Y
en
Elena G. de White
Por Roger Coon
Traducido
y editado por el CENTRO DE INVESTIGACION
WHITE , Libertador San Martín, Entre Ríos, Argentina, 1989. Edición 1997.
Traducción: Silvia Scholtus de Roscher.
Clave de
abreviaturas de los libros de Elena de White
El funcionamiento del don profético
Siete modalidades de la comunicación de Dios
Los vehículos básicos de los mensajes
proféticos
La tarea de escribir: diferentes alternativas
del profeta
Los sueños divinos solos, no hacen a un
profeta
Tres teorías de la inspiración-revelación
La teoría de la inspiración verbal
Teoría de la inspiración plenaria
El propósito de la inspiración-revelación
Infalibilidad: ¿Puede equivocarse un
verdadero profeta?
La inerrancia y la vida personal del profeta
La inerrancia y las palabras proféticas del
profeta
Errores sin trascendencia en detalle menores
La relación entre los escritos de Elena G. de
White y la Biblia
La obra de Dios mediante los profetas
Profetas literarios pero no canónicas
Grados de autoridad: una posición
insostenible
La analogía de la “luz mayor” y la “luz
menor”
Metáforas para interpretar la analogía
El modelo de relación de Jemison
Las dos resurrecciones “especiales”
Elena de White y el desarrollo de la doctrina
adventista del séptimo día
El papel de las visiones en la formación
doctrinal
Cómo consideró Elena de White su autoridad
“¡La Biblia y sólo la Biblia!”
Hermenéutica: Cómo interpretar a un profeta
del siglo diecinueve en la era espacial
La necesidad de una hermenéutica
Tres reglas de la Hermenéutica
Un modelo integrado para la aplicación
hermenéutica
Los capítulos de este libro aparecieron originalmente
como una serie de cuatro artículos de la pluma del Dr. Roger Coon, publicados
en Journal of Adventist Education
(Vol. 44, No. 1, October-November, 1981; Vol. 44, No. 2, December,
1981-January, 1982; Vol. 44, No. 3, February-March, 1982; Summer 1988). El
propósito básico de dichos artículos era que sirvieran como material de estudio
para el curso de Educación Continua. Su contenido es sólido y sumamente
relevante para la teología adventista contemporánea, pues analizan, bajo la
temática general de inspiración-revelación, asuntos talse como la operación del
don profético, el profeta y la infalibilidad, la relación entre los escritos de
Elena G. de White y
Considerando la utilidad que estos materiales
han de tener en nuestro ambiente, y en consulta con su autor, hemos efectuado
la presente traducción y edición en forma de libro que esperamos pueda
contribuir a una comprensión más adecuada de los temas indicados en el párrafo
anterior.
Víctor
Casali
Centro
de Investigación White
Universidad
Adventista del Plata
Entre
Ríos, Argentina
Abril
de 1989
CBA
Comentario
Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomos 1-5
CC
El camino a Cristo
COES
Consejo sobre la obra de
CRA Consejo
sobre el régimen alimenticio
CS
El conflicto de los siglos
DTG
El Deseado de todas las gentes
Ev.
El evangelismo
JHD Hijos e hijas de Dios
1JT Joyas de los testimonios, tomos 1 al 3
1MS Mensajes selectos, tomos 1 al 3
NB Notas biográficas
OE Obreros evangélicos
PE
Primeros escritos
PP
Patriarcas y profetas
PR
Profetas y
reyes
RH Review
and Herald
1SG
Spiritual Gifts, tomo
1 y 2
SL
The Sanctified
Life
1SP Spiritu of Prophecy, tomos 1
al 4
1T Testimonies for the
Church, tomos 1 al 9
TM Testimonios para los ministros
Antes de la entrada del pecado, Dios se comunicaba
con los seres humanos en forma directa mediante el contacto cara a cara y el
compañerismo personal. Con la llegada del pecado esta relación sufrió una
ruptura y el hombre quedó separado de su Creador. A fin de salvar la separación
de este abismo, Dios empleó por lo menos siete formas de comunicación (las “muchas
maneras” de Hebreos 1:1) para hacer retornar a la especie humana a una relación
personal con él.
Los sueños proféticos nocturnos y las “visiones
abiertas” durante el día fueron los métodos que Dios empleó más frecuentemente
para comunicarse con hombres y mujeres de su especial elección, quienes
llegaron a ser conocidos como “videntes”, “profetas”, o “mensajeros”
especiales.
La suerte del profeta raramente era fácil,
como Jesús lo dio a entender en su observación frecuentemente citada de que “no
hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa”.[1]
Los adventistas del séptimo día creen sobre
la base de la evidencia bíblica[2]
como así también por datos empíricos, que un “perito arquitecto” (1 Cor. 3:10)
de su denominación, Elena de White, fue el recipiente del don de profecía.
Salomón afirmó que “nada hay nuevo debajo del sol” (Ecl. 1:9), y la crítica
hacia los profetas continúa hasta hoy.
También continúan los malos entendidos en
cuanto al modo en que opera el don profético. Satanás manifiesta un interés
creado de engendrar confusión y también rechazo del don profético por parte del
pueblo al cual éste estaba destinado a beneficiar, “por esta razón: Satanás no
puede disponer de una senda tan clara para introducir sus engaños y atar a las
almas con sus errores si se obedecen las amonestaciones y reproches del
Espíritu de Dios”.[3] El “último
engaño de Satanás” en las Iglesias Adventistas del Séptimo Día, poco antes del
regreso de Jesús, será la doble obra de (1) destruir la credibilidad de Elena
de White como una profeta del Señor auténtica
y confiable, y (2) crear un “odio satánico”[4]
contra su ministerio y sus escritos: satánico en su intensidad como también en
su origen.
El “objeto especial” de Satanás consiste en
evitar, en estos últimos días, “que esta luz llegue al pueblo de Dios”[5]
que la necesita en forma desesperada para andar con seguridad en medio del
campo minado que el enemigo de todas las almas ha preparado tan astutamente.
¿Y cuál es la metodología de Satanás para
alcanzar este objetivo? El trabajará “hábilmente en diferentes formas y
mediante diferentes instrumentos”.[6]
Añadiéndose a los dos métodos arriba mencionados, por ejemplo, “más se empeñarán
los agentes satánicos para mantener a las almas bajo una nube de duda”,[7]
en un estado de apresuramiento, y en un estado de decepción.
Este es
el plan de Satanás, su meta y su estrategia. Este capítulo tiene el propósito
de (que él no triunfe!
Hay tres términos en particular que necesitan
ser definidos adecuadamente en tanto que procuramos entender el profetismo bíblico
y el moderno. Las siguientes definiciones pueden resultar útiles:
La inspiración bíblica profética puede
decirse que es un proceso por medio
del cual Dios capacita a un hombre o una mujer de su especial elección para
recibir y comunicar en forma precisa, competente, y fidedigna los mensajes de
Dios para su pueblo.[8]
A veces solemos decir acerca de un pintor,
autor, compositor de música, o artista entendido en particular: “¡Estuvo
inspirado!” Verdaderamente puede haberlo estado. Pero éste ha sido un tipo diferente de inspiración del
que poseyeron los profetas de Dios. Cuando Pablo le escribió al joven
discípulo, Timoteo: “Toda
Mientras que algunos toman esto simplemente
como una metáfora literaria encantadora, sin embargo es también verdadero y
significativo que mientras el profeta experimentaba el fenómeno físico a
manera de enajenamiento en estado de visión, Dios insuflaba aire literalmente;
el profeta no respiraba mientras estaba en esta condición.[10]
La inspiración del profeta es diferente en género, más que diferente en grado, de cualquier otra forma de
inspiración.
El apóstol Pedro se suma a nuestro limitado cúmulo
de información sobre la inspiración bíblica declarando que los profetas, estos
“santos hombres de Dios”, hablaron “siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2
ped. 1:21). El término griego que Pedro emplea es feromeni, de fero:
“transportar una carga, mover”. Lucas empleó la expresión dos veces[11]
al describir la acción de un viento tempestuoso que “arrebataba” la nave en la
cual estaban viajando él y Pablo. La inferencia es clara: Los profetas fueron
“movidos por la iniciativa divina y llevados por el irresistible poder del
Espíritu de Dios por los caminos de su elección hacia los fines de sus
designios”.[12]
La revelación especial, podríamos decir
además, es el contenido del mensaje
comunicado por Dios a su profeta en el proceso de la inspiración. Los
adventistas sostienen que este contenido, el mensaje profético, es infalible
(inerrante), fidedigno (totalmente suficiente, confiable), y autoritativo
(tiene autoridad sobre el cristiano).
Este concepto se proyecta sobre tres
corolarios: (a) El hombre es incapaz de percibir ciertos tipos de información
mediante sus propios recursos o por su propia observación; (b) Dios se complace
en hablar; y (c) este acto tiene lugar y se desenvuelve dentro de la historia
humana.[13]
Dios se ha revelado a sí mismo, en una forma
limitada, en la naturaleza, la que nos da vislumbres de su poder, sabiduría, y
gloria. Pero la naturaleza es insuficiente para revelar claramente la persona
de Dios, su santidad, su amor redentor, y sus propósitos eternos para la raza
humana. Así la revelación sobrenatural trasciende a la revelación “natural” de
Dios en la naturaleza, y consiste principalmente en la manifestación de Dios
acerca de sí mismo y de su voluntad mediante el trato directo con la humanidad.[14]
¡Dios habla! En el Antiguo Testamento,
Jeremías habla por todos los profetas cuando testifica que “Jehová... tocó mi
boca, y me dijo: He aquí he puesto mis palabras en tu boca” (Jer. 1:9). En el
Nuevo Testamento, Pablo nos asegura que el Espíritu Santo “dice claramente” (1
tim. 4:1). En otro lugar pablo sigue asegurándonos que Dios revela sus
misterios a los profetas mediante revelación, la cual es una obra progresiva;[15]
Pablo contrasta el conocimiento natural con la información que es revelada por
el Espíritu Santo. Este conocimiento no puede obtenerse de ninguna otra manera
y de ninguna otra fuente.[16]
Puesto que la respuesta implicada en la
pregunta retórica de Pablo: “¿Son todos profetas?”[17]
es negativa, queda aún una tarea más del Espíritu Santo, si es que aquellos que
no poseen el don profético han de
comprender la voluntad de Dios para ellos.
La iluminación
puede ser definida como la obra del mismo Espíritu Santo que indicó el mensaje
de Dios al profeta, por la cual El ahora capacita al oyente o lector de las
palabras del profeta para comprender las verdades espirituales y discernir el
mensaje de Dios para él.
Esta obra del Espíritu Santo está contenido
en las palabras de Jesús a sus discípulos, concernientes a la venida del
Consolador: El os enseñará todas las cosas,[18]
él os recordará las palabras de Jesús (¡La única fuente común de la cual
proceden los escritos de los profetas!),[19]
y haciendo esta obra él os guiará a toda la verdad que la mente humana sea
capaz de comprender.[20]
En cuanto a esta obra de iluminación, Elena
de White cierta vez habló de tres maneras por medio de las cuales “el Señor nos
revela su voluntad para guiarnos, y para habilitarnos para guiar a otros”: (a)
mediante una comprensión de lo que los escritores inspirados escribieron a lo
largo de las épocas para nuestra amonestación, (b) mediante circunstancias
sobrenaturales (señales); y (c) mediante la impresión directa del Espíritu
Santo sobre la mente y corazón del cristiano en forma individual.[21]
Todo comenzó con Dios. El hizo el primer
movimiento. Las mismas palabras iniciales de nuestra Biblia castellana son
éstas: “En el principio... Dios...” (Gén. 1:1). En el último libro de
Pablo destaca la singularidad de la religión
cristiana mostrando que en tanto nosotros estábamos aún en la condición y las
obras del pecado, Cristo murió por nosotros (Rom. 5:8). La totalidad de las
grandes religiones no cristianas del mundo son semejantes en un aspecto: todas
ellas presentan al hombre en la búsqueda de Dios. Solamente en el cristianismo
encontramos a Dios en búsqueda del hombre. El mensaje central del cristianismo
está personificado en las tres parábolas de los “perdidos” de Lucas 15: la
oveja perdida, la moneda perdida, y el hijo perdido. En cada una de estas
parábolas se nos muestra a un Dios que se preocupó intensamente, y que actuó
sobre la base de esta preocupación.
La preocupación de Dios por el hombre lo
motivó a traer a la existencia el oficio del profeta. Mientras que el sacerdocio
litúrgico hablaba a Dios en nombre del hombre, el profeta hablaba al hombre en
nombre de Dios. Dios tenía un mensaje que comunicar, y escogió mensajeros
humanos especiales como sus agentes.
En tanto que todo cristiano recibe al menos
uno de los dones del Espíritu Santo (“dones espirituales”),[23]
es sin embargo Dios Espíritu Santo quien decide qué hombre o mujer recibe qué
don.[24]
Y el don de profecía fue dado a “algunos”,[25]
pero no a “todos”.[26]
La profecía es el don preeminente,[27]
y lo más que puede hacer un ser humano de acuerdo a
Y una vez hecha esa elección, Dios habla. En
las majestuosas y rítmicas cadencias de Hebreos 1:1, 2, se nos dice dos veces
que Dios ya había hablado, primero mediante los profetas y luego más
recientemente mediante su Hijo. Apocalipsis 1:1 sugiere lo que bien podría
llamarse “la cadena de mandos de Dios” (frase tomada de Bill Gothard).
Tan ciertamente como los tres miembros de
De estos hechos surgen en forma inmediata dos
puntos de importancia:
1.
De
todos los billones de ángeles creados por Dios,[35] nosotros hoy conocemos los
nombres de solamente dos de ellos --Lucifer (“portador de luz”), quien era el
número uno, y cayó; y Gabriel, el más encumbrado del cielo, quien comunicó los
mensajes de Dios a “sus siervos, los profetas”. Unicamente el más encumbrado
del cielo era lo suficientemente bueno para esta tarea especial.
2.
Los
profetas son llamados “sus siervos”, esto es, los siervos de Dios. Ahora bien,
un siervo es por definición: “uno que es enviado” --enviado por un superior,
por supuesto. Jesús hizo constar con toda claridad que el siervo “no es mayor
que su Señor”.[36] Si entonces el siervo portador
del mensaje (el profeta) es ignorado, insultado, o peor aún, rechazado
abiertamente, quien es verdaderamente
rechazado es Aquel que entregó el mensaje al profeta.
