La responsabilidad de los asistentes literarios de Elena de White

 

¿Qué les era permitido hacer a los secretarios y ayudantes literarios de Elena de White, en relación con sus escritos?

 

Elena de White no siempre tuvo una gramática, ortografía, puntuación, o una construcción de oraciones y párrafos perfectos en sus escritos.  Ella libremente reconoció su falta de tales habilidades técnicas. En 1873 se lamentó, “Yo no soy una persona de letras. No puedo preparar mis propios escritos para la impresión... No soy experta en gramática” (Mensajes Selectos, tomo 3, p. 100).  Ella sintió la necesidad de pedir la ayuda de otros en la preparación de sus manuscritos para publicar. W. C. White describe los límites que su madre fijó a sus asistentes:

 

“Los copistas de mi Madre están confinados a la obra de la corrección de errores gramaticales, de la eliminación de repeticiones innecesarias, y de la agrupación de párrafos y secciones en su mejor orden...

 

“Los obreros de experiencia de mi madre, tales como la Hermana Davis, Burnham, Bolton, Peck, y Hare, quienes están muy familiarizados con sus escritos, están autorizados a tomar una frase, párrafo, o sección de un manuscrito e incorporarlo con otro manuscrito donde el mismo pensamiento fue expresado pero no tan claramente.  Sin embargo, ninguno de los obreros de mi Madre está autorizado a añadir a los manuscritos pensamientos propios”. (W. C. White to G. A. Irwin, 7 de mayo, 1900)

 

Mientras se preparaban los capítulos de cada libro, Elena de White era consultada permanentemente, y cuando la obra se completaba, ella daba su aprobación final.

 

 A la edad de 75 años ella explicó su trabajo a su hermana Mary:

 

“Ahora, mi hermana, no piense que me he olvidado de usted.  Usted sabe que tengo libros que hacer. Mi último esfuerzo es un libro sobre la verdadera educación.  La escritura de este libro ha sido muy difícil para mi, pero casi está terminado. Yo estoy ahora completando el último capítulo. Este libro no tendrá en él tantos asuntos como hay en algunos de mis grandes trabajos, pero la instrucción que contiene es importante. Siento que necesito la ayuda de Dios continuamente.

 

“Sigo siendo tan activa como siempre. No estoy decrépita en el menor sentido. Puedo hacer mucho trabajo, escribiendo y hablando como lo hacía hace años.

 

“Volví a leer todo lo que fue copiado, para ver si está como debe ser. Leí todo el manuscrito del libro antes de mandarlo al impresor. De manera que Ud. puede ver que mi tiempo debe estar muy ocupado”  (Carta 133, 1902; ver Mensajes Selectos,  tomo 3, p.  101.)