CANTAR CON EL ENTENDIMIENTO
Daniel
Oscar Plenc
Profesor de
la Facultad de Teología de la Universidad Adventista del Plata
Con la
colaboración de
Nelly
Esparcia de Finuchi
Profesora
de Música y de Castellano, Literatura y Latín de la Universidad Adventista del
Plata
En
1 Corintios 14:15 el apóstol Pablo nos dice: “¿Qué pues? Oraré con el espíritu,
pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré
también con el entendimiento”.
Aparentemente no es suficiente experimentar un sublime éxtasis
espiritual mientras oramos o cantamos, sino que debemos hacerlo también “con la
mente” (Biblia de Jerusalén). En
realidad la influencia del Espíritu en nuestras manifestaciones de adoración no
está reñida con una actitud devocional inteligente y racional.
El
Himnario Adventista que usamos en los
países de Sudamérica contiene algunos desafíos a nuestro “entendimiento”,
porque contiene algunas palabras cuyo significado difícilmente nos es
comprensible. Aclarar el sentido de estos
términos podría ayudarnos a la hora de meditar en las palabras de los himnos
mientras participamos en el culto con inteligencia.
Hagamos,
entonces, una recorrida a través del texto de los himnos, en busca del
significado de algunas palabras que no son de uso cotidiano, y tratemos de
apropiarnos del sentido que encierran.
El
himno 11 contiene un par de términos de esta clase. La palabra túmulo,
proviene del latín y se registra en el Diccionario de la Real Academia Española
(DRAE) con tres acepciones : Una, “sepulcro levantado de la tierra” ;
la segunda, un “montoncillo artificial con que en los pueblos antiguos era
costumbre cubrir una sepultura”, y la tercera, define al término como “armazón
de madera”, vestido de paños fúnebres, que se erige para la celebración de las
honras del difunto”. La idea que
encierran estas tres acepciones es la de la sepultura, que simboliza a la
muerte. La palabra báratro también surge del latín, y éste, a su vez, del
griego ; se utilizaba solamente en lenguaje poético, y tiene dos
acepciones : una, “infierno de los condenados por Dios”, y la otra deriva
de la mitología grecolatina pagana y designa también un “infierno”. La segunda estrofa de este himno resulta ser
un hermoso mensaje cristocéntrico : el Cristo resucitado triunfó sobre la
muerte y los poderes del mal, y obtuvo una victoria definitiva.
Algunos
himnos contienen palabras transliteradas directamente de las lenguas en que se
escribieron las Escrituras. Los himnos
73, 195, y 409 hablan del paracleto (del
griego parákletos). Esta expresión tan llena de significado es
utilizada en el Nuevo Testamento exclusivamente por Juan. La palabra está
compuesta por la preposición pará,
que significa “al lado” y por el participio kletós,
que quiere decir “llamado”. La palabra
expresa literalmente “uno llamado al lado de”, y describe aquí al Espíritu
Santo, cuya tarea es la de consolar, exhortar y ayudar. Nuestras Biblias la traducen como consolador
o abogado. Por otra parte los himnos
255 y 355 contienen el término sabaoth. El título Yehowah-tsebaoth, utilizado en el Antiguo Testamento
significa : Jehová de los Ejércitos.
Este título familiar destaca al Señor como comandante en jefe de todos
los seres creados.
El
vocablo aquilón se registra en la
hermosa poesía del himno 81 y designa a un viento del Norte, del Polo Artico,
que sopla fuertemente. Por extensión se
aplica también al tiempo de invierno.
La tercera estrofa de este cántico del poder de Dios en la naturaleza
nos dice que pueden percibirse las huellas de Dios aun en la tormenta y en el
fuerte viento.
El
mismo himno 81, al igual que el 271, contienen la expresión de hinojos, que es una locución o frase
adverbial, que no significa otra
cosa que “de rodillas”, “hincadas las rodillas”. Por eso, el último himno mencionado, habla de que debemos rendir
nuestro amor a Cristo de rodillas, por todo lo que él ha hecho por nosotros.
El
cántico registrado con el número 125 está basado en la parábola de la oveja
perdida. Su letra describe
magníficamente el amor de Dios por sus hijos extraviados y el gozo que acompaña
el retorno de los perdidos. La última
estrofa dice que se oyó una gran algazara
cuando la oveja fue hallada. Este
término proviene del árabe y da la idea de “locuacidad, murmullo, ruido de
muchas voces juntas, que por lo común nace de la alegría”. Este vocablo expresa con propiedad el gozo
de la salvación.
La
palabra baldón aparece en los textos
de dos himnos ; el 136, y el 302.
