenimiento. Denominaban a la mayoría “Adventistas
nominales” o “Adventistas profesos”.
Esta minoría, que adherían a “su experiencia pasada” en 1844, decían que
los 2.300 días habían concluido y que la parábola del Novio se había cumplido;
y, por lo tanto, la “puerta se cerró” después de que el Novio ingresó a la
boda. (La “puerta cerrada” llegó a ser más o menos equivalente a creer en la
validez del movimiento de 1844.)
Pero esta minoría abarcaba a dos grupos incompatibles, divididos por dos
interpretaciones mutuas excluyentes de la venida del Novio a la boda. Obviamente
Cristo no había aparecido; si había ocurrido su segunda venida, no fue una
venida visible y personal. O, si la segunda venida debía ser visible, en
persona y gloriosa, entonces ese evento todavía no había ocurrido.
El grupo minoritario A. Este grupo sostenía
que habían estado en lo correcto en cuanto al tiempo y el evento que esperaban.
Insistían que la segunda venida no era un regreso literal y personal, sino una
venida espiritual e invisible, “en
sus santos”. Por lo tanto se los denominó “espiritualizadores” o
“espiritualistas”.[25]
Estos, al sostener que Cristo por cierto había venido y que estaban ya en el
reino del milenio, practicaban el “no trabajar” u otros tipos de fanatismos.
Muchos de ellos se unieron al “reino” de los Shakers [sacudidores] en 1846,
mientras que otros pronto lo abandonaron o regresaron a los otros grupos
adventistas.[26]
El grupo minoritario B. Sostenía que el tiempo había sido correcto, pero que su
error estaba en el evento esperado;
que el cumplimiento no tenía nada que ver con la segunda venida; y que había
que esperar todavía una venida personal y visible. Pero rehusaron negar la
validez de su movimiento de octubre de 1844 como el cumplimiento de los 2.300
días y del “clamor de medianoche” de la parábola. Decían que el Novio había
venido a la boda y que cerró la puerta (por eso se los conocía como los de “la
puerta cerrada”), pero, según algunos decían, la segunda venida sería el
regreso del Novio de la boda.[27]
Este era el grupo intermedio de los tres, que evitaba por un lado la
insistencia de los espiritualizadores de que el tiempo y el evento habían sido
correctos, y por el otro lado, el abandono de la mayoría de ambas cosas.[28]
A medida que el tiempo transcurrió, muchos de este grupo se unieron a la
mayoría.
LOS ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA EN
Los fundadores de los Adventistas del Séptimo Día, un mero puñado al
comienzo (los White, Bates y otros), provenían de este grupo intermedio.
Adoptaron la nueva explicación del santuario celestial a la que había llegado
Hiram Edson el día después del chasco;[29]
proclamaron la doctrina del sábado como el tercer mensaje de los tres ángeles,
y formaron la iglesia Adventista del Séptimo Día.
Desde el comienzo los fundadores de los Adventistas del Séptimo Día se
opusieron a los espiritualizadores y enfatizaron la futura venida personal de
Cristo. De hecho, encontraron en las filas de ex espiritualizadores una muy
pobre fuente de conversos. Tales conversos, observó Jaime White, estaban tan
llenos de nociones de su propia superioridad espiritual que no podían encajar
con sus hermanos; probaron ser miembros inestables, listos para caer
nuevamente.[30]
Así, parecía que los primeros Adventistas del Séptimo Día provenían
mayormente del grupo intermedio, por lo que no podían ser oídos por la mayoría.
El último grupo los confundía con los espiritualizadores porque ambos, los Adventista
del Séptimo Día y los espiritualizadores, sostenían la validez del movimiento
de 1844.[31]
No es de extrañarse, entonces, que durante estos [p. 6] primeros años de
división –el tiempo de reunión, como lo llamó
Pero al mismo tiempo, dijo que Satanás estaba tratando de desviarlos de la
verdad presente y de la tarea presente por medio de otras distracciones,
principalmente la fijación de fechas y la doctrina de la era por venir.
Dado que los Adventistas del Séptimo Día sostenían la fecha de 1844 para el
fin de los 2.300 días, no estaban buscando una fecha sustituta. Esto les dio
cierta inmunidad a la fiebre de fijar fechas transmitida por varios individuos
entre los otros adventistas. (Hubo unas pocas excepciones alrededor de 1850.)
Debido a su punto de vista sobre la era futura, los Adventistas del Séptimo
Día retuvieron la creencia original millerita de que el regreso de Cristo
terminaría con el tiempo de prueba e iniciaría el reino de los santos inmortalizados,
judíos y gentiles por igual. También desarrollaron para 1850 una nueva doctrina
del milenio –no sostenida, en tanto yo sepa, por nadie más-, un punto de vista
que colocaba el reino del milenio en los
cielos, dejando a la tierra sin ningún ser humano vivo durante ese período.
Este punto de vista proveyó una inoculación efectiva contra el mileniarismo
Literalista que se enseñaba como novedoso bajo el nombre de “la era por venir”.[33]
El grupo de la “era por venir”, que podría decirse que era otro grupo minoritario,
surgió con posterioridad del grupo mayoritario de Adventistas. Debido a que
pertenece a la década de 1850, será tratado en una sección posterior, después
de un repaso del período de 1848-1850 y su fijación de fechas.
LAS CONMOCIONES DE 1848
En 1848, se produjeron en Europa una erupción de revoluciones;
levantamientos populares derrocaron tronos y destruyeron estructuras de poder
en muchos países, incluso provocaron la huida del Papa e hicieron de Roma una
república. En 1849, había temor de una invasión Rusa desde el norte.
Algunos adventistas vieron estos eventos como “el zarandeo de las potencias
de los cielos”.[34] Para muchos la conmoción de
los “poderes gentiles” de Europa presagiaban el fin del “tiempo de los
gentiles” y la restauración de Israel, especialmente debido a que en muchos
países las revoluciones trajeron nueva libertad a los judíos. Por lo general, se
suponía que el “tiempo de los gentiles” se extendería hasta la segunda venida.[35]
A mediados de 1848, Josías Litch, uno de los escritores líderes de los
milleritas, fue conmovido por las revoluciones en proceso. Debido a que en
algunos países las revoluciones produjeron nueva libertad para los judíos,
buscó una emancipación inminente de la dominación que ejercían los gentiles a los
judíos y a
En noviembre de 1848, Mardoqueo M. Noah, un escritor judío de un periódico
de la ciudad de Nueva York, pronunció un discurso –ampliamente registrado en la
prensa- sobre la llegada de un “mensajero” de Jerusalén solicitando ayuda para
los judíos de aquel lugar. El discurso de Noah transformó un pedido de fondos
(para construir una sinagoga en Jerusalén) en un sonido de trompeta que llamaba
a la emancipación de los judíos y anticipaba su restauración.
