¿De qué tratan los
escritos de Elena G. de White?
Los principales temas
tratados en los escritos de Elena G. de White
Los siete temas siguientes
no son los únicos que se pueden haber escogido, sino que ciertamente son los
más elementales y destacados en todas sus obras.
El
gran conflicto entre Cristo y Satanás
Jesucristo,
su sacrificio, su intercesión en el cielo y la salvación mediante él
La
respuesta del creyente —Amor a Dios y amor al prójimo
La
importancia de la Palabra de Dios
El
mensaje del tercer ángel y la misión de los adventistas del séptimo día
Quizás el tema central y más
ampliamente tratado en los escritos de Elena de White sea éste, el del amor de
Dios. La frase “Dios es amor” son parte de las palabras iniciales y finales de
su obra en cinco volúmenes sobre el Gran Conflicto, con más de 3.500 páginas
entre medio. Es el tema que subyace y provee el contexto para todos los otros
temas en sus escritos. “Tal amor es incomparable”, escribió en el primer
capítulo de su clásico libro El camino a
Cristo. “¡El incomparable amor de Dios para con un mundo que no lo amaba!
Este pensamiento tiene un poder subyugador y cautiva
el entendimiento a la voluntad de Dios. Cuanto más estudiamos el carácter divino
a la luz de la cruz, más vemos la misericordia, la ternura y el perdón unidos a
la equidad y la justicia, y más claramente discernimos pruebas innumerables de
un amor infinito y de una tierna piedad que sobrepuja la ardiente simpatía y
los anhelosos sentimientos de la madre para con su hijo extraviado” (El camino a Cristo, p. 14).
Otro tema integrador en los
escritos de Elena G. de White es el del gran conflicto, o lucha, entre Cristo y
Satanás. Elena G. de White enfatiza reiteradamente que el punto focal del gran
conflicto es el objetivo de Satanás de representar mal el carácter amoroso de
Dios (retratar la ley de amor de Dios como una ley de egoísmo arbitraria). La
demostración que Dios hace de su amor en el presente conflicto con Satanás,
constituye el foco de su serie en cinco volúmenes sobre el conflicto de los
siglos. La máxima demostración del amor de Dios fue enviar a su Hijo
Jesucristo, quien vino no sólo a morir por la raza humana, sino a retratar el carácter
de amor de Dios frente a las acusaciones de Satanás.
La vida de Jesús, su muerte
en la cruz, su posterior ministerio, que aplica los méritos de su muerte en el
santuario celestial, y que el creyente acepte por fe la obra de Cristo, son
como eslabones en una gran cadena temática que muestran la comprensión que
tiene Elena G. de White sobre el cristianismo. Para Elena G. de White, Jesús no
era sólo un buen amigo en momentos de necesidad; él era un Salvador que murió
en la cruz por cada individuo. La fe en la salvación de Cristo (o justificación
por la fe) es una enseñanza que fluye a lo largo de los escritos de Elena G. de
White. Ella exalta una “fe en la capacidad de Cristo para salvarnos en forma
amplia, completa y total” (Mensajes
selectos, tomo 3, p. 195). “El sacrificio de Cristo como expiación del
pecado es la gran verdad en derredor de la cual se agrupan todas las otras
verdades. A fin de ser comprendida y
apreciada debidamente, cada verdad de
Elena G. de White vio el
cristianismo como algo que afecta cada parte de la vida diaria de la persona.
El corazón del cristianismo es exhibir el carácter de Jesús en la práctica
(amor abnegado) en lugar de vivir por los principios del reino de Satanás
(autocomplacencia). Significa no sólo dejar de lado hábitos dañinos y formas de
vida destructivas, sino incorporar las características
positivas del carácter de Cristo en servicio a Dios y a los demás. Ella dice:
“Nadie puede amar a Cristo sin amar a los hijos de él… Cristo, que habita en el
alma, ejerce un poder transformador, y el aspecto externo da testimonio de la
paz y del gozo que reinan en lo interior” (Mensajes
selectos, tomo 2, p. 395).
Paralelamente al énfasis de
Elena G. de White sobre Cristo, la viviente Palabra de Dios, fue su
preocupación por
Elena G. de White vio a Apocalipsis
14:6-12, con su descripción de los mensajes de los tres ángeles, como parte del
corazón mismo de la identidad Adventista del Séptimo Día. El mensaje del tercer
ángel (junto con los dos primeros) no sólo debía ser global sino atraer y
probar a los seres humanos –creando “un pueblo distinto y separado del mundo,
que se rehusa a adorar a la bestia o a su imagen, que
tiene la señal de Dios, que guarda su sábado, el séptimo día” (El evangelismo, p. 173). Para Elena G. de White, el mensaje del tercer
ángel combina la ley y el evangelio —los mandamientos de Dios y la fe de Jesús
(Apo 14:12). En sus extensos escritos no sólo están
los que tratan sobre la ley, el sábado, la justificación por la fe, el gran
conflicto y otros temas, directamente relacionados con el mensaje del tercer
ángel, sino que también están sus voluminosos consejos sobre educación, salud,
publicaciones y el ministerio evangélico.
La realidad de la cercanía
de la segunda venida de Cristo dominaba la vida de Elena G. de White y modelaba
su carrera como escritora. El regreso de Cristo es visto como el clímax de la
salvación, marcando el inicio del fin del gran conflicto entre el bien y el
mal, la suprema expresión del amor de Dios, a lo que apuntan los mensajes de
los tres ángeles; un incentivo para vivir la vida cristiana que demandaba una
urgencia en la predicación del mensaje evangélico a todo el mundo en el tiempo
más breve posible.
[Condensado y adaptado de Meeting
Ellen White, por George R. Knight, pp. 109-
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