El DRAE lo define como “amenaza, castigo, oprobio, injuria”. La idea que surge es que Jesús aligera estas
cargas del alma.
Asimismo
el vocablo broquel (himno 145), que
deriva del antiguo francés, significa “escudo pequeño”. En lenguaje literario se usa con el matiz de
“defensa, amparo”. Es una figura
adecuada para describir el apoyo y la seguridad que el alma débil de un
creyente encuentra en su Señor.
La
bella frase poética “célico alcázar construye de eterna majestad”, se lee en la
segunda estrofa del himno 186. Alcázar es una palabra de origen
árabe que denota una fortaleza, un castillo.
La idea es que Dios construye una celestial fortaleza de eterna
majestad, para resguardarnos de los peligros.
Si
analizamos el texto del himno 319, encontramos la frase : “un día fausto
llegará”. La palabra fausto designa alegría, felicidad,
fortuna, y así es como presenta la Biblia al día en que podremos ver cara a
cara al Señor y cantar eternamente su salvación.
Sigamos
buscando la interpretación de vocablos poco usados en los textos de los himnos
que utilizamos en la adoración de nuestro Señor. Se menciona la palabra rías
en el himno 320. Este término deriva de
río, y significa “una penetración que forma el mar en la costa, debida a la
sumersión de la parte litoral en una cuenca fluvial de laderas más o menos
abruptas”. También puede ser una
“ensenada amplia en la que vierten al mar aguas profundas”. ¿Cuál es, entonces, el sentido de rías dentro del contexto utilizado
en el himno ? Dice : “A la
vista el esplendor de las sierras y las rías a la luz y amor del sol ...”. Esta palabra forma parte de una bellísima
descripción de un paisaje celestial que gozaremos en el reino de Dios.
Por
otra parte, el himno 358 explica la tarea de quien trabaja por la salvación de
otros como una cuerda que se lanza al mar para rescatar al hermano que
naufraga. Es una metáfora muy
comprensible. Esta tarea debe
realizarse con premura : “¡Ved, ya se hunde en el vórtice
atroz !” Vórtice es, en efecto, un “torbellino, remolino, centro de un
ciclón”.
El
himno 356 contiene tres palabras que podrían dificultar nuestro entendimiento
del mensaje. Una de ellas es torreón, que es un sustantivo
aumentativo de torre. Era una torre
grande para defensa de una plaza o un castillo. Se deduce con facilidad la metáfora de que Dios es una torre
inmensa que nos resguarda del mal. La
siguiente palabra que podría resultar algo difícil es pendón, que también utiliza en los himnos 363, 374 y 376. El pendón era una insignia militar, que
consistía en una bandera más larga que ancha y que se usaba para distinguir
regimientos o batallones en la época caballeril. Es un término que proviene del antiguo francés. Por último, el término fanal, que es común también en los himnos 73, 137, 253, 292 y
356. Si averiguamos su etimología,
veremos que viene del italiano : fanale.
Era un “farol grande que se colocaba en las torres de los puertos para
que su luz sirviera de señal nocturna”, o sea, era un faro. También, en su segunda acepción, sería “cada
uno de los grandes faroles, que, colocados en la popa de los buques, servían
como insignia de mando”. Emerge del
texto la idea de que el faro, metáfora que se refiere a Dios, alumbre con su
luz a todos los seres humanos.
Existen
también en nuestro himnario letras que aluden a imágenes y referencias épicas y
marciales, en las cuales hay una alegoría constante que nos presenta la lucha
continua entre los grandes poderes del bien y del mal. Un ejemplo de ello lo encontramos en el
himno 374. Se nos invita a seguir
resueltos el lábaro del Verbo
de Dios. Este vocablo nos refiere al
tiempo de los emperadores romanos, quienes usaban un “estandarte sobre el cual
se ponía la cruz y el monograma de Cristo, compuesto de las dos primeras letras
de este nombre en griego”. El himno 376
habla también de la necesidad de luchar contra las fuerzas del mal. La segunda estrofa nos insta : “No os
arredre su fiereza”. El verbo arredrar designa “atemorizar,
amedrentar, hacer volver atrás por el peligro que infunde la ejecución de una
cosa”. En otras palabras, con Jesús
como Capitán, no hemos de retroceder ni en las circunstancias más
desalentadoras. El mismo himno presenta
a Cristo como nuestro Adalid, o sea,
nuestro guía, caudillo, cabeza, Jefe de Estado Mayor General. Lo mismo ocurre en los himnos 378 y
490. Y Jesús es verdaderamente todo eso
para nosotros.
