EL SIGNIFICADO PROTOLÓGICO Y ESCATOLÓGICO

DE LA ADORACIÓN

 

 

Se espera con renovado énfasis que el culto, como expresión corporativa de adoración, sea una experiencia presente con un significado relevante y actual para los creyentes contemporáneos.  Pero ese acento en el presente puede desestimar la existencia de otras dos dimensiones temporales inherentes a la adoración.  Porque la adoración es siempre una rememoración histórica del pasado salvífico, y una anticipación del futuro prometido en la profecía.  Por lo cual la adoración es tanto protológica como escatológica, tanto histórica como profética.[1]

La ponencia reflexiona sobre estos aspectos temporales de la experiencia cúltica en busca de un mayor significado.

 

Significado Histórico y Profético de la Adoración Hebrea

          Hay ejemplos veterotestamentarios de expresiones de adoración vinculadas a intervenciones divinas en el pasado.[2]  El sábado y las festividades hebreas constituían una recordación de las obras divinas de creación y redención en la historia pasada, y a la vez una anticipación de las obras futuras de Dios.[3]  A diferencia del culto cananeo ligado a la naturaleza, el culto en Israel estaba ligado a la historia, a la historia de salvación.[4]  Israel había de responder a Dios en adoración al asumir la acción divina en revelación y redención.[5]  De ese modo “la religión hebrea siempre contemplaba el pasado”.[6]

Por medio de los ritos los israelita evocaban el accionar salvífico de Dios y manifestaban su confianza esperanzada en el futuro.[7]  Estas manifestaciones históricas y esta conducción de Dios determinan una concepción lineal y no circular del tiempo, que se inicia en la creación y se extiende hacia la salvación escatológica.[8]  La base de la fe hebrea no es mítica sino histórica, lo mismo que su culto.[9]

Dentro de esos eventos históricos, el éxodo adquiere importancia fundamental para la adoración de Israel.[10]  Ha sido reconocido como el centro de la adoración veterotestamentaria.[11]  El éxodo fue una liberación de la esclavitud y una habilitación para el servicio y la adoración de Dios.[12]  La victoria de Dios sobre los enemigos de Israel es similar a la victoria lograda sobre el pecado y la muerte por medio de la cruz de Cristo.[13]  El éxodo fue el acto fundacional de Israel como pueblo de Dios y comunidad cúltica.[14]  El cántico de Moisés (Ex 15:1-19) expresa la alabanza, la gratitud y la adoración del pueblo liberado.[15]

La fiesta anual de la pascua habría de conmemorar la gran liberación de Dios en favor de Israel.[16]  “La pascua había de ser tanto conmemorativa como simbólica.  No sólo recordaría la liberación de Israel, sino que también señalaría la liberación más grande que Cristo habría de realizar para libertar a su pueblo de la servidumbre del pecado”.[17]  En realidad “todo el culto de Israel de antaño era una promesa, en figuras y símbolos, de Cristo”.[18]

Los eventos del éxodo y del Sinaí son un paradigma para todas las manifestaciones cúlticas porque contienen sus elementos estructurales básicos:  (1) una convocatoria divina, (2) una respuesta participativa del pueblo, (3) la proclamación de la Palabra de Dios, (4) un compromiso de obediencia.[19]

          Los documentos veterotestamentarios prevén también una proyección de la adoración hacia tiempos escatológicos.[20]  En el propio culto de Israel “se expresaba la esperanza del pueblo”.[21]  Los servicios del tabernáculo y el templo eran enseñanzas objetivas de la salvación, y una vez al año llevaban los pensamientos del pueblo “hacia los acontecimientos finales de la gran controversia entre Cristo y Satanás, y hacia la purificación final del universo, que lo limpiará del pecado y de los pecadores”.[22]

Los sacrificios de animales constituían una parte importante de los actos cúlticos en el antiguo pacto, y anticipaban la redención futura en Jesucristo.[23]  Debe hablarse entonces de una respuesta cúltica de alcance temporal.  El culto es siempre recordación (anámnesis) y anticipación.[24]  Era una afirmación de la memoria y de la esperanza del pueblo.[25]

 

