PROBANDO A ELENA DE WHITE
Carlos H. Cerdá[1]
El movimiento Adventista del Séptimo Día tuvo como figura principal en sus comienzos, a Elena Gould Harmon, más tarde Elena de White. Escribió con su puño y letra unas cien mil páginas que componen unos cincuenta y tres libros, a pesar de haber tenido una educación formal muy escasa.
Muchos han considerado su caso de distintas maneras; mientras que el pueblo adventista en general afirma que fue una profetiza de Dios, otros tenían opiniones muy distintas, considerándola como mesmérica, histérica, epiléptica y esquizofrénica.
El propósito de esta investigación documental es probar que Elena de White ha sido realmente una profetiza, influenciada por el poder del Espíritu Santo y no por otro poder ni tampoco una mujer enferma como algunos aseveran.
Este estudio se limitará a tratar los puntos de vista de algunos de sus críticos y finalmente colocarla a la luz de las Sagradas Escrituras, la cual es la mejor prueba para saber si una persona es realmente dirigida o no por el Espíritu de Dios.
La verdadera iglesia de Cristo se caracteriza por poseer el don de profecía. Esta es una verdad que se encuentra revelada en las Sagradas Escrituras, pues cuando Juan se postró delante del ángel, éste le dijo: “... Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía” (Ap. 19:10). Ya el profeta Amós había destacado: “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Am. 3:7).
Daniells sostiene que el don de profecía es uno de los más elevados en importancia, pues es la manera en como Dios informa, dirige, amonesta y suplica a la familia humana desde su caída en el pecado. Considera además, que este don sigue en importancia al don supremo del Hijo unigénito de Dios y de su Espíritu Santo.[2]
A lo largo de toda la historia de la humanidad, Dios se comunicó con hombres y mujeres cuidadosamente elegidos, los cuales eran llamados profetas. Sin embargo, desde los tiempos del Nuevo Testamento y durante un largo período, no hubo profetas para que llevaran sus mensajes a la iglesia. Ahora, en la persona de Elena Harmon, sería restaurado el don de profecía en la iglesia.
Antes que Elena Harmon fuera elegida y recibiera su primera visión, hubo dos hombres a los cuales Dios los había elegido primero. En el año 1842, Guillermo Foy, de muy buena educación, recibió dos visiones que se referían a la pronta venida de Jesús y al viaje del pueblo de Dios a la santa ciudad. Foy las predicó hasta cerca del 22 de octubre de 1844, época en que recibió una tercera visión que representaba la obra de los tres ángeles de Apocalipsis 14, que al no comprenderla se negó a transmitirla a un pueblo que la estaba necesitando[3]. Según Fayard:
Después de la terminación del período profético, en 1845, oyó a otra persona relatar la misma visión, y explicar que los mensajes primero y segundo ya habían sido dados, pero que un tercer mensaje había de seguir. No mucho tiempo después de oír esta explicación de la última visión que él mismo recibiera y cuyo cumplimiento le pareciera imposible, el Sr. Foy enfermó y murió.[4]
Pero no fue Guillermo Foy el único que se negó a llevar a cabo esta gran responsabilidad. Poco antes del gran chasco del 22 de octubre de 1844, Hazen Foss recibió una visión que también se refería al viaje del pueblo de Dios a la ciudad santa, pero según Howell:
Por cuanto era él de un temperamento orgulloso, rehuyó la cruz, pues también se le habían mostrado las pruebas y persecuciones que tendría que sufrir si era fiel en relatar lo que se le había mostrado, y rehusó contar la visión. La visión le fue repetida, y se le advirtió, en adición, que si aún rehusara, la carga le sería quitada y dada a uno de los más débiles hijos de Dios. De nuevo rehusó cumplir con ese cometido, y entonces le fue dada una tercera visión en la cual se le dijo que él quedaba libre, puesto que el mensaje había sido confiado a uno que cumpliría las órdenes del Señor.[5]
Pocos meses después del gran chasco, Dios busca a una nueva persona, alguien que esté dispuesto a aceptar su voluntad y a manifestar sus visiones a su pueblo.
