¿Fue Elena de White
una plagiaria?
Elena de White hizo a menudo uso de fuentes literarias para
comunicar sus mensajes. En la introducción a uno de sus más populares libros
ella escribió:
“En algunos casos
cuando he encontrado que un historiador había reunido los hechos y presentado
en pocas líneas un claro conjunto del asunto, o agrupado los detalles en forma
conveniente, he reproducido sus palabras, no tanto para citar a esos escritores
como autoridades, sino porque sus palabras resumían adecuadamente el
asunto. Y al referir los casos y puntos
de vista de quienes siguen adelante con la obra de reforma en nuestro tiempo,
me he valido en forma similar de las obras que han publicado” (El conflicto de los siglos, p. 14).
El uso de Elena de White de otros autores no estaba limitado al material
histórico o geográfico, sino que incluyó también otros temas. La investigación
ha encontrado que ella enriqueció sus escritos con expresiones selectas de sus
lecturas más extensamente de lo que se sabía, aunque la cantidad que ha sido
documentada hasta ahora es un pequeño porcentaje (menos de 2 por ciento) de su
producción literaria total.
En 1980 el Dr. Fred Veltman, en aquel tiempo
Director del Departamento de Religión del Colegio de
En virtud de que ella
incluye tales selecciones de otros autores en sus escritos, los críticos han
acusado a Elena de White de plagio. Sin embargo, el
mero uso de otros autores no constituye hurto literario, como observa el
abogado Vincent L. Ramik,
un especialista en patentes, marca registrada, y casos de copyright. Después de investigar cerca de 1.000 casos de
copyright en la historia legal de Estados Unidos, Ramik
emitió una opinión legal de 27 páginas en que concluye: “Elena G. de White no era una plagiaria y sus obras no constituyeron una
violación del copyright/ o piratería”. Ramik destacó varios factores que los críticos de Elena de White han errado en tomar en cuenta cuando la acusan de
hurto literario y engaño.
1. Sus selecciones
“permanecieron bien dentro de los límites legales del ‘uso correcto’.”
2. “Elena de White usó los escritos de otros; pero en la manera en que
los usó, los convirtió singularmente en suyos”, adaptando las selecciones
dentro de su propio marco literario.
3. Elena de White motivó a sus lectores a adquirir copias de algunos de
los muchos libros que ella usaba, demostrando que no intentó ocultar el hecho
de su uso de las fuentes literarias, y que no tuvo intención de defraudar o
reemplazar las obras de cualquier otro autor.
Elena de White “no copió en masa o sin discriminación. Lo que
seleccionó o no seleccionó, y la manera como alteró lo que seleccionó” revela
que ella usó fuentes literarias “para ampliar sus temas trascendentes o para
expresarlos más vigorosamente; ella era la dueña, no la esclava, de sus
fuentes” (Herbert Douglass,
Mensajera del Señor, p. 462).