Significado Histórico y Profético de la Adoración Cristiana

En el culto cristiano se repite la estructura de la adoración como recordación del pasado y anticipación del futuro.  El culto de la iglesia conmemora la obra divina en el pasado, y da lugar a la esperanza de la gloria futura.[26]

          En este sentido participa de la tensión soteriológica entre las eras presente y porvenir.  La adoración vive entre los tiempos del “ya” y el de “todavía no”.[27]  El culto eclesial celebra anticipadamente el futuro prometido.[28]  En la enseñanza de Jesús existe una “irrupción del reino de Dios”.  Es decir, el reino de Dios es una realidad histórica en Cristo y a su vez una realidad escatológica (Lc 11:20; 10:18).[29]  El culto es en este sentido un argumento en favor de la llegada del reino de Dios.[30]

Estas medidas temporales de la adoración se plantean prominentemente porque están basadas en la obra pasada, presente y futura de Cristo.[31]  La vinculación del culto cristiano con la historia de la salvación se reconoce ampliamente.[32]  Jean Jacques von Allmen dice que el culto es “recapitulación de la historia de la salvación”, y oposición al olvido del pasado y a la pérdida de la esperanza de lo prometido.[33]  Elena G. de White afirma que la ejecución del “plan de salvación” despierta admiración y la adoración.[34]  La grandeza de esa salvación hace posible una expresión de adoración placentera y alegre.[35]

 

Una mirada al pasado: la Cruz

          El fundamento teológico de la adoración neotestamentaria es el sacrificio de Jesús (Hch 2:22-36; 1 Co 1:18-31), porque reconcilió al hombre con Dios.[36]  Debe sostenerse entonces la centralidad del sacrificio redentor de Jesucristo en la adoración cristiana.[37]  La muerte de Cristo es también el incentivo más importante para la adoración.[38]

La centralidad de la muerte sustitutiva de Cristo es simbolizada por la Cena del Señor.[39]  Es una invitación a la memoria de la salvación pasada, así como una proclamación de su intervención futura.[40]  Conmemora e ilustra la salvación obtenida por medio del sacrificio de Cristo.[41]  La última cena fue “un punto de transición entre dos sistemas y sus dos grandes fiestas representativas”.[42]  Tenía el propósito de “conmemorar la gran liberación obrada como resultado de la muerte de Cristo”.[43]  Posee además una dimensión escatológica.  “El rito de la comunión señala la segunda venida de Cristo.  Estaba destinado a mantener esta esperanza viva en la mente de los discípulos”.[44]  La cena del Señor en su aspecto temporal “es tanto una conmemoración como una anticipación...”.[45]  La santa cena aparece en los documentos neotestamentarios en asociación con la naturaleza escatológica de la adoración cristiana (Mt 26:26-29; Mr 14:22-25; Lc 22:14-18; 1 Co 11:26).[46]

 

Una mirada al presente y al futuro: el santuario y la parusía

          El Nuevo Testamento relaciona también la verdadera adoración con la intercesión de Cristo en el santuario celestial (Heb 4:14-16; 7:25; 8:1, 2).[47]  Cristo es objeto de la adoración pero a su vez sujeto del culto cristiano por su identificación como sumo sacerdote y mediador que dignifica la adoración de la iglesia.[48]  Por eso es imposible una comprensión de la adoración neotestamentaria sin la presuposición del sacerdocio de Cristo.[49]  La mediación celestial de Cristo habilita y motiva a los hombre para la adoración.[50]

          La adoración también apunta a la etapa final de la obra redentora de Cristo.  “La adoración de la iglesia del Nuevo Testamento toma lugar en anticipación al retorno del Señor.  La iglesia primitiva creyó en su pronto retorno, y esta expectativa se reflejó en su adoración”.[51]

          La parusía ofrece la consumación del plan de salvación y el adecuado punto final a la historia de la salvación.  El culto cristiano debe tener en cuenta esta expectativa y la actividad litúrgica debería reflejarla.[52]  La adoración cristiana incluye una dimensión futura y fortalece la esperanza de la iglesia.[53]

El Nuevo Testamento parece mostrar tanto una anticipación eterna de la experiencia de adoración como una reinterpretación escatológica del culto cristiano.[54]  Allí los tiempos escatológicos comienzan con la primera venida de Cristo.  Dios inaugura en Jesucristo la era escatológica y la completa en el regreso de Cristo.[55]  Puede hablarse de la adoración cristiana como anticipación de las realidades escatológicas anunciadas en la Escritura.[56]

