Elena de White y “La Biblia y sólo la Biblia

 

¿Creen los Adventistas que los escritos de Elena de White son igual, o una adición, a las Escrituras? Si la Biblia es totalmente suficiente, ¿por qué necesitamos los escritos de Elena de White?

 

Los Adventistas del Séptimo Día no colocan los escritos de Elena de White en el mismo nivel de las Escrituras. “Las Santas Escrituras están colocadas en un nivel que les pertenece sólo a ellas, la única regla por la cual sus escritos, y todos los demás deben ser juzgados, y a los cual deben hallarse sujetos” (Creencias de los Adventistas del Séptimo Día, p. 262). Otra manera de formular esta pregunta, es preguntar por qué la iglesia llegaría a necesitar cualquiera de los dones prometidos del Espíritu Santo.  Elena de White respondió ésta pregunta en la introducción de su libro El Gran Conflicto Entre Cristo y Satanás:

 

“En su Palabra, Dios comunicó a los hombres el conocimiento necesario para la salvación.  Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad.  Constituyen la regla del carácter; nos revelan doctrinas, y son la piedra de toque de la experiencia religiosa.  "Toda la Escritura es inspirada por Dios; y es útil para enseñanza, para reprensión, para corrección, para instrucción en justicia; a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, estando cumplidamente instruido para toda obra buena." (2 Timoteo 3: 16, 17, V.M.)

 

“La circunstancia de haber revelado Dios su voluntad a los hombres por su Palabra, no anuló la necesidad que tienen ellos de la continua presencia y dirección del Espíritu Santo.  Por el contrario, el Salvador prometió que el Espíritu facilitaría a sus siervos la inteligencia de la Palabra; que iluminaría y daría aplicación a sus enseñanzas.  Y como el Espíritu de Dios fue quien inspiró la Biblia, resulta imposible que las enseñanzas del Espíritu estén jamás en pugna con las de la Palabra.

 

“El Espíritu no fue dado -ni puede jamás ser otorgado- para invalidar la Biblia; pues las Escrituras declaran explícitamente que la Palabra de Dios es la regla por la cual toda enseñanza y toda manifestación religiosa debe ser probada...

 

“Según la Palabra de Dios, el Espíritu Santo debía continuar su obra por todo el período de la dispensación cristiana.  Durante las épocas en que las Escrituras tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento eran entregadas a la circulación, el Espíritu Santo no dejó de comunicar luz a individualidades aisladas, amén de las revelaciones que debían ser incorporadas en el Sagrado Canon.  La Biblia misma da cuenta de cómo, por intermedio del Espíritu Santo, ciertos hombres recibieron advertencias, censuras, consejos e instrucción que no se referían en nada a lo dado en las Escrituras.

También habla de profetas que vivieron en diferentes épocas, pero sin hacer mención alguna de sus declaraciones.  Asimismo, una vez cerrado el canon de las Escrituras, el Espíritu Santo debía llevar adelante su obra de esclarecimiento, de amonestación y consuelo en bien de los hijos de Dios.” (El conflicto de los siglos, pp. 9 – 11.)