Elena de White y su práctica del vegetarianismo

 

¿Comió carne Elena de White después de su visión de la “reforma pro salud” en 1863? ¿Qué hay sobre ese testimonio de 1858 que dice que comió cerdo?

 

Elena de White no sostuvo que después de la visión sobre salud, en 1863, ella nunca volvió a comer carne.  Antes de la visión,  creía que “dependía de una dieta de carne para tener vigor”. Debido a su condición física débil, especialmente por su tendencia a desmayarse cuando se sentía débil y mareada, pensaba que la carne era “indispensable”. En realidad, en ese entonces, era una gran “consumidora de carne”; la carne era su “principal artículo alimenticio”.

 

Pero obró de acuerdo con la luz que recibió. Eliminó de inmediato la carne de su “menú”, y no fue parte regular de su dieta.  Ella practicaba los principios generales que enseñaba a otros, como el de que uno debe usar el mejor alimento disponible considerando las circunstancias. Al estar fuera de la casa, ya sea viajando o acampando en condiciones austeras, décadas antes de que se inventaran los alimentos congelados, a menudo era difícil encontrar una dieta adecuada. Al no ser siempre posible obtener lo mejor, por cualquier razón que fuera, a veces se conformaba con lo bueno, lo mejor bajo las circunstancias.

 

Elena de White no era una dogmática respecto al consumo de carne. En 1895, declaró: “Nunca he sentido que era mi deber decir que nadie debe probar la carne bajo ninguna circunstancia.  Decir esto... sería llevar las cosas a los extremos.  Nunca he sentido que era mi deber hacer declaraciones categóricas.  Lo que he dicho lo he dicho dominada por un sentido del deber, pero he sido cuidadosa en mis declaraciones, porque no quería dar ocasión para que nadie fuera conciencia de otra persona” (Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 556.)

 

Estando en Australia, llegó a un punto en el que declaró “Yo he eliminado absolutamente la carne de mi mesa”. Por un tiempo había permitido que se sirviese algo de carne a los empleados y miembros de la familia. Desde ese momento en adelante (enero de 1894) quedó bien entendido “que ora sea que esté en casa o afuera, nada de esta clase ha de usarse en mi familia, o ha de ponerse sobre mi mesa” (Ibíd., p. 586). Muchas de las declaraciones más fuertes de Elena de White contra la carne fueron escritas después que ella hubo renovado su promesa de una abstinencia total en 1894.

 

La principales visiones de salud de Elena de White, de 1863 y 1865, abarcaron todos los aspectos del mensaje de reforma por salud que ella recalcó hasta su muerte. A los largo de los años, los cambios ocurridos en materia de énfasis, en ciertos puntos, sólo refinaron esos principios; no añadieron o sustrajeron nada de ellos. Con el transcurso del tiempo, aun los profetas deben dedicar tiempo para asimilar los principios revelados, tiempo para que la teoría se convierta en realidad en sus propias vidas. Ella recomendaba constantemente el principio, en la práctica como también en la enseñanza, de que quien estuviera consagrado a la verdad pasaría de lo malo a lo bueno, de lo bueno a lo mejor, de los mejor a lo óptimo. Tal fue su experiencia.

 

¿Qué hay de su aparente contradicción sobre el tema del consumo de cerdo? En 1858 ella les escribió a los Haskell (Hno. y Hna. A.) sobre una cantidad de asuntos, reprendiéndolos por insistir que el comer carne de cerdo debería ser un “asunto de prueba”: “Vi que su punto de vista respecto a la carne de cerdo no sería perjudicial si lo guarda para usted; pero en su juicio y opinión usted ha hecho de este asunto una prueba (de discipulado)... Si Dios requiriese a su pueblo que se abstuviera de la carne de cerdo, él los convencería al respecto... Si es el deber de la Iglesia abstenerse de carne de cerdo, Dios dará a conocer su voluntad a más de dos o tres.  Le enseñará a la Iglesia su deber” (Testimonies for the Church, vol. 1, pp. 206, 207.)

 

En la visión de la reforma de salud del 6 de junio de 1863, se le reveló una amplia serie de principios de salud. Al año siguiente ella publicó un capítulo de 55 páginas titulado “Salud”, en Spiritual Gifts, volumen 4.  Con referencia a la carne de cerdo, ella dijo: “Dios nunca planeó que el cerdo se comiese bajo ninguna circunstancia” (Spiritual Gifts, vol. 4, p. 124), y más tarde, en otros libros, continuó enfatizando las consecuencias perjudiciales del consumo de carne de cerdo.

 

¿Qué podemos decir de este cambio de opinión en Elena de White entre 1858 y 1863?

 

Primero, ella no había recibido ninguna luz de Dios sobre la carne de cerdo antes de 1863.  La visión de 1858 no informa en cuanto a la exactitud o la inexactitud de comer el cerdo. Mejor dicho, ella reprueba a sus hermanos por crear división entre los Adventistas de aquella época haciendo del asunto una prueba. Segundo, ella dejó abierta la posibilidad que si el consumo de la carne de cerdo debería ser descartado del pueblo de Dios, Dios, en su voluntad, “le enseñará a la Iglesia su deber”.  Cuando llegó la visión, cerca de cinco años más tarde, toda la Iglesia vio el asunto claramente y nunca más habría división en cuanto a este asunto.

 

(Adaptado de Mensajera del Señor: el Ministerio Profético de Elena de White, Herbert E. Douglass [Florida, Buenos Aires: ACES, 2000], pp. 156, 157, 312 – 315)