Cuestiones financieras de Elena de White

 

¿Era Elena de White millonaria?. 1

¿Contradijo Elena de White su propia enseñanza al morir con deudas?. 2

Si Elena de White era una escritora inspirada ¿Por qué su libros tienen derechos de autor y son vendidos? ¿No se deberían regalar?. 2

¿Contradijo Elena de White su propio consejo cuando  de vez en cuando envió sus diezmos directamente a pastores necesitados?. 2

 

¿Era Elena de White millonaria?

 

Más de una vez en su ministerio, Elena de White tuvo que enfrentar informes de que ella estaba acumulando grandes riquezas debido a los derechos de autor de sus libros.  Aquí está su respuesta directa a un detractor, escrito en 1897 mientras ella vivía en Australia:

 

“Usted ha hecho declaraciones en referencia a que me estoy enriqueciendo. ¿Cómo puede saber eso?. Por cerca de 10 años he estado trabajando en propiedades prestadas. Si vendiera todo lo que tengo en mi posesión, no tendría suficiente para pagar mis deudas pendientes.

 

“¿Dónde he invertido ese dinero? Usted debe saber donde. He sido el banco donde retirar depósitos, para llevar adelante la obra en este país...

 

“He pedido prestado dinero para hacer la obra que se debe hacer. Ningún chelín de las donaciones enviadas, de las sumas mínimas hasta las cantidades más grandes, los he usado para mi misma.  La buena hermana Wessels me regaló un vestido de seda, y me hizo prometer que no lo vendería.  Pero pensé que si ella colocaba en mis manos la cantidad del valor del vestido, debería usarse en la causa de Dios.

 

“Veo las deudas en nuestros templos y lastiman mi alma. No puedo sino sentir angustia sobre este asunto. He invertido dinero en la Iglesia de Parramatta, en la Iglesia Prospect, en la Iglesia Napier, en la Iglesia Ormondville, en la Iglesia Gisborne, y en la educación de estudiantes. He enviado a personas a América para que puedan capacitarse para retornar y trabajar en este país.  Si esta es la forma de llegar a ser rica, pienso que estaría bien que otros lo intenten.

 

“Todos los derechos de mis libros en otros idiomas vendidos en América están sagradamente dedicados a Dios para la educación de estudiantes, que pueden ser entrenados para el ministerio. Miles de dólares han sido así gastados.  ¿Esa es la forma para acumular dinero? La antigua historia que Canright y otros han hecho circular, que valgo treinta mil dólares, es pura ficción. Ha aumentado a treinta mil libras, según se dice, desde que llegué a Australia.

 

“No sé donde está. He agotado mis medios, exactamente tan rápidamente como vinieron, para llevar adelante la obra en este país. Si tuviera treinta mil libras, no habría enviado a África el préstamo de mil libras del que estoy pagando interés. Si pudiera, conseguiría un préstamo de otras mil libras, de modo que pueda ser posible construir principalmente una escuela.

 

“No tengo treinta mil libras. Sólo desearía tener un millón de dólares. Haría como hice en Sydney. Pondría a hombres en el campo de labor, pagando sus costos de mis propios fondos.  Necesitamos cien hombres donde ahora hay uno sólo en el campo”.  (Carta 98a, 1897.)

 

Seis años después, en una carta privada fechada el 19 de octubre de 1903, Elena de White escribió, “He hecho todo lo que podía para ayudar a la causa de Dios con mis medios. Estoy pagando intereses sobre los veintidós mil dólares, que he invertido en la obra de Dios. Y continuaré haciéndolo con toda la fuerza que pueda para adelantar su obra.” (Carta 218, 1903).

 


¿Contradijo Elena de White su propia enseñanza al morir con deudas?

 

Elena de White advirtió sabiamente en contra del peligro de las deudas, pero cuando murió ella debía cerca de noventa mil dólares, con sus bienes valorados en poco menos de sesenta y cinco mil dólares. Esto dejó un déficit de más de veinte mil dólares. ¿Manejó Elena de White las finanzas irresponsablemente y no hizo caso a sus propios consejos? Cuando se consideran todos sus negocios queda claro que Elena de White no violó el espíritu y la intención de sus consejos con respecto a quedar libre de las deudas.

