Reorganización para el avance de la misión
Organizing to Beat the Devil: The Development of
Adventist Church Structure, por George R. Knight. Hagerstown, MD 21740:
Review and Herald Publishing Association,
2001. ISBN: 0-8289-1596-1, US$ 9.99. Contiene 189
páginas que incluyen un índice. Por Silvia C. Scholtus de Roscher, Lic. en
Teología, e-mail cwhite@uapar.edu.
George
R. Knight es profesor de Historia de la Iglesia en el Seminario Teológico de
Andrews University, Berrien Springs, Michigan. Es autor
de varios libros sobre historia de la IASD.
El
volumen que se reseña examina la evolución de la estructura organizativa de la
IASD.
Knight
divide la historia de la IASD en tres ciclos
históricos (p. 8) (ver figura 1). Los analiza en los primeros seis capítulos.
1.
El primer ciclo testifica de agitaciones de cambio en la década de 1850, la
organización de la IASD entre 1860 y 1863, y su optimización entre 1863 y 1900.
2. El
segundo comienza con pedidos de cambio a fines de la década de 1880, la
reorganización entre 1901 y 1903, y ajustes entre 1903 y comienzos del s. XXI.
3. En la
década de 1980 se ven los comienzos de una agitación sustancial que parece dar
inicios a un tercer ciclo.

Ilustración 1. Definición de la
función de la organización en ciclos históricos.
Se
puede apreciar que después de una propuesta inicial de organización, ocurren
tensiones que derivan en una redefinición sobre la función de la organización
esto lleva a volver a utilizar la organización definiendo su función para la
misión. Ocurre otra etapa de tensiones que derivan nuevamente en una
reorganización para la misión. Según Knight, actualmente se está en otra etapa
de redefinición por señales que indican tensiones y conflictos sobre la función
de la organización que derivarán en otra reorganización. (Ver otra forma de
ilustrar este esquema histórico de la organización en la IASD en la ilustración
2).

Ilustración
2. Propuesta lineal de los ciclos sobre historia de la organización de la
IASD según Knight.
En el decir de Knight, “El cambio ha sido parte de cada aspecto de la historia adventista. Este libro es la historia de ese cambio en el área de la estructura de la iglesia. Las cosas saludables y vivas están siempre desarrollándose y cambiando para realizar su misión y su función mejor. En este mundo las únicas cosas que no son capaces de cambiar saludablemente son las moribundas y las muertas” (p. 9).
Además de Knight, hay pocos autores en la IASD que trataron
este tema.
Las
pautas que se propone desarrollar Knight en su libro apuntan a la presentación
de su propuesta personal en el capítulo 7.
Knight inicia su libro mostrando cómo los fundadores de la
IASD creían que organizarse implicaba participar de los planes del demonio.
Pero surgieron tensiones que hicieron presión para que los ministros tuvieran
credenciales, para mantener la unidad doctrinal y para legalizar las
propiedades, y que derivaron en la organización de la iglesia en 1863 y en una
modificación del concepto de organización y de “Babilonia”.
Al finalizar el siglo XIX surgen
nuevos desafíos: los grandes
endeudamientos de la organización y las estructuras existentes eran inadecuadas
para satisfacer las demandas de una iglesia que se había extendido por el
mundo. La reorganización de 1901-1903 mantuvo una fuerte estructura central en
contra de las protestas de aquellos que abogaban por una individualismo radical
que tenía tendencias hacia el congregacionalismo.
El siglo XX trajo nuevos problemas:
conflictos raciales que condujeron al establecimiento de asociaciones
regionales.
La pregunta que plantea Knight y que
subyace, bajo lo que él llama el “tercer ciclo”, es si la denominación es
todavía lo suficientemente flexible para cambiar, o si el principio de
estructura de rigor mortis triunfará. Esta pregunta tiene que ver con la
identidad, es decir, ¿obtendrán los adventistas del s. XXI su identidad de sus
estructuras (e instituciones) o de su misión? La mayoría de las
reestructuraciones en el pasado de la iglesia adventista han resultado en un
equipamiento más eficiente para la misión. Para Knight si el adventismo quiere
ser consistente con su pasado, cualquier reorganización futura tendrá que estar
centrada en una coordinación mundial más efectiva para la misión (p. 8).
Según
Knight, así como en otras áreas de la historia de la iglesia, muchos
adventistas probablemente no se han puesto a pensar como surgió la organización
de la IASD. Y entre aquellos que conocen algo del desarrollo de la historia,
muchos probablemente sostienen que el sistema ya ha sido totalmente refinado y
que ahora representa la mejor manera de hacer las cosas. Otros incluso pueden estar trabajando bajo
el concepto errado de que el sistema actual es “inspirado” (p. 9).
Pero
Knight no sólo hace un análisis de la historia, también presenta una propuesta
que él titula “modesta” como sugerencia para arribar a la solución de la crisis
que él describe. Esta propuesta queda abierta, obviamente, al estudio y
discusión.