Dos meses después del chasco, cuando los creyentes adventistas necesitaban consolación y nueva esperanza, Dios la eligió a Elena Harmon, de 17 años de edad, para que recibiera su primera visión y para que la revele a su pueblo que casi caía en la desesperación. Comenzó a relatar la visión recibida, y entre los oyentes se hallaba Hazen Foss quien la animó a “que fuese fiel en llevar la carga y relatar los testimonios que el Señor le diese”.[6] A otros dijo: “Este es el instrumento sobre quien el Señor ha puesto la carga”[7].
Es ésta la primera prueba que aparece en la historia, acerca de la autenticidad de las visiones recibidas por, en ese entonces, Elena Gould Harmon.
Treiyer sostiene que “tanto en la aceptación de las Escrituras como del Espíritu de Profecía, Dios requiere hoy que ejerzamos fe. El no nos quita la posibilidad de dudar”[8]. Para continuar con este aspecto del análisis se destacan dos citas de Elena de White:
Si bien es cierto que Dios ha dado pruebas evidentes para la fe, él no quitará jamás todas las excusas que pueda haber para la incredulidad. Todos los que buscan motivos de dudas las encontrarán. Y todos los que rehúsan aceptar la Palabra de Dios y obedecerla antes que toda objeción haya sido apartada y que no se encuentre más motivo de duda, no llegarán jamás a la luz[9]
Satanás es hábil para sugerir dudas e idear objeciones al testimonio directo que Dios envía, y muchos piensan que es una virtud, un indicio de inteligencia en ellos el ser incrédulos y presentar dudas. Los que desean dudar, tendrán abundante ocasión para ello.
Dios no se propone evitarnos toda oportunidad de ser incrédulos. El da evidencias, que deben ser investigadas cuidadosamente con mente humilde y espíritu susceptible de ser enseñado; y todos deben decidir por el peso de la evidencia[10].
Teniendo en cuenta estas citas, se considerarán básicamente distintos tipos de acusaciones que se han lanzado contra la persona y autenticidad de la palabra y escritos de Elena de White.
Esto ha ocurrido durante casi toda la historia del movimiento Adventista del Séptimo Día, que nació del movimiento Adventista Interdenominacional de 1840. Y según Nichol: “Las acusaciones contra ella van desde que era una mujer astuta que subrepticiamente impuso a sus seguidores los pensamientos plagiados de otros, hasta la condición lastimosa condescendiente que ella era una persona histérica, auto-decepcionada, que sinceramente pensaba que tenía visiones”[11].
Críticas de D. M. Canright
Canright, después de haber militado por espacio de veintiocho años en las filas del Adventismo del Séptimo Día (desde los diecinueve hasta los cuarenta y siete años), abandonó dichas filas siendo uno de sus ministros prominentes y escritor de renombre.
Su primer pastorado fuera de la Iglesia Adventista lo desempeñó en la Iglesia Bautista de Otsego en el Estado de Michigan. Más adelante fue el encargado de iniciar una misión o anexo en la ciudad de Grand Rapids en el mismo Estado y de haber sido su pastor en dos oportunidades después de su organización en iglesia, la que se llamó Berean Baptist Church[12].
Ha sido fideicomisario de grandes instituciones educativas, profesor, redactor de un periódico religioso, y adalid en las empresas denominacionales.
Fue precisamente Canright quien, al abandonar la Iglesia Adventista del Séptimo Día, se convirtió en el primer crítico que publicó las mayores acusaciones contra Elena de White. El resto de los críticos construyeron sus perspectivas a partir de las críticas de Canright.
Por lo general, los críticos tratan de argumentar queriendo explicar los hechos sobrenaturales sobre una base física o material; por ejemplo, que la experiencia de Pablo en el camino a Damasco fue simplemente un ataque epiléptico. En relación a este tipo de crítica Nichol comenta:
Esta acusación en contra de Elena de White fue por vez primera formulada en 1887 por D. M. Canright, corto tiempo después que abandonó el ministerio Adventista. A través de los años él amplificó la acusación y por parte suya casi todas las otras críticas a la Sra. White han sido lanzadas. Él aseveró que ella fue afligida con una complicación de histeria, epilepsia y éxtasis[13]
Esta crítica elaborada por Canright no merecería ser tratada por el sólo hecho que utiliza a estas enfermedades con el fin de descalificar a Elena de White y deja ver así sus motivos discriminantes hacia las personas que padecen estos problemas de salud. Sin embargo conviene presentar aquí algunas características de dichas enfermedades y los efectos que generan en las personas que las padecen.