 

Debería notarse que Elena de White no defendió una posición extrema en cuanto a la deuda, es decir una idea de que uno no debe realizar ninguna transacción a menos que tenga el dinero en la mano. Ella reconoció que hay oportunidades que se nos pueden presentar donde es apropiada una respuesta de avanzar por fe, incluso si es necesario  “tomar dinero a préstamo y pagar intereses” (Consejos Sobre Mayordomía Cristiana, p. 292.)

 

En su propia experiencia, la mayor parte de los préstamos en los que incurrió Elena de White ocurrieron durante los últimos años de su vida cuando, dándose cuenta de que no tenía muchos años más de vida, hizo su trabajo más intensivo en la preparación de nuevos libros tanto en inglés como en otros idiomas.  Había sólo dos formas para cubrir los gastos de la preparación de estos libros, de las ganancias de libros anteriores, o préstamos contra ganancias anticipadas.  A causa de la generosidad que Elena de White había manifestado en el pasado en el trabajo de la Iglesia, sólo le fue posible disponer de futuras ganancias para liquidar su deuda.  Parte de esta generosidad consistía en declinar recibir ganancias por ediciones que no eran en inglés, y donar las ganancias de sus obras populares posteriores Palabras de vida del gran Maestro (1900) y El Ministerio de Curación (1905), para sostener proyectos específicos de la Iglesia.  Los años siguientes a su muerte las ventas de sus publicaciones cubrieron totalmente sus obligaciones, como ella lo había anticipado. 

 

Si Elena de White era una escritora inspirada ¿Por qué su libros tienen derechos de autor y son vendidos? ¿No se deberían regalar?

 

Miles de libros de Elena de White se han regalado. En tales casos, sin embargo, alguna persona o grupo ha donado fondos para cubrir los costos de impresión tal como las copias de la Palabra de Dios que circulan gratis sólo por medio de la generosidad de otras personas.  Cuando uno tiene en cuenta que la misma Elena de White se hizo cargo de los costos en la preparación de las placas de los libros, ilustraciones y traducciones, sin mencionar los costos de producir los mismos manuscritos de los libros, no parece ilógico que ella esperara cubrir esos gastos mediante el mecanismo regular por el cual muchos autores reciben sus remuneraciones, es decir, los derechos de autor. Además, los derechos de autor de los libros proveen una protección para mantener una exactitud del texto.  En la actualidad, hay continuos gastos que se contraen en la manutención de los manuscritos originales, preparación de nuevas publicaciones, incluyendo productos como el CD – ROM, y otros materiales relativos a su vida y ministerio.

 

¿Contradijo Elena de White su propio consejo cuando  de vez en cuando envió sus diezmos directamente a pastores necesitados?

 

Las instrucciones de Elena de White sobre la apropiada aplicación de los diezmos es claramente presentada por ella en Testimonios para la iglesia, vol. 9, pp. 197-205.  Ella declaró que el diezmo es para traerlo a la tesorería de Dios con el propósito de sostener a los obreros evangélicos (Testimonios para la iglesia, vol. 9, p. 199; ver Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 98; Eventos de los últimos días, p. 79; Obreros evangélicos, p. 238) y que nadie debería sentirse “con derecho a retener el diezmo para usarlo de acuerdo con su propio juicio. No deben usarlo con fines personales en caso de una emergencia, ni dedicarlo a un fin específico, aun en lo que consideren que es la obra del Señor”.  La política y práctica de Elena de White fue seguir este modelo.  Ella escribió en 1890, “pago mis diezmos feliz y libremente, diciendo, como lo hizo David, ‘lo que hemos recibido de tu mano, eso te damos’” (El ministerio pastoral, p. 297). A veces cuando ciertos obreros  denominacionales estaban siendo inadecuadamente sustentados o privados de sus derechos a un legítimo salario, Elena de White actuó bajo instrucción recibida del Señor sobre que ella debería ayudar a tales obreros con sus propios diezmos, si era necesario. Ella no consideró  su acción como la negación de los diezmos  a la tesorería o la redirección de ellos para usos desautorizados. Mejor dicho reconoció la incapacidad de los “canales regulares”, en aquel tiempo, para afrontar las necesidades de esos obreros en particular.