Antes de plantear su propuesta “modesta” en el capítulo 7, hace una introducción para poner al lector en contexto con lo que el titula “La crisis de identidad de la organización”. Algunas situaciones que provocan esta crisis, según Knight, son
el número cada vez más creciente de
miembros que están cansados de soportar una estructura tan grande. Como
resultado, hay cada vez más feligreses que no están enviando alguna (y a veces
ninguna) de sus contribuciones por los canales correspondientes de la
organización. Muchos han adoptado una mentalidad congregacional. En el decir de
Knight, al erosionarse la “marca de la
lealtad”, es probable que la opción de mantener el status quo en la
organización eclesiástica llegará a ser cada vez más económicamente
impracticable (p. 168).
Más seria aún es la
cuestión de si continúa la organización actual del adventismo siendo viable
misiológicamente. Es decir ¿es ésta la forma mejor y más eficiente de realizar
la misión escatológica de la iglesia? Muchos laicos y religiosos están dando
una respuesta negativa a esta pregunta. Expresan preocupación acerca de una
estructura que alrededor del mundo tienen tantos ministros ordenados en
oficinas como “haciendo su ministerio”.
Knight dice que e
l adventismo trata de la misión de
predicar el mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6-12 antes que de la
misión de crear la perfecta estructura burocrática. Es en este punto donde
encontramos el climax del problema de identidad en la IASD. El autor dice que
la denominación ha ido paulatinamente aumentando su identidad en base al tamaño
y número de sus estructuras e instituciones en lugar de su misión (p. 169).
Algunos sugieren que en lugar de remodelar un
sistema desarrollado en la era de los “carros a caballo”, la mejor opción para
el s. XXI sería reorganizarse para la misión en líneas que tengan en cuenta los
métodos modernos de transporte y comunicación en la misión de alcanzar a un
mundo diverso.
Uno de los escenarios más problemáticos que
pueden crear los adventistas para sí mismos podría ser confundir las
estructuras y formas actuales de hacer cosas con la única manera de hacer las
cosas, o (peor aún) con la única forma
que Dios tiene de hacer las cosas.
Knight comenta que Andrew Mustard y Barry
Oliver (p. 170) han demostrado ampliamente que la actual estructura
organizativa del adventismo no debe verse como rígida, y por eso propone algunos factores a considerar en la reestructuración de la
iglesia (pp. 171-178).
Su propuesta “modesta”
consiste en tres niveles de organización (pp. 178-181).
Dos es poco y puede derivar en autoritarismo y cuatro son demasiados. En el primer
nivel estaría la Asociación General, el segundo nivel lo ocuparían las
Divisiones regionales cuya responsabilidad sería similar a las
divisiones actuales pero que asumiría varias de las funciones de las uniones
actuales. Deberían elevarse de 12 a 20 con el propósito de ayudar mejor a
suplir unidades de la iglesia con necesidades únicas y específicas.
Funcionarían mejor como divisiones de la Asociación General que Divisiones
Asociaciones.
En el tercer
nivel estarían las asociaciones administrativas regionales. La reestructuración más radical ocurre aquí. Knight piensa que esto ayudaría a recapturar el diezmo y redistribuir gran número de su personal.
Knight r
econoce que ésta es sólo una propuesta para iniciar un diálogo porque nadie por sí sólo conoce qué es lo mejor o qué será lo más efectivo y eficiente para la misión. Por esto su propuesta carece de detalles específicos de cómo lograrla, sólo se bosquejan a grandes trazos los tres niveles sugeridos. Con esto deja espacio para el diálogo respecto de su implementación.
Añade que cualquier reestructuración en
el futuro se beneficiará de (1) la sabiduría colectiva de la iglesia mundial,
(2) una comprensión de los principios inspirados de eclesiología y (3) un buen
análisis de la historia de la organización de la IASD.
Knight concluye que es mejor hacerse cargo del
proceso que dejar que ocurra por sí sólo. La pregunta que debe enfrentar la
IASD es si en los años siguientes los cambios ocurrirán por accidente o por un
plan bien concertado y bajo la conducción del Espíritu de Dios (p. 181).
El trabajo de Knight de
un estudio de la historia de la organización de la IASD, siendo él un
historiador y un destacado pensador en la IASD, permite entender algunas de las
dificultades actuales que enfrenta la iglesia en su administración y en el
cumplimiento de sus objetivos, pues invita a reflexionar poniendo en
perspectiva las situaciones enfrentadas por la iglesia en su historia pasada
para así comprender el surgimiento de conflictivas en el presente, que han
quedado latentes u ocultas pero con máscaras diferentes y objetivos similares a
los del pasado. Es decir motiva a la acción y resolución de problemas teniendo
en cuenta la historia y los principios adoptados por los pioneros para el avance
de la causa de la IASD.
El libro de Knight no sólo es interesante en su comentario breve pero
esquemático de la historia, sino que además invita a iniciar un diálogo en el
área de organización eclesiástica. Por supuesto, su invitación no es nueva ya
que el diálogo está abierto por ser éste un tema que hace algunos años que
viene siendo motivo de conversación en la iglesia, particularmente y en forma
destacada, en los Estados Unidos. Este libro merece una seria consideración por
parte de aquellos que aún no logran entender el uso del término “Babilonia” y
su aplicación en la historia de la IASD, pero además es motivador para aquellos
que desean continuar un diálogo sobre organización para el avance de la misión.