Se interpreta la adoración cristiana como una “escatologización” del culto veterotestamentario y la plenitud del culto antiguo.[57]  Parece evidente que “la escatología es el modo dominante de la adoración del Nuevo Testamento y la llave que abre su significado normativo”.[58]  En verdad la misma iglesia cristiana se concibe como un fenómeno escatológico, y la adoración de la iglesia del tiempo del fin es también un fenómeno escatológico.  La iglesia adora en el intervalo entre la ascensión y el retorno de Cristo.[59]  Así la adoración cristiana puede celebrar el reino de gracia y al mismo tiempo anticipar el reino de gloria.  La iglesia no debiera olvidar que “la adoración cristiana es escatológica”.[60]

          Además de la presente, la experiencia de adoración tendrá entonces una dimensión eterna.[61]  Esa tensión entre lo presente y lo eterno debe llevar a considerar la adoración como anticipo y testimonio de la realidad escatológica.

Parece claro que el verdadero culto debe valorar el accionar salvador de Dios en las tres dimensiones temporales –pasado, presente y futuro, e incluirlas.[62]  Deberá ser profundamente cristocéntrico debido a la centralidad de la obra de Cristo como instrumento del plan de la salvación.

 
Implicaciones Actuales

La conciencia del significado protológico y escatológico de la adoración enriquece la acción cultual del presente.  Pensadores católicos están viendo en la experiencia cúltica una conmemoración de las obras salvadoras de Dios en lo pasado, y una expresión de esperanza en la futura intervención de Dios en favor de su pueblo.[63]  El protestantismo, en común con otras concepciones cristianas, ha visto la adoración ubicada en medio de la tensión entre el “ya” y el “todavía no”.[64]  Entiende que el culto la iglesia del presente proyecta su mirada hacia el futuro reino de Dios y lo disfruta anticipadamente.[65]  Aunque la segunda venida de Cristo ha sido un énfasis histórico del pentecostalismo-carismatismo,[66] su acento cúltico parece orientarse a una experiencia presente con Dios, antes que a una recordación del pasado y una anticipación del futuro.[67]

          El adventismo, por su propio concepto de iglesia, se ve a sí mismo como una comunidad misionera y como evento escatológico.  Su teología puede ser definida como escatológica-cristocéntrica, por su concentración en la primera y la segunda venida de Cristo.[68]  Ese acento escatológico constituye una fuerza impulsora en la adoración adventista.[69]

          Una adoración cristocéntrica debe tener en cuenta el pasado y el futuro junto con el presente en consideración de la obra salvadora de Cristo realizada en el tiempo (Heb 13:8).  La vida, muerte, resurrección, y retorno de Jesucristo son el centro de la adoración cristiana.[70]  En la Escritura se explica la adoración como recordación y celebración de las intervenciones pasadas de Dios en favor de su pueblo, una apropiación presente de los beneficios manifestados en el pasado, y una anticipación esperanzada de actos divinos para el futuro.[71]  En la adoración existe recordación de los actos históricos de Dios, así como sus promesas para el futuro.[72]  En el culto de los creyentes coinciden y se realizan estas tres extensiones temporales.  Es correcto afirmar que “el culto recuerda primero de todo los eventos del pasado de los cuales era celebración y renovación.  Al mismo tiempo le da realidad presente y así reaviva la fe del pueblo en Dios...  Finalmente estimula la esperanza del pueblo y su expectativa del día cuando Dios inaugure su reino...”.[73]  La respuesta del pueblo a los hechos salvadores de Dios se da en “recordación, anticipación, celebración, y servicio”.[74]

