APROXIMACIÓN AL
SIGNIFICADO TEOLÓGICO Y LITÚRGICO
DE LOS HIMNOS DEL
APOCALIPSIS
Daniel Oscar Plenc
El Apocalipsis es un lugar excelente para el estudio de la adoración. Entre su simbolismo característico descuellan las figuras del “trono” (33 referencias)[1] y del “Cordero” (28 veces).[2] Se trata, por tanto, de un documento centrado en la realidad objetiva de la soberanía de Dios y de la obra redentora de Cristo. Es también un testimonio de la respuesta subjetiva de adoración de las criaturas angélicas y humanas. Si la adoración se basa en la admiración, como lo sugiere Thomas Carlyle,[3] el Apocalipsis como ningún otro libro de la Biblia presenta a Dios y a Jesucristo como objetos supremos de admiración y adoración universales.
La reiteración del vocablo “adoración”
en Apocalipsis indica la centralidad de este tema en el mensaje del autor.[4] La palabra griega más frecuente para
adoración (proskuneô) se repite 60
veces en el NT y 24 veces en Apocalipsis (3:9; 4:10; 5:14; 7:11; 9:20; 11:1,
16; 13:4, 8, 12, 15; 14:7, 9, 11; 15:4; 16:2; 19:4, 10, 20; 20:4; 22:8, 9),[5]
a menudo “en el contexto de descripciones de la liturgia del cielo”.[6] Podría decirse que el Apocalipsis “es el
supremo libro de adoración del Nuevo Testamento”.[7] Mazie Nakhro ha captado bien la doble
dimensión del tema en el libro en cuestión.
“El estudio de la adoración en el libro de Apocalipsis revela el
verdadero significado de la adoración y cómo los creyentes de hoy deben adorar
a Dios”.[8]
Una de las aproximaciones más fecundas al tema de la adoración en el Apocalipsis es a través de sus himnos o cánticos. Los investigadores difieren en cuanto al número exacto de dichos cánticos,[9] pero han mostrado gran interés en su contenido teológico y en su significado litúrgico.[10] Probablemente los textos más importantes para el estudio de estos himnos sean los de Apocalipsis 4:8, 11; 5:9, 12, 13; 7:10, 12; 11:15, 17-18; 12:10-12; 15:3-4; 19:1-2, 6-8. Estas composiciones hímnicas suelen hallarse en las escenas celestiales que introducen las grandes visiones del libro.[11] Los cantos del Apocalipsis difieren en su extensión, pero se asemejan en su belleza poética, su solemnidad y la riqueza de su contenido. El excelente estudio de Eduardo Arens muestra que “el Apocalipsis es la obra del NT que más himnos incluye: más de una docena”.[12]
Aunque no es posible probar que los elementos
del culto cristiano primitivo están incorporados en los documentos del Nuevo
Testamento, el mundo erudito ha discutido la posibilidad de una relación entre
dicho culto y las alabanzas apocalípticas.[13] El presente trabajo no evaluará la
cuestión del origen de los cánticos, sino el significado teológico y litúrgico
de la adoración celestial. Se observará
brevemente el fundamento y la dinámica de esa liturgia como desafío presente para
la adoración eclesial.
Existe una gran riqueza teológica en los cánticos del Apocalipsis que puede dar mayor significado a la adoración de la iglesia. David Peterson cree que las escenas apocalípticas de adoración celestial expresan verdades teológicas fundamentales.[14]
Es evidente la existencia de una amplia cobertura temporal y temática en los cánticos, que invita a pensar en el significado protológico, histórico y escatológico de la adoración.[15] La presencia soberana de un Dios Creador y Sustentador (Ap 4:10-11), Redentor (Ap 5:8-9) y Restaurador (Ap 11:16-18; 19:4) pareciera constituir el eje temático de los contenidos hímnicos del Apocalipsis y consecuentemente el fundamento teológico de la auténtica adoración.[16]
El acento de las alabanzas apocalípticas recae en apariencia sobre la idea de la dignidad de Dios como el Creador, el Sustentador, el Redentor y el Restaurador de todas las cosas. El reconocimiento de la dignidad de Dios es también la esencia de la adoración personal y eclesial. Un breve examen de los cánticos de la primera y segunda partes del Apocalipsis podrían mostrar ciertos elementos que hacen a la dignidad divina y que forman también la plataforma teológica del culto comunitario.