Los truenos
comenzaron a retumbar por toda Europa;… el Sol de
Cuando la trompeta
suene desde el Monte Sión, todo oído estará abierto, todo corazón latiendo. Sé
muy bien, que hay muchos judíos alrededor del mundo, que buscan la restauración
de sus hermanos en
Este permiso de
colocar una piedra fundamental una vez más en Jerusalén, de erigir un templo
magnífico… es… un preanuncio de grandes promesas de ahora en más.[38]
La verbosidad de Noah, copiada de un periódico a otro, se convirtió en
nuevo ítem: “La reconstrucción del templo judío”.[39]
Había otros informes de interpretaciones proféticas en circulación. La
historia de un periódico anunciaba que los ricos financistas judíos de la
familia Rothschild estaban negociando comprar [p. 7] la tierra de Canaán para
los judíos.[40] A medida que se acercaba el
año 1850, la prensa citó varios pronósticos de acontecimientos del momento –uno
de una “profecía” del siglo XVII que decía que habría conmociones entre las
naciones para mediados del siglo XIX, que un “príncipe del norte” invadiría
Europa, y que “un nuevo pastor, el último” vendría y traería la paz.[41]
Las historias de este tipo en los periódicos, las recolectaban unos pocos
escritores adventistas –algunos para refutarlas, otros para exhibirlas como
señales de los tiempos.[42]
Los individuos que fijaban fechas en relación con el año 1850, llegaron a
ser más numerosos que nunca. Probablemente una de las razones para esto, además
de los sucesos mundiales, era el hecho de que 1850 era la última fecha hasta
donde se podían alargar los 2.300 días trasladando las 70 semanas, sin divorciar
esto último de la fecha de la crucifixión (aunque cuando pasó 1850 algunos se
las ingeniaron de todas formas para estirar los 2.300 hasta el año 1851).[43]
LOS ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA Y
Mientras que Jaime y Elena White vivían en Oswego, Nueva York, en
1849-1850, se encontraron contendiendo con dos predicadores que fijaban fechas
y que imprimieron un periódico en el lugar, The
Watchman, para proclamar el advenimiento en 1850.[44]
Los Adventistas del Séptimo Día eran doctrinalmente inmunes a cualquier desliz
en los 2.300 o las 70 semanas, aunque estaban expuestos a todas estas nociones
según se las fijaran o refutarán en otros periódicos adventistas. Aunque Jaime
White mantuvo la fijación de fechas fuera de sus propios periódicos (Present Truth, Advent Review y Review and
Herald), dos de sus hermanos hicieron sus propias impresiones: Hiram Edson
para 1850 y José Bates para 1851.
El folleto de Edson que salió en 1849, predijo con gran seguridad la
culminación del tiempo de prueba en ese año y el segundo advenimiento en 1850;
el folleto de Bates, de 1850, no hacía predicciones positivas, pero presentaba
claramente en sus conclusiones que el ministerio de Cristo en el Lugar
Santísimo duraría siete años (desde 1844).[45]
Ambos fechaban “la plenitud de los gentiles” y el fin del “tiempo de los
gentiles” en 1844, y ambos veían esto como la producción de un cambio para “un
remanente” de Israel,[46]
aunque ninguno adoptó el punto de vista Literalista. ¿No se nota aquí la
influencia de la obra ya mencionada de Litch en 1848?
Aunque Bates se refería raramente a “la misericordia que se extendía a un
remanente de Israel literal”, Edson escribió un folleto completo sobre “el
regreso final de los judíos en
Ninguna de las publicaciones privadas parecen haber tenido una influencia
muy difundida entre los Adventistas del Séptimo Día, y ambos hombres
abandonaron sus puntos de vista atípicos casi antes de que se seque la tinta.
En 1850, David Arnold, al escribir en Present
Truth, citó igualmente el discurso de Noah como evidencia de que los judíos
no serían más pisoteados, a causa del fin de los tiempos de los gentiles en
1844.[49]
Probablemente Jaime White permitió que se escribiera ese artículo en sus
columnas porque se oponía a la fijación de fecha de 1850, y no enseñaba el
Literalismo.
Estas producciones muestran la necesidad de los mensajes de
Por cierto, los vientos de doctrina produjeron fuerzas huracanadas entre
los Adventistas en 1850 –especialmente el grupo mayoritario- sobre “la era por
venir”. Esta expresión era un nombre nuevo para el antiguo Literalismo que los
milleritas habían denunciado como “judaísmo”. El resultado fue el surgimiento
de un grupo no organizado pero diferente, que incluía a aquellos que aceptaron
los puntos de vista Literalistas del milenio.[50]
Los líderes que exponían estas ideas las describían en formas que variaban
levemente entre sí, pero todos lo veían como un período de prueba continuo, con
judíos mortales en una Jerusalén literal. Eventualmente, algunos simpatizantes de las enseñanzas de la
era por venir, llegaron a organizarse en denominaciones que llevaban el nombre
de Iglesia de Dios: una (que observaba el domingo) era
[p. 8] ¿De dónde provino la doctrina de la era por venir de la década de
1850? Posiblemente se entroncaba principalmente en las publicaciones
Literalistas británicas que habían estado circulando entre los milleritas. No
obstante, el nombre parece provenir del título de las editoriales de 1850 y el
libro de 1851 de José Marsh. Por cierto, su periódico The Advent Harbinger (Rochester, Nueva York), llegó a ser la base
para la doctrina, aunque otros individuos la habían enseñado antes que él.
La frase “era por venir” y lo que fuera posiblemente una leve anticipación
del escenario del milenio de Marsh, se puede encontrar tan temprano como 1846
en una parte oscura del artículo de O. R. L. Crosier sobre el santuario en el Day-Star Extra. No obstante, cualquier
influencia sobre Marsh, no es evidente; Crosier, aunque era parte del personal
de Advent Harbinger desde 1847, no
escribió nada sobre la era por venir hasta 1850, después de que Marsh
escribiera sobre ella.
El artículo del Day-Star de
Crosier contuvo la declaración original completa de la doctrina del santuario
basada en la explicación del chasco que hiciera Hiram Edson el 23 de octubre.
Fue reimpresa en parte por Jaime White en septiembre de 1850,[52]
pero la sección encabezada “La era por venir” es poco conocida porque se omitió
en la reimpresión. (la omisión era lógica, no sólo porque era irrelevante al
tema principal, sino también porque, para ese tiempo, “era por venir” había
llegado a ser el nombre para el milenio “judaico”.)
En esa sección, Crosier describe el milenio como un tiempo de restitución,
una transición gradual que precedía a la tierra nueva. La denomina “una era de
reparación, en la cual los santos inmortales se sumarán”, una era cuando “los
cautivos de Sión” (indefinidos) serán limpiados de sus pecados y “poseerán su
‘propia tierra’ y los escombros serán reconstruidos”. Entonces Satanás reunirá
a los “paganos” contra la amada ciudad.[53]
Su fraseología es muy indefinida como para indicar su fuente o su posible
efecto en los acontecimientos posteriores.
Otras fuentes posibles, que influenciaron sobre la doctrina de la era por
venir de Marsh de 1850, pueden ser otras dos que fijaban puntos de vista
Literalistas en 1846 y 1848; J. B. Cook, de Nueva Inglaterra (quien, al igual
que Crosier, guardó el sábado por un tiempo, escribió a favor de él y luego lo
abandonó), y Henry Grew, de Filadelfia (cuyo folleto había introducido a Storrs
en la doctrina de la inmortalidad condicional).[54]
Posteriormente para noviembre de 1849, nuevamente Marsh había declarado
esencialmente las bases de la posición millerita sobre el milenio, excepto por
la omisión de la renovación de la tierra en el momento del advenimiento. Aunque
declaró que nunca se había decidido en cuanto a la naturaleza del milenio. En
diciembre, al introducir declaraciones de un autor Literalista, todavía
profesaba desacuerdo con él sobre el regreso literal de los judíos a Palestina
y sobre el tiempo de prueba después de la segunda venida.[55]
Luego aparecieron, al inicio de enero de 1850, sus editoriales sobre “Era
por venir”, que introducía un punto de vista literalista detrás de otro. Sus
“desacuerdos” se limitaban a pequeños detalles o estaba cambiando su postura.
Al comienzo de 1850, aparecieron artículos en el Harbinger de Grew, Cook y otros, que habían sostenido puntos de
vista literalistas antes que Marsh.