El culto establece un vínculo con el pasado, da sentido al presente e inspira esperanza ante el futuro.[75]  Mike Hamel propone las tres “R” del culto: recuerdo, revalidación y respuesta como fundamento de toda adoración escritural.[76]  Holmes habla de una misión litúrgica de la iglesia que consiste en proclamar el ministerio celestial de Cristo y su retorno prometido por medio de las palabras y actos del culto.[77]  La liturgia consiste en “las acciones de una congregación respondiendo en adoración al ministerio total de Cristo...”.[78]  En su propuesta de elementos esenciales para la adoración adventista, (a) dar atención al sábado recuerda la dimensión pasada de la existencia humana y su origen, (b) dar atención al santuario celestial y al ministerio de Cristo allí recuerda la dimensión presente de la vida, y (c) dar atención al segundo advenimiento de Cristo provee la dimensión futura de la existencia humana.[79]  En verdad “el culto es una recapitulación de la historia de la salvación en el sentido cronológico: en él se encuentran y se conjugan el pasado, el presente y el futuro mesiánicos”.[80]

En la medida en que el culto no olvide su significado protológico y escatológico tampoco perderá su relevancia para la iglesia de hoy.

 

 

Dr. Daniel Oscar Plenc

Doctor en Teología, Universidad Adventista del Plata, Argentina

Profesor de la Facultad de Teología

Director del Centro de Investigación White

 

 

 

 

 

 

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[1] Expresión tomada de D. Nam, “The ‘Throne of God’ Motif in the Hebrew Bible” (Ph.D. dissertation, Andrews University, Berrien Springs, Michigan, 1989), 398.

 

[2] Moisés canta a Jehová por la liberación del éxodo (Ex 15:1), y pone a Dios como objeto de alabanza por las grandes cosas hechas con Israel (Dt 10:21-22).  El pueblo sirvió a Jehová mientras vivieron aquellos que “sabían todo lo que Jehová había hecho por Israel” (Jos 24:31; Jue 2:7).  Samuel afirma que el temor de Jehová se justifica en las grandes cosas que ha hecho por Israel (1 S 12:24); y Salomón bendice a Jehová por el cumplimiento de sus promesas en lo pasado (1 R 8:56).  El salmista ofrece un himno de alabanza por “las cosas admirables que ha hecho por los hijos de los hombres” (Sal 66:1-6), e Isaías alaba el nombre de Dios por las maravillas hechas (Is 25:1).  J. B. Taylor, “El Antiguo Testamento como trasfondo”, Diccionario de la teología práctica: Culto, ed. Ralph G. Turnbull, trad. Norberto Wolf (Grand Rapids: T. E. L. L., 1977), 23.

 

[3] Robert E. Webber, Worship, Old & New: a Biblical, Historical, and Practical Introduction (Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1994), 26; Michael Schmaus, “Culto”, Sacramentum Mundi: Enciclopedia teológica, ed. Karl Rahner (Barcelona: Editorial Herder, 1972), 2:93-94; G. Barbaglio y S. Dianich, Nuevo diccionario de teología, trad. M. Olasagasti, A. Ortiz y A. Neira (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1982), 1:287; Pablo Argárate, La iglesia celebra a Jesucristo: introducción a la celebración litúrgica (Buenos Aires: San Pablo, 1994), 95.

 

[4] Barbaglio y Dianich, 1:291.

 

[5] David Peterson, Engaging with God: A Biblical Theology of Worship (Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdmans Publishing Company, 1993), 73.

 

[6] J. B. Taylor, “El Antiguo Testamento como trasfondo”, Diccionario de la teología práctica: Culto, 23.

 

[7] Barbaglio y Dianich, 1:290-291.

 

[8] Argárate, 12; P. Bläser, “Historia de la salvación”, Conceptos fundamentales de la teología, trad. Alfonso de la Fuente Adanez, ed. Heinrich Fries (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1966), 2:217.

 

[9] Bläser, 2:214.

[10] Bläser, 2:214; J. D. Crichton, “Biblical Worship as Response to Saving Events”, The Biblical Foundations of Christian Worship, ed., Robert E. Webber (Peabody, Massachusetts: Hendrickson Publishers, 1993), 81; J. B. Taylor, “El Antiguo Testamento como trasfondo”, Diccionario de la teología práctica: Culto, 23.

 

[11] Webber, Worship, Old & New, 20-21; Webber, Worship is a Verb: Eight Principles for a Highly Participatory Worship (Nashville: Abbott Martyn, 1993), 28. La importancia del éxodo se ve en la repetición reiterada del relato en los Salmos (por ejemplo en 78:12-13; 136:10-15).