Los cánticos de la primera mitad del Apocalipsis (1-11) colocan una base sólida a la teología de la adoración. Puede entenderse que “las dramáticas escenas que se presentan en Apocalipsis 4 y 5 revelan el verdadero fundamento de la adoración”.[17]
El cántico del Dios soberano
(Apocalipsis 4:8)
Ap 4:8 revela varios aspectos del carácter de Dios: su santidad, soberanía y eternidad. Las palabras “Santo, Santo, Santo”, una reminiscencia del canto de los serafines en Is 6:3, funcionan como adjetivos sustantivados. El trisagio es un énfasis por repetición y no una alusión a las personas de la Trinidad.[18] La proclamada santidad divina tiene que ver con las ideas de separación y pureza,[19] y Dios es santo por antonomasia.[20]
Los cuatro seres vivientes también se refieren a Dios como “el Señor (kyrios) Dios Todopoderoso (pantokrator)”, un nombre compuesto que se repite siete veces en Apocalipsis (1:8; 4:8; 11:17; 15:3; 16:7; 19:6; 21:22) y dos veces la forma abreviada “Dios Todopoderoso” (16:14; 19:15), destacando su omnipotencia y soberanía. Estas prerrogativas divinas le permiten administrar justicia a su creación.[21] Por ello los cánticos afirman la soberanía de Dios sobre la tierra y anticipan la victoria escatológica de Dios sobre el universo.[22]
También Dios es adorado por los cuatro seres vivientes como un ser eterno. La designación de Dios como el “que era, y que es, y que ha de venir”, con variaciones, vuelve a ocurrir otras cuatro veces en Apocalipsis (1:4, 8; 11:17; 16:5). Esta designación deriva de Éx 3:14 (“Yo soy el que soy”) donde se enfatiza la existencia propia, la eternidad y la presencia de Dios. Apocalipsis agrega al énfasis en la existencia y presencia actual de Dios, su existencia pasada y futura.[23] Apocalipsis 4 enfoca sobre el único verdadero motivo del culto: la dignidad de Dios debido a su santidad, eternidad, actividad y autoridad.[24]
La antífona del Dios Creador y
Sustentador (Apocalipsis 4:11)
Ap 4:11 aparece como una antífona que responde y complementa al primer cántico.[25] Se dice que Dios es digno de recibir “la gloria, la honra y el poder” por ser el soberano Creador de todo. “La expresión clave, ‘digno eres’, se dirige al Creador en el capítulo 4 y al Redentor en el capítulo 5”.[26] La actividad creadora y providente de Dios “proveen tanto la razón como el contenido de nuestro culto”.[27] También en Ap 14:6-7 la doctrina de la creación es dada como la razón primaria para honrar y adorar a Dios.[28]
El cántico del Cordero
Redentor (Apocalipsis 5:9)
Ap 5:9 reconoce a Cristo como el “único ‘digno’ de tomar la historia en sus manos (el libro) porque él se insertó en ella, lo que le valió ser ‘degollado’, y así constituyó un reino para nuestro Dios”.[29] Se canta la grandeza del Cordero debido a tres razones auténticamente soteriológicas: “fuiste inmolado”, “nos has redimido”, “nos has hecho... reyes y sacerdotes”. Es decir que su muerte en la cruz liberó a los hombres de la esclavitud del pecado y los constituyó en un reino.[30]
El tema principal de Ap 5 es la adoración como una declaración de la dignidad del Cordero.[31] El término “digno” aparece cinco veces en Ap 4 y 5 (4:11; 5:2, 4, 9, 12) donde el Cordero recibe la misma adoración que el Padre.[32] Se aplica aquí la clásica definición de adoración de Allen y Borror: “La adoración es una respuesta activa a Dios por medio de la cual declaramos su dignidad”.[33]
La antífona de la majestad de
Cristo (Apocalipsis 5:12)
Ap 5:12 es un cántico de alabanza a la dignidad de Jesucristo. Los ángeles usan siete expresiones (un número significativo) para describir al Cordero, cuatro cualidades personales, y tres actitudes de los hombres hacia él.[34] Es correcta la observación de Robert E. Webber al decir que el estudio de Apocalipsis 4-5 muestra que la adoración representa y recuerda la acción salvadora de Dios en Jesucristo.[35]
El cántico de la salvación
humana (Apocalipsis 7:10)
Ap 7:10 habla del origen y el triunfo de la salvación de Dios por medio de Cristo. La salvación es también un acto soberano de Dios en Cristo.[38] La adoración no debiera olvidar esta enseñanza simple y fundamental al mismo tiempo.
