Reglas básicas de interpretación —Internas
[Extraído de Herbert E. Douglass, Mensajera
del Señor: El ministerio profético de Elena G. de White, (Buenos Aires,
Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana; Nampa, Idaho: Pacific Press
Publishing Association; Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana,
2000), pp. 388-392. Las notas se encuentran numeradas como en el texto
original.]
Todos desean ser entendidos. A menudo surgen
malos entendidos cuando una declaración ha sido sacada de su contexto. Por lo
tanto, todo aquel que ha sido mal interpretado apela a un procedimiento justo y
pide que se considere el contexto. El contexto incluye tanto indicios internos
como externos que establecerán la verdad acerca de cualquier declaración bajo
consideración.
Internamente, por lo general obtenemos un
cuadro claro de “qué” quiso decir un autor al leer las palabras, oraciones,
párrafos, hasta capítulos, que rodean una declaración incomprensible. Externamente, formulamos preguntas adicionales
que pueden ayudarnos a entender, tales como “¿cuándo?”, “¿dónde?”, “¿por qué?”,
y quizás “¿cómo?” El “tiempo”, el “lugar” y las “circunstancias” se aplican al
contexto externo, como pronto veremos.
Evidencia interna:
• Regla Uno: Reconocer que la Biblia y los escritos de
Elena de White fueron el producto de la inspiración del pensamiento, no de la
inspiración verbal, como se describió en el capítulo previo.
• Regla Dos: Reconocer que algunas definiciones de
palabras pueden cambiar a medida que pasa el tiempo. Por ejemplo, centenares de palabras de la
versión King James (Rey Jacobo) (1611) de la Biblia han cambiado de significado
o han adquirido significados nuevos que ya no transmiten el significado que los
traductores de la King James querían transmitir. [Algo semejante podría decirse
de las antiguas versiones españolas de Casiodoro de Reina y Cipriano de
Valera.] Los lectores despreocupados seguramente entenderían mal ciertos textos
bíblicos si no estuvieran conscientes de estos serios cambios en el significado
de las palabras.
Definiciones de cambios de palabras ya han
ocurrido en los escritos de Elena de White. ¿Cuán a menudo se han confundido
los lectores con esta expresión: “Tratar con las mentes juveniles es la obra más
hermosa [en el original en inglés, nicest] emprendida alguna vez por
hombres y mujeres”? [10] Cuando la
Sra. White usó esta palabra más adelante en otro marco, vio el problema y
explicó más detalladamente: “Esta obra
es la más hermosa y difícil [en el original en inglés, the nicest,
the most difficult] que haya sido confiada a los seres humanos”.[11] ¿Qué
estaba pasando? En el siglo XIX, la palabra nice (bueno(a) y amable) se
usaba a menudo, como lo indica el diccionario, para significar “ser exigente en
requerimientos o normas, o que demanda gran o excesiva precisión y discreción”.[12]
Otra palabra que ha asumido una definición
que no era la principal en el siglo XIX es la palabra inglesa “intercourse”.
Durante centenares de años “intercourse” significó “relación entre
las personas”, o “intercambio de pensamientos y sentimientos”… En la actualidad
se la usa más frecuentemente con referencia al contacto sexual, un uso que
nunca tuvo en las centenares de ocasiones en las que Elena de White empleó esta
palabra.[13]
• Regla Tres: Comprender el uso de la hipérbole. La hipérbole es el uso de la exageración
obvia para establecer una proposición. Juan usó la hipérbole cuando dijo que si
se escribieran todas las cosas que hizo Jesús, “ni aun en el mundo cabrían los
libros que se habrían de escribir” (Juan 21:25). La hipérbole es un recurso
literario que se usa a lo largo de toda la Biblia.[14]
Elena de White usó por lo menos cinco veces
la relación de 1 en 20, y al menos veintiún veces la relación 1 en 100. Ella no
dijo 1 en 13 ó 1 en 99, etc. Ella podría haber usado la hipérbole cuando
escribió: “Es una solemne declaración la que hago a la iglesia, de que ni uno
de cada veinte de aquellos cuyos nombres están registrados en los libros de la
iglesia se halla preparado para terminar su historia terrenal, y que estaría
tan ciertamente sin Dios y sin esperanza en el mundo como el pecador común”.[15]
• Regla Cuatro: Comprender el significado de la frase en la
cual se usa una determinada palabra. En 1862 Elena de White escribió que Satanás obra por medio de la
frenología, la psicología y el mesmerismo.[16]
¿Pero significa esto que toda la psicología es mala? Obviamente no,
porque en 1897 ella señaló que “los verdaderos principios de la psicología se
encuentran en las Santas Escrituras”.[17] En
manera similar, podríamos indicar que la televisión puede ser un medio a través
del cual trabaja Satanás, pero el uso que Satanás hace de la televisión no la
convierte en maligna. La psicología, el estudio de la mente humana y cómo ésta
madura, es un estudio apropiado para los cristianos, si las presuposiciones son
bíblicas y no humanísticas.