1) Los signos de epilepsia son: períodos de confusión mental, comportamientos infantiles repentinos, movimientos como el de masticar alimentos sin estar comiendo, o cerrar y abrir los ojos continuamente, debilidad y sensación de fatiga profundas, convulsiones, fiebre, movimientos de las extremidades, pérdida de la conciencia y del control de los esfínteres[14]. Los tratamientos actuales controlan los ataques durante cierto tiempo, en aproximadamente un 80% de los pacientes con epilepsia. Sin embargo el 20% restante tienen ataques que no se pueden tratar adecuadamente con los medios disponibles actualmente[15].
2) En
cuanto a la histeria es un conflicto psicológico que también se denomina neurosis
de conversión o alteraciones somatomórficas, pues los síntomas
son un intento de defensa en una situación que no se sabe cómo resolver. Imitan
enfermedades, por lo que pueden dar lugar a confusiones. Los psicólogos destacan la necesidad de aplicarles un tratamiento para
la reestructuración total del carácter y la conformación de nuevos modos de
reacción ante los conflictos[16].
3) En lo que respecta a la esquizofrenia, es un trastorno de la personalidad y los que la padecen tienen frecuentemente el sentimiento de estar controlados por fuerzas extrañas. Los síntomas se manifiestan como alucinaciones, ideas delirantes, lenguaje desorganizado e incoherente, comportamiento gravemente desorganizado, embotamiento afectivo, pobreza del habla, abulia o apatía. El tratamiento actual es farmacológico y genera importantes efectos secundarios como temblores, rigidez, inquietud interna, sudor e incluso convulsiones[17].
Si realmente Elena de White fue una epiléptica, tiene que haber sido un caso muy pronunciado puesto que recibió visiones desde su adolescencia. Además no fue tratada debido a que los tratamientos modernos para la epilepsia eran totalmente desconocidos en esa época, y según los médicos sufren deterioros mental a medida que los años pasan, si no son tratados. De igual manera ocurre con la histeria y con la esquizofrenia, pues de haberlos padecido, fue un caso sin tratar. En su vida se sabe que no ha sufrido ningún deterioro mental, por lo tanto estas acusaciones no merecen más tratamiento. Sin embargo, Canright cita una carta que le envió en 1887 el doctor W. J. Fairfield quien fue por varios años un médico en el Sanatorio de Battle Creek. Dicha carta dice:
Está usted ciertamente en lo correcto al atribuir las así llamadas visiones de la Sra. White a enfermedad. Ha sido mi oportunidad observar su caso por un buen tiempo, abarcando varios años, lo cual, con un conocimiento total de su historia desde el comienzo, no me dio oportunidad para dudar de que sus –“divinos”- ataques eran simplemente trances histéricos. La edad misma ya casi la ha curado[18].
Hay evidencias suficientes para probar que estas acusaciones son falsas. En primer lugar, el doctor Fairfield dejó en 1881 el Sanatorio Adventista para abrir más tarde una institución médica rival en Battle Creek. Además, llegó a ser médico en 1878 y escribió su carta en 1887. Durante este período Elena de White estuvo en Battle Creek apenas unos dieciocho meses y durante ese tiempo estuvo muy poco en público para que alguien pudiera observarla y dar algún diagnóstico[19].
Declaraciones de este tipo eran presentadas por Canright para derrumbar a Elena de White como profeta de Dios. Sin embargo, en 1877, antes de abandonar las filas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, comentó:
Sé que la hna. White es una modesta, bondadosa y noble mujer. Estos rasgos en su carácter no son simplemente colocados y cultivados, sino que nacen graciosa y fácilmente de su disposición natural. Ella no es presumida, no se cree virtuosa ni importante, como los fanáticos siempre son. He estado frecuentemente en contacto con personas fanáticas, y los he encontrado siempre llenos de pretensiones, de orgullo, listas a dar su opinión, jactarse de su santidad, etc. Pero he encontrado siempre en la hna. White lo contrario a todo esto. Cualquiera persona, hasta el más pobre y el más humilde, puede ir a ella por consejo y consuelo sin ser rechazado.