La doxología del cortejo
celestial (Apocalipsis 7:12)
Ap 7:12 incluye los mismos siete atributos que Ap 5:12. Como se sabe, “el hecho de enumerar siete atributos tiene el sentido simbólico de totalidad, plenitud”.[39] Hay una Amén al comienzo y otro al final de la doxología como manifestación de asentimiento y confiabilidad respecto de todo lo dicho.[40]
El cántico de la victoria
(Apocalipsis 11:15)
Ap 11:15 presenta el solemne cántico que sigue al sonido de la séptima trompeta al proclamar la soberanía absoluta y universal de Dios, tanto en el espacio como en el tiempo.[41]
El himno de la vindicación
divina (Apocalipsis 11:17-18)
Ap 11:17-18 registra el himno cantado por los 24 ancianos de la corte celestial, tal vez en representación de la iglesia terrenal, acerca del reinado universal y definitivo de Dios.[42] “Con este tono triunfal culmina la primera parte del Apocalipsis”.[43] En esa sección del documento neotestamentario, la divinidad soberana y redentora se reitera digna de los más excelsos cánticos y de la devoción de la iglesia.
Los cánticos de la segunda mitad del Apocalipsis (12-22) aportan nuevos elementos sustanciales para la teología cristiana de la adoración.
El himno del triunfo sobre el
mal (Apocalipsis 12:10-12)
Ap 12:10-12 registra el cántico más extenso, entonado tras la expulsión del dragón satánico.[44] La voz celestial proclama la victoria en el cielo y lamenta que la victoria en la tierra tenga que postergarse un poco más. Pero Dios ha vencido al diablo y de ese triunfo participarán los fieles. La adoración es un testimonio de la lucha de los adoradores fieles y un anticipo de su victoria final.
El cántico de liberación de
los vencedores (Apocalipsis 15:3-4)
Ap 15:3-4 contiene la alabanza de los vencedores hacia la grandeza y la justicia del Dios que los ha liberado de la opresión. El cántico de Moisés “recuerda Ex 15, tras la liberación de Egipto. En efecto, las plagas de Ap 15 son reminiscencias de las de Egipto en tiempos de Moisés”.[45] El cordero pascual vuelve a relacionarse con la liberación del pueblo de Dios, por eso es también “el cántico del Cordero”. LaRondelle identifica los atributos divinos aclamados en el Cántico de Moisés y del Cordero: la santidad, la justicia y la soberanía de Dios.[46].