• Regla Cinco: Reconocer la
posibilidad de expresiones imprecisas. En 1861 Elena de White escribió un
pensamiento que parece incongruente con declaraciones posteriores sobre el
mismo tema: “Se le da mucha importancia a la frenología y el mesmerismo. Son
buenos en su lugar [correcto], pero Satanás se apropia de ellos como sus
agentes más poderosos para engañar y destruir a las almas”.[18] En
un artículo de 1884 en la revista Signs, ella escribió: “Las ciencias
que tratan de la mente humana están en un sitial muy exaltado. Son buenas en su
lugar, pero Satanás se apropia de ellas como sus agentes poderosos para engañar
y destruir a las almas”.[19]
Obviamente, en esta declaración de 1884
tenemos una corrección editorial en el
pensamiento que Elena de White deseaba comunicar respecto a “las
ciencias que tratan de la mente humana”. Posiblemente la declaración de 1861
referente a la frenología y el mesmerismo fue un error de un impresor. Más
probablemente, fue una declaración general, corregida más tarde, que reflejaba
los términos usados comúnmente en la psicología a mediados del siglo XIX.
Muchos libros que trataban acerca de la salud física y mental incluían capítulos
dedicados a la frenología, la psicología y el mesmerismo, o anunciaban otras
obras que se concentraban en esas modalidades.
• Regla Seis. Examinar cuidadosamente el contexto inmediato
(esto es, el mismo párrafo o
página) para aclarar una expresión que, a primera vista, parece problemática.
Por ejemplo, algunas personas se sienten confundidas con una exhortación de
Elena de White de que “nunca debe enseñarse a los que aceptan al Salvador… a
decir o sentir que están salvados”.[20] Esta
prevención tenía el propósito de advertir contra la doctrina errónea de “una
vez salvo, siempre salvo”, que era, y es, usual entre la mayoría de los
cristianos evangélicos.
Pero esta advertencia fue dada dentro del
contexto más amplio de la explicación de la actitud autosuficiente de Pedro que
lo condujo a negar trágicamente a su Señor en aquel jueves de noche. Ella
escribió: “Nunca podemos con seguridad poner la confianza en el yo, ni tampoco,
estando, como nos hallamos, fuera del cielo, hemos de sentir que nos
encontramos seguros contra la tentación. [Entonces viene la declaración ya
citada que con frecuencia se entiende mal.] Eso es engañoso. Debe enseñarse a
todos a acariciar la esperanza y la fe; pero aun cuando nos entregamos a Cristo
y sabemos que él nos acepta, no estamos fuera del alcance de la tentación…
Nuestra única seguridad está en desconfiar constantemente de nosotros mismos y
confiar en Cristo”.[21]
Otro ejemplo de la importancia del contexto
se encuentra en la aseveración de Elena de White de que “los siervos de Dios en
la actualidad no podrían obrar mediante milagros, porque se realizarán obras
espurias de sanamiento, con la pretensión de ser divinas”.[22]
Esta declaración
parece discrepar con la posición adventista de que “todos” los dones
espirituales dados a la iglesia cristiana (1 Cor. 12 y Efe. 4) continuarán
hasta el fin del tiempo. Además, esta declaración parece contradecir los
propios comentarios de Elena de White de que en los últimos días “se realizarán
milagros, los enfermos sanarán y signos y prodigios seguirán a los creyentes”.[23]
¿Cómo entendemos todo esto? Esta aparente
contradicción se presenta cuando uno no lee cuidadosamente toda la página.[24] Elena
de White destacó dos ideas: Primero, habló específicamente respecto a las
condiciones presentes en aquel entonces. Al referirse a “actos milagrosos de
curación”, ella dijo que “no podemos ahora trabajar en esa manera” (la
cursiva es nuestra). Además, “los siervos de Dios en la actualidad no
podrían obrar mediante milagros” (la cursiva es nuestra).
En segundo lugar, ella estaba exponiendo la
instrucción del Señor para el tiempo presente: La “obra de la curación
física, combinada con la enseñanza de la palabra”, se haría mejor al establecer
“sanatorios” donde “los obreros… efectuasen obra médico-misionera genuina… Esta
es la provisión que ha hecho el Señor por medio de la cual ha de hacerse obra
médico misionera evangélica para muchas almas”.[25] En
otras palabras, en el tiempo presente, caracterizado por muchos casos de
milagros falsos de curación, la obra de Dios de curación puede hacerse mejor
dentro de los sanatorios por medio de programas de enseñanza inteligente
respecto a la causa y la curación de la enfermedad.
Otra declaración “citada erróneamente”
asegura que es un “pecado reírse”. Para esto se usa la cita, “Cristo a menudo
lloraba, pero nunca se supo que riera… Imitad al Modelo divino, infalible”. Por
lo que conocemos en cuanto a Jesús en la Biblia, esa declaración resulta
extraña. Después de todo, ¿a qué puede deberse que los niños lo rodearan con
tanto entusiasmo? Entonces notamos la elipsis. Falta algo.
