Universidad Adventista del Plata

 

Facultad de Teología

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CONCEPTO DE DIVORCIO SEGÚN ELENA G. DE WHITE

 

 

 

 

 

 

 

 

III Simposio Bíblico Teológico

El don de profecía: fundamento, actualidad y relevancia para la Inglesia

 

 

 

 

 

 

 

 

por

 

Fabricio R. Pruvost

 

Octubre de 2004


 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

En estos últimos tiempos los hogares están siendo sacudidos por todo tipo de problemas y cada día con mayor intensidad; esto lo podríamos atribuir a la obra de Satanás, pero lo sorprendente es que como solución a los problemas matrimoniales escuchamos que cada vez se aconseja más el divorcio, o vemos que líderes de nuestras iglesias con mayor frecuencia se hallan involucrados en este tipo de situaciones.  Aún más nos sorprende escuchar que como respaldo a tales consejos se utilizan palabras de la escritora Elena G. de White fuera de contexto, o se le atribuyen palabras que no dijo o que no tienen la intención que se les quiere dar.  Esto parecería normal considerando que como seres humanos que somos pretendemos hallar un justificativo para cada cosa que hacemos.

Entonces se nos presenta el siguiente problema en relación con el divorcio, ¿cuál es el punto de vista de la señora Elena G. de White acerca del divorcio como solución para matrimonios con problemas?

Ante este problema queremos aclarar que nos interesa el concepto de la mencionada autora porque entendemos que desde el punto de vista bíblico el único causal de divorcio mencionado por Jesús es el adulterio (Mt. 5: 31-32), además como miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día reconocemos como una de las doctrinas fundamentales la unidad del matrimonio y la familia;[1] y así mismo reconocemos a la señora Elena G. de White “como mensajera del Señor, sus escritos son una permanente y autorizada fuente de verdad”, claro está que “la Biblia es la norma por la cual deben ser evaluadas todas las enseñanzas y toda experiencia”.[2]

En este trabajo nos proponemos establecer de manera clara cuál era la postura de la señora White acerca del divorcio y cuales fueron los consejos que ella brindó en relación con el mismo.

 


 

CAPÍTULO I

CONSEJOS PARA PREVENIR EL DIVORCIO

 

¿Que se  entiende por divorcio, y cuál es el tratamiento que la Biblia le da al mismo?

En el principio Dios instituyó el matrimonio (Gn. 2: 18, 24), pero no para que fuera temporal (Mt. 19: 6).  En contraposición al matrimonio y por voluntad humana, y no de Dios, nos encontramos con el divorcio “(heb. Kertîthûth, “despido” [literalmente “un corte de separación”; del verbo Kârath, “cortar”]; gr. apostásion)”.  Ya antes de su legislación en la Ley de Moisés, es evidente que tanto los israelitas como los hombres del resto del mundo antiguo se divorciaban de sus mujeres, y que éstas caían en desgracia, por tal motivo fue necesario regular el divorcio.[3]

 

En otras palabras, Dios no está de acuerdo con el divorcio, sin embargo por causa del pecado y el aumento de la depravación moral, “Dios toleró algunas cosas a las cuales ciertamente no podía dar su aprobación”.[4]

En los tiempos de Jesús, y ya desde mucho antes, el hombre se divorciaba por cualquier motivo, por más insignificante que sea.

De esta actitud laxa escribió Josefo:  “El que desea divorciarse de su mujer por cualquier causa (y muchas causas tales se dan entre los hombres), que dé por escrito la certeza de que nunca más la usará como su mujer, porque así ella estará libre de casarse con otro marido, aunque antes de darse esta carta de divorcio, no debe permitírsele hacerlo” (Antigüedades, iv. 8. 23).[5]

 

Esto también se refleja en la pregunta capciosa que los fariseos le hicieron a Jesús (Mt. 19: 3-9), entonces le fue necesario explicar esa ley, porque Dios no dio una ley que aboliese el matrimonio.