Ella está siempre cuidando por los necesitados, los destituidos, y los dolientes, proveyendo para ellos y defendiendo su causa. Nunca he tenido amistad con otra persona que en forma tan constante tenga el temor de Dios ante sí[20].
En 1884 declaró que su opinión concerniente a Elena de White cambió debido a que unos doce años atrás recibió un testimonio de ella acerca de él y pensó que era demasiada severa y que decía algunas cosas de él que, según sus pensamientos, no eran verdades. Estas fueron las causas por las cuales Canright terminó apostatando de la fe adventista e inició sus ataques contra Elena de White, los cuales no han tenido el éxito que él quería. Sorprendentemente, en el sepelio de Elena manifestó junto al ataúd: “Esta es una noble mujer cristiana que se ha ido”[21]; lo cual revela la existencia de conflictos internos que lo condujeron a actitudes incoherentes en su experiencia espiritual que se proyectaron contra Elena de White.
4) En su tiempo, cuando recién iniciaba su obra, el desaliento había comenzado a oprimirla debido a la condición del pueblo de Dios. Para agravar su angustia, algunos escépticos declaraban que sus visiones eran simplemente excitación y mesmerismo[22], lo que es hipnotismo.
Estas declaraciones y acusaciones que se levantaban contra ella, la hicieron sentirse culpable, y comenzó a pensar en la posibilidad de que esas acusaciones fueran ciertas. Así Elena de White comenzó a dudar de la experiencia por la cual estaba pasando y por lo tanto se propuso rechazar la próxima visión. En sus palabras:
Todas estas cosas abrumaban mi ánimo, y en la confusión me veía a veces tentada a dudar de mi propia experiencia.
Mientras orábamos en la familia una mañana, el poder de Dios comenzó a descansar sobre mí, y cruzó por mi mente el pensamiento de que era mesmerismo, y lo resistí. Inmediatamente fui herida de mudez, y por algunos momentos perdí el sentido de cuanto me rodeaba. Vi entonces mi pecado al dudar del poder de Dios y que por ello me había quedado muda, pero que antes de 24 horas se desataría mi lengua...
Después que salí de la visión, pedí por señas la pizarra y escribí en ella que estaba muda, también lo que había visto...
Ala mañana siguiente temprano, llenose mi alma de gozo, se desató mi lengua y prorrumpí en grandes alabanzas a Dios. Después de esto ya no me atreví a dudar ni a resistir por un momento al poder de Dios, pensaran lo que pensaran los demás[23]
Otras acusaciones
1) A partir de 1970 en Spectrun, revista no oficial de la
iglesia, las críticas se elaboran a partir del método histórico-crítico pero
las raíces hermenéuticas se hallan en los escritos de Canright[24].
2) Elena G. de White es culpable de infringir las leyes de derecho de autor y por lo tanto se la puede considerar una plagiaria.
Es verdad que hizo a menudo uso de fuentes literarias para
comunicar sus mensajes. En la introducción de El conflicto de los siglos
ella escribió: “En algunos casos cuando he encontrado que un historiador había
reunido los hechos y presentado en pocas líneas un claro conjunto del asunto, o
agrupado los detalles en forma conveniente, he reproducido sus palabras, no
tanto para citar a esos escritores como autoridades, sino porque sus palabras
resumían adecuadamente el asunto” [25].
Investigaciones
actuales han comprobado que la documentación a la cual recurrió equivale
aproximadamente a un 2 por ciento del total de su producción literaria[26]. Vincent L. Ramik, abogado católico romano de
Washington que después de
investigar cerca de 1.000 casos de copyright en la historia legal de Estados
Unidos, emitió una opinión legal de 27 páginas acerca de los escritos de Elena
G. de White y concluye que: 1) Sus selecciones “permanecieron bien dentro de
los límites legales del ‘uso correcto.”
2) “Elena de White usó los escritos de otros; pero en la manera en que
los usó, los convirtió singularmente en suyos”, adaptando las selecciones
dentro de su propio marco literario. 3) Elena de White motivó a sus lectores a
adquirir copias de algunos de los muchos libros que ella usaba, demostrando que
no intentó ocultar el hecho de su uso de las fuentes literarias, y que no tuvo
intención de defraudar o reemplazar las obras de cualquier otro autor[27].
Por lo tanto no era una
plagiaria y sus obras no constituyeron una violación del copyright o
piratería.