The Advent Herald surgió para defender
la “fe adventista original”. En la conferencia que se llevó a cabo en Nueva
York a comienzos de mayo, Himes tomó la iniciativa:
Hablamos de los
defectos de los puntos de vista adventistas. Sí, los hay, -y algunos muy
serios. Se enseña el judaísmo. Si los hermanos no tenían la intensión de
enseñarlo, permitámosles que nos lo digan y que no enseñen esto bajo el manto
del adventismo. Judaísmo y adventismo son dos cosas diferentes. Al primero lo
hemos estado combatiendo desde el comienzo; y cada vez que nuestros hermanos lo
han aceptado, los ha hechizado completamente.[56]
Marsh respondió diciendo que sus artículos se habían mal interpretado, pero
la conferencia nombró una comisión para escribir un “discurso” que tratara
sobre los “defectos” presentados. Este discurso, que reafirmaba la declaración
de Albania de 1845 y que atacaba la doctrina de la era por venir, se presentó y
se adoptó en una segunda conferencia organizada en Boston a fines de mayo.[57]
Marsh respondió en forma de una editorial que su doctrina había “sido
tildada por el Herald y la conferencia de Boston con el odioso
epíteto de ‘Judaísmo’”, aún así el Herald publicó los escritos de los
Literalistas británicos que “sostenían el regreso literal de los judíos a
Palestina y el tiempo de prueba después del advenimiento”.[58]
Su intento de negación de estos dos puntos se basaba en diferencias sutiles
de significados de palabras.[59]
Probablemente la continua oposición lo llevó a tomar una postura más dura en su
libro de 1851, The Age to Come [La
era por venir], que presentaba sus puntos de vista Literalistas en forma más
completa.[60]
[p. 9] Marsh enseñó las principales doctrinas Literalistas del milenio: la
continuación del tiempo de prueba para los mortales que quedaban sobre la
tierra; los descendientes de los creyentes de Israel en una posición especial
en un reino Davídico; el templo de Ezequiel y los sacrificios conmemorativos;
la reconstrucción, limpieza y glorificación de la “antigua Jerusalén” como la
capital del imperio del milenio (no
Marsh reimprimió en el Advent
Harbinger selecciones de las obras Literalistas. Abrió sus columnas a
Storrs, quien promovió así un libro sobre el Israelismo británico, que enseñaba
la herencia de Palestina por unos supuestos descendientes británicos de las
diez tribus junto con un Judá judío.[63]
Pero esa doctrina no parece haber sido el mayor asunto en la controversia de la
era por venir.
Las declaraciones que se destacan, entre las citadas como errores en el
discurso de la conferencia de Boston de 1850, fueron las que se citan a
continuación de las editoriales sobre la era por venir de Marsh, la mayoría
sobre la restauración de Jerusalén y el perdón después del advenimiento:
Jerusalén será
rescatada de los gentiles y arreglada para colocar el trono de su gloria.[64]
Numerosas profecías
predicen en forma clara y positiva la reconstrucción de Jerusalén como lo hacen
de su caída. Y como reconstruyen Jerusalén, la gloriosa ciudad del Señor
durante su reino en el milenio, es evidente que la nueva Jerusalén, la cual no será reconstruida, no puede ser dicha ciudad…
[Isaías 54] no habla
de la nueva Jerusalén que estará ubicada sobre la nueva tierra, sino de
Después que termine esta era evangélica, Cristo “regresaría” y reconstruiría otra vez el
tabernáculo de David, que fue deshecho… Esto no puede ser la nueva Jerusalén o
“el tabernáculo de Dios”, (Apo 21:3), porque nunca fue deshecho…
Nos vemos forzados a
concluir que hay tres Jerusalén que
se nombran en
1. Jerusalén, la que
fue deshecha, y está ahora herida.
2. Jerusalén,
redimida, reedificada,… la amada ciudad durante su reino milenial sobre la
tierra, y
3. La nueva Jerusalén
que descenderá de cielo de Dios, después de que terminen los mil años del
reinado de Cristo.[65]
Esta profecía [Isaías
66:15-24] predice claramente primero la venida del Señor; luego nos informa que
“los muertos de Jehová serán multiplicados” en ese día, pero nos lleva a
comprender que “los escapados” de esa destrucción, los que, según creemos, no
serán entonces cambiados a inmortalidad, sino que serán enviados a declarar la
fama y la gloria del Señor a los gentiles, y a las islas que no han oído su
fama ni visto su gloria…
El remanente de las
naciones que escapará a la gran destrucción, en el momento o cerca del momento
de la venida del Señor, serán favorecidos con los amables privilegios de
someterse a su ley universal; pero en caso de no aceptar su oferta de
misericordia, en lugar de disuadir y tratar con los ofensores, como en esta era
de la prueba, los juicios se ejecutarán rápidamente.[66]
En varias editoriales y artículos en el Harbinger
en los años 1850 y 1851, las frases “Jerusalén reconstruida” o “edificada” y
“edificación del tabernáculo de David” aparecen repetidamente en relación con
el reino milenial.[67]
¿Cómo respondieron Himes y el grupo mayoritario a la doctrina de la era por
venir? Ellos argumentaban que no había una profecía que debía cumplirse todavía
en la era futura antes del fin del tiempo de prueba, y que las promesas hechas
a Israel estaban siendo mal interpretadas. Contra el nuevo “Judaísmo”, los
escritores en el Advent Harbinger
repitieron los mismos argumentos de las Escrituras que habían empleado en el
período millerita y los mismos que usaron posteriormente los pioneros
Adventistas del Séptimo Día. Algunos de estos argumentos, cuando se los usa
actualmente, son considerados como nuevos por aquellos que no saben lo que los
primeros adventistas –y los primeros Adventistas del Séptimo Día- dijeron sobre
este tema.
Los puntos principales presentados por varios escritores se pueden enumerar
de la siguiente forma:[68]
1. Las promesas del reino al antiguo
Israel eran condicionales.
Muchas de ellas se
hacen [a los judíos] en forma condicional, y si las condiciones no se cumplen,
las promesas no son ahora buenas para ellos….
Aquí [en Jer.
18:7-10] tenemos las condiciones invariables sobre las cuales se dan todas las
promesas nacionales.[69]
2. Estas promesas se perdieron por el
fracaso en aceptar los términos.
[p. 10] Cuando
[Cristo] vino,… y su nación lo rechazó, su tiempo de prueba terminó… El tiempo
de prueba nacional para gozar de la herencia y el reino [de Dios] había
concluido.[70] [Se cita Mat. 21:43]
3. Estas profecías describen lo que
podría haber sido si las condiciones se hubieran aceptado.
Si ellos [los judíos
como nación] hubieran sido fieles a sus obligaciones pactuales hacia su Dios,
pareciera que hubieran sido bendecidos finalmente en una forma similar a las
bendiciones prometidas en la nueva tierra…
[Después de la
cautividad babilónica] mediante el arrepentimiento, y la continuidad en la
obediencia, hubieran asegurado otra vez para ellos la promesa de… el último
estado prometido a sus padres y perdido por ellos.[71]
Si la nación hubiera…
aceptado a Cristo, no habría caído, sino que, como nación, habría tenido
ventajas sobre todas las otras naciones… Si con su caída y en menor número, los
gentiles han sido enriquecidos, cuanto más se hubieran enriquecidos los
gentiles si el número completo (plenitud…) de los judíos hubiera creído.[72]
4. Algunas de estas profecías se
cumplieron entre los judíos en el pasado.
Las profecías que se
suponen que conllevan una esperanza futura para los judíos y para Jerusalén
[incluyen] las profecías que se refieren a la restauración de los judíos de la
cautividad de Babilonia.[73]
5. Algunas se cumplirán en “el
verdadero Israel”, en la recompensa final de los salvados.
Luego [en la
resurrección de los justos] se verificará la antigua promesa, “Yo abro vuestros
sepulcros, pueblo mío;… y os traeré a la tierra de Israel…” Los patriarcas y su
verdadera semilla heredarán el territorio prometido cuando vivan en el estado
de resurrección.[74]
6. Las profecías del Antiguo
Testamento deben comprenderse en armonía con la interpretación inspirada en el
Nuevo Testamento.