¿Cuáles eran algunas de estas “muchas maneras” en las que Dios se
comunicó con la raza humana? Parece haber habido al menos siete métodos:
1. Teofanías
(manifestaciones visibles de Dios; comunicación cara a cara). Abraham se
encontró con el Cristo preencarnado y dos ángeles cerca de su tienda en las
llanuras de Mamre (Gén. 18); Jacob luchó con un “ángel” en Peniel, solamente
para descubrir que había visto a Dios “cara a cara” (Gén. 32:30); y Moisés
habló con el Señor en el monte “cara a cara, como habla cualquiera a su
compañero” (Exo. 33:11).
2. Angeles. Aquellos
“espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán
herederos de la salvación” (Heb. 1:14) se han acercado frecuentemente a la
humanidad para traer mensajes de esperanza y consuelo (Dan. 10:11, 12; Gén
32:1), para dirigir a los siervos del Señor hacia aquellos cuyos corazones eran
receptivos a la verdad de Dios (Hech. 8:26), o para prevenir la llegada de un
desastre inminente si la palabra de Dios no era tenida en cuenta (Gén. 3:24).
3. La voz audible de Dios.
En algunas ocasiones habló Dios mismo. En el Sinaí fueron pronunciados los diez
mandamientos en forma audible y conjunta con el Padre y el Hijo en un “dúo”[37] trascendente que literalmente
hizo temblar la tierra (y también los corazones de los oyentes humanos).
En ocasiones la voz audible de Dios se dirigía al sumo sacerdote desde
Y, por supuesto, la voz de Dios fue oída tres veces durante el
ministerio terrenal de nuestro Señor: en ocasión del bautismo de Cristo, en el
monte de la transfiguración, y cuando los filósofos griegos fueron a verlo en
el templo durante la semana posterior a la crucifixión. En estas ocasiones se
oyó a Dios llamando a los hombres a prestar atención al mensaje de su amado
Hijo.[39]
4. Manifestaciones visibles.
Durante el peregrinaje de los hijos de Israel en el desierto, el pectoral del
sumo sacerdote tenía dos piedras grandes engastadas en la parte superior; el
Urim y el Tumim. El sumo sacerdote podría hacer preguntas, y Jehová respondía.
Si la respuesta era “sí”, una piedra brillaba con un halo de luz y gloria. Si
la respuesta era “no”A, la otra piedra quedaba parcialmente
obscurecida por una sombra o un vapor.[40]
El sumo sacerdote tenía otro medio para recibir respuesta de Dios.
Estando en el lugar santísimo, si la respuesta era afirmativa, el ángel que
estaba al lado derecho del arca resplandecía con un halo de luz, o si la
respuesta era negativa se proyectaba una sombra sobre el ángel de la
izquierda.[41]
5. El echar suertes. En los
tiempos del Antiguo Testamento, Dios también se comunicaba con su pueblo
mediante el acto de echar suertes. Un equivalente moderno es “sacar pajitas”:
se tiene cierto número de pajitas de distintas longitudes en la mano, con todos
los extremos que están a la vista al mismo nivel, y con la diferencia de
longitudes ocultas por la mano. Luego de que se sacan las pajitas y se las
compara, es fácil determinar quién sacó la más larga o la más corta.
Las suertes se echaban sobre las
cabras, sobre ciudades, y sobre hombres. El ejemplo más conocido en cuanto a lo
último fue el hallazgo de Acán y de su hurto del “manto babilónico muy bueno”
que fue la causa de la humillante derrota de Israel en Hai.[42]
Es interesante saber que en el
Nuevo Testamento hay sólo un caso en el que se determinó la voluntad de Dios
echando suertes: la elección de Matías para ocupar el lugar dejado vacante por
Judas entre los doce apóstoles.[43] Cuándo y cómo este método cayó
en desuso no se nos ha revelado, perso sabemos que cuando
6. Las visiones “abiertas” durante el día. Ya nos hemos referido al
estado de éxtasis en el cual entra un profeta cuando recibe una visión, y será
trata con mayor profundidad más adelante. El Antiguo y el Nuevo Testamento
están repletos de referencias de profetas que recibían visiones del Señor.[45]
7. Los sueños proféticos
nocturnos. Los profetas frecuentemente recibían mensajes del Señor durante
los períodos nocturnos y también durante el día. No hay evidencia de que los
sueños proféticos nocturnos hayan estado acompañados de fenómenos físicos, ni tampoco
de que el tipo de mensajes dados durante la noche fuese diferente en algún
sentido de los que eran transmitidos en las visiones del día.
A Elena de White se le preguntó cierta vez si ella, una profeta, solía
tener sueños nocturnos comunes como la gente no inspirada tiene normalmente.
Ella sonrió y contestó que sí. La pregunta subsiguiente era inevitable: ¿Cómo
puede diferenciar Ud. los sueños comunes de los sueños proféticos? Su respuesta
fue directamente al punto: “El mismo ángel mensajero que está a mi lado dándome
instrucciones en las visiones de la noche, permanece también junto a mí dándome
instrucciones durante las visiones del día”.[46]
Los profetas experimentaban fenómenos físicos
sobrenaturales mientras recibían visiones. El décimo capítulo del libro de
Daniel clarifica mejor la naturaleza y el alcance de estos fenómenos
singulares. Daniel nos relata que estando en visión vio cosas que los que
estaban a su alrededor no veían (vers. 7), sufrió una pérdida de su fuerza
natural (vers. 8), y luego fue dotado de una fuerza sobrenatural (vers. 10, 11,
16, 18, 19). El estaba completamente ajeno a su ambiente inmediato (vers. 9) y durante esos momentos no respiraba
(vers. 17).
Elena de White experimentó todos estos
fenómenos mientras estaba en visión. Sin embargo, debiera señalarse que aunque
sus pulmones no funcionaban en tales ocasiones, su corazón continuaba haciendo
circular la sangre a través de su cuerpo, y su rostro no perdía el color.
Como se indicó anteriormente, quizás pueda
dársele una interpretación notablemente literal a zeopneusis (“insuflado por Dios”) en relación a los fenómenos
físicos vinculados con un profeta en el estado de visión.
En la experiencia de Elena de White, los
fenómenos físicos de las “visiones abiertas” eran más característicos de sus
primeros años; desde la década de 1880-1890 en adelante, aparentemente todos
sus mensajes inspirados por el Señor llegaron mediante los sueños proféticos.
Esto nos conduce a considerar la finalidad de los fenómenos físicos.
En primer lugar, los fenómenos físicos no
eran indispensables para recibir mensajes de Dios. Los sueños proféticos
nocturnos parecen aclarar esto. Pero Dios tiene un propósito al disponer de estas
dramáticas manifestaciones sobrenaturales.
Quizás la naturaleza dramática de estas
manifestaciones nos da una pista acerca de la intención del cielo. En el caso de
Elena de White, tenemos a una muchacha de diecisiete años de edad afirmando: “¡Tengo
una visión del Señor!” “Bueno,” podría preguntarse uno, “¿y nosotros cómo
sabemos?”
Resulta difícil aplicar la
prueba de ser consecuente con el testimonio inspirado previamente (Isa. 8:20),
durante los primeros días del ministerio de un profeta, cuando ha escrito poco
o ha hecho pocas declaraciones. La prueba de los frutos (Mat. 7:16, 20) es de
igual modo difícil de aplicar hasta que pasan algunos años y se aprecian los resultados
en la vida del profeta y en las vidas de aquellos que siguieron los consejos
del mismo. La prueba del cumplimiento de las predicciones (Jer. 28:9; Deut.
18:22) no puede ser aplicada hasta que haya pasado suficiente tiempo como para
juzgar si se han cumplido algunas de las profecías.
Dios, obviamente, necesitaba
hacer algo para llamar la atención y motivar a la gente a incorporarse y hacer
caso. Los fenómenos físicos sirven para este propósito. Dios había empleado tales
métodos antes en el Pentecostés (probablemente por la misma razón), cuando
fueron vistas lenguas de fuego sobre las cabezas de los 120, y estos hombres y
mujeres hablaron idiomas contemporáneos que nunca antes habían estudiado.[47]
Quizás Dios utilizó los
fenómenos físicos para confirmar el hecho de que algo sobrenatural estaba
operando allí. Los testigos, por supuesto, necesitarían todavía validad y
autenticar los mensajes por medio de las pruebas bíblicas convencionales.
No obstante, el hecho de que
Satanás puede falsificar, y realmente falsifica muchos fenómenos naturales y
sobrenaturales, debiera conducirnos a hacer una crucial distinción: los
fenómenos físicos son una evidencia
de la actividad sobrenatural, pero nunca deben ser una prueba de la autenticidad o legitimidad de un profeta.
Actualmente ha llegado a estar de moda entre
los críticos de Elena de White el
demandar una “desmitologización” de la histórica profeta de los adventistas. Un
crítico en particular, recientemente hizo el llamado a sepultar los cuentos
legendarios que traen consigo lo “mágico”.
En lo que concierne a las historias de que
Sin embargo, si vamos a la transcripción de
En lugar de eso, dijo Daniells, “creo que la
prueba más poderosa se encuentra en los frutos de este don para la iglesia, no
en las manifestaciones físicas y externas”.
Luego, refiriéndose más directamente a la
cuestión de los relatos en que Elena de White sostiene una Biblia grande y
pesada sobre una de sus manos extendidas, estando en visión, con su vista fuera
de las páginas, y sin embargo citando los textos a los que con un dedo de la
otra mano señalaba, el pastor Daniells declaró: “Yo no sé si esto ocurrió
alguna vez o no. No estoy seguro. Yo no lo vi, y que yo sepa nunca hablé con
nadie que lo haya visto”:[50]
Uno no necesita mirar demasiado lejos para
descubrir por qué Daniells no había presenciado este hecho. Quien escribe ha
descubierto hasta aquí cuatro oportunidades en que Elena de White sostuvo una
Biblia estando en visión: tres veces en 1845 y una vez en 1847.[51] Arturo Daniells no nació sino
hasta 1858, por lo menos once años después de que aconteciera el último
incidente registrado de
La investigación muestra que los fenómenos
físicos eran más característicos de los primeros días de la experiencia de
No debiéramos sorprendernos, entonces, de que
Daniells nunca haya visto a
Algunos críticos sostienen que detrás de al
menos dos de los relatos del sostenimiento de
Durante la visión que duró aproximadamente
cuatro horas, Elena Harmon (quien era soltera en ese tiempo) tomó “una Biblia
grande, pesada, de tamaño familiar” y la levantó “tan alto como pudo”.
Elena de White consideró a este registro como
un relato preciso de una experiencia verdadera, puesto que ella misma citó tres
párrafos de él en un relato autobiográfico publicado en 1860.[54]
Arturo G. Daniells nunca dijo que el suceso
no ocurrió, como sus críticos afirman. En cambio, él simplemente dijo que nunca
lo había visto y que no conocía a nadie que lo hubiera visto tampoco. Sin
embargo, si el pastor Daniells (que era miembro de
Sobre este punto debemos enfatizar que la
posición de la iglesia hoy es la misma de siempre. Los fenómenos físicos son
una evidencia sobrenatural, pero nunca debieran ser empleados como una prueba puesto que Satanás puede
falsificar mucho de la obra del Espíritu Santo.
Los mensajes dados a los profetas generalmente
fueron entregados en dos especies diferentes de envoltorios:
1. Los profetas presenciaron sucesos que
desplegaban el pasado, el presente o el futuro, tales como Moisés al contemplar
la creación del mundo, o el apóstol Juan al observar la segunda y la tercera
venida de Cristo. Elena de White presenció muchos sucesos del pasado, del
presente y del futuro durante su ministerio proféticos de 70 años de duración.
Los profetas también vieron sucesos
simbólicos o en forma de parábola. Estas representaciones parecían tan reales
como las de la otra clase, pero por supuesto, las bestias que Daniel vio y
luego describió por escrito en el capítulo séptimo de su profecía, nunca
existieron realmente. Elena de White tuvo cierto número de visiones en forma de
parábolas; probablemente una de las más conocidas era una en la que vio un
barco que iba rumbo a chocar con un témpano. El capitán le ordenó al timonel
que hiciera blanco en la cabeza del témpano antes de permitir que el barco sufra
un golpe oblicuo más severo. El incidente ilustraba el confrontamiento de la
iglesia con la herejía “alfa” del panteísmo de John Harvey Kellogg durante el
comienzo del siglo XX en un enfrentamiento frontal (pero no fatal). En este
tiempo se presenció la intervención providencial del Señor en una forma
extraordinaria.[56]
2. Los profetas también oyeron la voz de uno
de los miembros de
Una vez que el profeta recibía instrucción
del Señor, cualquiera sea el método escogido por la voluntad divina, su tarea inmediata
era la de componer, escribir el mensaje que había recibido. A fin de hacer esta
tarea, y en lo que concierne a la fuente de las palabras seleccionadas, el
profeta tenía varias alternativas para escoger:
1.
El
profeta podía escoger seguir el rol modelo del reportero de un periódico,
simplemente citando las palabras del personaje celestial que había pronunciado
el mensaje. Elena de White tenía la costumbre inalterable de colocar entre
comillas las palabras del ángel citadas directamente, haciendo así
inmediatamente evidente al lector que éstas eran palabras de Gabriel, no suyas.[57]
2. El profeta más frecuentemente volcaba en forma simple el mensaje
en sus propias palabras. (Se hablará más de este aspecto al discutir más adelante
la contribución única del profeta a tal ministerio).