3) A fin de contrarrestar las críticas revisionistas aparece en 1985 otra revista no denominacional, Nuestro Firme Fundamento. Ésta se ubica en el polo opuesto y se trata de una postura conservadora que pretende restituir a Elena de White con una actitud anti organizacional[28].
Defensa de Loughborough
Debido a que la mayoría de las críticas se construyeron a partir de las realizadas por un pastor contemporáneo de Elena de White, se presenta en este estudio la defensa
que elaboró un pastor también contemporáneo de Elena.
Juan Norton Loughborough nació en Víctor, Estado de Nueva York, el 26 de enero de 1832. Proveniente de una familia metodista abrazó el mensaje adventista y llegó a ser una de las columnas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Ante las críticas y acusaciones que se levantaban contra las visiones de Elena de White, Loughborough aplicó a los testimonios de ella, ciertas reglas para probar su autenticidad a la luz de la Biblia. Estas son las siguientes:
1) “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Is. 8: 20).
Elena de White nunca manifestó querer que sus escritos reemplazaran las Sagradas Escrituras, sino que por el contrario, guían y estimulan a los hombres al estudio de la Palabra de Dios.
“El Señor os quiere amonestar, reprender y aconsejar por medio de los testimonios dados, e impresionar vuestras mentes con la importancia de la veracidad de su Palabra. Los testimonios no dan nueva luz, sino que graban en el corazón las verdades divinamente inspiradas”[29]
2) “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios: y todo espíritu que no confiesa que Jesús es venido en carne, no es de Dios” (1Jn. 4: 2, 3).
Dice el pastor Loughborough en cuanto a este versículo: “El tema esencial de todos los escritos de la Sra. de White es la necesidad de que Cristo habite en nuestro corazón, si queremos progresar en el camino celestial. Sus escritos enseñan la necesidad de tener a Cristo como el primero y el último y para todo tiempo”[30]
3) “Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye” (1Jn. 4:5).
Este pasaje se refiere también a aquellos falsos profetas que adulan al corazón carnal y fomentan el egoísmo. No acontece esto con los escritos de Elena de White que aconsejan la abnegación y humildad en Cristo.
4) “Guardaos de los falsos profetas... Por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7: 15).
Son muchos los testimonios que sostienen que la lectura de sus libros estimula a estudiar las Sagradas Escrituras y a vivir los principios que allí se encuentran. Si esto es peligroso el pastor Loughborouht pregunta: “¿No es esto equivalente a decir que se conoce que el árbol es malo, porque lleva buenos frutos?”[31]
5) “¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no hubiere hablado? Cuando el profeta hablare en nombre de Jehová, y no fuere la tal cosa, ni viniere, es palabra que Jehová no ha hablado” (Dt. 18: 21, 22).
Es este un versículo fundamental para probar si una persona es o no profeta. Loughborough sostiene acerca de las predicciones de Elena de White: “No conozco ni un solo caso en que hayan fallado las predicciones que debieran haberse cumplido ya o que debieran estar cumpliéndose actualmente”[32].
Estas son las pruebas que el pastor Loughborough presenta a la luz de la Biblia, en defensa de Elena de White.
Defensa de Elena de White
Ya fueron presentadas suficientes pruebas acerca de la autenticidad de Elena de White como profetiza, y en algunas de sus declaraciones se puede observar que ella siempre fue conciente de la enorme responsabilidad que era colocada sobre su persona, lo cual la llenó de temor. En el inicio de las visiones, sostiene que oró fervientemente durante varios días para que le fuera quitada esa carga y puesta sobre alguien más capaz de llevarla[33].
Sin embargo, asumió la responsabilidad con toda seriedad y con todas sus fuerzas, sin envanecerse y sin destituir a las Sagradas Escrituras del lugar que le corresponde. Afirma que éstas bastan para iluminar la mente más obscurecida y que pueden ser entendidas por los que tienen deseos de comprenderlas. Destaca que en ellas están los principios generales para la formación de hábitos correctos de vida a los cuales algunos obstinadamente se oponen, y los testimonios han sido calculados para atraerlos a dichos principios y dejar sin excusa a quienes se resisten en aceptar los principios bíblicos[34]. Por lo tanto, queda claro desde su perspectiva, la función que desempeñan sus escritos, pues sostiene que “poco caso se hace de la Biblia y el Señor ha dado una luz menor para guiar a los hombres y mujeres a la luz mayor”[35].