[Algunas promesas]
son explicadas por los comentadores inspirados
del Nuevo Testamento, para que hagan bien a todos los que son de la fe de nuestro padre Abrahán, a todos los que
son injertados en el buen olivo.[75]
Si no tenemos
exposiciones inspiradas [del Nuevo Testamento] de las promesas que se
relacionan con la herencia de “Abrahán y su simiente”, podría haber algunas
excusas para aplicar las promesas de Abrahán y su simiente de acuerdo a la
carne… Pero necesitaríamos una nueva revelación antes de que consideremos
aplicar esas promesas a los judíos, pues las tales,… Pablo las ha aplicado de
otra manera.[76]
Para todos estos argumentos en contra de la interpretación “judaizante”,
los escritores citan varias Escrituras. Es verdad que no todos ellos permanecen
dentro de los límites apropiados de la evidencia de
NO COMO UN CUMPLIMIENTO DE
Tomemos a Himes, por ejemplo. ¿Qué habría dicho si hubiera podido mirar en
una bola de cristal y ver el establecimiento de Estado de Israel en el siglo
XX? ¿Habría dicho que los puntos de vista proféticos de la gente de la era por
venir eran correctos después de todo? Difícilmente –no más de lo que hubiera modificado
su postura sobre la doctrina del Israel Británico si hubiera visto el ingreso
de Allenby en Jerusalén y
Probablemente habría dicho, lo que dijo ya para 1849 al argumentar sobre
las grandes expectativas de M. M. Noah: que incluso si los judíos fueran
restaurados como nación en Palestina bajo condiciones de prueba, su ocupación
de la tierra no constituiría el cumplimiento de las profecías. La promesa, dice
Himes, era de
“la tierra… por
posesión perpetua”… Una mera residencia en la tierra de la promesa no puede ser
un cumplimiento de eso… Como la promesa de posesión no fue la de una mera residencia
en esa tierra, así sea como una nación o como individuos, así tampoco la
prolongada continuidad de los judíos, u otra restauración de ellos en el lugar,
bajo las mismas condiciones de prueba, no serían o pueden ser el cumplimiento
de la promesa.[77]
Curiosamente, Crozier, en el campamento de la era-por-venir, con
posterioridad dijo casi lo mismo. Dado que él enseñaba la restauración literal
de Israel durante el milenio,
argumentaba con aquellos que esperaban que comenzara antes de la segunda
venida. Declaró que incluso si Rothschild comprara Palestina, reuniera a los
judíos y reconstruyera el Templo, tampoco sería un cumplimiento de la profecía.[78]
Y eso no era nuevo. Ya en 1842, Henry Dana Ward había escrito:
Si ellos fueran
restaurados en Palestina hoy, no tendrían más que Jefté [sic], Samuel, [p. 11] y David; pero como su posesión no fue la posesión prometida
[porque todos ellos “no recibieron la promesa” (se cita Heb. 11:39, 40)]; tampoco
sería la posesión por parte de los judíos modernos, la posesión prometida… Aquellos que heredan con
[Abrahán y Cristo] no la esperarán en esta vida mortal, sino en la resurrección
y la vida eterna.[79]
Los Adventistas del Séptimo Día, todavía un grupo minoritario,
permanecieron fuera de la controversia de 1850; no obstante, difícilmente
habrían sido aceptados como aliados en cualquiera de los lados. El grupo de Advent Herald de Himes y los adherentes
de la era por venir de Marsh, se reconocían mutuamente como hermanos errantes,
pero consideraron a los Adventistas del Séptimo Día fuera del gremio. Los
últimos, en cambio, consideraban a los otros grupos como habiéndose separado
del mensaje original adventista y habiendo rechazado la nueva luz sobre el
sábado.[80]
Fue la doctrina Adventista del Séptimo Día del milenio la que impidió que
aceptaran los puntos de vista de la era por venir: con todos los redimidos en
el cielo y ningún ser humano que quedara vivo sobre la tierra, no hay
simplemente espacio para ningún tiempo de prueba después de la segunda venida o
un reino milenial “judaizante” en la tierra.
Como el punto de vista millerita “anti-judaizante”, la creencia Adventista
del Séptimo Día no tenía nada que ver con los judíos o con su religión o
estatus nacional. Se oponían a una interpretación cristiana profética específica, a saber: la aplicación de ciertas
profecías a una reunión y conversión esperada de los judíos y su ubicación en
el reino “davídico” sobre la tierra durante el milenio. (Una opinión a favor o
en contra de la interpretación literalista “judaizante” de las profecías no lo
hacen a alguien pro-Israel o anti-judío, así como tampoco lo hace a alguien ser
pro o anti británico por la aceptación o rechazo del reclamo Británico
Israelí.)[81]
MESHULLAM Y
Si las doctrinas que sostenían los Adventistas del Séptimo Día en 1850 y
1851 eran incompatibles con las enseñanzas de la época sobre “el tiempo”, la
“era por venir”, y los judíos, ¿por qué entonces necesitaban consejos de
En junio de 1850,
Su entusiasmo visionario vio en la plantación floreciente de él, una señal
del regreso del favor de Dios a “la tierra”. Su imaginación transformó el
puñado de labranza judía de él en la vanguardia del regreso de Israel a su
tierra, y en su fantasía los vio como posibles conversos que constituirían el
“remanente” reunido para dar la bienvenida al regreso del Mesías a su capital,
preparándose para una restauración completa después de la segunda venida.[83]
Su plan no fue sólo recolectar dinero y otros elementos, sino también
llevar un grupo de colonos. Ellos tendrían que labrar el suelo y trabajar por
la rehabilitación de los judíos indigentes de Jerusalén, para liberarlos de la
dependencia de sus rabinos y de la liberalidad de los judíos internacionales, y
también convertirlos.
En 1851 aparecieron numerosos artículos en Advent Harbinger, J. B. Cook respaldó el entusiasmo de
Al otoño siguiente,
ANÁLISIS DE LOS MENSAJES
Estos mensajes, que son una guía en un tiempo de confusión y controversia,[88]
revelan unidad y sentido en vista de sus objetivos. Un estudio de este consejo
mostrará que cada sección fue relevante para tratar algún error conectado
directa o indirectamente con la controversia sobre la era por venir de ese
tiempo:
El
tiempo de reunión
[a] El 23 de
septiembre, el Señor me mostró que había extendido la mano por segunda vez para
recobrar el residuo de su pueblo, y que mientras se reúne la mies había que
duplicar los esfuerzos. En la
dispersión, Israel fue herido y desgarrado, pero ahora, en el tiempo de
reunión, Dios sanará y vendará a su pueblo.
En la dispersión, los esfuerzos hechos por difundir la verdad tuvieron
poco efecto; lograron poco resultado o ninguno; pero en la reunión, cuando Dios
extienda su mano para juntar a su pueblo, los esfuerzos hechos por difundir la
verdad tendrán el efecto asignado. Todos
deben estar unidos y manifestar celo en la obra. Vi que es erróneo de parte de cualquiera
referirse a la dispersión para encontrar ejemplos que nos gobiernen ahora en el
tiempo de reunión; porque si Dios no hiciese más para nosotros ahora de lo que
hizo entonces, Israel no sería reunido jamás.[89]
Esta sección introductoria muestra claramente que ella aplica la reunión de
Israel a “nosotros”. Posteriormente tuvo ocasión de insertar una nota
explicativa, aplicándola definidamente al pueblo del movimiento adventista.[90]
[b] He visto que el
diagrama de 1843 fue dirigido por la mano del Señor, y que no debe ser
alterado; que las cifras eran como él las quería; que su mano cubrió y ocultó
una equivocación en algunas de las cifras, para que nadie pudiese verla, hasta
que la mano de Dios se apartase.
La cronología millerita, en lo más importante, debía conservarse. Las
fijaciones de fechas de 1850 y 1851, fuera de los grupos Adventistas del
Séptimo Día, estaban casi todas basadas en cambios en la fecha de los 2.300
años.[91]
[c] Entonces vi en
relación con el "continuo" (Dan. 8:12) que la palabra
"sacrificio" había sido provista por la sabiduría humana, y no
pertenece al texto, y que el Señor dio el sentido correcto a los que
proclamaron que había llegado la hora del juicio. Mientras existió la unión, antes de 1844,
casi todos aceptaban la opinión correcta acerca del "continuo"; pero
en la confusión reinante desde 1844 se han aceptado otras opiniones, y como
consecuencia han entrado tinieblas y confusión.
La cuestión de las fechas no ha sido una prueba desde 1844, y nunca
volverá a ser una prueba.
Su referencia al “continuo” y al “sacrificio” no se relacionaba con un
error en relación a la “reunión de Israel”. Lo que ella vio, en relación con el
continuo, era que “la palabra ‘sacrificio’ había sido provista”, y que los
Milleritas tenían “el sentido correcto” y estaban unidos en él hasta que
llegaron otros puntos de vista después de 1844.