Revisamos el pasaje y el contexto. Aquí Elena
de White aconseja a una miembro de iglesia que “no ha visto la necesidad de
educarse para ser cuidadosa en palabras y acciones… Mi hermana, usted habla
demasiado… su lengua ha hecho mucho daño… Su lengua ha encendido un fuego y
usted ha disfrutado con la conflagración… Usted juguetea y bromea y participa
en hilaridad y risas… Cristo es nuestro ejemplo… Cristo a menudo lloraba, pero
nunca se supo que riera. Yo no digo que sea un pecado reírse en alguna ocasión,
pero no podemos errar el camino si imitamos al Modelo divino, infalible…
Mientras contemplamos el mundo atrapado en la oscuridad y trabado por Satanás,
¿cómo podemos ocuparnos en veleidades, hilaridad, palabras descuidadas,
precipitadas, hablando a la ventura, riendo, chanceando y bromeando?… La
alegría cristiana no está condenada por las Escrituras, pero sí se censura la
conversación imprudente”.[26]
Notamos aquí que el contexto le da un nuevo
matiz a la declaración erróneamente citada. Reírse” en este contexto
significaba una conversación y conducta inapropiada, imprudente; chanzas y
bromas que habían “mostrado una falta de sabiduría al usar la verdad de una
manera como para levantar oposición, despertar una actitud combativa, y hacer
la guerra en vez de poseer un espíritu pacífico y una actitud verdaderamente
humilde”.[27] Elena
de White no estaba condenando la risa apropiada, como lo indicó claramente,
sino que puso su consejo en una perspectiva equilibrada.
• Regla Siete: Reconocer que el significado de una palabra
puede cambiar cuando se la usa en un contexto nuevo. La expresión “puerta cerrada” tenía varios
significados para los adventistas ex milleritas. Para Elena de White
significaba algo diferente. Jaime White y José Bates redefinieron su uso del
término entre los años 1844 y 1852.[28]
Otras palabras que usaba Elena de White
pueden parecer obsoletas actualmente, como ser “oficina”, que más a menudo se
refería a las oficinas administrativas de la casa publicadora, pero a veces a
la sede de la Asociación General.[29]
• Regla Ocho: Reconocer que en toda comunicación se
encuentra el desafío de la semántica. Las palabras tienen significados diferentes para personas diferentes, debido
a diferencias personales tales como la educación, la edad, las experiencias
espirituales, la ubicación geográfica y el género o sexo. Elena de White habló
de este problema: “Hay muchos que interpretan lo que yo escribo a la luz de sus
opiniones preconcebidas… El resultado seguro será una división en cuanto a la
comprensión del mensaje y diversas opiniones. Cómo escribir de tal manera que
sea entendido por aquellos a quienes me dirijo en asuntos importantes, es un
problema que no puedo resolver”.[30] Para
un escritor, la tarea de evitar los malos entendidos es más difícil que la de
meramente tratar de ser comprendido,
porque el escritor debe estar conscientemente al tanto de los problemas
semánticos.
Referencias
[10]
Consejos para los maestros, p. 73 (la cursiva se ha añadido).
[11] La educación, p. 283.
[12] Webster’s Ninth New Collegiate Dictionary (Springfield,
MA: Merriam-Webster Inc., Publishers, 1983).
[13]
“Los discípulos oraron con intenso
fervor pidiendo capacidad para encontrarse con los hombres, y en su trato
[original en inglés, intercourse] diario hablar palabras que pudieran
guiar a los pecadores a Cristo”.—Los hechos de los apóstoles, p. 30.
“Por el trato [original en inglés, intercourse] social se formalizan
relaciones y amistades que acaban en una
unidad de corazón y en una atmósfera de amor
agradables a la vista del cielo”.—Mensajes para los jóvenes, p. 403. En
el tiempo de la Sra. White la palabra “intercourse” significaba “trato social”,
“relación entre las personas”; en la actualidad su significado principal es
“relación o contacto sexual”. En español no existe este problema semántico con
esta palabra.
[14]
Compare Exodo 9:6 con Isaías 19. El uso
frecuente de la palabra “todo” es a menudo un ejemplo de la hipérbole hebrea.
[15]
Servicio cristiano, p. 52 (1893).
[16] Review
and Herald, 18 de febrero, 1862.
[17] Meditaciones matinales (1952), p. 181.
[18] Testimonies, t. 1, p. 296.
[19] Signs of the Times, 6 de noviembre,
1884.
[20]
Palabras de vida del gran Maestro, p. 119.
[21]
Id., pp. 119-120. Ver también Mensajes selectos, t. 1, p. 368.
[22]
Medical Ministry, p. 14.
[23]
El conflicto de los siglos, p. 670; ver también Primeros escritos,
p. 278; Joyas de los testimonios, t. 3, p. 345.
[24]
Medical Ministry, p. 14.
[25] Ibíd.
[26]
Manuscrito 11, 1868, citado en MR,
t. 18, pp. 368-370.
[27] Ibíd.
[28]
Ver pp. 554-566 para un estudio de la
cuestión de la “puerta cerrada”.
[29] Ver tomo 3
del Comprehensive Index to the Writings of Ellen G. White, pp. 3185-3188,
para “Glossary of Obsolete and Little Used Words and Terms with Altered
Meanings”.
[30] Mensajes selectos, t. 3, p. 87.
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