La ley mosaica sobre el divorcio no fue dada para anular los ideales del matrimonio instituido por Dios en la creación, sino a causa de la “dureza” de los corazones humanos.  Esta ley sencillamente reconocía la situación existente y buscaba mejorarla.  Esta era una ley de permisión, y no de obligación.[6]

 

Así vemos que “Jesús reinterpretó el mandato acerca del divorcio afirmando que el hombre que daba el divorcio a su mujer por cualquier razón fuera de la infidelidad matrimonial cometía adulterio al casarse de nuevo (Mt. 5: 31-32; 19: 3-9)”.[7]

El consejo escrito por Moisés para la gente de sus días debe interpretarse a la luz de las costumbres de su época, y no de la nuestra, y siempre teniendo en vista el ideal divino.  Una vez más Cristo elevó la vista de los hombres hacia ese divino ideal ordenado en el Edén.  Ese primer matrimonio nos proporciona el modelo dado por Dios.[8]

 

Culminando con el análisis de este pasaje bíblico encontramos un gran consejo de Jesús, el matrimonio es para aquellos que sean capaces de recibirlo (Mt. 19: 10-12).

Nuestra propuesta es considerar algunos consejos que da la señora Elena G. de White para prevenir el divorcio, entendiendo que se dan consejos en la etapa del noviazgo, procurando un firme y duradero matrimonio, y también a matrimonios que no muestran dificultades y que creemos podrían evitar cualquier desavenencia que los llevaría al fracaso.

 

Consejos a novios

Al analizar los distintos escritos de la señora White acerca del tema que estamos desarrollando, encontramos que la autora establece el inicio de un matrimonio duradero en la etapa previa al casamiento, haciendo hincapié en un profundo conocimiento de la pareja durante el noviazgo.  Siguiendo el enfoque de Elena G. de White, presentamos una enumeración de aspectos que ella recomienda considerar en el noviazgo antes de tomar una decisión importante como es el establecimiento de un nuevo hogar.  Ellos son:

1.      Dios en primer lugar.[9]

2.      Mucha oración.[10]

3.      Buscar consejos.[11]

4.      Reflexión y meditación.[12]

5.      Evaluación del futuro cónyuge.[13]

6.      Actuar sin precipitarse.[14]

7.      Edad y salud.[15]

8.      Uniones prohibidas.[16]

9.      Romper compromisos.[17]

Estos son sólo algunos de los consejos que dejara la señora White y que consideramos los más importantes, sin embargo para ampliar esta parte de nuestro trabajo podemos encontrar éstos y otros consejos de manera más amplia y con un enfoque más práctico en lo que se refiere a aspectos de la vida diaria como laboriosidad y trato hacia los padres, en un libro que presenta una recopilación de citas de esta autora y está dirigido a jóvenes enamorados.[18]

 

Consejos a matrimonios

Como lo presentáramos anteriormente, E. G. de White dejó consejos para matrimonios que, a simple vista, parecen estables y bien constituidos pero que íntimamente tienen problemas, de la clase de problemas que creemos que todos los matrimonios tienen o discusiones de las que parecen no ser dañinas, sin embargo los lazos conyugales se van debilitando y el matrimonio se ve socavado por estas situaciones que parecen inofensivas.