Esa cuestión, sobre la cual sostenían en forma unida el punto de vista
correcto, se podía referir gramáticamente a (1) “el ‘continuo’” o (2) el hecho
de que “la palabra ‘sacrificio’ había sido provista… y no pertenece al texto”.
En contra de (1) está el hecho de que posteriormente ella escribió que “no he
recibido instrucción sobre este punto en discusión” –el punto, como se menciona
unas líneas antes (Mensajes selectos,
vol. 1, p. 193) era “El verdadero significado de ‘el continuo’”.
A favor de (2) está el hecho de que los Milleritas se habían unido e
insistieron repetidas veces que la palabra “sacrificio” no estaba en el texto.
Usaron este argumento para refutar a muchos de sus opositores que argumentaban
que sacar el “continuo” fue la eliminación por parte de Antíoco de los
sacrificios judíos por un periodo de 2.300 (ó 1.150) días literales.[92]
Insistían que el período de 2.300 años, no días, y que la purificación al final
de ese tiempo no tenían nada que ver con los sacrificios judíos.
Es interesante notar que posteriormente, entre los “puntos de vista”
aceptados “en la confusión desde
[d] El Señor me ha
mostrado que el mensaje del tercer ángel debe progresar y ser proclamado a los
hijos dispersos de Dios, pero no debe depender de una fecha. Vi que algunos están creando una excitación
falsa al predicar fijando fechas; pero el mensaje del tercer ángel es más
poderoso de lo que puede serlo una fecha.
Vi que este mensaje puede subsistir sobre su propio fundamento y no
necesita ser reforzado con fechas; que irá adelante con gran poder, hará su
obra y será abreviado en justicia.
Esta advertencia en contra de relacionar el mensaje del tercer ángel y la
fijación de fechas, fue dada en una visión el 21 de junio de 1851. Es una
referencia directa a la expectación de Bates en 1851.[94]
[e] Luego me fueron
señalados algunos que están en gran error al creer que tienen el deber de ir a
la vieja Jerusalén, y piensan que tienen una obra que hacer allí antes que
venga el Señor. [p. 13] Una opinión tal tiende a apartar la mente y el interés
de la obra que actualmente hace el Señor bajo el mensaje del tercer ángel;
porque los que piensan que todavía tienen que ir a Jerusalén fijarán sus
pensamientos en esto, y privarán de sus recursos a la causa de la verdad
presente para transportarse a si mismos y llevar a otros allí.
Esta primera referencia a la supuesta tarea de ir a la “vieja Jerusalén”
(parte de la visión de septiembre de 1850)[95]
lo denomina un error presente.
[f] Vi que una misión
tal no produciría ningún beneficio real, que se necesitaría mucho tiempo para
conseguir que unos pocos judíos crean en el primer advenimiento de Cristo, y
mucho más para que crean en el segundo advenimiento. Vi que Satanás engañó gravosamente a algunos
con respecto a esto; y que en toda esta tierra hay almas que podrían recibir
ayuda y ser inducidas a guardar los mandamientos de Dios, pero se las está
dejando perecer.
La segunda referencia de ir a Jerusalén, y su inutilidad, se agregó en
agosto de 1851, en el momento cuando ella estaba publicando estos mensajes
juntos en Experience and Views
[Experiencia y visiones]. Esto fue un poco antes de que el grupo de
[g] También vi que la
vieja Jerusalén nunca será edificada; y que Satanás estaba haciendo cuanto
podía para extraviar en estas cosas a los hijos del Señor ahora, en el tiempo
de reunión, a fin de impedirles que dediquen todo su interés a la obra actual
de Dios e inducirles a descuidar la preparación necesaria para el día del
Señor.
La declaración de que la antigua Jerusalén nunca sería reconstruida
(también agregada en agosto de 1851), claramente indica que algunos estaban
buscando reconstruirla en el futuro.
Obviamente esta expectativa de la futura reedificación, y no de la ida
inmediata allí, era el “mirar a la antigua Jerusalén” que lo equiparaba con el
milenio de “era por venir” (por
definición, una era futura).[97]
De hecho, los escritores de la era por venir repetidamente enfatizaban la
futura reedificación de la antigua Jerusalén como la capital gloriosa durante
el milenio.
El punto de vista de la era por venir sobre este asunto, es claro por lo
que Marsh escribe en el Advent Harbinger:
Numerosas profecías
predicen en forma clara y positiva la
reconstrucción de Jerusalén como lo hacen de su caída. Y como reconstruyen
Jerusalén, la gloriosa ciudad del Señor durante su reino en el milenio, es
evidente que la nueva Jerusalén, la
cual no será reconstruida, no puede
ser dicha ciudad… [Isaías 54] no habla de la nueva Jerusalén que estará ubicada
sobre la nueva tierra, sino de
Es obvio, entonces, que la negación de
NOTAS DE REFERENCIA
Se pueden obtener copias [en inglés]
INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN BÍBLICA
Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día
12051 Old Columbia
Pike
(Reimpresión, 1983)
Página principal del Patrimonio White
Temas selectos en relación con la inspiración, la vida
y la obra de Elena G. de White
[1] Primeros escritos, pp. 75-76 (énfasis
añadido). Para las fechas de las dos visiones, véase Present Truth [Verdad Presente] (citada de ahora en más como PT),
1:86 (noviembre 1850); y Mensajes
selectos, vol. 1, 220.
Para los agregados ver A Sketch of the Christian Experience and Views of Ellen G. White
[Una reseña de la experiencia cristiana y de las visiones de Elena G. de White]
(generalmente citado como Experience and
Views), pp. 48, 62.
[2] Editorial de Jaime White, “Our Present
Work” [Nuestra obra actual], Review and
Herald [Revista y Heraldo] (citado de ahora en más como RH), 2:12, 13 (19 de agosto de 1851).
[3] Elena G. de White, carta 8 (1851),
escrita el 12 de noviembre a “hermano y hermana Howland”. Se refiere a algunos
que habían sufrido un chasco al esperar la segunda venida en 1851. Menciona que
se le había mostrado que algunos “al tratar de obtener un sustituto después de
que pasó el tiempo… mirarían hacia la antigua Jerusalén, o según ellos lo
llamaban, la era por venir”.
[4] José Marsh, “The Age to Come” [La
era por venir], primera parte, Advent
Harbinger [Precursor Adventista] (citado de ahora en más como AHa], n.s.
1:228 (5 de enero de 1851).
[5] Josué V. Himes, al hablar en una
conferencia de Nueva York, Advent Herald [Heraldo
Adventista] (citado de ahora en más como AHe), n.s. 5:125 (18 de mayo de 1850)
(véase también Isaac C. Wellcome, History
of the Second Advent Message [Historia del mensaje de la segunda venida],
p. 592). Que “Judaísmo” significa la doctrina de “la era por venir” es claro
por el “tratamiento” adoptado poco después en una conferencia en Boston, que
cita de ese título de la serie de Marsh; ver las actas en AHe, 1 y 8 de junio de 1850.
[6] AHe, n.s. 5:124, 124 (18 de mayo de 1850).
[7] Ibíd., p. 124; véase la declaración de Miller, Ibíd., 9:130 (4 de junio de 1845)
(también reimpreso en Seventh-day
Adventist Bible Students’ Source Book [Libro elemental para los estudiantes
de
[8] “Declaration of Principles” [Declaración de principios], Signs of the Times [Señales de los tiempos] (de ahora en más citado como ST), 5:107, 108 (7 de junio de 1843); también reimpreso en Source Book (1962), nº 1084. Véase además “Millerite movement”, SDAE, pp. 895, 896; y Source Book, nº 7, nota.