El cántico del triunfo final
(Apocalipsis 19:1-2)
Ap 19:1-2 consigna el primero de los himnos con que se cierra la secuencia iniciada en el capítulo 4. El escenario es el mismo e incluye textos prolépticos de la destrucción de las instituciones opresoras.[47] LaRondelle cree que “la nota tónica del coro celestial en Apocalipsis 19:1-8 es la justicia, la gloria y el reino de Dios”.[48] Ciertamente hay un clima de celebración en la adoración de Ap 19. Las voces de la gran multitud claman “aleluya”. “Los cuatro ‘aleluyas’ [literalmente, “¡alabad a Jehová!”] y el “amén” de los coros antifonales en el cielo (Ap 19:1-4) y en la tierra (Ap 19:6-8) celebran el cumplimiento progresivo del plan de salvación de Dios y de la justicia de la sentencia de Dios sobre los perseguidores de su pueblo”.[49]
El canto final del reino de
Dios (Apocalipsis 19:6-8)
Ap 19:6-8 presenta el último cántico del Apocalipsis con un fuerte carácter escatológico y soteriológico. La gran multitud es invitada a participar de la liturgia celestial con un cántico de alegría desbordante como corresponde al triunfo definitivo. La adoración del cielo exalta la dignidad del Dios Creador, Sustentador, Redentor y Restaurador. También la adoración actual de la iglesia encierra un significado protológico y escatológico. Cada culto es una celebración proléptica de la celebración final tras el triunfo del Señor y de su pueblo.
Se entiende por liturgia una estructura formal que determina el contenido, el orden y la fraseología de un culto.[50] Pero una liturgia se torna relevante sólo cuando posee un profundo significado teológico y espiritual. C. Raymond Holmes habla de una misión o responsabilidad litúrgica de la iglesia que requiere ilustrar las enseñanzas eclesiales distintivas mediante la actividad litúrgica.[51]
El Apocalipsis es una fuente adecuada de significación cúltica porque presenta el cielo como una gran asamblea litúrgica.[52] El autor del Apocalipsis registró los cánticos celestiales “para animar a sus lectores a reflejar el patrón de la asamblea celestial en su vida sobre la tierra”.[53]
“La adoración en el libro de Apocalipsis, como en cualquier otro libro de la Biblia, es la respuesta apropiada de los seres creados a Dios”.[54] Esa respuesta adecuada también está sugerida en el fundamento y en la dinámica de los himnos apocalípticos. La siguiente es una enumeración de tres enseñanzas concretas sugeridas en las alabanzas del Apocalipsis.
Holmes encuentra en Ap 4 y 5 la
más profunda y dramática descripción de la adoración teocéntrica. “Los adoradores en el capítulo 4 se reúnen
alrededor del trono de Dios. El foco de
la acción litúrgica está en Dios el Creador.
En el capítulo 5 el
foco está en Dios el Redentor”.[55]
El foco de la adoración eclesial se vincula con la tensión entre la trascendencia y la inmanencia de Dios.[56] La Escritura describe a Dios como trascendente e inmanente y esa visión debe estimular el equilibrio entre los aspectos formales e informales del culto. Holmes considera que la adoración apocalíptica se caracteriza por cierto orden y progresión como también por la espontaneidad.[57]
El antropocentrismo es, como se sabe, una debilidad de mucha de la adoración contemporánea. “Hay siempre una tentación a focalizar mucho sobre la expresión de nuestras propias necesidades inmediatas”.[58]
La adoración eclesial necesita reflejar la centralidad de la redención divina en Jesucristo y la alabanza de la congregación debiera recordarlo. La adoración de Ap 4 y 5 “enfatiza en términos no inciertos la centralidad de la cruz en el culto”.[59] En la corte celestial las palabras y las acciones tienen lugar en la presencia de la divinidad creadora y redentora, de modo que el foco está allí y no en los adoradores.[60]
Las ideas de sumisión y respeto a
la autoridad divina se desprenden del mismo uso de proskuneô en todo el
Apocalipsis (4:10; 5:14; 7:11; 11:1, 16; 19:4, 10) y de las referencias al
trono de Dios que ocurren catorce veces en Ap 4 y cinco veces en Ap 5. Esto habla de su soberanía sobre todas las
cosas.[61] La presentación de coronas ante Dios es un
signo de subordinación, respeto y honor a un ser superior.[62]
El Apocalipsis contiene visiones celestiales de adoración al Dios verdadero (4:10; 5:14; 7:11; 11:1, 16; 14:7; 15:4; 19:4, 10; 22:9), como también escenas terrenales de juicio sobre la idolatría (9:20; 13:4, 8, 12). La adoración expresa fidelidad ante cada conflicto de lealtad.[64] En verdad uno de los temas principales del libro es la distinción entre la verdadera y la falsa adoración. “Juan divide a la humanidad en dos categorías, los adoradores del dragón y la bestia y los adoradores de Dios y el Cordero. El contraste entre los dos grupos de adoradores alcanza su clímax en dos visiones al final del libro (17:1-19:10 y 21:9-22:9)”.[65]
Peterson lo señala correctamente. “La adoración aceptable incluye el reconocimiento y la aceptación de la devoción exclusiva y de la lealtad que Dios demanda por medio del rechazo de cualquier otra alternativa”.[66]
Thomas Allen Seel muestra que el culto en Apocalipsis incluye actitudes espirituales y actividades corporales e invita a un balance entre la adoración física, mental, social, emocional y espiritual.[67] También David Peterson dice que el homenaje ofrecido por los seres celestiales o terrenales en el Apocalipsis incluye tanto gestos como palabras de aclamación y alabanza.[68] En la adoración celestial interactúan palabras, acciones y elementos simbólicos.[69] De ese modo el hombre redimido es invitado a responder a Dios en forma integral y a glorificar a Dios con todo su ser.