A causa de tales situaciones mencionaremos tres puntos en los que ella hace mayor énfasis: (1) nos recuerda que quienes se unieron en matrimonio lo hicieron para toda la vida y que esta unión es símbolo de la unión de Cristo con su iglesia, por lo tanto los cónyuges deben tratarse como Cristo trató y amó a su iglesia,[19] el matrimonio “liga los corazones de dos personas con vínculos que sólo la muerte puede cortar”;[20] (2) presenta un caso que se repite frecuentemente, éste es “cuando se contrajo matrimonio antes de convertirse” entonces expresa que cuando un cónyuge se convierte “tiene después de su conversión mayor obligación de ser fiel a su cónyuge”, puesto que “las exigencias del Señor deben estar por encima de toda relación terrenal”[21] y esto demostraría “estar en armonía con la ley de Jehová”;[22] y (3) si el matrimonio tiene un buen fundamento y no se ve afectado por las situaciones mencionadas anteriormente, entonces dicho matrimonio debe continuar por lo que llamaríamos el buen camino, porque “el que anda en el camino de los mandamientos de Dios, anda en compañía de Cristo,”[23] y si están viviendo según la voluntad de Dios deben avanzar porque “la vida en la tierra es el comienzo de la vida en el cielo”.[24]

Hasta aquí hemos visto que el divorcio no es bíblico y en este momento no pretendemos reiterar lo expresado sino confirmarlo según lo expresara el apóstol Pablo en 1 Co. 7: 10-11; Heb. 13: 4.

Según los párrafos anteriores es evidente que la señora White trabajó sobre la prevención del divorcio, tal como lo expresara Collins:  “si bien es cierto que es posible rehacer un matrimonio destrozado por la mala conducta de uno de los cónyuges, mejor todavía es prevenir el divorcio”.[25] 

 

 


 

CAPÍTULO II

CONSEJOS PARA MATRIMONIOS CON PROBLEMAS

 

Nos proponemos establecer la postura de E. G. de White con respecto a matrimonios que atraviesan serios problemas y cuál es la solución o el consejo que ella les propone.

Creemos conveniente considerar que hay matrimonios que repentinamente llegan a su final debido a que sus integrantes no reconocen que tienen problemas o no quieren afrontar esos problemas, y posteriormente se arrepienten de las malas decisiones que tomaron habiéndose dejado influenciar por extraños que, aunque querían ayudar, no fueron los mejores consejeros porque no vivieron el o los problemas que este matrimonio está sobrellevando.  Otros simplemente se desilusionan porque “en las mentes juveniles el matrimonio está revestido de romanticismo y es difícil despojarlo de ese carácter que le presta la imaginación”.[26]

Ante estas situaciones se recurre al divorcio como solución, sin embargo es éste en sí mismo un problema grave para los matrimonios de todos los tiempos según Bernhard Häring, quien menciona también una serie de causas que promueven el aumento de divorcios en nuestros días, fuera de las contempladas en las leyes judiciales (adulterio, perturbaciones y enfermedades mentales, enfermedades contagiosas o repugnantes, interrupción de la convivencia conyugal durante tres años e irremediable destrucción de la sociedad conyugal).  Las mismas son enumeradas a continuación:

1.         La relajación de los vínculos religiosos y la acción sobre la opinión pública.

2.         La introducción del divorcio en la legislación.

3.         La pérdida de la función de la familia moderna.

4.         Una defectuosa preparación para el matrimonio.

5.         El trabajo fuera de casa en edad muy juvenil.

6.         Las numerosas posibilidades de distraerse superficialmente.

7.         El choque entre dos concepciones distintas del matrimonio.

8.         La falta de un período de noviazgo.

9.         El casamiento después de los treinta años, o antes de los dieciocho años.

10.        Una gran diferencia de edad.

11.        Los matrimonios sin hijos.

12.        Inoportuna ingerencia de parientes de uno de los cónyuges.

13.        Adicción al alcohol, en uno de los cónyuges.[27]

Prestando atención al listado presentado confirmamos que algunos de estos puntos pueden ser evitados siguiendo los consejos de la señora White que se presentaron en el capítulo anterior, y para otros nos disponemos a establecer cuales son sus consejos para arribar a una solución saludable.

 

Salvar el matrimonio sin divorciarse

Por sobre los motivos de divorcio que el hombre quiera establecer está la ley de Dios, y la señora White presenta casos o situaciones donde entiende que la relación matrimonial puede ser restablecida y no es necesario recurrir al divorcio para subsanar una relación conyugal dañada; para lo cual se supone que la pareja esté dispuesta a salvar dicha relación con la ayuda de Dios.