A Elena de White se le preguntó cierta vez si
la falda a veinticinco centímetros del suelo por la cual ella abogaba, procedía
directamente del Señor, o era simplemente su propia idea. Ella respondió que el
Señor hizo pasar tres grupos de mujeres ante ella en visión. El primer grupo
estaba vestido a la moda característica del momento, con faldas excesivamente
largas que barrían las suciedades de la calle. Desde el punto de vista de la
salud, estas faldas obviamente eran demasiado largas. Luego vino un segundo
grupo cuyas faldas obviamente eran demasiado cortas. Y después se le mostró a
El ángel no había especificado ninguna medida
en centímetros; y en respuesta a la pregunta de un lector de
Aunque dependo tanto del Espíritu del Señor
al escribir mis visiones como cuando las recibo, no obstante las palabras que
utilizo para describir lo que he visto son las mías propias, a menos que sean
las que me ha hablado un ángel, las cuales siempre encierro entre comillas.[58]
Y a propósito, esta declaración ha sido
empleada por un crítico contemporáneo para sugerir que Elena de White pretendía
usar siempre sólo sus propias palabras, o también las palabras de un ángel
(señaladas apropiadamente por comillas). ¡Y luego este crítico la acusa de
falsedad demostrando que ella frecuentemente empleó el producto literario de
otros!
El contexto de la declaración de
3. El profeta ocasionalmente podía optar por emplear palabras de
otro autor. Esto resultó cierto tanto de los profetas de
Los críticos de hoy acusan a Elena de White
de plagio porque ella citó cierto número de autores no inspirados sin darles el
crédito correspondiente. Consideremos esta acusación en detalle, junto con esta
práctica que fue empleada por los escritores proféticos.
Tal como estudiaremos con más detalle en el
segundo capítulo, no se ha hecho ninguna acusación contra Elena de White en
cuanto a su capacidad profesional como profeta del Señor que no haya sido ya
hecha contra los profetas de
Aquí nos ocuparemos solamente de la acusación
de copiar de otros escritores, sean inspirados o no inspirados. La originalidad
no es ahora, y nunca lo ha sido, una prueba de la inspiración profética de un
individuo, tal como Robert W. Olson lo señaló perceptiblemente al director de
religión de la revista Newsweek; por
lo tanto, “el préstamo literario no falsifica su afirmación de inspiración (de
Los escritores bíblicos copiaron uno del otro
sin dar crédito a las fuentes, y aparentemente no tuvieron ningún remordimiento
en cuanto a esta práctica:
Miqueas (4:1-3) sacó trozos de
Isaías (2:2-4). El escriba que compiló 2 Reyes (18-20) también usó material de
Isaías (36-39). Mateo y Lucas tomaron mucho de Marcos al igual que de otra
fuente conocida. Ninguno de ellos dio crédito por el uso del material ajeno.
(Véase el Comentario Bíblico Adventista
del Séptimo Día, t. 5, pp. 172, 173.)[60]
¡Efectivamente, muchos eruditos reconocen que
aproximadamente un noventa y uno por ciento del Evangelio de San Marcos fue
copiado por Mateo y Lucas cuando ellos escribieron sus respectivos Evangelios!
Quizás sea de mayor interés, sin embargo, el
hecho de que los escritores de
Ellos forjaron una tumba para ti, oh santo y
sublime: los cretenses, ¡siempre mentirosos, malas bestias, barrigas ociosas!
Pero tú no estás muerto, tú vives y permaneces para siempre. Porque en ti
vivimos y nos movemos y tenemos nuestro ser.[61]
¿Suena un poco conocido? Bueno, el apóstol
Pablo usó estas palabras dos veces: una en Tito 1:12 (“Uno de ellos, su propio
profeta, dijo: los cretenses, siempre mentiroso, malas bestias, glotones
ociosos”), y la otra en su sermón sobre la colina de Marte en Atenas, en Hechos
17:28 (“Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos”).
Jesús no inventó la regla de oro de Mateo
7:12. Ya una generación antes, el rabí Hillel había escrito: “Lo que es
repugnante para ti, no se lo hagas a tu prójimo; esa es toda
Las ideas (y también algunas de las palabras)
de Padrenuestro pueden encontrarse en oraciones rituales anteriores, conocidas
como el Ha-Kaddish.[62]
El Apocalipsis de Juan contiene trozos
considerables que están tomados en conjunto del libro de Enoc, una obra
pseudoepigráfica de la cual se sabe que estuvo circulando unos 150 años antes
de que Juan escribiera el último libro de
En verdad, en nuestro Nuevo Testamento se han
citado unos quince libros apócrifos o pseudoepigráficos (generalmente sin dar
crédito a la fuente).[63]
El Doctor Lucas nos cuenta que, antes de
escribir el Evangelio que lleva su nombre, realizó una importante cantidad de
investigaciones y estudios de fuentes disponibles en ese entonces:
Puesto que ya muchos han tratado
de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido
ciertísimas, ... me ha parecido también a mí, después de haber investigado con
diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh
excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosa en las
cuales has sido instruido (Lucas 1:1, 3, 4).[64]
Comentando sobre este pasaje, Robert W. Olson
señala acertadamente:
Lucas no adquirió su información por medio de
visiones o sueños sino por su propia investigación. Sin embargo, aunque el material
del evangelio de Lucas no fue dado por revelación directa, no obstante fue
escrito bajo la inspiración divina. No escribió para contarles a sus lectores
algo nuevo, sino para asegurarles lo que era cierto: “Para que conozcas bien la
verdad de las cosas en las cuales has sido instruido”. Lo que Lucas escribió no
fue original, sino que dependió de otros. Dios guió a Lucas para usar las
fuentes correctas (véase el Comentario
Bíblico Adventista del Séptimo Día, t. 5, p. 665).[65]
El hecho de que un autor inspirado cita de un
escritor no inspirado, no implica que el primer escritor ahora debe ser
considerado de un modo u otro como que llega a estar bajo la sombrilla de la
inspiración. La inspiración es un proceso
no un contenido.
Así como los autores bíblicos emplearon
fuentes no inspiradas, Elena de White también copió de los escritos de autores
que no fueron inspirados.[66]
El hecho de que un individuo reciba un sueño
de parte del Señor no implica que automáticamente, ipso facto, tal individuo es un profeta del Señor.
Dios frecuentemente ha dado sueños tanto a
paganos como a cristianos para adaptar sus propósitos divinos. No obstante, la
recepción de esos mensajes no transforma por ello al receptor en un verdadero
profeta. Probablemente la siguiente diferenciación resulte útil: El no profeta
generalmente no es llamado a la tarea de conducir la iglesia en su totalidad.
Más bien, la instrucción está dirigida primeramente al individuo mismo (o
quizás alguien cercano al receptor). Las experiencias de este tipo son a menudo
experiencias aisladas, más que una relación continua típica del orden
profético.
Durante los tiempos bíblicos
Dios dio sueños divinos (pero no proféticos) a muchos: a Abimelec (Génesis
20:3-7), al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos del Faraón (Génesis
40:19), a uno de los faraones (Génesis 41:1-7), al soldado madianita (Jueces 7:13,
14), a Nabucodonosor (Daniel 2 y 4), a José de Nazaret (Mateo 2:13, 14), a Claudia,
la esposa de Pilato (Mateo 27:19), y al centurión romano Cornelio (Hechos
10:1-8) por mencionar algunos solamente.
En la historia de los comienzos
de
Las páginas de
Hay por lo menos tres teorías en
A lo largo de los años cierto número de
adventistas del séptimo día, incluyendo algunos de nuestros pastores y
profesores de Biblia, han sostenido el concepto de inspiración verbal a pesar
de los consejos dados en dirección contraria por Elena de White.
Esta concepción es más bien mecánica, dado
que concibe al rol del profeta simplemente como el de un taquígrafo que toma
nota del dictado de su jefe, palabra por palabra. En este modelo el taquígrafo
o puede tomarse la libertad de cambiar nada de lo que le ha sido dado por el
que dicta; no puede emplear sinónimos, no se admite error en colocar el punto
sobre una “i” o en cruzar una “t”.
Este concepto parece sugerir que Dios, o el
ángel, coloca una mano celestial sobre la mano del profeta, y la conduce
literalmente, de modo que cada palabra o cada sílaba procede directamente de
Dios. Dentro de esta apreciación, el profeta no puede tomarse la libertad de
cambiar nada ni de manifestar el mensaje con sus propias palabras. Este punto
de vista mecánico es estricto y rigurosamente literalista. La infalibilidad
reside en el punto de la palabra escrita.
Esta concepción limitada de la inspiración no
provee la oportunidad de traducir a otros idiomas, y contiene limitaciones y
peligros más serios.[71]
El verbalista estricto tiene un problema con
Mateo 27:9, 10. Allí Mateo hace algo que todo maestro y predicador ha hecho
innumerables veces. Probablemente Mateo está pensando en un nombre, pero de su
pluma sale equivocadamente otro nombre. Cuando él aplica una profecía
mesiánica a Cristo, la predicción de que él sería vendido por treinta piezas de
plata, le atribuye la profecía a Jeremías. Sin embargo, no hay ni una
referencia de esta profecía en todo el libro de Jeremías. El lector atento se
dará cuenta de que Mateo en realidad tenía la intención de atribuirle esta
profecía a Zacarías (cap. 11:12, 13).
La persona que cree en la inspiración
plenaria (la del pensamiento) no tiene problemas frente a esta equivocación de
la pluma. Pero el verbalista aquí se encuentra con un serio problema. ¿Cometió
Dios esta equivocación al dictar el evangelio de San Mateo?
Este no es el único problema para el
verbalista. Dios Padre habló tres veces en forma audible durante el ministerio
terrenal de su Hijo. La primera vez fue inmediatamente después del bautismo de
Cristo en el río Jordán. El problema es: ¿qué dijo exactamente la voz
celestial?
De acuerdo con Mateo (cap.
3:17), el Padre habló en la tercera personal del singular: “Este es mi Hijo
amado, en quien tengo complacencia”. Pero el relato de Marcos (cap. 1:11)
presenta al Padre hablando en la segunda persona del singular: “Tú eres mi Hijo
amado; en ti tengo complacencia”.
¿Qué dijo el Padre exactamente?
El plenarista no considera como un problema la discrepancia entre los dos
relatos. Cree que es el pensamiento el inspirado, no las palabras exactas. No
hay desacuerdo entre Mateo y Marcos sobre la esencia de lo que dijo Dios.
Otro problema para el verbalista
es lo que fue escrito en el cartel que Pilato ordenó colocar en la cruz de
Cristo. ¿Qué decía éste? Los cuatro escritores de los evangelios dan cuatro
relatos levemente diferentes de lo que declaraba el letrero.
¿Cuál de ellos era correcto?
Para el plenarista esto no hace diferencia, pero el verbalista literal aquí se
encuentra en un apuro. Y tampoco ayuda el recordar que el cartel estaba escrito
en tres idiomas (latín, griego, y hebreo), porque tenemos cuatro relatos
diferentes, no tres.
Mateo y Lucas ilustran aún más,
otro tipo de problema para el verbalista estricto en cuanto al modo en que
ellos manejan el Sermón del Monte.
Hoy nadie ha leído ni oído el
verdadero Sermón del monte. Probablemente el libro El discurso maestro de Jesucristo de Elena de White sea el relato completo
más cercano de un sermón que virtualmente tomó todo el día para predicar.
Mateo simplemente da un bosquejo
del sermón en los capítulos 5-7 de su evangelio. Pero Lucas no proporciona
tanto. Si todo lo que tuviésemos fuese el evangelio de Lucas, nunca hubiéramos
sabido que había un sermón del monte, dado que Lucas toma los componentes del
sermón e incorpora algunos aquí y otros allí adaptándolos a su propósito.
Para entender porqué se dispuso
el material de esta manera, debemos reconocer que Mateo estaba escribiendo a
judíos, quienes gustaban de los sermones. Así Mateo empleó el formato de un sermón, en verdad un bosquejo de
sermón, para exponer las ideas de este incomparable discurso de Jesús, el cual
ha sido denominado por algunos como el fuero o constitución de la iglesia
cristiana.
Lucas, sin embargo, estaba
escribiendo para griegos, quienes a los sermones, como tales, los tenían en
poca estima. A ellos les gustaba más bien vivir en el mundo de las ideas. Así
Lucas tomó las ideas del sermón del monte y las empleó con fines
evangelísticos, algunas aquí y otras allá, conforme eran útiles a su propósito
al tratar con su auditorio.
El plenarista no tiene problemas
con este acercamiento porque ve las ideas
como inspiradas. Pero el verbalista estricto se encuentra aquí con un gran
problema a resolver. ¿Quién está en lo cierto? ¿Era éste un sermón o no? Surgen
muchas preguntas, pero hay pocas respuestas disponibles.
Podrían referirse otras ilustraciones,
como el registro del orden de los milagros de Cristo que hizo Mateo en un orden
un tanto diferente al del evangelio de Lucas. Los problemas de este tipo ponen
en un verdadero dilema al verbalista estricto. No obstante, lo dejaremos allí
por ahora, y pasaremos a examinar la teoría de la inspiración plenaria.
En contraste con la concepción de la
inspiración verbal, la teoría de la inspiración plenaria sugiere que los pensamientos,
más bien que las palabras, son inspirados. La concepción plenaria no se ve
forzada a tratar de vencer los problemas de la concepción verbalista. Para el
adventista del séptimo día este punto de vista tiene la ventaja extra de que ha
sido aceptado y defendido por Elena de White.[72]
Examinemos con un poco de detalle el modo en
que
1.
El propósito de la inspiración. Elena de White emplea dos
interesantes analogías para ilustrar el propósito de la inspiración. Primero
ella compara a la inspiración con un mapa, un esquema o guía para la familia
humana. El propósito de este mapa es mostrarles el camino al cielo a los seres
humanos débiles, pecadores y mortales, de tal modo que ellos nunca necesiten
extraviarse en su camino.[73] Luego ella compara además a la
inspiración con “tesoros ocultos” o piedras preciosas que pueden descubrirse
mediante arduas excavaciones.[74] Y finalmente, en resumen,
2.
El elemento humano. Seguidamente
En un contexto diferente, hablando a los
obreros de Battle Creek,
Puesto que los escritores bíblicos tuvieron
que expresar sus ideas en idiomas humanos, los conceptos no pudieron haber
sido dados en algún grandioso lenguaje sobrehumano.[79] Las ideas infinitas no pueden
ser perfectamente incorporadas en los vehículos finitos del pensamiento.[80] El Señor habla a los seres
humanos en un lenguaje imperfecto, a fin de que nuestra percepción terrenal
sombría pueda comprender sus palabras.[81]
Mediante una acertada analogía, Juan Calvino
sugirió cierta vez que Dios, mediante los profetas, nos habló “en lenguaje de
niños” a los humanos, muy semejante a una madre que arrulla a su pequeño niño
balbuceándole palabras en el idioma universal del amor.