Holmes ve la adoración del cielo como celebración y como una apelación a que la iglesia se reúna en la presencia divina para celebrar con recordación, agradecimiento y dedicación.[70] En su opinión los dos focos de la celebración tal como se desprenden de Ap 4 y 5 son la presencia de Dios y la victoria de Cristo. Estos dos focos provocan en el adorador las respuestas básicas de reverencia y fe.[71]
Los cantos del Apocalipsis son también expresiones de una adoración gozosa (5:9; 7:9-17; 14:3; 15:3; 19:6-7). Tienen “un aire alegre contagioso”.[72] Es correcto pensar en estos términos porque la adoración “es la respuesta de celebración a lo que Dios ha hecho, está haciendo y promete hacer”.[73] Cantar sugiere que la celebración es un aspecto de la adoración.[74] Se trata de una adoración que celebra una gozosa comunión con Dios.[75] La alabanza siempre es una actividad voluntaria que despierta ante el amor y la gracia de Dios.[76]
La adoración festiva de la iglesia es también un anticipo y una promesa de la celebración eterna. “Un buen número de cánticos en el Apocalipsis son de júbilo por un triunfo que en realidad todavía no se ha dado: son presentaciones llamadas prolépticas, anticipatorias”.[77] Hustad dice que la liturgia de la iglesia la une con los cantos angélicos y anticipa la alabanza eterna.[78]
Los numerosos y sublimes cánticos del Apocalipsis son una fuente de
inspiración e instrucción respecto de la adoración personal y eclesial. Ilustran sus fundamentos teológicos
objetivos al mostrar a Dios y a Jesucristo en sus atribuciones soberanas y en
su acción redentora. Las expresiones
son exuberantes, pero las razones que las motivan siempre están presentes y
tienen que ver con la obra creadora, sustentadora, redentora y restauradora de
la divinidad. El significado teológico
de la colección hímnica del Apocalipsis se interrelaciona con el sentido
subjetivo de la respuesta litúrgica. El
culto de la asamblea terrenal recibe de la asamblea celestial una invitación a
una adoración solemne, comprometida, integral y gozosa. En los cánticos del Apocalipsis el cielo y
la tierra se acercan, los ángeles y los hombres se reúnen alrededor del mismo
trono y el futuro de gloria parece menos lejano desde la perplejidad del tiempo
presente. Tal es el sentido que la
Escritura asigna a la adoración verdadera.
[1] Mario Veloso, Apocalipsis y el fin del mundo (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1999), 19.
[2] Siegfried H. Horn, ed., Diccionario bíblico
adventista del séptimo día (Buenos Aires: Asociación Casa Editora
Sudamericana, 1995), 250. Dice Warren W.
Wiersbe que los principales temas del Apocalipsis se relacionan con el Cordero,
de modo que si se eliminara el Cordero -la redención- quedaría muy poco del
libro. Real Worship (Nashville,
Tennessee: Oliver-Nelson Books, 1986), 56.