Finalmente Elena de White dice a todos aquellos que dudan de la autenticidad de sus visiones y de sus escritos:
Júzguense los testimonios por sus frutos. ¿Cuál es el espíritu de su enseñanza? ¿Cuál ha sido el resultado de su influencia? Todos los que desean hacerlo, pueden familiarizarse con los frutos de estas visiones...
O está Dios enseñando a su iglesia, reprendiendo sus errores, fortaleciendo su fe, o no lo está haciendo. La obra lleva la estampa de Dios, o la del enemigo. No hay medias conclusiones en el asunto. Los testimonios son del Espíritu de Dios, o del diablo.[36]
CONCLUSIÓN
Se ha visto a lo largo de este análisis que, al ser elegida por Dios, Elena tenía todas las de triunfar debido a su humildad, sencillez y profundo sentido del cristianismo, aspectos que no estuvieron dispuestos a desarrollar Foy y Foss.
También se presentaron los distintos tipos de acusaciones que se han
lanzado contra su persona y contra sus visiones, pero en contraste con estas
fueron presentadas suficientes pruebas, colocándola a Elena de White a la luz
de la Palabra de Dios, y han bastado para mostrar que realmente ha sido una
mujer que en verdad fue elegida por Dios.
Las primeras críticas y dudas fueron sistematizadas por D.M. Canright entre
1888 y 1919. Al principio de los años 70’s tales críticas comenzaron a hacerse
eco dentro de algunos círculos de eruditos adventistas y a partir de 1998, como
sostiene Alberto Timm, son expuestas en la red de internet no sólo las críticas
que surgen de la aplicación del método histórico crítico, las cuales menosprecian
los escritos de Elena como pertinentes solo a la cultura norteamericana del
siglo XIX, sino también la postura conservadora que pretende que su escritos
reemplacen las Sagradas Escrituras. Ambas posturas son extremas y por lo tanto
una amenaza a la iglesia.
A partir de declaraciones de
la misma Elena se puede concluir que un miembro de iglesia que no acepta
plenamente el don profético de Elena White no debiera ser removido de la
feligresía de la iglesia, excepto si su influencia negativa está conduciendo a
otros a oponerse y criticar el don. Sin embargo, como sostiene Timm, es necesario tener presente que si la
iglesia conscientemente acepta en su seno a gente que no cree en el don
profético de Elena White, tendrá que hacer frente a una crisis interna de
proporciones insospechadas sobre este particular.
Arturo G. Daniells, quien fue presidente de la Asociación General por muchos años, destaca que ninguna persona por sí misma puede hacerse profeta ni ninguna autoridad eclesiástica puede hacerlo. Es solo prerrogativa de Dios, por medio del Espíritu Santo, conceder a quien él quiere el don profético[37]. Quien analiza la vida y escritos de Elena de White se encontrará con una mujer que como Josías, hizo lo recto ante los ojos de Jehová sin apartarse ni a izquierda ni a derecha (2Reyes 22:2), no rechazó las visiones que Dios le dio para su pueblo, ni pretendió que sus escritos reemplacen a la Biblia.
[1] Licenciado
en Teología, Doctor en Sociología, Profesor y Secretario de Extensión de la
Facultad de Humanidades, Educación y Ciencias Sociales de la Universidad
Adventista del Plata.
[2] Arturo G. Daniells, El
permanente don de profecía (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1962),
p. 16.
[3] Juan Tabuenca, “Vida y obra
de Elena de White” El ministerio adventista (Buenos Aires: Casa Editora
Sudamericana, mayo-junio 1962), p. 12.
[4] Marcelo I. Fayard, El
movimiento adventista (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana,
1962), p. 57.
[5] Ema E. Howell, El gran
movimiento adventista (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, sin fecha),
p. 37.
[6] Ibid.
[8] Humberto R. Treiyer, Orientación
profética en el movimiento adventista (Villa Libertador San Martín: Colegio
Adventista del Plata, 1980), p. 143.
[9] Elena G. de White, El
conflicto de los siglos (Mountain View: Publicaciones Interamericanas
Pacific Press, 1977), p. 582.