3.
La existencia de discrepancias. Elena de White se refirió en
forma directa a la cuestión de las discrepancias, equivocaciones o errores.
Ella precisamente no sugiere que éstas son posibles; dice que son “probables”.[82] Pero prosigue en señalar más
significativamente que todas estas equivocaciones no modificarán ni una simple
doctrina, ni harán tropezar a nadie que no esté ya inclinado a hacerlo. Estas
personas crearán “dificultades de la más sencilla verdad revelada”.[83]
4.
Una singular combinación
divino-humana.
Pablo señaló de un modo penetrante que “tenemos este tesoro en vasos de barro”
(2 Cor. 4:7). Dos elementos se introducen de este modo en la analogía: el
“tesoro”, y los “vasos de barro”.
Pero
Comentando nuevamente que “en la
obra de Dios por la redención del hombre, la divinidad y la humanidad están
combinadas”,
La
unión de lo divino y lo humano que se manifestó en Cristo, existe también en
De esta manera las verdades transmitidas
por los escritores inspirados son todas un tesoro inspirado. Pero el elemento
humano, el “idioma de los hombres”, es el vaso de barro, es decir, el paquete.
Earle Hilgert sugirió que la
apariencia humana de los escritos
inspirados, antiguos y modernos, se revela de cinco maneras diferentes:
a.
El escritor se expresa con su
propio estilo.
b.
El escritor se expresa con su
propio nivel de talentos literarios. Por ejemplo, la composición de las
oraciones del libro de Apocalipsis es áspera. Juan conecta sus ideas con la
conjunción “y” así como una hilera de
vagones en un tren de carga. Estilísticamente, este libro es rudimentario, no
elevado. Su autor es un pescador que fue educado por Jesús durante tres años.
Juan recibió su educación en la verdad, más que en la retórica. En contraste
con el libro de Apocalipsis, el libro de Hebreos presenta una forma estilística
más elevada. Y por causa de su uso de frases y oraciones equilibradas, algunos
estudiosos de la alta crítica no creen que Pablo lo haya escrito
verdaderamente. Pero indudablemente pablo tuvo el equivalente a un Doctorado en
Filosofía de la escuela de Gamaliel en Jerusalén, y bien pudo haber asistido a
la universidad de Tarso antes de dirigirse a Jerusalén.
c.
El escritor revela su propia
personalidad.
El evangelio de Juan puede resumirse en una palabra de cuatro letras: amor. Este concepto impregna el
evangelio de Juan y sus tres epístolas totalmente. Juan, más que cualquiera de
los otros apóstoles, bebió de este espíritu, y se rindió plenamente al amor
transformador de Cristo.[86] De esta manera sus epístolas,
en especial, exhalan este espíritu de amor.[87] Su tema favorito era el amor
infinito de Cristo.[88]
d.
El escritor también empleó sus
propias palabras,
palabras elegidas por él mismo, y al hacer esto,
e.
El escritor aprovecha sus
antecedentes y su experiencia personal. Lucas fue llamado el “médico amado”. Y en
verdad, se ha escrito un libro entero sobre la terminología médica que se
empleó en el Evangelio de San Lucas. Lucas escribe con la percepción de un
científico. El, por ejemplo, es el único de los cuatro escritores de los
evangelios que menciona que “era el sudor [de Jesús] como grandes gotas de
sangre”.
Amós habla en el lenguaje del pastor de
ovejas.
¿Y Pablo? Educado con la
metodología y la fraseología de la filosofía, Pablo escribió algunas cosas que
para un pescador como Pedro eran “difíciles de entender” (2 Ped. 3:16).[89]
Luego, el aspecto divino, la obra del Espíritu Santo, se revela de cuatro formas, así
como indicó T. Housel Jemison:
a.
Ilumina la mente: el escritor es capacitado para
comprender la verdad.
b.
Aviva el pensamiento: es decir, estimula los sistemas
de razonamiento.
c.
Ilumina la memoria: el profeta es capacitado para
recordar acontecimientos e ideas.
d.
Dirige la atención hacia asuntos
que deben ser registrados: esto tiene que ver específicamente con la selección de temas y
contenido.[90]
5.
Verbal versus. Plenaria.
Aquí es donde se reconoce el
problema semántico: una palabra determinada puede transmitir diferentes ideas a
distintas personas. Con todo, si un escritor u orador es intelectualmente
honesto, por lo general puede transmitir su significado en forma clara.[92] La misma verdad puede expresarse de diferentes maneras sin
contradicciones esenciales.[93]
Básicamente, “la inspiración no
obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo,
que está imbuido de pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo”.[94]
6.
Lo que
7.
Totalidad. Elena de White aceptó
8.
La supervisión de Dios. El Señor preservó milagrosamente
a
Por supuesto,
La mano constante de Dios se aprecia en la
entrega de los mensajes, el registro de los mismos, en la unión de los libros
en un Canon, y en la conservación de
9.
La unidad. Elena de White hace una
interesante distinción en cuanto a la unidad: al paso que no siempre hay unidad
“aparente”, hay, sin embargo, una “unidad espiritual”. Ella compara esta unidad
con una magnífica hebra dorada que recorre todo el conjunto, la cual descubre
“el alma iluminada”.
Para
descubrir esta unidad, sin embargo, se requiere que el investigador ejercite
“la paciencia, meditación, y oración”.[105]
En los días cuando Gran Bretaña dominaba los
mares, y los barcos impulsados por el viento, en lugar del vapor o del
petróleo, los navíos de la flota real de Su Majestad llevaban todos una cuerda
que tenía entretejida una hebra carmesí en toda su longitud. Esta hebra servía
a dos propósitos: facilitaba la identificación en caso de probable hurto, y
también aseguraba a los marineros (cuyas vidas dependían a menudo de la clase
de cuerda que manejaban) que ellos tenían la mejor de todas.
Aplicando esta analogía a
a.
Propósito:
la historia de la salvación.
b.
Tema:
Jesús, la cruz, la corona.
c.
Armonía
de la enseñanza: las doctrinas del Antiguo y del Nuevo Testamentos son las
mismas.
d.
Desarrollo:
la progresión ininterrumpida desde la creación, la caída, la redención y la
restauración final.
e.
Coordinación
de las profecías: evidente, puesto que el mismo Espíritu Santo fue el que
estuvo operando.[106]
10.
Grados de inspiración. Elena de White hace constar
con toda claridad que el cristiano no debe sostener que una parte de las
Escrituras es inspirada y otra no lo es, o que hay grados de inspiración entre
los diferentes libros de
Teoría de la inspiración como encuentro[108]
Hay una tercera concepción de la inspiración
que posee una variedad de términos: “Neo-ortodoxia”, “existencialismo” (de
tipo religioso), o “encuentro” (según uno de los términos más destacados en la
jerga de entre casa). Este concepto se fundamenta, al menos en parte, en el
pensamiento “Yo-Tú” del filósofo Martin Buber. A continuación se examinarán
los tres principios o postulados básicos:
Subjetiva más que objetiva
1. La
inspiración, por su misma naturaleza, es inherentemente subjetiva más que
objetiva.
Aunque los conceptos verbalista y plenarista
son totalmente diferentes y distintivos, el primero sosteniendo que la
inspiración reside exactamente en las palabras empleadas, y el segundo creyendo
que la inspiración, en cambio, reside en el pensamiento transmitido por medio
del profeta, ambos son semejantes en un aspecto: cada uno sostiene que la
inspiración es básicamente objetiva más que subjetiva.
Hasta fin de este siglo, éstas eran las dos
posiciones básicas que sostuvo el mundo cristiano. Luego apareció Martin Buber
(quien más que teólogo es un filósofo), el cual ayudó a desarrollar una nueva
teoría sobre la inspiración. Esta teoría sostiene, entre otras cosas, que la
inspiración es por su misma naturaleza inherentemente subjetiva, en lugar de
objetiva. Y en términos prácticos, ¿esto qué significa?
Tal como lo ve la teología del “encuentro”,
la revelación (o la inspiración) es una experiencia que se da en un encuentro
“Yo-Tú” entre el profeta y Dios. De modo que es principalmente una experiencia, en la cual no existe
intercambio de información.
Para un teólogo del encuentro, la revelación
es “la autor-revelación personal de Dios al hombre, no la comunicación de
verdades acerca de Dios, ... un encuentro “Yo-Tú” con Dios, la presencia plena
de Dios en “la conciencia” del profeta, tal como lo ha expresado oportunamente
Raoul Dederen.[109]
En la teología del
encuentro no hay comunicación de información. Dios no declara palabra alguna. No existe
declaración de verdades de ningún tipo en esta relación singular. No se aprecia
la verdad como algo conceptual en el sentido objetivo, sino como algo
experimental en el sentido subjetivo.
En este punto, quien esté de acuerdo con la
teología del encuentro sostendrá que hay
un contenido. Pero ese contenido no es la comunicación de algún concepto
acerca de Dios, sino más bien la comunicación de Alguien, Dios mismo, que se dirige individualmente al alma del
cristiano y solicita una respuesta personal en este intercambio.
Para el que sostiene la teoría del encuentro,
finalmente, la revelación es la revelación plena de Dios a la conciencia plena
del profeta. En esta experiencia no hay comunicación de ideas, verdades,
conceptos ni mensajes.
Como hemos notado antes, los escritores
bíblicos enfáticamente señalan que Dios habla particular y únicamente mediante
hombres inspirados. Simplemente no hay vuelta para las declaraciones como la de
2 Samuel 23:2: “El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha estado
en mi lengua”.
La pregunta del rey Sedequías al profeta
Jeremías es básica para una concepción de la inspiración genuina: “¿Hay palabra
de Jehová?” (Jeremías 37:17).
Este no es simplemente el punto de vista del
Antiguo Testamento en cuanto a la inspiración. Lucas, en el libro de Hechos,
emplea tres veces expresiones como “el Espíritu Santo habló antes por boca de
David” (cap. 1:16), “habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido
desde tiempo antiguo” (cap. 3:21), y “por boca de tu siervo David Dios ha dicho”,
etcétera. El cuarto capítulo de 1 Timoteo comienza: “Pero el Espíritu dice
claramente que...”, y las palabras de apertura de Hebreos declaran que en tanto
que en los primeros días Dios habló por la boca de sus santos profetas, en
estos últimos días El ha hablado más directamente a la humanidad mediante su
Hijo.
El defensor de la teoría del encuentro
sostendrá que el profeta es inspirado como
persona (lo cual es verdad), pero que los pensamientos y las palabras que
transmite el profeta son sus propias ideas, en lugar de las ideas de Dios (lo
cual es falso).
Además de eso, la teoría del encuentro
sostiene que el profeta es el intérprete de la auto-revelación de Dios, en
términos aplicables a sus propios días, y que esas ideas pueden contener
errores. Incluso pueden ser científica o históricamente imprecisas (como por
ejemplo, la idea de Moisés, de una creación en siete días solares literales).
Con todo, se considera que el profeta es inspirado, ya que en esta teoría, (la
inspiración no tiene nada que ver con las ideas!
Los de la teoría del encuentro ponen gran
énfasis en el contexto. El propósito es demostrar el “condicionamiento
histórico”: la idea de que el profeta es la víctima indefensa (como también el
producto) de su medio ambiente, sus antecedentes, su educación y su opinión
general.
Aunque el plenarista también está interesado
en el contexto, él lo emplea para descubrir, mediante un análisis de las
circunstancias históricas en torno a un mensaje particular, si las palabras del
profeta constituyen un principio (una
regla inalterable e infalible de conducta humana) o un patrón variable de conducta (la aplicación de un principio a una
situación particular, en cuyo caso la aplicación puede variar si la situación
cambia).
2. Contener
la palabra versus ser la palabra.
Quienes sostienen la teoría del encuentro
dicen que
En cuanto al contenido, esta teoría considera
que
De este modo, los de la teología del
encuentro no creen que los conceptos transmitidos en
Al intentar expresar sus propias ideas o pensamientos para describir este “encuentro
divino-humano”, el profeta trata de transmitir de esta manera la palabra de
Dios tal como él la percibe en su interior. Este intento podría compararse con
el relato de una persona que cuenta lo que Dios hizo por ella durante la
semana, en una reunión de oración y de testimonios.
Para los del concepto del encuentro, el profeta es inspirado en el corazón, en
vez de la cabeza. Luego, la persona que oye o lee las palabras del profeta,
también tiene una experiencia subjetiva. Por lo tanto, la verdad queda definida
como algo experiencial. La
experiencia llega a ser la palabra de Dios para el estudiante, más que la
palabra de Dios definida como las palabras literales, los conceptos y las
proposiciones expresadas por el profeta.
El plenarista no desprecia el lugar de la
experiencia en la vida del cristiano. De hecho, Elena de White emplea por lo
menos en trece lugares la expresión religión
experiencial. Pero la experiencia humana nunca suplanta a la palabra objetiva de Dios, la cual por sí misma
debe determinar la validez de toda
experiencia.[110]
3. Cuantitativa,
no cualitativa. Finalmente, para los de la teología del encuentro todos son inspirados. El profeta
sencillamente tiene un grado mayor de inspiración que el individuo común.
El problema en este concepto es de diferencia de grado versus diferencia de
clase. Se sostiene que el profeta tiene un grado de inspiración más intenso
que las personas de término medio. La elocuencia de un profeta, de un pastor o
de un político, puede llevar a la gente a hacer cosas que ellos de otra manera
no harían. Y puesto que una persona tal eleva a las demás más allá de ellas
mismas, se la considera “inspirada”.
Ciertamente puede haber algún tipo de
inspiración secular, no profética. Nosotros a veces pensamos que un artista, un
escultor, un compositor musical o un intérprete estaba “inspirado”. Pero esta
inspiración secular común no tiene nada que ver con el tipo de inspiración de
la que se habla en
En la inspiración bíblica, el
profeta es arrebatado en visión. El o ella puede perder la fuerza natural sólo
para recibir un don sobrenatural. Dios literalmente insufla el aliento en el
profeta, puesto que el profeta no respira durante el estado de visión. Y
durante este estado, el profeta recibe mensajes infalibles de parte del Señor.