Los casos o situaciones que establece son los siguientes:

1.      Buscar a Dios en oración:  Presenta un caso donde les aconseja velar en oración para hallarle solución, pues considera que en esta situación se estaría obrando contra la voluntad de Dios si se recurre al divorcio.[28]

2.      Casamientos no acertados:  Nos menciona que el matrimonio fue desavenido por causa de Satanás, sin embargo les ruega a los esposos que hagan lo mejor que puedan para intentar ser felices.[29]

3.      Esposos que no congenian:  este tipo de casos son casi normal en nuestros días, sin embargo pueden ser resueltos siguiendo el consejo que esta autora diera a un matrimonio específico cerca de un siglo atrás, recomendándoles que modifiquen sus temperamentos y se preocupen el uno por el otro para fortalecer el afecto mutuo.[30]

En estos párrafos se hace especial énfasis en la relación y las atenciones mutuas.

 

El divorcio como solución

Al llegar a esta parte de nuestro trabajo debemos acordar que no todos los matrimonios que tienen problemas desean solucionarlos sin hacer uso de ese recurso llamado divorcio.  Así lo expresa Carlos Aeschlimann Hernández:

Siendo el matrimonio una promesa formal y solemne que une para toda la vida, la posibilidad del divorcio tiende a relajar los lazos que debieran estrecharse en vez de soltarse.  Muchos en lugar de buscar las soluciones más adecuadas a los problemas que surgen, prefieren el fácil recurso de la separación.  Siendo una vía de escape relativamente sencilla, los matrimonios con problemas no hacen sinceros esfuerzos por buscar la solución.  La mayoría de los consejeros matrimoniales opinan que una enorme porción de las desavenencias que terminan en divorcio podrían solucionarse si los esposos tuviesen una actitud verdaderamente conciliatoria.[31]

 

 

Así mismo se enumerarán los cuatro casos específicos ante los cuales la señora White establece como conveniente el divorcio.

1.      Según la enseñanza bíblica:  en este punto presenta el divorcio por causa de adulterio y explica que si no existiera el motivo, la persona que se divorcia comete adulterio.[32]  También presenta un testimonio en el cual llama la atención a una esposa que aún no tiene derecho a casarse, y sería libre para serlo sólo si su esposo fuera culpable de adulterio.[33]

2.      Divorcio antes que apostasía:  es éste un caso muy particular en el cual por defectos de caracteres uno de los cónyuges ha llegado a ser instrumento de Satanás para impedir que el otro cónyuge entregue a Dios los talentos y la influencia que le fueron dados, resaltando que el voto matrimonial es inquebrantable pero también se tiene votos para con el Señor y éstos están por encima y son indisolubles.[34]

3.      En caso de maltrato:  se nos presenta el testimonio y el consejo de no estar al lado de una persona con semejantes características hasta que reconozca su error y se corrija, o reconozca su enfermedad y reciba el tratamiento adecuado.[35]

4.      Por abandono:  en contraposición a la experiencia del profeta Oseas a quien su esposa abandonó en reiteradas oportunidades y Dios le mandó buscarla en cada oportunidad, aquí se nos presenta también a una esposa que hace abandono de su hogar en forma reiterada, pero en este caso la Sra. White le aconseja al esposo resignarse y no hacer su vida aún más miserable.[36]

De estos puntos se desprende el hecho de que la escritora E. G. de White al igual que Moisés en la antigüedad, toleró el divorcio en casos particulares donde es evidente que ya no se vislumbra solución alguna; y de seguro que aquellos que realmente desean salvaguardar el matrimonio aún después de una infidelidad conyugal o cualquier otra vicisitud matrimonial, si se humillan dejando de lado el orgullo y piden perdón a su cónyuge, y a su vez el cónyuge inocente ama de veras a su compañero infiel, debe acercarse a él y ofrecerle el perdón.[37]

Cabe señalarse de esta sección de nuestro trabajo que el divorcio no es un recurso que sirva para mejorar la situación de matrimonio alguno sino por el contrario es el mejor recurso para destruir los hogares y no hay situación límite que obligue a dar tal paso en falso ya que toda situación problemática puede tener una solución aceptable y favorable si se procura la ayuda de Dios.  A tal fin conviene aclarar que los casos mencionados por la Sra. White son casos particulares de los cuales no es conveniente hacer generalizaciones para llevar a otros al divorcio.