[3] Wiersbe, 43.
[4] David Peterson, Engaging with
God: A Biblical Theology of Worship (Grand Rapids, Michigan: William B.
Eerdmans Publishing Company, 1993), 262.
Hans K. LaRondelle muestra que el Apocalipsis es un libro
orientado hacia la adoración y que la adoración es el tema central de todo el
libro. Hans K. LaRondelle, Las
profecías del fin: enfoque contextual-bíblico, trad. David P. Gullón (Buenos Aires:
Asociación Casa Editora Sudamericana, 1999), 294.
[5] Sobre el uso proskuneo en el libro de Apocalipsis,
ver Thomas Allen Seel, “Toward a Theology of Music for Worship Derived From the
Book of Revelation”, Ma.D. dissertation (The Southern Baptist Theological
Seminary, 1990), 51-79. Los destinatarios de proskuneo
en Apocalipsis son: Dios (Ap 4:10; 5:14; 7:11; 11:1, 16; 14:7; 15:4; 19:4, 10;
22:8, 9), el dragón (Ap 13:4), la bestia (Ap 13:4, 8, 12; 14:9, 11; 19:20;
20:4), la imagen de la bestia (Ap 13:15; 14:11; 16:2) y los demonios (Ap
9:20). Ibíd, 64.
[6] Johannes B. Bauer, ed., Diccionario de teología bíblica, trad. Daniel Ruiz Bueno (Barcelona: Herder, 1967), 22.
[7] Richard C. Leonard, The Biblical
Foundations of Christian Worship, ed. Robert E. Webber (Peabody,
Massachusetts: Hendrickson Publishers, 1993), 21. Raoul Dederen concluye que “la glorificación de Dios
encuentra su más intensa expresión en el libro de Apocalipsis”. Raoul Dederen, “The Church”, Handbook of Seventh-Day Adventist
Theology, ed. George W. Reid (Hagerstown, MD: Review and Herald, 2000),
550.
[8] Mazie Nakhro, “The Meaning of
Worship According to the Book of Revelation”, Bibliotheca Sacra 158
(January-March 2001): 75.
[9] Wiersbe habla de cuatro himnos
de adoración en el libro de Apocalipsis que expresan la admiración a Dios como
Creador (Ap 4), Redentor (Ap 5), Rey victorioso (Ap 11:15-18) y Conquistador
(Ap 19:1-7). Wiersbe, 50-61. David Peterson organiza la adoración
celestial en cuatro alabanzas: a Dios el Creador (Ap 4:8-10), a Cristo el
Redentor (Ap 5 :9-10), por el cumplimiento de los propósitos de Dios (Ap
7:9-10; 11:17-18) y por el cumplimiento de las esperanzas y promesas del
Antiguo Testamento (Ap 7:1-17; 22:1-5; 15:3-4; 19:1-4, 6-8). Peterson 272-276. Oscar
Cullman ha identificado seis himnos (Ap 5:9; 5:12; 5:13; 12:10-12; 19:1-2;
19:6). Oscar Cullman, Early
Christian Worship (Philadelphia, PA: 1953), 8. Mientras que
Michael A. Harris enumera siete (Ap 4:8-11; 5:9; 7:10; 11:17-18; 12:10-11;
15:3; 15:4). Michael Anthony Harris, “The Literary Function
of the Hymns in the Apocalypse of John”, PhD. Dissertation, Baptist Theological
Seminary (Louisville, KY: 1988), 305.
Forrester Church y Terrance Mulry identifican once himnos en Apocalipsis
(Ap 1:5-8; 4:11; 5:9-11; 5:12-13; 11:17-18; 12:10-12; 15:3-4; 18:22-23; 19:1-9;
22:16-17; 22:20). F. Forrester Church y
Terrance J. Mulry, Earliest Christian Hymns (New York: 1988), x. Eduardo Arens enumera trece cánticos (himnos, aclamaciones y
doxologías) concentrados en los capítulos 4, 5, 7, 11, 12, 15 y 19 de
Apocalipsis. Eduardo Arens, “Los
cánticos del Apocalipsis”, Revista bíblica, abril-septiembre 1999, 99.