Las personas comunes pueden
conmoverse con las palabras inspiradas del profeta, y sus vidas pueden cambiar
radicalmente para bien. Pero esa experiencia no es la “inspiración” que
tuvieron los escritores bíblicos y Elena de White. Cuando la gente común está
“inspirada”, es alguna otra clase de inspiración, diferente a la de la variedad
bíblica. Es una diferencia de clase, no
de grado.
La idea de los grados de
inspiración, que es tan frecuente en la teología del encuentro, históricamente
ha tenido cierto atractivo para el adventismo. En 1884, una serie de diez
artículos en
Una diferencia significativa
Hasta aquí, el lector puede decir con aire de
cansancio: “¿En qué afecta en la práctica la posición que yo adopte?” La
diferencia es grande. Notemos algunas de las implicaciones que resultan del
aceptar el concepto del encuentro:
2.
El
lector de las palabras del profeta
llega entonces a ser la autoridad, el árbitro que decide qué es inspirado (para
él), y qué no lo es. El lee
La experiencia
subjetiva del lector llega a ser normativa, es la norma de lo que él aceptará o
rechazará como obligatorio en su vida y en su experiencia.
Sin embargo, si no hay
revelación objetiva como criterio, entonces no hay manera de que una persona
puede confirmar su experiencia, ni modo de determinar si esa experiencia es del
Espíritu Santo o de un espíritu maligno. Simplemente no es suficiente con
decir que la experiencia propia es “autenticadora por sí misma”. Como John
Robertson agudamente comentó, “ésta puede ser también auto-engañadora”.
3.
El
criterio subjetivo es una distorsión. Distorsiona el lugar correcto y legítimo
del contexto. También distorsiona el lugar apropiado de la experiencia,
transformándola en el cristerio de autenticidad. La concepción subjetiva
enfatiza “la autonomía del condicionamiento histórico”, y hace de la
desmitologización del profeta una necesidad para la mentalidad contemporánea.
Además de eso, distorsiona la inspiración profética genuina, al imponer la idea
de los grados de inspiración sobre la misma como condición central.
4.
En
términos prácticos, la teoría del encuentro resulta en la adopción de las
siguientes posiciones teológicas:
a.
La
creación, tal como lo enseña
b.En cuanto a la encarnación de
Cristo, Jesús en realidad no era un ser divino-humano. Era solamente un hombre.
El concepto del encuentro rechaza los hechos sobrenaturales, como el nacimiento
virginal y los milagros así como los definimos normalmente.
5.
La
teoría del encuentro dice que en la demonología,
Los plenaristas, de hecho,
concuerdan con que quizás alguna enfermedad mental sea causada en gran medida
por agentes externos no sobrenaturales, pero no aceptan la idea de que todas las enfermedades mentales se deben
a eso. Quien escribe esto vio mucho en sus doce años de servicio misionero,
como para creer de otra manera.
Como análisis final, entonces, el concepto
subjetivo sobre la inspiración de la teoría del encuentro, constituye en el
fondo una negación de “la fe que ha sido una vez dada a los santos”. Ella es
una ingeniosa institución de “fábulas artificiosas” por la revelación infalible
de la verdad, tal como fue dada por Dios mediante los profetas inspirados
divina y subjetivamente. Y los que aceptan esta posición se arriesgan a perder
la vida eterna.
Leslie Hardinge, un profesor veterano de
Biblia en colegios y seminarios adventistas del séptimo día, cierta vez hizo
una declaración muy profunda: “Sin analogía no hay enseñanza real”.
En
1.
El
apóstol Pablo repetidas veces habla de la inspiración profética como un don del
Espíritu Santo; uno de los denominados “dones espirituales” (Efesios 4; 1
Corintios 12).
Una persona puede recibir muchos
tipos de regalos. Algunos de ellos no son de utilidad, o incluso son
embarazosos. Sin embargo, los regalos más preciados que yo haya recibido fueron
o bien regalos útiles que llenaban una necesidad particular en mi experiencia
diario (como un bolígrafo, un maletín o una máquina de escribir), o regalos de
amor en los que el sentimiento que había motivado el regalo trascendía en mucho
el valor inherente e inmediato del regalo. Este sentimiento le confería al
regalo un valor que de otra manera no hubiera tenido.
El don de profecía puede
describirse en los mismos términos. Para algunos no es útil. Para otros es una
continua dificultad y molestia, porque repetidamente se interpone al estilo de
vida en lo que hace a los asuntos particulares de la existencia diaria. El
corazón carnal se opone tenazmente a las restricciones que le coloca la
revelación inspirada.
Al tratar este asunto de la
inspiración-revelación, la elección de la metáfora del regalo resulta
apropiada. El propósito de este don es promover la obra del ministerio del
cuerpo de Dios (la iglesia), fortalecerlo y conducirlo (Efesios 4:12-15). En
relación a esto, notemos sus cuatro propósitos particulares:
a.
El
perfeccionamiento de los santos (para
que puedan crecer en Cristo).
b.
La
unidad de los santos (para que no
exista discordia en el cuerpo de Cristo. Véase 1 Cor. 12:25).
c.
La
edificación de los santos (los
escritos inspirados proporcional doctrina, amonestación, corrección e
instrucción en justicia. Véase 2 tim. 3:16).
d.
La
estabilización de los santos (para
que puedan tener un ancla que los guarde de ser llevados por todo viento de
doctrina).
2.
El
apóstol Pedro añade una segunda metáfora, tomándola en realidad prestada de
uno de los salmos de David. Ve a la inspiración profética como semejante a una
antorcha que brilla en un lugar oscuro, con un propósito práctico y necesario:
guardarnos de tropezar y caer (2 Pedro 1:19). Mil años antes, David había
comparado a
Al
igual que una “lumbrera”, la inspiración profética sirve a dos funciones
valiosas:
a.
Uno
de los principales propósitos de los escritos proféticos (aunque ciertamente no
es la única función), es el de revelar acontecimientos futuros. De esta manera,
la revelación nos ayuda a que realicemos una preparación adecuada para los
sucesos venideros, y nos capacita para relacionarnos constructivamente con
ellos cuando ocurran.[112]
Sin embargo, una razón menos
obvia para incluir el elemento profético en
b.
De
igual importancia es la función de la revelación como luz para proteger al
creyente. Los escritos inspirados proporcionan una luz que descubre los
propósitos de Satanás y la metodología con la cual se propone alcanzar su
objetivo. Verdaderamente, “sin profecía el pueblo se desenfrena” (Proverbios
19:18).
La expresión, “el fin de todo el discurso
oído” no sólo es un mecanismo pedagógico bien fundamentado, sino también un
imperativo espiritual.
Se ha visto la inspiración como un proceso en
el que Dios únicamente imparte verdades de importancia eterna mediante “sus
siervos los profetas”, quienes “muchas veces y de muchas maneras” han hablado a
sus contemporáneos y a los que vendrían más tarde, a fin de capacitarlos para
que entiendan la intención y la voluntad de Dios para sus vidas.
En estas horas finales de la historia del mundo
tenemos la imperiosa necesidad de comprender cómo operan estos fenómenos, para
que no sólo podamos tener un conocimiento inteligente de lo que está tratando
de decirnos Dios, sino también para que podamos evitar los peligros y tropiezos
que resultan de aferrarse a conceptos falsos.
La advertencia de Pablo a los santos del
Nuevo Testamento --”No apaguéis al
Espíritu. [¡No permitan que se apague la lámpara!] No menospreciéis las
profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tes. 5:19-21) -- no es sino
el eco del consejo de Josafat en el Antiguo Testamento: “Creed en Jehová
vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados”
(2 Crónicas 20:20).
En el segundo capítulo consideraremos la
cuestión de la inerrancia y la infalibilidad: ¿Puede equivocarse alguna vez el
profeta? Se examinará la experiencia de Elena de White a la luz de las
evidencias de los profetas bíblicos.
El debate teológico de la “infalibilidad” y
la “inerrancia” está agitando las mentes y los corazones en el cristianismo
evangélico de hoy, especialmente cuando estas cuestiones se relacionan con el
asunto de la inspiración profética. Gran parte de la discusión gira en torno de
consideraciones semánticas,[114] y está relacionada bastante
estrechamente con la teoría de la inspiración verbal. No obstante, hay
preguntas importantes que necesitan ser formuladas (y respondidas), tales como:
¿Puede equivocarse un profeta? ¿Cumplen las predicciones de un verdadero
profeta el ciento por ciento de las veces? ¿Puede un verdadero profeta tener
que cambiar de lo que él o ella haya escrito o dicho?
Webster define infalible como “1: incapaz de error: inerrable; 2: no responsable de extraviar, engañar, o
defraudar, seguro; 3: incapaz de error en la definición de doctrinas tocantes a
la fe o a la moral”.[115] El, además, interpreta inerrable como “libre de error:
infalible”.[116]
El problema de la infalibilidad surge debido
a que las Escrituras afirman ser más confiables que las producciones literarias
corrientes de autoría humana.
Como se señaló en el capítulo 1, “toda
¿Por qué? Pedro responde: porque tenemos una
palabra “más segura” de escritos proféticos (2 Ped. 1:19). Los traductores más
recientes han traducido este pasaje: “hace más seguro el mensaje”,[117] “nos confirmamos más aún en la
palabra profética”,[118] “hemos visto confirmada la
palabra de los profetas”,[119] “algo más firme”,[120] y “hace más firme”.[121]
La problemática, entonces, no es la
singularidad de los escritos inspirados por ser “más seguros” que los escritos
no inspirados; más bien es, ¿cuál es la esencia de esta “mayor seguridad”? ¿En
qué sentido son estos escritos “más seguros”?
Entre los cristianos evangélicos y entre los
adventistas del séptimo día pueden encontrarse algunos posibles modelos
analógicos:
1. La
teoría de “la camisa de fuerza”: este concepto sostiene que el control del
Espíritu Santo sobre el profeta durante el proceso de la inspiración es tan
rígido, y tan ajustado, que el profeta está imposibilitado de cometer cualquier
tipo de error.
Esta posición es bien ilustrada en las
palabras de un evangelista adventista del séptimo día en un sermón en que
presentaba a Elena de White a no adventistas:
Y de paso, las predicciones de
Elena de White han sido todas correctas hasta este preciso instante. A los
mediums les gusta hablar acerca de sus índices de aciertos. Se muestran
orgullosos si aciertan el setenta y cinco u ochenta por ciento de las veces.
(¡Escuchen! ) Un profeta de Dios
con un índice de aciertos? ¡Nunca! Un profeta de Dios está en lo cierto el
ciento por ciento de las veces o no lo está por completo.
Y otra cosa más: un profeta de Dios
no cambia su parecer.
Pienso que ustedes están
comenzando a ver la diferencia entre un profeta -un verdadero profeta- y un
médium.
Aquí se presentan tres postulados: (a) el
verdadero profeta tiene un CPP (cociente de precisión profética) del ciento por
ciento, mientras que los médiums (y los falsos profetas) tienen normalmente
sólo un 75-80 por ciento de CPP; (b) si un profeta de Dios no está en lo cierto
el ciento por ciento de las veces, él o ella no está en lo cierto ninguna de las veces; y (c) un verdadero
profeta nunca tiene que volverse atrás y cambiar algo de lo que escribió o dijo
en su capacidad profesional como profeta.
Esta posición toma prestado mucho de la
filosofía básica de la inspiración, sostenida por el autor de una popular
biografía de Elena de White publicada hace algunos años:
Un verdadero profeta [el énfasis está en el original] no recurre a
ninguna muleta mental o “espiritual”; más bien, no tiene grado de libertar para
sintonizar ni para controlar los impulsos ni los recuerdos proféticos. Estos
impulsos le son impuestos por un Ser personal sobrenatural que tiene
conocimiento absoluto tanto del pasado como del futuro, y no hay posibilidad
alguna de error o cálculo humano equivocado.[122]
2. La
teoría de la “intervención”: esta concepción sostiene que si por su
humanidad un profeta de Dios se equivoca, y la naturaleza de ese error es lo
suficientemente seria como para afectar materialmente (a) la dirección de la
iglesia de Dios, (b) el destino eterno de una persona, o (c) la pureza de una
doctrina, entonces (y sólo entonces) el Espíritu Santo lleva inmediatamente al
profeta a corregir el error, de modo tal que no se produzca daño permanente.
Esta posición puede encuadrar en
la realidad objetiva de
Hay
algunas preguntas profundas que son de importancia aquí: (1) ¿Cuál de las dos
teorías cree Ud.? (¿o tiene una tercer teoría a la cual adherirse?), (2) ¿Por
qué cree en ella? Esta segunda pregunta puede ser aún más importante que la
primera.
¿Está
basada su creencia en una fuente de confianza? (Algún predicador favorito,
pastor, profesor de Biblia o erudito bíblico, y debido a la elevada
consideración hacia esta persona, Ud. ha aceptado lo que se le dijo, sin
cuestionarlo.) ¿O sostiene Ud. su creencia debido a que ha confirmado
objetivamente su postura?
En
los días de Pablo, a los creyentes cristianos de Berea se los conceptuó como
“más noble” que los de Tesalónica, por dos razones muy interesantes que son de
gran relevancia para nosotros en esta discusión:
1.
Recibieron
las palabras de Pablo “con toda solicitud”.
Es decir, estaban abiertos para recibir nueva luz, no tenían mentes
cerradas.
2.
Escudriñaban
“cada día las escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hech. 17:11). Es decir, confirmaban lo que habían oído
antes de aceptarlo. No aceptaban lo que
se les decía incautamente, sin sentido crítico y sin verificarlo personalmente
en
Se le podría haber perdonado a Pablo si hubiera dicho a las bereanos: “No sólo soy un profeta inspirado del Señor, sino que tengo el don espiritual más elevado, el del apostolado. Ustedes no necesitan comprobar lo que les he dicho; la mayor autoridad proveniente de Dios sobre esta Tierra”.
Pero él no les dijo eso. Los alabó, un cambio, por no tomar simplemente su palabra como
verdadera, sino dirigirse a los escritos previamente inspirados para verificar
lo que él había dicho.
¿Cómo debiéramos confirmar la verdad? ¿Contando cabezas y aceptando la
posición que atrae al mayor número de adherentes? Difícilmente.