 

[12] Peterson, 27; Webber, Worship is a Verb, 28; Norval F. Pease, “La adoración: una doctrina bíblica”, Lecciones para la Escuela Sabática  (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1976), 12.  Moisés insistió en reclamar la salida del pueblo para que pudiese servir a Dios (Ex 7:16; 8:1; 9:1, 13; 10:3).  El éxodo descalificaría a las divinidades egipcias y exaltaría al Dios de Israel “para que su pueblo se apartara de la idolatría y le tributara verdadera adoración” (Elena G. de White, Patriarcas y profetas [Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1971], 267).

 

[13] Donald P. Hustad, ¡Regocijaos!: la música cristiana en la adoración, trad. Olivia de Lerín, Bonnie de Martínez, J. Bruce Muskrat, Josie de Smith y Ann Marie Swenson (El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 1998), 147.

 

[14] Jean Jacques von Allmen, El culto cristiano, su esencia y su celebración, trad. Antonio Chaparro y Luis Bittini (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1968), 44; Webber, Worship is a Verb, 29; John F. MacArthur, True Worship (Chicago: Moody Press, 1982), 30.

 

[15] Pease, “La adoración: una doctrina bíblica”, 13; John M. Fowler, “O Come, Let us Worship!”, Ministry, october 1991, 6.  Esta es la primera referencia bíblica a una adoración musical.  El Apocalipsis retoma la figura de este cántico de liberación y lo aplica al conflicto escatológico (14:3; 15:3-4).  Este cántico nuevo es una reminiscencia del “cantado por los israelitas regocijados por la liberación de Egipto (Ex 15:1-18; Sal 33:3; 40:3; 96:1; 98:1; 99:9; Is 42:10)” (Holmes, “Worship in the Book of Revelation”, Journal of the Adventist Theological Society 8, Nº 1-2 [spring-autumm 1997]: 8).

 

[16] White, Patriarcas y profetas, 280; Webber, Worship is a Verb, 28.  Los salmos Hallel (113-118) eran cantados en ocasión de la Pascua y recordaban los actos salvadores de Dios en favor de Israel (Hustad, ¡Regocijaos!, 153).

 

[17] White, Patriarcas y profetas, 281.

 

[18] White, Testimonios para los ministros (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1977), 123).

 

[19] Webber, Worship, Old & New, 20-21; Argárate, 73.

 

[20] En el reinado postrero anticipado en la profecía de Isaías para Israel, únicamente Jehová sería exaltado (2:11, 17, 20).  Ante él se doblaría toda rodilla (45:23).  En la futura Sión habría “alegría y gozo, alabanza y voces de canto” (51:3).  En esos cielos nuevos y tierra nueva todos acudirían a adorar regularmente a Jehová (66:22-23).  En el tiempo del reino escatológico mostrado a Daniel todos servirán y obedecerán al Altísimo (7:14, 27).  Los salmos, de gran importancia devocional, introducen un tema escatológico en el culto.  En ellos “Jehová no es solamente el Dios libertador del pasado, sino que controla también el futuro” (George Reid, “Vers une théologie adventiste du culte d’adoration”, en L’église de Jésus-Christ: sa mission et son ministère dans le monde, ed. Comité de recherche biblique, Conférences bibliques de la División eurafricaine [Dammarie-lès-Lys, France: Editions Vie et Santé, 1993], 2:211).

 

[21] Barbaglio y Dianich, 1: 288, 290; Xavier León-Dufour, ed., Dictionary of Biblical Theology, 2ª ed., trad. Joseph Cahill y E. M. Steward (London: Geoffrey Chapman, 1988), 681.

 

[22] White, Patriarcas y profetas, 372.

 

[23] El sacrificio era central al culto veterotestamentario y hacía posible la comunión con Dios (Schmaus, “Culto”, 2:93-94; Alfred Küen, El culto en la Biblia y en la historia, vol. 5, trad. Eva Bárcena [Terrassa, Barcelona: Clie, 1995], 117; Hustad, ¡Regocijaos!, 132).  Las ceremonias sacrificiales anticipaban la obra de Cristo y su sacrificio definitivo (White, Profetas y reyes [Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1957], 504; White, Testimonios selectos [Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1927], 2:49; Webber, Worship, Old & New, 21).