[10] Elena G. de White, Joyas de los testimonios (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1975), tomo 2, p. 290.
[11] Francis D. Nichol, Elena
de White y sus críticos (Chillán: Colegio Adventista de Chile, sin año), p.
4.
[12] Dudley Marvin Canright, Mi
renuncia al adventismo del séptimo día ( http:// www.geocities.com/alfil2_1999/canright-renunciai.html,
1914, recuperado el 29 de setiembre de 2004), p. 6.
[14] Colmenares define a la
epilepsia como un trastorno con muchas causas posibles que impiden o
distorsionan el patrón de actividad neuronal normal. Algunas personas
epilépticas tienen una cantidad más alta de neurotransmisores activos
(sustancias encargadas de conducir el impulso nervioso entre las neuronas), lo
cual incrementa la actividad neuronal. En otros se ha observado una cantidad
baja de inhibidores de dichos neurotransmisores, lo cual también aumenta la
actividad neuronal. [Mario Colmenares, La epilepsia ( http://www.abcmedicus.com/articulo/pacientes/id/57/
pagina/1/epilepsia.html, sin fecha, recuperado el 29 de setiembre de
2004)].
[15] La mayoría de las veces se aplica como tratamiento una combinación de medicación, cirugía y una dieta alimenticia específica [“Epilepsia”, ONDASALUD (http://www.ondasalud.com/edicion/noticia/0,2458,5256,00.html, 2003, recuperado el 29 de setiembre de 2004)].
[16]“La histeria”, PsicoActiva (http://www.psicoactiva.com/histeria.htm, recuperado el 29 de setiembre de 2004).
[17] “Esquizofrenia”, PsicoActiva (http://www.psicoactiva.com/arti/articulo.asp? SiteIdNo=129, recuperado el 29 de setiembre de 2004).
[21] Publicaciones White, Notas y escritos: Elena de White y el espíritu
de profecía (Whashinton: Asociación General de los Adventistas del Séptimo
Día, material recopilado para ser usado en el curso de Extensión del Seminario
Teológico, sin fecha), p. 118.
[22] “Se considera como
precursor de la hipnosis moderna a Friedrich Franz Anton Mesmer (1733-1815)
quien formuló la teoría del magnetismo animal, al que describía como un
principio que actúa sobre los nervios. Sostuvo que en todo el cuerpo viviente
existe un fluido magnético en el cual circula una fuerza especial animando
tanto al mundo orgánico como al inorgánico. Las personas dotadas de un poderoso
espíritu vital pueden ayudar a los necesitados, utilizando la imposición de las
manos a fin de que las ondas emanen de la punta de los dedos o guiando la
energía con una varilla de hierro”. [(“Algo de historia”, El sitio web de la
hipnosis (http://www.portaldehipnosis.com/
articulos/101_120/106.htm, recuperado el 29 de setiembre de 2004)].
[23] Elena G. de White, Primeros escritos (Mountain View: Publicaciones Interamericanas, 1962), pp. 22, 23.
[24] Alberto Timm, “Asuntos
relacionados con Elena de White y su rol en la Iglesia Adventista del Séptimo
Día” Centro de Investigación Elena G. White. Recuperado el 29 de
setiembre de 2004 de http://cwhite.um.edu.mx/Elena%20Hoy.html
[26] “¿Fue Elena de White una
plagiaria?”. Recuperado el 29 de setriembre de 2004 de
http://centrowhite.uapar.edu/pregyres/preyresp/Acusaciones%20de%20Plagio.htm
[27] “Elena de White y el uso de
sus fuentes”. Recuperado el 29 de setiembre de 2004 de http://centrowhite.uapar.edu/pregyres/preyresp/articulos/Elena%20G.%20de%
20White%20y%20el%20uso%20de%20las%20fuentes.htm
[28] Alberto Timm, “Asuntos relacionados con Elena de White y su rol en la Iglesia Adventista del Séptimo Día” Centro de Investigación Elena G. White. Recuperado el 29 de setiembre de 2004 de http://cwhite.um.edu.mx/Elena%20Hoy.html
[32] Ibid.
[33] Elena de White, Joyas de
los testimonios (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1975), tomo 1, p.
62.
[35] Elena de White, El
colportor evangélico (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1978), pp.
134, 135.