¿Cuál es la mejor manera de determinar la hora exacta del día? Si Ud. le
pregunta a alguien “¿qué hora es?” y le dicen
“son las 3:10 h.”, “Cómo sabe que está en lo cierto? Y a propósito, si
Ud. le pregunta la hora a varios individuos, puede tener tantas respuestas
diferentes como personas con relojes.
Además, cada persona probablemente supondrá que la suya es la única hora
correcta si otros no concuerdan.
Muchas comunidades tienen un número telefónico que uno puede discar para saber
la hora exacta del día. Algunas redes
de radio y televisión tiene una señal
que puede oírse a la hora exacta, superpuesta a la voz del locutor que
están dando las letras identificatoria de la estación.
Para la mayoría de nosotros confirmar la hora del día puede ser
crucial. Si estamos fuera de la hora
uno o dos minutos puede no ser demasiado importante. Pero confirmar la verdad espiritual puede ser de importancia
eterna.
¿Y cómo confirma Ud. la verdad? La respuesta de Jacques Bénigne Bossuet,
obispo francés y predicador de la corte de Luis XVI en el siglo decimoséptimo,
es oportuna. Luis era amante del
teatro, y a menudo habían ordenado representaciones en su corte. Bossuet, por el contrario, era ampliamente
conocido como opositor del teatro por ser perjudicial para el desarrollo del
carácter cristiano y por ser un instrumento del mal.
Cierto día, cuenta la historia, durante un intervalo en los actos de la
corte, Luis miró a su alrededor y, viendo a Bossuet afuera, lo llamó en alta
voz: “mi obispo, ¿qué piensa de mi teatro?”
Los cortesanos quedaros expectantes, pues conocían las opiniones de
ambos. Y también conocían el peligro de
dar un veredicto contrario a la opinión real.
El ofensor, cómo mínimo, podía ser expulsado de la corte (que para estos
aduladores era una suerte casi peor que la muerte); o lo que es peor, podían
ser enviados a la guillotina.
Todos aguardaban sin aliento la respuesta de Bossuet, preguntándose si él
encontraría la salida conveniente al dilema (basada en la teoría de que es
mejor un cobarde vivo que un héroe muerto), o si arriesgaría todo al manifestar
la convicción de su corazón.
Adustamente, Bossuet se fue acercando a la presencia inmediata del Rey Sol,
se postró y dijo con gran dignidad: “Señor, Ud. me ha preguntado qué pienso del
teatro. Le diré, Señor, lo que
pienso. Hay algunas grandes personas a
favor de él... y hay algunas grandes razones en contra de él”.
Lo mismo podría decirse de la teoría de “la camisa de fuerza” de una “mayor
seguridad”. “Hay grandes personas a
favor de ella, pero hay algunas grandes razones en su contra”. ¿Cómo lo determina Ud.? La corroboración es potencialmente un
proceso doloroso, pues los hechos a veces nos obligan a cambiar opiniones
tradicionales altamente apreciadas.
Pero es una necesidad intelectual para cualquiera que sostenga que la
verdad debe ser tan importante como la vida misma.
Es importante que cada uno de nosotros sepamos qué creernos, también por
qué lo creemos.
En el capítulo 1 señalamos la declaración de Pablo de que “tenemos este
tesoro en vasos de barro” (2 Cor. 4:7) y la observación de Elena de White de
que “en la obra de Dios por la redención de hombre se combinan la divinidad y
la humanidad”[123]. Jesús
era tanto hijo de Dios como Hijo del hombre, y esta misma unión de lo divino y
lo humano existe también en
El “tesoro” (la verdad o el mensaje dado por Dios) no solamente es
“revelación infalible de su voluntad”, sino que tiene también “autoridad
absoluta”[125] (normativa y obligatoria para el cristiano). Comentando sobre la cuestión de la infalibilidad,
Elena G. de White escribió: Sólo Dios es infalible”.[126] “El hombre es falible, pero la palabra de Dios es infalible”.[127]
Respecto de los “vasos de barro”, el lado humano de la ecuación,
Algunos han tropezado con el hecho de que existen imperfecciones en los
escritos de Elena de White. Los
ejemplos citados por los críticos influyen su cifra incorrecta de los aliados
de Abraham; su declaración inicial de que Dios les ordenó a Adán y Eva que no
tocara el fruto prohibido, y que más tarde cambió para afirmar que éstas eran
las palabras de Eva; su declaración de que solamente ocho almas recibieron el
mensaje de Noé, contradicha en otro lugar por su afirmación de que hubo otros
que creyeron y que ayudaros a construir el arca; y su referencia la servicio
diario del viejo tabernáculo[130], la cual no cuadra enteramente con la referencia
dada en el Pentateuco.
Algunos críticos han ido más allá al preguntar si estas imperfecciones,
estas imprecisiones, este motivo de desconfianza, no son una razón suficiente
para no fundamentar ninguna doctrina sobre sus escritos.[131]
No hay acusación que pueda ser dirigida a Elena G. de White en su rol
profesional como profeta, que no pueda y no haya sido dirigida primeramente
contra los escritores de
No pretendemos más de
Volvamos ahora a la afirmación directa de Pedro: “Tenemos también la
palabra profética más segura”.
Examinemos, para ver si somos capaces de determinar cómo opera esta
“mayor seguridad” (o cómo no opera).
Las evidencias históricas y de
Uno de los profetas más tempranos que se menciona en las Escrituras es
Abraham (Gén. 20:7). Los escritores
canónicos del Antiguo y del Nuevo Testamento reiteradamente lo llaman el padre
de la fe, y en verdad, tanto los judíos (mediante Isaac) como los árabes
(mediante Ismael) lo consideran también su ancestro directo.
Abraham fue constituido no solamente progenitor de gente demasiado
numerosas de contar, y no solamente le fue dada la relación especial con Dios
representada por el papel y el oficio de un profeta, sino también le otorgado
(por Jehová mismo) el título de “Abraham mi amigo”.[132] (En el Corán, escrito por Mahoma en
Arabia, este título se expresa como El Khalil. Los filólogos islámicos
afirman que esta palabra árabe, un idioma señalado por sus matices y sus
delicados distinciones de significados, no debiera traducirse simplemente como
“amigo” sino más bien como “amigo muy especial”.)
¿Qué clase de hombre era el “amigo muy especial” de Dios? En Génesis 12
encontramos a Abraham y a su esposa Sara en Egipto. Puesto que Sara es una mujer muy hermosa, Abraham teme que faraón desee añadirla al harén real, y
mate a Abraham a fin de preparar el terreno para esta conquista. Así es que Abraham persuade a Sara para que
declare que es su hermana, en lugar de su esposa.
Ahora bien, Sara en verdad era media hermana de Abraham, de modo que lo que
ella dijo era una media mentira; pero ella era también su esposa completa. Y lo que es verdad a medias es mentira
completa, pues la intención es engañar.
Dios intervino en esta situación de un modo destacable para proteger la
vida de su amigo; y se les permitió a Abraham y a Sara abandonar Egipto sin ser
molestados, con todas sus posesiones intactas.
Pero ocho capítulos más adelantes, En Génesis 20, encontramos que se repite
la misma historia, y con los mismos resultados. Dios tuvo paciencia con su amigo muy especial, así como tiene
paciencia con nosotros. ¡Pero uno de algún modo tiende a esperar un
comportamiento un poco más elevado de
parte de los profetas! Seguramente Abraham debiera haber aprendido una lección
la primera vez. Pero no lo hizo, como a
menudo nosotros no lo hacemos.
Abraham no solamente fue un “real mentiroso” en dos ocasiones, sino que
también pecó en consentir a la propuesta de Sara de tomar a Agar como una
esposa secundaria con el propósito de “ayudar” al plan de Dios de hacer de
Abraham una prole tan numerosa como la arena del mar y las estrellas del cielo.
Sara estaba fuera de la edad de las mujeres fecundas (Gén. 18:11); y no
creyendo que Dios realizaría un milagro, procuró un solución naturalista. Pero al tomar a Agar, una de la siervas de
Sara, como su esposa, Abraham demostró una seria falta de fe. Dios se había
propuesto que Isaac sea un niño “milagro”, porque de varias formas iba a ser un tipo de Cristo. Y aún cuando la conducta de Abraham y Sara
era aceptada por las normas culturales de aquel entonces, era contraria al plan
de Dios. Pablo emplea esta ilustración
en Gálatas 4 para alegorizar mediante Agar la salvación por las obras, y con
Sara la salvación por la fe.
A propósito, la gravedad de la falta de fe de Abraham en esta cuestión es
subrayada por un profeta más reciente.
Debido a que no confió en que Dios produciría un niño milagro, sino que
en vez de eso, tomó a Agar como su esposa, algunos años más tarde Abraham fue
llamado a ofrecer a Isaac como sacrificio humano sobre el monte Moriah. Elena de White escribió: “si él hubiera
soportado la primera prueba y hubiera esperado pacientemente el cumplimiento de
la promesa en Sara, ... no habría estado sujeto a la prueba más difícil que se
haya requerido jamás de hombre alguno”.[133]
Bastante hasta aquí para El Khalil, el amigo de Dios.
El nieto de Abraham, Jacob, un profeta, también fue un pecador. De hecho, su propio nombre tuvo que ser
cambiado a Israel después de su conversión porque su antiguo nombre significaba
engañador o suplantador; y Dios no podía tener un profeta andando de un sitio
para otro con esa clase de nombre en una época
cuando el poner un nombre tenía una importancia mucho mayor que en los
tiempos modernos.
Luego vino David. Dos veces en la
escritura, uno en el Antiguo Testamento y otra en el Nuevo, David recibió el
título de “un varón conforme a su corazón” [de Dios] (1 Samuel 13:14). (Véase
además Hechos 13:22), ¿Y qué clase de hombre fue? Bien, entre otras cosas, primeramente cometió adulterio con
Betsabé, y luego asesinó a su esposo Urías, en un esfuerzo por encubrir el
hecho (2 Samuel 1). ¿Es esa la forma de
comportarse de un profeta, y en especial la de uno tan cercano al corazón de
Dios?
De paso, las experiencias de Abraham y David han sido utilizadas en tiempos
recientes por cristianos equivocados para excusar la poligamia, entre otros
pecados. No obstante permanece la
pregunta, ¿fue Abraham amigo de Dios y fue David un hombre conforme al corazón
de Dios debido a sus pecados, o más bien a pesar de ellos?
Aunque los profetas fueron todos pecadores (y algunos de ellos sensacionales
en eso), ¡sus pecados no invalidaron su don profético!
Jeremías se quejó, acusando equivocadamente a Dios (cap. 12:1;
15:15-18). Jonás (cap. 1:3) como Elías
(1 Reyes 19) huyeron del deber. Y luego
hubo un Pedro.
Pedro negó a su Señor tres veces con sucios juramentos de pescadores que no
habían manchado sus labios por tres años.
Jesús lo perdonó y lo restauró al ministerio evangélico, y además le
concedió el don de la inspiración profética. ¿Y vivió luego Pedro una vida
moralmente impecable y resta de allí en más? No.
Con posterioridad Pedro fue culpable de una enorme hipocresía. Con los cristianos gentiles él era el
epítome de la amistad; pero en ciertas ocasiones en que los judíos estaban
presentes, Pedro atendió a sus estrechos prejuicios chauvinistas no
otorgándoles a los gentiles el mismo calor de compañerismo cristiano que les
hubiera brindado en privado. Este, en
verdad, fue un problema moral tan serio, que el apóstol Pablo se vio obligado a
reprender a Pedro de un modo bastante directo y en público (Gálatas
2:11-14). Y Pedro era un profeta.
Bien, ¿Qué con respecto a Elena de White? Ella escribió cierta vez: “Sólo
Dios y el cielo son infalibles... Acerca de la infabilidad, nunca pretendí
tenerla. Sólo dios es infalible”.[134]
Un critico reciente encontró culpable a Elena de White de tres pecados (si
no crímenes) en su informe: (1) era ladrona literaria, pues la acusó de robar
de los escritos de otros; (2) era mentirosa, pues supuestamente pretendía que
esos escritos eran de su propia pluma cuando no lo eran; y (3) ¡ella y su
esposo Jaime fueron considerados como explotadores descarados y oportunistas
que escribían para un mercado seguro, cautivo, con el propósito de enriquecer
las fortunas de sus propias familias![135]
Ahora bien, supongamos por un momento que las peores acusaciones de los
críticos acerca de Elena de White absolutamente ciertas. Aunque estas acusaciones han sido
contestadas con abundante detalles,[136] supongamos momentáneamente lo peor por motivo del
argumento. Si Elena de White fuera culpable como se la acusa, ¿invalidaría esto
su don profético?
Y la respuesta llega rápidamente: no (no a menos que Ud. desee invalidar el
don profético de Pedro, el don profético de Jonás, el don profético de Elías,
el don profético de Jeremías, el don profético de David y el don profético de
Abraham, entre otros).
Debemos ser consecuentes y tratar a Elena de White exactamente como lo
haríamos con cualquier otro profeta de los tiempos bíblicos. Si no arrancamos de nuestra Biblia los
Salmos escritos por David, las profecías de Jeremías y Jonás, y las dos
epístolas de Pedro, entonces no tenemos derecho de desechar los escritos de
Elena de White.
La historia y las Escrituras testifican que el control del Espíritu Santo sobre
la vida de los profetas no les impidió ejercer su libertad de pecar, ¡y sin
embargo sus hechos pecaminosos no invalidaron su don profético!
En cuanto a este punto, probablemente alguien afirme que Pedro no dijo que
tenemos la vida profética más segura, sino más bien, que tenemos la palabra
profética más segura. ¿Qué decir acerca de las palabras del profeta?
Cuando examinemos las declaraciones de los profetas bíblicos y modernos,
aparecen tres clases de “problemas”, en los que se han suscitados interrogantes
importantes: (1) profecías no cumplidas; (2) errores sin trascendencia en
detalles menores e insignificantes; y (3) grandes errores sustanciales. Analicemos en forma sucesiva y con detalle a
cada uno.
Hace uno meses atrás estuve dando una serie de clases y reuniones públicas
en una de nuestras instituciones educativas de la costa del Atlántico. Finalizada la presentación del jueves de
tarde, un obrero denominacional de este colegio me preguntó si podía hablar
conmigo en privado Lo invité a mi pieza
de huéspedes, en donde conversamos por más de una hora.