[10] Sobre la función que Juan pudo haberle dado a los himnos del Apocalipsis para la asamblea litúrgica a la cual el libro está dirigido, véase Anthony Robert Nusca, “Heavenly Worship, Ecclesial Worship: a ‘Liturgical Aproach’ to the Hymns of the Apocalypse of St. John”, Th.D. dissertation, Pontificia Universitas Gregoriana (Vatican), 1997.
[11] Sobre la estructura de las visiones
del Apocalipsis véase Kenneth Strand, “The Eight Basic Visions in the Book of
Revelation”, Andrews University Seminary Studies 25, Nº 1 (1987):
107-121. La estructura de ocho escenas
introductorias victoriosas y ocho visiones propuesta por Strand difiere de la
estructura de siete escenas introductorias y visiones descriptivas propuesta
por Jon Paulien, “The Role of the Hebrew Cultus, Sanctuary, and Temple in the
Plot and Structure of the Book of Revelation”, Andrews University Seminary
Studies 33, N° 2 (Autumm 1995): 245-264.
[12] Arens, 99.
[13] Ciertos
eruditos han interpretado el magníficat
de María (Lucas 1:46-55), el Benedictus
de Zacarías (Lucas 1:68-79), el Gloria in
Excelsis Deo del coro angelical (Lucas 2:14) y el Nunc Dimittis de Simeón (Lucas 2:29-32) como himnos cristianos,
conocidos y usados por la iglesia antes de su incorporación en el texto del
evangelio. Lo mismo se ha dicho de los
himnos a Cristo tales como Juan 1:1-18, Filipenses 2:6-11 y Colosenses 1:15-20
y de las doxologías como las que se encuentran en Apocalipsis (4 :8, 11;
7:12; 11:17-18; 15:3-4). Webber, Worship,
Old & New: a Biblical, Historical, and Practical Introduction (Grand
Rapids: Zondervan Publishing House, 1994), 43.
Se afirma con frecuencia que la
descripción de la liturgia celestial en Apocalipsis refleja la liturgia
cristiana de fines del primer siglo. C. C. Richardson, The
Interpreter’s Dictionary of the Bible, ed. George Arthur Buttrick
(Nashville, Tennessee: Abingdon Press, 1962), 4:887; Bauer, 23; Seel, 67. J. J. O’Rourke ha hecho un detallado estudio
del probable origen de los cánticos y llega a la conclusión de que Ap 1:4-5, 8;
4:8; 7:12, 15-17; 11:15, 17; 19:5-8 son de origen litúrgico, que ya existían
cuando Juan escribió el Apocalipsis. J. J. O’Rourke,
“The Hymns of the Apocalypse”, Catholic Biblical Quarterly 30 (1968):
399-409. Otros autores creen más bien
que estos cánticos de la Escritura llegaron posteriormente a formar parte de la
liturgia de las iglesias. Sebastián Rodríguez, Liturgia para el siglo XXI
(Barcelona: Clie, 1999), 29. Donald P.
Hustad cree que “los himnos del Apocalipsis han dado a la iglesia algunas de
las más sublimes expresiones de adoración cristiana fuera de los cánticos
tomados de Lucas”. Donald P. Hustad, ¡Regocijaos!:
la música cristiana en la adoración, trad. Olivia de Lerín, Bonnie de
Martínez, J. Bruce Muskrat, Josie de Smith y Ann Marie Swenson (El Paso, Texas:
Casa Bautista de Publicaciones, 1998), 167.
[14] Peterson, 276.
[15] Véase Daniel Oscar Plenc, “O
significado protológico e escatológico da adoração”, en O futuro: A visão adventista dos últimos
acontecimentos, ed. Alberto R. Timm, Amin A. Rodor e Vanderlei Dorneles
(Engenheiro Coelho, São
Paulo: Unaspress, 2004), 167-175.