[9] Para una explicación millerita de
la diferencia entre los Adventistas, los postmileniaristas (“milenialistas”) y
los premileniaristas literalistas (”milenarios”), véase Josías Litch, “The Rise
and Progress of Adventism” [El surgimiento y progreso del adventismo], Advent Shield [Escudo adventista] (de
ahora en más citado como AS), 1:47, 48 (18 de mayo de 1844) (también en Source Book, nº 1085). Litch habla del
postmileniarismo como teniendo “una preeminencia casi universal hace diez años”
(AS, 1:89); y en 1840 todavía estaba
“plenamente establecido en la mente pública” (Henry Dana Ward, “History and
Doctrine of the Millennium” [Historia y doctrina del milenio], p. 59, en Report of the [First] General
Conference of Christians Expecting the Advent [Informe de la primera conferencia general de cristianos que esperaban la
venida]. En 1841, Alexander Campbell lo denominó “la teoría protestante” en su
resumen de estos tres puntos de vista del milenio en su periódico, Millennial Harbinger [Precursos
milenial], 5:8, 9, enero de 1841 (también en Source Book, nº 1077).
[10] Ward, op. cit., pp. 26, 28. Para las declaraciones de estos dos credos,
véase respectivamente, Philip Schaff, Creeds
of Christendom [Credos de la cristiandad], vol. 3, p. 18, y vol. 1, p. 615,
nota 1.
[11] Ver Source Book, nº 1052, 1073 y nota, 1077 (sobre “Mr. Begg’s theory”).
[12] Por ejemplo, Henry Jones, Carta, en
ST, 1:109 (15 de octubre de 1840)
(también en Source Book, nº 894).
Por las diferencias entre Wolf y los adventistas, véase AHe, n.s. 5:102 (27 de abril de 1850).
[13] Ward, op.
cit., p. 32.
[14] Litch, en AS, 1:92, mayo de 1844 (y Source Book, nº 896). Por la correspondencia, véase Source Book, nº 894.
[15] Guillermo Miller, Views of the Prophecies [Visiones de las profecías], pp. 33-34;
Resoluciones de “Boston Second Advent Conference” [Conferencia del segundo
advenimiento de Boston] en
[16] The American Millenarian, Nueva York. Véase L.
E. Froom, Prophetic Faith of Our Fathers [La
fe profética de nuestros padres], vol. 4, p. 327 y nota. En cuanto al
dispensacionalismo, ver George E. Ladd, Crucial
Questions About the Kingdom of God [Preguntas cruciales en cuanto al Reino
de Dios], pp. 50-52 (y en Source
Book, nº 630); también Froom, op. cit., vol. 4, pp. 1220-1227; y Source Book, nº 1073, nota.
[17] Anthony
Ashley, Conde de Shaftesbury, Diary entries, citado en Edwin Odre, The Life and Work of the Seventh Earl of
Shaftesbury [La vida y obra de séptimo conde de Shaftesbury], vol. 1, pp.
310, 311. Ashley era a quien se
hacía referencia, pero sin colocar nombre (en Londres, Times, 17 de agosto de 1840, p. 3, col. 5), como el promotor que
apoyaba en occidente la migración judía a Palestina.
[18] Hodder,
op.cit., vol. 1, p. 377 (cf. pp. 370,
374). Véase también Harold Temperley, England
and the Near East: The Crimea [Inglaterra y el Cercano Oriente:
[19] Tuchman, op. cit. (1968 ed.), pp. xi, 197, 208.
[20] George Storrs, Editorial, en Bible Examiner [El examinador bíblico]
(citado de ahora en más como BE), 5:74 (mayo de 1850); véase también Ibíd., nº 17 (16 de agosto de 1844), pp.
[1-5].
[21] L. C. Gunn, en Midnight Cry [Clamor de medianoche] (citado de ahora en más como
MC), 7:147 (7 de noviembre de 1844); sobre Fitch véase también BE, nº 17, p. [5] (16 de agosto de
1844).
[22] Day Star [La estrella matutina] (citado de
ahora en más como DS), 7:3 (11 de agosto de 1845). Para ver la declaración de
Storr, consultar BE, n.s. nº 1, pp.
[1-3] (16 de julio de 1845); el continuó con el tema presentando una serie
sobre “Literal Fulfillment of Prophecy” [El cumplimiento literal de la
profecía] en ése y los siguientes números.
[23] Jaime White, en RH, 7:61 (16 de octubre de 1855).
[24] Establecidos en los principios
adoptados en la conferencia de Albania, Nueva York, en abril de 1845, y
reafirmados en dos conferencias en 1850. Véase AHe, n.s. 5:124-125, 141 (18 de mayo y 1 de junio de 1850).
[25] Véase Enoc Jacobs, Editorial, DS, 6:48 (29 de Julio de 1845). Este
“espiritualismo” no era “espiritismo” (comunicación con los espíritus); las
hermanas Fox no habían tenido sus golpes hasta 1848.
[26] Véase DS, 8:24 (noviembre de 1845); Ibíd.,
10:20, 21, 28 (4 y 11 de abril de 1846); Spiritual
Gifts [Dones espirituales]; vol. 2, pp. 58, 63, 68-75. Véase también
“Spiritualism”, SDAE, pp. 1415, 1416.
[27] Por ejemplo, Hiram Edson (ver nota
29); Apollos Hale y José Turner, en el Advent
Mirror [Espejo adventista] (citado de ahora en más como AM), 1:[1, 3]
(enero de 1845); Elena G. de White, “El fin de los 2300 días” (visión de
febrero de 1845), en Primeros Escritos,
p. 55.
[28] Un escritor contemporáneo (C. B.
Hotchkiss, Carta, en DS, 9:63 [28 de
febrero de 1846]), al resumir las diferencias entre las tres divisiones de los
adventistas después de 1844 con la analogía de la parábola de los talentos,
denominó a este grupo intermedio como la clase de los dos talentos. Aplicó los
cinco talentos a su propio grupo, los “espiritualizadores”, y al grupo
mayoritario lo comparó con el que enterró el talento –la “multitud” que había
“negado que el movimiento del décimo día era el clamor de medianoche, y un
cumplimiento de la profecía”.
[29] El manuscrito de Hiram Edson sobre
su explicación del chasco, citado en F. D. Nichol, MC (1944, pp. 457-458).
[30] En RH, 2:96 (17 de febrero de 1852); 3:144 (20 de enero de 1853).
[31] Véase PT, 1:74, nota 3 (mayo de 1850).
[32] Primeros
escritos, p. 74.
[33] Véase “Millenium”, SDAE, pp. 886-888. Para las declaraciones publicadas por Adventistas
del Séptimo Día en 1850, véase Elena G. de White, visión del 26 de enero, en PT, 1:72 (abril de 1850); Jaime White,
“The Day of Judgment”, Advent Review [Revista
Adventista] (citado de ahora en más como AR), 1:49-51 (septiembre de 1850);
[Hiram Edson], “The Age to Come” [La era por venir], AR, Extra, [septiembre de 1850], pp. 14, 15; Elena G. de White, en PT, 1:86 (noviembre de 1850). Esta fue
la última visión que recibió en septiembre (titulada “Las postreras plagas y el
juicio”, en Primeros escritos, p.
52), por el mismo tiempo que la sección de fecha 23 de septiembre (en la misma
página de PT) que forman parte de los
primeros mensajes del “Tiempo de reunión” en Primeros escritos, pp. 74-76.
[34] Primeros
escritos, p. 41.
[35] Por ejemplo, Guillermo Miller, “Review of
Smith and Campbell” [Revisión de Smith y Campbell] en su Views [Puntos de vista], pp. 178, 179; Josías Litch, Prophetic Expositions [Exposiciones
proféticas], vol. 1, p. 70; Himes, Editorial, AHe, n.s. 5:60, 61 (23 de marzo de 1850); [Storrs], en BE, reimpreso en AHa, n.s. 3:77 (23 de agosto de 1851); Marsh, Editorial, AHa, n.s. 2:236 (11 de enero de 1851).
[36] Litch, Lecture 8 on Matt. 24, AHe, n.s. 6:381 (28 de diciembre de
1850).
[37] Litch, The Restitution [La restitución] (1848), pp. 80-81, 94-112,
175-177.
[38] Mardoquéo M. Noah, Thanksgiving Address
[Sermón del día de gracia], Weekly
Tribune [Tribuna semanal] (New York), 2 de diciembre de 1848, p. [3] (esta
página está fechada el 27 de noviembre, probablemente del día de la edición).