Tan pronto como se sentó, comenzó: “Realmente deseo creer en Elena de White
como profeta del Señor legítima y auténtica”.
Podría decir que por el tono de su voz, él no solamente era
profundamente sincero, sino que además estaba seriamente preocupado.
“Bueno”, respondí. “¿Hay algún impedimento para que su deseo se cumpla?”
Sin responder directamente mi pregunta, continuó: “¿No es el cumplimiento
de lo predicho una de las pruebas bíblicas de un verdadero profeta?”
“Oh, si”, sonreí. “cuando solía dar
clases de orientación profética en California y Nigeria, examinábamos las
cuatro pruebas: (1) las palabras del ‘profeta’ bajo escrutinio deben concordar
con las revelaciones inspiradas previas y conocidas, provenientes del Señor
(Isaías 8:20); (2) la prueba de los frutos debe aplicarse tanto a la propia
vida del profeta como a la de aquellos que siguen al profeta (Mateo 7:16, 20),
(3) el profeta debe dar testimonio de que Jesús era el hijo de Dios divino –
humano, encarnado (1 Juan 4:1-3); y (4) las predicciones del profeta deben
cumplirse.
“Esta última prueba”, le dije a mi interrogador, “se menciona dos veces en
el Antiguo Testamento. Jeremías (Cap. 28:9) la presenta desde la perspectiva
positiva: ‘Cuando se cumpla la palabra del profeta, será conocido como el
profeta que Jehová en verdad envió’. Y
Moisés la presenta desde la perspectiva negativa: ‘Si el profeta hablare en
nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que
Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor
de él’ (Deuteronomio 18:22)”. “También
yo pensaba así”, dijo quedamente mi amigo.
Luego prosiguió: “Bien, ¿Qué hacemos entonces con las predicciones de
Elena de White que nunca se cumplieron?
Por ejemplo, entiendo que en 1856 ella dijo que en alguna parte se le
mostró un grupo de nuestros miembros de iglesia en una reunión. Dijo que algunos de ellos serían ‘comidas de
gusanos’, otros estarían expuestos a las siete últimas plagas, y algunos
estarían vivos y serían trasladados en la segunda venida de Cristo. ¿Está viva todavía algunas de las personas
que asistió a esa reunión?”
“Que yo sepa, no”, contesté. “El
último sobreviviente conocido murió en
“Eso es lo que oído. Bien, ¿Cómo
maneja Ud. el hecho, a la luz de esta prueba bíblica de un profeta, de que su
predicción debe cumplirse, y si no resultara así es evidencia de que el Señor
no ha hablado mediante él?”
“Lo manejo de la misma manera que con otras profecías no cumplidas de
profetas verdaderos que aparecen en
Y así comenzamos un estudio de lo más interesante sobre profecías no
cumplidas de profetas auténticos y reconocidos en
Luego de terminado su recorrido “submarino” en el vientre del gran pez,
Jonás fue a Nínive a cumplir con el mandato del Señor. Nínive era una gran ciudad; a Jonás le
tomaría tres días para abarcarla completamente. Su mensaje fue tanto simple como terminante: “De aquí a cuarenta
días Nínive será destruida” (Jonás 3:4).
No se ofreció ninguna esperanza, ningún compromiso, ningún elemento
condicional.
Después de dar su mensaje, Jonás salió de la ciudad y encontró un lugar
ventajoso desde donde podría presenciar (y saborear) la masacre de los enemigos
más odiados de su nación. Jonás despreciaba enojosamente a estas personas, pues
lo asirios eran los enemigos paganos más guerreros y temibles. Cuando ellos capturaban prisioneros de
guerra judíos los despellejaban (les quitaban la piel vivos), a fin de arrancar
cada onza de trauma que pudieran en la tortura, antes de matar a la victima. En tales ocasiones, la muerte, cuando
llegaba, era una liberación bienvenida y misericordiosa. Es perfectamente comprensible el hecho de
que los judíos no sintieran amor por los ninivitas.
Aunque no había ninguna esperanza explícita en el mensaje de Jonás, los
ninivitas (que podrían haber tenido algún conocimiento previo acerca de Jehová
al oír de otros profetas judíos, o al leer escritos proféticos judíos),
decidieron enmendar sus caminos.
Expresaron su arrepentimiento en la manifestación cultural apropiada para
esa época: se cubrieron de cilicio y se sentaron sobre las cenizas. Dios contempló todo esto, y con amor, y
misericordia, les otorgó una postergación de la sentencia.
Mientras tanto, el profeta malhumorado
se estaba poniendo cada vez más enojado en esa situación. Uno sospechaba que la causa real de esta
creciente irritación no era simplemente
su estrecha lealtad judía chauvinista, sino más bien el temor de que la noticia
de este nuevo suceso pudiera llegar a Jerusalén antes que él.
Jonás puede haber estado más preocupado acerca de su reputación
profesional, como profeta, que acerca de sus 120.000 “conversos”. ¡En lugar de
desear que fueran bautizados por agua, deseaban que fuesen incinerados por el
fuego! Quizás tenía miedo de que al
regresar a Jerusalén, los niños que juegan en la calles le cantaran por detrás:
“Jonás es un falso profeta, Jonás es un falso profeta”. ¿Por qué?
Porque su predicción no se cumplió.
Resulta de interés que, al hacer una nota de pie de la página de la
historia, aprendemos que algunos siglos después de este suceso, los ninivitas
se “arrepintieron” de su
arrepentimiento inicial (véase 2 Corintios 7:10), y retornaron a sus
caminos anteriores. Dios, entonces, se
“arrepintió” de su perdón, y envió la destrucción advertida originalmente por
Jonás.
Pero, ¿fue Jonás confirmado como “verdadero” profeta 200 años ex post
facto? No, de ninguna manera. Si los ninivitas nunca hubieran sido
destruidos posteriormente, Jonás igualmente sería considerado como verdadero
profeta, aun cuando su predicción no se haya cumplido.
¿Cómo? Por el elemento condicional
que existe en algunas profecías, sea en forma explícita o implícita. Un indicio de esto se encuentra tan temprano
como en el
Más al punto todavía llega el interesante y significativo hecho de que en
ambos libros de
Diez capítulos antes de proporcionar la prueba del cumplimiento:
En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. Pero si hiciere lo malo delante mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle” (Jeremías 18: 7-10).
Moisés también, en Deuteronomio, se refiere repetidas veces al elemento condicional.[137]
Algunos han pensado que ésta era una manera de salvar las apariencias para mantener la reputación profesional de un profeta, frente a las evidencia adversa como el no cumplimiento de predicciones,[138] pero no lo es. Este es un principio bíblico. Uno no necesita un nivel avanzado de teología para ser capaz de distinguir qué clases de profecías están sujetas al elemento condicional, y cuáles no.
Podríamos citar a otros ejemplos bíblicos de profecías no cumplidas, dadas por profetas auténticos y legítimos. La categoría que viene más rápidamente a la mente es la de una multitud de predicciones hecha por una media docena de profetas del Antiguo Testamento sobre la honra y la gloria nacional de Israel: predicciones acerca de la misión mundial de Israel y la convocación de los gentiles, el reposo eterno en Canaán y la liberación de los enemigos políticos.
Algunas de estas
predicciones se cumplieron secundariamente mediante el “Israel espiritual” (
¿Decimos entonces que los profetas que hicieron estas predicciones, destacándose Isaías, Jeremías, Ezequiel, Joel, Sofonías y Zacarías, eran falsos profetas? No. Tampoco decimos, como quienes sostuvieron la teoría del rapto secreto, que estas profecías se cumplirán en nuestro propio tiempo. Estos últimos expositores verdaderamente han edificado toda teología sobre un malentendido del elemento condicional de la profecía, y proponen como principio un cumplimiento en los último días, a fin de que los escritores del Antiguo Testamento pueden ser confirmados como profetas confiables y auténticos del Señor.[140]
Un vistazo a la visión
sobre la “comida de gusanos”
Volvamos ahora a Elena de White y la visión de la “comida de gusanos”, para descubrir los hechos de este caso. Hacia fines de mayo de 1856, miembros y obreros denominacionales de una iglesia que estaba todavía a cuatro años de adoptar un nombre corporativo, asistieron a una asamblea en Battle Creek. Los asistentes llegaron a la asamblea desde diversos puntos del este y del medio oeste de los Estados Unidos, y desde Canadá. La asamblea comenzó el viernes 23 de mayo por la tarde, y finalizó el lunes 26 de mayo. Durante el sábado, la asistencia fue tan grande, que fue necesario dejar la modesta capilla que entonces servía a los adventistas, e ir por la calle hasta una gran carpa levantada para alojar a la multitud.
En la
mañana del martes 27 de mayo se llevó a cabo otro encuentro, esta vez detrás de
la capilla, al cual asistieron mayormente obreros que todavía estaban en Battle
Creek. Fue en esta ocasión que
El
informe de esta visión se encuentra en Testimonies for the Church,
tomo1, páginas 127-137, que aún es publicado por la iglesia, aunque algunos críticos
sostienen que ésta intenta esconder las predicciones no cumplidas de
A
propósito, cierto número de personas interesadas compilaron listas en forma
cuidadosa de los nombres que asistieron a la asamblea. Algunas de estas listas se conservan todavía
en el Patrimonio Elena de White, en las oficinas de
Se
registra que
La
contestación inmediata de
¿Fue explicado el elemento condicional en el testimonio del ángel a Elena de White en la visión de 1856? No. Pero tampoco lo fue en el testimonio de Jonás, cuando caminó tres días a través de aquella ciudad “grande en extremo”, Nínive. En ambos casos, no obstante, el elemento condicional estaba explícito.
Desde
tan temprano como 1850, hasta tan tarde como 1911,[142]
los escritos de Elena de White reiteradamente sugieren que si
Elemento
condicional es expuesto en algunas profecías, tanto en
En verdad, hay algunas profecías dadas por profetas bíblicos auténticos y legítimos que no se cumplieron, pero la existencia de tales profecías no necesariamente desacreditada al profeta que las hizo. En los escrito de Elena de White también hay profecías no cumplidas, y la iglesia nunca ha negado (ni ha tratado de esconder) este hecho al público. Quienes estudian los escritos proféticos no debieran pedir más de Elena de White de lo que pedirían de los profetas bíblicos.
En los escritos inspirados, antiguos y modernos, hay errores sin
trascendencia de detalles menores e insignificantes. Esto es verdad con respecto a
Consideremos primero
Mateo se equivocó. El escritor no era Jeremías, sino Zacarías (Cap. 11:12, 13).
También señalamos las leves discrepancias entre los escritores de los cuatro evangelios con respecto a la fraseología exacta del escrito redactado por Pilato y colocado en la cruz por sobre la cabeza de Cristo. Mateo hace una lista de los milagros de Cristo en un orden diferentes al de Lucas, aún cuando ambos escritores emplean las diferentes maneras el Sermón del Monte –Mateo como el bosquejo de un sermón, y Lucas como una herramienta evangelística, para demostrar las verdades enseñadas por Jesús.
Podría también mencionarse el hecho de que en Números 10:29 se presenta a Hobab como el cuñado de Moisés, en tanto que en Jueces 4:11 se lo identifica como el suegro. El autor de 1 Samuel 16:10 y 11 identifica a David como el octavo hijo de Isaí, mientras que el autor de 1 Crónicas 2:15 dice que David era el séptimo hijo. Lucas 3:36 menciona a Cainán en la genealogía de Jesús, un personaje que no se lo menciona en Génesis 11:12. La consideración que hace Pablo de la rectificación del primer pacto en Hebreos 9:19 no está totalmente en armonía con la de Éxodo 24:3-8.
No hemos agotado la lista de errores sin trascendencia en detalles menores e insignificantes. El punto que destacamos aquí es simplemente que el “tesoro” de las buenas nuevas de Dios es transmitido a la humanidad en “vasos de barro”, y que estos vasos de barro –el envase—contienen equivocaciones, errores, discrepancias, llámeselos como Ud. desee, que de ninguna manera niegan la inspiración divina del material ni la autoridad divina que hay detrás de los mensajes.
Elena de White está en la misma tradición que los escritores
bíblicos. En sus escritos también
afloran aquí y allá los mismos tipos de errores que se encuentran en
Precisamente después del comienzo de este siglo un obrero en
California del Sur intentaba justificar la pérdida de confianza en la
inspiración de los Testimonios debido a la inconsecuencia de una carta de Elena
de White. Es esta carta
En respuesta a esto Elena de White comentó:
La información dada concerniente al número de habitaciones del Sanatorio Valle del Paraíso fue proporcionada no como una revelación del Señor, sino simplemente como una opinión humana. Nunca se me ha revelado el número exacto de habitaciones de cualquiera de nuestros sanatorios; y el conocimiento que he obtenido de tales cosas lo he adquirido preguntando a aquellos que se suponen que saben...
Hay ocasiones en que deben mencionarse cosas comunes, deben ocupar la mente pensamientos comunes, deben escribirse cartas comunes y dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la especial inspiración del Espíritu de Dios.[144]
El 14 de junio de 1906 Elena de White le escribió una carta a un hermano de iglesia que le había escrito a ella anteriormente en cuanto a la inspiración de los Testimonios:
En su carta, Ud. habla de que fue instruido desde niño en tener fe implícita en los testimonios, y dice: “fui inducido a concluir y creer con toda firmeza que cada palabra que Ud. habló en público o en privado, que cada carta que Ud. escribió en cualquier circunstancia, y en todas ellas, fueron tan inspiradas como los diez mandamientos”.
Mi hermano, Ud. ha estudiado mis escritos diligentemente, y nunca ha encontrado que yo haya pretendido algo semejante, ni tampoco encontrará que los pioneros de nuestra causa jamás pretendieron eso.[145]
Cuando
Luego de que el libro estaba en impresión alguien cuestionó la exactitud de la declaración, sugiriendo en su lugar que pudo haber sido la campana de la iglesia de San Germán cruzando la calle del palacio. Aún otro dijo no, fue la campana del Palacio de Justicia a la vuelta de la esquina del palacio real.
En la edición revisada de 1911, Elena de White redactó nuevamente la declaración para que diga simplemente: “El tañido de una campana, resonando a medianoche, dio la señal de degüello”.[146] El asunto no era la identidad de la campana; fueron los sucesos de aquella noche los que eran importantes.