[16] Véanse enfoques similares en
Samuele Bacchiocchi, The Christian and Rock Music: A Study on Biblical
Principles of Music (Berrien Springs, Michigan: Biblical Perspectives,
2000), 174-175; Hustad, 122.
[17] J. David Newman, “La cruz, el centro de la adoración”, Ministerio adventista, julio-agosto 1992, 4.
[18] Nakhro, 76. Ver además Norman Walter, “The Origin of the Thrice
Holy, Apocalypse 4:8”, New Testament Studies 5 (January 1959): 132-133.
[19] León Morris, El Apocalipsis, trad. C. René Padilla (Buenos Aires: Ediciones Certeza, 1977), 106.
[20] Arens, 101.
[21] Nakhro, 76.
[22] Arens, 100.
[23] Nakhro, 77.
[24] John M. Fowler, “Worship’s true
motive”, Ministry, November 1993, 4.
[25] Arens, 101.
[26] C. Raymond Holmes, “Worship in the
Book of Revelation”, Journal of the Adventist Theological Society 8, Nº
1-2 (Spring-Autumm 1997): 2.
[27] Fowler, 5.
[28] Peterson, 260.
[29] Arens, 102.
[30] Ibíd., 103.
[31] Nakhro, 77.
[32] Ibíd., 79. Peterson también muestra que “el
paralelo entre 4:9-11 y 5:8-12 hace claro que Cristo es adorado con absoluta
igualdad de términos que Dios el Creador”.
Peterson, 272.
[33] Roland B. Allen and Gordon L.
Borror, Worship: Rediscouvering the Missing Jewel (Portland, OR:
Multnomah, 1982), 16.
[34] Morris, 118.
[35] Robert E. Webber, “From Modern to
Post-Modern: Worship Changes During the Twentieth Century”, Southwestern
Journal of Theology 42, N° 3 (Summer 2000): 8.
[36] Arens, 103-104.
[37] Morris, 118.
[38] Ibíd., 137.
[39] Arens, 106.
[40] Morris, 137-138.
[41] Arens, 106-107.
[42] Ibíd., 108.
[43] Ibíd.
[44] Arens, 108-109.
[45] Ibíd., 110-111. El cántico de Ap 15 recuerda el
alegre canto entonado por los israelitas luego de su liberación de Egipto (Ex
15:1-18; Sal 33:3; 40:3; 96:1; 98:1; 99:9; Is 42:10). Holmes, “Worship
in the Book of Revelation”, 8.
[46] LaRondelle, 388.
[47] Arens, 112.
[48] LaRondelle, 432.
[49] Ibíd., 440. La palabra “aleluya” se encuentra en
el Nuevo Testamento sólo en Ap 19, pero se encuentra varias veces en Salmos:
104-107; 110-114; 116-117; 134-135; y 146-150.
Nakhro, 75.
[50] David Clines, “Liturgia sin libro de oraciones”, The Journal of the Christian Bretheren Research Fellowship, Nº 15, 6. Citado en Sebastián Rodríguez, Liturgia para el siglo XXI (Barcelona: Clie, 1999), 27.
[51] Holmes, Sing a New Song!:
Worship Renewal for Adventists Today (Berrien Spring, Michigan: Andrews
University Press, 1984), 12.
[52] Hustad, 76.
[53] Peterson, 277.
[54] Nakhro, 75.
[55] Holmes, “Worship in the Book of
Revelation”, 1.
[56] Bacchiocchi dice que la música de la iglesia primitiva estaba
inspirada por un concepto trascendente de Dios que motivaba la reverencia, y
que los himnos cristocéntricos del Nuevo Testamento y especialmente del
Apocalipsis son una vislumbre de una música tal. Bacchiocchi, 50.
[57] Holmes, “Worship in the Book of
Revelation”, 2.
[58] Peterson, 278.
[59] Fowler, 5.
[60] Holmes, “Worship in the Book of
Revelation”, 5.
[61] Nakhro, 80-81.
[62] Ibíd., 81.
[63] Ibíd., 82.
[64] Peterson, 262.
[65] Ibíd., 264.