Conclusiones

 

En primer lugar podemos establecer que Elena G. de White no estuvo de acuerdo con el uso del divorcio como recurso para solucionar problemas matrimoniales, más bien encontramos en sus escritos que se dedicó a prevenir el divorcio desde la etapa más temprana que puede ser atacado.

Concluimos que su método para prevenir el divorcio desde el noviazgo es formar a los jóvenes durante esta etapa para lograr matrimonios estables y duraderos, capaces de alcanzar la felicidad y honrar a Dios con dicha relación.

Aquellos matrimonios que fueron conformados antes de tener este tipo de información y aún antes de conocer el plan divino para el matrimonio, también pueden lograr el éxito si se procura la felicidad y el bienestar del cónyuge, haciendo todo el esfuerzo posible por buscar a Dios y su dirección para prevenir futuras desavenencias.

En el caso de matrimonios que presentan situaciones problemáticas, quedó demostrado que si los cónyuges ponen su voluntad y hacen los esfuerzos posibles procurando la ayuda de Dios por sobre todas las cosas, se puede llegar a soluciones que harán resurgir estos matrimonios.

Pero en situaciones críticas donde aparentemente la única solución es el divorcio, la Sra. White nos dice que se debe tener en cuenta por sobre todas las cosas la salvación de cada una de las personas, poniendo por encima los valores espirituales a los valores pasajeros.  Pero con mayor énfasis destacó que siempre hay esperanza para salvar el matrimonio y la unidad familiar, procurando que el divorcio no llegue a ser real en estos matrimonios.

Por último cabe resaltar que no creemos conveniente tomar los casos particulares para sacar conceptos generales, porque no era esa la intención de la autora cuando dio algún consejo personal, aún cuando puedan existir casos similares.


 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

Aeschlimann, Carlos E.  “Perturbaciones en la vida del hogar”.  Vida Feliz,  mayo 1967,  7-9.

 

Aeschlimann Hernández, Carlos.  Salvemos el Hogar.  S.l.:  s.e.,  s.f.

 

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Bergler, Edmund.  Infortunio matrimonial y divorcio,  12.  Citado en Sergio V. Collins,  Problemas de la vida familiar y su solución.  Mountain View, California:  Publicaciones Interamericanas,  1967.

 

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Chaij, Enrique.  Sobre el sexo y el amor.  Buenos Aires:  ACES,  1994.

 

Collins, Sergio V.  “Aprenda a controlar sus disputas conyugales”.  Vida Feliz,  marzo 1967,  6-8.

 

________.  Bases para un hogar feliz.  Mountain View, California:  Publicaciones Interamericanas,  1971.

 

________.  “El divorcio: ¿será un  mal de nuestro siglo?”  Vida Feliz,  diciembre 1970,  5-6.

 

________.  Problemas de la vida familiar y su solución.  Mountain View, California:  Publicaciones Interamericanas,  1967.

 

Häring, Bernhard.  El matrimonio en nuestro tiempo.  Edición revisada.  Barcelona:  Editorial Herder,  1968.

 

Nichol, Francis D., ed.  Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día.  Trad. Víctor E. Ampuero Matta.  7 vols.  Buenos Aires:  ACES,  1995.

 

Orrego, Aldo D., ed.,  Diccionario Bíblico Adventista del Séptimo Día.  Buenos Aires:  ACES,  1995.