[39] AHa, 18:5 (23 de diciembre de 1848), citando
al Religious Telescope [Telescopio
religioso]; véase también p. 20 (6 de enero de 1849), sobre un ítem del New York Express [Expreso de Nueva
York].
[40] BE, 3:58 (abril de 1848), citando el Sunday Dispatch [Enviado dominical].
[41] Una supuesta profecía “De Fluctibus
Misticae Navis”, encontrada en un convento agustiniano, según acredita el Journal of Comerse [Periódico de
Comercio] (Nueva York), 13 de junio de 1849, por D. T. Taylor en AHa, n.s. 1:25 [i.e. 52] (4 de agosto de
1849).
[42] Por ejemplo, ver los ítems
mencionados en las notas 38-40.
[43] Basados en la culminación de las 69
semanas de las 70 en la cruz, esta fecha fue fijada por numerosos escritores en
periódicos adventistas, aunque no fue adoptada por los líderes. Véase, por
ejemplo, Thomas Smith, en AHe, n.s.
5:71 (30 de marzo de 1850) (respondida por Himes); S. Bliss, refutando a
Stephen Reed, Ibíd., 6:220 (10 de
agosto de 1850); C. Woodward, en AHa,
n.s. 3:19 (5 de julio de 1851); ver discusiones y refutaciones de estas fechas
en RH, 1:23 (diciembre de 1850); Ibíd., pp. 49, 52 (marzo de 1851).
[44] Se llamaban J. C. Bywater y Jonas
Wendall; véase Spiritual Gifts [Dones
espirituales], vol. 2, p. 122; véase también la mención en PT, 1:61, 64, 78 (marzo y mayo de 1850).
[45] Hiram Edson, The Time of the End [El tiempo del fin] (1849), pp. 15, 13; José
Bates, An Explanation of the Typical and
Antitypical Sanctuary [Una explicación del santuario típico y antitípico]
(1850), pp. 10, 11.
[46] Aquí diferían del punto de vista
que prevalecía en cuanto a que los tiempos de los gentiles se extendía hasta la
segunda venida.
[47] Bates, p. 12; Edson, An Exposition of Scripture Prophecy [Una presentación de la
profecía de
[48] Edson, An Exposition [Una exposición], pp. 9-13, 19, 20, 30-32, 41.
[49] David Arnold, “Daniel’s Visions” [Las
visions de Daniel], PT, 1:59-63
(marzo de 1850).
[50] Para un resumen de la doctrina de
la era por venir de José Marsh, véase su The
Age to Come [La era por venir] (1851), pp. 125-128. (Por un resumen
posterior de un oponente, incluyendo puntos de vista diferentes, véase J. H.
Waggoner, “The Age to Come” [La era por venir], RH, 7:84, 85 [11 de diciembre de 1855].) Otros adventistas habían
adoptado el Literalismo antes que Marsh. Ya se mencionó a Storrs. Otros fueron
J. B. Cook y Henry Grew, sobre ambos se escribió en el AHa. O. R. L. Crosier también defendía este punto de vista. Varios
años después, unos pocos Adventistas del Séptimo Día, guiados por J. M.
Stephenson y D. P. Hall, se apartaron y formaron la rama “era por venir” (véase
“Messenger Party” [Grupo Mensajero], SDAE).
[51] Ibíd.; también “el grupo Marion” en el mismo
volumen. Para las denominaciones véase también U.S. Bureau of the Census [
[52] AR 1:42-47, 57-63 (septiembre de 1850).
[53] Day-Star, Extra, 9:42, 42 (7 de febrero de
1846).
[54] J. B. Cook, Carta, en Bible Advocate [El defensor bíblico],
1:121-123 (24 de octubre de 1846) (sobre su defensa del sábado, Ibíd., 3:122-123, 129-130, 145-146 [2, 9
y 23 de diciembre de 1847]); Henry Grew, Carta, en AHa, 17:20 (8 de julio de 1848). Ambos, junto con Storrs,
escribieron sobre este tema en forma frecuente en el periódico de Marsh en 1850
y 1851.
[55] En AHa, n.s. 1:172, 220 (17 de noviembre y 29 de diciembre de 1849).
[56] Actas de la conferencia de Nueva
York, AHe, n.s. 5:125 (18 de mayo de
1850) (véase también sus declaraciones en p. 124).
[57] Actas de la conferencia de Boston, Ibíd., pp. 140-141, y 149-151 (1 y 8 de
junio de 1850).
[58] José Marsh, Editorial, AHa, n.s. 2:12 (29 de junio de 1850).
[59] Ibíd., n.s. 1:372, 380 (11 y 18 de mayo) (cf.
n.s. 2:220 [28 de diciembre de 1850], y p. 244 [18 de enero de 1851]).
[60] Marsh,
The Age to Come [La era por venir], pp. 98, 102, 125-128.
[61] Ibíd.; también las editoriales de Marsh en AHa, n.s. 1:284 (23 de febrero de 1850);
Ibíd., pp. 308, 324, 325 (16 y 30 de
marzo de 1850); también n.s. 2:244, 245 (18 de enero de 1851); n.s. 3:52, 53 (2
de agosto de 1851).
[62] Marsh, The Age to Come [La era por venir], pp. 106-109; Crozier, en AHa, n.s. 4:45 (24 de Julio de 1852);
Grew, ibíd, n.s. 2:107 (21 de
septiembre de 1850) y n.s. 2:388 (24 de mayo de 1851); Cook, Ibíd., n.s. 3:29 (12 de julio de 1851).
[63] Marsh, AHa, ns.s. 2:12 (29 de junio de 1850). Se imprimieron extractos en
el Harbinger de este libro (Our Isrelitish Origin [Nuestro origen
israelita], por un inglés, John Wilson), por ejemplo en la p. 21 (6 de julio de
1850).
[64] Ibíd., n.s. 1:284 (23 de febrero de 1850).
[65] Ibíd., pp. 324, 325 (30 de marzo de 1850).
[66] Ibíd., p. 372 (11 de mayo de 1850).
[67] Por ejemplo, “Jerusalén
reconstruida”: AHa, n.s. 1:306, 324,
325, 349; n.s. 2:116, 117, 306, 332, 406; n.s. 3:84, 93. Para la reconstrucción
del “tabernáculo de David”: Ibíd.,
n.s. 1:300, 324, 329, 337, 373; n.s. 2:68, 212, 406; n.s. 3:45, 52-53, 69, 101.
En respuesta a la aplicación Literalista, Himes cita el comentario inspirado de
Amos en Hechos 15, aplicándolo a la conversión de los gentiles (AHe, n.s. 5:61 [23 de marzo de 1850]).
[68] Para resúmenes de los puntos
principales aquí enumerados, véase [Himes], Editorial, AHe, n.s. 5:44, 9 de marzo de 1850 (también Ibíd., 13:97 [1 de mayo de 1847]); “Discurso” adoptado en la
conferencia de Boston, Ibíd., n.s.
5:150 (8 de junio de 1850).
Por discusiones Adventistas del Séptimo Día sobre el tema que cubre estos
mismos puntos, véase J. H. Waggoner, The
Kingdom of God [El reino de Dios] (1859; basado en artículos que
aparecieron en RH en 1856); Elena G.
de White, Profetas y reyes, 221-225,
519-532; Palabras de vida del gran
Maestro, pp. 227-238; El evangelismo,
p. 504 (véase además las referencias de Elena G. de White en dos obras citadas
posteriormente); para un reciente trato del tema, “El papel de Israel en la
profecía del Antiguo Testamento”, Comentario
bíblico adventista, vol. 4, pp. 27-32; “Israel, Prophecies Concerning”
[Israel, profecías en relación con], SDAE,
pp. 683-686.