Una
imagen guerrera similar a la anterior se presenta en el término paladín, incluido en el texto del himno
404. Dice que Jesús es para nuestra
alma un “fuerte paladín”. Un paladín
era, en la antigüedad, un “caballero fuerte y valeroso que en la guerra se
distinguía por sus hazañas, era un defensor denodado de alguna persona o
cosa”. Su etimología viene del árabe, y
nos define con exactitud lo que es realmente Jesús para nosotros : nuestro
Capitán y nuestra fortaleza.
El
hermoso y enérgico himno 378 habla del averno. Este término tiene el sentido de infierno,
lugar de condenados por la justicia divina, y procura transmitir seguridad de
una victoria completa sobre los poderes del mal.
No
faltan tampoco metáforas relacionadas con el mundo de la navegación. El himno “Cristo, mi piloto sé” (416),
asegura que el Señor conduce con certeza nuestro bajel en al mar tempestuoso.
Un bajel no es sino un buque, un barco.
Hay
himnos que dibujan muy bien la belleza del día de reposo apartado por Dios para
sus hijos. Dice la última estrofa del
himno 468 : “En los fastos de la historia siempre se celebrará este día, y
su memoria por los siglos durará”. ¿Qué
son los fastos ? Su etimología nos remonta al latín. Entre los romanos, era “una especie de
calendario en el que se anotaban las fechas de sus fiestas, juegos y
ceremonias, y las cosas memorables de su república”. Necesitamos recordar las bendiciones que el día de reposo
encierra para nosotros. Ciertamente,
este día nos enriquece y nos hace más felices.
En el himno 469 notamos que el sábado es un día de descanso, de dulce
paz, y un anticipo del reposo eterno junto al Señor. Es también un día oportuno para que asciendan al cielo nuestras preces, lo que equivale a decir,
nuestras oraciones. También el himno
477 hace un contraste entre el vano tráfago
del mundo y el gozo y la paz que Dios ofrece.
Y tráfago significa “tráfico, negocios, ocupaciones o faenas que
ocasionan mucha fatiga o molestia”.
Sigamos
analizando y desentrañando el significado de ciertas palabras que a veces no
nos permiten entender con claridad el sentido del texto de los himnos de
nuestro repertorio cristiano. El coro
del himno 492 dice que a la vez que el viento esparce el tamo, Jesús “juntará
todo el trigo en su troje”. Quienes no
estamos familiarizados con el lenguaje propio del campo y de sus tareas, quizá
no recordemos que troj, o troje, es
“un espacio limitado por tabiques, para guardar frutos, especialmente
cereales”. Tal vez tampoco recordemos
qué es el tamo, al que hace referencia la letra de este himno. El tamo es “la pelusa que se desprende del
lino, algodón o lana”. La segunda
acepción que presenta el DRAE, es : “polvo o paja muy menuda de varias
semillas trilladas, como trigo, lino, etc.”.
Por
otra parte, muchos de los últimos himnos del himnario aluden a la tierra nueva
de la cual Dios nos ha hablado en su Palabra, y a su ciudad capital :
Jerusalén. El himno 497 dice que la
iglesia puede ver ya esa ciudad en lontananza. ¿Qué es lo que este término
significa ? En lontananza es una
locución o frase adverbial que significa “a lo lejos”, o “cosas, que, por estar
muy lejos no se pueden distinguir”.
La
poesía del himno 507 sugiere que en la célica morada no habrá más memoria “del
camino largo, aspérrimo, con sus luchas, su temor”. Pero, ¿Qué es aspérrimo ?
Es un adjetivo en grado superlativo, es decir en su máxima expresión, y
proviene de áspero ; así, la idea es la de un camino de lo más áspero que
uno puede suponer. Y ¡qué bueno es
recordar que las vivencias desagradables del camino áspero ya no se
repetirán !
No
faltan en nuestro himnario, himnos dedicados a los niños. El 516 dice que ellos son las “gemas” de
Jesucristo. La segunda estrofa dice que
Cristo quiere en su corona brillantes preseas. Es muy probable que los chicos ignoren el
significado de este término. Un joyero
nos diría que preseas simplemente son joyas, alhajas, y seguramente estaremos
de acuerdo en que los niños son así de preciosos a los ojos del Señor.
Al
concluir nuestro recorrido por los hermosos poemas que contiene nuestro
himnario, seguramente podemos valorar con gratitud el privilegio de un medio
tan sublime de alabanza al nombre de Dios, que al mismo tiempo nos sirve como
un medio de reflexión y elevación espiritual.
Tal vez también advertimos que aquí y allá aparecen palabras con las
cuales no estamos bien familiarizados.
Conocerlas puede ayudarnos a cantar mejor, a adorar con más inteligencia,
como la Biblia lo sugiere : “con el espíritu, pero ... también con el
entendimiento”.