La equivocación de Mateo al atribuir la
profecía mesiánica de las treinta piezas de plata a una fuente equivocada (Jeremías
en lugar de Zacarías) fue repetida por Elena de White en un artículo de
Las fechas presentan problemas
especiales. En dos de sus libros
publicados[148]
Hay otro problema con las fechas de una seriedad mayor, el cual es malentendido por algunos, y considerado por un crítico como un argumento imbatible para disminuir la naturaleza y la calidad de inspiración de Elena de White.
En una postdata de tomo 2 de Spiritual Gifts [Dones espirituales], Elena de White escribió esta declaración y apelación bastante inusual: “Se solicita en forma especial que si alguno encuentra declaraciones incorrectas en este libro me informa inmediatamente. La edición será completada alrededor del primero de octubre; por la tanto envíelas antes de esa fecha”.[149]
“¿Puede Ud. imaginar, -exclama algún crítico- al apóstol Pablo colocando una postdata en una de sus epístolas, diciendo a los miembros de esa iglesia que si encuentran algo equivocado en la epístola se lo hagan saber por escrito antes de que se la imprima y se las envíe a todas las iglesias?”
¿Cómo debería entenderse esta inusual declaración?
En primer lugar, el tomo 2 de Spiritual Gifs [Dones Espirituales] era un relato autobiográfico de las experiencias de Jaime y Elena de White desde 1844 hasta 1860. El doble propósito al escribir esta obra estaba explicitado en el prefacio del libro [y por lo tanto muy probablemente haya sido pasado por alto por el crítico; aparentemente muy pocas personas leen el prefacio de cualquier libro):
a. Elena de White simplemente procuraba rebatir las acusaciones hechas por el mormonismo, especialmente en el “oeste”. En marzo de 1860 cierto hombre de Knoxville, Iowa, decía haber conocido a Jaime y Elena de White veinte años antes cuando presuntamente eran dirigentes de la colonia mormona de Nauvoo en Illinois. (Veinte años antes Elena de White era una jovencita soltera de 12 años; ella llegaría a conocer a Jaime recién cinco años más tarde).
b. Elena de White procuraba también afirmar la fe de los creyentes. Desde 1844 había transcurrido unos dieciséis años. Ahora había fruto evidente en la vida de otros y también en la vida de Jaime y Elena de White. Las últimas diez páginas de esta obra especial están llenas de testimonios personales de diferentes creyentes adventistas sobre la exactitud de las declaraciones hechas en el texto en cuanto a su condición física en visión, su reestablecimiento de la enfermedad, y la naturaleza de las herejías que encontraron los esposos White al comienzo, aparte de la refutación de calumnias hechas contra el liderazgo.[150]
A lo largo del prefacio, además, se encuentra este indicio que explica la solicitud bastante extraña de informar sobre “declaraciones incorrectas”:
Al preparar las siguientes páginas he trabajado bajo grandes desventajas, puesto que en muchos casos he tenido que depender de la memoria, no habiendo conservado un diario sino hasta pasados algunos años. En algunos casos he enviado los manuscritos a amigos que estaban presentes cuando sucedieron los hechos relatados a fin de que los examinen antes de imprimirlos. He tenido gran cuidado, y he empleado mucho tiempo en procura de manifestar los simples hechos correctamente como fuese posible.[151]
Al escribir este relato biográfico,
Una posible evidencia de que la extraña
solicitud haya dado frutos es el hecho de que se alteraron dos fechas que
aparecían en el tomo 2 de Spiritual Gifts de relatos históricos
paralelos de la pluma de
En el primer relato de la serie inicial de conferencias proféticas de Guillermo Miller en Pórtland, Maine, la fecha dada es simplemente 1839, y la fecha de la segunda serie fue dada simplemente como 1841.[152]
Un relato paralelo, sin embargo, corrige las fechas de la primera serie a marzo de 1840,[153] y la segunda serie para junio de 1842.[154] En estos relatos posteriores se preserva el espacio de dos años, pero las fechas se ajustan en un año en cada caso.
¡Elena de White ciertamente no estaba solicitando a ningún lector que corrija algún mensaje que ella haya recibido por parte del Señor! Por lo tanto es incorrecto dar esa impresión, tal como lo han hecho algunos críticos.
Quizás baste un ejemplo más en cuanto a las imperfecciones de los “vasos de barro” como “envoltorio” del mensaje profético, para mostrar que Elena de White (al igual que los escritores bíblicos que le precedieron) era totalmente humana y estaba sujeta a simples errores que el Espíritu Santo nunca se tomó la molestia de corregir (aunque fácilmente podría haberlo hecho).
Elena de White mantuvo correspondencia con un colportor llamado Walter Harper, por más de veinte años. En una carta ella le pedía prestado mil dólares, ofreciéndole del cuatro al cinco por ciento de interés por el período del préstamo[155] (al par que los bancos de aquella época estaba ofreciendo solamente del tres al cuatro por ciento; esto es una evidencia más contra la acusación de “explotación”).
El 9 de noviembre de 1906,
Harper había escrito solicitando la copia de
un testimonio que Elena de White originalmente había enviado al Presidente de
Después que la carta había sido despachada,
Ella concluye indicándole al Hno. Harper que tampoco haga una copia de la carta antes de devolvérsela, porque ahora tenía la carta que originalmente había intentado enviarle.
Aunque obviamente estaba perturbada por la equivocación, ella no vaciló en hablar de “lo hecho equivocadamente”, admitiendo (como lo hizo siempre que se le preguntó en forma directa) que era humana, y que estaba sujeta a las flaquezas de la naturaleza humana.[156]
La “mayor seguridad” de la inspiración no alcanza a excluir (como sugiere equivocadamente la teoría de la “camisa de fuerza”) la posibilidad de que el profeta cometa errores secundarios. Unicamente cuando dichos errores afecten (a) la dirección de la iglesia de Dios, (b) el destino eterno de un alma, o (c) la pureza de una doctrina, el Espíritu santo intervendría para remediar la situación en forma inmediata mediante el profeta, de modo tal que no se produzca ningún daño permanente.
En algunas ocasiones, los profetas antiguos y modernos cometieron equivocaciones mayores que requirieron la corrección inmediata del Espíritu Santo. Probablemente el ejemplo más destacado en las Escrituras sea el incidente registrado en 2 Samuel 7 y 1 Crónicas 17.[157]
Un día, el rey David llamó a Natán, un profeta literario no canónico (sobre quien se habla más en el tercer capítulo), para manifestarle su preocupación por la falta de un edificio apropiado que albergue el arca del pacto y los demás enseres del enseres del ritual judío, los cuales se remontaban al Sinaí y a la tienda del tabernáculo mosaico.
En lo que probablemente fuera un gesto generoso, David sugirió que se construya un edificio apropiado, en especial porque ahora el rey mismo vivía en un suntuoso palacio. Quizás indicó que este edificio, digno de la adoración de Jehová, debía de ser de tal escala de magnificencia, que cualquier gentil que viajara dentro de los cien kilómetros en torno a Jerusalén se desviara para ver esta maravilla del mundo antiguo.
Pensando quizás en el tremendo costo del edificio tal, y posiblemente con algunos presentimientos acerca de la posibilidad de que se le pida salir para dirigir una campaña para levantar fondos, Natán demostró cierta resistencia. Y muy posiblemente sintiendo esta resistencia, David sugirió además que él, el rey, pagaría todos los gastos con su tesoro real.
De cualquier forma, Natán ahora se llegó a entusiasmar tanto como el monarca, y dio su aprobación incondicional al proyecto.
Esa noche, cuando Natán regresó a su hogar, Dios vino a él y le dijo, efectivamente, que no había presentado acertadamente la voluntad de Jehová al poner el sello profético sobre la propuesta del rey. Natán debiera haber consultado con la “oficina central” antes de aprobar el proyecto.
Se le indicó que retornara al rey al día siguiente, y le dijera que Dios apreciaba la generosidad que había motivado un plan tan magnífico, pero que no era la voluntad de Dios que David edificase el templo. Este, en cambio, sería de Salomón, pues David había sido un hombre de guerra, un hombre de matanzas.
David podría dibujar los planos y los detalles, podría emplear a los contratistas y artesanos, e incluso podría suministrar el dinero para el pago de todo esto. Pero el templo sería de Salomón, no de David.
Probablemente un poco avergonzado, Natán valientemente fue otra vez al rey al día siguiente, para informarle sobre las modificaciones celestiales del plan real. Y David, “un varón conforme a su corazón” (al de Dios), consintió y dijo: “Así sea”. Y así fue.
En los tiempos modernos, el profeta más reciente del cual hay registro, Elena de White, tuvo algunas experiencias en las que tomó posiciones contrarias a la voluntad de Dios, y la situación resultó lo suficientemente seria como para que Dios intervenga para corregir el asunto, obrando nuevamente mediante el profeta para concretar ese fin.
Uno de esos incidentes fue la resolución del problema del horario adecuado para comenzar la observancia del sábado.[158] Los adventistas del séptimo día originalmente aprendieron sobre la observancia del sábado mediante la obra de adherentes bautistas del séptimo día, quienes lo observaban desde la puesta del sol del viernes hasta la puesta del sol del sábado. Algunos adventistas del séptimo día siguieron el ejemplo de los bautistas del séptimo día con respecto a esta observancia de puesta de sol a puesta de sol.
Los adventistas del séptimo día adoptaron
también otras tres posiciones: (1) Algunos, en Maine, defendían la observancia
desde la salida del sol del sábado hasta la salida del sol del domingo, basados
en una interpretación equivocada de Mateo 28:1 (“pasado el día de reposo, al
amanecer del primer día de la semana,...”). (2) Otros “legalistas” bregaron por
una hora “oficial”: de medianoche a medianoche . (3) Y el tercer grupo
favorecía una “hora ecuatorial”. En el Ecuador, el sol sale diariamente a las
Después de relativamente poco tiempo no se tuvo cuidado del grupo de la salida del sol, pues en una ocasión en que Elena de White estaba en visión, oyó el ángel citar Levítico 23:22: “De tarde a tarde guardaréis vuestro reposo”. Sin embargo, la mayoría de los adventistas del séptimo día continuaron observando la hora ecuatorial.
En el verano de 1855, Jaime White le pidió a
John Nevins Andrews, uno de nuestros primeros eruditos, que investigara sobre
el asunto. Sus conclusiones fueron
presentadas a la asamblea de
Casi todos los que asistieron a la asamblea aceptaron la conclusión de Andrews. Pero el formidable capitán Bates se aferró a su teoría de la hora ecuatorial. Y Elena de White (que aprendió por primera vez del sábado mediante Bates) se puso del lado de su maestro. De este modo, la reunión terminó dividida y en confusión.
Dios intervino rápidamente. A medida que esta asamblea de
Para cado uno de los que estaban en la reunión
resultó claro que era Dios quien estaba hablando y dirigiendo, pues Elena de
White no estaba repitiendo simplemente las ideas personales que había mantenido
anteriormente. Y nuevamente, la
operación del espíritu de profecía en la vida y obra de la iglesia, quedó
ilustrada en esta experiencia. El don
de profecía nunca fue dado para iniciar, sino más bien para confirmar y
corroborar si los miembros de iglesia estaban encaminados en la dirección
correcta sobre la base del estudio de
Otro incidente en el que Elena de White tuvo
que cambiar completamente una posición previa, tuvo que ver con la propuesta de
cerrar
En 1900, Elena de White regresó de Australia
después de nueve años de servicio, y se estableció en el Valle Napa, en una
propiedad llamada “Elmshaven”, cerca de Santa Elena, California. En 1901 partió temprano para asistir a la
asamblea de
Durante el día en que se inició la asamblea
de
Este consejo de establecer y equipar una casa
publicadora grande, fue una de las perplejidades que confrontó Arturo G.
Daniells, el recientemente electo presidente de
La comisión de
Pero Daniells tenía absoluta confianza en las visiones de Elena de White, pues había trabajado con ella en Australia en la década de 1980, y persuadió a la comisión a que ratificara el plan celestial.
Luego,
Hacia el fin de ese año, Daniells fue a
Nashville para el primer encuentro anual de la junta administrativa de
Se nombró una junta examinadora, la cual visitó Nashville, y regresó con la recomendación de que se venda el equipo de imprenta a un chatarrero (la maquinaria era de segunda mano y estaba estropeada cuando se la compró, y temía que explote la caldera en cualquier momento), y que la casa “publicadora” sea reducida a un depósito para almacenar temporalmente los libros impresos por las otras dos plantas, hasta que los necesiten los colportores.
La junta de
Reunidos con Daniells y Elena de White
estaban: W. T. Knox, presidente de la recién organizada Asociación Unión del
Pacífico [Pacific Unión Conference], quien en 1909 sería electo tesorero de
Elena de White escuchó en silencio la trágica letanía de fracaso que informaban los hermanos. Estaba profundamente afligida y perpleja, en parte sin duda porque era su hijo quien había iniciado el programa, y porque ella había dado su respaldo para que la denominación se encargue de éste en un programa de extensión.
Probablemente los miembros de la junta le hayan recordado su consejo publicado recientemente:
A medida que se establezcan escuelas iglesias, el pueblo de Dios recibirá una valiosa educación al aprender a dirigirlas con éxito financiero. Si esto no puede hacerse, ciérrese la escuela hasta que, con la ayuda de Dios, puedan idearse planes para sostenerlas sin que pese sobre ella el oprobio de las deudas... Debemos esquivar las deudas como esquivaríamos la lepra.[160]
Fortalecido por Crisler, con una copia en su
bolsillo de las palabras pronunciadas por
Algunos días después explotó una bomba: una
carta de
El 20 de octubre, el día siguiente a la reunión de la junta realizada bajo la sombra dl gran cedro de Elmshaven, Elena de White le escribió a A. G. Daniells:
Anoche me pareció estar en la sala de operaciones de un gran hospital, al cual se llevaba personas, y se preparaban instrumentos para cortar sus miembros con gran premura. Vino uno que parecía tener autoridad, y dijo a los médicos: “¿Es necesario traer a estas personas a esta sala?” Mirando compasivamente a los dolientes, dijo: “No amputéis nunca un miembro hasta que se haya hecho