 

White, Elena G. de.  Cartas a jóvenes enamorados.  Buenos Aires:  ACES,  1989.

 

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________.  Mensaje para los jóvenes.  Buenos Aires:  ACES,  1984.

 

________.  Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio.  Buenos Aires:  ACES,  1993.

 



[1] Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día,  Manual de la Iglesia  (Buenos Aires:  Asociación Casa Editora Sudamericana [ACES],  1992),  45-46.

 

[2] Íbid.,  42.

[3] Diccionario Bíblico Adventista del Séptimo Día (DBASD),  ed. 1995,  ver “Divorcio”.

[4] “Pervertir la tierra”  (Dt. 24: 4),  CBASD,  1: 1050.

 

[5] Íbid.

 

[6] Íbid.

 

[7] DBASD,  ver “Divorcio”.

 

[8] “Pervertir la tierra”,  CBASD,  1: 1051.

 

[9] “Los que profesan ser cristianos no debieran contraer matrimonio hasta haber considerado el asunto cuidadosamente y con oración, desde un elevado punto de vista, para ver si Dios puede ser glorificado por tal unión”.  Elena G. de White,  Mensajes para los jóvenes  (Buenos Aires:  ACES,  1984),  459.

 

[10] “Si los hombres y las mujeres tienen el hábito de orar dos veces al día antes de pensar en el matrimonio, deberían orar cuatro veces diarias cuando tienen en vista semejante paso”.  Íbid.,  456.

 

[11] “Si hay asunto que debiera considerarse con razonamiento sereno y criterio desapasionado, es el asunto del matrimonio.  Si alguna vez se hace necesaria la Biblia como consejera, es antes de dar un paso que ata a dos personas para toda la vida”.  “Jóvenes amigos, pedid consejo a Dios y a vuestros padres temerosos de Dios.  Orad por el asunto”.  Íbid.,  444-445, 446.

 

[12] “Examinad cuidadosamente las cosas para ver si vuestra vida matrimonial será feliz, o desavenida y desgraciada.  Preguntaos: ¿Me ayudará esta unión a ir al cielo? ¿hará aumentar mi amor a Dios? ¿agrandará mi esfera de utilidad en esta vida?  Si estas reflexiones no presentan inconvenientes, avanzad en el temor de Dios”.  Íbid.,  446-447.

“Si los que piensan contraer matrimonio no quieren hacer después reflexiones tristes y desdichadas, deben dedicar ahora a su casamiento muy serias meditaciones.  Si se lo da imprudentemente, este paso es uno de los medios más eficaces para destruir la utilidad de hombres y mujeres jóvenes”.  E. G. de White,  El hogar cristiano  (Buenos Aires:  ACES,  1988),  34.

 

[13] “Pese Ud. todo sentimiento y observe todo desarrollo del carácter en la persona con la cual piensa vincular el destino de su vida.  El paso que está por dar es uno de los más importantes de su existencia, y no debe darlo apresuradamente.  Si bien puede amar, no lo haga a ciegas”.  Íbid.,  36.

 

[14] “Antes de asumir las responsabilidades del matrimonio, los jóvenes y las jóvenes deben tener una experiencia práctica que los haga aptos para cumplir los deberes de la vida y llevar las cargas de ella.  No se han de favorecer los matrimonios tempranos.  Un compromiso tan importante como el matrimonio y de resultados tan trascendentales no debe contraerse con precipitación, sin la suficiente preparación y antes de que las facultades intelectuales y físicas estén bien desarrolladas”.  E. G. de White,  El ministerio de curación  (Buenos Aires:  ACES,  1975),  276.