 

[24] Webber, Worship, Old & New, 27, 28, 67; Leo G. Perdue, “Worship in the Old Testament”, Mercer Dictionary of the Bible, ed. Watson E. Mills (Macon, Georgia: Mercer University Press, 1990), 973.

 

[25] Argárate, 13.

[26] León-Dufour, 682.

 

[27] Bläser, 2:218; Barbaglio y Dianich, 1:297-298; Ralph P. Martin, La teología de la adoración, trad. Jorge Arbeláez Firaldo (Florida: Editorial Vida, 1993), 247.  “Esta tensión entre la escatología inaugurada y la escatología apocalíptica, entre el reino de gracia y el reino de gloria, entre el ‘ya’ y el ‘aún no’, es característica del mensaje del evangelio del Nuevo Testamento en su totalidad” (Hans K. LaRondelle, Las profecías del fin: enfoque contextual-bíblico, trad. David P. Gullón [Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1999], 26).

 

[28] Allmen, 71.

 

[29] Bläser, 2:217.

 

[30] Allmen, 120.

 

[31] Peterson, 228; Dean S. Gilliland, Pauline Theology & Mission Practice (Lagos, Nigeria: Tryfamm Printers, 1983), 222; J. D. Crichton, “Biblical Worship as Response to Saving Events”, The Biblical Foundations of Christian Worship, 82; Argárate, 11; Lavonn D. Brown, La vida de la iglesia, trad. Arnoldo Canclini (Buenos Aires: Casa Bautista de Publicaciones, 1989), 73.

 

[32] James F. White, Introduction to Christian Worship (Nashville, Tennessee: Abingdon Press, 1980), 17; Martin, 244; MacArthur, 41; Franklin M. Segler, Christian Worship: Its Theology and Practice (Nashville, Tennessee: Broadman Press, 1967), 57; C. Raymond Holmes, Sing a New Song!: Worship Renewal for Adventists Today (Berrien Springs, Michigan: Andrews University, 1984), 140-141.

 

[33] Allmen, 21-40, 48.

 

[34] White, El conflicto de los siglos (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1977), 467-468.

 

[35] White, El camino a Cristo (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1985), 104.

 

[36] Webber, Worship, Old & New, 25; Peterson, 237; León-Dufour, 683; Allmen, 25; José M. Martínez, Introducción a la espiritualidad cristiana (Terrassa, Barcelona: Clie, 1997), 94.  La humillación y exaltación de Cristo motiva la veneración universal a Jesucristo y la gloria del Padre (Fil 2:10-11).  En Hebreos se habla del perdón provisto por la sangre de Cristo como habilitación necesaria para acercarse a Dios en adoración (10:19-22) (Peterson, 166-167, 242).  La escena de Ap 5 plantea la adoración universal en virtud del sacrificio salvador de Jesucristo.

 

[37] White, Hijos e hijas de Dios (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1978), 223; El camino a Cristo, 104; Argárate, 16-17; J. David Newman, “La cruz, el centro de la adoración”, Ministerio adventista, julio-agosto 1992, 4; Holmes, Sing a New Song!, 23; Fowler, “O Come, Let us Worship!”, 7; Fowler, “Worship’s True Motive”, Ministry, november 1993, 5.

 

[38] White, Primeros escritos (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1962), 126-127; White, Mensajes para los jóvenes (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1967), 252; White, El conflicto de los siglos, 709; White, El deseado de todas las gentes (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1971, 616; White, El ministerio de curación (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1975), 402; White, Exaltad a Jesús (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1988), 246; White, La educación (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1964), 186-187; White, En los lugares celestiales (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1967), 16.

 

[39] Webber, Worship, Old & New, 21.

 

[40] Argárate, 21; Martínez, 180, 205; Holmes, Sing a New Song!, 81.

 

[41] Suele verse la santa cena como el punto culminante del culto cristiano (Allmen, 114; Pease, “La adoración: una doctrina bíblica”, 82-95).

 

[42] White, El deseado de todas las gentes, 608.

 

[43] Ibíd.

 

[44] Ibíd., 614.

 

[45] “Nosotros adoramos a Dios”, Lecciones para la Escuela Sabática (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1972), 97.<