[69] [Himes], Editorial, AHe, n.s. 5:44, 60 (9 y 23 de marzo de 1850). Sobre éste y sobre el
siguiente ítem (2) véase también O. R. Fassett, en AHe, n.s. 5:108 (4 de mayo de 1850), y n.s. 9:30 (24 de enero de
1852); se cita el oponente en AHa,
n.s. 1:388 (25 de mayo de 1850); “Discurso” adoptado en la conferencia de
Boston, AHe, n.s. 5:150 (8 de junio
de 1850). Por mucho tiempo había sido una doctrina adventista, véase la
reimpresión de ST, 1842, en RH, 5:123 (9 de mayo de 1854); Litch, Prophetic Expositions, vol. 1, p. 57;
[Bliss?], en AS, 1:430-432 (abril de
1845); [Himes], Editoriales, en AHe,
13:97 (1 de mayo de 1847); n.s. 2:180-181 (6 de enero de 1849).
[70] Litch, Lecture 2 on Matt. 24 [2º
exposición sobre Mat. 24], AHe, n.s.
6:292, 293 (12 de octubre de 1850) (cf. el siguiente episodio, p. 300 [19 de
octubre]). Véase también la nota 69.
[71] [Himes], Editorial, AHe, n.s. 2:180 (6 de enero de 1849).
[72] Ibíd., n.s. 5:45 (9 de marzo de 1850). Véase
también [Bliss?], en AS, 1:430-432
(abril de 1845); Litch, Lecture 2 on Matt. 24 [2º exposición sobre Mat. 24], AHe, n.s. 6:293 (12 de octubre de 1850).
[73] “Discurso” adoptado en la
conferencia de Boston, AHe, n.s.
5:150 (8 de junio de 1850). Véase también William Miller, “Review of Smith and
Cambell” [Revisión de Smith y Cambell] en Views
(1842), p. 179; también su artículo “On the Return of the Jews” [Sobre el
regreso de los judíos], ibíd, p. 229;
William Sheldon, en AHa, 18:43 (27 de
enero de 1849); [Himes], Editorial, AHe,
n.s. 5:44, 60 (9 y 23 de marzo de 1850).
[74] R. Hutchinson, “The Kingdom of God” [El
Reino de Dios], primera parte, AHe,
n.s. 6:254 (7 de septiembre de 1850) (cf. su segunda parte, Ibíd., p. 286 [5 de octubre]). Véase
también Guillermo Miller, “On the Return of the Jews”, en Views (1842), p. 229; Henry Dana Ward, “The Hope of Israel” [
[76] L. D. Mansfield, “The Future Age” [La era
futura], AHe, n.s. 6:398 (11 de enero
de 1851) (cf. episodio anterior, p. 390 [4 de enero de 1851]). Véase también
Miller, “Lecture on the Two Sticks” [Exposición sobre las dos ramas], en Views (1842), pp. 96, 97. Himes
(editorial no firmada, AHe, 13:97 [1
de mayo de 1847]) y O. R. Fassett (Ibíd.,
n.s. 5:108 [4 de mayo de 1850]) argumentan sobre el error de no usar la
interpretación que hace el Nuevo Testamento de las profecías del Antiguo
Testamento.
[77] [Himes], Editorial, AHe, n.s. 2:180 (6 de enero de 1849).
[78] [Crozier], “Rothschild and the City of
Jerusalem” [Rothschild y la ciudad Jerusalén], AHa, n.s. 4:45 (24 de Julio de 1852).
[79] Ward, “The Hope of Israel” (1842),
reimpreso en AHe, n.s. 5:122 (18 de
mayo de 1850).
[80] Quizás esta situación fue una
salvaguarda para los Adventistas del Séptimo Día, su separación ayudó a
preservar su identidad en el período formativo.
[81] Al igual que nuestra enseñanza de que las
profecías que hablan de guerras, calamidades y persecuciones en los últimos
días, quieran decir que nos gozamos con estos acontecimientos o que los aprobamos.
[82] [Clorinda S. Minor], Meshullam! o, Tidings from Jerusalem [Meshullam!
o Relatos de Jerusalén], publicado por la autora, 1850 [i.e. 1851; véase p.
98]. (Para la identidad de la autora, ver AHa,
2:293 [1 de marzo de 1851].) Ésta es la “segunda edición”, la primera fue la
“narrativa” (pp. 81-95 en la segunda edición) publicada en junio de 1850 (véase
p. 80). En cuanto a los pedidos de ayudantes, véase pp. 77, 98.
[83] Ver su Meshullah!, pp. 73-74, 75, 77, 84-85, 98, 99; también sus artículos
en The Truth Seeker [El buscador de
la verdad], 1:2 (abril de 1851), y en AHa,
n.s. 4:149 (23 de octubre de 1852). Sus sentimientos encuentran eco en J. B.
Cook, Ibíd., n.s. 3:77 (23 de agosto
de 1851).
[84] Por lo de Cook, véase AHa, n.s. 2:293, 307, 321; n.s. 3:77,
85, 291. Por Marsh, Ibíd., n.s.
2:396; n.s. 3:101-102, 118, 156; n.s. 4:189. Por lo de Crozier, Ibíd., n.s. 4:174, 180, 204-206.
[85] Llegaron en marzo de 1852; antes de
que el año concluyera, Meshullam estaba desilusionado. John Meshullam, Carta
(15 de enero de 1853), AHa, n.s.
4:308 (12 de marzo de 1853); cf. n.s. 3:156 (1 de noviembre de 1851); p. 291
(28 de febrero de 1852).
[86] Minor, Meshullam!, p. 71 (parece haber existido un grupo de sabatistas en
Filadelfia; véase DS, 25 [22 de
noviembre de 1845]); véase también AHa,
n.s. 4:149 (23 de octubre de 1852); Ibíd.,
p. 168 (6 de noviembre de 1852); Ibíd.,
p. 205 (11 de diciembre de 1852).
[87] Por Elena de White (Spiritual Gifts [Dones espirituales], vol. 2, pp. 72-73) y E. L. H.
Chamberlain (DS, 9:17 [10 de enero de
1846]).
[88] De dos conferencias Adventistas del
Séptimo Día, en el otoño de 1851, provinieron informes alentadores de que “el
tiempo de los siete años” y “los puntos de vista que distraen y que no
benefician en relación a la antigua Jerusalén y los judíos, etc.” no fueron
siquiera mencionados (RH, 2:32 [16 de
septiembre de 1851]; Ibíd., p. 36 [7
de octubre]).
[89] Esta cita y los párrafos citados
que siguen hasta la “g” forman una sola sección en Primeros escritos, pp.74-76.
[90] Primeros
escritos, p. 86, nota 3.
[91] Véase la nota 43 anterior.
[92] Por ejemplo, Litch, Prophetic Expositions (1842), vol. 1, p. 127; S. Bliss, Inconsistencies of Colver’s Literal
Fulfillment [Inconsistencias del cumplimiento literal de Colver] (1843),
pp. 11-18; este argumento aparece reiteradamente en la literatura millerita al
refutar a sus opositores que hacían de la limpieza del santuario la
restauración del templo y los sacrificios después de los tres años de
contaminación de Antíoco.
[93] John Fondey, The Twenty-Three Hundred Days”, Bible Examiner, 3:175, 176 (noviembre de 1848).
[94] La impresión original de esta
visión (RH, extra, 21 de julio de
1851, p. [4]) incluía un segundo párrafo haciendo referencia al error de fijar
fecha para “este próximo otoño”. En el extra de julio, ésta fue una advertencia
importante, pero cuando se reimprimió en forma más permanente, “este próximo
otoño” fue irrelevante. Por tanto había una razón lógica para la omisión de
allí en más. Por la fecha y un texto más extenso, véase Mensajes selectos, vol. 1, pp. 220, 221.
[95] PT, 1:86, 87 (noviembre de 1850).
[96] Cook, en AHa, n.s. 3:85 (30 de agosto de 1851). La noción de ir a Jerusalén
persistió incluso después. Ver una referencia a esto en RH, 4:30 (7 de julio de 1853). Esa noción ha surgido de nuevo en
años recientes, en ciertos folletos emitidos por
[97] Véase la nota 3.
[98] Marsh, “The Age to Come” [La era por
venir]; AHa, n.s. 1:324, 30 de marzo
de 1850 (las primeras palabras en itálica no figuran enfatizadas en el
original).