 

[15] “Aunque los cónyuges carezcan de riquezas materiales, deben poseer el tesoro mucho más precioso de la salud.  Y por lo general no debería haber gran disparidad de edad entre ellos.  El desprecio de esta regla puede acarrear una grave alteración de salud para el más joven.  También es frecuente en tales casos que los hijos sufran perjuicio en su vigor físico e intelectual.  No pueden encontrar en un padre o en una madre ya de edad el cuidado y la compañía que sus tiernos años requieren, y la muerte puede arrebatarles a uno de los padres cuando más necesiten su amor y dirección”.  Íbid.

 

[16] “La juventud Cristiana debiera ejercitar gran preocupación al formar amistades y escoger compañías.  Tened cuidado, no sea que lo que ahora veis como oro puro se convierta en metal sin valor.  Las asociaciones mundanas tienden a colocar obstrucciones en vuestro camino de servicio a Dios, y muchas almas son arruinadas por uniones infelices, tanto comerciales como matrimoniales, con aquellos que nunca pueden elevar o ennoblecer.  Nunca debe el pueblo de Dios aventurarse en terreno prohibido.  El casamiento entre creyentes e incrédulos ha sido prohibido por Dios”.  Fundamentals of Christian Education,  500,  citado en Centro White,  Declaraciones de Elena G. de White sobre diversos temas  (Montemorelos, México:  Centro White,  1983),  12:1.

 

[17] “Pero si se ha contraído un compromiso sin una comprensión plena del carácter de la persona con quien pensáis uniros, no creáis que el compromiso hace positivamente necesario que carguéis con el voto matrimonial y os liguéis para toda la vida con alguien a quien no podéis amar ni respetar.  Tened mucho cuidado al hacer un compromiso condicional; pero será mejor, mucho mejor, romper ese compromiso antes del matrimonio, que separarse después, como hacen muchos”.  E. G. de White,  Mensajes para los jóvenes  (Buenos Aires:  ACES,  1984),  447.

[18] Elena G. de White,  Cartas a jóvenes enamorados  (Buenos Aires:  ACES,  1989),  18-27.

 

[19] Elena G. de White,  El hogar cristiano  (Buenos Aires:  ACES,  1988),  82, 309.

 

[20] Elena G. de White,  Joyas de los testimonios,  3 vols.  (Buenos Aires:  ACES,  1999),  1: 577.

[21] Elena G. de White,  Historia de los patriarcas y profetas  (Buenos Aires:  ACES,  1985),  172.

 

[22] Elena G. de White,  El hogar cristiano  (Buenos Aires:  ACES,  1988),  313.

 

[23] Elena G. de White,  El deseado de todas las gentes  (Buenos Aires:  ACES,  1984),  298.

 

[24] Elena G. de White,  El hogar cristiano  (Buenos Aires:  ACES,  1988),  484.

 

[25] Sergio V. Collins,  Problemas de la vida familiar y su solución  (Mountain View, California:  Publicaciones Interamericanas,  1967),  103.

[26] Centro White,  Declaraciones de Elena G. de White sobre diversos temas  (Montemorelos, México:  Centro White,  1983),  12:1.

[27] Bernhard Häring,  El matrimonio en nuestro tiempo,  ed. revisada  (Barcelona:  Editorial Herder,  1968),  328, 345-350.

[28] Elena G. de White,  El hogar cristiano  (Buenos Aires:  ACES,  1988),  310-311.

 

[29] Íbid.,  319.

 

[30] Íbid.,  313-314.

[31] Carlos Aeschlimann Hernández,  Salvemos el hogar  (s.l.:  s.e.,  s.f.),  174-175.

 

[32] Elena G. de White,  El hogar cristiano  (Buenos Aires:  ACES,  1988),  309.

 

[33] Elena G. de White,  Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio  (Buenos Aires:  ACES,  1993),  88.

[34] Íbid.,  86-87.

 

[35] Elena G. de White,  El hogar cristiano  (Buenos Aires:  ACES,  1988),  312.

 

[36] Íbid.,  312-313.

 

[37] Sergio V. Collins,  Problemas de la vida familiar y su solución  (Mountain View, California:  Publicaciones Interamericanas,  1964),  58.